REUNIÓN DE NEGOCIOS

1


Oscura, la noche. Su negruzco manto extendiase por los alrededores, cubriendo todo a su paso; y en el centro, resistiendo, una tenue fogata; que, con su débil pero constante chisporroteo, alumbraba a penas lo que tenía a su alcance: Una inkling, una octariana y, detrás de ellas, la cabaña del Escuadrón Branquias.

- De modo que vas a reunirte con Romy...

- Es posible, falta que me confirmen, pero no tengo dudas de que ella acepte.

- Yo tampoco lo dudo, Octo. Eso es lo que me preocupa, ella está interesada en tí.

- Bebu, tranquila, me cuidaré. Puedes confiar en mí, soy una soldado experimentada.

- Confío en tí, por eso te dejo seguir con este plan que tienes en mente, aunque no esté de acuerdo. Sin embargo, no te confíes. Romy es más astuta de lo que te puedas imaginar, no está en el lugar que está por ser una bebé de pecho.

- Lo sé, no te preocupes. Estaré alerta.

- Bien, hazlo. De todos modos, si necesitas que te dé cobertura...

- No, de ninguna manera. Bebu. Ellos podrían reconocerte y, si ocurriera, las cosas podrían ponerse feas.

- Más feas se pueden poner si vas sola. Mira, no digo de estar al lado tuyo; sino observarte desde la distancia. Te aseguro que me sé esconder.

- No me convences, Bebu, ellos saben quién eres, lo mismo puedo decir de las Agentes 1 y 2. Al menos que conozcas a alguien que pueda mantener un bajo perfil, creo que lo mejor es que haga esto yo sola. Te mantendré en contacto, te lo prometo.

La inkling no le respondió, suspiró profundo y contempló el fuego, que se alzaba crepitante hacia el oscuro cielo.

Octo le observaba inamovible, mientras que, por sus adentros, se debatía incesantemente. Había algo que deseaba preguntar, mas no se animaba; temerosa de que tal interrogante inflara los ánimos de su compañera.

No obstante, la curiosidad pudo más y eligiendo las palabras que estimase más correctas, le preguntó sin vacilar:

- ¿Es verdad que te opones a la política de fronteras abiertas?

Bebu, repentinamente, salió del transe en que se encontraba y, con mirada incisiva, replanteó:

- ¿A qué viene esa pregunta?

- Es solo una simple pregunta, Bebu.

- Sí, ¿pero por qué tan de repente?

- Me contaron que pensabas eso.

- Sí, seguro que te contaron y ya sé quién te contó, no me extraña. Lo que no entiendo es porque me lo preguntas. Si yo ya te había hablado de esto..

- No, Bebu. Vos me dijiste que arrestaste a la Agente 4 por ayudar a octarianos a entrar ilegalmente a Cromopolis. Ahora, tratar de evitar que entren por la puerta de atrás es una cosa y oponerse a qué ninguno de ellos pueda inmigrar es otra muy distinta.

- Sí bueno... Es verdad, yo no estoy de acuerdo con que se hayan relajado las leyes migratorias.

- ¿Por qué?

- Porque eso aumenta el riesgo de que se infiltren espías.

- Espías pueden entrar por los mismos canales que el resto de los ilegales.

- Podríamos controlarlo.

- ¿De verdad? ¿Cuál era su porcentaje de éxito en detener la inmigración ilegal?

- Bueno...

- ¿Si?

- Perfecto, no.

- Claro y, posiblemente, los espías tengan un poco más de recursos que el inmigrante promedio, así que, muy probablemente, ingresen de todas maneras, aún estando las fronteras cerradas. - La Octariana tomó un respiro y prosiguió - Perdóname, Bebu, pero yo no entiendo.

- ¿Qué no entendés?

- No entiendo cómo puedes abogar por un sistema de fronteras cerradas, supuestamente para que no entren espías que, de cualquier modo, entrarían igual. ¿No es mejor un sistema de fronteras abiertas? Así, al menos, los que inmigraran estarían en una situación menos vulnerable. Además, ¿no te parece contradictorio que desconfíes en el control que pueda hacer migraciones pero, al mismo tiempo, tengas plena seguridad en la capacidad del Escuadrón y de otras fuerzas?

- Sí, bueno... - La Agente 3 titubeaba, visiblemente incómoda - Igual me parece que lo de ahora es irse al otro extremo. Creo que se flexibilizaron demasiado las políticas. Tendrían que haber más controles. Es demasiado fácil obtener el visado.

- ¿Y cuando no sería demasiado fácil? ¿Quizás cuando ya prácticamente no pueda ingresar nadie?

- Mira, se puede discutir, pero ahora me parece muy fácil. Para mí, hay que pensar un poco más en la seguridad de Cromopolis.

Al escuchar esas últimas palabras, Octo se sintió herida. Sabía que plantear está discusión con su amiga podía llevar a una situación áspera. Sin embargo, habiase mentalizado para no tomarlo personal; mas aquello último realmente le afectó y así, con el ánimo compungido, soltó las siguientes palabras:

- Entonces, yo no soy parte de Cromopolis.

- ¡¿Pero que dices?!

- Dijiste que hay que pensar en la seguridad de Cromopolis. Pareciera que eso implica que nosotros, los Octarianos, no fueramos parte de la misma, sino meros agentes externos que suponen un riesgo.

- ¡No es así! ¡Yo no creo que todos los octarianos sean un peligro! ¡Solo su Estado!

- Decís que el peligro es el Estado Octariano, pero al final todo lo que te parece bien nos perjudica a nosotros, los inmigrantes, simples personas de a pie. Si hubiera más restricciones para obtener el visado, quizás yo no podría vivir en Cromopolis o bien tendría que estar como ilegal y eso me pondría en una situación muy vulnerable.

- Vos no sos como el resto de los octarianos - Dijo la inkling, con seriedad.

- Soy exactamente igual a cualquier otro octariano que viva en Cromopolis. - Respondió, tajante, la Octoling - Al final, tu idea de una mayor seguridad nacional nos excluye a todos, como si no fueramos parte de Cromopolis. No asocias nuestro bienestar como un bienestar para Cromopolis.

Bebu la miro seriamente, con bronca acumulada.

- Está bien Octo, que querés que te diga... Es así...

Y dicho esto, se dió media vuelta, tomó un par de piedritas que había en el suelo y comenzó a jugar con ellas. Se produjo un lángido silencio, que aparentaba ser eterno.

- ¿Qué te pasa? - Preguntó, Finalmente, Octo.

- Nada me pasa.

- Bebu, ¿que te pasa?

- Agente 3, cuando estoy de servicio.

Octo suspiró profundamente.

- Agente 3, ¿qué te pasa?

- Nada me pasa, estoy bien. Total, yo sabía que esto iba a terminar así.

- ¿Así cómo?

- Así, con vos odiandome. Pero está bien, Octo. No te preocupes, es normal. Después de todo, solo soy la indeseable y octofóbica Agente 3; el azote de los octarianos...

Dicho esto, el mortal silencio hizose otra vez presente. La octoling, simplemente, procedíó a acercase más a su compañera, quien seguía dándole la espalda, hasta el punto que cada una podía sentir la respiración de la otra.

- Bebu, yo no te odio... Pero cuando crea que tenés un pensamiento equivocado, te lo voy a decir y cuando sienta que tus ideas me ofenden, también te lo haré saber. - La joven calamar seguía enfocada en el par de piedritas, fingiendo no escucharla. - Pero aunque tengas ideas que no me parezcan, igual te voy a seguir queriendo. ¿Sabes por qué? Porque sos una gran amiga, te quiero incluso con tus defectos.

Bebu, en ese momento, detuvo su incesante interés para con aquellas piedritas y, aún sin dirigirle la mirada a su compañera, le dijo:

- Octo... Vos, para mí, también sos una gran amiga... Perdón si te he ofendido, no era mi intención. No puedo prometerte cambiar de idea, pero al menos te prometo que voy a meditar todo lo que me has dicho... No quiero que esta amistad que tenemos se marchite, para mí, no sos una octariana más.

La mencionada le sonrió.

- Gracias, Bebu. - Y acto seguido le dió un beso en la mejilla, tomándola por sorpresa. - Quédate tranquila, que entre nosotras está todo bien... Bueno, creo que ya debería irme. Se está haciendo muy tarde - Procedíó a levantarse. - Luego te contaré que onda respecto a Romy,

- Sí, por favor - Le respondió, todavía en shock, evitando mirarla a los ojos - Manteneme al tanto.

- Lo haré - Sonrió la Octoling y, tras despedirse, regreso a Cromopolis.

Y quiso la Agente 3 poder relajarse, disfrutar de aquella soledad para permitirse pensar. Mas quiso el destino que aquello no pudiera ser, pues al poco rato de que Octo hubiese partido, una voz se hizo presente de entre las sombras.

- Bueno, la verdad que eso fue toda una sorpresa digna de ver. La orgullosa Agente 3, quién se hace llamar "El azote de los Octarianos", dominada por una joven Octoling. Seguramente eso te ha herido el orgullo.

La nombrada suspiró con hastío, pusose de pie y encaró al origen de aquella inoportuna voz.

- Agente 2, ¿qué estás haciendo aquí?

- Es la cabaña del Escuadrón Branquias, tres. Suelo pasar el rato aquí.

- Escondida, dentro de la cabaña, espiandonos.

- Ni tampoco tanto, me había quedado dormida. No es mi culpa que ustedes no revisaran y sus voces me despertaron, no pretendía oír su conversación - La Agente 3 no le respondió, simplemente le observaba con sospecha. - Puedes no creerme si no quieres, me trae sin cuidado. De todos modos, tres, no pude evitar escuchar que Ocho mencionó a Romy... ¿Es que planeas llevar a otra agente a la perdición?

- Octo padece amnesia, tiene la esperanza de que La Familia le ayude a encontrar a algún familiar o amigo de su anterior vida.

- Mira vos, que interesante. Claro, si fuera yo, le aconsejaría ir con un profesional. Pero obvio, supongo que a vos, eso, mucho no te importa, solo otra agente más expuesta a un peligro innecesario, que más da.

- ¡Andate a la mierda, Tina! ¡¿Te pensas que yo quiero que haga semejante empresa, que no la he intentado convencer?! ¡Pero Octo está decidida, no va a desistir! ¡¿Qué más puedo hacer?!, ¡Todo lo que me queda es acompañarla, que sepa que yo estoy ahí por si necesita ayuda!

- Excelente, me parece perfecto, que bueno que hayas aprendido a dar apoyo a otros agentes, a preocuparte por ellos. Lástima que lo aprendiste un poco tarde. Ojalá lo hubieras sabido para con la Agente 4. ¿Te acuerdas de 4, Agente 3? - Y a continuación, su voz empezó a entrecortarse, al borde del llanto, mientras la angustia le oprimía la garganta - Yo sí la recuerdo, ¡¿sabes?! No hay día en que no piense en ella... Era como una hija para mí... - Guardó un breve silencio, las lágrimas comenzaban a deslizarse silenciosas por sus mejillas. - Y ahora, nunca más la volveré a ver, ¡todo por tu culpa!

No dijo nada más, no quería. La tristreza era tan inmensa y la furia hacia aquella inkling tan grande, que no deseaba seguir hablando ni un segundo más con ella. En su lugar, prefirió sentarse y posando el rostro en las palmas, se lamentó en silencio, a lo sumo, solo perturbado por su intensa respiración.

La agente 3 le observó apenada y con voz tranquila, le dijo:

- Tendría que haber obrado distinto en el pasado, realmente lamento que las cosas hayan terminado así... Pero Tina, hay algo importante que debo contarte, algo que debes saber...

2


En ese mismo momento, en Cromopolis, un decidido tren dirigíase hacia el centro y, en su interior, en un vagón casi vacío, una joven inkling observaba pensativa desde la ventana.

Las brillantes luciérnagas que alumbraban la gran metrópolis sucedianse unas otras en procesión fugaz mientras la serpiente metálica avanzaba incansable hacia su destino.

Y obsevando aquel espectáculo citadino, la jóven recordaba, ¿qué recordaba? Recordaba la conversión que había mantenido, no hace mucho, con aquella pérfida mujer...

[FLASHBACK]

- ¿Quiere una reunión conmigo? - Preguntó Romy.

- Sí, así es. Se debe a sus problemas de memoria, cree que La Familia puede ayudarla con eso.

- Bueno, no sé Susy, el seguro médico es solo para nuestros empleados y de todos modos, no tiene buena cobertura en todo lo relacionado con la salud mental.

- ¡Romy! ¡Te estoy hablando en serio!

- Yo también, la verdad que por ahora no estamos contratando nuevo personal.

- ¡Romy!

- Bueno, bueno, tranquila. Ya paro... ¿Has podido averiguar algo más de ella?

- Tiene en muy, pero muy, alta estima a la Agente 3.

- ¿En qué sentido la tiene en alta estima?

- No le importa lo que ella piense o haya pensado sobre los octarianos, la considera una amiga igual.

- Mira vos... - Dijo Romy de modo intrigante - Y quiere una reunión conmigo.

- Sí, por...

- Sí, por su memoria, ya lo sé. Pero quizás podría ser una trampa, yo de Bebu no me fío nada.

- ¿Entonces le digo que no aceptas verla?

- No sé, ¿no hay nada más que hayas averiguado?

- Solo una cosa. Cuando la seguí por última vez para darme a conocer, justo después de separarse de la Agente 3, se dirigió hacia la costa este.

- Dónde ocurrió el incidente...

- Exacto, me costó un poco infiltrarme, había presencia militar, pero utilicé lo que aprendí en el Escuadrón para infiltrarme. - Hizo una breve pausa, esperando las normales interrupciones a las que le tenía acostumbrada su interlocutora, siempre deseosa de dar un comentario impertinente, mas esta vez permaneció callada, escuchando con gran interés. Prosiguió - Bueno, Se dirigió a unas instalaciones mar adentro. No puedo decir con seguridad que eran, parecían un tanto extrañas y terminé en un tren subterráneo.

- ¿Un subterráneo?

- Un subterráneo ubicado a gran profundidad, en el que viajaban criaturas de aspecto demasiado peculiar.

- ¿Cómo peculiar?

- Nada que hubiera visto antes. Encontré a Ocho hablando con una de esas criaturas, una a la que parece apreciar y, por lo que escuché de su conversación, parece ser que realmente le pesa el tener amnesia, como si tuviera cierta crisis de identidad.

- Y de este lugar tan raro, ¿pudiste descubrir algo más?

- No, nada y no pienso volver a allí, ya me arriesgué demasiado la primera vez y, seguro que después de haberme dado a conocer ante Octo, habrán reforzado la vigilancia.

- Sí, tiene sentido, nuestros amigos en el ejército tampoco sueltan nada. Están demasiado nerviosos con todo eso, me extraña sobremanera... Bueno, no tengo más remedio que aceptar la reunión, aún si fuera una treta.

- ¿Lugar y fecha?

- Mañana, en cuanto la veas, traela aquí. Que no tenga tiempo de prepararse.

- Muy bien, perfecto... ¿y con eso ya terminaría la misión que nos has encomendado?

- Sí, por supuesto, luego de la reunión les daré el dinero que les corresponde... Igual, acordate que siempre habrá nuevos trabajos.

- Sí lo sé... - Y esto último, lo dijo con cierto pesar. - ¿Que hacemos con el café?

- Conservenlo como un regalo de mi parte.

[FIN DEL FLASHBACK]

El tren finalmente llegó a su destino y la pensativa inkling descendió de la formación. Sus tranquilas pisadas se escuchaban con gran estruendo al deambular por las solitarias calles de la negra noche, mientras meditaba sobre aquella conversación que había mantenido.

Se lamentaba, ¿realmente? No, no era lamento lo que sentía. Era añoranza. Sí, eso era. Añoraba una vida más tranquila, una vida con familia, amigos, una vida a la que ya no podía volver.

Dueña de un café era ahora, junto con su novio (quizás solamente hasta que La Familia cambiase de idea). Ay, cuanto desearía poder dedicarse exclusivamente al mismo, solo preocuparse de las cuestiones del ciudadano corriente. ¿Pero qué sentido tenía divagar en tales ilusiones? Su suerte ya estaba echada, no había nada que hacer. "Igual, acordate que siempre habrá nuevos trabajos." Eso había dicho Romy, nuevos trabajos. Debería pasar el resto de su vida cumpliendo encargos para aquellas almas deleznables... y lo peor, lo que más le atormentaba, es que ella misma era la única culpable de lo que le pasaba, nadie más.

Llegando a la puerta de su local, buscó en sus bolsillos las llaves para poder entrar al mismo, cuando una voz sorpresiva se hizo presente:

- Susy...

Sonrió, no pareció sobresaltarse. Se giró a fin de confrontar a quien la llamaba

- Me preguntaba cuándo te ibas a hacer presente, Bebu.

- Agente 3 para tí.

- Ay, perdón. Cierto, te gusta que te llamen así cuando estás de servicio. ¿Y a qué has venido, a arrestarme?

- No, vino a mostrarme que era verdad lo de tu regreso.

Esta otra voz si le tomó por sorpresa, solo atinando a decir...

- Jefecita...

- Hola, Agente 4, sí qué has crecido... - Dijo Tina, mientras se acercaba a ella y procedía a darle un abrazo. - Te extrañé tanto.

- Yo... yo... - Balbuceaba, Susy, mientras le correspondía en el afecto. - Yo también te extrañé.

Y así estuvieron, abrazadas, por un tiempo que, hubieran deseado, durase por toda la eternidad, mas todo tiene un final y aquello no fue la excepción, pues pasado un rato, debieron separarse.

- ¿Cuánto hace que has regresado?

- Y, un tiempo ya. Perdona que no te lo hubiera dicho, jefecita. Pero Romy me ordenó que mantuviera el bajo perfil por el momento.

- ¿Entonces es verdad? ¿Sigues con La Familia?

- Jefecita, tu sabes que le debemos un favor...

- Y ese favor es espiar a la Agente 8, ¿verdad? - Interrumpió la Agente 3.

- Sí... Romy está muy interesada en ella, le intriga.

- ¿Cómo es que le intriga?

- No quiero comentar más al respecto, por favor, no me comprometas, tres.

- Agente 4 - Habló Tina - No tienes porqué seguir con ellos. Por favor, ven con nosotras, podemos ayudarte.

La mencionada negó con la cabeza.

- No, ya es tarde para mí, ya no puedo volver.

- Agente 4, por favor. Tenemos los recursos.

- Yo sé que los tienen, Jefecita. Pero ya no puedo, tengo un prontuario, aún si el expediente hubiera desaparecido, aún si ya no me buscasen, con un cargo de Alta Traición no puedo volver. Además, tengo un novio, ¿cómo podría abandonarlo y dejarlo a merced de Romy?

- Susy - Le dijo la Agente 3 - Como bien dices, ya no puedes volver al Escuadrón. No obstante, si vos y tu novio acceden a brindar información sobre La Familia, podría mover influencias para que se les introduzca en un programa de protección de testigos. Se les asignarían nuevas identidades y podrían comenzar una nueva vida en otro lugar, libre de las amenazas de La Familia y bajo la protección del Ejército.

- ¿Traicionar a La Familia? No, ni loca. Van a tomar represalias.

- No te podrán encontrar.

- ¡¿Y si lo hacen?!

- No pasará. Susy, La Familia no es omnisciente.

- ¡Y el ejército tampoco es infalible! Bebu, ese es tu defecto, te crees muy inteligente y no te das cuenta que Romy y el Sr. D lo son mucho más. ¿No has tomado consciencia de que tienen contactos en el ejército? No llegaron a dónde están siendo bebés de pecho.

La Agente 3 sencillamente se guardó a silencio. No tenía sentido insistir. En tanto, Tina, comenzó a derramar lágrimas.

- Entonces... ¿Piensas seguir con ellos?

- No queda alternativa, jefecita... - Y viendo a su antigua mentora al borde del llanto, no pudo evitar imitarla, sus ojos comenzaron a anegarse.

La Agente 3, contemplando aquella escena y siendo la única en mantener la compostura, entendió que podía aprovechar aquel momento para pedirle un favor a su excompañera. Si ella no quería salvarse, al menos que ayudase.

- Susy, si no quieres nuestra ayuda, no te la daremos. De todos modos, quiero que sepas que nuestra oferta seguirá abierta por si cambias de opinión... Aún así, quisiera saber si al menos podrías hacernos un favor.

- Tres, te dije que no me comprometas.

- No te pido que lo hagas. Escucha, Octo se va a reunir con Romy, ¿no? Cuando eso ocurra, te pido que hagas lo que esté dentro de tus posibilidades para evitar que le ocurra nada.

- ¿Pero que quieres que haga?

- Solo lo que puedas, lo que esté a tu alcance. Octo no va a ir con intenciones de atacar a La Familia, trata de que no le hagan nada gratuitamente.

Susy estuvo a punto de responder, mas paró en seco y miró a los ojos de su antigua mentora... Extrañaba realmente poder pasar tiempo con ella. No supo si fue por el cariño que le tenía o un lapsus de locura temporal, pero al final dijo:

- Está bien, haré lo que pueda.

- ¿Lo harás?

- Sí, dalo por hecho.

- Gracias, Susy.

- No me lo agradezcas... Bueno, tengo que entrar, no vaya a ser que mi novio se despierte y nos encuentre aquí reunidas. Agente 3 - La susodicha se despidió con un movimiento de cabeza - Jefecita...

Y la mencionada la abrazó nuevamente y ella le imitó. Permenecieron unidas en tan fraternal acto, preguntándose cuando podrían hablar nuevamente...

3


Octo levantaba la vista, impresionada, ante el fulgor del falso sol que constituía el Spa Cala Bacalao cuando la noche daba acto de presencia.

El gran lujo que presumía aquel lugar le había dejado boquiabierta. No podía creer que en un pasado se hubieran realizado allí combates, ¿con que necesidad? Si resultaba evidente que patrocinios no necesitaba y dinero no le faltaba (Octo, quizás por cierta inocencia o por tener impregnado en el inconsciente el estilo de vida propio de su tierra natal, no comprendía que el dinero suficiente es solo un poco más).

- ¿Romy se hospeda aquí? - Preguntó a su escolta.

- Así es. - Respondió Susy - En realidad, vive aquí, es una huésped permanente, al igual que todos los demás altos cargos de La Familia. Bueno, ¿preparada?

- Obvio - Mintió, no había tenido tiempo de prepararse; solo hacía un par de horas que había acudido al Café de Susy, cuando esta le dijo que Romy quería verla... de inmediato. Esperaba contar con un poco más de tiempo antes de poder tener el ansiado encuentro... supuso que querían agarrarla con la guardia baja, pero de todos modos, confiaba en su capacidad para poder manejar la situación.

Ingresaron al hotel y el vestíbulo principal era tan imponente y lujoso como invitaba a imaginarlo su exterior..

- Esperen aquí, mientras informo de tu llegada - Dijo Susy y fue rumbo a la recepción.

Octo, entonces, hizo contacto visual con sus otros dos acompañantes; el adusto Santiago y el mujeriego Emiliano. El primero, rápidamente, se apartó; refugiándose en una esquina de la habitación.

- ¿Que le ocurre? - Preguntó Octo.

- Le desagrada sobremanera el quedarse en compañía de octarianos - Contestó Emiliano - Quizás no te hayas dado cuenta, pero Santiago es un octofóbico consumado. Parace mentira que Susy y él sean pareja.

- Ya veo... ¿y no te molesta su actitud?

- La verdad, no. Me da igual, con el tiempo te das cuenta que siempre existirán inklings a los que no les caerás bien por tener 8 tentáculos en lugar de 10. Es mejor tomarselo con soda.

- Entiendo...

- Dime, ¿cómo puedes ser parte del Escuadrón Branquias y acompañar a esa maldita de la Agente 3? Son enemigos de nuestro pueblo. Solo nos han hecho el mal.

- Vaya, no lo sé - Dijo con ironía - ¿y vos cómo puedes ser parte de La Familia? Son enemigos de nuestro pueblo, solo nos han hecho el mal.

- No es así.

- ¿No? Explotan la necesidad de nuestra gente.

- El Escuadrón ha contribuido a generar esa necesidad. No entiendo porque trabajas para ellos.

- Yo podría preguntarte lo mismo.

- Busco tener una vida digna.

- Que cómodo, yo también.

Emiliano suspiró. Viendo que aquella discusión no llevaba a ninguna parte, decidió cambiar el giro de la conversación.

- ¿Es verdad que padeces amnesia?

- Sí... ¿Vos y yo nos conocemos? ¿Quizás de Distrito Pulpo?

- No creo y menos en Distrito Pulpo, llevo años sin pisar mi tierra natal.

- ¿Planeas volver algún día?

- No y te recomiendo que hagas lo mismo. En casa no hay nada para nosotros, no queda nada que nos puedan ofrecer.

- ¿Tan mal está?

- Realmente no recuerdas nada.

- Es lo que te dije.

- Si, pero no pensaba que llegara hasta tanto.

- Pues creelo... ¿Y hace mucho que estás en La Familia?

- Hace tiempo.

- ¿Cómo te hiciste miembro?

- Empecé un microemprendimiento que dió buenos frutos. Digamos que yo exploté una brecha de mercado. El negoció iba bien, pero llegó un punto en que debía expandirme y no tenía el capital...

- Y acudiste a La Familia.

- Ellos actuaron como inversores de riesgo. Me dieron el dinero a cambio de una participación mayoritaria en las acciones de la empresa. Desde entonces, aquí estoy... No me quejo, me va bastante bien.

- Y trabajas directamente con Romy.

- Estoy bajo sus órdenes directas, sí.

- ¿Has intentado seducirla?

- ¡Por Cthulhu, no! - Se sobresaltó - Ella es la mujer de D. Quien la toque es molusco muerto... Creelo, él me lo dejó muy claro...

Y le contó una pequeña historia, en dónde él era el punto focal. Siendo su primer día como miembro oficial de aquella organización, fue llevado directamente a la oficina del enigmático D. Aquello le había extrañado, pues aquel líder era conocido por su gran reserva y delegar en otros las cuestiones menores... ¿Quizás su negocio fuese más importante de lo que pensaba? Pronto descubrió que no se trataba de eso. D le dió una gran bienvenida a La Familia, una bienvenida que nunca olvidará. Cuando quiso darse cuenta, se encontraba en la oficina del gran capo, su sangre manchando la aterciopelada alfombra, mientras dos matones le propinaban una paliza y D contemplaba aquello con tranquilidad. Cuando consideró que había tenido suficiente, ordenó a sus hombres que se detuvieran. Se acercó a él, quien vomitaba sangre, y le tiró de los tentáculos para obligarlo a hacer contacto visual. "Bienvenido a La Familia", dijo. "Tu reputación te precede, sueles caerles bien a las damas. Recuerda, a Romy se la respeta, ¿entendido?" Él asintió. "Excelente, entonces nos llevaremos bien".

Octo quedó horrorizada ante tan horrible narrativa.

- ¡Que espanto! - Dijo.

- Son gajes del oficio. Igual no estuvo tan mal, en el hospital había muy lindas enfermeras. - Y sonrió pícaramente.

- Ejem - Les Interrumpió Susy - Romy nos espera para cenar en su suite, ya han acomodado todo para la ocasión.

- ¿Cómo que nos espera? - Preguntó Emiliano.

- Ella quiere que estemos todos - Y mirando hacia el rincón donde estaba su novio - ¡Vos también, Santi! ¡Vamos!

Se dirigieron a la suite que ocupaba Romy. Dentro, los tradicionales sillones y la curiosa mesita ratona habian sido reemplazados por una elegante mesa frente a la que podían estar tranquilamente seis comensales, idéntica cantidad de sillas a su alrededor y un fino mantel, blanco como la seda sobre el cual descansaban distintas delicias que tentaban a los sentidos.

Detras de la misma se encontraba, sentada, Romy, primorosamente maquillada y vistiendo un bello vestido negro que realsaba su extraordinaria figura.

- Adelante, pasen, tomen asiento, con confianza - Hizo contacto visual con Octo - Susy, sientante a mi lado.

La susodicha así lo hizo, mientras Octo se colocó enfrente suyo, Emiliano, al lado de esta última y Santiago, en una de las cabeceras.

- Octo, ¿Verdad? Un placer conocerte, yo soy Romy, puedes llamarme así, no es necesario ser formales.

- El placer es todo mío - contestó la octariana.

- Tengo entendido que deseabas proponerme un trato...

- Sí, en efecto. No sé cuánto le ha contado Susy, pero...

- Algo me contó - Interrumpió Romy - Pero antes comamos un poco, que se enfría, ya después tendremos tiempo para hablar de negocios - Y con un ademán, hizo posar la atención sobre la mesa - He pedido al hotel que nos sirviesen la comida más fina que pudieran tener y acompañada por el mejor vino.

Y con esta tentación, el resto de los comensales procedió a servirse un poco de todo (pues de gran abundancia era aquel banquete). La expresión en sus rostros hablababa por sí misma, mas Octo decidió aclarar lo obvio.

- Está exquisito - Romy le sonrió, complacida.

- La verdad, nunca he probado algo tan bueno - acotó Emiliano - Me siento como si hubiera probado el nectar de los Dioses.

- Pues yo me siento pobre.

- ¡Santiago! - Le recriminó Susy.

- Pero es que es así, amor. Tenemos toda esta comida, que es un espectáculo, que es cara y yo que estoy acostumbrado a comprar en el puestito de Adolfrito y que por favor me lo envuelva para llevar. Me siento pobre, ¿cómo me voy a sentir?

Susy lo fulminó con una mirada que decía "cállate, pelotudo"

- Disculpalo, Romy, a veces se pasa.

- No hay nada que disculpar.

Prosiguieron con la cena, al tiempo que charlaban de cuestiones intrascendentes. Susy notó como Octo se había tomado ya su primera copa de vino y Romy, con gran premura y una sonrisa sardonica que no auguraba nada bueno, procedió a llenarsela nuevamente con aquel fluido carmesí.

Viendo que la astuta mafiosa no le apartaba la vista a la Octoling, discretamente tomó la botella, se sirvió en su propia copa y, como quien no quiere la cosa, la posó de su lado de la mesa, en lugar del centro de la misma, cómo es debido. Quizás con eso bastase para que la octariana no repitiera. Lo cierto es que la susodicha no terminó aquella segunda copa.

El tiempo fue pasando, la comida se fue agotando y cuando hubieron terminado, todos estaban más que satisfechos.

- Ha sido una gran cena, Romy - Le felicitó, Octo.

- Gracias - Y apretó un pequeño botón que sacó del bolsillo - Y en breve vendrá el postre.

- No creo poder comer más.

- No te preocupes, les tomara un rato terminar de prepararlo, tenés tiempo para que te baje la comida - Se levantó, todos la miraron con curiosidad y fue hasta un pequeño armario, del cual sacó un bol lleno de unas curiosas pastillas de color dorado. Las colocó en el centro de la mesa - Te lo prometo, Octo, el postre te va a encantar. Pero para que puedas disfrutarlo como es debido, es necesario que limpies tu paladar - Y con un ademán, ofreció el cuenco colmado de doradas pastillas.

Octo notó que los demás no hicieron movimiento alguno, no intentaron tomar ninguna de aquellas pastillas. ¿Quizás no quisieran ser descorteses y que la invitada fuera la primera en tomar una?

Estiró el brazo y se percató de que Susy le miraba fijamente, con una extraña expresión en su rostro que no le pasó desapercibida.

Finalmente, agarró una pequeña pastilla y se la colocó en la boca. Susy se frotó los ojos, ¿realmente esta chica se trataba de una soldado de élite? ¿Es que su amnesia le había quitado todo lo aprendido?

- Bien, mientras esperamos por el postre, ¿por qué no hablamos de negocios? - propuso Romy.

- Me parece bien.

- Entonces, me dijo Susy que quieres que te ayudemos a buscar a alguien.

- En efecto. Verás, Romy, padezco amnesia, no recuerdo nada, o mejor dicho, casi nada de mi pasado.

- Lo lamento, pero no entiendo cómo La Familia puede ayudarte con eso.

- Tengo entendido que ustedes ayudan a los Octarianos a pasar la frontera.

- Sí, ahora no es tan necesario, pero es verdad, en el pasado realizabamos trabajo de gestoría para ayudarlos a ingresar a Cromopolis, a obtener los documentos.

- Supongo que también los ayudan a insertarse en la sociedad.

- Sí, sí, por supuesto. Que puedo decir, somos muy filántropicos.

- Bueno, pensaba que quizás podrían revisar sus archivos, porque entiendo deben tener un registro de sus clientes, puede que haya en ellos alguien que me conozca, que me pueda ayudar con mis problemas de memoria.

- Mirá, Octo, me gustaría ayudarte, pero lo que estás buscando no es un laburito. Nos estás pidiendo que revisemos una base extensa, cruzando información para ver si alguno de entre millones te conoce... ¿aunque sea recordas algún dato de tu vida pasada? Algo concreto, un nombre, un apellido.

- No, recuerdo algunas caras.

- Ya veo - Sorbió un poco de vino - Es un trabajo pesado lo que estás pidiendo. Se puede hacer, pero te costará y no te puedo garantizar el éxito.

- ¿Cuánto me costará?

- Tengo que revisar números, pero más de un millón seguro.

- ¡¿Más de un millón?!

- Sí, lo siento... Entiendo que a lo mejor no tienes esa cantidad...

- Quizás podamos hacer un trato.

- Puede, ¿que nos puedes ofrecer?

- ¿Que les interesaría?

- ¿Además de dinero? La verdad que varias cosas.

- ¿Por ejemplo?

- Me intrigas, Octo. Verás, no es normal que un octariano se codee con la Agente 3, sin mencionar que formas parte del Escuadrón Branquias.

- ¿Aceptarías como moneda de cambio que te contara mi historia?

- No creo, pero quizás de la misma descubramos algo que pueda desear.

- Te lo contaré, ¿pero no sabes nada de los incidentes en la costa este?

- Solo lo que me contó Susy, hay una intalación subterránea, muy profunda, con criaturas exóticas.

- Sí, el Metro Abisal, forma parte de las instalaciones de Pastec.

- ¿Pastec?

- Sí, es una antigua instalación construida por los humanos.

- ¿Humanos? - De pronto, el interés de Romy aumentó considerablemente.

- ¿No estaban extintos? - Irrumpió Susy.

- Lo están, pero uno de ellos dejó una inteligencia artificial, que se hacía llamar "Comandante Tartar" a cargo de Pastec. Su trabajo, aparentemente, era legar todo el conocimiento humano a la siguiente especie inteligente sobre la tierra.

- Nosotros - Dijo Romy.

- Sí, pero Tartar no nos consideró dignos. En su lugar, secuestró a miles de octarianos, los sanitizó...

- ¿Sanitizó? - Preguntó Emiliano.

- Muertos vivientes, se mueven y atacan, pero ya no tienen ni voluntad, ni conciencia, ni recuerdos. Son solo conchas vacías, marionetas de Pastec.

- Que horror...

- Lo es. A unos pocos que consideraba los más aptos, Tartar los ponía a prueba y, si las superaban, su destino era convertirse en materia prima para la nueva forma de vida ("suprema", según él) que pensaba crear.

- ¿Y eso fue lo que te pasó a tí? - Interrogó Romy.

- Correcto, junto con la Agente 3 y el Capitán Jibion, fuimos secuestrados y puestos a prueba. De hecho, el capitán y yo hubiésemos muerto de no ser por la Agente 3, quién nos salvó,

- ¿Y las Cefalopop tienen algo que ver con todo esto?

- Nos dieron asistencia remota y luego vinieron a rescatarnos. De hecho, fue el trabajo en equipo lo que nos permitió salvar a Cromopolis de su destrucción.

- ¡¿Destrucción?! - Exclamó Susy.

- Tal cuál como lo oyen, ese loco hubiese destruido toda la vida con tal de hacer su voluntad. Eso fue el incidente de la costa este, la batalla que tuvimos con Tartar.

Tras haber terminado con el relato, todos sus oyentes se encontraban visiblemente alterados. Octarianos muertos en vida, la destrucción inminente que fue evitada por muy poco. Cuántos horrores habían ocurrido en tan poco tiempo y ellos, felizmente ignorantes, hasta ahora.

Romy se levantó de su asiento y se dirigió hacia una de las curiosas pinturas que adornaban su habitación. Todos le observaban expectantes, mientras ella contemplaba un horrendo cuadro de un ser aborrecible devorando sádicamente a su presa.

- Los humanos son criaturas fascinantes, realmente.

- Romy, perdona que te contradiga, pero después de lo que he vivido, me parecen criaturas horrorosas que nos dejaron una gran amenaza como recuerdo.

- ¿Sabes cómo se llama este cuadro, Octo?

- No, la verdad no.

- "Saturno devorando a su hijo", es una pintura humana. Obviamente, esto es solo una copia.

- Un caníbal.

- Saturno fue un dios humano. Representa al tiempo, quien todo lo devora. Eso es una verdad inobjetable, nos va a pasar a todos, pero todos buscaremos resistirnos al olvido. ¿Y sabes por qué lo haremos?

- No sé, ¿por cabezas duras?

- Porque tenemos fuerza vital, esta es la que nos lleva a buscar la supervivencia, a resistirnos ante lo inevitable, el ser devorados por las noche de los tiempos... Los humanos, Octo, no son (o fueron) diferentes. Ellos buscaron resistirse al destino.

- Pero al final fracasaron.

- ¿Eso crees? Se extinguieron, es cierto, pero dejaron tras de sí su invaluable ingenio, sus conocimientos, su cultura, su forma de ver la vida. Ellos dejaron todo eso para no ser olvidados, para resistirse al hambriento padre tiempo; dejaron todo eso para que nosotros los recordemos y tomasemos el relevo.

- Romy, no entiendo a que quieres llegar.

- Esas instalaciones que mencionas son un invaluable hallazgo arqueológico y deben ser tratadas como tal, ser estudiadadas por expertos para beneficio de todas las criaturas marinas, no para ser monopolizado por el ejército.

Octo, para entonces, ya no tenía dudas de que a aquella mafiosa le fascinaba la arqueología y creía entender que le estaba señalando aquello que le podía dar a cambio de sus servicios.

- Quizás podría hablar con el Capitán Jibion para que convenza a los militares de permitir una expedición civil con fines académicos. - Los ojos de Romy brillaron.

- ¿Lo harías? - Preguntó con interés.

- Un favor por otro favor.

Romy suspiró profundamente, ciertamente esta chica sabía lo que quería. Lo meditó un poco y finalmente se decidió:

- Está bien, consigue el permiso para dicha expedición, que esté a cargo del Dr. Henry Jones Jr. (un viejo conocido) y buscaremos por alguien que pueda conocerte.

- Trato hecho.

Romy le dirigió su, bien conocida, pícara sonrisa (Susy presintió que aquello no augaraba nada bueno) y se volvió a sentar en la mesa.

- Es costumbre, aquí en Cromopolis, que brindemos con una buena copa de vino al cerrar un acuerdo. - Y levantó la suya en señal de ofrecimiento. Octo le siguió el juego, las copas produjeron un tintineo al chocarse entre sí y las dos mujeres bebieron hasta el fondo. Entonces, Romy dijo - El postre está tardando demasiado, ¿no creen? - Dirigió la mirada hacia sus hombres - Ustedes tres, vayan abajo a ver porque tardan tanto.

- ¿Pero por qué? - Replicó Susy.

- Porque yo lo ordeno - Le dijo en tono amenazante, Romy - ¿Necesitas más motivos?

Susy se quedó de piedra, no se esperaba aquella reacción. Su novio le posó la mano en el hombro, dirigió la mirada hacia él. "No sigas", eso decía su expresión. Entonces, el trío se levantó y salió de la habitación.

- Al fin, ¿sabes? Estaba deseosa de tener un momento de privacidad contigo - Le dijo a Octo coquetamente. La mencionada le miró con perspicacia.

A fuera, en el pasillo.

- Esto no es bueno, Romy está a punto de cometer una locura.

- Susy - Le intentó calmar Santiago - Déjalo, no nos compete.

- ¡¿Lo decís en serio, Santi?!

- Solo nos debemos a La Familia, recuerda.

- ¡Es justamente La Familia la que puede estar en riesgo, tarado! ¡¿No ves que Octo es parte del Escuadrón Branquias?!

Hecha una furia, abandonó a sus dos compañeros y rápidamente deambuló por los pasillos, hasta la puerta de otra habitación resguardada por dos guardias armados con lanzamotas.

- ¡Necesito hablar con D!

- Está ocupado - Respondió tajantemente uno de los guardias. Susy desenfundó su rociador y le apuntó. Los dos guardias hicieron lo mismo.

- ¡Es una emergencia, dile que salga!

- No estás en posición de dar órdenes, baja el arma ahora.

La puerta se abrió de pronto.

- ¿Que está pasando aquí?

- ¡¿Capitan Alan?!

- ¿Susy? ¿No te habías exiliado?

- ¡Volví hace un tiempo! ¡Necesito a D, es una emergencia!

- Se está bañando...

- ¡¿Me estás jodiendo?! ¡Te digo que es una emergencia, Romy está por mandarse una a lo grande! ¡Deja las excusas!

- Bueno, no se está bañando, pero sí está

en el baño... ocupado.

El ruido del váter se escuchó claramente. D se hizo presente detrás de Capitán Alan poco después, mientras se acomodaba el pantalón.

- ¿Qué ocurre, Capitan Alan?

- Mira, D, volvió.

- Susy... me hiciste perder un gran negocio, quiero que lo sepas.

- ¡No pretendía hacerlo!

- Eso ya lo sé, fue casualidad, por lo que no habrá represalias. En todo caso, ¿por qué has vuelto?

- Romy me mandó a volver y ahora está a punto de violar a un miembro del Escuadrón Branquias.

- ¡¿Qué?!

- Por favor, detenganla.

Capitan Alan y D siguieron a Susy de nuevo a la habitación de la susodicha, esperando que no sea muy tarde. Emiliano y Santiago estaban a fuera de la misma y quedaron de piedra al ver al Capo Di Tutti Capi en persona.

- ¿Están ahí adentro?

- ¡Sí! - Dijo Susy, con el corazón en la garganta.

Mas ninguno de los presentes habiase acercado aún a la puerta, cuando Romy salió volando a través de esta (destrozandola en el acto), para estrellarse contra la pared de enfrente.

Tras de ella, salió Octo, caminando, muy tranquila. Se acercó a Romy, que se encontraba fuera de combate y tranquilamente se sacó de debajo de la lengua un pequeño objeto... la pastilla que la mafiosa le había ofrecido.

- ¿No te dijeron que soy un soldado? Tendré amnesia, pero no soy idiota, me di cuenta de que algo planeabas - Y le tiró la pastilla en la cara a Romy - Aunque nunca me imaginé que fueras a intentar propasarte.

- Ay... - Romy se quejaba, adolorida, en el suelo; no parecía claro que comprendiera lo que la octariana le decía, aunque a ella no parecía importarle demasiado.

- De todos modos, quiero que sepas que nuestro acuerdo sigue en pie, cumpliré con mi parte y espero que cumplas con la tuya. Pero vuelve a intentar tocarme y te juro por Lord Octavio que te arrancaré los tentáculos y te los haré comer. - Dio media vuelta y encaró a Susy - La próxima avísame que tu jefa es una pervertida.

- Perdón - Es todo lo que la aludida alcanzó a decir.

La Octariana dispuso a marcharse y nadie se atrevió a detenerla o a decirle algo, después de lo que habían visto. El único que parecía mantener el temple era D; quien se acercó a la pobre malherida.

- ¿Estas bien?

- Ay... - Romy se retorcía de dolor como única respuesta.

- Capitán Alan.

- ¿Si, D?

- Llama a una ambulancia, si hay un doctor en el hotel que pueda dar una primera mano con esta idiota, mejor.

- A la orden, señor.

- Y quiero que todo se maneje con discreción.

- Entendido - Y se marchó dispuesto a cumplir las órdenes encomendadas.

- Ustedes tres - Dijo el capo, señalando a Susy y sus compañeros. Váyanse para casa y ninguna palabra a nadie, ¿entendido?

Los mencionados asintieron en respetuoso silenció y también se retiraron.

D quedó a solas con la adolorida Romy, quien parecía haber abierto a penas los ojos, con mucho esfuerzo.

- ¿D? - Dijo con dificultad.

- Por favor, no hables.

- D... ¿Estoy... estoy linda?

- A qué viene esa pregunta ahora, Romy - Respondió con una pequeña sonrisa. - Sí, estás linda, pero por favor, no hables y no te muevas, ahora viene la ayuda.

La aludida obedeció (cosa extraña en ella) y volvió a cerrar los ojos.

- Que voy a hacer contigo - Suspiró D, al tiempo que Capitán Alan volvía junto con unos paramédicos... Tenía mucho que hablar con aquella inconsciente, pero primero que se recupere.

CONTINUARÁ