Capítulo 62

El equilibrio está en aquel que acepta su culpa.


Nada más desembarcar en Ciudad Malie, Ash sintió como el mundo se le vino encima al girarse sobre si mismo y recordar que esta vez, Serena no lo acompañaría en Ula'Ula. Sabrá Arceus lo que Yazir estaría metiéndole en la cabeza. La sensación era venenosa e irritante cuando la ira fluía por su pecho hasta la boca del estómago, sumado al desasosiego de no poder ir en su búsqueda, aunque le costara su orgullo y el recorrido insular.

Como deseaba poder deshacer aquellos sentimientos hacia la chica del sombrero de paja que conoció en Kanto e invitó a su viaje en Kalos. La misma que vio convertirse en la luz de muchos, la razón de su alegría y esperanza.

Por primera vez se sentía sin rumbo. Sin guía. Por más que tratase de encontrar el hilo azul que desenmarañaba la oscuridad, solo existía el vacío y la fría soledad. Por tonto que pudiese resultar, aquel regalo es el más especial que pudo dar a alguien jamás, y solo hasta ese momento lo comprendió. Fue como si el cosquilleo que se desliza por su rostro le hubiera hecho despertar y aceptar las palabras de Gary.

Ash Ketchum gustaba de una chica. Y para colmo, la que consideró como su igual.

—Serena… me he vuelto un llorón. —masculló, apresurándose a limpiarse una lágrima de su rostro antes que Pikachu se percatase.

—¡Hola Ash, saliste temprano de nuevo! Cómo se nota que no puedes dormir muy bien —dijo Gary con Vulpix en brazos y en compañía de Lillie—. Espera… ¡Acaso eso es una…!

—¡Shh, cállate! —susurró con alarma, tapándole la boca igual que a Pikachu.

—Hasta que por fin aparecen.

Se giraron y reconocieron al Profesor Kukui saludándoles a la distancia en la transitada avenida, entre turistas y entrenadores. Iba acompañado por un joven que sin duda debía ser Hau. Y no solo porque vestía y lucia su mismo estilo, sino por el hecho de mostrar su exuberante jubilo cada vez que saludaba. Si algún mérito podía darle era mostrarse sonriente sin importar lo que sucediera. Una habilidad que Ash, deseaba tener cuando le preguntaron dónde estaban Serena y Yazir.

Para su fortuna, el Profesor Kukui discutía con ambos científicos y no tuvo que responderle. No tardo en expresar su descontento cuando le informaron a Lillie que aquel huevo pokémon se trata de una terapia para ayudarla a perder el miedo por los pokémon.

—Adivina que Ash, tengo un nuevo pokémon —dijo Hau arrojando una pokebola haciendo caso omiso de la bronca que Kukui traía con Lillie—. Ahora tengo un Lycanrock Diurno.

Ash dejó salir a su Lycanrock crepuscular. No tardo en emocionarse y mirarle por todos los ángulos al extraño pokémon, y a juzgar por su expresión irritada, la exagerada exaltación lo ponía de los nervios. Destacó a su homologo diurno que lo observaba con mucha insistencia. Parecía petrificado, como si de repente se hubiera convertido en un pedazo de roca haciendo honor a su tipo elemental.

—¿Qué? ¿Se te perdió uno igual a mi? —preguntó el pokémon de Ash con indiferencia y agazapando sus orejas hacia atrás, a la defensiva.

—¿Acaso no me reconoces?

—¿Por qué debería hacerlo? Entre mis conocidos, no hay un Lycanroc.

—Esa forma de hablar y la falta de memoria… no puedo equivocarme. Jamás pensé que volvería a verte, Sif.

—¿Cómo se supone que sabes…? —Se quedó muy callado unos instantes examinándolo con cuidado. A penas y pudo contener el movimiento de su cola cuando su nariz lo reconoció—. ¡Loki eres tú!

—¡Oye que somos más pesados que antes! —reclamó el zorro diurno—. ¡Quita de encima!

Obedeció e intercabiaron palabras en idioma pokémon muy alegres de sus días en la Colina Diez Quilates y la historia de sus evoluciones. Todo terminó cuando preguntó por la compañera de su líder. Tanto Pikachu como Lycanroc, se hecharon al suelo con expresión afligida y lúgubre. El nombre de Serena o incluso su mención bastaba para deprimirlos y mostrar su profundo odio a Yazir.

—¿Qué le pico a tus pokémon?

—No sé, quizás debería llevarlos al Centro Pokémon.

Le dirigieron miradas de soslayo en clara protesta. Un médico no aliviaría su pena.

—Que va, están geniales —manifestó Hau entre saltos de contagiosa alegría. Incluso los pokémon olvidaron el mal momento—. Parece que estos dos son primos desde hace mucho. ¿Por qué no tenemos una batalla amistosa? Quiero ver de que es capaz esa forma tan extraña de tu pokémon.

—¡Seguro! Una batalla es justo lo que necesito en este momento. —Ambos pokémon celebraron la idea de sus entrenadores. Seguro de esa forma, dejaría de pensar en Serena así sea unos instantes.

—¡Qué esperamos entonces! ¡Vamos al J…!

—¡Eek! —Lillie dio un chillido cuando Vulpix trató de esconderse tras ellas cuando el pokémon de Hau se le acercó con ojos indecorosos en forma de corazones—. ¡Aléjate, no te me acerques! ¡Ya te dije que solo me interesas como objeto de estudio, no como mi pokémon o como para ser tu madre!

Se hizo el silencio. Uno desgarrador y envolvente a tal punto que no escuchaban ni los latidos en su pecho. Aquello fue demasiado para el pequeño y blanco pokémon que echó a correr lejos de allí hecha un mar de lágrimas ante su rechazo. La ilusión de finalmente nacer y recibir cariño de la dulce voz que escuchaba en la profunda oscuridad la desechó sin compasión. Aunque su cuerpo fuera de hielo, el frío carcomía lo profundo de su alma.

Kukui le lanzó una mirada tan afilada que Ash juró, debió aumentar la fuerza de gravedad en Lillie.

—¡Usted sabe que no me gustan los pokémon y aún así me dio a cuidar un huevo que sabía se abriría antes de volver! ¿Qué esperaba que hiciera?

—¡Que lo enfrentaras! —exclamó Kukui con firmeza. Lillie comenzaba a ponerse azul cuando vio sus pupilas dilatadas—. ¡No puedes seguir huyendo de ellos si quieres trabajarlos e investigarlos, y tampoco se puede vivir esta vida con miedo, porque sino nunca saldrás del cascarón! Si es verdad que puedes estar cerca de algunos pokémon del grupo, ¡usa esa fortaleza y atrévete a tomar a esa cría y entrenarla como debe ser!

Lillie quedó pasmada en su sitio totalmente muda, entregada a los brazos del silencio y el desasosiego. Nunca llego a pensar que sentiría pena por un pokémon después de Nebulilla. Ella era como el desierto de Ula'Ula, ofreciendo el infierno y noches de hielo a quien tratara de cruzarlo, sin cobijo y abandonados a su suerte abrazados únicamente por la sombra de la muerte, el exilio y no ser deseada.

Por primera vez se sintió realmente miserable y rastrera con su desprecio apático a un pokémon bebé. Con la ilusión de tener una madre. Se llevó ambas manos al pecho para mitigar el desgarre en su pecho, pero no pudo más que dejar salir sus lágrimas de amargura por recordar inclusive su propio pasado.

Era igual que su madre. Un ser perverso y sin corazón que hacía sufrir a los pokémon.

Ash trató de acercarse, pero Gary intervino y lo detuvo en seco.

—¿Qué hacemos? —le preguntó Gary arqueando una ceja. Solo se quedó de pie esperando su respuesta.

Lillie levantó la cabeza y seco sus lágrimas antes de responderle.

—Voy a buscarla… tengo algo importante que decirle. —replicó decidida. De no ser por su edad, Kukui también hubiera saltado igual que Hau.

—¿Qué estamos esperando primos? ¡Síganme, fue en dirección al Jardín Malie!


Transitaron a buen paso entre la multitud hasta quedar sin palabras por unos instantes. El Jardín Malie ocupada todo el centro de la ciudad. La evidencia perfecta de armonía entre naturaleza y metrópoli, adornado por infinidad de árboles en un espectáculo de arte difícil de encontrar. Cada árbol lucía hojas pasaban por los acostumbrados rojos y amarillos, incluyendo para su sorpresa, el violeta y el rosado. Kukui alcanzo a explicarles que era el único lugar en toda la región donde podías encontrar las plantas de las cuatro islas, incluyendo los néctares necesarios para Oricorio.

Avanzaron al islote de en medio por sobre uno de los puentes que, por el aspecto de sus maderos creyó estar subiendo por los rayos del sol. Ash se sorprendió cuando se percató de las construcciones a su alrededor, idénticas a las de Ciudad Iris en la región Jotho. Incluso la misma gran torre que servía de refugio a Ho-oh en la distancia, solo que esta también parecía hecha de oro.

—Fueron construidas por habitantes de esa región cuando llegaron aquí —explicó Kukui—, pensaron que nos enseñaría algo.

—¿Qué le pueden enseñar a los habitantes de alola unos edificios viejos? —preguntó Ash desconcertado.

—Convivencia —respondió Kukui con un dejo de calma y paciencia, cruzando el puente—. Es el recuerdo eterno de lo que costo a la región la paz al caer el último rey de Alola, así como el equilibrio entre la naturaleza y la ciudad. Debemos respetar las formas de vida y convivir todos juntos, justo como lo hace este jardín.

—No lo pensé así.

—Si supieras la cantidad de cosas que solemos pasar por alto. Si miramos alrededor con atención, podríamos ver nuestras coincidencias en vez de lo que nos diferencia.

—¡Sigues siendo un poeta de cuarta al igual que de niños, cierto que algunas cosas no cambian!

El olor a muchedumbre, la voz grave y desdeñosa y un hombre usando gafas de sol en montura dorada anunciaba la llegada de Guzma, el líder del Equipo Skull y sus matones de confianza, entre ellos la jefa de personal Plumeria, Gladio que llevaba cogido del pescuezo un pokémon que lloraba pidiendo auxilio, y una recluta que, si bien vestía igual que el Equipo Skull, no llevaba el cabello pintado ni sombra en los ojos.

Lillie no sabía por qué enfadarse más. Gladio maltratando a Vulpix, o el ruin ataque al Domo Royale.

El jefe odiado que te golpea, te golpea y nunca deja de hacerlo. ¡Sí, el gran mal Guzma está aquí!

—¡Justo a ustedes los quería ver! —rugió Ash dando un paso al frente, señalándole con el puño derecho.

—Un momento Ash —dijo Kukui antes que pudiera contestarle. Avanzó hasta ponerse frente a frente con Guzma—. Te venceré en cuatro turnos.

—¿Así que una batalla royale eh? Tu y yo solo somos un par de mocosos que no pudieron convertirse en capitanes de prueba. Pierdes tu tiempo construyendo esa Liga Pokémon, igual de idiota a quienes participan en el recorrido.

—No es que no haya podido lograrlo Guzma, pero tengo otro sueño. En mi batalla con Hala me di cuenta de lo que realmente quería hacer, por eso me convertí en lo que soy —respondió Kukui con gallardía, mostrando su sonrisa a un enojado Guzma—. Por lo que quiero construir una liga en Alola, para llevar a los entrenadores hasta sus límites y a que luchen por sus sueños, realicen el movimiento perfecto y demuestren quien es el mejor entrenador de la región y además, la llama de la pasión por la batalla.

—Alola ya tiene al mejor entrenador del mundo —Se paró totalmente erguido y sacando el pecho—. ¡Yo! Y no necesito que nadie me reconozca.

—Solo eres un tramposo y un matón. No dejaré que deshonres ese título ni el recorrido insular por tu odio —bramó Ash mientras Pikachu saltaba listo para la batalla—. ¡Pagarás lo que hiciste en el domo!

—¿Qué has dicho? —Guzma lo miraba como si se hubiera vuelto loco, después de haberse dirigido a Plumeria—. Yo no ordené un ataque al Domo Royale, no lo habrás imaginado en tus sueños.

—¡Deja que te ayude a recordarlo! ¡Lycanroc Roca Afilada!

La criatura se paró sobre sus patas traseras y dio un fuerte golpe al suelo atacando con miles de rocas que salían del suelo. Guzma saltó para esquivarlo y caer sobre su pierna izquierda con la ayuda de Plumeria quien ya había ordenado salir a su Gengar, hasta ser detenido por Hau y su Acelerroca.

—Quien diría que nuestra batalla sería del mismo bando —puntualizó, aun exhibiendo su sonrisa—. Me preocupa Lillie, está totalmente indefensa.

—El profesor y Gary están con ella. ¡Nosotros venceremos a estos dos!

Gladio seguia sosteniendo a Vulpix, muerta de miedo sin posibilidad de liberarse. Y mucho temía que quien la vio nacer, no haría nada por ayudarle. Lo único que conocia del mundo, estaba hecho de hielo.

—¿Esta cosa lastimera para mis oídos es de ustedes? —Gladio lo sacudió de un lado al otro. Vulpix volvió a chillar—. Supongo que sí, porque es realmente lamentable.

—¡Déjala en paz Gladio! —gritó Lillie sin pensarlo, entregada a la ira. Por un momento, su hermano se puso blanco como el papel—. ¡Es mi pokémon, regrésamela!

—¿Tu pokémon? —El poco rojo de sus pómulos, paso a ser blanco.

—Escuchame Vulpix —titubeó Lillie tratando de reunir todo su valor—, siento mucho lo que dije. La verdad es que soy una chica insegura con miedo a los pokémon, y se que no es suficiente, pero… ¡Lo siento! —Vulpix quedo muda escuchando sus palabras. Lillie solo podía sentir el calor de las lágrimas en su cara—. Estoy dispuesta a empezar de nuevo y cuidar de ti. ¡Quiero que seas mi pokémon! ¡Quiero cuidar de ti y quererte de verdad, si quieres darme a oportunidad!

Algo dentro del cuerpo de Gladio concentró toda su fuerza y salió corriendo desde dentro dando saltos. Se infló tanto que pensó que volaría como un globo de helio por lo que pensó que jamás ver en su vida. Aquella niña que lo seguía por todos los rincones, que lo llamaba para que jugasen, a quien protegía de su madre. Ella pudo superar su miedo por unos instantes y logró entablar una conexión con su propio pokémon. No pudo evitar sentirse mejor y sonreír, pero también, una profunda tristeza.

La pequeña Lillie salía del inverno de su vida con su calor propio. Y el se lo estaba perdiendo.

—¿Te parece gracioso? —preguntó Gary empezando a enfadarse por las burlas de Gladio.

—No se trata de eso genio —contestó escondiendo su dolor, luego que Felicia de un codazo lo sacara de su trance—. Nunca entenderías, que tonta se ve una niña disculpándose con su paño de lágrimas.

—Te equivocas Gladio. Esta vez un Vulpix me enseño que el primer paso es mirar al miedo de frente y enfrentarlo. Y si para eso debo tener un pokémon propio. ¡Quiero a ese Vulpix!

Gladio sintió como su mano empezaba a entumecerse como llevara un enorme pedazo de hielo, cuando el pequeño pokémon logró congelar el aire a su alrededor, forzándolo a soltarle. Corrió a reunirse con su dueña como si le hubiesen inyectado una poderosa dosis de fuerza porque a pesar de su pequeño tamaño, tenía una mirada desafiante.

—¿Protegerías a Lillie por mí? —le preguntó si figura paterna. Ella asintió—. ¡Blastoise sal y usa Pulso de Agua!

Gladio se lanzó al ataque usando a Lycanroc. Blastoise le bastó con darse la vuelta y protegerse con su caparazón cuando intento atacarle con sus garras. Su lentitud se convirtió en un problema cuando no pudo hacer nada por evitar su Aplastamiento Continental que, por algún milagro, logró resistir con apenas algunos rasguños.

—¿Por qué no pelean contra mi los tres a la vez? —preguntó el profesor cuando Felicia y los otros reclutas trataron de acercárseles.

—A eso hemos venido profesor —dijo la chica—. Si hubiera intervenido en su combate, Gladio no me lo habría perdonado.

La corriente se llevó sus próximas palabras por el impacto de los ataques Colmillo Eléctrico del Lycanroc de Hau y Caparaconcha afilada del Golisopod de Guzma en compañía del Gengar de Plumeria. A duras penas podía mantener la curvatura cruel de su sonrisa después de recibir una combinación de ambos Lycanroc. Extendió sus manos frente a el y ataco con ferocidad con ocho pulsos oscuros que controlaba con sus oscuras garras. Ash se las arregló para esquivar tres, Hau logró contratacar con su Acelerroca y destruir el resto de los haces negros.

Inmediatamente después Golisopod lo embistió como un Tauros furioso rodeado por el agua después de rodearse de la energía de las espadas gemelas, estrellándolo conta una de las rocas con la que ataco el Lycanroc de Ash.

—Señor nos acaba de llegar información —susurró Plumeria a su líder cuando Hau gritaba a su pokémon para saber su estado—. Serena no está en la ciudad, sino en la ruta dieciséis. Además, las Oficiales Jenny nos están buscando por atacar el Domo Royale.

—¿Qué coño dices? —espetó el líder con la vena de su sien hinchada de ira—. ¡Tenemos que irnos, pero ya!

—¡Esta vez no se irán! —vociferó Ash.

—Yo estaría más preocupado por tu amiga Serena —Guzma mostró su sonrisa burlona cuando Ash se detuvo en seco—. Ya sé que están viajando en grupos separados y la tenemos ubicada. Me pregunto que le habrás hecho a tu novia para que te dejase.

—¡Ella no es mi novia! —respondió encolerizado y sintiendo como sus pómulos se ponían rosados. No sabía si por la ira o porque algo dentro de su cuerpo no parecía negarse a esa idea—. ¡No les creo nada!

—Pobre, y yo que pensaba decirte dónde está.

—¡Suficiente! ¡Pikachu Giga Voltio Destructor!

Gengar uso su Bomba de Desechos y tapó la visión de Pikachu antes que Ash pudiese preparar su ataque. Luego una cortina de humo cubrió por completo al Equipo Skull para que escaparan.

—¿Están todos bien? —pregunto Kukui en voz alta como pudo.

—Se puede decir que sí, digo, al menos nadie salió herido. —dijo Hau.

—¡Que hay de Serena, tenemos que ir a ayudarle antes que lleguen a ella! —gritó Ash.

—¿Si les creíste entonces?

—¡No podía afirmarlo tampoco —reclamó, señalando la salida del Jardín Malie—, a qué estamos esperando!

—¿Y dónde sugieres empezar a buscar? —inquirió Gary en compañía de Lillie y su Vulpix. Ahora, en sus brazos—. Alola es una región muy grande. Quizás esté en otra de las islas.

—Entonces buscaré debajo de cada roca de esta isla, pero no voy a dejar que le pase nada. ¡Esto es culpa de Yazir, sabía que algo no estaba bien con el!

—No seas tan cabezota Ash —dijo Gary cruzado de brazos, para molestia de Ash—. ¿Por qué razón la pondría en peligro a propósito? A menos que tengas pruebas de que trabaja con el Equipo Skull es absurdo. Además, si el estuviera con ellos, hubieran ido directo a por ellos en vez de por nosotros.

—¡¿Y qué sugieres que hagamos?! ¡¿Qué me quede aquí en la playa de Malie tomando una piña colada con extra de azúcar, adornada con una sombrilla y la deje a su suerte?!

—Quizá… —interrumpió Lillie pensando en voz alta antes que Gary y Ash siguieran peleando. Su Vulpix, se acurrucaba entre sus brazos—, podríamos averiguar dónde es el siguiente concurso en esta isla. Seguramente allí estará. La Oficial Jenny debe saberlo.

Escucharon pasos acercarse a ellos desde el puente sur. Era la Oficial Jenny en compañía de un par de agentes.

—Vengan con nosotros. Hay alguien que quiere verlos.

—¡No es momento para eso, mi… amiga esta en peligro! —bramó Ash.

—Fue difícil no escucharte mientras nos acercábamos, ya lo sabemos. El siguiente concurso de la región es en Pueblo Tapu, enviaré la alerta a mi prima y ella la protegerá puedes estar tranquilo. Los quiere ver alguien que también está tras el Equipo Skull. Debo insistir.

No le quedó más remedio que acudir con la policía a la fuerza, cuando Kukui le dirigió una mirada penetrante y severa.

Refunfuño todo el camino de regreso sin dejar de preocuparse por Serena. El mundo se movía a su alrededor mareado por la ira y la sangre que recorría sus venas a toda velocidad, no podía concentrarse en otra cosa que en llegar a Pueblo Tapu lo antes posible y golpear a Yazir por separarles, hablar con Serena y suplicar su perdón para viajar juntos otra vez, y esta vez sin ese idiota que los había separado. Pero otra pregunta apareció en su cabeza.

¿Cómo enfrentaría sus nuevos sentimientos por ella, estando tan cerca?

Llegaron a la ciudad y al entrar en el cuartel, Ash reconoció un par de rostros familiares. Solo que uno de ellos, no recordaba que formara parte de las fuerzas del orden.

—Ha pasado mucho tiempo mi querido Ash. Dime… ¿cuál es tu objetivo en un lugar tan remoto como este?


En las afueras de Ciudad Malie, al pie del Monte Lanakila, el Equipo Skull mantenía una reunión. Guzma estaba muy enfadado.

—¡Pero si bien es cierto que es patético que esta clase de operaciones ocurran a nuestras espaldas, es todavía peor que no tengamos ni la menor idea de quién rayos esta al mando aquí ni quien ordenó el ataque! —gritó. Plumeria, Gladio e incluso Felicia, estaban totalmente mudos—. ¡Quiero una explicación!

—No la tengo Guzma. Tuvo que ser alguien de afuera o algún recluta de los otros grupos los convencieron de invadir el lugar.

—¡Suposiciones! —bramó, señalando hacia la ciudad—. La policía nos está buscando en este momento y después de un ataque como ese, incluso la Policía Internacional nos buscara por actuaciones terroristas, entiendes la magnitud de lo que eso significa. Estamos jodidos.

—Empezaré una investigación interna, llegaré al fondo de esto.

—Más te vale Plumeria. Tienes cuarenta y ocho horas para darme una respuesta convincente, y más te vale que la tengas. Investiga a todo el mundo, incluso a los nuevos reclutas y los refuerzos que recibimos. ¡Gladio! —Dio un paso al frente cuando lo nombraron—. Ve inmediatamente a Pueblo Po y protege el botín. Mientras ella está fuera, te encargo la base. Yo iré a Paraíso Aether.

—Disculpa que te lo diga Guzma, pero es absurdo ponerte en evidencia —señaló Gladio tratando de detenerlo—. Informar de esto solo nos haría ver débiles.

—No voy a informar a nuestros socios. Pero Lusamine debe enterarse de esto. Créeme, sé lo que hago.


Cayó la noche en la región. Liliana se disponía a cambiarse de ropa y llamar a su compañero, cuando Dominó irrumpió en su habitación sin siquiera tocar.

—Tenemos un operativo ahora mismo, prepárate.

¿Un operativo en Paraíso Aether a esa hora de la noche? ¿Acaso la descubrieron y la llevarían a ver a Giovanni?

Salió detrás de la comandante y se abrieron paso a través de los corredores del segundo piso de la lujosa mansión. La alfombra amortiguaba el sonido de sus zapatos rebotando en las paredes. Sintió alivio cuando pasaron de largo el cuarto de Giovanni y bajaban a la estancia principal hasta el comedor, o como le gustaba llamarlo ahora a su dueña: la Taberna Nocturna.

Allí estaba Xerosic disfrutando su cena preparada por el mayordomo de Lusamine, y si supiera lo que ella sabía de las operaciones del Equipo Rocket, se abría preocupado.

Rodearon por completo la sala obstruyendo todas las salidas. Domino le ordenó ubicarse en la puerta que daba al ala este, por allí llegaría Giovanni una vez lo llamaran con la ayuda de un pequeño botón en el cuello de la camisa de su comandante. Una vez estuvo todo asegurado, lo oprimió e interrumpió la cena de Xerosic.

—Ustedes son unos terroristas natos, y no le digo eso a todos. —dijo dulcemente Domino.

Xerosic tomó su vaso de agua y la miro alzando la vista.

—Tardaste mucho tiempo en reconocerlo jovencita. Tal vez yo pueda enseñarte algunos trucos que tu jefe no. Claro, si te unes a nosotros. Y por como van las cosas, tu jefe no durará mucho.

—Seguro que sí —replicó con una flor entre los dedos de su mano derecha. La razón a la que debía su nombre: un tulipán negro—. Pero yo me pregunto quién dará lecciones a quien después de esta noche… Xerosic.

El líder del Equipo Flare miró directamente a Dominó que seguía jugueteando con el tulipán. Sabía que no era una flor real con solo verla. Era un replica exacta, pero modificada para emitir un choque eléctrico que lo inmovilizaría por completo unos minutos.

Estaba atrapado.

Escucho alguien llamar a la puerta de su izquierda y cuando Liliana la abrió ya sabía quién aparecería.

Giovanni avanzó por la habitación con paso firme y confiado, ajustándose su elegante traje negro y con una sonrisa socarrona y victoriosa. Se ubico en el asiento frente a Xerosic con un habano grueso, tomándose su tiempo para encenderlo. Inhaló y dejó salir el humo resollando una sonrisa antes de mirarlo fijamente.

—Los dos sabemos por qué estoy aquí Xero —dijo con total tranquilidad—. Esto dura hasta que decidas admitirlo.

Silencio otra vez. Liliana trataba de sonsacar lo que sea que estuviese ocurriendo. En su cabeza solo se encontraban las últimas reuniones que sostuvieron, incluyendo unos días atrás cuando el Equipo Galaxia se presentó en la mansión hasta que todo tuvo sentido al fin, y lejos de alegrarle que no la hayan descubierto, sus tripas se revolvieron cuando Giovanni sacó su holomisor y reprodujo las imágenes grabadas por Jessie y James del ataque a Ciudad Luminaria.

—Sé que Serena no pertenece a esta región y que no informaste sobre su origen —dijo tajantemente, inclinándose hacia su enemigo—. Y también sé que fueron tus hombres los que atacaron el domo disfrazados del Equipo Skull, y lo sé porque tenía un par de mis hombres tras ellos. Ahora, nos enteramos de que viaja por la isla en grupo solo con Yazir, que resulta, es un cabo suelto que escapó de mis manos hace muchos años.

El rostro de Xerosic comenzaba a ponerse blanco. De ser posible ver sus ojos, habrían estado muy abiertos, aunque por lo que se veía debía felicitarle, al retener su miedo.

—Nadie más sabe no te preocupes, pero ahora me debes una —prosiguió Giovanni guardándose su holomisor, disfrutando su momento de poder—. Aquí hay dos formas de hacer las cosas: Te puedes unir a mí para derrotar a Lusamine y sacar algo de esto. O, te entrego y tienes una muerte segura.

"Nuestra alianza depende de lo que decidas responder —Se levantó y se puso detrás de su enemigo, que aún no salía de su asombro. Una gota de sudor bajaba desde su sien—. Me vas a contar quiénes son los entrenadores de Kalos, quién es en realidad Serena y sobre todo… cuál es su relación con Ash Ketchum".

Esa noche Liliana la recordaría como la más oscura de todas. Serena, estaba en la mira de Giovanni y Yazir al otro lado de la línea permanecía mudo. Por primera vez, pudo el sentir el pánico en la respiración de su compañero.

Continuará…


Notas del autor:

Buenas noches, o días mis queridos lectores :D.

¿Cómo va el comienzo de año? Para aquellos que aún estén de vacaciones, espero que la estén disfrutando como Dios manda y para quienes no es así, tranquilos. Su momento llegará.

Si de algo sirve, ya muchos estamos en una situación en la que no tenemos vacaciones :/.

Bueno, en fin, aquí les traigo el capítulo de esta semana y como siempre, espero que les haya gustado (y si no fue así, también háganmelo saber. Como siempre digo, esto es un proceso de aprendizaje).

Para quienes odian a Yazir, ahora tienen más motivos para hacerlo, su decisión ha traído graves consecuencias y le han dado el empuje a su peor enemigo. Serena no está a salvo, y ahora el también lo sabe.

¿Qué pasará a continuación? Digan lo que piensan en los comentarios jiji.

Recuerden votar y dejar sus comentarios chicos, y recomendarnos si les gusta lo que han leído.

¡Les deseo feliz día!