«El apego no es compasión».
—Ash, es peligroso caminar de noche por el bosque, se razonable —dijo Lillie en tono conciliador—. Mañana entregamos las par…
—¡La planta eléctrica puede hundirse en el centro de la tierra, no me interesa! ¡Buscaré a Serena, no importa si me detesta! —gritó Ash vistiéndose y armando el bolso.
—¡En serio, cálmate! —espetó Gary furioso. Ritchie estaba totalmente mudo, buscando lugar donde esconderse.
—¡No quiero calmarme! —bramó con enfado—. ¡Estamos en peligro y ahora también Serena! ¡Eres un traidor por callártelo!
—Sabían que esto pasaría, y no soluciona nada —repuso Gary, parándose de frente a su amigo—. Entiendo cómo te sientes, pero deben tenernos vigilados. Cambiar de planes haría que sospechen.
Ash podía sentir la sangre palpitar en sus sienes. Una parte de su cabeza se resistía a darle razón, aunque la tuviese. Se inclinó de hombros en el suelo y su pecho parecía retorcerle los pulmones con cada respiración. Llevó ambas manos sobre su cabeza en un esfuerzo por no pensar en el peligro que Serena enfrenta por acompañar a Yazir.
—Tengo que ir a por ella —musitó con voz temblorosa—, si algo le pasa yo…
—Serena es fuerte Ash, puede cuidarse —señaló Gary con firmeza—. Tenemos que continuar nuestro viaje normal para no ponerlos en alerta. Cuando estemos en Villa Tapu podrás patear a Yazir todo lo que quieras y tratar de convencerla de regresar con nosotros.
Esa noche, Ash no pudo conciliar el sueño, entre pesadillas de Serena traicionada por Yazir entregándola a sus enemigos, o atacada en una emboscada por Xerosic y sus aliados.
No fue mejor para Serena al día siguiente. La pasó en vela, sollozando en silencio, apretujando el listón azul con todas sus fuerzas sobre el pecho sin ningún tipo de consuelo. Encerrada en su tienda, no pudo pensar sino en Ash y su rencor por defender a Yazir y las cosas horribles que dijo. Peor aún, seguramente no quería saber nada de ella. Ni todo el cariño que pudiera ofrecerle repararía el daño de sus labios venenosos.
No pudo creer su propia ceguera. Incluso que haya dudado de los sentimientos que poco a poco germinan en Ash. Lo supo en el momento que miró su rostro desencajado de incredulidad. Ese mismo brillo estuvo presente en la pequeña habitación antes que Gary entrase, después del desafío de Lana y su cita, ahora recuerdos dolorosos.
Ahora solo tenía el lazo azul de su recuerdo, y un beso que tardaría en olvidar.
Luz y Oricorio no encontraron manera de darle consuelo. Sobretodo su Pikachu, que también derramaba lágrimas de ira. El carmesí en las alas de Oricorio se hizo aún más intenso, al punto que parecían incendiarse aun sin atacar. Sus pequeños ojos se hicieron de un negro brillante cuando escucharon pasos fuera de la tienda.
Yazir regreso de su caminata matutina para preparar el desayuno como de costumbre. La pequeña ave daba picotazos al pequeño cierre en un intento por abrir la puerta y picarle los ojos. Serena se secó las lágrimas y la cogió con suavidad, posándola en su hombro derecho, antes de abrir la puerta y acercársele por la espalda conteniendo las ganas de golpearle.
—Buenos días hermanita. Despiertas muy temprano. —dijo sonriente. Una sonrisa que no tuvo efecto sobre ella. Contuvo las ganas de vomitar cuando la llamó hermanita.
—Sí… no pude dormir mucho. —comentó con frialdad.
—Recuéstate si quieres. El entrenamiento puede esperar.
—No hace falta… de hecho, nunca he estado más lúcida en mi vida —esperó. Luz echaba chispas por todo su cuerpo y Oricorio aumentó la fuerza de su agarre, erizando sus plumas, abriendo y cerrando el pico—. ¿Tú? ¿Pudiste dormir bien esta noche? Llegaste tarde de tu paseo nocturno.
Yazir comenzó a sudar de repente. Miro de soslayo a Luz y Oricorio, con expresiones invadidas por una ira asesina y las pokebolas de su amiga agitándose con violencia. Metió la mano en el bolsillo tomando una de las suyas.
—¿Qué sucede, hermana?
—¡DEJA DE LLAMARME ASÍ! —rugió enfadada. Sus ojos escupían llamas azules llenos de odio. Nunca la había visto tan furiosa—. ¡LO SÉ TODO! ¡TODO!
—¿Qué es lo que sabes?
Serena apretó los puños, conteniendo las ganas de darle una bofetada con todas sus fuerzas.
—Te escuche… anoche… hablando por holomisor con una chica —musitó arrastrando las sílabas, esforzándose por respirar con normalidad. No pudo seguir conteniendo las lágrimas—. Eres un monstruo Yazir… ¿Cómo pudiste? Y yo que te quería.
—Serena… déjame explicarte.
—¡¿Qué me quieres explicar?! ¡¿Qué por tu culpa pelee con Ash y me separe de mis amigos?! ¡Eso ya lo sé, estúpida bestia! —gritó hecha una furia. Cogió un vaso lleno de agua y lo arrojó sobre su cabeza—. ¡Todo marchaba a la perfección, pudimos tener algo, solo faltaba un poco más y tú…! ¡Todo esta arruinado y es por culpa tuya y tus malditas inseguridades!
—¡Lo hice para protegerte, es lo que he hecho siempre!
—¡Mentiroso! ¡Lo hiciste por tu venganza, y destruiste mi vida para lograrlo, y también la de Ash!
Oricorio alzó el vuelo y arrojo sus plumas como flechas ardientes, clavándolo al árbol más cercano. Luz saltó sobre su cuerpo, atacando con varias descargas. La energía provoco que Garchomp y Raichu salieran de las pokebolas. El pequeño pokémon observó a su entrenador en plena tortura, sin salir de la impresión. Garchomp avanzó dispuesto a detenerlas, pero su compañero lo retuvo. Serena dejo salir también a los suyos, que hicieron de muro para evitar que se interpusieran.
—Serena… tienes que… escucharme. —trató de excusarse. La corriente eléctrica aún circulaba su cuerpo.
—Tienes exactamente treinta segundos, y estoy contado. —gruñó.
Yazir se las arregló para recuperar el aliento. Todavía podía sentir el poder de Luz en su cuerpo, lista para seguir dándole descargas de ser necesario, y parecía disfrutar la idea. Oricorio regresó al hombro de su entrenadora, sin quitarle el ojo de encima.
—No quería que te involucraras en esto…
—Te quedan veinticuatro segundos. —gruñó ella. Los ojos de Luz brillaron de placer, a las palabras de su entrenadora.
—¡Giovanni mató a mis padres para silenciarlos hace trece años! —bramó Yazir lleno de dolor, pero Serena ya no se compadecía de su sufrimiento—. Descubrí la verdad, y no pude quedarme sin hacer nada… quería justicia… quería vengarme. Por eso me fui y los he seguido por años hasta llegar aquí. Pero no solo es él. ¡Xerosic y otros líderes de organizaciones criminales están en este momento en Paraíso Æther!
«Y su objetivo es lo peor de todo… ¡Quieren vengarse de Ash por arruinar sus ambiciones! —enfatizó con vehemencia—. ¡Tenía que separarte de él, sino su venganza recaería sobre ti también! ¡No podía permitir que Giovanni los vinculara, y tampoco que te hicieran su objetivo militar! ¡Ash no tiene el poder para mantenerte a salvo, si tiene que caer, que lo haga solo! ¡Tú no tienes porqué cargar con sus burradas!
Serena escuchó sus palabras, tratando de apartarse lo mejor que pudo de la incesante lluvia que quería salir de su rostro. La ira se mezcló con el frío repentino en su garganta y espalda de profunda decepción. Sus orejas se quejaban insistentemente por tanta fanfarronería y estupidez junta.
—Ash es un idiota hiperactivo, cabeza dura, denso, infantil, olvidadizo y orgulloso —dijo con voz ronca. Sus pokémon tuvieron que esforzase para que su sonrisa no pareciera burlesca—. ¡Pero sigue siendo un ser humano y puede cometer errores! ¡Siempre se preocupa por los demás de forma desinteresada y entrega todo por apoyarlos en la línea! ¡En cambio tú, Yazir… eres egoísta y te niegas a aceptar la realidad! Ash es más fuerte de lo que tú crees. Comparada con él, soy estúpida por haber confiado en ti —Avanzó a zancadas hasta su tienda y recogió sus cosas con ayuda de sus pokémon, incluyendo Oricorio y Luz. Yazir seguía petrificado—. No me llames nunca más en tu vida, me largo.
Desarmó su tienda y se dispuso a irse, hasta que un muro de rocas salió disparado del suelo obstaculizando el paso. Garchomp utilizo Roca Afilada por orden de Yazir para detenerla. Su rostro lucía más tenebroso que de costumbre, incluso el aire parecía hacerse más pesado. Serena le devolvió la mirada desechando su miedo, amenazante.
—No te iras —espetó con tono sombrío—. No me interesa si Ash orina agua bendita o si es un ser humano. Regresarás con él sobre mi cadáver. Él no puede protegerte igual que yo.
—Si no me dejas ir, gritaré a todos y tus planes se irán al piso.
—No lo hagas —recomendó—. Sino tendría que amarrarte y callarte. No me hagas sufrir haciéndote daño a ti, mi familia.
—Ya no somos familia. Ni siquiera te conozco. ¡Déjame ir! —gritó.
—Eres débil Serena —dijo Yazir, sin dejar de avanzar poco a poco—, y Ash también. No dejaré que te pongas en peligro.
—¡¿Crees que soy la damisela en peligro?! —bramó ella. Sus pokémon formaron una barrera para protegerla—. ¡Te reto a una batalla pokémon aquí y ahora!
Yazir dejó de caminar a mitad de camino. Arqueó una ceja, mirándola como si necesitara medicarse.
—¿Te volviste loca? No tienes posibilidad de ganarme —Yazir observó su expresión decidida llena de furia. Devolvió el gesto, impasible y sombrío—. Está bien… pelearemos tres contra tres —dijo, escogiendo a Scrafty para luchar—. No tendré compasión solo porque seas mi hermana.
—¡Deja de llamarme así! ¡Oricorio! —Emprendió el vuelo hasta el centro de la pradera, frente a su oponente.
—Hm. El mismo truco… ¡No te servirá de nada! ¡Scrafty Desarme!
Oricorio respondió con su baile rítmico para evitar el ataque de un salto girando sobre sí misma. A penas puso una pata en el suelo, Serena ordenó utilizar Corte Aéreo. El sonido viajó por el aire como el estruendo de una cuchillada desgarrándolo todo a su paso. Scrafty recibió el impacto por la espalda, aterrizando sobre sus manos para evitar caer de espaldas contra el suelo. Rápidamente se impulsó con sus pequeñas piernas y pudo coger a la pequeña ave por el pescuezo.
—¡Puño Drenaje!
Propino un fuerte puñetazo en su rostro para recuperar parte de su energía. Oricorio recuperó el control de su vuelo
—¡Usa Corte Aéreo otra vez! —ordenó Serena sin perder la compostura. Agitó el ala derecha y por segunda ocasión, una media luna de aire visible color azul eléctrico salió disparada directo al pequeño pokémon peleador. Se las arregló para esquivar el ataque saltando en la dirección contraria.
—¡Se acabó esta ronda para ti hermana! ¡Desarme!
Oricorio agito su ala izquierda y uso un segundo Corte Aéreo en el mismo momento que Scrafty saltaba.
—¡Vuela al otro extremo del escenario con el siguiente! ¡Danza Revelación!
Giró sobre su eje danzando e imprimió su propia imagen con plumas que volaron hasta la hoja en forma de media luna, rasgando el aire con el sonido de la onda choque. Con Scrafty vencido, los ojos de su entrenador estaban llenos de incredulidad. Los pokémon de Serena celebraron su victoria en el primer round, incluida el ave que no paraba de moverse apasionadamente en el escenario, como si sus plumas fuesen un vestido rubicundo de alta gama. Serena sonreía con orgullo, sin despegar la mirada del hombre alguna vez llamó hermano.
—Nada mal para una debilucha. —comentó ella. Sus ojos brillaban como su estuvieran hechos de fuego cerúleo.
—No me esperaba esto —aseguró el pelinegro observando a Serena con la misma mirada de antes—. Esto a penas empieza ¡No te irás tan fácilmente!
—Calla y escoge el siguiente pokémon. —gruñó.
—¡Raichu, a pelear!
La criatura se estremeció tras escuchar su mención. Apretujo sus patitas sin alzar el rostro. Serena volteo a verle, y no pudo evitar sufrir junto con él. Yazir le lanzó una mirada pesada y centelleante a su pokémon. Raichu saltó a regañadientes al campo de combate, sin más remedio. Expiar los pecados de su entrenador requería luchar entre amigos.
Serena era fuerte. Y la ayudaría a demostrárselo.
—¡Trueno! —rugió Yazir.
—Perdóname por esto… Oricorio. —dijo en idioma pokémon, antes de concentrar su electricidad.
Raichu disparó su ataque con tal velocidad que Oricorio no pudo esquivarlo, rostizándola en el acto. Alzó la mirada de soslayo, como si la corriente le causara daño.
—¿Viste la diferencia entre nosotros? —preguntó Yazir con brusquedad.
—¡Luz! —Saltó alejándose del grupo, aterrizando en el centro de la pradera—. ¡Ataque Rápido!
Yazir respondió con la misma técnica entre pitidos, motes de polvo levantarse del suelo entre ataques. Luz se presionó por igualar su velocidad y sus golpes y puños cargados de electricidad tormentosa en cada choque, dispuestos a eliminar a su adversario.
Raichu golpeó directo sobre su cabeza usando la cola como látigo clavándola al suelo. Pudo zafarse rodando por el suelo, contraatacando con su Puño Trueno directo al rostro. Alcanzo a alejarle y cargar con otro Ataque Rápido que Raichu esquivó despareciendo a velocidad de relámpago, golpeándole por la espalda usando de nuevo la cola.
—¡Cola de hierro! —ordenó Yazir con enfado, determinado a terminar aquella absurda batalla.
—¡Puño Trueno!
Chocaron en un estruendo. Destellos grises y rayos amarillos salieron disparados en todas direcciones, forzando a los espectadores a esconderse entre los arboles cercanos. Luz luchaba para no salir volando, utilizando fuerzas de donde no tenía. Raichu entrecerró los ojos aplicando aún más poder en su ataque. La misma lucha de una tormenta eléctrica contra el acero de un pararrayos, igual de robusto e impasible.
—¿Qué pasa Luz? ¡Si no pones todo tu empeño, no demostraras lo fuerte que es tu grupo! —gritó su oponente, apretando los dientes.
—¡Cállate! —bramó, resistiendo el peso de su ataque. Estaba dispuesta a reencontrarlo, y decir con orgullo que pudo cerrar la boca a su eterno rival—. ¡No perderé!
Avanzó de un pisotón al suelo. Rechazó el ataque de Raichu y dispuso un segundo intento por el golpe de gracia, pero Raichu apoyó una pata sobre el suelo y recuperó su estabilidad, golpeándola con su ataque por un costado. Se puso de pie de un salto.
—¡Atracción! —gritó Serena.
Luz negó enérgicamente con la cabeza, atacando en su lugar con Atactrueno que Raichu recibió clavando su cola a tierra.
Negó por segunda ocasión su insistencia, señalando el listón de su entrenadora y luego a sí misma entre chispas. Clavó la mirada en su oponente, atenta a cualquier movimiento que pudiera realizar. Serena vaciló antes de poder seguir luchando, tomando su listón entre sus manos. Sintió su aliento congelarse entre su pecho y garganta, mordiéndose el labio inferior cuando presintió sus ojos vidriosos después de recordar la batalla contra Ash en su estancia en Mele Mele. Solo pudo sentir orgullo por su amiga amarilla y su pureza.
Ya había hecho su elección al llegar a esa región.
—¡Pika! —dijo, soltando chispas. No se percató cuando el rival atacaría con su cola una segunda ocasión, golpeándola en la cara.
—Ya te lo dije Serena… ¡No podrás vencerme! ¡Trueno!
Raichu dio un brinco para ejecutar su ataque. Luz, como pudo, clavó la cola contra suelo y recibió la potente descarga, recordando las palabras de Pikachu dentro de su cabeza en una de sus lecciones privadas, cargando un nuevo Puño Trueno.
—Nosotros los pokémon eléctricos no podemos ser derrotados con facilidad por ataques de nuestra misma especie —dijo aquella ocasión, señalándola y luego a sí mismo—. Por eso mismo, debemos usar su poder a nuestro beneficio.
Centellas como ramas de árbol desprendía el cuerpo de Luz recibiendo la potente descarga. Apretó los puños, concentrando toda la energía en un solo ataque. La temperatura de su cuerpo aumentó constante igual que la fiebre, sobretodo en su pequeña mano. Serena tardó unos segundos en comprender lo que ocurría recordaba la misma maniobra del Pikachu de Ash cuando Raichu cargo a toda velocidad otro golpe de Coña de Hierro. Su mirada reflejaba profunda decepción en carrera hasta su enemiga, rasgando el aire con su cola directo a su cuerpo.
Luz recibió el ataque, clavando sus patas al suelo con toda su fuerza. Se las arregló para tomarlo de la cola antes de reiterarse y halar de ella. Detuvo el vuelo cuando Luz utilizó su Puño Trueno, estallando en un relámpago que cortó un árbol cercano por la mitad. Solo quedo el rostro sorprendido de su oponente en su expresión antes de caer derrotado.
La electricidad recorría el cuerpo de Luz, sudando a cántaros. Sus almohadillas parecían a punto de derretirse expulsando su propia energía, antes de recostarse también al suelo. Serena trató de levantarla, pero recibió una descarga de regreso.
—Fiebre eléctrica —dijo Yazir, en res su pokémon mal herido—. Hasta que no expulse por completo la energía positiva extra en su cuerpo no despertara. Qué tonta —señaló—. Vencida por su propio ataque eléctrico. Si hubiera sido obediente…
—Silencio —siseó Serena—. Tú nunca has querido a nadie, no puedes entenderlo.
—Hago esto porque te quiero, aunque no lo comprendas.
—¡Solo te quieres a ti mismo! Si te importo, no habrías destruido mi felicidad por tus razones egoístas. —gritó Serena—. ¡No necesito que me protejan, deja de hacerlo!
—Nadie hace las cosas porque quiere Serena. Estamos subyugados a la voluntad de otros, o los pisamos. ¡Por tu propio bien, te reduciré a la fuerza!
Hizo señas a Garchomp, que avanzó sin vacilar al campo de batalla. El estómago de Serena subió hasta su cuello a punto de quitarle el aliento. Respiró, negándose a que Yazir reconociera la ansiedad que ataca su cuerpo, pero la sonrisa en el rostro macabro del extraño que tuvo por su antiguo hermano hizo saber que sus esfuerzos fueron inútiles.
—¿Qué pasa hermana? ¿Te rindes?
—Ni en tus sueños. Me enseñaron a no hacerlo, y no empezaré ahora.
Echó un vistazo a sus pokémon, y antes que pudiese llamar a Sylveon, Altaria dio varios pasos al frente, plantando cara con aire desafiante.
Garchomp atacó con su Garra Dragón siguiendo ordenes de Yazir, deslizándose a tal velocidad que hizo una zanja en el suelo, pero Altaria absorbió parte del ataque utilizando sus alas como un escudo. Emprendió el vuelo antes del próximo ataque para abrir la boca y atacar con un imponente rayo púrpura brillante desde su boca la forma de un dragón y lo golpeo directamente. Lo resistió de pie no sin salir ileso.
Se adelantó a la orden de su entrenador, golpeando el suelo con todas sus fuerzas. Miles de rocas fueron disparadas del suelo entre destellos, tan alto que pudo alcanzarle. Altaria oscilaba por todas ellas siguiendo ordenes de Serena, hasta que una golpeó y la acribillaron siete más, golpeando su cuerpo directamente. Chillo de dolor, recuperando la estabilidad de su vuelo al mismo tiempo entonando una dulce melodía.
Garchomp uso sus garras para proteger sus tímpanos y no caer víctima de sus encantos y volar entre sus alas, ignorando los gritos de advertencia de su entrenador, Altaria lo hizo volar con su Pulso Dragón. Usando su cola, rasgo la tierra para permanecer en pie y hacer aparecer otra roca que golpeo por la espalda de Altaria, causándole una herida con su Garra Dragón, como si fuera una bola de volley.
—Se terminó —sentenció Yazir, sonriente—. Te lo dije, no eres rival para mí, hermanita. Tu pokémon nunca podrá… —Quedó mudo cuando Altaria logró ponerse de pie con dificultades, clavando su mirada en el enemigo.
—¡Deja de mirar a los demás por encima del hombro! —espetó Serena, tomando su piedra llave alrededor de su cuello—. Te demostraré lo equivocado que estas, ganando esta batalla contra tu Garchomp con nuestras fuerzas unidas. ¡Altaria, mega evoluciona!
—No eres la única con ese truco. —dijo Yazir, elevando su brazo con el mega aro donde tiene su piedra llave.
El claro se iluminó de blanco y haces de luz dorados, entre dos orbes que aumentaron de tamaño a la forma mega cuando la pequeña hoja en forma de cadena apareció de la nada. Garchomp parecía más mortífero con brazos en forma de guadañas. La parte frontal de su cuerpo estaba cubierta de pinchos como pequeños dientes separados en ambos extremos, parecido a la pequeña boca de un tiburón. Las alas de Altaria se hicieron más esponjosas, brillando como si estuviera hecha de perlas, cubriendo casi todo su cuerpo y con mayor altura.
Empezó a cantar por segunda vez. Su voz era aún más hermosa, suave y estruendosa que la anterior. Las ondas sonoras tomaron el color rosa e impactaron como una poderosa corriente totalmente indefenso. Hizo temblar el suelo con sus poderes, cortando a la mitad el ataque de Altaria. Su cabeza endureció de un azul metalizado impulsándose a toda velocidad. El estruendo recorrió el viento cuando golpeo a Altaria protegiéndose con sus alas.
—¡Altaria, Meteoro Dragón!
Logró recuperar el aliento después del Cabeza de Metal de Garchomp, concentrando energía en su pico y disparándola hasta el cielo. Exploto en forma de espigas en dirección a su enemigo. A pesar de su velocidad y el esfuerzo esquivando por una nariz, tropezó con el impacto de uno de los meteoros. Recibió varios de ellos como una pedrada explosiva de gran poder sobre su cuerpo. Continuó varios segundos, convencida que sería todo para su oponente. Entre la nube de polvo, la silueta de Garchomp, todavía de pie lleno de rasguños y heridas, hizo que su aliento fuera expulsado de sus pulmones, dejando solo el vacío.
Todo había terminado, no sería capaz de regresar con Ash.
—Buen intento, hermanita tonta —aplaudió Yazir. Altaria jadeaba—. Terminaré esta tontería de una vez por todas. ¡Cabeza de Metal!
Garchomp dio pasos torpes antes de correr e impulsarse con los ojos fijos en el blanco. Altaria contraatacó con su Hipervoz en forma de grito con sus últimas energías. Gritando con toda la fuerza de sus pulmones, juró ver una sonrisa amable en el rostro de su enemigo. Estaba satisfecho, igual de emocionado pronunciando breves palabras que no pudo escuchar antes que las ondas lo golpearan y perdiera el conocimiento, aterrizando en el suelo.
Escuchó el grito de asombro de Yazir, cuando cayó su pokémon. Era como observar un Primeape recién levantado por culpa de algún Exploud.
—¡No puedes derrotarme! ¡Nadie a parte de campeones regionales han podido vencer a mi Garchomp! —bramó. Cogió una cuarta pokebola para seguir la lucha, hasta que el mismo Raichu y el vencido dragón que pudo ponerse en pie, lo detuvieron, en conjunto con Braixen, Pancham y Sylveon.
—Se acabó Yazir —espetó Serena—, perdiste.
—¡Espera! —dijo, pero ella se dio media vuelta para guardar su tienda e irse—. No te pongas en riesgo te lo suplico, no vayas con él. No tiene el poder para…
—¿Vas a seguir con lo mismo? ¡Ya deja de ser un niño! —dijo con vehemencia.
—¿Por qué? —masculló, apretando los puños—. ¡¿Por qué le tienes esa estima?! ¡¿Qué tiene el que no tenga yo?!
Serena le dirigió la mirada fijamente, llena de recuerdos. Aquellos que vienen a media noche en sus sueños sin ánimos de despertar y olvidarse de su calor. Uno capaz de calentar su espíritu, siempre incondicional. No pudo evitar sonreír.
—Porque me dio un sueño —comentó, sintiéndose segura, envuelta en su calidez—. Siempre me apoya ciegamente, y ve en mi fortalezas que jamás creí tener, llenándome de valor. Ash es el chico que me gusta, y sobretodo… jamás me obligaría a nada, algo que tu no comprendes.
Dio media vuelta y apresuró el paso. Yazir recogió como una bala todas sus cosas para seguirle los pasos. Casi se le perdía de vista en el sendero de la ruta quince cuando cogió su holomisor y marcó el número de Liliana.
—Solo calla y escúchame. Serena me descubrió, es hora del plan B —musitó a la carrera—. Pide reunión con Giovanni, dile que sabes la ubicación de Ash. Voy a entregarlo.
Continuará…
Notas del autor:
Hello chicos :3, espero estén bien como siempre :), de corazón.
Ya ocurrió lo que muchos deseaban finalmente. ^^
Este capítulo fue complicado de escribir, y creo… no logré hacerlo lo suficientemente significativo. Ya saben, el usual inconformismo del escritor. Así que la opinión de ustedes y lo que tengan que decir, es importante para mí.
Apuesto lo que sea a que nadie esperaba que Serena lo venciera en batalla. Ahora solo falta que Ash y Serena se reencuentren… o no. XD
No olviden su estrellita y dejar su comentario, biblia o lo que sea XD. ¡Hasta la próxima! 3
