«Vencer y perdonar, es vencer dos veces».
—Eh… perdona…
—No —interrumpió Ash, sin dejar de abrazarla—. Tú perdóname, debí estar para ti cuando me necesitabas. Siempre te apoyaré de ahora en adelante.
No tardó en darse cuenta de que algo andaba mal. Tanteó su espalda, mucho más pequeña de lo que esperaba. Su cabello también era mucho más largo, abriéndose paso en sentidos opuestos, sin su característico olor a vainilla. Su piel ya no era de seda, aunque fuera igual de lisa.
Abrió los ojos. Rodeaba con sus brazos a una chica bajita, de cabello lavanda y extrañas ropas. Deseó que su habilidad de conocer pokémon extraños hiciera aparecer uno que provocara que la tierra lo tragase.
—Vaya equivocación. —dijo Ritchie.
—Sí —espetó Gary—. Espera. ¿Ya la conoces?
—Claro. Hace poco supere su prueba.
—Yo… eh… —balbuceó Ash, luego de soltarla.
—Olvídalo. Pero si seguías abrazándome así, ahora seriamos más que amigos.
Se puso de pie y lo examinó con cuidado. Ash pensó que aquella chica tenía visión de rayos X. Desvió la mirada en un intento de evitar que el calor llegara a sus mejillas.
—No estás del todo mal.
—Por primera vez me agrada nuestro parecido, Ash.
—Ah… tú otra vez. Tú sí que estás mal —dijo, ignorando el crujido en el pecho de Ritchie—. ¿Sabes? Si te disculpas de la misma manera, todo saldrá bien. ¡Estoy segura! No te rindas. —Guiñó un ojo.
—G-gracias —murmuró Ash. Sentía su corazón justo en el estómago—. Soy…
—Ash. Tu hermano gemelo ya lo dijo.
Gary estalló en carcajadas, sin esforzarse por controlarlas cuando Ritchie le lanzó una mirada de odio. Hasta Lillie no pudo evitar reír tímidamente, después de días sin pronunciar palabra. Zarala se disculpó con Ritchie (sin que la viera cruzar los dedos), y se detuvo frente a la única chica del grupo.
—¡Hasta que por fin te conozco! —dijo, abrazándola con fuerza. Lillie solo parpadeó dos veces. Tan confundida como un Seedot recién caído del árbol.
—¿Sabes quién soy?
—Por supuesto. El profesor Kukui me ha hablado de ti. Siempre quise conocerte, pero no puedo dejar esta isla cuando quiera —dijo, encogiéndose de hombros—. De hecho… —Clavó la mirada en su rostro, con un dedo en su sien—. ¿Cuál es el pokémon más grande del mundo?
—Wailord… —respondió Lillie.
—¡Correcto! ¡Genial, alguien inteligente y que lee libros! —señaló, rodeándole el cuello con un brazo—. Seamos mejores amigas, ¿sí?
—Claro… supongo. —Lillie mostró su mejor sonrisa, muy parecida a una mueca de nervios—. Te presento a Gary Oak.
—¿Oak? ¿Estás relacionado con el abuelo Samson?
—Sí. es mi tío abuelo.
—Es un honor. Eso deja lo mejor para el final.
Giro sobre la punta de sus sandalias en varias ocasiones, como si estuviera en una pista de valet. La falda de su vestido lavanda seguía su ritmo con la misma gracia, terminando su número con la vista fija en el grupo colocando ambas manos en su cintura, equilibrando su peso en un solo pie.
—Yo soy Zarala, la segunda capitana de esta isla, y tu siguiente desafío en el recorrido insular, Ash Ketchum. —dijo, señalándole con el dedo.
—¿Alguien más piensa que es demasiado estrambótica? —susurró Gary.
—¡Shh! —masculló Lillie, aliviada que no pudo escucharle.
—Perdona —mencionó, aclarándose la garganta—. Oye. ¿Sabes dónde se encuentran las Ruinas de la Cosecha? Sé que esta isla tiene algo que ver con Tapu Bulu, y…
—Sí sí, ya lo sé, el guardián de Ula´Ula, eres listo —sentenció. Gary frunció el ceño y abrió la boca para protestar, hasta que Lillie le dio un pisotón—. Lo que buscas se encuentra en la ruta trece, directo en el Desierto de Haina. Pero te advierto, muchos exploradores han intentado encontrar ese lugar en vano. Dicen que solo el Profesor Polo pudo encontrarla, y desde entonces nadie más lo ha conseguido.
—Nada, tendremos que regresar sobre nuestros pasos.
—Oye, ¿qué pasa con eso de mantener las apariencias? —gruñó Ash.
—Somos un par de chicos listos que van directo a un ambiente hostil en búsqueda del conocimiento. Si eso no te parece normal, dame una buena razón. —señaló Gary.
Ash abrió la boca para protestar. No tardo más de dos segundos en comprender que no tenía nada que pudiera evitar que se saliese con la suya.
—Ritchie te acompañará en tu prueba, si es lo que te preocupa.
—¡Que no soy un niño, no me da miedo estar solo! Tengo a Pikachu. —El pokémon no tardó en bajar de su hombro y subir a la copa del árbol más cercano. Las chispas brotaban de sus almohadillas, observando los alrededores.
—Pues parece que ya no. Está buscando tu sustituto.
—¿Siempre son así? —preguntó Zarala, bajando su voz sobre los reclamos de Ash.
—Pues sí. ¿Para qué mentirte? —suspiró Ritchie.
—Vale, lo siento Ash. Te prometo que luego iremos a buscarlos. Lillie, vamos. —Gary se dio la vuelta, pero ella no estaba.
—Se fue hace un momento. —dijo Zarala
Gary no alcanzo a despedirse, se puso en marcha a seguirle los pasos.
—Síganme chicos. Siguiente parada: Supermercado Ultraganga.
—Buenas tardes, damas y caballeros —dijo la comentarista del concurso pokémon. Serena salió de sus pensamientos, cuando Luz le palmeó el rostro—. Pronto daremos comienzo a la segunda ronda. Pero antes, seguro se preguntarán por qué los concursantes van vestidos de esta manera.
Serena se miró, y aunque sabía por qué lo había hecho, se cuestionaba si realmente valía la pena una victoria que ninguno de sus amigos estaría allí para ver, sobre todo cuando los coordinadores no dejaban de verla sin disimulo y con ojos de Murkrow, como si fuera una especie de gema preciosa que ha de poseerse.
Todos llevaban lo que llamaban vestimenta típica de la región, o más bien, lo que parecía un lugar de fiestas exhibicionistas para Serena. Solo llevaba un brazier muy tupido, adornado con flores de color azul, dejando al descubierto todo lo demás desde el cuello hasta la cintura. Su cabello estaba adornado con arreglos florales en su cabeza. Lo único que poco más y la hace llorar, era la falda. Aunque cubría hasta las rodillas el corte era grueso, no podía llamarse cobertura algo que estaba recortado en tirantes de papel, hecha de una tela a penas más resistente que el lustrillo, y que al menor movimiento lucia por completo sus piernas y glúteos. Lo único que evitaba el espectáculo, era un cinturón hecho con flores. Su falda aloliana seguía bailando al compás del viento, en un esfuerzo inútil con sus manos para que no se levante o la dejara al descubierto.
Lanzaba miradas de furia a los curiosos a su alrededor. Ellos se volteaban al instante, al sentir el peligro de abalanzarse sobre ellos y causarles lesiones graves, o incluso robarles sus ropas para cubrirse. A diferencia de las chicas, los hombres llevaban camisas de flores, bermudas y sandalias. Muy pocos se atrevieron a llevar el atuendo de guerrero, que consistía en una falda hasta la pantorrilla, y adornos en las muñecas y tobillos, o a llevar una falda sobre pantalones de tela.
—¡Por supuesto que no! Es obligatorio —replicó el encargado del vestuario cuando Serena le preguntó si no existía otra opción de vestimenta—. Debería sentirse orgullosa de su feminidad, señorita.
«Sí claro, y el que se nos use como atracción turística», pensó Serena.
—¡Hey, mi cara está aquí! —chilló Serena en voz baja directo a un chico, que no paraba de mirarle el abdomen—. Si me sigues mirando, te coseré los parpados uno con otro.
El chico se irguió, pálido como el papel y con la piel de gallina, antes que el comentarista continuase.
—Hace varios años, no muy lejos de este poblado, se construyó una edificación para el comercio de sus habitantes —explicó—. Pero nadie se percató que el terreno donde estaba ubicado era sagrado para los guardianes de Alola. Es por ello que Tapu Bulu, en un arrebato de ira, destruyó el edificio casi en su totalidad, y también Villa Tapu en el proceso. De no haber sido por un grupo de talentosos entrenadores de una región distante, este lugar no sería diferente al Desierto de Haina.
»Así paso un año, y los antiguos habitantes de este lugar comenzaron a reconstruir la villa, y organizaron un luau en nombre de nuestro guardián a pesar de sus acciones, ya que con sus poderes mantiene viva la tierra, los campos y la naturaleza de toda la región. Hoy, ese día se conmemora. Este concurso no solo es una competencia, nos recuerda que no importa lo que suceda, o cuanto nos hundamos en el infinito océano de la vida por nuestros propios errores, o el daño que causemos bien sea de forma directa u indirecta, nunca es tarde el corazón, dar y recibir una segunda oportunidad.
Se abstrajo del mundo que la rodeaba, inmersa en sus recuerdos con Ash hace días, y su ira desenfrenada cuando cruzó el umbral de su puerta. Sin importarle sus ojos cafés, ni el excesivo brillo en sus ojos, ni su expresión afligida, solo habló una voz que parecía controlarla, pasando de sus explicaciones. Y a pesar de eso, él seguía pensando en ella. Pensó en ella cuando decidió no acudir a su último concurso. Pensó en ella cuando le ánimo a seguir sus sueños. Pensó en ella cuando salió a consolarle por su derrota contra Aria. Pensó en ella, durante cada una de sus apariciones, siempre en su apoyo. Incluso lo hizo cuando se desvió del camino antes de su batalla de gimnasio para que pudiese participar y animarle.
Fue entonces cuando comprendió por qué se enamoró del chico del bosque. A su lado, desapareció la soledad. Una soledad que ardía, y se encargaba de oscurecer su presente, aún en su hogar lleno de luz. En Kalos, su viaje la llevó derecho a conocer una libertad diferente. Una incandescente, que transmite el calor de una fogata en las noches estrelladas. Una de calidez sin igual, que no se extinguía a medianoche, cuando divagaba sobre lo que sería su vida. Ya no estaba sola.
Ahora, por primera vez desde que salió de casa, estaba sola.
Volvió a mirarse, sintiéndose una tonta. Sus pies parecían pegados al suelo, incapaz de salir pitando de allí. ¿Realmente Ash es la clase de chico que da segundas oportunidades? ¿Estaría tan enfadado como para no querer verla nunca más? El concurso paso a importarle nada. Nada en absoluto. Solo quiso darse a la fuga y correr directo a sus brazos, firmes y seguros y pedir su perdón, para regalarle un segundo beso, como en las series juveniles. Luz seguía observando como el rostro de Serena seguía apagándose. Ella no estaría en mejor situación desde la noticia del extraño pokémon volador que apareció en su ayuda. Solo dijo que era un favor para un buen amigo.
—Ahora comenzaremos la segunda ronda de concursos por el gran premio: el Feeristal Z. Les recuerdo, que después se llevará a cabo el esperado luau en honor a Tapu Bulu cuyo evento principal es un baile en parejas. No solamente para los coordinadores, sino para todos los asistentes. Aquellos que quieran participar deberán escoger parejas después de la final. ¡Sin mas preámbulo, observad la pantalla para conocer su próximo rival!
La música empezó a sonar mientras las pantallas mostraban rostros aleatorios. Por segunda vez, no compartiría una pieza con Ash.
Gary alcanzó a Lillie justo en la base del Monte Lanakila. La brisa surcaba a través del cuello de botella que era la entrada al Desierto de Haina. El rugido resonaba en los oídos de Lillie helándole el pecho, algo que Shiron no era capaz de hacer a pesar de su liso y blanco pelaje. No necesito mucha charla para convencerle de entrar en su pokebola, cuando Gary le extendió un par de gafas protectoras, antes de ingresar.
El sendero, hecho de dunas y paredes de roca, cada vez más estrecho, los obligó a girar por la derecha. Pequeños montículos de tierra los acechaban sin descanso, lo suficiente para hacerle tensar los músculos de las piernas y huir a cualquier señal de alarma. Luchaba contra la brisa, que trataba de robarle su sombrero y levantar su falda, viéndose obligada a colocarse detrás de Gary. Le dedicó una mirada tranquilizadora, la misma que lucia su rostro al rescatarla de los Ariados, por la que se incluiría en su investigación. Los mismos ojos, que brillarían como las estrellas que tanto observaba de niña.
Un sol que, con su luz, ilumina su camino desde que lo conoció.
Solo sintió enojo consigo misma. ¿Por qué siempre que buscaba alcanzar las estrellas, terminaba cayendo de regreso al inicio?
—¡Gary espera! —Ella se detuvo en seco. Esquivó su mirada confusa, temerosa de que poseyera visión de rayos X y pueda leer su mente—. No puedo más con esto. Quiero regresar.
—Lillie, no te pasará nada, lo prometo.
—Lo sé —reconoció, midiendo sus palabras con cuidado—. No se trata de eso.
—¿Entonces? ¿Qué tienes?
Lillie evitó mirarlo, impaciente y sin ideas. Juro ver en la distancia su propio reflejo junto a Gary. Ambos sonreían, antes de tomarse de la mano y caminar directo a las dunas rodeando el grupo de rocas en el centro del claro. El la tomó por un hombro, y el calor del sol calentó cada una de sus venas. Se mordió el labio inferior, en un intento por mantener la cordura y los temblores en su cuerpo. Solo deseaba que Gary nunca hubiera descubierto a Nebulilla. Deseó que las memorias fueran parecidas a los discos duros o nubes de almacenamiento.
Solo quería borrar todo aquello que la hiciera recordarlo.
—Tranquila, en serio —dijo con una sonrisa confiada, antes de retomar su camino—. Recuerda, estás conm…
Se detuvo en seco, señalando la pared frente a ellos. Lillie observó lo que parecía una especie de letrero grabado en el mismo idioma dentro de las ruinas, justo en una enorme encrucijada. Gary las tradujo, y leyó en voz alta:
«Si cruzas, hallaras el saber prohibido.
El desierto revela sus secretos a quien mire sin descuido.
Uno te lleva hasta la meta,
otro, al olvido a través de las arenas.
Para ayudarte a encontrar el camino, tienes que saber:
Toma la segunda antes que la primera.
Juntos, indican el camino entre las sombras solo si, al menos, es Obtuso.
El regalo de la mente indica el final de la travesía,
Si el orden no encuentras, perdido en estas líneas».
Lillie leyó las notas de Gary tres veces, abstraída en sus pensamientos, examinando los alrededores. Se quedaron en silencio, donde solo escuchaba sus balbuceos, tratando de resolver el enigma. Clavó la vista en Gary. Abrió la boca para decir algo, pero no pudo emitir algún sonido.
Echó a correr directo a la entrada más al norte, la única que no estaba obstruida y adornada por dos rocas subyacentes. Rotom-dex gritó para que se detuviera, pero no le hizo caso, ni siquiera a Gary. Comenzó a correr tras ella, llamándola por su nombre. El camino seguía rodeado por formaciones rocosas, como un laberinto al fondo de un río hecho de arena al pie del Monte Lanakila. La tormenta se intensificó a medida que se adentraba cada vez más, y el avanzar de la tarde ensombrecía cada vez más el sendero. Gary a duras penas veía unos cuantos metros al frente; sus gritos, llamando a Lillie solo se los llevaba el viento. Los cristales golpeaban la pantalla de Rotom-dex como el granizo, su única compañía cuando perdió su rastro. No pudo percatarse de que los extraños montículos comenzaron a rodearlo, sino cuando miles de Sandile y Dugtrio, estos últimos llenos de pelo amarillo sobre en la cabeza, atacaron al mismo tiempo. Rotom voló directo hasta la mochila cuando Blastoise salía en defensa de su entrenador. Unos cuántos disparos al aire para eliminar la tormenta bastaron para intimidar a sus enemigos. Echó un vistazo rápido alrededor. No había un rastro que seguir, y tampoco señales de Lillie. Respiró hondo tratando de calmarse, forzando el cerebro para idear la forma de encontrarla rápidamente.
Meterse en problemas con pokémon salvajes, era su habilidad única.
Cerró el puño antes de tomar otra de sus pokebolas, cuando dedujo que Arcanine no sería capaz de encontrarla esta vez. Su rastro se esparcía por todo el lugar y el clima le haría perderlo fácilmente. Cogió su bitácora y repasó el acertijo. Tomó un puñado de guijarros, y los colocó cerca de la entrada. Cuando recobró algo de calma, Rotom salió de la mochila y evitó lo más que pudo a Gary, temiendo que quisiera desarmarlo pieza por pieza. Su esperanza de que lo perdonase disminuía a medida que escuchaba como Gary rumia después de reconocer el área. A diferencia del primer tramo, todas las entradas tenían un solo pedrusco salvo la entrada. De vuelta en el principio, repaso sus pasos anteriores, borrándose en la arena a medida que la tormenta retomaba su fuerza. Contó sus propias huellas. Otro inútil intento de relajarse según la enseñanza popular. Incluso ahora las entradas estaban enumeradas por los guijarros de Gary, de derecha a izquierda. Uno. Dos. Lillie seguramente estaría en peligro justo en ese momento. Tres. Cuatro. Justo como la cantidad de caminos de ambos claros, de no ser porque dos de ellos estaban obstruidos, y atravesar era imposible por el enorme peñasco en medio para tomar el segundo…
«Toma la segunda antes que la primera».
Se detuvo en seco. ¡Lo había resuelto! Tomó el camino inmediato a su derecha, seguido de cerca por Blastoise y Rotom. Como si fuera una corriente de agua, continuaron por lo que parecía el codo de una tubería hasta el siguiente pasaje, de nuevo, con tres opciones. Allí la tormenta volvió a recobrar su fuerza, ahora acompañados de una masa de rocas punteadas en el centro, que amenazan con agujerear zapatos y pies a la vez. Lo único que resultaba curioso, era la sombra que producía las mismas paredes, a diferencia de los anteriores. Juraría que no habrían pasado tantas horas para que el sol siguiera descendiendo por el occidente. Ahora, cada entrada estaría marcada por monolitos de hasta cuatro rocas, en orden ascendente de derecha a izquierda. Después de contar las entradas, Gary por fin habló.
—Deberíamos ir por allí —dijo, señalando la entrada de la izquierda.
—¿Qué quiere decir con deberíamos? —inquirió Rotom.
—Es una secuencia —dijo Gary, sin despegar la vista de su bitácora—. Dice: «Juntos, indican el camino entre las sombras solo si, al menos, es Obtuso». Quiere decir la tercera salida. El problema es que existen dos, si cuentas en ambos sentidos por separado.
—¿Ahora qué?
—Eso trato de averiguar —señaló enérgicamente, indicándole que se callara—. Estamos entre sombras, no sabemos a dónde ir. ¿A qué se refieren con Obtuso? ¿Existe alguien en la historia con ese nombre o apodo?
—«obtuso», es un adjetivo. —dijo Rotom.
—Te equivocas —aseguró Gary, señalando en su cuaderno—. ¿Ves? Lo usan como nombre propio. Tiene que ser una persona. Pero nunca lo he leído en ningún sitio. Ni siquiera como alias.
Anduvo de un lado al otro, hasta hacer una zanja en la arena sin despegar la vista del suelo. Obtuso. Obtuso. El nombre no paraba de darle vueltas a la cabeza. Observó su sombra, que seguía inclinada hacia la derecha igual que las rocas, sobre la zanja. Busco su holomisor, que marcaba las tres con cuarenta y cinco minutos. Justo como lo indicaba su proyección, como si fuera un reloj solar.
—¡Lo tengo! —gritó Gary. Rotom-dex se sobresaltó tanto que poco más y activa su secuencia de apagado—. ¡Es por la derecha!
—No puede ser —señaló Rotom—. El orden va de derecha a izquierda, esto no es como cierta región donde todo va de revés.
—Normalmente tendrías razón, pero estoy seguro —explicó—. Esta hablando del ángulo del sol. Hay que contar de izquierda a derecha.
—¡Es usted realmente inteligente!
—Aún así te enviaré para tapón de gasolina.
Rotom comenzó a considerar morir en el desierto un destino más piadoso.
Llegaron a un callejón sin salida, para sorpresa de Gary. Solo encontraron una escultura hueca en la parte superior, que no paraba de brillar de color púrpura. Se trataba de un cristal Z. La ilustración del centro era negra como los demás, parecía una gota rellena con una pupila, rodeada por una corona en forma convexa, adornada de dos puntas que parecían pestañas.
—No me digas que el viaje era por esto.
—Así parece…
—¡No me jodas, esa Zarala nos engañó! ¡Y para colmo Lillie no está aquí! Pudo haber ido en cualquier dirección. No tengo ningún pokémon que vuele. ¿Cómo rayos podré encontrarla en este infierno de arena?
—Debe haber algo que no estemos viendo. —dijo Rotom.
—¿Qué sentido tiene? Sólo seguiremos dando vueltas en este lugar. —dijo con fastidio.
—La señorita Lillie cuenta con nosotros…
—¡No debió alejarse de mí! ¡¿Por qué salió huyendo?! A penas y me dirige la palabra ahora. ¡Yo solo quiero ayudarla y ser un buen amigo, no merezco pasar por esto!
—Si quiere ayudar, le sugiero que se calme para encontrarla. —señaló.
—Escúchame a ver si entiendes. Solo sabemos que es una secuencia de cuatro números porque siempre son cuatro entradas. Ya hemos ido por la primera y la segunda en dos ocasiones, y por la tercera una vez y llegamos aquí. Solo falta un pasaje más el cual asumo es el número cuatro, y no podemos saber por cual debemos ir, porque existen solo tres entradas a menos que contemos por la misma que entra…
Salió corriendo si decir una palabra más, obligando a Blastoise a regresar a su pokebola.
Cogió el camino de la derecha. Como por arte de magia, la tormenta se detuvo y el clima volvió a ser el mismo que en toda Alola. La entrada a las Ruinas de la Cosecha, tallada a mano sobre la piedra caliza, estaba adornada por pequeñas esculturas rupestres en representación de Tapu Bulu. Pero solo una cosa le importaba. Lillie examinaba los detalles y las pequeñas antorchas en ambos extremos. Cosmog y Shiron estaban a su lado, jugando. Vulpix estornudo cuando su compañero de juego le arrojó arena en la nariz. El aliento congeló parte del cuerpo de Cosmog que, disgustado, comenzó a discutir, mientras el otro reía. Al verle, ambos acudieron en su encuentro.
—¡Gary, mira esto! —Lillie señaló las paredes de la entrada—. ¿Sabías que el Monte Lanakila era un volcán activo? La erupción provocó que este lugar se convirtiera en este desierto.
Gary la cogió por una mano y la rodeó en un abrazo, para su sorpresa.
—Me alegro de que estés bien —dijo. Revisó su rostro, hombros y antebrazos—. ¿No te atacaron los Sandile o los Dugtrio?
—N-n-n-n-no… —balbuceó, tratando de zafarse.
—¿Por qué te fuiste así sin más? Estaba preocupado.
—Sobre eso… —Tragó saliva. Tomo los brazos de Gary y los alejó de su abrazo—. Creo que… es mejor si sigo sola con esto.
—¿Eh? ¿Acaso hice algo malo?
—No.
—¿Te insulte? —preguntó.
—No. —respondió, escueta.
—¿Sigues molesta conmigo por lo de tu hermano?
—No.
—¿Entonces? ¿Qué?
—No lo sé…
—Pues averígualo —señaló irritado—. Vague por el desierto buscándote, preocupado por tu seguridad. Resolví un acertijo y vine hasta aquí por ti. He cuidado de ti desde que llegue a este lugar y he tratado de apoyarte en tus problemas. ¿Y me agradeces alejándote y diciéndome a la cara que ya no quieres que este contigo? Merezco una respuesta.
Lillie se alejó del agarre de Gary, decidida, clavándole los ojos fijamente, sin importarle el brillo.
—¡Tengo miedo de que esta investigación signifique algo diferente para nosotros! —exclamó, dejando fluir la frustración—. ¡Me da miedo continuar y que siga complicándose! Me da miedo llegar hasta el final y descubrir una verdad que no quiero escuchar.
—Yo también tengo miedo. —dijo con voz reseca. Ella solo lo miró, como si se hubiera vuelto loco.
—¿Qué? Acaso tú… ¡No estés jugando conmigo!
Se adentró en las ruinas. Gary la siguió a toda carrera, atravesando el corredor para llegar a la cámara central de las ruinas, igual que las anteriores. Encontró a Lillie inclinada sobre sus rodillas, justo junto a las inscripciones que debían de leer. Recuperando el aliento, exclamó.
—¡Tú no estás enterado…!
—¡Tengo miedo de herirte, Lillie! —La agarró por una mano, forcejeando para evitar que se marchase—. No soy ni la mitad de bueno, como sé que me pintas. He sido el mayor de los idiotas por mucho tiempo, y hace algunos días lo repetí, y lo lamento. Pero no podemos renunciar ahora. Hay que seguir hasta el final, y detener a tu madre.
—¿Entonces tú…? ¿Qué hare…?
—No sé —dijo, encogido de hombros—, por primera vez en mucho tiempo, no tengo idea de qué quiero hacer. Por ahora, solo examinemos el texto.
Gary transcribió y tradujo las antiguas runas, y leyó en voz alta.
«Aún instaurada la Paz en la región, Alola, ahora un lugar infértil, parecía al borde de sucumbir presa de la hambruna. Humanos y Pokémon luchaban por sobrevivir en un ambiente inhóspito. El mundo se sacudía con violencia, desde sus cimientos, y las olas amenazaron con hundir la isla. Todo empeoró cuando del monte sagrado emergieron chorros de sangre ardiente. Fue entonces cuando el río se hizo de roca y cesó su avance, cuando el tercer espíritu, Tapu Bulu, un guerrero de negro y rojo se interpuso. Al mismo tiempo, hizo surgir un bosque abundante en toda Alola y construyó las ruinas que serían su hogar. Por traer Abundancia a esta región, y en su honor, el lugar donde apareció adquirió su nombre: Ula´Ula.
Fue la Abundancia lo que castigo por segunda ocasión la región. A pesar de las advertencias, una noche, el Rey de Alola, valiéndose del poder del llamado Hijo de las Estrellas, seguido del canto de los cielos, abriria paso a la invasión de peligrosas criaturas que forzaría a los espíritus guardianes, a luchar por nuestra supervivencia, y traería la desgracia sobre todo aquello que tuviera vida.»
Gary permaneció inmóvil, observando la piedra caliza. Parecía un enorme rompecabezas, que tomaba forma a medida que seguía adentrándose en sus pensamientos. Se encontró completamente aturdido. Aturdido ante la pieza más importante del rompecabezas, alejando la bruma a su alrededor. Dedicó una mirada al pequeño pokémon legendario que seguía flotando despreocupadamente unos centímetros del suelo. Un poder que nunca había podido conocer, incluso más terrible que los mismos creadores del universo. El único capaz de conducirlos directo a nuevos mundos llenos de pokémon desconocidos, dispuestos a destruirlos.
Lillie leía el texto traducido, y el color en su rostro pareció hacerse cada vez más morado. Se apresuró a coger a Cosmog entre sus brazos, como si tratase de apartarlo de Gary.
—¡No es peligroso! —gritó.
—Por ahora —señaló Gary—. Pero podemos confirmarlo. Nebulilla es capaz de abrir Ultra Umbrales. En otras palabras, puede viajar a través del cosmos con total libertad. Incluso, a otros universos.
—Entonces mi madre…
—Sí. Quiere redimir a tu padre usando los Ultra Entes. Y Gladio busca ayudar, utilizando al Equipo Skull a conveniencia.
—¡No, eso no es verdad! ¡Vimos lo mismo! No querría… —Tragó saliva. Dio un profundo respiro y apretó con más fuerza a Nebulilla.
—Ahora mismo tenemos ventaja. Mientras lo tengamos con nosotros y la Policía Internacional esté en Alola, no podrá acercarse —explicó Gary, sin dejar de observar las pinturas rupestres—. Si permanecemos unidos, no nos pasará nada.
—¡Hay que dejar a los demás fuera de todo esto! Ellos…
—No van a dejarte sola Lillie. Y yo tampoco. —declaró con firmeza.
—¡Pero Serena y Ash…!
—Estarán bien. Podrán resolver sus problemas, igual que nosotros —enfatizó. Se detuvo frente a ella. Alzo la mirada al techo después de un largo suspiro—. Eres lo más puro que he conocido en mi vida. Y me asusta. Aún así, te seguiré protegiendo a ti y a Cosmog. Eso no lo pongas en duda.
Lillie no tuvo tiempo siquiera a dudar de sus palabras. Escucharon el ruido de campanas tintineando desde el altar de Tapu Bulu, cada vez más fuertes y grotescas. Shiron y Cosmog corrieron a esconderse detrás de ambos chicos, como si los hicieran invisibles al peligro. Las ruinas brillaron de color verde, tan brillante que llego a dejarlos ciegos por unos instantes protegiendo sus ojos. Gary alcanzo a observar siluetas que adquirían forma de enormes troncos de árbol, que se dirigían hacia ellos. Golpearon el suelo con violencia, agitando las baldosas con tal fuerza que parecía que un terremoto azotaba las ruinas. Uno de ellos por poco y le atina en la cabeza. Como pudo, gritó a Lillie para correr lejos hasta la entrada. La lluvia de troncos y guijarros seguía intentando aplastarlos, destruyendo parte de la estructura y varias columnas del enorme puente.
Gary arrojo su pokebola, y Blastoise comenzó a congelar los enormes troncos con su Rayo Hielo, instantes antes que consiguieran golpearlos. Lillie tropezó con uno pedazo roca que cayó frente a ellos, justo cuando se disponían a darle el golpe de gracia. Fue como si su cuerpo y su mente fueran dos objetos distantes entre sí, y sus pies estuvieran pegados al suelo del pánico. El pokémon de Gary recibió el impacto con su caparazón, a punto de aterrizar sobre ella. Por fin, escuchó los gritos de su compañero cuando la cogió por un brazo y tiró con energía. Podían sentir las corrientes de aire que soplaban con cada azote, camuflado en ruidos de cristales rompiéndose cuando Blastoise conseguía congelarlos. Para cuando lograron salir, siguieron corriendo a través del desierto y no se detuvieron hasta salir de él. El humo y polvo escapaban de las ruinas, como la fosa nasal de un enorme dragón enfurecido.
Tapu Bulu se cercioro de que los intrusos se hubieran ido, antes de echarse la siesta.
—¡¿Qué demonios con este pokémon?! —gritó Ash, cuando Pikachu cayó en combate.
Después de su batalla contra el Gengar de Zarala, los condujo al interior. La prueba consistía en avanzar a través del laberinto. Ash comprendió muy pronto que era mucho más que caminar por un lugar sombrío y mal oliente. Se llevó más de un sobresalto cuando las cajas registradoras funcionaron por su cuenta; cestas de compra volaron de un sitio a otro y las estanterías se agitaban como si fueran a romperse. Los pokémon fantasma se mofaban de las reacciones de Ash, impidiendo su paso. Torracat y Dartrix se encargaron de vencerlos, uno a uno.
Cuando finalmente pudo cruzar en una sola pieza, uno de los armarios abrió sus puertas, invitándolos a pasar. Era bastante amplio. Lo suficiente para que pudiera entrar cómodamente sin sentir claustrofobia. Lo que llamó su atención, sin embargo, eran las fotografías del tamaño de pequeñas postales que están pegadas en sus paredes internas. Una mostraba una pequeña y acogedora ciudad al pie del Monte Lanakila, rodeada de vegetación y edificios de mediano tamaño. Fue como si pudiera observar a sus ciudadanos ir y venir tranquilamente. En otra, reconoció la estructura del edificio donde estarían hoy de no encontrarse destruido. Mucho más joven, pulcro y vistosos escaparates…
Se detuvo en una fotografía en especial, conteniendo un grito ahogando de terror. Solo mostraba el diafragma de un chico joven, vestido de chaqueta azul y de peinado peculiar, solo visible hasta la altura del cuello. Usaba guantes verdes esmeralda y un jersey negro azabache. Un pokémon amarillo y con cola de relámpago trepaba por su brazo. De pronto la imagen cobraría vida, y el pokémon les sonreía divertido mientras la fotografía se abultaba directo hacia él.
Hubo una explosión y salió disparado del armario. El Pikachu que salió de la foto se hacia cada vez más grande. Su piel se opacó y se ensanchó a tal punto de parecer un enorme montón de harapos. Su cola se redujo a una cuarta parte de lo normal. Lo que Rotom identificó como un Mimikyu, supo que se trataba del pokémon dominante, cuando lo rodeo la misma energía extraña. Pikachu salió disparado de su hombro según sus órdenes para golpearlo con su Cola de Hierro. El ataque pareció rebotar sobre el cuerpo de su rival, que respondió con una serie de golpes de su cola, derrotándolo de un solo golpe.
Dartrix salió en su sustitución, y voló directamente hacia su enemigo usando Garra Umbría. Lo resistió sin inmutarse. Las ropas de Mimikyu se desinflaron como un globo, y escucharon un cuerpo pesado arrastrarse por las paredes y el suelo tan a prisa que Ash a penas y podía seguirlo con la vista. Levantando motes de polvo con cada movimiento, se deslizo por debajo de sus pies y golpeó a Dartrix por la espalda. El pokémon gritó y salió volando directo a hasta los restos de Mimikyu, listo para rematarlo usando la garra que salió bajo su ropa. Dartrix recupero el vuelo justo a tiempo para contrarrestarlo con su propia Garra Umbría. El pájaro tuvo que posarse en el suelo, recuperando el aliento buscando a su oponente, que ya había desaparecido. Ash lo buscó con la mirada. Derecha. Izquierda. Detrás. Arriba y abajo. Permanecieron atentos a cualquier movimiento en el supermercado, incluso lanzó la vista hacia Ritchie y Zarala, que observaban el combate a una distancia prudente, muy cerca de la puerta. Lo saludaron despreocupados, con una tranquilidad que Ash envidiaba profundamente en esos momentos.
Escucharon un grito. Mimikyu apareció justo a un costado de Dartrix, rodeado de un aura roja. Su tamaño había aumentado e hizo un chillido tan agudo y horrible que lo obligo a taparse los oídos. El ave estaba totalmente petrificada. Sus plumas se habían erizado tanto que daba la apariencia de una pequeña bola. No salió de su trance a las indicaciones de Ash, y recibió un coletazo de Mimikyu directo en el rostro. Aterrizo sobre una de las estanterías, derrotado.
—¡Lycanrock, Golpe Bajo!
No terminó de salir de su pokebola cuando corrió directo a su oponente, intercambiando golpes con sus patas delanteras. Mimikyu chilló, antes de golpear el metal trasero del armario por donde vino. Su sombra se arrastró por el suelo en zigzag, pero Lycanrock pudo evitar la finta, y esquivar su ataque de un salto. Aterrizó, creando estalactitas directo a su escondite. Las rocas destruyeron el armario, que, para su sorpresa, ya estaba vacío. Escucharon al pokémon abrirse paso entre las estanterías. El Golpe Bajo de Lycanrock lo detuvo, acertando directo en su cara. Aterrizó en el suelo, finalmente derrotado.
—¡Excelente combate Ash! —lo felicitó Zarala. Avanzó dando tumbos entre los residuos del suelo—. Es difícil conocer a alguien que derrote a Lurantis y a Mimikyu al primer intento. Esto es tuyo ahora. —Le entregó un pequeño cristal color morado, solo algo más intenso que el de sus ropas.
—Oye… esa fotografía en el armario… —dijo, guardándolo en su bolso—, ¿cómo la obtuviste?
—¿Fotografía?
—Sí. Cuando entré en el armario, encontré varias fotos. En una de ellas… creo que era yo cuando comencé mi viaje por el mundo. ¿De dónde la sacaste?
—No sé de qué hablas. ¿Tú tienes alguna idea?
—En absoluto —añadió Ritchie—. Creo que Ash ya perdió la canica. Regresemos a Villa Tapu antes que se te olvide el camino.
—¡No estoy loco, sé lo que vi!
Salieron sin prestar atención a su alrededor. Cuando cerraron la puerta, todo había regresado al lugar de siempre.
Atravesaron la primera curva en dirección al poblado, cuando Ash se detuvo en seco. Yazir lo estaba esperando en medio del sendero.
—Veo que superaste el desafío. Impresionante.
—¡Tú! —bramó, apretando los puños. Pudo el sentir la ira atravesar sus venas hasta llegar a su cara. Intentó salir corriendo a darle un puñetazo, pero Pikachu lo agarró justo por la parte baja de su pantalón. Ritchie lo cogió por un brazo, y lo retuvieron a tirones—. ¡¿Dónde está Serena?!
—¿Lo conocen?
—¡Claro que lo conozco, es el culpable de todas mis desgracias! ¡Se encargó de ensuciar la mente de Serena y alejarla de nosotros! ¡Confiesa, ¿qué fue lo que hiciste?!
—No le hice nada, ella se fue por su propia voluntad, yo solo se lo sugerí —explicó tranquilamente—, pero terminó culpándome por eso. Mira, puedo decirte dónde está, pero antes tenemos que relajarnos un poco. Solo estamos haciéndole daño con estas peleas.
—¿Relajarme? ¡Eres el único culpable aquí! ¡La última vez que intentaste ser amable, ella terminó por irse!
—Ahora voy en serio Ash. He cambiado —dijo Yazir—. Serena y tu tenían razón. Estoy dispuesto a comenzar de nuevo, solo así podremos hacer que Serena regrese.
Ash abrió la boca para protestar. Pero Zarala fue más rápida.
—Danos un segundo —Ash pareció perplejo—. Es una larga historia. Escucha Ash, no estoy muy enterada de este asunto, pero todos merecemos una segunda oportunidad. Creo que ese chico puede cambiar.
—Yo solo manejo hasta donde me ha contado Gary, pero es un buen momento para hacer las paces con él —sugirió Ritchie. Su amigo parecía ofendido—. Se que es como un grano en la punta de la nariz, pero piénsalo. Es el único que puede llevarnos a Serena, y si son capaces de llevarse bien y se acaban las tensiones, podría perdonarlos a los dos.
—¿Por qué lo defienden y no se ponen de mi lado?
—Porque en este momento, no tienes otra opción si queremos permanecer unidos.
—Vale —gruñó Ash de mala gana—. Oye Yazir… tú ganas. No más pleitos. Borrón y cuenta nueva.
—Estupendo. Ahora sígueme, iremos al concurso dónde está Serena.
Los demás lo siguieron. Yazir cogió su holomisor y escribió un mensaje de texto directo a Liliana.
"Envía la alarma. Estoy yendo con Ash a Villa Tapu."
Continuará…
Notas del autor:
Sí… no estoy muerto chicos, solo con muy poco tiempo y problemas de organización.
Lamento la demora, pero aquí tienen servido el capítulo, espero sea de su agrado.
Les voy a hacer una pregunta: ¿Recuerdan todos los sucesos importantes de la historia? Digo esto, porque como he cometido ya varios errores de estructura y de meter relleno que no viene al caso, hay cosas que pueden perderse, y de ser ese el caso. ¿Quisieran que publique un recopilatorio resumido sobre todo lo que deben tener presente a sol de hoy?
Prometo que, en mis siguientes historias, no volverá a suceder este desbarajuste.
¡Hasta la próxima amigos! Nos vemos en el siguiente capítulo. Espero, sea muy pronto. Trataré de organizarme mejor.
PD: es la primera vez desde Gold & Silver, que no compro el juego pokémon del año. (Sin contar Let´s Go).
PDD: tengo sueño.
