Capítulo 72

«Quién es realmente una persona, no se puede ver solo con el ojo».


—¿Qué? —masculló Ash. Pikachu levantó la mirada unos instantes, y observó como el Equipo Skull también dejo de atacar por un instante—. Por… ¿Por qué? ¡¿Qué demonios hiciste?!

Yazir estaba en el suelo. Yacía herido en un brazo por el ataque de Guzma. El corte no era profundo, pero lo suficiente para hacerlo sangrar y llenar el suelo de manchones. Él no respondió, solo se quejaba de dolor, sin la posibilidad de utilizar algún pokémon para ayudarle en semejante aprieto.

—Eso no estaba en mis planes, tal parece que quedaba algún estorbo por el camino —dijo Guzma. Golisopod abría y cerraba sus enormes garras, a la espera de sus órdenes— ¡Ataca de nuevo con Escamazura!

Volvió a ir por Ash, que seguía sin reaccionar. El ataque lo golpeó de lleno en el rostro, y logró noquearlo.

—Idiota… ¡Debiste huir!

No alcanzó a ponerse de pie cuando los reclutas se abalanzaron sobre ellos y uno lo pateó en la cara. Todo se oscureció de repente.


La batalla seguía en Villa Tapu. La oficial Jenny y sus agentes trataron de retener la avanzada por todos los medios y mantener a salvo a los lugareños. Fue cuando los coordinadores entraron en escena para ayudar. Las explosiones y los ataques iban en todas direcciones por el centro del pueblo. Serena se mantuvo en la batalla, sin dejar de avanzar por el pueblo en busca de Ash y los demás. Divisó a Gary y a Lillie, con una extraña chica que lucha junto al científico en contra de los reclutas. Y sorprendida, también Ash estaba con ellos. Ordenó a Pancham utilizar Roca Afilada para despejar el camino hasta ellos, y se unió a ellos.

—¡Serena!

—Después platicamos —gritó ella, protegiendo al Pikachu de Ash con un ataque de Pancham—. En especial tú y yo Ash, aún no hemos terminado.

—Seguro, belleza. Platicaremos todo lo que quieras.

—¡No te pases de listo, clon mal hecho! —bramó Gary, golpeándolo en la cabeza. Sparky fue en su ayuda, después de derrotar un Golbat del Equipo Skull—. Él no es Ash. Se le parece, pero solo es una imitación llamado Ritchie. ¿Dónde está el verdadero?

—No lo sé —respondió Serena. Dejó salir a Braixen que pudo derrotar aun Jinx de un solo Lanzallamas—. Vino a verme detrás del escenario para despedirse, que te parece. Dijo que debemos mantener nuestros caminos separados, aunque me haya disculpado con él. ¡Ni siquiera me dejó invitarlo al baile!

—¿Lo invitas tú? ¡Menudo ligón! —se quejó Ritchie.

—Menudo imbécil más bien —bramó Gary. De una de sus pokebolas salió su Alakazam, que derrotó a todos sus adversarios a la vez con sus poderes psíquicos, y dejando inconsciente a sus entrenadores. Los combates aún continuaban en otros sectores—. ¿Dónde está Yazir?

—¿Está con ustedes? Seguro es el culpable de la actitud de Ash. ¡Ya no lo aguanto más! Tendré que luchar otra vez.

—Espera, ¿pelearon?

—Sí —dijo ella. Gary pudo ver el fuego en sus ojos azules—. Es un mentiroso y manipulador. Me engañó todo el tiempo y me hizo alejarme de ustedes. Ya me las pagará.

—No se hable más —Gary dejó salir a su Arcanine y lo miro con seriedad—. Escúchame bien. Quiero que ayudes a Zarala a proteger a Lillie. No dejes que nada les pase, y vas a obedecerla como si fuera yo. ¿Entendiste?

—No estarás insinuando que…

—Sí Lillie. Ustedes dos deben irse de aquí y encontrar un lugar seguro. Y nada de peros —dijo con firmeza—. No podemos dejarles hacerse con lo que ya sabes. Zarala, eres fuerte, así que te encargo su protección. Salgan de aquí y esperen a que todo acabe.

—Cuenta con ello. —Arcanine pasó su cabeza por debajo de las piernas de Lillie y la obligó a subirse a su lomo.

—¡Yo quiero ir con ustedes! —gritó Lillie.

—¡Dije que no! —gritó Gary. Serena vio como el científico se le acercó y tomo su mano. Tuvo una sensación agridulce al rostro del chico, que parecía luchar contra un fuerte malestar y lo ponía de los nervios, cuando bajó el tono de su voz—. Por favor comprende… no puedo estar tranquilo si permaneces aquí, así estés conmigo. Ve a un lugar seguro, yo estaré bien.

Lillie no pudo seguir discutiendo. Solo le pidió que tuviera cuidado, antes de marcharse junto con Zarala hacia el extremo oeste, alejándose hacia la ruta quince. Gary puso una mano sobre su cuello, como si se hubiera desecho de un dolor extraño.

—Vale —dijo, ya recuperado—. Ritchie y yo ayudaremos a la oficial Jenny a retomar el control de la ciudad. Serena, Ash no escuchará a nadie más que no seas tú. Así que encuéntralo como sea, no debe estar muy lejos. Seguro Yazir estará cerca.


Apretujado, el aire escaseaba en sus pulmones.

Así se sentía Ash, al recuperar el conocimiento. Estaba inmovilizado. Tras mirar a su alrededor, Pikachu también estaba limitado en un esfuerzo por utilizar sus ataques eléctricos para salir de sus cadenas, pero el caucho del material externo absorbe sus ataques para que no pudiera derrotar a sus guardias. Forcejeó con sus ataduras, pero solo parecieron endurecerse más. Le habían arrebatado sus pokebolas, y justo cuando deseó que alguno de sus pokémon fuera rebelde y saliera a su placer, ninguno hacía eso.

Estaba atrapado.

A su lado estaba Yazir, cuyas pokebolas también estaban fuera de su poder. Estaba despierto, observándolo con cuidado. Ash podía ver un rastro de sangre un su rostro. Su brazo seguía cortado, manchando su ropa y las cuerdas. Examinó su mirada, y aunque la encontraba igual de desagradable como siempre.

—Ni tu ni yo hemos tenido suerte hoy, ¿eh? —apuntó Yazir. Señaló con la nariz el lugar donde estaban sus doce pokebolas—. Contaba con Froslass para ayudarnos, pero recordé que está con el profesor. Así que estamos atrapados.

Ash no dijo nada. Seguía indagando minuciosamente alguna respuesta lógica para lo que había ocurrido, pero Gary era mejor para ese tipo de cosas.

—¿Qué te sucede? Parece que viste la aparición de una forma de vida extraña.

—Ese serías tú. ¿Qué diantres tienes mal en la cabeza para haber acudido en mi ayuda?

—Quizá este volviéndome loco —repuso Yazir sin darle importancia—. Te dije que debíamos llevarnos bien ahora ¿No? Solo es eso.

—¡Una mierda, ya estoy cansado de este jueguito tonto! —vociferó Ash. Sus guardias le lanzaron una mirada de advertencia que lo hizo bajar la voz—. Di la verdad por una vez en tu vida. Estoy seguro, tú eres el responsable de esto.

—Sí.

Ash no dijo nada por unos segundos. Solo lanzó una acusación sin fundamentos y llena de desprecio. Ya no podía estar seguro de nada de lo que dijera Yazir.

—Mentiroso.

—¿Por qué mentir ahora? Ya no tiene sentido hacerlo —murmuró Yazir, clavando la vista en el suelo—. Tienes razón… yo provoque este ataque. Fui yo quien dio tu ubicación al Equipo Skull.

—Entonces eso quiere decir… Que tenía razón desde el principio —musitó Ash. Trataba de quitarse las ataduras para hacer todo el daño posible a Yazir—. ¡Traicionaste a Serena y la pusiste en peligro!

—¡NO, ESO NO ES VERDAD! —gritó Yazir.

—A callar ustedes dos. O sino los dormiremos otra vez. —gruñó uno de sus cuidadores.

—Serena está en peligro y todo por tu odio contra mí —recriminó Ash. Nunca había sentido tanto enfado contra alguna persona—. Renuncie a mis sentimientos por ella para que pudiera feliz contigo y ser más fuerte, pero todo fue una trampa. ¿Cómo pudiste hacerlo?

—¿Qué? ¿Feliz conmigo? —indagó Yazir. Ash solo mostró aún más enojo por tratar de mentirle.

—¡No te hagas el tonto! Ya lo sé todo… Por eso la fuiste a buscar en Hoenn y quisiste entregarme. Por eso le diste tu collar bajo la promesa de regresarlo, solo con el propósito de verse una vez más. Has estado peleando conmigo todo este tiempo para separarla de mí porque se gustan, ¿a que sí? ¡Pues no lo vas a lograr! Ella es mi… amiga. —Yazir no dijo nada en todo ese tiempo. Por primera vez, sintió que lo escuchaba con total atención y seriedad—. Saldré de aquí y terminaré todo esto, y después me encargaré de recuperar mi vínculo con Serena. Y si tenemos que separarnos después de esto… ¡Que sea por decisión mutua, no por tus maquinaciones!

Guardó silencio esperando la respuesta de Yazir. Pero lo que vio lo dejó todavía más perplejo.

El solo se reía.

Se reía con histeria, como si le hubieran contado un chiste de lo más entretenido. De esas carcajadas que terminan haciendo doler el estómago y la espalda. Los guardias, ya cansados de su risa estrepitosa, decidieron callarlo golpeándole la cara. Y, aun así, continúo riendo en voz baja. Cuando recuperó la cordura, se las arregló para arrastrarse y quedar justo al lado de Ash, para darle un buen golpe con su cabeza en el pecho. Cayó de espaldas como una tortuga. Furioso, se dio la vuelta y lo miró fijamente. Hubiera querido poder lanzar rayos láser y derretirlo.

—¡¿Por qué me agredes?! ¡Bruto cabeza de Slowpoke!

—Porque eres el hombre más retrasado que he conocido en mi vida. ¿Qué nos gustamos mutuamente? ¡Baja de la nube en la que vives! Yo nunca he querido a Serena para mí, ni ella tampoco. Todo esto se trata de ti, Ash Ketchum.

—Yo no he hecho nada.

—Ahora eres tú el que miente —sentenció—. No sé qué hiciste, pero lograste que ella se enamorara de ti. Y eso, me enferma incluso ahora.

Todo se congeló de repente en la mente de Ash. Ahora sí, que no pudo comprender nada de lo que estaba ocurriendo. Todo le parece de lo más absurdo. Después de todo, no había hecho nada especialmente interesante para que ocurriera. En palabras de Gary, el amor se trata de ofrecer y recibir, y ella había hecho demasiado. Solo por el hecho de estar en Alola para su fiesta era impresionante. Ese seguro había sido su mayor regalo ese día; además, su fe incondicional en su fuerza y capacidades, a pesar de ser un fracasado que no puede coronarse campeón de liga regional después de seis intentos. El chico sin estilo en concursos, que no sabe mover un pie al ritmo del otro, y que jamás había escuchado de tales ocurrencias, de no ser por May, Dawn y Gary. No era sorpresa lo que sentía, ni incredulidad.

Más bien, siente desaseo. Un desaseo cuya capa elimina todo lo que pudiera ser razonable de su cabeza, que ya comenzaba a dolerle. Algo que desencajaba y amenaza con hacerlo dudar de lo conocido.

—Estás mintiendo… —alcanzó a enunciar Ash—. Quieres engañarme… debe ser eso. No existe forma que Serena…

—Ojalá fuera un engaño, pero es la pura verdad. Serena está enamorada de ti —explicó Yazir—. Siempre lo ha estado, al menos desde que nos reencontramos. Pude verlo en Hoenn. Su relación nunca me gustó. Mucho menos desde que escuché rumores en mis viajes por el mundo, acerca de un entrenador que viajó por varias regiones acabando con organizaciones criminales.

—Pero ella… ella te defendió —lo acusó Ash, aún sin salir de su shock—. Te prefirió por encima de todos…

—Sí. Pero no tiene nada que ver con lo que hayas hecho, o dicho —prosiguió Yazir—. Tiene que ver con la única razón por la que nos conocemos. Y todo porque… Giovanni mató a mis padres para mantener su secreto al mundo, quedé huérfano y ella era mi única amiga.

Ash volteó a mirarlo, esta vez con sorpresa. La voz de Yazir adquirió un tono tan bajo y débil, que dejó de parecerle el mismo tipo rudo que conoció. Su respiración dejo de ser tranquila. Se encogía de hombros. Eso, sumado a estar sentado en el suelo, amarrado e indefenso, lo hizo parecer un crío.

—Hace once años, en la región Kanto… veía con odio a los demás niños de mi edad, desde la ventana de mi habitación en el orfanato. Fueron días oscuros en mi vida, Ash. No tienes idea de lo que es vivir sabiendo que estás completamente solo y no tienes a nadie a quien recurrir. Indeseado. Marginado y rodeado de personas que solo sienten misericordia por ti solo por lo que te ocurrió. Pero ellos no lo saben, ni podrán comprenderlo nunca. Solo daba problemas y me trasladaban cuando ya no me soportaban, hasta que terminé en Kalos y la conocí. Le abrí mi corazón. Se acercó a mí, sin saber nada de nada, y supo de mi dolor cuando se lo conté. Ella tiene esa capacidad extraña de… ablandar el alma de aquellos que la rodean y de dar felicidad, y eso me ayudó a sanar. Me abrió las puertas de su casa, y Grace me trató igual que a ella. Para mí… era como la hermana que nunca tuve, y una madre.

»Y tú, que para mí eres el chico que la cautiva, y por quien es capaz de ponerse en riesgo, como ocurrió en Kalos durante la batalla con Lysson… no podía dejar que pasara por el mismo peligro. Tenía que alejarla de ti. Y mucho más, desde que descubrí que el Equipo Rocket ha estado detrás de ti por más de seis años. No podía arriesgarme a que supieran mi vínculo con ella. No podía dejar que tú la protegieras, así que intenté separarlos y que se odiaran. Me interpuse siempre que pude, y los manipulé. Pero solo ahora… es cuando me doy cuenta de que fue inútil. Demostraron ser más fuertes y que no importa cuando me esfuerce, nunca podré separarlos del todo, mientras decidan luchar por ello. Por fin pude comprender que eres realmente fuerte, y lo lejos que estás dispuesto a llegar por los tuyos.

»Ash… lo siento. Y esta vez lo digo en serio. Lamentó haber puesto en peligro tu relación con Serena —dijo, con un par de lágrimas en sus ojos. Ash abrió los ojos al nivel que pensó, saldrían de sus orbitas—. Si tan solo hubiera confiado en ti. Si no me hubiera centrado en mi odio por Giovanni. Si tan solo no hubiera sentido celos de tu vínculo con Serena… y la hubiera escuchado… nada de esto hubiera pasado. Comprendo si no eres capaz de perdonarme…

—Tienes razón. No puedo hacerlo —lo cortó Ash. Yazir lo miró a la cara, pero no parecía enfadado. Solo lo miraba con atención—. Pedirlo no te ayudará en nada. Sin importar lo que hayas hecho hasta ahora, si quieres que Serena te perdone algún día, o incluso que yo lo haga, solo lo determinará lo que decidas hacer a partir de ahora.

Derramó algunas lágrimas tras su declaración.

—Eres un chico extraño, Ash Ketchum —susurro—. Serena tenía razón.

—No te he oído. ¿Qué harás ahora?

—Creo que lo dejaste claro —señaló—. Saldremos de esta. Recuperaremos Villa Tapu y acabaremos con el mal.

—¿Y cómo piensan lograrlo, idiotas? —Guzma había regresado de la ciudad, en compañía de Scizor. Les lanzo una mirada burlesca—. Están atados y sus pokémon no pueden ayudarlos. Nadie sabe que están aquí, y no hay alguna buena razón para que los deje ir. Es más, mis amigos se mueren por verte, Ash. Están muy enojados, ¿sabes? Solo quieren borrarte del mapa.

—¡Como si pudieran lograrlo!

—En lo que a mi concierne, estás acabado. Y tú, Yazir, también estás condenado. Recibí un reporte de Lord Giovanni, y tengo órdenes de llevarte a ti también.

Hubo una explosión acompañada de una ola de calor. Los reclutas que se encargaban del resguardo de Ash y Yazir salieron volando junto a sus pokémon. Ash quedo horrorizado cuando vio al responsable, deseando que Guzma no se diera la vuelta.

Serena, Braixen y Luz estaban frente a ellos, aún con su atuendo de concursos.

—¡Serena!

—Vaya vaya… pero si es la chica bailarina —señaló Guzma sin preocuparse—. Dime pequeña niña. ¿Qué te trae por aquí? ¿Vienes a despedirte de estos dos? Adelante, no me interpondré.

—¡Serena, huye! —gritó Ash—. No pelees contra él. Es tramposo y retorcido. Estaremos bien.

—Vete, te prometo que saldremos de esta y nos reencontraremos. No dejaré que le pase nada a Ash.

Serena no respondió de inmediato. Dejo ver su rostro a los tres hombres. Ash y Yazir supieron que estaba furiosa cuando les lanzo una mirada penetrante, casi tan gélida como los fantasmas atraviesan cuerpos, o el helado cuerpo de Froslass. Clavó la vista en el cuello de Guzma que, a parte del collar de oro del Equipo Skull, también portaba el de Yazir. Vio a Pikachu inmovilizado en el suelo.

—¡No pienso irme a ninguna parte! —rugió, furiosa. Ash sintió la piel de gallina y Yazir no dijo nada más. Nunca vio tanta determinación en sus ojos—. Nunca he estado tan cabreada. No se saldrán de esta tan fácil, Ash, Yazir.

—¿Nos dará una paliza a nosotros también? —preguntó Yazir.

—¿Cómo quieres que sepa eso? Nunca la he visto así. Ahora parece más seguro irme con Guzma.

—Te despides de mí cuando estoy tratando de pedirte perdón y pedirte seguir a mi lado. Y tú Yazir… lo manipulas de nuevo, y sigues echándome tierra cada vez que puedes sin que lo merezca. Se pelean y nunca hablan como debe ser. Ya no lo aguanto más, me van a tener que escuchar ustedes dos. Y para rematar, este matón jefe de un grupo de raperos de cuarta amenaza con dañarlos. Deberías saber que solo yo puedo darles de soplamocos y tirar de sus orejas hasta que maduren. ¡Libéralos ahora y dame ese collar, o lo haré yo!

—¿Y qué harás para lograrlo, pequeña danzarina? —se burló Guzma—. ¿Vas a bailar como hiciste en el concurso? Solo eres un chiste. Un espectáculo. Tengo asuntos que atender. Piérdete.

Aquello fue la gota que colmó el vaso para Braixen. Tomo su vara y atacó a Scizor cuando se descuidaron, y lo derrotó en un instante con su Lanzallamas. Ya no había marcha atrás luego de ello. Guzma se dio la vuelta, y mostró una sonrisa mórbida.

—Que así sea entonces. ¡Golisopod, Danza de Espadas!

—¡Déjala en paz Guzma!

Ella lanzó una mirada hasta el extraño pokémon humanoide, casi tan grande como Guzma cuando el aura rosada recorría su exoesqueleto. A todas luces, era un insecto enorme y asqueroso que se vanagloria de sus músculos.

—¡Lanzallamas otra vez!

La enorme llamarada se dirigió justo a su blanco. Serena no aparto la vista cuando escuchó las llamas envolver a su rival. El ataque duro varios segundos hasta que Braixen dejó de hacerlo. Golisopod seguía intacto, como si hubiera atacado una enorme pared. El camino de llamas se hacia una enorme "Y", dividida justo en el punto de impacto. Gracias a sus poderes de agua, había salido ileso del ataque. Lo pudo detener con sus enormes garras bañadas en gotas. Respiró tranquila cuando los chicos no sufrieron daños

—Concha Filo —dijo Guzma, que también salió airoso del ataque—. Tal parece que tus poderes de fuego no serán muy útiles. ¡Hidroariete!

Golisopod hizo aparecer una enorme vara hecha de agua con sus garras y salió disparado a por Braixen, tratando de apalearla con su ataque. Uno de ellos logró darle en la cara hundiéndole la nariz. Salió volando varios metros antes de golpear el suelo con todas sus fuerzas, ayudada por su vara, para evitar caer de espaldas. Se incorporó y trató de continuar la lucha, pero su oponente ya estaba frente a ella, combinando su Aqua Jet e Hidroariete, asesto varios ataques.

—Tú y tu pokémon no podrán vencernos. —se burló Guzma con saña. Ash, Yazir y Pikachu forcejearon por liberarse, en vano.

Luz se vio forzada a intervenir con su Puño Trueno. La corriente dirigió el ataque directo hasta Golisopod, hiriéndole lo suficiente para detenerlo brevemente. Braixen logró ponerse en pie con dificultades, cogiendo su vara y tambaleándose como una gelatina en medio de un terremoto. Su compañera seguía de frente, lista para sustituirla por orden de Serena, pero no alcanzó a utilizar un segundo ataque cuando se mostró dispuesta a seguir el combate, sonriéndole aun en su condición y hablando en idioma pokémon.

—Ya hiciste suficiente Braixen —gritó Serena—, ya para…

Pero Braixen no podía escuchar sus regaños. Solo podía recordar los días de viaje en la región Kalos, y el primer día que la conoció, y prometió acompañarla por siempre. Solo podía pensar lo que aprendió a sus pocos días de convivencia. Encontró la respuesta a preguntas que todo Fennekin de guardería se hace a sí mismo: ¿Qué clase de entrenador los escogería? ¿Sería amable? ¿Podrá cuidar de alguno igual a nuestra madre, antes de que se separaran? ¿O acaso sería un cruel tirano que podría abandonar a los suyos? O peor aún, regresarlos como un producto defectuoso para ser reciclado. En la inmensidad del mundo y otras regiones, muchos pokémon destinados a entrenadores novatos se harían las mismas preguntas, sin apartarse de la idea maligna de los humanos que maltratan pokémon. Pudo verlo en el Equipo Flare, incluso en el Equipo Rocket y otros entrenadores durante su viaje.

Solo podía pensar en lo afortunada que era.

Y deseó, que todos y cada uno de sus amigos en la guardería Sycamore, hubieran encontrado su pareja perfecta. Como lo eran Serena, sus perfectos y esmerados cuidados a su pelaje y apariencia, pero sobretodo la de aquellos que la rodean. Le debía mucho a aquel chico moreno de cabello negro, por el que el azul de los ojos de su entrenadora mostraba especial brillo, y ahora corría peligro.

Sabes algo, Braixen —dijo Serena una noche antes tomar su vuelo a Hoenn, cuando terminaba de cepillarla—. Te parecerá una tontería, pero he tomado una decisión. Tal y como dijo Ash, no dejaré de intentar convertirme en reina de Kalos. Juntas lo lograremos esta vez, y solo quizás, seré capaz de decirle cómo me siento.

Hoy, daría un paso más para lograrlo.

Sintió como la llama dentro de su cuerpo se hacía de más vida. El resplandor vino desde dentro y comenzó a iluminar los alrededores de un rojo intenso hasta hacerse blanco. El aire obtuvo un calor agradable que todos pudieron sentir. Serena ahogó un grito de asombro cuando su cuerpo comenzó a cambiar de forma, cada vez más alta y esbelta, como si vistiera un enorme vestido hecho de pieles. Su cuello se elevó un par de centímetros, hasta superarla en tamaño por muy poco antes que pudiera verla a detalle. Ash y Yazir solo emitían un pitido con las bocas abiertas, sin dejar de mirar el campo de batalla.

Braixen se había convertido en un Delphox.

—B-braixen…

—Evolucionó en combate eh… pero eso no será suficiente.

Golisopod embistió a toda velocidad con su Hidroariete. Ahora como Delphox, pudo escuchar el peligro en la mente de Serena. Hizo aparecer su nueva vara entre el pelaje de sus brazos, y apunto con ella a Golisopod. Escucharon el sonido parecido al que hacen diez corchos de botella después de salir disparados cuando lo detuvo en seco, retorciéndose en pleno aire. Serena no tuvo tiempo a terminar de pensarlo cuando, anticipando a sus ordenes. Un Lanzallamas abrasador rodeó por completo a su oponente a quemarropa. Las llamas llegaron a los diez metros antes de desvanecerse. Chamuscado, lo arrojó lejos con sus poderes psíquicos.

—No creas que has ganado, maldita mocosa. ¡DANZA DE ESPADAS! —Su pokémon se puso de pie, también cerrando sus fauces con furia, abriendo y cerrando sus pinzas, mientras aumentaba su poder físico.

—No Luz —ordenó Serena cuando quiso incorporarse al combate—. Es el combate de Brai… digo, Delphox. ¿Estás lista?

Ella asintió. Antes de alzar su varita al mismo compás que Serena y su brazo derecho. Se movían al mismo ritmo en un vínculo único, solo posible por sus lazos más ardientes que el fuego. Una coreografía que mueve los vientos a su favor, y calma incluso el más violento invierno. Ash pudo sentir como aquel claro pareció iluminarse con su número, y más brasas aparecían en la punta de la vara de Delphox, en forma de hilos.

—Eso es... —balbuceó Yazir.

—No lo hagas Serena —chilló Ash, forcejeando con sus cadenas—. Dos movimientos Z en un día para ti es demasiado, aún no lo dominas a la perfección, usa un ataque combinado. ¡SERENAAAAA!

—¡GOLISOPOD, CONCHA AFILADA!

—¡Hecatombe Pírica! —gritó Serena, terminando con su brazo extendido.

Golisopod golpeó el aire con sus zarpas, provocando un corte en el aire hecho de agua, que dejaba una estela tras de sí. El ataque no era demasiado veloz, pero arrasaba con la tierra a su paso. La llamarada en la punta de la vara de Delphox se hizo inmensa, y cubrió un enorme frente mientras avanzaba directamente a su oponente. Ambos ataques chocaron en un breve forcejeo, en que el colapso del frío y el calor provocó fuertes corrientes de aire y pequeños tornados. El fuego se hizo más intenso y atravesó el enorme corte de Golisopod que termino evaporándose. El ataque lo envolvió por completo en una enorme explosión que se expandió varios metros, solo retenida por los poderes de Delphox, para evitar daño a los alrededores.

Todo se hizo negro. El humo no dejaba ver más allá que unos pocos centímetros. Serena ordenó salir a Oricorio y esparcir la cortina con sus alas y sus poderes de fuego. Cuando pudo ver a su alrededor, Guzma y sus hombres ya habían desaparecido de la escena. Ash y Yazir seguían en el suelo, liberados con ayuda de Garchomp y sus garras, cuando Luz lo ayudó a salir de su pokebola. Ash fue el primero en ponerse de pie, dándole la mano a Yazir par ayudarlo a levantarse. Garchomp se encargó de sostenerlo, y ayudarlo a estabilizarse.

—Serena…

—No digas nada —sentenció—. Tal parece que los que atacaban la ciudad también se han esfumado. Ve al centro médico a que te revisen.

El chico obedeció sin protestar.

—Espera Garchomp —dijo a su pokémon, señalando a Ash. Lo ayudo a llegar hasta el para hablar en un susurro—. Te la encargo. Solo tú puedes quitarle el mal humor.

Le guiñó un ojo antes de marcharse, dejándolo solo, y con el miedo carcomiéndole por dentro.

Se sentía como un extraño en presencia de Serena, aunque ya la conociera bastante bien. Allí estaba ella, de pie, sin quitarle la vista de encima, y solo podía sentir el mismo desaseo cuando Yazir aseguró que estaba enamorada de él, por descabellado que sonara. Pikachu y Luz seguían observando a Delphox con curiosidad, mientras hacía flotar unos cuantos guijarros del suelo con sus poderes. Incluso al mismo Pikachu, para su disgusto y disfrute de su compañera. Lo dejó caer de cara al suelo repentinamente cuando Serena dio un suspiro, pero no podía enojarse. El también estaba preocupado, y cuando quiso intervenir, el zorro de fuego se lo impidió, negando con la cabeza.

—Gracias por rescatarme —dijo Ash por fin, rompiendo el incómodo silencio entre ellos—. Estuviste increíble.

—Fue gracias a que me enseñaste a usar el movimiento Z.

—Solo te lo mostré. Conmigo no pudiste perfeccionarlo —repuso Ash, encogido de hombros—. Parece que Yazir es mejor…

—No sigas con eso de que querer alejarte de mí —señaló Serena en voz alta—. Yazir solo te manipula. Me equivoqué y terminamos divididos. No quiero que siga así.

—Yo también me equivoque —exclamó Ash—. Te dejé sola cuando me necesitabas.

—Eso fue egoísta de mi parte. Lo mío fue peor. —gritó ella.

—También soy culpable por no haberme esforzado en esclarecerlo. Yazir me contó todo. Ya sé que es huérfano —dijo. Ella no parecía querer responder a sus alegatos, así que prosiguió—. Me contó cómo te conoció a ti y a tú madre cuando era niño. Y sé que Giovanni los mató. ¿Por qué nunca dijiste nada?

Serena quedo en silencio. Ash respiro profundo antes de seguir. Esta vez, solo dejó que sus sentimientos hablaran por él.

—Quise decirlo muchas veces —explicó—. Yazir siempre es muy reservado con eso. Cuando tuvo el valor de contármelo, me hizo prometer que jamás se lo contaría a nadie. Supuse que lo haría él mismo a medida que el viaje avanzara. Después de todo, siempre tuve fe de que se llevarían mejor con el tiempo.

—Pues, te equivocaste. —aseguró Ash. Sus palabras tuvieron el mismo efecto lapidario de la de su madre.

—Perdóname…

—Ya no estoy enojado, Serena —confesó—. No tengo nada que perdonarte. Soy un idiota celoso sin remedio. Los dos nos equivocamos. Solo quiero… olvidar este capítulo entre nosotros y… volver a viajar juntos… ya sabes… solo si tú quieres también. Esta vez las cosas serán distintas. No quiero que sigamos divididos. Ya-ya sabes… —La opresión en el pecho se hizo intensa de repente, y la lengua parecía que ya no ayudaría a formular frases coherentes—. Tu co-compañía… es la mejor de todas.

Ella parpadeó, y sintió como si comenzara a caer por un vacío con lentitud. El rostro de Ash permanecía serio, esperando su respuesta. Pero encontró un brillo que nunca vio en sus ojos cafés, ni siquiera cuando superó los desafíos del conjunto de islas Alola. Una pasión que no era alimentada por la estrategia del combate ni la adrenalina de ser mejor que su rival. El deseo de confirmar aquello que parecía invisible y se esforzaba por no romperse. Podía sentirlo en sus dedos, e incluso en cada uno de sus pómulos. Fue cuando supo que se estaba parada ante alguien que, siguiendo sus pensamientos, no deseaba cortar el hilo rojo de la pulsera en su muñeca izquierda, ni el que Serena seguía usando en la suya.

—Si no hay más remedio. No puedo dejar a alguien que no puede cuidarse solo.

Ella se bufó por lo bajo, controlando su impulso de hablar más de lo que debía. Todavía había tiempo para hablar de sus sentimientos. Carraspeó su garganta y abrió la boca para cumplir su pequeño capricho de la noche. Después de todo, escuchó el anuncio del evento principal del concurso cuando la situación estuvo bajo el control de la fuerza pública.

Eso fue divertido —recordó, antes de que volteara a verla, evidentemente decepcionada—. ¿Qué ocurre Serena?

¡Nada! Solo… me hubiera gustado bailar un poco más.

Lo que ocurrió después, ni ella lo hubiera podido soñar.

Ash se volteó a verla directamente. Fue como si su cabeza se desconectara solo con el recuerdo vívido de la gala de Kalos al fin de la música antes de tener ocasión de cambiar de pareja. Fue como si una voz desconocida, pero de gran fuerza lo dominara.

Se puso de rodillas frente a ella y dijo.

—¿Quieres ser mi pareja de baile, Serena?

Ella no escuchó su propia respuesta, ni tampoco podía recordar lo que sucedió después; solo podía recordar con intensidad cómo llegaron a la sede del concurso juntos y subieron al escenario, para sorpresa de Gary, Ritchie, Lillie y Zarala. Como era la tradición, Ash y Serena dieron apertura a la fiesta. Recordó como lo invitó a poner una mano en su cintura descubierta debido a su traje típico aloliano, y el fuego de sus mejillas y orejas. El chico de Kanto solo siguió el consejo de Aria aquella vez y se relajó. Solo tenía que dejar que Serena lo guiase, y se encargó de seguirla. Ignoró los ojos que los seguían, y cómo los demás se unían a ellos. Fue como si no existieran para ellos. Lo único que podían ver era el rostro del otro. Ni siquiera se percataron que Gary y Lillie también se unieron al evento.

La música se hizo cada vez más lenta. Cuando Serena cortó distancias y se encontró bailando en un abrazo, su corazón amenazó con salir de su pecho. Pero ya no era lo mismo. Al pensar en lo suave que era la piel de Serena, ni al reconocer que le gustaba el olor de su cabello, ahora sabía a qué se debía. Y aunque tenía miedo, ya no era algo malo. Solo los designios por estar junto a la chica que despierta su lado más profundo.

El muro entre los caminos enlazados se desharía entre la danza del azul y el rojo.

Continuará…


Notas del autor

¡Esta vez no fueron dos meses! Ni siquiera uno XD, así que no se pueden quejar ¿eh?

¿Qué tal el segundo mes del año? A tan solo cuatro días para San Valentín. Así que recuerden, sean buenos con sus novios, novias o sus amigos.

¡Pero también durante el año, no solo el catorce de Febrero :/!

¿Qué tal les pareció la feria de las confesiones? Si una cosa es cierta, es que todos se han equivocado muchas veces en la vida. Y si bien hay situaciones irreversibles, la comunicación suele arreglar la gran mayoría de ellas. Todos hemos sido prejuiciosos alguna vez, aunque sea por mera supervivencia, pero esto se convierte en un problema si con ello, hacemos daño a otros.

Hay que ver más allá de lo que nos dejan ver los ojos. A veces, nos engañan.

Espero les haya gustado el capítulo mis amigos. La historia comenzará a moverse muy rápido. Así que estén atentos a todos los detalles :D. Nos leemos en el siguiente capítulo.

PD: ¡No los trolee esta vez! Si pensaron que ocurriría otra cosa, es porque se adelantaron en sus juicios XD.