Capítulo 61
«El exceso de confianza, es el más peligroso de los descuidos».
La mañana siguiente, sin embargo, no estaría entre los mejores amaneceres de Lillie. Entregada al mundo onírico desde su visita a Pimpinela, sus sueños se repiten una y otra vez como una pesadilla que, a diferencia de otras, le gustaba que se repitiera. Ella, sentada en la banca de un árbol de cerezos junto a Gary, después de disfrutar un acaramelado paseo acompañados del lucero vespertino que tanto le gustaba a Lillie observar desde niña.
Le gustaba mirar las estrellas desde su ventana. Eran muy buenas para guardar secretos.
Las noches iluminadas por los astros le reconfortaban con su belleza en el cielo nocturno. Su presencia era un recordatorio que aun en la bruma de sus penurias, siempre existe su luz que guía en la más oscura de las noches. Ellas eran su esperanza. Las únicas a quien pudo contarle las desidias de una niña. Ese lucero vespertino que iluminaba sus ocasos, siempre con la ilusión que algún día la llevaría con ella a recorrer el mundo desde las alturas.
Nunca pensó que tomaría la forma de un chico tan especial como Gary.
No obstante disfrutar del océano de sus sueños, las garras de la pesadilla terminaban perturbando sus aguas. Justo cuando empezaban acortarse distancias y Lillie podía sentir sus suaves exhalaciones sobre su piel, la tempestad se encargaba de agitar las aguas del mundo onírico y nunca llegaba a ver lo que ocurriera después, no importaba cuantas veces recuperara el momento. Cuando por fin parecía totalmente inmersa, lo extraño fue el cambio que sufrieron sus caricias. En lugar del hilarante, ameno y suave palpitar de la yema de sus dedos, ahora eran húmedos y ásperos, incluso desabridos y fríos. Lo hizo una. Dos. Tres veces.
—Fr-froslass… ya basta… ya ca-casi lo logro. —balbuceó, tratando de seguir soñando.
La segunda cosa extraña. Ahora estaba cubierto por un mullido y liso pelaje. «Es imposible», pensó para sí misma.
—Cin-cinco minutos más.
Insistió, frotándose contra su cara. Estaba tan cerca que podía escuchar su respiración.
—Ok está bien… ya me levanto. —replicó, conteniendo lo mejor que pudo su mal humor.
Sus párpados estaban pegados de tal forma que tuvo que esforzarse para separarles y mostrar el verde esmeralda de sus ojos. Parpadeó varias veces para retirar la cubierta de fibra escamosa del despertar y juró, que el pequeño pokémon ahora era una mancha blanca y no una mezcla del violeta y azul regio.
—¡Mamá! —Escuchó un agudo, «¡pi!»
Lillie dio un chillido agudo levantándose de golpe. Fue a parar de cara al suelo en su afán de alejarse al otro extremo de la habitación, pero la criatura la siguió dando pequeños saltos por toda la habitación riéndose con ternura. El alboroto despertó a Cosmog quien, después de observar la situación, se mostró dispuesto a participar del juego de perseguirla y acorralarla por toda la habitación.
Los gritos trajeron al héroe de sus sueños vestido con su pijama lila claro, acompañado por Umbreon. Ash y Pikachu llegaron a los pocos segundos, soñolientos y muy confundidos, aún tenían marcas de sábanas. Gary se apresuró a coger a Nebulilla y meterlo dentro del bolso.
—¡Po-po-pokémon! —chilló corriendo a esconderse detrás de Gary.
La pequeña y alegre criatura totalmente blanca de seis colas, miró a los extraños con sus ojos de una mezcla de azul y gris plomo dándole un aspecto cristalino. Trató de ocultarse junto a su ama, pero ella solo se apartó de su lado, ahora escondida detrás de Ash.
—¿Un Vulpix blanco? —Su atención se centró en el curioso pokémon.
El pequeño Vulpix estornudó y volaron algunos copos de nieve. Umbreon lo circundó errabundo, examinándole con mucha atención, tanta que el rojo de sus ojos se hizo aún más oscuro llegando a incomodar al recién nacido. Pikachu en cambio saludó alegremente, tratando de tranquilizarle.
—¿Es tipo Hielo? —repuso Gary sin esforzarse por contener su emoción. Maldijo por lo bajo al recordar que no llevaba consigo su libreta.
—¿De dónde saliste amigo? —Ash miro de soslayo al bolso, y recordó el pequeño huevo de Lillie. Cuando intentó acercarse le de nuevo, la chica busco de apartarle con el pie, escondida a espaldas de Ash—. Cree que eres su mamá.
—¡Pues no quiero serlo! —replicó con horror, sin importarle que pudiera escucharla. El pequeño se tendió en el suelo en un sollozo desconsolado. Pikachu trató de subirle el ánimo. Sorprendentemente Umbreon también, tratando de explicarle que no le odiaba.
—Pues no debiste aceptar el huevo de Kukui. ¿Esperabas un libro sobre la misteriosa aparición de los huevos pokémon? —preguntó el investigador arqueando una ceja.
—¡Pues claro que no! Pero… —Ver aquella criatura sumergida en un agudo sollozo contrito, lleno de angustia, por primera vez se preguntó si no sentir nada a parte del miedo la hacía mala persona.
El resto del día, Gary se encargó de vigilarle y cuidarle durante el viaje en barco, tomándole medidas y estudiándola con la emoción de un niño con su nueva mascota. Incluso lo llevo a su habitación aquella lúgubre noche de distancias amargas entre pokémon y dueño. Logró hacer que se durmiera aun en su preocupación, pensando alguna forma de ayudarles a estar juntos.
Supo esa noche que unirlos curaría a Lillie de sus miedos. Pero no sería fácil.
Serena estaba harta de correr por segundo día consecutivo, en cualquier momento parecería un tapete aplastado contra el suelo.
—¡Deja de quejarte! —le decía Yazir cada vez que reclamaba.
—¡Que no quiero participar en una carrera de Rhyhorn! —gritó casi sin aliento apoyada sobre sus rodillas, apartando el cabello de su rostro mojado—. ¡Por favor ya es suficiente de esto, no puedo seguir corriendo!
El sol empezaba a demostrar clemencia por los habitantes de Alola aquel día, pues la temperatura comenzaba a descender y las hojas caían de los árboles en una danza de naranjas y vinotintos. Fue el día anterior desembarcando en Malie, cuando Serena decidió retrasar su participación en los concursos y pidió a su mejor amigo que la entrenase al llegar a la ruta dieciséis en el próximo barco, pero nunca imaginó que sería una labor tan pesada. Yazir no demostraba clemencia ni por su propia hermana tras una hora de muerte lenta. Después de correr junto a sus pokémon totalmente hiperventilados, los hizo entrenar desaforadamente exigiendo saber de qué estaban hechos hasta que casi caen desmayados. A duras penas consiguió quitarse el sudor antes de caer dormida como un tronco.
Hubiera preferido que le gritase de regreso para seguir discutiendo cuando le explicó, con extraña calma, que ejercitar el cuerpo junto a sus pokémon es la mejor forma de motivarles a esforzarse juntos. Por lo menos no hubiera sentido tanta ira como ahora al obligarla a ejercitarse igual que hacía Grace. Cuando habló acerca de perfeccionar su Hecatombe Pírica, el nudo en su cuello apretó con más fuerza al recordar las lecciones de Ash, en un esfuerzo por no admitirlo ni demostrarlo frente a Yazir quien, en más de una ocasión, la tentó a tirar su cinta junto a los desperdicios, pero algo siempre oponía una feroz resistencia dentro de su cuerpo a esa idea.
Lo siguiente en su lista era una exhibición entre sus pokémon, y el encuentro más salvaje lo protagonizaron Luz y Froslass, que como siempre, parecían dispuestas a hacerse daño de verdad. Su ferocidad valió las congratulaciones de Yazir por primera vez, pero la Pikachu solo le lanzó una mirada de exasperación amenazante. Luego de tres combates en lo que Yazir gritaba que buscara aplastar a su enemigo, abandonar la compasión y reclamarle su inocencia y debilidad, Serena se horrorizó por su crueldad totalmente indignada.
—Pues es precisamente como debes ser —repuso sin un ápice de duda en su voz cada vez más áspera cuando le reclamó—, no digo que seas igual a mí, pero te falta decisión y más asertividad. Con más carácter en tus ataques y descartando tu debilidad en combate, podrías hacer más daño en corto tiempo.
No se percató que una figura oscura la observaba en la copa de los árboles mientras practicaba la Hecatombe Pírica. Escuchó un fuerte aleteo pasar a su lado antes de posarse en el suelo entre una mota de polvo. Se trataba de un ave de plumaje rojo intenso, marcada por dos hileras de plumas negras en alas y cola, pequeños ojos de ébano y parecía llevar aretes a ambos lados de su cabeza. Su danza era apasionada y elegante, golpeaba el suelo de cuando en cuando con sus garras en un zapateo rítmico, saltando alrededor del improvisado escenario, dando giros sobre sí misma. Serena juró por un instante, que sus plumas parecían moverse como el oscilar del fuego. No tardó demasiado en identificarla.
—Es un Oricorio —dijo—, los vi en la Fundación Æther, lo llaman el pokémon danzarín y ya veo por qué. ¡Bailan de maravilla!
Si no fuera por su plumaje, se hubiera sonrojado por el halago de la artista de Kalos. Los demás, sin embargo, no parecían estar de acuerdo y le lanzaban miradas furtivas y desconfiadas, como si estuviera ocultando algo entre plumas, muy seguramente, nada bueno.
Disfrutaron del almuerzo dejando que se les uniese después de escuchar el insistente rugido de su estómago. Comía con una rapidez inusitada para su pequeño pico, ayudándose con sus alas para hacerlo aún más rápido, como si alguien la estuviera cronometrando para quitarle el plato, aun cuando Serena le dijo que comiera con calma y confianza, totalmente risueña. Supo que se trataba de un Oricorio hembra, pues abrió y cerró el pico amenazante cuando se refirió a él como un lindo ejemplar macho.
Lo que pasó después, los dejo a todos boquiabiertos.
Levantó el vuelo directo a Serena tan deprisa que se hizo una mancha roja difícil de percibir, arrebatándole su cinta de la muñeca antes de huir de la escena esquivando los furiosos ataques de Luz, Braixen y Sylveon. Por breves instantes, no supo cómo reaccionar a lo ocurrido. Fue justo como le había dicho su amigo, su inocencia y buen corazón hizo que le robasen una de sus posesiones más valiosas, maldiciendo por lo bajo por no hacer caso a sus pensamientos de quitársela y dejarla dentro de su bolso, ignorando su existencia lo más que pudiese. Incluso pensó en incinerarla.
No entendía por qué seguía usándola. Ni por qué le importaba tanto los deseos de una niña.
—Ya sabía yo —gruñó Yazir mientras se alejaba. Serena seguía estática en su sitio—. Al menos se llevó ese pedazo de tela inservible. Ya no tienes por qué recordar al idiota que no te apoyo.
Serena no respondió de inmediato. No supo si estaba furiosa por llamarlo idiota, tela inservible, que tenga razón al decirle que no la apoyó o por dejársela quitar. Solo se sentía desnuda. Una desnudez verídica que escapaba de su control. Podía sentir el frío del ambiente traspasar su piel hasta alcanzar sus huesos y endureciendo cada músculo de su cuerpo.
—¿A dónde vas? —preguntó cuando la vio correr hacia el bosque.
—Debo recuperarla. —dijo, tratando de sonar lo más calmada posible.
—Pero Serena, solo es un recuerdo de mal vibra de ese tonto. No lo vale.
—Eso lo decido yo Yazir, no tú. Voy a buscarla, vengas conmigo o no. —dijo con vehemencia, y no le quedó más remedio que seguirla. Juró ver a Luz y Braixen burlarse de él siguiendo su paso.
Corrieron a través de la ruta dieciséis sobre las raíces de los grandes árboles lejos del sendero, aunque a ella no le importaba demasiado el marcar los lugares por donde pasaban, a fin de cuentas, todo tenía el mismo verde musgo, los troncos mohosos y marrones extraños. Oricorio tenía clara ventaja sobre ellos no solo por volar, sino además por su tamaño versátil. Fue allí cuando apreció la necesidad de una mejor condición física. Sentirse orgullosa de correr más tiempo que Clemont, no era algo realmente bueno como pensaba.
No tardaron demasiado en darse por perdidos entre la maleza. Comenzaba a perder la cabeza no solo por los pokémon salvajes que buscan proteger su territorio o evitarle el cruce por ciertas secciones del tupido bosque, sino también el perderle el rastro al Rattata con alas de Oricorio. No sabía si dirigir su ira contra Yazir o a sí misma por la estupidez y necedad del corazón de recuperarlo, indispuesto a olvidarlo tan rápido.
Estuvo a punto de rendirse, hasta que un pequeño Scraggy apareció de entre los arbustos tratando de encontrar el camino de regreso. Al principio se mostró reacio a ayudarles hasta que le ofrecieron uno de sus pokelitos y la sonrisa de Serena lograra ablandar sus defensas, les indicó a donde debían dirigirse para encontrar al ladrón. Agradeciéndole, siguieron a Sylveon hasta llegar a una pradera realmente única.
Estaba cubierta por rosas rojas a donde quiera que mirase, salvo por la caminería que atravesaba el lugar oscilando de un lado al otro. El dulce aroma del néctar inundaba el aire, tan concentrado y dulce, que podía sentir como el peso de su alma se hacía más ligero con cada bocanada de aire. Pero sin duda lo más hermoso era como se dejaban llevar por el viento. Un viento libre y despreocupado, sin rumbo y sin destino, solo aquel impuesto por su propia energía y delirio.
Vio al ladrón posado en la copa de un árbol al extremo norte de aquel lugar. Y perdió la concentración.
—Lo que hiciste no estuvo bien —dijo la peli miel hasta en tono conciliador. Oricorio usaba la cinta como adorno para su nido, comiendo despreocupado. Respiro hondo y hablo de la manera más dulce que pudo—. Ese listón es importante para mí. Regrésamelo, por favor.
Oricorio solo la ignoró, agito las alas y pretendido no haberla oído.
—¡Baja de allí y dame mi listón! —gritó, cuando la diplomacia no funcionó.
—Bien tú lo pediste —dijo Yazir enfadado, arrojando la pokebola de Scrafty—. ¡Usa Danza de Espadas!
Oricorio bajó de la copa del árbol con total espontaneidad y confianza. Sorprendió incluso al mismo Yazir cuando no solamente mejoro la torpe coreografía de Scrafty al usar su movimiento, sino que también la energía le rodeo por completo. Luego, en una milésima de segundo, emprendió el vuelo con gracia y se dirigió a toda velocidad hacia Scrafty dando vueltas sobre su eje sin parar y con la cola totalmente recta. Cuando intentó esquivarla, fue capaz de cerrar su giro y asestar un fuerte golpe con sus alas derrotándole de un solo golpe.
Hubo un largo silencio que nadie pudo interrumpir. Por poco y sus ojos salen de sus orbitas mientras el ave seguía bailando de perfil con las alas sobre su cabeza, oscilándolas de un lado y luego al otro pisando con fuerza el suelo.
—¡¿Cómo diantres hiso eso?!
—Imitó tu ataque con su danza rítmica, y después contraataco usando Ás aéreo… —dijo Serena casi sin pensarlo. A ella le resultaba obvio. Los Oricorios poseían el don no solo la capacidad de ir a donde quisieran, sino que además lo hacen con estilo y fuerza. Sin duda, eran realmente libres.
—Jamás me vencerá un pokémon que pelea bailando, ni en sus mejores sueños —vociferó Yazir señalándolo con la yema de los dedos—. ¡Garchomp yo te…!
Serena avanzó y evitó que Yazir siguiera su monólogo de «aplastar al enemigo» que no ayudaba para nada, si había algo para lo que su amigo tenía poca disposición, era la paciencia y el dejarse llevar por la corriente del aire como las aves o, lo que era lo mismo, fluir a través de las notas musicales.
Esta vez, ella lo arreglaría.
—Tengamos un duelo de exhibición pequeño amigo. Si ganamos, devolverás lo que robaste —dijo Serena—, y además… te unirás a nuestro equipo de concursos. ¿Qué te parece?
La pequeña ave se mostraba reticente y recelosa cruzada de alas.
—Si vienes, tendrás todos los pokelitos que quieras y la comida pokémon de Yazir —añadió perspicaz elevando el dedo índice y guiñándole un ojo. El enfado se había esfumado—. Te cae bien una vez que te acostumbras créeme. Además, bailas muy bien y me sentiría feliz si fueras mi pokémon, pero sé que debo vencerte antes.
Oricorio vaciló examinando su expresión cerúlea antes de aceptar su propuesta. La observaba con atención mientras hacía su número junto a sus cinco pokémon con elegancia, belleza y una devoción que no creía posible ver en alguien más.
Supo que estaba en lo cierto los últimos dos días, observándoles desde las alturas.
Ella era como un ave enjaulada en contra de su naturaleza, retenida por aquel chico quien no comprendía lo que era ser libre ni empático. Solo era un cascarón vacío oculto bajo una máscara de terciopelo. Solo bastaría un mal día, para que las sombras se escabullan y se revele su verdadera identidad.
Ellas eran iguales, y ahora la ayudaría a recobrar su libertad.
Estaba a punto de terminar su presentación en una combinación con su movimiento Z y no tardó en darse cuenta de que era un movimiento antinatural y abrupto, cuando se escuchó una fuerte explosión que impactó muy cerca de la posición de Serena, esquivándola por una nariz.
—Así justo te queríamos encontrar, mocosa danzarina, pues a la enfermería, harás una visita .
Un par de reclutas del Equipo Skull, como siempre en parejas de hombre y mujer, aparecieron a sus espaldas con expresión de ira desenfrenada, acompañados de un Primeape y un Houndoom. Yazir avanzó junto a Serena y se preparó para defenderla, ignorando el escalofrío que subía por su espalda, nunca pensó que los fueran a encontrar tan rápido. No tardo en escuchar las quejas de Serena.
—¡Juntos los venceremos más rápido!
—Permítanos ayudarles a decidir como pelear. ¡Houndoom usa Llamarada y esta vez no falles! —La estrella de fuego por poco y alcanza a Serena. Los reclutas trataban de dañarla directamente.
—¡De qué se trata esto!
—Nos vengaremos por lo que hicieron a nuestro gran líder. Lástima que ese idiota de Ash esté aquí, pero no importa. ¡Te llevaremos con él en pedacitos!
Aquello fue suficiente para que Yazir estallará de ira y ordenara a su Garchomp usar Garra Dragón directamente contra su pokémon que lo esquivó de un salto. Oricorio por su parte decidió formar parte de la batalla en una danza más veloz y agresiva. Unas cuantas de sus plumas salieron de su cuerpo, y como flechas de fuego, salieron disparadas hasta Primeape y lo rodearon por completo en una rueda de calor abrasador, de la que le costó salir ileso, pues mostró quemaduras en su cuerpo chillando de dolor.
—¡Primeape, usa Combate Cercano y acaba con su número!
Corrió a toda velocidad hasta Oricorio para vengarse. El ave entrecerró los ojos y dio un suave chillido antes de moverse a un lado sin perder el ritmo para esquivarle. Braixen salió en su apoyo, frenando en seco a su agresor con sus poderes psíquicos entregada a la ira, combinando sus movimientos con el As Aéreo de Oricorio sin importarle que fuera su enemigo y tuviera el listón de Ash con ella.
Dispuestos a no rendirse el recluta siguió la pelea con la ayuda de su Machamp. Este pokémon de cuatro brazos logró complicarle la batalla a Serena, pues a pesar de su gran tamaño era veloz y sus ataques implacables, y por si fuera poco con una feroz resistencia a incluso contra Oricorio y Braixen.
Su compañera ansiosa por dar el golpe de gracia, intento derrotar uno de los pokémon con un ataque a traición por la espalda, pero Garchomp uso su Garra Dragón derrotando a Houndoom.
—Creí que tu amiga no quería que la apoyaras en esto.
—Vuelve a intentar algo así y tus pokémon no serán los únicos en recibir daño. —gruñó con tosquedad. Sus ojos estaban llenos de furia.
Hubo un fuerte estruendo cuando Braixen cayó al suelo costándole trabajo recuperarse después recibir el golpe de las rocas desde el suelo, mientras Oricorio trataba de distraerle. Al reincorporarse, tomo su varita y emitió un haz de luz violeta directamente al rostro de su atacante que cayó al suelo entre la nube de humo.
La sonrisa de Braixen no duraría demasiado.
No era Machamp, sino una criatura que se arrastra por el suelo que despedía un olor penetrante a basura y veneno. Incluso el césped a su alrededor se marchitaba por la sola presencia de aquella repulsiva criatura, hecha de una sustancia altamente maleable y tóxica de varios colores. Lo que parecía ser un rostro deforme, ocupaba toda un área de su cuerpo. Serena no tardo en reconocerlo.
—¡Braixen ataca con tu Psicorayo!
Muk solo lo golpeó con la palma de su mano para desviarlo sin el menor esfuerzo.
—Serena eso no funcionará. Ese Muk también es un pokémon de la oscuridad, los ataques psíquicos no le harán nada. —explicó Yazir mirando de soslayo a la chica skull, luchando en equipo junto a Machamp.
—¡Usa Roca Afilada otra vez Machamp! —Esta vez fue Oricorio quien recibió el castigo cuando Machamp predijo a la perfección sus movimientos. Aterrizó en el suelo sobre su ala izquierda llena de heridas.
Justo cuando iba a darle el golpe de gracia con Puño Trueno, Luz salió disparada como una flecha y logro contrarrestarle con su propio ataque eléctrico.
— "¡Debo terminar esta batalla cuanto antes, algo no está bien aquí, nadie se hace tan bueno a esa velocidad!" ¡Garchomp ataca a Muk con Terremoto!
Antes de que pudiera agitar la tierra con su poderoso ataque, recibió un puñetazo directo en el rostro parándole en seco. Desorientado causo desastres con sus poderes, destruyendo parte del risco de cara al mar de la ruta dieciséis.
—Deja que la niña se defienda sola, ya la oíste. —manifestó la recluta exhibiendo su sonrisa de víbora, disfrutando del rostro enojado de Yazir cuando ataco con bomba de desechos a Sylveon.
—Tranquilo Yazir, yo me encargo. Ya no soy aquella niña que necesita ser cuidada. —replicó a las protestas de su amigo. Esta vez ni Ash ni Yazir la ayudarían. Esta vez, ella los vencería.
Tomo la ofensiva luchando con Luz y Sylveon a pesar de la desventaja que representaba Muk en su forma alola frente al hada y los gases tóxicos de su cuerpo, tratando de aplastarle cada vez que era posible. A eso sumado que los ataques eléctricos no parecían hacerle el más mínimo efecto, pues su gelatinoso cuerpo absorbía el impacto.
A medida que la batalla se prolongaba Yazir cada vez se encontraba más ansioso. Algo no le dejaba estar tranquilo con el Equipo Skull. Era como si les hubieran enseñado a pelear con mayor coordinación y, además, ya no hacían el menor intento por rapear mientras peleaban. Por primera vez, empezaba a extrañar el horrible rap y las tonterías de sus adversarios. ¿Acaso solo estaría imaginando cosas y exagerando más de la cuenta?
Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando las rocas empezaron a salir del suelo, provocando que los enemigos de Serena perdieran su concentración gracias a Pancham y su ataque sorpresa apoyando a Sylveon quien les ataco con su Viento Feérico.
Luz se dispuso a atacar Machamp, pero una pequeña figura paso rozando por su lado en un pitido agudo y fugaz quitándole la ventaja. Oricorio golpeó con furia al pokémon luchador valiéndose de sus pequeñas alas aún con sus heridas. Algunas de sus plumas salieron de su cuerpo y a pesar de saberlo, Serena se sorprendió cuando desaparecieron en un mote de fuego al consumirse a sí mismas. Cayó al suelo del impacto para luego ser rematado por el Poder Oculto de Braixen.
—Es mejor que te rindas. —dijo Serena tratando de contener su sonrisa de felicidad y aparentar seriedad cuando Oricorio se posiciono junto a Luz, Braixen, Sylveon y Pancham.
El Muk de su compañera libero una espesa capa de humo. Sus ojos se llenaron de lágrimas entre tos y carrasperas de la putrefacción y el olor a drenaje.
—La chiquilla danzarina aprendió a jugar con los mayores —dijo el recluta burlándose de ella entre la bruma tóxica—, pero eres una tonta. Confías en la persona equivocada.
—¿De que estas hablando? ¡No me vas a confundir!
—Para cuando te des cuenta ya será tarde, tu cabeza tendrá precio puesto por aquel a quien llamaste amigo.
—¡Ya basta!
Yazir cogió por un brazo a Serena y ordenó a Garchomp utilizar Terremoto cuando Altaria colocó a salvo a los demás pokémon incluyendo a Oricorio que ya no podía volar. Algunos árboles se inclinaron junto con el lento oscilar del terreno disipando el humo. Sus enemigos habían huido de la escena.
—¿Estás bien, Serena?
—¡Claro que no estoy bien! —bramó Serena entre la preocupación y la ira por las palabras y el malogro a su encuentro—. ¿A qué rayos se refería con eso de traiciones y mi cabeza con un precio?
—Seguro se refería al hecho de que los Skull te buscaran por lo que hiciste —mintió lo mejor que pudo, tratando que su expresión corporal fuera condescendiente con su boca—. Y recuerda que Ash derrotó a Guzma. Seguro piensan que aún es tu amigo.
-Gracias por tu apoyo Oricorio —señaló Serena esquivando el tema de Ash y todo lo demás. No la derrotarían tan fácilmente—. Si no hubieras ayudado hubiéramos tenido más problemas.
Se valió del pequeño botiquín de primeros auxilios para curar a la pequeña ave que emprendió el vuelo antes de seguir con su coreografía en tierra firme, cantando alegremente. Serena le propuso continuar con su competencia de baile, pero ella solo extendió un ala y depositó en sus manos la cinta de Ash. Agradeciéndole por devolverla, la guardó dentro de su bolso y se despidió de la pequeña ave para regresar a su campamento. Sin embargo, revoloteó sobre su cabeza antes de volver a posarse en el suelo frente a ella. Braixen y Luz se miraron entre sí con una ceja arqueada cuando reasumió su pose elegante y apasionada.
—¿Quieres venir conmigo? Pero no terminamos el encuentro y no gané. No tienes por qué venir conmigo solo por compromiso. —El ave negó con la cabeza ofendida, señalándole con insistencia entre pitidos agudos e irritados.
Pancham se colocó sus lentes de sol y su hoja en la boca, en clara evidencia que no tenía objeciones con un nuevo integrante en el equipo. Sylveon por su parte se colocó una de las flores rojas junto a Oricorio y empezaron a danzar juntas. Altaria asentía con la cabeza mientras Braixen y Luz negaron enérgicamente, como si su inclusión fuera un error garrafal.
—¿Estás segura? —El ave asintió con la cabeza interrumpiendo su baile con Sylveon—. Está bien. ¡Bienvenida al equipo Oricorio!
Cantó alegre y se posó en su hombro izquierdo. Finalmente encontró alguien que compartiera su gusto por la libertad, o eso trataba de hacer. La mejor forma de hacerlo era estando juntas.
—Felicidades Serena, me alegro por ti. —dijo Yazir acercándose a Oricorio, que extendió sus alas de forma amenazadora, como si no quisiese que se acercara más a ellas. Él era como una jaula, una farsa andante con una atractiva carnada. Todo lo contrario, a su nueva entrenadora.
Luego de reñirla, Serena le arrojó una pokebola capturándola, emprendiendo el camino de regreso a su campamento para cenar y dar por concluido el día. Esa noche, Yazir por primera vez desde que era un crío sintió el frío aplastante en su nuca, al confirmar lo que temía de boca de Liliana.
El Equipo Skull tenía refuerzos de sus socios, y ya sabían que viajaban en dos grupos.
Continuará…
Notas del autor:
Buenas noches amigos lectores, espero hayan tenido una excelente semana de año nuevo :).
Antes que nada, quiero desearles de mi parte lo mejor para este año 2019. Espero logren todas y cada uno de sus metas u objetivos, disfruten de buena salud y algo que suele ser pasado por alto, pero es muy importante, la tranquilidad de mente.
Por mi parte una de mis metas es escribir mucho más seguido, publicar más one shots de diversos temas y sobre todo, empezar a publicar mi crossover. He cogido amor a la escritura como tal. Así que veremos que me depara el futuro con respecto a este tema
Pero recuerden niños… no solamente debe cambiar el año, ni se trata únicamente de eso. El cambio comienza en nosotros mismos. Así que, la actitud es lo más importante :3.
Aquí les entrego el primer capítulo del 2019. ¿Qué tal les ha parecido? ¿Qué creen que pasará en Ula'Ula de ahora en adelante? ¿Qué pudo haberse mejorado y qué creen que sobra?
Como siempre, díganlo en la sección de comentarios.
No se olviden de dejar su voto y su cometario, review, relleno o lo que sea XD, estaré pendiente de ellos. También si tienen alguna pregunta pueden dejarla por aquí :D.
De nuevo les reitero: ¡Feliz año nuevo 2019 chicos! Los quiero a todos de verdad. Sin ustedes, yo no estaría aquí.
