Capítulo 71

«Nuestros actos, definen nuestro legado».


Había dejado de contar, las veces que la madera crujía durante ese día.

Liliana permanece tumbada en su cama, sin prestar demasiada atención de aquel ruido molesto sobre su mesa de noche. Empezó a ignorarlo más seguido desde hace dos días, convencida ser la mejor manera para evitar que todo siguiera patas arriba.

La primera señal la obtuvo la mañana siguiente a su reporte sobre la ubicación de Ash Ketchum luego del telediario. Por primera vez en dos años como infiltrada, el peligro podía olerse en cada esquina de la mansión. Aún ahora, puede sentir el nerviosismo entre las filas del Equipo Rocket. Se mantuvo una reunión en la sala principal de Paraíso Æther al día siguiente, dando dos opciones a sus trabajadores. Entregarse de forma voluntaria para salvar a los suyos, o esperar a que los descubrieran y extinguir todo rastro de su rama, y su paso por el mundo.

Y así lo hicieron.

Jessie y James son la única excepción a la regla. Gracias a su contacto directo con Giovanni, no sabían nada a parte de su presencia en Alola, y solo por eso, fueron absueltos. Los demás no tuvieron tanta suerte. En menos de doce horas, perdió contacto con los allegados más cercanos a los ejecutivos; el flujo de información se había detenido casi por completo entre reclutas y sus principales cabecillas. Varios compañeros fueron encerrados en los niveles inferiores de la mansión por sospecha de traición y estaban siendo torturados. Incluidos aquellos que llevaban mucho tiempo entre sus filas.

Carola, una ejecutiva del Equipo Magma, no mostraba misericordia con ninguno de sus camaradas y empleados. Solo bastó la amenaza de colgar una enorme imagen de Arceus para hacer notar sus métodos de interrogatorio, y en menos de tres horas, aquellos que pensaron en traicionarlos, se entregaron. Gethis los sometía a la lectura de mentes por parte de los pokémon psíquicos, sin importarle destruir sus mentes en el proceso. Supo que Archie no tenía remordimientos en usar el submarino para disuadir a los suyos o echarlos al mar sin sus pokémon. Saturno los mantenía encerrados en cámaras de simulación espacial con falta de oxígeno, provocando desmayos y fallas respiratorias. Solo Xerosic parecía tenerlo todo bajo control desde el inicio. Los empleados de la Fundación fueron absueltos, solo por el hecho de no haber tenido ocasión de verlos, hasta la conferencia. En todas las esquinas, los que alguna vez fueron colegas, se entregaban con el fin de salvar su propio pellejo. Era como si se hubiera creado una enorme y maquiavélica hidra, cuya red de inteligencia se basaba en la supervivencia, en tiempos de crisis.

Paraíso Æther se convirtió en un lugar de cacería de brujas.

Liliana también fue víctima de aquella hidra, aunque pudo salvarse al no oponer resistencia y su valioso aporte. Pero aún así, incluyendo ese mismo instante, se sentía prisionera en su habitación ajena. Tenia los ojos fijos en el pomo de la puerta, siempre con su cuchillo listo para defenderse. Clavaba la mirada en su ventana, y en las esquinas buscando equipos de espionaje. Incluso se sentía vigilada desde su holomisor, que seguía vibrando a su más reciente texto. La noche anterior solo pudo dormir un par de horas, a la espera de que Domino o el mismo Giovanni la abordaran para deshacerse de ella.

No era la única. O al menos, eso dio a entender Gladio la noche anterior. Había enfurecido al escuchar sus giratinescos planes. Alertó que Guzma a penas y puso un pie en Pueblo Po, cuando ya habría iniciado a cortar cabezas de quienes sospechaba estarían implicados en el asalto al Domo Royale. Y tras una acalorada reunión donde aceptó a regañadientes refuerzos de sus socios, encabezaría el mismo el mando de más de cincuenta hombres en Villa Tapu. Su objetivo: Ash Ketchum y sus acompañantes.

—Para derrotar criminales, hay que pensar y actuar como ellos en su juego sucio —sentenció Liliana, totalmente despreocupada cuando pudo coger el holomisor—. En esta pelea no caben las mentes correctas.

—¡Se trata de mi hermana! —gritaba desde el otro lado de la línea—. ¡Vas a ponerlos en peligro por un plan que va a fracasar! No veo a mi madre ni sus socios lo bastante idiotas como para ir en persona tras Ash, cuando la Policía Internacional está esperando fuera para capturarles. ¡Dejen de jugar con sus vidas como si fuera el oro para los Murkrow! ¡Teníamos un trato! ¡Si mi hermana es capturada, será su fin, y también el del mundo!

—Es la única forma de terminar con esto —explicó Liliana en defensa de Yazir, tratando de no perder la cabeza—. Sin pruebas Anabel y los demás están atados de manos. Si un civil llegase a estar en peligro y lo traen aquí, vendrán y arrestaran a todos.

—¡Y si fracasan y Guzma es derrotado, ¿qué crees que pasará luego?!

—En ese caso lo hacemos hablar —señaló con firmeza—. Sea cual sea el resultado, ganaremos.

—¡Y una mierda! —gritó Gladio. Felicia permanecía sentada sobre su cama, aun desecha y con media habitación hecha polvo—. ¡Es una locura! No debí haber confiado en ustedes. ¡Son más retorcidos que los mismos criminales!

«Más retorcidos que los mismos criminales».

Aquello dio vueltas a su cabeza toda la noche. Tuvo pesadillas sobre ser perseguida y acorralada por un enorme Pyroar, a donde quiera que fuese u se escondiese. Por bizarro que fuera, había algo que le hacía pensar que lo conocía desde que era un pequeño y gracioso Litleo. Junto a él, llegó a sentirse tan fuerte como el viento hace del fuego, incluso bajo una lluvia de rocas o de granizo. En todas las épocas del año; navidad, año nuevo y cumpleaños. Eran como el cielo y la tierra. Luna y Océano. Día y Noche. Humano y su primer pokémon. Un ciclo que se repetía todos los días. Nunca imaginó el peso que cargarían, cuando sus caminos pasados, se enlazaran por el mismo hombre.

No dejaba de pensar en Ash Ketchum cuando leyó su informe. Un adolescente simple, aventurero e ingenuo, lleno de amigos y conocidos en paradero hasta el momento, desconocido, a excepción de la Maestra de Hoenn y su hermano pequeño, incluida la líder de gimnasio de Ciudad Cerulean. Originario de Pueblo Paleta en la región Kanto, cuna de una tradición que sigue repitiendo como entrenador pokémon. Recientemente finalista de la liga Kalos y ganador de la batalla de la frontera de Hoenn. Un entrenador pokémon en cuyos viajes tuvo la mala suerte de hacerse un puñado de enemigos peligrosos, y ahora lo estaría entregando a una jauría, en una estampida de monstruos que haría temblar incluso la misma tierra si lograran liberar a los Ultra Entes.

La madera seguía crujiendo de forma insistente. De mala gana, cogió su holomisor.

Yazir: Envía la alarma. Estoy yendo con Ash a Villa Tapu.

¿Habría cambiado en algo, si hubiera conocido a Pyroar en el pasado?


Liliana: ¡¿Estás seguro de querer hacer esto?!

Yazir: ¿A qué viene eso? 😠 Ya sabes que no hay opción. ¿Te vas a rajar ahora? 😒

Liliana está escribiendo… ¿Qué más querrá acotarme?

Liliana: 😤😡😡 …

Liliana: No me estoy rajando 😤.

Liliana: ¡Pero esto es muy grave, estamos hablando de la vida de alguien! Si llega a salir mal, ellos podrían… 😖

Yazir: Anabel nunca permitirá que le pase nada.

Liliana: ¿Y que hay de Lillie? ¿Qué pasará con Alola y el mundo si la capturan? ¡Hay mucho en juego, no solo acabar con Giovanni! Gladio me habló ayer. No se qué clase de locura hará, pero está furioso con nosotros.

Yazir: ¿Puedes calmarte de una vez? Todo estará bien.😒

Liliana: No sé… no me gusta nada esto.😩

Yazir: ¿No vas a decirles nada? Si no das el reporte, se pondrá realmente feo para nosotros.

Liliana: ¡Ya lo sé!😡

Su mente buscaba responder qué clase de bicho raro atacó a Liliana en menos de dos días, para hacerla tan sensible y considerada con un extraño. Sobre todo, cuando todo parece indicar que la palabra "consideración", no existe en su vocabulario cuando se trata de sus metas, y mucho menos cuando se enoja, al menos, desde que la conocía. Pudo comprender, que por mucho tiempo que compartas, nunca dejas de conocer facetas de aquellos que te rodean. Incluso más, de quienes no esperas llevarte sorpresas.

Todavía podía recordar el día que conoció a Liliana en Kanto, en Ciudad Verde, después de lograr salir de Kalos como polizón en un avión de carga. La región era acogedora. Podía respirarse un aire de paz y tranquilidad en sus ciudades, aun bajo la influencia del Equipo Rocket. En aquella ocasión, Liliana dio una paliza a una banda de motociclistas que tuvieron la audacia de llamarle Berenjena por su cabello morado. Su Machoke no tuvo dificultades para derrotarlos a todos por si mismo.

Y a la próxima les va peor, capullos —dijo con los pómulos rojos de ira, mientras aquellos hombres huían—. ¿Tú también tienes algún problema con mi cabello?

Solo le tomó diez segundos darse cuenta que su respuesta, tendría graves consecuencias.

No. Para nada. —dijo.

Más te vale. O sino te ibas a enterar —añadió con frialdad—. No me consideres como una niña debilucha ni como damisela en peligro. Yo…

Se interrumpió cuando el Pichu de Yazir apareció entre las copas de los árboles cercanos a Ciudad Verde, con una baya entre sus dientes. El pequeño roedor amarillo, a penas alcanzo a intentar comprender la escena ante sus ojos, cuando Liliana lo levantó del suelo y le dio un apretón tan fuerte que su color comenzaba a ser más y más claro.

¡Oooh, que lindura! Siempre quise tener uno. Ahora seremos mejores amigos, te parece bien, ¿verdad que sí? ¡Eres una monada!

¡Oye, pero ¿qué haces?! ¡Él es mío!

¡Yo lo vi primero!

A mitad de la discusión, Pichu decidió que ya no quería ser tratado como un muñeco de felpa, y presa del miedo, utilizo su Impactrueno. El cabello de Liliana pasó del morado lavanda al morado chamuscado. Pichu también recibiría su propio ataque, dejándolo prácticamente fuera de combate. Machoke le lanzó una mirada desafiante al pequeño pokémon, que pareció olvidarse del dolor que le provoca su propio ataque. Los pelos de su cola se erizaron al sentir el peligro, y corrió hasta esconderse detrás de Yazir. El chico imagino con terror como aquel pokémon, varias veces más grande que él, lo usaría como escoba para barrer el suelo, o como un mondadientes después de la comida.

Déjalo estar —Se detuvo, justo antes de cogerlo por el cuello de su camiseta. Liliana logro ponerse de pie justo a tiempo—. Supongo fue mi culpa. Te la rebajo. Además, no quiero que ese pokémon tan bonito salga herido. Lástima de entrenador.

¡Oye!

El crujir del estómago de Pichu, instó a Liliana a meter la mano en su bolso y entregarle una baya oran. Desde ese día, nunca ha pedido disculpas por el susto que pudo haberle causado, a excepción de Pichu. Desde ese día, lo seguiría en su viaje por la región de Kanto, no importa cuantas veces le dijera que se alejara, desde Islas Espuma de Mar, hasta la tierra encantada de Pueblo Lavanda, donde capturaría su segundo pokémon. Poco a poco, se convirtió en su mejor amiga, después de Serena, de la que le habló junto a su madre. Supo que venía de Ciudad Azulona y vivia con sus padres.

Hasta aquel fatídico día, hace más de once años… que terminaría por unirlos incluso hoy.

—¿Qué pasa? ¿Es Serena? —preguntó Ash, interrumpiendo los recuerdos de Yazir, tensando los labios.

—No es nada importante.

Ash arqueó una ceja. Yazir le devolvió una mirada escueta y media sonrisa, que de no ser por la presencia de Ritchie y Zarala, quien decidió acompañarlos de regreso, habría tensado el entrecejo; quizás, hasta sus brazos, que le costaba trabajo mantenerlos bajo control. Siguieron en absoluto silencio, donde los minutos parecían convertirse en horas. Fue como si imitaran a los Torkoal de la Montaña del Wela, solo que los trozos de carbón no eran su combustible.

Pondría fin al Equipo Rocket por cualquier medio. Mantendría a salvo a Liliana, Grace y Serena.

Finalmente llegaron a Villa Tapu. El atardecer se dejaba caer sobre la ladera del Monte Lanakila hasta el pueblo, solo con un puñado de personas. Echó un vistazo alrededor y para su sorpresa, todo seguía en una total y extraña calma, como si esperasen algún tipo de señal. Podía sentir los granos de tierra que volaban cerca del suelo al ras del viento, inquieto. El frío bajaba a través de la montaña, que parecía cubrir todo el pueblo, ahogándolo en silencio, solo interrumpido por Ash, que no paraba de ir y venir preguntando por la sede del concurso pokémon. Pasaron menos de cinco minutos cuando Gary y Lillie entraron sin problemas. El científico le dedicó una mirada acusadora, como si su mera presencia cerca de ellos fuera un crimen, uno que no alcanzó a denunciar cuando Ash apareció, señalando el camino de la ruta quince, donde se celebraba el concurso.


Si perdía, sería sin duda su última competencia en Alola.

Lo sabía desde su derrota a manos de Zoey en el Domo Royale. En aquella ocasión, le mencionó que de las cuatro competencias que existen en Alola, ganar tres o cuatro significa entrar directamente a la clase maestra, sin necesidad de avanzar por la primera eliminatoria, en cuyo caso, necesita dos listones como mínimo para poder ingresar. Ya tenía uno de su participación en Akala, y tras sus dos anteriores derrotas, no tenía más opción que ganar. El desgaste, sus bajos puntos a diferencia de su rival y los escasos cuatro minutos, le hicieron comprender a Serena que necesitaba un plan ingenioso.

Pero… ¿Para qué permanecer en Alola?

En primer lugar, la razón para venir fue para poder verlo a él, y verle antes de seguir su viaje. Los concursos de Alola le concedieron la oportunidad de evitar separarse por segunda vez. Esta vez, podría continuar viajando juntos en una apuesta de sinceridad y recordarle más sobre lo ocurrido en el Campamento de Oak, el cómo la inspiró a enfrentar a Grace, todas las veces que disfrutó su compañía, cómo quiso con todas sus fuerzas pedirle ser su pareja de baile, que por segunda vez, no ocurriría. Era como un sueño dorado. Una pequeña llama que vive dentro de su pecho que no cedía al más intenso de los inviernos, incluso ardía en los helados bosques del norte, cuando tuvo su batalla de bolas de nieve.

Ahora parecía congelada en un mar de oscuridad, sobrevolado por el avión que la llevaría de regreso a Kalos tras su derrota, condenando al olvido sus sentimientos, y todo por lo que había luchado hasta ahora. Se dio cuenta que, a pesar de eso, una parte cínica de sí misma parecía contenta con todo ello, pero en el fondo, ella lo sabía. La naturaleza cínica del ser humano es la forma de protegerse de las decepciones, pero no puede engañar al corazón por mucho que lo cerremos a nosotros mismos. Los recuerdos y sentimientos intensos se mantienen vívidos. La excusa de no sentir nada y olvidar, que nos decimos a nosotros mismos para convencernos que nada ha pasado, oculta el hecho de habernos rendido. Pero nadie tendría que saberlo. A los tres minutos y treinta segundos, tomó su decisión.

Abrió la boca para anunciar su rendición. Olvidar era la mejor forma para que avanzaran.

—Yo… —susurró.

—¡Quiten de en medio! ¡SERENA!

Se cortó en seco. Miró a los alrededores, y pudo verlo. Ash y los demás estaban intentando abrirse paso entre la multitud, molesta por los empujones. Se convenció que no se trataba de un sueño lúcido, cuando comenzó a destacar el marcador y su cara se puso tan pálida como el papel. Sus gritos se ahogaron entre los espectadores, pero sus labios color café no repararon en sus movimientos.

«¡Si te rindes no te lo perdonaré! ¡Pelea, aquí estoy apoyándote!».

—¡Silencio por favor! —dijo el comentarista, faltando tres minutos con veinticinco segundos—. ¿Qué quería decirnos? —Los jueces y la enfermera Joy la miraron sin disimulo. Parecían dispuestos a anunciar el final del combate, al ver su rostro.

—Yo… —balbuceó. Apretó los puños, tragándose el ardor de su cuerpo, y, aún el más intenso en sus ojos azules—. ¡No quiero!

—¿No quiere continuar? En ese caso…

—¡No quiero rendirme ahora, ni nunca! ¡Aún es pronto para eso!

Su oponente utilizaba un Ludicolo para su ultimo combate. Era como intentar luchar contra Tierno. Se valía de sus pasos de baile naturales para esquivar y utilizar sus técnicas para su beneficio, apenas había recibido daño. Solo había una forma de ganar ese combate, y era utilizar una combinación en conjunto con el movimiento Z.

—¡Braixen, haremos lo que practicamos, ¿de acuerdo?!

—¡Ludicolo, Poder Oculto!

Usaría de nuevo su técnica. Su Poder Oculto del tipo hielo, avanzaría y luego lo combinaría con su potente Hidro Bomba, para que solo se congelase la punta, y a través de la presión que ejerce, desviar el hielo hacia le techo y causar una nevada de cristales, protegiendo el agua de evaporarse con los ataques fuego. Trató de contrarrestarlo con su propio Poder Oculto del tipo Hada, pero la diferencia de puntos, y al contar como un movimiento para ambos contendientes, no lograba ponerse a la cabeza.

—¡Braixen, usa Poder Oculto tú también! —Su pokémon la miró, cuestionando su orden, pero sus ojos mostraban determinación, y terminó por obedecer.

—Disfrute del encuentro señorita, pero debe de terminar ya. ¡Hidro Bomba!

—¡Ahora Braixen!

El zorro de fuego utilizó su vara y de la punta, un hilo de fuego se extendió como un lazo. El número de Braixen hizo que el calor se esparciera por el escenario, y desvió el ataque hielo de Ludicolo, deteniendo el avance del agua, lo que hizo que se desviara el flujo del agua. Se las arregló para usar el lazo de fuego e impulsar su propio ataque hacia arriba.

—¡Salta! —gritó Serena, comenzado a realizar los pasos que Ash le habría enseñado para la Hecatombe Pírica. Ignoró el ardor en sus mejillas cuando sintió que su falda aloliana se movía con ella, dejando ver sus piernas más de lo que hubiera deseado en su vida, y continuó moviéndose, solo impulsada por una única razón.

Ash estaba allí, dándole ánimos, y no dejaría de observarla.

Esquivó el intento de Ludicolo por ralentizarla, impulsándose con un Lanzallamas al suelo, hasta colocarse justo sobre su Poder Oculto. Hilos de fuego comenzaron a concentrarse en la punta de su varita, que iluminaron todo el escenario y las proximidades de Villa Tapu.

Dio resultado. La combinación hizo efecto cuando vio el fuego rodeado por polvos rosados. El fuego continuó esparciéndose por el escenario, impactando a Ludicolo. Cuando cesó el ataque, corría una lluvia rosada desde el cielo, cuando el tiempo finalmente termino.

—¡Se acabó! —gritó el comentarista. El público luchaba por divisar el resultado de aquella combinación. Muchos vitoreaban entre sonrisas, cuando dio como resultado a Serena como ganadora. Ash no paró de celebrar junto con ellos. Gary y Lillie tampoco.

—Impresionante recuperación, ¿eh? —preguntó Yazir en voz alta.

—¡No esperaba menos de Serena! —vitoreó Ash, presa de su alegría, sin importarle que haya respondido a su pregunta.

—Es el resultado de nuestro entrenamiento —añadió. El sonido de fondo pareció apagarse para ellos dos—. Es curioso, ¿no te parece?

—¿De qué hablas ahora? —preguntó Ash. Comenzaba a aguarle la fiesta con su tono sarcástico.

—May se hizo Maestra de Concursos cuando te separaste de ella, y Dawn también se hizo fuerte en este tiempo. Todos tus amigos parecen hacerse más fuertes cuando separan sus caminos, ¿no crees?

—¿A qué quieres llegar? ¡Sigues tratando de alejarme de Serena!

—Solo estoy reflexionando en voz alta —insistió Yazir—. Es tu decisión lo que quieras creer. Pero, es un hecho que se hizo fuerte, y aquellos que te rodean. Hasta Gary pudo fortalecerse estando lejos de ti —La expresión de Ash se hacía cada vez más seria, observando a Serena celebrando con Braixen—. No puedes negar los hechos. Creo que debes pensar qué es lo mejor para todos.

—Pero yo… quiero protegerla —repuso el entrenador de Kanto—. Yo… Ella… Debo decirle que…

—Te gusta, ¿no? —sugirió. Ash permanecía callado, ahora al descubierto frente su peor enemigo, que también sentía lo mismo por ella—. Debemos hacer sacrificios por quienes amamos, aunque ello signifique dejarlos para siempre. Soy consciente del peligro que corre, y si lo que nos une es la seguridad de Serena… entonces haz lo que debes hacer.

Yazir observó como su último plan marchaba a la perfección, cuando Ash se perdía en sus pensamientos. Gary y Lillie, seguían celebrando su victoria, sin darse cuenta de la obviedad. Aquello, sería la señal que los criminales estarían esperando. Gladio y Felicia, estarían desembarcando de su bote.

—Vamos, es hora de la fiesta. Por el orgullo del Equipo Skull, Ash Ketchum será derrotado, y será condenado por nosotros, los cabecillas de la nueva organización criminal más grande del mundo. —vociferó Guzma.

Comenzaron su avanzada.


—Bien hecho, concursante Serena. Aquí tienes, el Feeristal Z y el Listón del Recuerdo, el premio de este concurso y tu paso a la fase eliminatoria de la Copa Maestra. Muchas felicidades —dijo el comentarista—. ¡Recuerden que aún hay más, y se trata del luau especial que celebraremos a continuación! ¡Y aquel afortunado que acompañe a la señorita Serena, cumplirá la tradición de dar apertura al baile en parejas!

Y ella ya había escogido pareja, esta vez, no lo dejaría escapar.

Le dio la mano a su ultimo rival, cortándole las alas de pedirle ser su pareja. Corrió seguida por Braixen hasta la salida del escenario. Encontró a Ash justo en la salida, y se abalanzó sobre su cuello, apretándolo con fuerza.

—¡Ash, me alegro de verte otra vez! —A penas pudo contener su emoción. Lo estaba tocando. Aquello definitivamente no había sido un sueño. Pikachu permanecía a su lado, y corría a saludar a Luz, persiguiéndose mutuamente e intercambiando pequeños destellos.

Ash solo le devolvió una sonrisa distante. Serena se apresuró a añadir.

—Escucha Ash, sé que te dije cosas horribles, pero…

—No les des importancia a eso —añadió. Su voz parecía demasiado seria para un reencuentro—. Estuviste increíble allí afuera Serena. Te has vuelto muy fuerte.

—Me esforcé muchísimo practicando. Pero justo ahora, no quiero hablar de eso ni de Yazir.

—Yo sí —acotó. Luz y Pikachu desviaron su mirada hasta Ash. Serena tuvo una extraña sensación en su estómago, y no tenía nada que ver con las mariposas que esperaba—. Serena, en todo este tiempo pude comprender algo muy importante, y justo porque sé cómo me siento en este momento, puedo hacerte frente. Esto es lo más duro que he tenido que decir a alguien.

—¿De qué hablas Ash? Estás muy raro.

—Serena… lo mejor… ¡Lo mejor es que mantengamos nuestros caminos separados! Tú y yo, debemos permanecer lejos.

Silencio. Pikachu tuvo la sensación de que su electricidad se había evaporado cuando intento darle una poderosa descarga a su entrenador para hacerlo entrar en razón. Luz y Serena quedaron petrificadas.

—Pero qué estás diciendo… ¡Si es porque no puedes perdonarme, yo…!

—¡No es eso! —bramó—. Me importas demasiado Serena. Si para que seas más fuerte debo alejarme de ti, que así sea. Perfeccionaste tu movimiento Z, y saliste de semejante aprieto gracias a la distancia. Si así logras tus metas… ¡Entonces me tragaré esto que siento y te dejaré seguir! —Serena no pudo seguir articulando protestas. Las palabras no pudieron salir de su boca, cuando Ash se había dado la vuelta. Se hizo diminuto, y la voz comenzó a temblarle—. Adiós Serena… te deseo lo mejor y… —apretó los puños con fuerza, los hombros comenzaron a temblarle—, qué seas muy feliz.

Salió corriendo. Pikachu pudo volver en sí, y lleno de rabia, salió en persecución de su entrenador. Serena solo pudo quedarse allí, de nuevo con los pies pegados a la tierra, impidiendo ir detrás del chico del bosque. La soledad la invadió una segunda vez. Se echo de rodillas al suelo, sin poder detener el flujo de lágrimas que recorrían sus mejillas.

Yazir contemplaba la escena, escuchando los lamentos de Serena. Y por segunda vez en su vida, podía sentir una punzada de dolor en su cabeza y pecho tan intensos, que casi le roban el aire. Pudo ver de nuevo como su hogar era reducido a cenizas, cómo estuvo vagando en el orfanato de Kalos hasta que encontró a Grace y Serena. Solo podía escuchar las voces distantes en su cabeza. Zarala también lo reñía, a la vez que la imagen de un pequeño niño lloraba a su lado, dejando sobresalir una hilera desde su nariz. Fue como estar de regreso en aquel lugar tenebroso lleno de los fantasmas de su pasado. Torturándolo. Pero la que llevaba más fuerza era la de una niña.

—¡Monstruo! —La voz de la pequeña Serena retumbó en su cabeza.

—¡Basta!

Por breves instantes, escuchó sus últimas palabras. Y fue como si la brisa llenara sus pulmones.

—Yo si recibo cariño de mi familia. Mis amigos son mi nueva familia.


—¡Cálmense! —decía Rotom desde la pokédex.

—¡Es lo mejor Pikachu! ¡Obedece y vámonos! —bramó Ash. Pikachu tiraba de su pantalón con todas sus fuerzas.

De repente hubo un fuerte temblor, seguido de varias explosiones justo en el centro de Villa Tapu. Escucharon gritos y personas corriendo de un lado al otro, buscando alejarse del lugar. Varias batallas pokémon estallaron en todo el lugar. Jóvenes y adultos combatían para proteger a sus seres queridos, acompañados de gritos.

El caos consumió Villa Tapu.

—¡A la mierda, no puedo dejarla! ¡Serena, enseguida voy! —El impulso lo hizo retroceder sobre sus pasos. Pikachu salió volando varios metros gracias a la inercia, antes de poder seguirle el paso a su entrenador, con una sonrisa de oreja a oreja.

—Me parece que no iras a ninguna parte, mocoso.

—¡Guzma!

—En efecto, y ahora… vendrás conmigo. Tú decides si por las buenas, o… —al menos unas veinte sombras salieron del bosque circundante—… por las malas.

—¿Qué dices? ¡No iré con ustedes! ¡Más vale que se quiten o los aplastaré a todos!

—Deseaba que dijeras eso… pero esta vez, no será como lo imaginas. ¡Golisopod, Escaramuza!

El pokémon de Guzma desapareció en un destello, y solo pudo verlo cuando estaba a punto de darle un buen golpe en la cara. Esquivó el ataque justo a tiempo para evitarlo.

—¡Oye, ¿qué significa esto?!

—Nuevo método de batallas pokémon.

Pikachu utilizó su Atactrueno para debilitar a su pokémon, pero observó como su ataque fue absorbido por un Manectric cercano, que no desaprovecho la ocasión para golpearlo con Poder Oculto, y dejarlo malherido.

—¡Pikachu!

—Bueno… ya que no tenemos estorbos. ¿Continuamos ya? Me da igual si ahora prefieres la otra. De todos modos, debo llevarte, sea dormido o despierto. ¡Golisopod, Aqua Jet!

Salió disparado a menos de quince metros. Era imposible que fallara a esa distancia. Ash solo cerró los ojos, preparado para enfrentarse a su última batalla pokémon. Al menos, podría agradecer que ella no estaría allí para verlo caer, ni tampoco siendo derrotado. Solo lo querían a él, ella estaría a salvo. La chica de sus sueños, saldría ilesa y regresaría a su hogar.

Yazir no la abandonaría. Su entrenamiento la seguiría fortaleciendo.

Allí permaneció de pie por varios segundos. Escuchó un cuerpo pesado caer al suelo justo frente a él. Aquello no tenía el menor sentido. Ninguno de sus pokemon había salido de sus contenedores, y Pikachu seguía fuera de combate. Abrió los ojos de par en par, cuando decidió buscar en el suelo. Por un instante creyó que le jugaban una mala pasada. Alguien estaba tendido en el suelo, inconsciente.

Habían recibido el impacto por el.

Continuará…


Notas del autor:

No creo que quieran que les hable como de costumbre :/. Después de todo, he fallado en cumplir mi promesa. Quiero disculparme por haber tardando de nuevo dos meses :'(.

No crean que es de mi agrado, pero me esta costando trabajo acostumbrarme y no dispongo del mismo tiempo libre. De hecho, hay varios proyectos parados por este tema. Avanzan con lentitud y no he podido subir ni organizar nada de ello.

Espero que puedan disfrutarlos prontamente.

Dos cosas muy rápidas:

El recopilatorio lo subiré en poco tiempo. De hecho, antes del 72.

Quiero que Caminos Enlazados termine este año. Ya estamos entrando en la parte final, y solo quiero agradecer a aquellos que siguen aquí, y a los nuevos lectores.

Espero les haya gustado el capítulo. Nos leemos en el siguiente.

¡Feliz año nuevo para todos!