«La verdad ilumina la mente, pero no siempre lleva la felicidad al corazón».
—¡Esto debe ser una jodida broma de mal gusto!
Barry escuchaba el noticiero matutino en el Centro Pokémon de Ciudad Kantai, sin dar crédito a lo que oía sobre el Equipo Galaxia y su fuga. Sus amigos se convirtieron en estatuas sin pronunciar palabra en todo el reportaje. Kenny estaba totalmente pálido, como si acabase de ver un fantasma. Nando interrumpió uno de sus sonetos cuando mencionaron la maléfica organización, al punto que su dedo casi arranca una cuerda del Ukelele.
—Y justo ahora Paul sale de "viaje solitario". Menudo idiota —opinó Nando con enfado, colocando su instrumento sobre la mesa cuidadosamente—. ¿Deberíamos avisarle?
—Ya debe saberlo. —señaló Zoey.
—¿Por qué nuestro mundo está habitado por científicos frustrados y lunáticos con ganas de conquistarlo? —preguntó Kenny, resollando—. Qué coñazo. Espero y la P.I. los atrape.
—No —Barry le lanzó una mirada severa e implacable. Ahora entendía por qué su padre fue a visitarle—. Si los vencieron antes, nosotros lo haremos porque somos más fuertes ahora. Yo mismo les voy a multar.
—¿Y cómo piensas lograrlo? La última vez fue el grupo de Ash quien lo hizo, ayudados por Dialga, Palkia y el trio que habita los lagos.
Paul apareció desde las escaleras que conducen a los dormitorios. Su rostro seguía reflejando aquella dureza inexpresiva y pesada. No parecía sorprendido por el anuncio.
—¿No te habías ido ya? —preguntó Barry sorprendido por segunda vez en un mismo día.
—Deje algo olvidado y regrese a buscarlo —agregó Paul, sin apartar la vista de la pantalla—. Si encontramos reclutas, barremos el piso con ellos y les hacemos confesar, así sea a base de tortura.
—¡No digas algo tan escalofriante! —chilló Nando asqueado—. Con vencerlos tenemos.
—Como sea, tenemos que cuidarnos en camino a los desafíos y concursos.
—¿Seguirás con nosotros? Vaya que te has ablandado —bromeó Barry rodeándole los hombros—. ¿Te preocupamos, o es que acaso ya comenzaste a querernos?
—No puedo dejar a un idiota que no sabe cuidarse solo. —dijo Paul.
Zoey tuvo que darse la vuelta para reírse. Fue la única que tuvo el gesto de contenerse, porque Nando y Kenny rieron con más ganas todavía mientras Barry despotricaba contra Paul y su estreñimiento facial.
Shauna, Tierno, Trevor y Miette disfrutaban una tarde de asueto en el restaurante de malasadas de Ciudad Hauoli. Celebraban la victoria de los chicos sobre el desafío insular cuando escucharon mencionar a Xerosic en las noticias. La alegría murió al instante. Los gritos y el olor a muerte seguían vívidos en sus cabezas durante el atentado de Luminalia. Los habitantes de la isla escuchaban con atención, sin despegar los ojos de la pantalla como si anunciaran una oferta de pokebolas maestras en el centro comercial. Algunos, holomisor en mano, marcaban a toda prisa teclas al azar y comenzaban conversaciones rápidas e inentendibles. Trevor sintió el impulso de grabar la escena con su confiable cámara, pero Shauna le lanzó una mirada de soslayo llena de dureza, que lo hizo desistir. Tierno marcó al profesor Sycamore.
—¿Está viendo las noticias?
—Sí, y no puedo creerlo —replicó el Profesor. Su voz era seca y raramente sería—. Tengan mucho cuidado, es posible que los rastreen.
—¿Preguntaron por nosotros? —dijo Shauna.
—Sí, sus padres también están ansiosos, pero confían en ustedes, ya han demostrado de lo que son capaces antes —respondió—. ¿Qué saben de Ash? Clemont no ha parado de llamarme preguntando por él y por Serena.
—Lo vimos hace unos días en la isla Ula´Ula, pero nada más —dijo Miette—. Él no es del tipo que ve noticias. Seguro aún lo ignora.
—No tiene remedio —señaló enérgicamente, poniéndose de pie—. Acabo de enviarle por correo exprés un paquete. Ellos se encargan del resto.
—¿Usted cree que esté listo?
—Tendrá que, si no estaremos condenados. Hace exactamente dos semanas, robaron un cargamento lleno de Piedras Llave para entregar a los entrenadores que superasen el entrenamiento —explicó Sycamore—. Sospecho que algo tuvieron que ver en ello. No podemos ignorar la posibilidad que posean el poder de la Mega Evolución.
—¡Déjeme hablar, profesor! —Mairin gritó de tal forma que hizo interferencia en la señal. Fue tanta la sorpresa, que muchos de los que estaban en la sala, voltearon a mirarles, como si fuesen locos de atar—. ¡¿Alain está con ustedes?! ¡¿Está bien!?
—No, él ya venció al Kahuna y acaba de irse. Quedamos para vernos en Poni antes de la Liga Pokémon. —dijo Trevor.
—En cuanto terminen, vayan con él y no se separen. No es momento para que anden por su cuenta. ¿Entendido? —Dicho eso, colgó.
—¿Creen que Ash y Serena estén bien?
—Tranquilos —Shauna mostró una sonrisa radiante, apoyando su cabeza en ambas manos—, mientras esos dos estén juntos, nada malo les pasará.
—No fue buena idea dejarla con ese sujeto.
—Lo que haga o deje de hacer no es nuestro problema, ella sabrá lo que hace —añadió Selene atravesando la ruta dieciséis a toda marcha—. Demonos prisa, el tío Nanu nos espera.
Atravesaron la caminería de madera adornada por flores de viento, llenando los cielos de pétalos rojos como si fuera lluvia. Giraron a la derecha y pasaron por el espeso pasaje de helechos hasta la parte más antigua de la isla.
Llegaron a una estructura hecha ruinas construida con piedra, en medio del enorme lago entre la arboleda. Cruzaron el puente, adornado por columnas talladas en forma de estrella de cuatro puntas y lo que parecía ser un medio círculo hueco adornado con una esfera en medio, permitía el acceso al anticuado edificio. A pesar de su impoluta e impotente presencia, la humedad palmeaba la piel de ambos chicos, así como el olor a musgo y helechos. Nash no paró de quejarse todo el trayecto cuando afrontaron el reto de subir las escaleras, gritando a los cuatro vientos no subir ni un escalón más. Bastó una mirada de dureza de Selene para que siguiera y dejara de quejarse.
Después de subir doscientos escalones, ingresaron en la nave principal. La roca caliza del suelo estaba adornada con los mismos símbolos, solo que unidos en uno solo. Alrededor, otras seis entradas permitían el acceso desde los bosques aledaños. Allí los esperaba un hombre canoso y avanzada edad recostado en el suelo, junto a su Meowth aloliano. Vestía una chaqueta de cuero gris plomo, marcada con el escudo amarillo de la Policia Internacional, pantalones, camisa roja y sandalias.
—¡Tío Nanu, despierta! —dijo Selene, sin el menor cuidado por despertarle amablemente.
Nanu dio un enorme bostezo antes de ponerse de pie. Se frotó los ojos, arrugando el entrecejo.
—Qué molesta eres… no tenías por qué gritar, Selene. —gruñó, enfatizando su nombre. Sus ojos rojizos, parecían divertirse por primera vez en mucho tiempo.
—¡No me llame así, sabe que no me gusta! —replicó enérgicamente. Nanu no le hizo el menor caso, sentándose sobre una de las rocas—. Hubiéramos llegado antes si Nash no hubiese peleado con las escaleras.
—Nunca me han gustado y lo sabes. Si no nos hubiéramos detenido, llegábamos a tiempo.
—Ya que importa, por lo menos pude echarme la siesta. —dijo el policía, jugando con un pedazo de cristal negro entre sus dedos.
Nanu sacó su radio y acto seguido giro el pestillo para apagarlo. Les indico que se aproximasen con un gesto de su mano. Ambos se miraron con dudas cuando les señalo su propio puño. Se acercaron con cautela, preparados para correr en caso que quisiere darles un coscorrón por su tardanza. Siempre mostró un rostro inexpresivo, incluso cumpliendo con su deber de Kahuna y como ex agente de la Policia Internacional. Los isleños afirman que nunca se le ha visto sonreír, ni siquiera de niño con la palabra pudín.
Avanzaron lentamente, preparados para no dejarse coger y sufrir el castigo.
—Bien… e…
—¡Un momento! ¿Y el soplamocos? —preguntó Nash sin dar crédito cuando bajó ambas manos.
—Solo quería que se acercaran para no gritar. Eso requiere mucho esfuerzo.
Los siguientes treinta segundos, Nash y Selene no pararon de refunfuñar.
—Como sea. Estoy seguro que vieron las noticias —dijo, entregando el periódico del día—. Pero no es algo que me sorprenda. Giovanni fue muy astuto poniéndoles de su lado.
—¿De verdad lo conoce?
—Fue hace más de cuarenta años —contestó, sin dejar de jugar con su cristal Z negro—, en ese entonces éramos niños, y nunca pensé que su madre sería la fundadora del Equipo Rocket. Lo ultimo que escuche de el fue que Red y quedó al descubierto.
—Es de esperarse del entrenador legendario —Nash parecía realmente emocionado por su mención—. Mi sueño es conocerle algún día.
—Y el mío es que dejemos la cháchara y nos concentremos en lo importante —dijo Selene, sin desviar su atención de Nanu—. ¿Qué hacemos con el traidor?
Nash de repente se puso serio, sin apartar la vista de su rostro inexpresivo. Podía recordar con total claridad como divagaba camino a la escuela, muerta en vida desde la partida de Gladio. Cada día se hacía más gris y con más odio por los hombres. Nunca perdió ocasión para enfrentarlos a todos en combate y derrotarles sin compasión. Llegó a la conclusión que la Selene coqueta, divertida y sonriente se extinguió aquella noche de eclipse lunar. Más todavía cuando uno de los chicos guapos con los que fantaseaba, intentó ligarle. Terminó rechazado a los diez segundos, dueño de una fractura compuesta en la muñeca y atado de manos y pies con sus propios cordones; hazaña, que le costó suspensión por una semana. Hablarle de Gladio se había hecho un tabú, exhibiendo su lado más terrorífico, incluso cuando trataba de convencerla que las monedas tenían dos caras distintas en toda historia.
Traerla de regreso, se hizo su máxima prioridad.
—No será fácil vencerlos, menos para ustedes dos solos. Lo mejor que pueden hacer es regresar a Villa Tapu. Ser policía te enseña a ver las cosas con otra perspectiva. —dijo, adelantándose a sus preguntas.
—¿De verdad necesitamos aliados tío Nanu? Podemos hacerlo solos.
—De ninguna manera, es un suicidio —bramó con severidad—. Ahora que la Policía Internacional quedo descubierta, es imprescindible su ayuda si queremos detenerlos. Así que vayan y dejen de quejarse.
—¿No viene?
—Luego, tengo un asunto muy importante que no les incumbe. Ahora largo, que esperan. —Hizo un gesto con sus manos de apartar un insecto molesto.
Ambos chicos fruncieron el entrecejo antes de irse. Nanu aguardó a que no pudiera verles la punta de sus cabezas por las escaleras y meter una mano en su bolsillo.
—Hoy será el día que lo logre finalmente… —susurró con emoción. Su sonría diáfana iluminó su rostro lleno de arrugas—. ¡Lograré hacer mil puntos con mi kendama y no pararé hasta hacerlo! ¡Aquí vamos!
Era la primera vez que Gary agradecía el mal hábito del oso que tenía por amigo de infancia. Ash aún dormía cuando se transmitió lo que ocurrido en Malie. En plena ruta doce, los entrenadores que también acampaban se veían ansiosos, vigilando los alrededores en busca de miembros del Equipo Skull. Incluso un grupo llegó al extremo de atacar a otro que vestía el estilo punk escuchando música en su estéreo. Terminó en una batalla pokémon requiriendo la intervención de Jenny, arrestando a varios de ellos.
Caminaba de un lado al otro tratando de encontrar respuestas. Parecía un Rattata encerrado en un laberinto de túneles oscuros, manipulado en un experimento bizarro de control social. Nada tenía sentido. Su principal preocupación era la reacción de Lillie sobre el paradero de su hermano y, ahora aliado con antiguos enemigos, sería más peligroso. Anabel tenía razón, ocultárselo era lo mejor.
—¿Qué tienes Gary? Llevas callado todo el día. —preguntó Lillie.
—Lillie… —Gary apretó los puños apodándose señor discreto. Tomó una gran bocanada de aire antes de continuar—. Tengo algo muy importante que decirte.
—¿En serio? Dime, soy toda oídos —respondió la chica clavándole la mirada. Tardó treinta segundos en ruborizarse. Su aliento trataba de salir y pronunciar palabra cuando la miro con ternura, hasta que terminó por explotar—. ¡Sí!
—¿Sí? ¿Sí qué?
—A lo que me vas a decir.
Shiron inclinó su cabeza a un lado. Miraba a su madre como si hubiera perdido la cabeza.
—¿Ya lo sabías?
—¡Sí! ¡Digo no! La verdad… pensé que n-n-no era po-posible que pasara.
—Yo también… —dijo Gary pasando la mano por su cara. Tomó a Lillie de los hombros y le miró fijamente—. No podemos mencionar nada con Ash.
—¿Eh? ¿Por qué? ¿Tiene algún problema esto? —preguntó, señalándole a sí misma, y luego a Gary.
—¿Problema con qué? —Gary se sobresaltó. Ash y Pikachu escuchaban atentamente su conversación.
—¡Bueno Ash… sobre eso… n-no se có-cómo decirte…! —masculló Lillie entre tartamudeos. No hallaba la forme de explicarle su relación ya no tan secreta.
—Vamos, solo dímelo y ya.
—No la presiones —Gary la tomó por la cintura para abrazarle. Lillie casi se derrite de la vergüenza—. Nos acabamos de hacer novios, no le pidas que te lo explique tan repentinamente.
El corazón de Lillie quería salir de su pecho. Si fuera posible, habría expulsado humo por las orejas y tendría la cara como un melocotón. El secreto no duro ni un segundo.
—¡S-sí, es cierto!
—¡¿De verdad?! ¡Genial, me alegro por ustedes chicos! Quién lo diría.
Ash mostró una sonrisa sincera, dándoles palmadas en los hombros. Su felicidad no le duró mucho tiempo, porque viéndolos juntos, la imagen de Serena con Yazir regreso a su cabeza. Volvió a inclinarse en el suelo en posición fetal. Pikachu hizo lo mismo, arrancando hojas de césped.
—¡Deja de deprimirte tan repentinamente, idiota! —bramó un irritado Gary.
—No seas cruel. —lo reprendió su novia enérgicamente.
Ash se levantó y siguieron su camino.
—Lo hiciste bien Lillie —dijo Gary levantando su pulgar derecho, guiñándole un ojo—. Eres buena actriz.
—Aprendí de mamá —respondió orgullosa de sí misma—. Ya no tenemos que guardar el secreto.
—¡Por supuesto que sí! —señaló Gary en voz baja, sin desviar la mirada de los ojos esmeraldinos de Lillie—. Ash no puede enterarse quiénes son los fugitivos del cuartel. Debemos cuidarnos aún más de tu hermano y sus nuevos aliados. Traerlo de regreso será difícil ahora que...
Lillie parpadeó un par de veces completamente aturdida. Sus palabras tuvieron el mismo efecto del ácido clorhídrico. Solo sentía dolor y rabia contra su misma inseguridad. La bestia en su cuerpo se hizo diminuta, alojándose en sus ojos, rasgándolos con insistencia. El ardor la hizo voltearse respirando con dificultad en un esfuerzo por contener las lágrimas. Realmente llegó a ilusionarse con la idea de compartir un sentimiento mutuo, palpable con cada latido, cada conversación y paseos, aún imaginarios. Por su mente solo pasó la idea de correr lejos de allí, regresar el tiempo si era posible para no conocerle aquel día en la Escuela Pokémon. Ya todo estaba perdido.
Nadie escapaba de la peligrosa zona asexuada de los amigos, y eso era para Gary.
—¿Lillie...?
—Ya entendí. No diré nada —dijo casi en un susurro, cortándolo en seco. Tuvo que forzar la voz para que la escuchara.
—No tienes que fingir ser fuerte Lillie —señaló Gary con una mirada severa—. Soy tu...
—¡Ya lo sé! —dijo en voz alta, apretando los puños. Shiron permaneció inmóvil. Apoyó sus orejas contra su cabeza—. Ya lo sé...
Gary se acercó lentamente, calculando cada paso y escogiendo cuidadosamente sus palabras. Lillie se apartó antes que pudiera tocarla, dejándole plantado sin explicación alguna. Caminó por delante de ellos con Shiron en brazos, resistiendo el deseó de su mente por dejarse rodear por él. Las lágrimas no dejaban de fluir por sus párpados en un sollozo contenido. La rabia no dejaba que cesaran. Había sido una estúpida. Los dos hombres más importantes de su vida seguían haciéndole daño, ahora en una especie de acuerdo macabro que la dejaba sin aliento.
Temblaba de frío. El hielo la rodeaba por completo.
—¿Qué haces? ¿Está todo bien con tu nueva novia? —Ash salió de la tienda listo para tomar el desayuno.
—Sí... —o eso me gustaría decir, pensó.
La batalla en el observatorio los obligó a acudir a la planta eléctrica central de la isla. Los trabajadores emitieron una queja formal contra la prueba por la sobrecarga del sistema. Ash terminó aceptando ayudarles a restablecer el orden, aunque solo fuese hacer de mandadero. Llevaba consigo un paquete con las partes necesarias para reparar el reactor principal de la planta. Pero el viaje se hizo bastante agotador, sobretodo porque Lillie ignoraba sus comentarios y cuando los escuchaba, parecía pérdida. Shiron no paraba de mirarle en todo el camino. Las orejas sobre su cabeza permanecían bajas, como si el hielo representara también su estado de ánimo. Era difícil creer que fueran una pareja recién formada y feliz. Más bien, parecía una sentencia forzosa y maligna en sus vidas.
Con la actitud frívola de sus amigos, los fantasmas de la mente de Ash seguían destruyéndola. Sentía como si la luz del mundo se fuese extinguiendo, en claro y constante peligro. La promesa de Anabel no era suficiente para tranquilizarle. Quería verla, tocarla, sentir la suave caricia de su piel de seda, oler su perfume y su cabello recién lavado, incluso extrañaba su voz patosa y alegre, como el canto de los Fletching en plena primavera. Una belleza que solo ella podía tener.
La situación no mejoró faltando dos horas para el anochecer. Ash y Gary comenzaron a levantar su tienda cerca del río, imitando la idea de otro entrenador. Lillie solo respondía con monosílabos secos, regalándole una mirada molesta al castaño.
Ash echo andar bosque adentro en busca de leños para la fogata, valiéndose de la ayuda de Dartrix para cortar ramas gruesas. Trumbeak, Pikachu y Lycanrock las cogían, así como hierba seca y rocas mientras su entrenador pensaba como seguir el resto de sus días, haciéndose a la idea que Serena no aparecería y seguiría con Yazir por siempre, solo recordado como un bonito cuadro de museo antes de pasar al olvido.
De repente escuchó un fuerte pitido ensordecedor varios metros sobre su cabeza que hizo temblar varias ramas antes de que cayeran al suelo. Su mente se centró en descifrar la voz de su entrenador, convencido de que la había escuchado alguna vez. Un Pikachu salió entre los arbustos, luciendo flequillo como banda de rock. Cuando se percató de su presencia, soltó las ramas que traía entre manos, estupefacto igual que los pokémon fantasma al descubierto.
—¿Qué pasa Sparky? Apúrate que tenemos que… —Un adolescente de peinado alborotado y castaño apareció tras ellos. Vestía una chaqueta verde olivo y pantalones verde claro, adornados con franjas amarillas en hombros y costados, cinturón negro y zapatos azules. Al verlo, lo señaló con el dedo—. Yo te conozco…
—¡Ritchie! —Ash corrió a su encuentro. Pikachu y Sparky se comunicaban a su estilo del pokémon eléctrico, a través de pequeñas descargas—. ¡No te veía desde las Islas Naranja! Te ves bien.
—Robaste mi línea. Sobre todo, te ves mejor desde que llegaste segundo en la Liga Kalos. Aún mantengo contacto con Tracey y Misty —dijo, adelantándose a su pregunta—. Vengo a competir en la nueva liga pokémon. Ya vencí a tres de los Kahuna. —Le mostró el cristal Z de roca, naranja y del tipo Siniestro.
—Vaya, eres bueno. Yo solo a dos —Sparky se puso sobre sus patas traseras señalándose a sí mismo con vehemencia. Pikachu le dio un empujón que le hizo rodar unos centímetros, riéndose—. ¿Qué haces en Ula´Ula si ya venciste al tercero?
—Descansando y entrenando. Ya sabes, Alola es un paraíso turístico, sería un desperdicio no conocer sus playas. Quizás conozca alguna chica, quién sabe si… ¡Oye, ¿estás bien?!
Ash volvió a echarse al suelo en posición fetal, con el labio fruncido. Pikachu hizo lo mismo, a su lado, como si Sparky hubiese absorbido su poder conversando. Ritchie pudo sentir el frío del mundo fantasma en su aura.
—¿Te duele algo?
—No… no me duele… para nada. —susurró.
—Pika pika…
—Oye Ash, te estás tardan… ¡Otra vez! —gritó Gary cuando vio su posición de muerte lenta— ¡No tienes remedio, deja de…! ¡Ritchie!
—¿Esta conducta es normal? Parece un Snorlax cuando se despierta y no encuentra comida a los dos pasos. —dijo.
Continuaron su conversación en el campamento, pues Ritchie aceptó de buena gana cenar con ellos. Lillie por su parte, se mantenía huraña. Saludó a Ritchie de manera distante antes de meterse en su tienda. Al poco tiempo, Gary también se retiró a dormir, perdido en sus pensamientos. No era lo que Ash esperaba de una pareja reciente, sorprendiendo a Ritchie cuando se lo comentó. Platicaron sobre sus viajes por el mundo y sus nuevos pokémon. Ritchie siempre mantenía sus primeros cinco pokémon, negándose a revelar su equipo completo a parte de Sparky, Zippo ahora todo un Charizard, Rose, Happy y Cruise, su Tyranitar.
—Será una sorpresa… vas a tener que esperar para saberlo —dijo Ritchie, ignorando las protestas de Ash—. Hay algo que quería comentar contigo. ¿Has visto las noticias? ¿No estás preocupado?
—¿A qué te refieres? —cuestionó Ash sin entender lo que mencionaba.
—¿De verdad no lo sabes? Mientras más fuerte, menos atento al mundo parece ser tu lema —Ritchie negó con la cabeza, desilusionado—. ¿Recuerdas los fugados de la P.I.?
—Por supuesto que sí. Todo el mundo lo supo. ¿Qué hay con eso?
—Los prófugos… son los líderes de los equipos Magma, Aqua, Galaxia, Plasma y Flare en alianza con el Equipo Rocket y los Skull, todos están aquí.
Ash no dijo nada. Solo se quedó allí sentando, congelado de mente y alma. Respiraba con dificultad concentrado en evitar fruncir los labios. Estaba completamente ansioso. Solo podía pensar en la forma de ubicar a Yazir y ordenar a su Pikachu atacarle con Giga Voltio Destructor y su nuevo cristal Z caminando alrededor de la fogata. Cogió a Ritchie del cuello con total facilidad. Pudo sentir el temor en su mirada pérdida.
—¡Dime que es mentira!
—Ash… me haces daño…
—¡Gary, saca tu trasero de la tienda ahora mismo! ¡Vamos a buscar a Serena en Villa Tapu!
Serena se preparaba para dormir después de otro día agotador. En general, pensó que debía felicitarse por ser capaz de correr y pasar al entrenamiento sin cansancio. Oricorio, posada en una rama con Luz comiendo bayas, hablaban a toda prisa y sin esforzarse en ocultar su enfado después que Yazir les recordara su falta de coordinación. Ella les veía ceñuda, y para colmo, la ignoraban aún cuando se aclaro la garganta.
—Oigan… dejen de quejarse. Tal vez sus métodos no sean los mejores, pero nos hemos hecho más fuertes…
Luz movió las orejas para escuchar a lo lejos. Susurró al oído de su compañera con plumas y sobrevoló el área ocultando su presencia lo mejor que pudo, usando las corrientes de aire para planear. Regresó a los diez minutos posándose en los hombros de Serena, señalando un claro del bosque con insistencia y Luz, tirando de sus medias.
Preocupada, decidió seguir sus indicaciones.
Avanzó por el bosque sin hacer ruido y con visión limitada. La oscuridad era su única y peligrosa compañía, acechando desde su punto ciego como una presencia que espera al más mínimo descuido para hacer el mayor daño posible.
—¡Déjate de tonterías Liliana! ¿Por qué diste información a la prensa? —Yazir estaba notablemente enfadado, hablando por holomisor. Serena se escondió entre los arbustos sin desviar la mirada de su rostro. Parecía asustado—. ¡Si Ash llega antes a la ciudad, mis planes de separarla del grupo no sirvieron de nada!
—Yo no hice nada. ¿Me crees retrasada o qué? —bramó Liliana en un susurro ahogado—. Te recuerdo que estoy poniendo mi pellejo en esta misión y tardé un año en llegar a este punto. Fuiste tu el que complicó todo.
—¿Y qué querías que hiciera? ¡Ash es un idiota despistado que vence mafiosos y mete en el mismo saco a los que están a su alrededor, no tenía opción más que proteger a Serena separándoles! Y no fue fácil lograr que se pelearan. Da igual lo que le pase si puedo vengar a mis padres. Cuando envíen reclutas a Villa Tapu, invadiremos Paraíso con Anabel y Locker arrestando a todos los altos mandos. Todo habrá terminado para Giovanni.
—Serena nunca te perdonará si se entera que lo usaste como carnada. ¿Sabes eso no?
—Ella nunca me abandonaría. Es demasiado amable para alejarse de un amigo en problemas. De niña era igual.
Luz soltó algunas chispas de sus mejillas, costándole trabajo controlar su ira. Oricorio abría y cerraba el pico de forma amenazadora. Pero Serena no podía emitir sonido alguno. Se puso de rodillas, tapándose la boca para evitar gritar, sin evitar derramar un par de lágrimas. Las palabras de Ash no dejaron de darle vueltas en la cabeza, sintiéndose aún peor. Todo fue un plan de Yazir desde el principio.
Sus pokémon saltaron dispuesta a lanzarse y provocar todo el daño posible, pero Serena las retuvo sin detener sus lágrimas salinas.
Once años de confianza murieron esa noche.
—Perdóname Ash... —lloriqueó, sin poder controlarse. No podía contener las lágrimas.
Continuará…
Notas del autor:
Hola hola lectores, espero hayan tenido una linda semana santa :3. Yo no… lastimosamente, pero aspiro que los días venideros mejoren.
Al menos, en mis otros proyectos fue bueno. Ya tengo el one shot de SAO listo para publicar, solo falta portada :'v. Pero no se preocupen, la espera vale la pena. Ese art valdrá la pena la espera :3. Cuidado si es mejor que el escrito . (Hablando de eso, debo revisarlo).
Entremos en materia. Al señor Yazir se le acabaron las mentiras finalmente . De seguro será motivo de celebración para muchos. ¿Recuerdan cuando les dije que un criminal necesita 24 horas de suerte y el policía solo 5? Bueno, aquí está la prueba. Luz y Oricorio ayudaron a Serena para quitarle la máscara. Y ahora está devastada por arruinar su relación con Ash por la persona equivocada.
¿Qué hará Serena en el siguiente capítulo?
Bueno… para eso toca esperar, pero estoy seguro, nadie se lo imagina . Como sea, ellos son fuertes y demostraran que… ¡El amour sigue vivo!
Nos vemos en el siguiente capítulo :3. Hasta la próxima.
PD: no olviden dejar su comentario y su estrellita bonita, que siempre se les olvida :'v aunque quieran dejarla.
