"La bestia más peligrosa, es la que está en el interior".


—¡Pancham, no dejes de usar Roca Afilada!

El pequeño panda seguía obstaculizando el paso a medida que Serena avanzaba. Corrían a toda prisa directo a Villa Tapu, y Luz se deterioraba a pasos alarmantes. Sintió la escozura eléctrica recorriendo su cuerpo. La fiebre cada vez iba en aumento, en su lucha por expulsar la energía sobrante sin éxito. Le dolía el pecho, jadeando por la carrera. Fue la única vez que se arrepintió de no escuchar el consejo de su madre sobre trabajar el cuerpo.

Pudo ver Villa Tapu a lo lejos al pasar por una extraña casa totalmente blanca, tropezando con una roca. Logró evitar que Luz recibiera daño, aterrizando sobre su hombro.

—Tranquila Luz… ya casi… ya casi llegamos. —masculló Serena. Pancham colocaría otro muro de rocas.

El cielo oscureció como si comenzase a llover en cualquier momento, cuando un relámpago impactó justo en frente de ellas. Como pudo, Serena se puso de pie, lista para girarse a enfrentarse a quien fue su antiguo amigo.

Se encontró cara a cara con un pokémon que nunca había visto. Un tigre amarillo bípedo, usando una gran estola en forma de relámpago, rodeado de corrientes eléctricas de colores diversos, entre el azul y el amarillo. La examinó, cauteloso, sin apartar la vista de Luz antes de posarla sobre Pancham, frente a Serena sin moverse un milímetro. Gruño con firmeza con cada paso de Zeraora hasta que le lanzó un potente Rayo Sombrío. Su adversario lo esquivó deslizándose a un extremo tan deprisa que pareció atravesar su cuerpo.

Apareció justo en frente de Serena con el sonido del trueno, antes que pudiera apartarse, o a su Pikachu. El tigre colocó una pata sobre su pequeña frente, ardiendo en fiebre. Los bigotes y su cola se tensaron. Sentía sus vellos hacer lo mismo, como pequeñas agujas buscando evitar separarse de Luz. Trató de alejarse, pero parecía paralizada por la estática.

Cuando finalmente recobró el movimiento, el cuerpo de Luz era mucho menos cálido, además de haber recuperado la conciencia. Saltó fuera de los brazos de su entrenadora, confundida, sin apartar la mirada del extraño pokémon. Sonrió fugaz, antes de desaparecer volando sobre sus cuatro patas.


—En serio… la energía de Pikachu se encuentra en perfecto estado. Con un buen descanso, se repondrá.

—Tuvo que ser obra de ese pokémon… —susurró, como si fuera cómplice de un terrible crimen.

—¿Pokémon?

—Enfermera Joy… ¿Alguna vez ha visto un pokémon que parece un tigre amarillo?

—Por supuesto… en las leyendas —aclaró ella, sonriente—. Mi prima que vive en Johto, la Joy de Ciudad Ecruteak mencionó uno. Raikou creo se llama…

—¿Puede volar?

—Es un gato… ¿Tú que crees? —ironizó, recogiendo una bandeja llena de pokebolas—. Lo más cercano que escuche es el gato volador y un globo de aire con la forma de un Meowth kantoniano.

—¿Dónde puedo inscribirme para el concurso? —preguntó Serena con pesadez, dándose por vencida.


Yazir se abría paso por la ruta quince valiéndose de Garchomp que, como podía, destruía los muros de roca sin encontrar resistencia de las criaturas que huían de ellos. Crobat sobrevolaba el área en busca de Serena, con órdenes de retenerla lo más que pudiera. Su discurso sobre Ash seguía dándole vueltas en la cabeza, como un virus que arrasa paredes de su mente, alguna vez indestructibles. Sus emociones, convertidas en una montaña rusa, hizo evidente que su estancia en Alola, las pesadillas eran cosa del pasado. Igual el vacío.

Reconocerlo lo enfurecía.

Una voz estrepitosa y jactanciosa, congelada en los hilos del tiempo controlaba sus emociones, extrayendo cualquier rastro de efusividad por los pokémon que seguían huyendo a cada paso, alejándose del peligro y los destrozos. Para ellos era un humano peligroso y destructivo, uno al que no querrían como entrenador, aunque los capturase. Un cactus, cuya sombra no ofrece resguardo del sol y las arenas, ni calma la sed sin herir con sus espinas o engaños, alejándose del mundo con egoísmo, protegido por su coraza.

El camino de rocas finalizó justo frente una casa, que, si no estuviera despierto, hubiera creído estar en un cuento de hadas. Hecha totalmente de blanco, adornada con el símbolo dorado de la Fundación, parecía deshabitada. Antes de llamar a la puerta, escuchó risas y susurros infantiles revoloteando entre los árboles, como si ellos también formaran parte de sus juegos, corriendo entre sus raíces y el musgo que empezaba a formarse en el tronco. Tensó los músculos cuando una niña lo llamó por su nombre a través del sendero, intranquilo y con sus entrañas a punto de precipitarse, por primera vez en décadas.

—¿Ahora aprendiste a vocalizar? —espetó a la nada, con el corazón en la garganta.

No obtuvo respuesta.

Cogió la pokebola de Froslass y la arrojo con violencia.

Mayor fue su sorpresa, cuando salió de ella. Al momento se posó sobre el suelo, inclinada de hombros, evitando mirarle directamente. Examino el rostro de su entrenador, en busca de señales de ira por comerse su desayuno el día siguiente.

—¿No eras tú? —Froslass corrigió su sorpresa negando rotundamente con la cabeza, aliviada por completo.

Yazir trató de calmarse, buscando una respuesta lógica al extraño suceso, cuando su pokémon flotó siguiendo el sendero casi hipnotizada, ignorando la orden de regresar a su pokebola, haciendo ademán de que le siguiera. No pasó mucho tiempo para llegar hasta la entrada de Villa Tapu, pero Froslass ignoró el pequeño poblado y continuó por el sendero sin desviarse. A regañadientes, Yazir la siguió.

El camino de tierra comenzó a hacerse duro, uniforme y totalmente negro cubierto por cenizas al girar a la izquierda en el risco. Yazir vaciló. Se detuvo en seco, con un dolor punzante en la sien. Se arrodillo sobre la arena negra, protegiéndose de los susurros y las voces a su alrededor hasta que cesaron. Froslass regreso a su lado, regresando sobre sus pasos, alejándose del lugar.

—No —bramó Yazir con enfado. Logró incorporarse, recuperando el aliento—. Sigamos. No dejare que este lugar me asuste.

Avanzó con paso decidido. Anduvieron unos minutos hasta encontrar una construcción hecha sobre rocas, rodeado por una pequeña montaña que impedía la entrada de luz solar. El asfalto que conducía al complejo, así como el pequeño puente, estaban totalmente desgastado y destruido en zig zag, como si un terremoto la hubiese resquebrajado de cuajo, llenos de trozos de concreto lo suficientemente grandes como para lapidar a una persona. La construcción, llena de musgo, moho y ventanas rotas, adornado por un pequeño bosque de troncos robustos sin hojas, que alguna vez fueron árboles, ya desgastados por los años. Las rejas de acero, sucias y malolientes a oxido, parecían a punto de ceder al menor empujón.

Yazir se convencía cada vez más que no debían estar allí, al acercarse al triste y escalofriante lugar. Su Pokémon atravesó la puerta, quitando el polvo de la puerta. Abrió la puerta en un chirrido que retumbo sobre las paredes internas del edificio, casi totalmente oscuro.

Cerró la puerta tras de sí. Dentro, el olor a suciedad y mugre impregno su nariz. Encontró estanterías rotas rodeadas por cajas de cereal, revistas y botellas de vidrio cuyo contenido se había esparcido por el suelo, ahora pegajoso. Cajas registradoras dañadas y carros de metal esparcidos por todo el lugar, impiden el paso entre pasillos, daba señal de rápida huida de sus dueños. La imagen de un viejo supermercado trajo algo de calma, convencido que al no tratarse de un lugar que estuvo lleno de pacientes como las películas que veía de niño con Serena, no podía pasar algo malo.

El frío lo perturbaba, así como la desagradable sensación de ser observado. Froslass permanecía a su lado, vigilante y totalmente tensa, como si fuera a ser atacada en cualquier momento. A pesar de ser un Pokémon tipo hielo, por primera vez en su existencia quedo petrificada cuando una sombra con una enorme garra se arrastraba por el suelo en la distancia, emitiendo un chirrido que alertó al mismo Yazir. Estaba tan pálida que casi desparece. Lo tomó por la camisa y señalo con insistencia la puerta, como si fuera una especie de cuerda de salvamento que la guiaba al cielo en una pesadilla.

—¡Por favor Froslass, eres un Pokémon fantasma! ¡Tú espantas más que tu imagina…!

Esta vez la miro de frente. Era una criatura pequeña, arrastrándose por el suelo, extendiendo un brazo con garras directamente hacia ellos, en un chillido penetrante y prolongado, que amenazaba con dejarlo sordo. Los carros de compras empezaron a estremecerse, resquebrajándose por las sacudidas. Froslass no tardo en volar directo a la salida, olvidándose de Yazir, que también corría directo a ella. Antes de siquiera llegar, esta se abrió de golpe golpeándolo en la cabeza aterrizando de espaldas en el suelo. Al levantar la mirada, se encontró con el fantasma de una niña pequeña, vistiendo lo que parecían harapos de un vestido morado, lleno de parches, sandalias lavanda y un brazalete dorado. Yazir se convenció que el brazalete era el que llevaba sus cadenas de alma en pena.

—¡Por favor, no me arrebates mi alma, ya me iba de tu casa señorita fantasma! —suplicó miserablemente, totalmente encogido en el suelo. Froslass ya había desaparecido.

—Lo único que arrebatará tu alma, es el manga y las películas que ves en exceso. —respondió—. Pero me gusta asustar a los crédulos como tú.

—¿Eres un espíritu humano?

—¡Claro que no soy un espíritu, imbécil! —gritó furiosa. Respiro hondo antes de extenderle una mano—. Soy una persona y mi nombre es Zarala. —dijo, ayudándole a levantarse.

—Bueno… no estaba asustado. —se apresuró a decir Yazir, sintiéndose un idiota por aclararlo a una desconocida.

—Sí claro, y yo soy un espíritu del más allá que roba el alma de personas que entran a mi guarida —mencionó Zarala riendo entre dientes—. Si no fuera porque el suelo está sucio, diría que no pudiste controlar tu esfínter.

Yazir arqueó una ceja, no pasaron ni diez segundos para sentir desprecio por aquella extraña chica de cabello morado y mal aspecto. Abrió la boca para replicar sobre lo que pensó sería su casa, pero la voz de Grace retumbo en su cabeza, recordándole que debía ser educado con las mujeres. Aunque nunca mencionó que hacer si ellas no eran respetuosas, pensó.

—¿Te gusta mi casa?

—¡¿Eh?! ¡¿Vives aquí?!

—Este lugar es mi segundo hogar. Cuando me siento triste, vengo aquí.

—¿Para recordar lo patético que es y sentirte mejor porque te sientes igual?

Una lata de aceitunas salió volando de repente, directo a su rostro. De no ser por Froslass, tendría un chichón que lo haría pariente de los Rhyhorn,

—Lo que sea, no me importa. Debemos salir de aquí, hay un… "algo" perturbador.

—¿Querías decir un fantasma? —preguntó sonriente—, porque es cierto. Este lugar está lleno de ellos. Ahora que lo pienso… ustedes —lo señaló acusadora con el dedo y algo junto a su cabeza, que resultó ser Froslass, haciéndose visible—, no tienen por qué estar aquí.

—¡Ellos me llamaron desde el otro lado de la ruta catorce, que se decidan entonces!

—¿Llamarte? —dijo confundida.

—Escuchamos risas de mocosos…

—Esos… mocosos como los llamas, viven en la Casa Æther de esa ruta y yo los cuido, seguramente jugaban en los alrededores.

—¡¿Entonces por qué saben mi nombre?! No tengo niños entre mis conocidos.

Zarala se paseo por el lugar, frunciendo el entrecejo, concentrada en sus pensamientos. El supermercado pareció hacerse más ameno. Tanto, que incluso sus músculos se relajaron y parecía que ya nadie los acechaba por las esquinas. Froslass flotó a su alrededor, más tranquila desde su aparición, buscando conversación a todo extraño nuevo que conozca, aunque no pudieran entenderla.

—No tienes por qué disculparte por él —dijo Zarala de repente. Yazir no alcanzó a llamarla de regreso—. Se ve que no es muy amigable a primera vista. ¿Y a ti qué te pico ahora?

—¿Hablas con fantasmas?

—Por supuesto —contestó, sonriendo—. La primera vez que vine aquí lo descubrí. Desde entonces son mis amigos. Tú también puedes, ¿no?

—Soy un chico normal, no puedo hacer esas cosas. —gruñó.

—Bueno, tanto así como normal… no pareciera según lo que me cuenta tu amiga —señaló sin darle importancia, provocando risas en Froslass. Murió al instante cuando Yazir le clavó la mirada con tanta ira, que casi desaparece—. Con que es eso… ¡Que emocionante que podré verlo yo misma!

—¿De qué estás hablando?

—¡Es como ocurre en los libros! —dijo entusiasmada—. El momento cuando el protagonista está a punto de atravesar un ligar misterioso y enfrenta sus propios miedos para hacerse más fuerte, y no solo eso… También para decidir qué hará después.

—Ahora quien lee demasiado manga. —refunfuñó.

—Que él esté aquí, es la mayor prueba —afirmó, señalando la misma dirección donde encontraron el extraño ser.

Sintió como la presión del aire descendía otra vez, cuando la misma sombre se arrastro por el suelo con mayor rapidez. Froslass se apresuró a proteger a Yazir cuando finalmente apareció un pokémon. Como Zarala, usaba arapos lleno de parches sobre su cuerpo, tambaleándose frenéticamente de un lado al otro, revelando una pequeña estola en forma de relámpago negro, que resulto ser su cola. Chilló cuando lo rodearon las espadas y se impulso con un brazo que salió debajo de su cuerpo, antes de arrastrarse por el suelo y lanzar un ataque directo a Froslass que se las arregló para esquivar.

—¿Qué rayos son esos trapos viejos?

—Es un Mimikyu —dijo Zarala entregada por completo a la emoción. Sus ojos parecían dos ametistas relucientes—. Es el responsable de tu presencia aquí. Pero no lo entiendo… para que te llamó si lo que quiere es aniquilarte.

—¡A mi no me vencerá un montón de trapos viejos! ¡Garchomp, destrúyelo con tu Garra Dragón!

Yazir arrojó su pokebola directo a Mimikyu, que recibió el ataque de Garchomp en un abrir y cerrar de ojos. El dragón jadeó, y abrió los ojos de par en par cuando su ataque rebotó en las ropas de su rival.

—¡¿Qué?! —gritó Yazir.

Mimikyu se acercó hasta Garchomp, y atacó con una serie de latigazos de su cola. Lo mandó a volar directo a la dirección contraria como una pelota de tenis, estrellándolo contra la pared, completamente derrotado

—¿¡Un pokémon tipo hada!? ¡Pero si es un fantasma!

—Es muy pronto para sorprenderte. —dijo Zarala.

—¡Froslass, Bola Sombra!

Funcionó. El ataque de Froslass lo golpeó directamente. Mimikyu aterrizo levantando el polvo del suelo. Sin embargo, no daba señales de dolor en su rostro, más bien, solamente inclinó su cabeza hacia la derecha, como si estuviera decepcionado de la batalla en desarrollo.

—Es resistente para ser ropa vieja.

—Es su Disfraz. Oculta su verdadera apariencia y hace que no reciba daño…

—¡Froslass, Rayo de Hielo!

La batalla seguía desarrollándose a favor de Mimikyu. Su agilidad y fuerza tenia contra las cuerdas a Froslass, esquivando su Sombra Vil por una nariz de ectoplasma. Yazir se escabullía por el supermercado entre los ataques, cubriéndose con las estanterías gastadas, sin apartar la vista del enemigo y el extraño haz de energía oscura que sobresalía en el suelo a su alrededor. Logro acorralarla finalmente en una esquina, sin desviar su mirada torcida, preparando el golpe de gracia.

—¡Te tengo ahora! —dijo Yazir, cogiéndole por el pescuezo. Mimikyu se retorcía, cuando cogió la parte baja del ropaje, dispuesto a quitárselo.

—¡No! ¡No lo hagas! —gritó Zarala, corriendo entre los obstáculos que representaban el desastre en el super—. ¡Aquel que se atreve a mirar su verdadera apariencia morirá de inmediato!

—¡No voy a tragarme otra de tus bromas supersticiosas. Si le quito su Disfraz, podré vencerlo!

Lo tomó y tiró de la cubierta hacía arriba con fuerza.

Casi de inmediato, su cuerpo comenzó a ser succionado hacia Mimikyu, como si tratara de arrancarle la piel. Algo lo cogió por debajo del ombligo y lo arrastró con violencia, tratando de forzarlo a pasar a través del pequeño pokémon provocándole vértigo. Sintió como su cuerpo giraba sobre su propio eje, a tal velocidad que sintió los huesos y su cara aplanarse y atravesar un agujero, no más grande que un alfiler. Luces y sombras giraban a toda velocidad forzándolo a cerrar los ojos. Su estómago subió hasta su garganta, a punto de vomitarlo cuando aterrizó sobre tierra caliente, mareado y sudando frío. Inmediatamente sintió calor insoportable, oscilando por su cuerpo desde los pies a la cabeza, donde más se concentraba. El rojo carmesí relucía sobre sus párpados, sin importar que los tuviera fuertemente cerrados.

Abrió los ojos, y deseó que al parpadear, despertara de aquella pesadilla.

Se encontró a si mismo en la sala de su hogar natal, envuelta en llamas. Muebles, alfombras, cuadros y lámparas son consumidos por el fuego que se esparce con ira, sin detenerse. El piso estaba completamente lleno de cristales rotos, producto de ventanas y espejos resquebrajados por el calor. Desde la cocina, explotaron vasos como fuegos pirotécnicos. Trató de ponerse de pie, pero el techo y el tejado comenzaban a ceder, al punto que un enorme trozo de madera por poco y lo aplasta. Trató de despertarse, cerrar los ojos con fuerza y abrirlos en un esfuerzo inútil.

El fuego siguió esparciéndose directo al piso superior. podía escuchar gritos y lloriqueos ensordecedores, retorciéndose de dolor. Su piel empezaba a picar y arder como si miles de cuchillos bañados en sal atravesaran su cuerpo; sus brazos, enrojecidos y con abundantes ampollas blancas llenas de líquido cristalino y que producen dolor al explotar producto del calor. En algunos puntos, su piel adquiría un tono negruzco y puntos donde esparcieron plástico derretido. Se puso de pie y busco la puerta, alejando las llamas de su rostro, hasta tropezar con lo que pensó eran bultos de rocas y escombros. Lo que encontró, lo hizo contener un grito de pavor.

Restos humanos eran consumidos por las llamas, tendidos y con pequeños agujeros en sus cabezas, a penas visibles entre la piel chamuscada. Sus rostros, totalmente desfigurados muestran un tono blanquecino y demacrado, totalmente irreconocibles. Sus ojos, desorbitados y ausentes de brillo, le dirigieron una mirada vacía y demacrada, antes de ser consumidos. Aun mayor fue el horror al descender su mirada, y percatarse de un par de anillos dorados y resplandecientes. A pesar del calor, las lágrimas comenzaron a salir de su rostro mientras los cuerpos calcinados de sus padres seguían ardiendo sin control, al igual que el sitio al que llamo hogar. Se encogió, sollozando sin control.

El calor se extinguió de un momento a otro, dejándolo a oscuras. No encontró la fuerza para detener sus lágrimas aun cuando la luz blanquecina cubrió su cuerpo con insistencia. Al abrir sus ojos, encontró una pequeña niña, risueña y con ojos tan azules como el mar. Ella lo miró, tímida, antes de alejarse a toda velocidad. Yazir gritó, llamándola y corriendo tras ella pidiendo ayuda, pero no le contestó, solo se alejó a toda velocidad, sin mirar atrás. No importo cuanto la siguiera o cuanto aumentara su velocidad, no podía alcanzarla.

—¡Monstruo!

La niña gritó de repente, mirándolo fijamente. Sus ojos estaban cubiertos de lágrimas de dolor y rabia. El chillido de su voz retumbó en la sala infinita, cubierta de negro y sin fin. Gritaba lo mismo y otra vez. Aturdido, abrió los ojos y diviso un pequeño niño a su lado, sollozando y sin dejar de apuntarle con el dedo. Se sintió reducido, rendido a sus pies y cada vez la oscuridad ganaba mayor terreno. Cada vez más niños se reunían a su alrededor, señalándolo y gritándole. No importo cuanto esfuerzo hiciera por taparse los oídos, aún podía escucharlos con total claridad.

Fue cuando deseó la muerte. Deseó que todo quedase en silencio eterno.

Una figura encapuchada, más negra que la noche, se arrastró por el suelo. Erguida, media dos metros de altura. Flotaba unos centímetros del suelo, armada con un guadaña del mismo alto, cuya hoja desprendía una especie de humo violeta y negro. Su rostro, cubierto por una capucha sucia y maloliente, reveló una calavera de ojos profundos y rojo, como dos rubíes rodeados por el fuego. Escucho su voz, suave y tentadora, asegurando que ya todo terminaría, con gusto, cumpliría su deseo, agitando su arma.

Sin duda, seria su fin.

Un muro invisible evitó que lo cortase, haciéndola añicos. Yazir estaba rodeado por un aura dorada, que se hizo cada vez más brillante hasta que extinguió la oscuridad, hizo que el espectro desapareciera en un instante.

Abrió los ojos cuando escuchó una explosión justo frente a él. Se encontraba de regreso en el supermercado, de rodillas y con el rostro lleno de lágrimas. Mimikyu salto al otro extremo, tambaleándose y moviéndose con lentitud, como si hubiera recibido un ataque poderoso de su parte.

—¡Froslass… Bo-bola Sombra!

No pudo esquivar su ataque. Sus ropas se aplanaron contra el suelo. Débil, y sin posibilidad de defenderse, arrojó una pokebola sobre los arapos. Solo bastó una sola agitada para que cayese capturado.

Temblando, Yazir se sentó en el suelo, aturdido e indefenso, sin esforzarse por retener las lágrimas. Froslass, flotó a su alrededor sin que se le ocurriera como darle consuelo.

—¿Cómo… cómo lo hiciste? —preguntó Zarala.

Yazir no respondió. Ni siquiera intento contestarle.

—Nadie que haya visto la identidad de un Mimikyu… esta vivo para contarlo. ¿Qué viste? ¡¿Qué ocurrió?!

—Si… Silen-cio… —tartamudeó Yazir.

—Pensé que ibas a morir —dijo—. De repente comenzaste a temblar y no parabas de gritar. Llamabas a tus padres como un loco.

—¡Di-di-di-dije silen-ci-ci-o!

Trató de ponerse de pie, sin éxito. Su cuerpo no dejo de temblar sin control, aun con las imágenes vividas en su mente del momento que sus padres murieron quemados. Pensar que Serena y Grace podrían sufrir el mismo destino, hizo que las pesadillas aparecieran en su cabeza.

—Sé cómo te sientes. He visto esos ojos antes.

—Entonces me conoces. ¿Es eso? —susurró, sin poder controlar el tono de su voz en ascenso. Froslass desapareció de repente—. ¡Conoces lo que he visto! ¡Lo que he hecho! ¡NUNCA HAS SUFRIDO LO MISMO! ¡NO TUVISTE QUE VER COMO TU HOGAR SE INCENDIABA HASTA QUEDAR EN CENIZAS! ¡NO ESCUCHASTE LOS GRITOS DE TUS PADRES MIENTRAS MORIAN QUEMADOS! ¡NO HAS ESTADO SOLA POR AÑOS EN ESTE ASQUEROSO MUNDO!

No se dio cuenta que ya estaba de pie, y demasiado cerca de Zarala, que devolvía la mirada sin parecer alterada.

—Te entiendo más de lo que tú crees, para mi desgracia —añadió con cierta tristeza—. Igual que tú, también soy huérfana.

Yazir cerró la boca, sin saber que decir para defenderse y seguir enfadado. Por extraño que parecía, sintió como si una especie de humo invisible saliera de su cuerpo, ahora más ligero.

—No me juzgues por mi apariencia —continuó, halándose el vestido sin dejar de mirarlo—. Nunca he vivido en las calles ni soy de bajo mundo. De niña tuve toda clase de lujos. Era mimada y querida por mis padres, hasta que fueron asesinados por los pecados de nuestros ancestros. Cuando provienes de una realeza que hizo tanto daño a una región, las venganzas son muy comunes.

—¿Me estás tomando el pelo, verdad? ¡No puedes ser una princesa!

—No lo soy. Rara vez cuento esto a alguien, así que eres libre de creerme o no, pero esto es todo lo que me queda —Señaló su brazalete dorado, que antes pensó, era el grillete que tiraba de sus cadenas—. Fueron los peores cinco años de mi vida. Tenía pesadillas y escuchaba sus voces constantemente. Veía a los demás niños disfrutando la vida, y solo quería eliminarlos a todos. Tenía envidia. Quería vengarme. Hasta que un día encontré este lugar tratando de usar muñecos encantados para hacerlos sufrir —Zarala observo el lugar, sonriente y con voz nostálgica—. Aquí descubrí que podía platicar con los pokémon fantasma. Ellos me acogieron y me llenaron con sus sonrisas.

"Es por eso que me gusta este lugar. No importa lo malo que luzca el porvenir, esta en nosotros decidir cómo afrontarlo. Si los pokémon fantasma se divierten y sonríen a pesar de su origen, yo también podía hacerlo. Desde entonces cuido y juego con los niños de la zona que han perdido algún ser querido o están solos, para evitarles sufrir lo mismo que yo y alejarles del odio y la venganza contra el mundo. Lo único que nos deja a cambio, es más soledad y miseria. No sirve para nada, más que para terminar igual o peor que aquellos que ya no están, y por quienes justificamos nuestras acciones."

Yazir no respondió. Solo siguió escuchando su relato con atención, como un niño al que escucha por primera vez un cuento de hadas. Siguió con la vista fija sobre el suelo y la pokebola de Mimikyu, antes que desapareciera hasta alguna región lejana.

—Perdóname, hablé más de la cuenta. Supongo que nadie diría que tengo quince años si habló de algo tan duro como si nada. Veo que tienes mucho que pensar —Ella se puso de pie, y avanzó hasta la salida—. Los pokémon no te dañaran, pero debo regresar. Quiero ver a los pequeños y recibir al siguiente entrenador en el recorrido. Viene desde muy lejos y no puedo dejarlo esperar.

—Aguarda —dijo Yazir antes de que se fuera—. ¿Cómo puedes perdonar tan fácilmente? ¡¿Acaso no te importa que hayan arrebatado tu niñez y el cariño incondicional de tu familia!?

—Yo si recibo cariño de mi familia —añadió—. Mis amigos son mi familia ahora. Los capitanes, el Profesor Kukui, los Kahuna y en especial el tío Nanu.

Yazir quedó helado en el suelo. No supo por qué inmediatamente pensó en Ash, Gary y Lillie, así como en el resto de participantes en el Domo.

—Cuando supe mi origen, no me gusto el hecho de tener cuna de oro, y ellos lo comprendieron y me ayudaron. Supongo que conocerlos y renunciar al legado de mi antigua familia, me ha convertido en lo que soy, y hace justicia por aquellos que perecieron.

Dicho eso, se marchó, dejándolo con sus pensamientos.

—¡Monstruo! —La voz de Serena retumbo por las paredes del supermercado. Su gélida presencia y oscuridad, atravesaron su pecho sin piedad—. ¡Eres un monstruo, Yazir!

—Sí… lo soy —susurró, hasta ponerse de pie—. Pero ya es tarde. Ahora estoy solo, y si haciendo esto puedo protegerte, que así sea.

Cogió su holomisor y marcó el número uno.

—Liliana. ¿Es buen momento? ¿Cuál es la situación?

—¡Eres despreciable! —bramó, echa una fiera—. ¿Cómo te atreves a llamar después de lo que me pediste?

—¿De qué hablas? No estoy de humor para sermones.

—¡Pues te lo aguantas, porque ahora Domino no me quita el ojo de encima! —añadió, en un susurro lleno de ira—. ¡Me sigue a todas partes, y todo por tu ridículo plan de entregarles a Ash!

—Es la única forma que bajen la guardia y lo sabes. Que pasen al ataque los deja vulnerables.

—Escúchame bien. De ahora en adelante, esperas mis llamadas, ya no puedes hacerlo cuando te plazca —señaló en un susurro—. En este momento Guzma, Plumeria y Gladio van camino a Villa Tapu, acompañados por refuerzos de sus socios. Espero que Ash aparezca…

—Por eso no te preocupes… acabo de saber que esta por llegar.

—¿De dónde sacas tu información?

—Eso déjalo por mi lado. Voy a asegurarme que a Serena no le pase nada.

—Oye, ¿estás bien? Suenas raro.

—Estoy bien —dijo, ignorando el hecho que su voz era más pesada y gruesa que de costumbre—. Esta vez los atraparemos. Cuando lo capturen, lo llevaran a Paraíso Æther y tendremos las pruebas necesarias para arrestarlos a todos. Vengaremos a nuestros padres y terminaremos esta pesadilla.

—¿Qué harás con Serena?

—Lo necesario.


Ya era medio día, y el sol castigaba los tejados y transeúntes en toda Alola. La enfermera Joy sintió lástima por el adolescente frente a ella. Irrumpió en el Centro Pokémon sin importarle llamar la atención de los presentes, dejándose caer sobre el mostrador. Su Pikachu, ni siquiera tenía la energía para escalar su hombro y colocarse a su lado. Estaba cubierto de sudor, y a duras penas lograba recuperar el aliento. Formaba puños temblorosos con ambas manos. La miró varios minutos antes de formular una frase entendible.

—Por favor… —dijo, aclamando a su bondad, suplicando con la cabeza pegada a la mesa—. Por favor enfermera Joy, necesito saber en que habitación se hospeda una chica. Su… su nombre es Serena. Cabello corto y rubio como de miel, ojos azules, piel blanca y la acompaña un Pikachu. Usa un gorro rojos, shorts verdes y una blusa amarilla…

—La he visto, pero no puedo darte esa información. No a menos que sea un familiar.

—¡Maldita sea! —gritó, golpeando la mesa. Sintió el impulso de llamar a la Oficial Jenny y reportar el caso de acoso y posible peligro, hasta que respiró hondo—. Al menos… ¿Dónde es el siguiente concurso pokémon? Sé… sé que ella estará participando… al menos digame eso.

—Mira…

—Por favor… por favor… por favor —repitió entre jadeos. Pikachu trató de animarlo y hacerle levantar la cabeza, pero resultó imposible—. Necesito verlas… necesito saber que están bien... ella es…

—¿Es tu novia? —preguntó.

—¡Sí! ¡Quiero decir… no! ¡Agh, olvide lo que dije! —exclamó, rojo como un tomate—. ¡Es mi amiga y quiero verla para disculparme por ser un imbécil, por favor ayúdeme!

—Ya termino la primera ronda, te gustará saber que paso a la siguiente —dijo. El rostro de Ash pareció iluminarse. Fue como si el cansancio se hubiese esfumado por completo—. El concurso se lleva a cabo cerca de la salida a la ruta quince, que también, es la siguiente parada en el recorrido insular.

—¡Gracias, muchas gracias enfermera Joy, nunca olvidaré esto!

—¡Ash! —Gary apareció en la puerta del Centro Pokémon, acompañado de Lillie y Ritchie, cuyos pómulos indicaban que parecían pillados en medio de algo bochornoso, jadeando y sus ropas a penas en su lugar—. ¡Creí haberte dicho calma!

—¡Ya sé dónde esta Serena! ¡Rápido, vayamos!

—Ash… estamos cansados… Corrimos desde La Colina del Rubor hasta aquí, déjanos descansar… —susurro Lillie. Ritchie se dejo caer de rodillas.

—¡No tengo tiempo para eso!

Corrió a la salida y sintió su cabeza golpearse contra una pared. Cayo sentado, mareado y con la cabeza adolorida.

—¡Augh!

Una voz femenina captó su atención. Era suave e igual de tranquila que la de Serena. Su corazón latió con tal fuerza que pensó saldría de su pecho. No tardo un segundo, antes de saltar y rodearle cuello, sin importar que los presentes lo mirasen.

—Te estaba buscando… Serena… —dijo, abrazándola con fuerza, acariciando su cabello.

Continuará…


Notas del Autor:

¡Hola queridos amigos :).!

*Lo miran con harto desprecio*

Okey esta bien... lo siento. Lamento haber tardado dos meses en subir capitulo, pero me encontre sin tiempo y los horarios en el trabajo me jodieron la vida un poco, así que es por eso que tarde. Pero tranquilos, ya he tomado medidas. De ahora en adelnate estare más organizado. No volveré a tardar demasiado tiempo.

A parte de eso, como siempre espero estén bien y hayas disfrutado del capítulo, que también, fue todo un desafio de escribir. Yazir a veces es dificil escribirlo, pero bueno, saliendo de la zona de confort se mejora mucho. Esta ocasión, quise darle un vistazo a sus temores y la crisis que sufre por ser derrotado por Serena...

Ah, hablando de Serena... alfin se reencontro con Ash :3.

¿O no? Quién sabe.

Aquellos que aún no lo sepan... ¡Subi un one shot de Sword Art Online! Es mi primera obra sobre esa serie, y espero sea dentro de poco, cuando tenga portada y nombre, subiré el capitulo 1.

Sin más me despido chicos :3. Recuerden, sean buenos y portense bien... mal jajajaja XD.

¡No olviden dejar sus reviews :3 y sus dudas :)! ¡Hasta la próxima!