REGRESO A LA CIUDAD DE LOS PADRES

Se abrochó el cinturón en cuanto hubo recibido la orden del piloto, entonces la aeronave dio inicio al tortuoso descenso. Pronto, la presión sobre sus oídos, que le había acompañado todo el viaje, aumentó en intensidad, puede que incluso más que cuando hubo despegado, llegando a un punto en que apenas y podía percibir sonido alguno que le rodease, y acompañado de un ligero dolor que se extendió a lo largo de su rostro.

Sabiendo que debería soportar tal estado de cosas hasta que el aterrizaje hubiese concluido, se arremolinó en el asiento con resignación, echó un vistazo por la ventanilla que tenía a un lado y allí la vio; majestuosa, imponente, la antigua Cromopolis, la ciudad de los padres, donde tanto había vivido y a tantos había conocido, idéntica a como lucía la última vez, hace dos años, cuando hubo de partir al exilio.

Y ahora que regresaba a casa, se preguntaba ¿Qué habría cambiado en ese tiempo? ¿Qué permanecería igual? ¿Quiénes le estarían esperando? ¿Seguirían allí los que se decían sus amigos o le habrían olvidado? ¿Tendría un hogar al qué regresar o esa puerta se habría cerrado ya?

Tantas preguntas que buscan respuesta y la obtendrán, a su debido tiempo; pero primero, el avión debía aterrizar y así lo hizo. Entonces se levantó, tomó su equipaje de mano y descendió del ave de acero. Esperó de pie ante la cinta transportadora, aguardando el arribo de sus valijas, tomándolas sin vacilación cuando estas se hicieron presentes. Salió de la zona de equipaje, no sin antes mostrar el mismo a las autoridades aduaneras, quienes las inspeccionaron exhaustivamente, para ingresar al hall principal del aeropuerto...

Lo recordaba tan diferente, ¿más existía un cambio real o solo era un engaño producto de que, esta vez, se encontraba de cara a la salida y con una mayor concentración de luz natural, dado a que, en aquel preciso instante, el astro rey coronaba la cumbre de la bóveda celeste con su ígneo carro?

Buscó entre la multitud alguna cara conocida que estuviese allí esperándole y, a pesar de fracasar en dicha empresa, divisó un letrero a lo alto que llevaba impreso su nombre. Se dirigió hacia el mismo y tal fue su desilusión al no encontrar a quién esperaba; pues allí no se hallaba él, sino alguien que nunca había visto antes: tez pálida, mirada profunda, orejas redondeadas y un curioso peinado corte afro que, sin embargo, le sentaba bien y, viéndolo en conjunto, resultaba ser un joven bastante apuesto.

Sus rasgos rebelaban su origen; no cabía duda, aquel sujeto era un octariano, ¿pero quién era? ¿Acaso le conocía? ¿Quién le había mandado? Se acercó hacia él y, cuando hubieron hecho contacto visual, el joven apoyó el cartel en el suelo, le dedicó una coqueta sonrisa y le tendió la mano.

- ¿Susy?

- Sí, soy yo. ¿Y tú eres?

- Emiliano.

- Emiliano...

- Sí, Emiliano.

- Emiliano el Octariano... - El aludido río jocosamente.

- Sí, me lo dicen a menudo. Todo inkling que conozco, no pierde la oportunidad de hacer el mismo chiste.

- Perdón...

- No hay problema, no me molesta. Ese tipo de tonterías hay que tomárselas con soda, sino te vuelves loco.

- Bueno, me alegra que te lo tomes a bien y dime... ¿Realmente me esperas a mí?

- Habías dicho que eras Susy, ¿no?

- Sí, pero...

- ¿Y entonces?

- Pero esperaba ver... - Hizo una pausa para observar los alrededores, suspirando desanimada al no encontrar lo que buscaba - A alguien más...

- Susy - comentó con suspicacia - La Familia ha estado muy preocupada por ti y te han echado de menos.

- ¿De verdad? - Preguntó con falsa intriga - Bueno, entonces vamos, me gustaría volver a verlos.

Y salieron del aeropuerto, abordando un lujoso deportivo de color negro, Emiliano al volante y ella, en el asiento trasero. Permanecieron en silencio por unos minutos, hasta abandonar las inmediaciones del complejo.

- ¿Entonces...? - Rompió el hielo, Susy - ¿Eres parte de La Familia?

- Así es, desde hace un año, aunque hace mucho tiempo que mantengo contacto con ellos..

- No sabía que había Octarianos entre los miembros.

- Y pero es lógico, en los últimos tiempos, las leyes migratorias se han relajado bastante, muchos hermanos cruzaron la frontera en busca de un futuro mejor. Aumentando en importancia el peso de los octarianos en la sociedad inkling, estos comenzaron a ocupar espacios que antaño les estaban vedados.

- Y estos espacios incluyen La Familia.

- Correcto.

- Había escuchado de la gran ola migratoria, sí... ¿Hace mucho que vives en Cromopolis?

- ¿Yo? Sí, casi toda una vida. Dejé la madre patria cuando tenía 5 años y vine a vivir aquí con mi familia - Susy le observó intrigada.

- ¿Cuántos años tienes?

- Dieciocho.

- Pero entonces...

- Sé lo que vas a decir y sí, es así, inmigré en tiempos de fronteras cerradas.

- ¿Entonces eres un ilegal?

- No, ya regularicé mi situación.

- Y supongo que La Familia te ayudó a entrar.

- Así es, en más de una ocasión.

- No te entiendo.

- Mis padres me mandaron unos años de regreso a Distrito Pulpo, con mis abuelos.

- No me digas.

- Sí, una tontería en mi opinión, decían que necesitaba ser educado en la moral octariana, que el sistema educativo de Cromopolis pervertía a los niños y cosas por el estilo. Así que La Familia me ayudó a regresar a la madre patria y volver a Cromopolis por segunda vez.

- ¿Y se lo podían permitir tus padres ese servicio?

- Más o menos... No quiero hablar mucho de eso.

- Entiendo... - Susy no se atrevió a rebelar lo que pensaba, pero conocía los riesgos asociados a no poder pagar los servicios prestados por tan ignominiosa organización. Seguramente les habían ofrecido un crédito bajo condiciones usurarias para poder pagar los "honorarios" adeudados y luego los intereses habrían empezado a aumentar, poco a poco, mes a mes, cuando el pago de las cuotas no llegase en tiempo y forma; intereses sobre intereses correrían, creciendo como una bola de nieve, hasta que el peso de la deuda fuese demasiado oneroso como para afrontarlo y, para cuando quisiesen darse cuenta, La Familia los tendría en sus manos.

- Igual, La Familia tiene sus cosas buenas. - Acotó Emiliano, como si fuese capaz de leerle el pensamiento y hubiera decidido retrucarle.

- ¿Sí, en qué sentido?

- Paga muy bien y además... - Le observó a través del espejo retrovisor, le dirigió una cálida sonrisa y prosiguió - Me ha permitido conocer a tan bella señorita - Y le giñó el ojo. Susy desvió la mirada hacia la ventana, incómoda anta tal acto de cortejo barato.

- ¿Quién te envía? - Cuestionó de pronto.

- ¿Eh? - Se sorprendió el octariano - La Familia, ya te dije.

- No, me refiero a quién de los jefes te ha mandado, quiero nombres.

- ¿Por qué lo quieres saber?

- Es que esperaba ser recibida por alguien diferente.

- ¿Ah, sí? - Comentó levemente molesto - ¿Eres octofóbica que te molesta ser escoltada por un octariano?

- No digas tonterías, no soy octofóbica. Es que esperaba ser recibida por...

- ¿Por quién?

- Por alguien... alguien especial. - Calló abruptamente, sumida en un profundo pesar. Dos años habían pasado desde que partió al exilio y, durante la mayor parte de ese tiempo, mantuvo contacto con aquella persona a la que tanto ansiaba ver, tomando las debidas precauciones para evitar llamar la atención de las autoridades y no revelar su ubicación, esto gracias a un intrincado sistema de correo.

No obstante, seis meses atrás, las cartas simplemente dejaron de llegar y, sin importar cuantos mensajes enviase, estos nunca tenían respuesta. ¿Qué había pasado? ¿A qué se debía tan abrupto silencio? ¿Se habría cansado de ella? ¿Habría conocido a alguien más? ¿O le habría pasado algo malo? ¿Algún incidente? ¿Un tiroteo con la policía? ¿Con una banda rival? ¿Un choque automovilístico? Estas y mil preguntas más se debatían en lo profundo de su mente, mientras trabajaba; realizaba las compras; desayunaba, almorzaba, merendaba y cenaba, para finalmente yacer entre sabanas, donde la incertidumbre que aquejaba su espíritu le impedía conciliar el sueño hasta que, el padre Morfeo le vencía por cansancio, bien entrada la noche.

Y fue durante una de esas largas noches de vigilia que su teléfono sonó.

- ¿Hola?

- Hola, Susy, ¿Cómo estás? - Se incorporó de súbito en su cama, pues aquella voz no era de quién hubiese deseado que fuera, mas era de alguien conocido y con quién no había entablado conversación en mucho tiempo.

- ¿Romy? ¿Eres tú?

- Ay, qué dulce, recuerdas mi voz, eso me llega al corazón.

- ¿Qué quieres?

- Hace un par de días recibí un mensaje de tu antigua mentora.

- ¿Quién?

- ¿Cómo? No me digas que la has olvidado, tentáculos blancos, un kimono.

- La jefecita...

- Correcto, así es como le llamabas. ¿No? Bueno, ella me contó novedades de tu caso, los verdes te buscaban insistentemente; pero al final, la investigación se estancó y archivaron tu expediente a la espera de novedades. Ya sabes, para que no ocupe espacio al divino botón sobre el escritorio de algún jefe.

- Ajá...

- Bueno, resulta que hace unos días hicieron limpieza, mandaron expedientes viejos, de hace décadas, al gran depósito y, en el movimiento, entre tantas manipulaciones, idas y venidas, parece que hubo un error y extraviaron el que contenía tu caso.

- ¿Qué?

- Sí, parece mentira, pero son cosas que pueden pasar, viste que errar es molusco.

- Entiendo, ¿pero qué quieres de mí?

- Creo que ha llegado el momento de que visites a tu familia, ¿no lo crees? Se te extraña, Susy. Yo te extraño, D te extraña, aunque no lo demuestre, Capitán Alan... Bueno, la verdad que él no te extraña demasiado, pero sus sentimientos no le importan a nadie.

- Ya veo...

- Tienes dinero ahorrado, ¿no?

- Sí, algo.

- Bueno, cómprate un pasaje de avión para volver a Cromopolis, No te preocupes, cuidaremos de ti. Habrá alguien que te estará esperando en el Aeropuerto. - El corazón de Susy dio un brinco, tartamudeo un poco al intentar articular palabra, producto de la emoción. ¿Podría ser que quien le esperase en el Aeropuerto fuese él? - Aguardamos tu venida. - Prosiguió Romy, sin esperar a que la anonadada inkling se recuperase del shock - No te preocupes en avisarnos en que vuelo viajarás, tenemos nuestros métodos para averiguarlo. Revisa bien tus datos a la hora de comprar los pasajes. Adiós. - Y cortó.

Susy no tuvo oportunidad de preguntarle por la identidad de quién le esperaría, mas la esperanza sobreviviría hasta el final. Compró los pasajes con la misma falsa identidad con la que había escapado de Cromopolis dos años antes, como indirectamente Romy se lo había indicado.

Entonces llegó el ansiado día, abordó el vuelo 301 rumbo a Cromopolis, solo para que sus esperanzas fuesen destrozadas tiempo después...

Melancólica, observaba las casas pasar, en voraz desfile, desde su ventanilla, mientras el silencio se extendía a lo largo y a lo ancho del automóvil, únicamente interrumpido por el monótono ronronear del motor.

Emiliano, solo parcialmente atento al tránsito, percibió el repentino cambio que había experimentado su acompañante; de fervorosa interrogadora a decaída taciturna y él creía adivinar el motivo subyacente de tal radical cambio de ánimos, sus palabras finales la delataban, incluso ante el más despistado de los pulpos y él, por supuesto, no lo era.

La observó disimuladamente a través del espejo retrovisor, ¿Cuántos años tendría? Como mucho, su edad, no más, aún rebosante de plena juventud, llena de vida. Menudo desperdicio, tirar a la basura los mejores años de su vida para dedicarse a mendigar por los afectos de una singular persona, habiendo tantas en el mundo con las cuales compartir el dulce manjar del infantil Eros.

Pero allá ella, si quería proceder de tan irracional manera, que siguiera su camino, mientras él se mantendría por el suyo, sin realizar promesas que no se pueden cumplir.

- Escucha, Susy - Dijo, quebrando el silencio imperante - No estoy autorizado para decirte quién me envía, pero es alguien importante, más no te puedo decir. Pronto averiguarás de quién se trata.

- Ya puedo imaginármelo, igual. - Respondió secamente.

No volvieron a cruzar palabras desde entonces, el viaje prosiguió su curso, hasta llegar a destino, el lujoso hotel Spa Cala Bacalao, donde antaño se realizaron incontables combates y ahora los cabecillas de La Familia residían.

Descendieron por la rampa que lleva al estacionamiento subterráneo, aparcaron tras encontrar un espacio disponible y subieron en el ascensor, rumbo a los pisos superiores, donde se encontraban las habitaciones más lujosas, reservadas para miembros de La Familia. Caminaron por el alfombrado pasillo, cruzándose con distintos inklings armados, compañeros de organización, obviamente, hasta llegar a una puerta vigilada por un guardia de expresión adusta.

- Traigo a quién me mandaron a buscar. - Pronunció Emiliano, a lo que el guardia, como toda respuesta, simplemente ingresó a la habitación que vigilaba, para salir a los pocos segundos y desinteresadamente mencionar:

- Que pase, tú esperas aquí.

- Ya le escuchaste, pasa. - le dijo Emiliano a la aludida y esta obedeció...

La habitación era tal cual la recordaba, los mismos muebles, los mismos decorados; al fondo, frente a ella, el mismo gran ventanal tras del cual se proyectaba Cromopolis en toda su majestuosidad y, delante de este, los acostumbrados sillones separados por una mesa ratona.

Sentada en uno de ellos, se encontraba la bella inkling que le aguardaba; poco había cambiado en estos dos años, por no decir nada; conservaba la piel tersa propia de la juventud, el cautivante rostro, perdición de tantos hombres, sobre el cual descansaban aquella pícara sonrisa que no podía augurar nada bueno y los profundos ojos que, contrario a lo que cabría esperar, no lograban rebelar la pérfida alma que tras ellos se ocultaba, sino hasta que fuese demasiado tarde.

- Hola, Susy. Gusto en volver a verte. Ven, toma asiento, ponte cómoda. - Y la mencionada se sentó - ¿Cómo estuvo el viaje?

- Para la mierda, ¿Cómo va a estar?

- Vaya, te has vuelto bastante arisca, debo admitir.

- Es lo que tiene vivir en el exilio, Romy. - Sacó a medias, de su bolsillo, un paquete de diez - ¿Te importa si fumo?

Romy alzó las cejas, mostrando una leve sorpresa, mas realizó un ademán en señal de permiso. Susy, entonces, retiró del todo el mencionado paquete y un encendedor. Colocó uno de los cigarrillos en su boca, acercó el encendedor y, unos segundos después, el humo se expandía por toda la habitación.

- Vos no fumabas, Susy.

- Un pequeño habito que desarrollé en mis días fuera de Cromopolis, cuando me encontraba alejada de todos aquellos a los que he conocido y amado.

- Ay, que tierna, Susy, gracias.

- No me refería a ti, Romy. En todo caso, me ayuda a reducir el estrés.

- Ya veo... ¿Cómo hiciste para solventar tus gastos?

- Encontré la manera. - Romy puso una mueca de profundo terror.

- ¡Te prostituiste! - Y Susy, por supuesto, se atragantó con el humo de su cigarro.

- ¡¿Qué?! - Exclamó entre tosidos - ¡No!

- ¡No mientas, se te nota! ¡Te vas dos años al exilio y vuelves hecha una malhablada, una fumadora compulsiva y una ramera!

- ¡Romy! ¡¿Quieres que te diga que no ha cambiado en estos dos años?! ¡Tú increíble capacidad para inflamarme los ovarios! No sé cómo lo haces, te sale natural, yo estoy tranquila, en mis cosas y, de pronto, venís vos y mis ovarios se inflan y se inflan de una manera... ¡Así me los dejas! - Mostró sus brazos ampliamente extendidos - ¿Sabes qué? ¡No me jodas más! ¡No me prostituí, trabajé de mesera en un restaurante!

- ¿Segura que no fue en un puticlub?

- ¡¿La podes cortar?!

- Bueno, bueno, tranquila, solo era una broma.

- No estoy de humor para tus bromas.

- ¿Y a qué se debe tu mal humor?

- ¿Por qué mandaste a ese Octariano a buscarme?

- ¿Te refieres a Emiliano el Octariano? - Susy no pudo evitar sonreír.

- Yo también le llamé así.

- Sí, me imaginé, a todos nos pasa. Los padres no pensaron bien el nombre.

- A lo mejor en su idioma suena mejor.

- Sí, puede ser.

- Bueno, ¿por qué lo mandaste a él?

- Quería que se conocieran, trabajarán juntos a partir de ahora.

- ¿Cómo que juntos? Perdóname, Romy, pero yo estoy con Santiago.

- Ay, que romántica que sos, Susy, dos años han pasado y aun sigues pensando en él.

- Romy, no te vayas por las ramas.

- Relájate, tu novio también trabajará contigo, los tres juntos.

- De todos modos, aun no entiendo porque no enviaste a Santi a buscarme. A Emiliano me lo podrías haber presentado después.

- Para no tener que desinfectar el coche. - Susy tardó unos segundos en responder, intentando descifrar a que se refería la mafiosa.

- ¿Qué? - Fue todo lo que pudo decir.

- Dos adolescentes con las hormonas a mil, que se atraen mutuamente, sin verse desde hace dos años... Susy, era obvio que se iban a revolcar en nuestro coche. Después íbamos a tener que desinfectarlo, solo para que D, de todas formas, nos ordenase prenderlo fuego por si las dudas.

- ¿D ordenaría prenderlo fuego?

- Y enterrar las cenizas.

- Romy, todo lo que me cuentas no tiene el menor sentido. Quiero me digas la verdad o, si no, me voy.

- Está bien, ya paro.

- Bien. Entonces, ¿Por qué no mandaste a Santi a buscarme? Hace dos años que no lo veo y ahora debo esperar un poco más.

- Es que está preso. - Susy retiró, con la mano temblorosa, el cigarrillo de entre sus labios.

- ¿Cómo que está preso?

- Lo arrestaron, lo declararon culpable.

- ¿Vos me lo decís en serio?

- Relájate, no es nada grave, un delito menor, le dio una paliza a un flaco que lo hizo enojar. Ni siquiera lo mató, solo lo mandó al hospital.

- ¿Y La Familia no lo ayudó a salir?

- En aquel entonces, nos servía más estando preso, él tenía trabajo que hacer ahí.

- ¿Qué trabajo?

- Trabajo de vital importancia para La Familia, no hace falta aclarar más.

- ¿En la prisión?

- En la prisión... Pero relájate, Susy, lo cuidamos bien, además no es ningún bebé de pecho, se sabe defender. Deberías estarnos agradecida.

- ¿Agradecida por qué?

- Ya sabes, por tener a tu novio tras las rejas, lejos de inklings desvergonzadas y libidinosas y de Octarianas un poco más vergonzosas, pero igual de libidinosas. - Susy guardó silencio - ¡Oh! Tranquila, sé lo que estás pensado, pero Santiago es bien macho y no ha sucumbido al impulso de revolcarse con otro presidiario ante la escasez de hembras que aqueja a las instalaciones carcelarias.

- ¡No estaba pensado eso! - Respondió con ligero rubor.

- No, claro que no, ¿por qué lo harías? - Susy simplemente suspiró como toda respuesta.

- ¿Y cuánto tiempo estará adentro?

- Ah, esa es la parte divertida.

- ¿Qué quieres decir?

- En cuanto a tu ex mentora me contó las novedades de tu caso, moví algunos hilos en la justicia, al tiempo que despedí al abogado de tercera que le representaba y le conseguí uno mejor.

- ¿Y?

- Y logré que el juez de apelaciones diera lugar a un cambio de condena, en vez de dos años de prisión efectiva, tendrá dos años de prisión en suspenso.

- ¿Quieres decir que lo van a soltar?

- Mañana lo largan.

- Romy... Gra-gracias.

- De gracias nada, no les hago esto como un favor. - Y cambió a una expresión más amenazante - Te recuerdo que tú y tu noviecito están en deuda conmigo, eso significa que responden ante mí por encima de todo. ¿Entendido?

- Entendido.

- Bien, porque tengo trabajo para ustedes y ya bastante mal me la han hecho pasar.

- ¿Qué quieres decir?

- Susy, es bien conocida tu compasión ante los inmigrantes y, vaya casualidad, tu ex mentora, esa mal nacida de Tina, contra todo pronóstico, empezó a usar sus influencias para que flexibilizaran las leyes migratorias.

- ¡Oh!

- Sí, ¡Oh! -Respondió con sorna, Romy. - Ella fue una pieza fundamental en toda esa política migratoria progre y, por ende, en las pérdidas experimentadas en nuestro negocio de tráfico de personas... ¿Y sabes que es lo peor?

- ¿Qué?

- Que yo soy en parte responsable, estoy segurísima.

- No entiendo, Romy.

- Mira, Susy, cuando me reuní con Tina para conversar sobre como liberarte. Ella estaba destrozada al saber que quizás no volvería a verte y no tuve mejor idea que decirle que trabajara por cumplir tu sueño... Quedé mal parada frent perdí influencia en La Familia y saber que fue mi culpa solo lo hace peor.

- Pero Romy, D no puede saber que vos le dijiste eso a la jefecita.

- Pero sí sabe de tus ideales de integración y sabe que Tina tiene un gran afecto por ti. Luego ve que vos te vas y, justo después de eso, esa canosa comienza a pelear por abrirles las fronteras a los pulpos, cuando hasta entonces nunca había mostrado simpatía por ellos. Dos más dos es cuatro, Susy y yo fui la responsable de que debieses partir al exilio, porque yo tuve la idea de hacerte miembro de La Familia, D nunca estuvo muy convencido. Quedé como la gran culpable de que uno nuestros negocios más rentables se viese fuertemente afectado.

- Ay, Romy.

- Muy debilitada quedé... ¡La peor parte es que, desde entonces, D no me ha vuelto a poner un dedo encima!

- ¿Pero eso no es bueno?

- ¡No tarada, estoy hablando de sexo!

- ¡Romy!

- D es todo un macho alfa y desde que perdí su gracia, no me ha vuelto a complacer. Para colmo, el hijo de su madre tampoco permite que otros hombres me toquen.

- ¿De verdad?

- Y sí, yo soy su mujer, él no permitiría jamás que otro flaco me tocara, pero no se digna a hacerme el amor como castigo, el muy maldito… ¡Estoy muy necesitada, Susy! - La susodicha solo deseaba escapar lo antes posible de aquella situación tan incómoda.

- Tran... Tran... Tranquila, Romy, los dioses proveerán.

- ¡Consoladores me proveerán! ¡Que me hacen mucha falta!

Susy respiró profundo, esta situación no le gustaba nada en absoluto, debía cambiar de tema cuanto antes.

- ¿Qué trabajo tienes para nosotros?

- ¿Cómo?

- ¿Qué que trabajo tienes para nosotros? Mencionaste que lo tenías.

- ¡Ah, sí! - Se puso de pie y se dirigió hacia el ventanal que tenía detrás, a fin de contemplar la ciudad.

- Cromopolis ha cambiado mucho en estos tiempos, los octarianos se integran a nuestra sociedad, surgen nuevas modas, nuevos estilos de combate, viejos negocios mueren y otros nuevos nacen. Las organizaciones también cambian, buscando adaptarse a la nueva realidad o morir en el intento. La Familia no se queda atrás ni, tampoco, sus enemigos.

- ¿Con enemigos te refieres al Escuadrón Branquias?

- Que perspicaz, Susy, tenemos otros enemigos pero tú te enfocas en ellos.

- Llámalo una corazonada.

- Está bien, en todo caso tienes razón, hablo del Escuadrón Branquias, el cual cambió. Al principio, tu partida los debilitó, eso hubiese sido bueno para nosotros, de no ser por el comportamiento progre de Tina, como ya te expliqué, eso hizo que su debilidad nos fuese irrelevante, pues en las cuestiones internas, ellos no se meten.

- Sí, eso ya lo sé. ¿Pero en qué sentido se debilitó?

- La relación entre Bebu y Tina se deterioró hasta niveles cercanos al punto de no retorno. En un grupo tan pequeño, eso es malo para su normal desenvolvimiento.

- Claro, no me extraña que la jefecita odie a la Agente 3, después de lo que me hizo.

- Así es. Pero a Bebu tampoco le hizo bien tu partida, no sé si se arrepintió de haberte llevado ante las autoridades o si se sentía culpable de que vos acabaras tan mal, en todo caso decidió dejar todo atrás.

- ¿Renunció?

- No, se fue lejos de Cromopolis, a tierras Octarianas, junto con el Capitán Jibión, poco después de que partieras y no regresaron sino hasta hace unos días y con una sorpresa que nadie hubiese esperado.

- ¿Qué sorpresa?

- Hubo un pequeño incidente en las aguas cercanas a la costa este de Cromopolis, no sabemos bien qué, pero fue una gran conmoción y, tras esta, Bebu y el Capitán volvieron a la ciudad.

- Interesante.

- Y no lo hicieron solos, trajeron a alguien más, parece que es un nuevo miembro, encontraron quien te reemplazara.

- Me trae sin cuidado, el Escuadrón es vida pasada para mí.

- Sí, me imagino, pero lo interesante es que tu reemplazo es una octoling. - Susy se reincorporó de un salto ante tal revelación.

- ¡¿Una octoling?! ¡Imposible!

- Te digo que es así.

- Bueno, habrá otra explicación.

- No lo creo, nuestras fuentes dicen que su nombre en clave es "Agente 8" y últimamente se la ha visto acompañada de Bebu.

- ¿La Agente 3 la acompaña? ¡Pero si es una octofóbica recalcitrante!

- Sí, bueno, lo será pero andan juntas.

- Que raro.

- Bastante y es ahí donde entran vos, tu novio y Emiliano.

- ¿Qué quieres que hagamos?

- Quiero saber más de esta nueva agente, por qué es parte del Escuadrón, es posible que se vuelva una amenaza.

- Y quieres que nosotros la sigamos.

- Mañana, tú y Emiliano irán a buscar a tu novio a prisión, luego se dirigirán a un local ubicado frente a la estación próxima a Inkopolis Square, Emiliano conoce el lugar. Allí establecerán una cafetería, les servirá de tapadera, mantengan un perfil bajo, en principio solo vigílenla a la distancia, vean que hace, donde vive, no entablen contacto con ella de momento. Cuando consideres tener datos suficientes, pásamelos y te daré nuevas instrucciones.

- Que Santi me acompañe, lo entiendo. ¿Pero por qué Emiliano?

- Él es Octariano, puede ser de utilidad en algún momento para tratar con esta Agente 8.

- Ya veo, ¿y qué debo saber sobre la tapadera que has armado para nosotros?

- Santi y vos pueden comportarse como novios, no me molesta. Emiliano será un amigo suyo y los tres oficiarán de socios dispuestos a abrir un negocio.

- Entiendo.

- Túrnense para vigilarla, tú estarás a cargo de la logística, Susy, te hago responsable del éxito de este trabajo.

- No hay problema.

- Puedes usar tu verdadera identidad, total ya nadie te busca y no lo volverán a hacer, pero mantente por debajo del radar, no llames mucho la atención.

- Descuida.

- Te lo aclaro, por las dudas, vos estás muerta, ¿entendido? No volverás a tu antiguo barrio, no visitarás ni a tu familia ni amigos y, de momento, evita que nadie del Escuadrón sepa de ti, podrían arruinar el éxito de vuestro trabajo.

Susy no dijo nada, permaneció inmóvil por unos segundos, dándose cuenta de que volver del exilio no implicaba regresar a su antigua vida, de que había traspasado un punto de no retorno y que ya no podría volver. De su antiguo ser poco le quedaba ya; ni padres, ni hermanos, ni amigos, mucho menos, Escuadrón; solo La Familia, atrapada por siempre en su telaraña, las órdenes de Romy para obedecer y únicamente Santiago, su pareja, en quien poder creer.

Asintió tras asimilarlo y Romy sonrió, satisfecha.

- Bien, eso es todo. - Dijo - Ahora vete, descansa. Mañana tienes mucho que hacer.

- Muy bien, Romy, nos vemos, adiós - Contempló por última vez la ciudad de los padres que se extendía tras el amplio ventanal. Luego dio media vuelta y se retiró.

CONTINUARÁ…