«Los amigos se conservan, escuchando más al corazón que a la cabeza».
—Maldita niña lagarto. ¡Krookodile usa Roca Afilada! —gritó un recluta Skull.
Dragonite esquivó el ataque, zigzagueando a medio vuelo. Ash le vió fruncir el ceño cuando derribó a su oponente con tan solo golpe sin aguardar instrucciones de Iris con Carga Dragón.
—Este sigue perdiendo los papeles. —dijo Ritchie.
—Más importante aún, parece que es cierto lo que decía la tele —aseguró Iris—. Estos tipos me conocen, cuando es la primera vez que lo veo en mi vida. Aquí hay hombres de Gethis.
—Increíble… —musitó Zarala, que no reparó en ocultar su expresión mientras la tierra se esparcía, al tiempo que los reclutas se dispersaron por toda la ciudad.
—Ella es muy buena en combate, pero molesta con eso de ser infantil…
—Es infantil defenderte con el mismo adjetivo. ¿Es en serio Ash? No has cambiado nada de nada.
—¡Ya deja la lata con eso!
Iris rio a carcajadas, para reproche de Cilan, susurrando palabras inentendibles.
—Este lugar es un desastre —señaló echando un vistazo en derredor. Las barricadas y paredes estaban inundadas de verde musgo y restos de grafitis—. ¿Qué tal si lo arreglamos?
—No somos obreros. —dijo Ash.
—Al menos quitemos los obstáculos —sugirió Cilan—. Así la policía podrá hacer su trabajo.
—No es mala idea —dijo Serena—. Altaria, ayuda a Dragonite y Charizard a quitar las barricadas.
Altaria emprendió el vuelo al salir de su pokebola. De inmediato se dispuso a cumplir las órdenes de su entrenadora, cuando Dragonite se adelantó unos pasos hasta juntarse con ella. Se inclinó sobre sus patas traseras y cogió un vehículo cercano, no sin antes flexionar sus patas más fuertes que el acero con orgullo, que usa como manos. Lo arrojó con todas sus fuerzas hasta los muros alrededor de Pueblo Po, destruyendo el ya gastado hormigón, mofándose de su rival. Se escuchó el chasquido de los vidrios del vehículo al mismo tiempo que Altaria bufó y desvió la mirada con sorna. El esplendor del dragón se desplomó como los mismos cimientos del pueblo, para regocijo de Charizard.
Le duró hasta que el ambiente se tornó templado y húmedo. Una gota de lluvia pasajera cayó justo en su cabeza. Miró instintivamente la punta de su cola, trayendo memorias pasadas de una noche parecida. Busco a su entrenador con la mirada, que discutía con Iris cuando Dragonite comenzó a reírse. Él golpeó su cara en respuesta.
—Oye, por cierto —Iris ignoró la batalla que se desarrollaba tras ellos para dirigirse a Serena—. ¿Eres coordinadora o me equivocó?
—Lo siento, no me he presentado.
—Más bien Ash no lo hizo. ¡Oye Dragonite! —Serena tuvo un sobresalto por la dureza de su grito, que llamó la atención de su pokémon— ¡Deja de pelearte!
Dragonite obedeció de mala gana.
—Fue muy repentino nuestro encuentro —señaló la chica en su ayuda. Ash daba instrucciones junto a Cilan y Zarala—. Pero sí, soy coordinadora, además de actriz pokémon. Mi nombre es Serena y provengo de Kalos.
—Tal parece que Ash tiene una debilidad asombrosa por las coordinadoras, y también una habilidad innata para destruir bicicletas costosas.
—¿Cómo sabes eso?
—Historia larga y aburrida —dijo ella, encogiéndose de hombros—. ¿Lo sigues para cobrarle?
—No rompió ninguna de mis posesiones materiales.
—¿Matas aburrimiento?
—Lo hago, porque quiero —puntualizó Serena, evitando subir la voz una octava—. Desde que me invitó en su anterior viaje…
—¡Calla! ¿Te invitó él personalmente?
Iris la miró impasible mientras contaba la historia, indagando tras el velo azul de sus ojos. Sus labios permanecieron rectos, y sus manos tranquilas hasta que se detuvo en su listón azul. Lo miró por un par de segundos. Ash seguía removiendo obstáculos, señalando con el brazo en cuya muñeca lucía la pequeña pulsera roja que Serena le había regalado.
—¡Oye tú, Ketchum! —Ash giró sobre su eje, cuando Iris se le acercó con un par de zancadas que movían su cabello como las olas de un oscuro océano, palmando su hombro—. ¡Ya no eres un niño después de todo, galanazo!
—Al fin te das cuenta… —comenzó a decir con orgullo—. ¡Oye un minuto, ¿de qué rayos hablas?!
—Es que es muy repentino. Ash Ketchum, el entrenador infantil obsesionado por los combates pokémon, ahora tiene una linda no…
—¡Altaria, Cometa Draco en la barrera de enfrente!
El ataque cayó unos centímetros frente a ellos, ocasionando un movimiento de tierra que lo hizo caer de bruces en la tierra. El asfalto se levantó de cuajo e hizo un enorme cráter donde entraba un vehículo pequeño.
—¡¿Qué pasó con eso de no destruir la ciudad?! —bramó Zarala, cuando pedazos de madera y metal volaban por todos lados.
—Ya estaba hecha polvo de todas formas.
El alboroto de Iris y Ash facilitó la incursión de Lillie en el complejo, con Gary y Ritchie siguiéndola de cerca. No dejaba de simular el parecido de un campo de entramiento urbano de lo más desagradable. El territorio skull era un vestigio de lo que fue un pueblo minúsculo, pero alegre. Aún conservaban sillones en los pórticos para platicar entre vecinos, ya desgastadas por las constantes depresiones. La hierba alta estaba cortada en trozos desiguales. Miró con tristeza como los inmuebles eran presa del descuido, pintarrajeados con grafitis con alusión al Equipo Skull. Los pocos callejones y vías se encuentran obstruidas por vehículos llenos de óxido, trozos de hormigón arrancados de cuajo y barricadas hechas de escombros y madera. El antiguo centro pokémon ahora permanece abierto como un pozo de pesadillas de una película de terror del siglo pasado, en vez de un recinto sanatorio. En la entrada habían colgado un letrero con letras rojas:
«¡Hey yo, yo!
Si un Skull eres y el flow mantienes, bienvenido a la fiesta,
si eres ajeno, servicio a 10$
pero debes saber, que ricos nos vas a hacer
pues estás en territorio skull, y volverás,
hasta que no tengas un duro más».
Atravesaron el paisaje desgastado entre obstáculos de roca y arrastrándose bajo los muros, adornados por pequeñas manchas negras de humedad y hongos. Gary y Ritchie seguían derrotando a los reclutas que no habían acudido a la puerta principal. Su forma de combatir era más refinada, tal cual sospechaba Gary antes de entrar. Daba la apariencia de estar luchando no contra un grupo de maleantes o desadaptados, sino contra una organización estructurada a cubrir sus lagunas. El científico trataba de avanzar entre los combates, procurando no perderla de vista. Detalló la cremallera de su bolso, rogando que a Cosmog no le diera por salir con tal concentración que no se dio cuenta cuando Nash y Luna habían desaparecido.
Se detuvieron frente a la puerta de la gran mansión, revestida de un asombroso aguante a la tortuosa atmósfera fantasmal del poblado. A pesar del azote, seguía en pie y mejor preservada. Algunas ventanas rotas tenían tablones rudimentarios, fijados con clavos, en un intento por evitar la entrada del agua. Los cristales que sobreviven están curtidos con pequeñas hileras de polvo. Habían instalado una especie de escalinata exterior en los niveles superiores, como los de un tobogán temático del terror. La primera pregunta que vino a la cabeza de Gary se planteaba cómo era posible que alguien pudiera vivir en un lugar como ese. Y mucho menos usarlo como base.
La puerta dio un chirrido en cuanto la empujaron. Dentro no era más acogedor que la propia ciudad. Los focos que no estaban quemados evitaban la total oscuridad en el vestíbulo. El suelo estaba curtido por cajas llenas de objetos personales, restos de pintura y sillas a medio romper. Constaba de dos plantas, solo accesibles por la enorme escalera del vestíbulo, obstruida a propósito. Irradia el olor pútrido del polvo acumulado de años, a medida que se adentraban en la mansión, cuya alfombra roja crujía entre pisadas, como si estuviera cubierta de pequeñas rocas. Las paredes estaban adornadas por clavos donde la madera era menos opaca, donde antes colgaban cuadros.
Lillie interrumpió su paso para colocarse junto a Gary. Anduvo agradecido con Nash y Luna, que acabaron con los reclutas a medida se adentraron, hasta que se encontraron uno consciente, resguardando la puerta que conduce a los niveles superiores.
—¡Yo! Su camino ha terminado. Si quieres pasar, las cuatro preguntas tendrás que acertar.
—¿Y cómo es que nuestros amigos pasaron por aquí? Si hubieran tenido que buscar pistas, los habríamos visto. —señaló Ritchie.
—Las reglas han cambiado, y tus quejas me tienen sin cuidado —dijo el recluta—. Número uno: ¿Qué movimiento le gusta más al Maestro Guzma?
—¿Amnesia? —aventuró Gary.
—¡Yo, no te hagas el gracioso, estúpido, imbécil! —bramó el recluta sin perder el flow—. Dos: ¿Qué pokémon le gusta más al Maestro Guzma?
—Golisopod. —respondió con seguridad.
—Y por último: ¿Cuál es la bebida que más le gusta al Maestro Guzma?
—Eh… ¿La coca-cola? Le gusta a todo el mundo. —dijo Ritchie.
Lillie arqueó una ceja. Sus bromas no le parecían en absoluto graciosas.
—¿Estás seguro? —preguntó el recluta.
—La verdad no.
—¡Pues vuelve a intentar, tonto, estúpido!
—No tengo tiempo para esta basura. —señaló Gary tomando una pokebola.
—¡Espera! —exclamó el recluta, agitando las manos—. Hey, ¿qué clase de cerebrito eres, que usas la violencia contra quien está indefenso? ¡Cobarde! Eres un bruto mentecato, que no puede pasar sin el acertijo adivinar.
—Entonces yo sí puedo usar la violencia. —señaló Ritchie, preparándose—. No soy investigador ni nada de eso. Soy entrenador, y nos entenderemos en batalla.
—No podemos hacerle nada si no tiene como defenderse —indicó Lillie—. Anda Gary, podemos resolverlo seguro. No podemos rebajarnos a su nivel.
—¡Qué dices, chica! —señaló Gary, clavándole la mirada.
Ella no retrocedió un ápice. Se imagino cuál sería su reacción si se tratase de Gladio.
—¡Demonios! Está bien. A su manera.
Bajo al primer nivel, interrogando a todos los miembros del Equipo Skull restantes sin éxito. Se adentró en las habitaciones, no en mejor estado que el salón principal. Incluida la cocina, con rastros de manchas en el suelo de algún tipo de salsa para carne. Rebusco entre las despensas y armarios de acero, derrotando algunos reclutas. Necesitaba encontrar alguna clase de pista.
Encontró un trozo de pergamino en uno de los armarios que ponía el siguiente texto:
«Desde el incidente en el domo, y por seguridad debido a las nuevas inclusiones en nuestras filas, hemos cambiado la clave secreta para tener una audiencia con nuestro líder. Aquel que conteste las preguntas del guardián, será el único merecedor de estar en su ilustre presencia. Su bebida, movimiento y pokémon favorito son los enigmas.
La respuesta a uno de ellos la encontrarás en estas líneas. Su bebida es la Tapu Cocoa.
Todo miembro del Equipo Skull, debe recordar lo más importante. ¡A todo siempre decimos que no!».
Gary la memorizó, y continuó su búsqueda.
Diez minutos después, encontró el resto de las claves. No dejó de pensar la idiotez del que diseño el desafío, al ponerlo tan sencillo y predecible. Como el primero, cada papel decía claramente una de las respuestas. Su movimiento favorito era Escaramuza, y su pokémon favorito como pensó, era Golisopod. Y el que muchos de sus miembros estuvieran inconscientes facilitaría el trabajo. Regreso al segundo nivel atravesando las puertas y esquivando los vacíos en el suelo, hasta llegar con el guardián.
—…y por último: ¿Cuál es la bebida que más le gusta al Maestro Guzma?
—Tapu Cocoa. —respondió Gary, al fin satisfecho de poder pasar.
—¿Estás seguro? —preguntó el recluta.
—Sí.
—¡Pues vuelve a intentar, tonto, estúpido!
—Aleluya. Vamos Lillie… ¡Un momento! ¡¿Cómo que lo vuelva intentar?!
—Te equivocas en tus respuestas idiota, retrasado. Regresa cuando las tengas, yo.
—¡Serás cabrón! Ya me harté, una paliza te daré. ¡Y sí, en rima para que me comprendas! —gritó Gary sacando una pokebola.
—Esperen. —dijo Lillie sonriente.
—Lillie, entiendo que no te guste la violencia, pero hay momentos en que es el único método para conseguir lo que quieres. Si no te gusta, baja. Te llamo cuando acabe con él. —gruñó.
Ella se adelantó, ignorándole por completo.
—Pregúntame a mí. —dijo.
—¡Oye Lillie, deja ya de insistir! —dijo Gary elevando su voz una octava. Lillie le lanzó una mirada bastante severa, haciendo que se callara de mala gana.
—¿Cuál es el movimiento favorito del Maestro Guzma?
—Escaramuza.
—¿Qué pokémon es el favorito del Gran Guzma?
—Golisopod
—Esto es una pérdida de tiempo, y mientras Shiron sufre. —gruñó Gary, cruzando los brazos.
—Y, por último: ¿Cuál es la bebida favorita del señor Guzma?
—La Tapu Cocoa. —respondió Lillie.
—¿Estás segura?
El científico resopló, preparándose para vencerlo con su pokebola de una buena vez.
—¡Hey, claro que no, tonto, estúpido! —vocalizó una torpe Lillie, tratando de seguir su ritmo.
Gary Oak dejó caer su pokebola, con los ojos como platos. De haberle soplado, habría aterrizado sobre su pelvis y solo se quejaría del dolor cuando fuera a dormir esa noche. Estaba en shock. El espectáculo de cómo el sombrero de Lillie se balanceaba sobre su cabeza al compás de su torpe rap, y las palabras que salieron de sus cuerdas vocales, fueron suficientes para que la punzada de dolor en sus nalgas sirviera para convencerlo de la realidad que veía. Ritchie quedó con la boca abierta, al punto que era un aeródromo para moscas o algún mosquito distraído. Y no era para menos el plantearse estar bajo una ilusión del enemigo. La negación de Lillie y su rap, lo habían descuadrado de sus casillas.
Pasaron dos segundos que nadie dijo nada.
—¡Hey, tienes el flow y el ritmo de mi barrio nena! Nos honrarías con tu membresía. Serás el lirio en este mar de los incultos.
—Tentador —dijo ella, mirando a Gary de reojo, que, sin embargo, no se levantaba del suelo. Permanecía en shock—. Si no estuvieran desviados del camino, y mi hermano estuviera en sus cabales, lo pensaría.
—¡Yo, me siento triste, pero era de suponer! Pueden seguir.
Tomo un minuto a ambos chicos para recuperarse. Ritchie decidió quedarse en la entrada para dar la clave a los demás, considerando que nadie jamás hubiera adivinado tal tontería. Atravesaron la puerta y encontraron un pasillo que conducía a la escalera externa. Antes de que Gary recuperara el habla y pudiera decir algo a Lillie, se tropezaron con un bulto justo al final.
—¡Ay! —se quejó cuando dieron un ligero puntapié.
Sabían por el uso de la interjección «ay», que no era un pokémon, ni tampoco un recluta.
Luna intentó reincorporarse. El ámbar nadaba en el mar rojo de sus ojos, claramente la habían dormido. Miraba en derredor mientras su cabeza se sacudía entre sus recuerdos dispersos, como el techo sobre sus cabezas, que desprendía nubarrones de polvo brumoso. Lillie y Gary la cogieron por una mano, sorprendidos que una persona pudiera alcanzar tal peso, que fuera imposible ponerla de pie. Sus párpados se abrían y cerraban con una lentitud agonizante, entre dormida y despierta. Ella palmeó su rostro, tratando que volviera en sí, aunque su mirada seguía perdida sobre ellos y contra…
… Los reclutas del equipo skull, que no dejaban de salir por las habitaciones en la planta baja del inmueble, para su mal genio. Corrían escaleras arriba sin preocuparse por ser cautelosos; el alboroto de Ash e Iris en la entrada redujo la resistencia en la mansión, como una víctima más de una enfermedad incurable. Selene los combatía a su lado, impartiendo el golpe de gracia. La travesía lo hizo correr una película en blanco y negro. Su protagonista es una chica de mirada dulce y cuerpo de primavera, tallado sobre mármol, el más puro de la cantera lunar, y poco a poco se sume en un mundo ajeno y poco amistoso, donde pierde su lustre a cada paso. La que es considerada la más guapa de Ciudad Malie, ahora permanece oculta en la coraza de un Beedrill, que ataca a todo aquel que pretende acercarse, como una reina en defensa de su trono.
Una cuyo vasallo sigue amando en silencio, aunque parezca no estar allí.
Se encargó de obstruir el paso de las escaleras antes de continuar por la derecha. Abatieron un último enemigo antes de adentrarse por el pasillo de la escalera externa a la sala de los altos mandos, y la película seguía rodando. Permanecía atado, indefenso y retorciéndose en una lucha interna por liberarse, cuando lo vieron en la planta más alta de la mansión. Allí permanecía Gladio en su desgracia, cuando decidió unírseles, de pie junto a su nuevo líder y sufrir una miserable derrota a manos de quien creía, era su amigo y rival. Uno por el que sabía perfectamente, que Selene tenía sentimientos y acabó por arrebatarle la confianza, a pesar de sus múltiples esfuerzos por demostrarle lo contrario, que no todos eran iguales que él. Por mucho tiempo, aprendió a detestarlo.
Hasta hace un par de días, cuando visitó el Domo Royale.
Lillie tenía muchos de sus rasgos y la misma mirada perdida del día que lo conoció en aquella playa. Había escuchado hablar de ella en boca de Nanu en una ocasión, y pensó que se trataba de una retahíla de historias, pero resultó ser la verdad. Por supuesto, Selene también lo sabía, sin embargo, su decisión seguía el camino por el castigo de sus actos. Derrotarlo significaba dejarla sumirse en el desprecio, uno que no acabaría con abatirlo. Era permitirle abandonar sus ideales por una justicia ciega, que cierra sus ojos a la realidad más allá de la percepción.
—Recuerdo este lugar —señaló Luna, echando un vistazo al corredor—, pero no será como aquella ocasión.
—Ya lo creo. Por aquel entonces, no teníamos todos los detalles —explicó Nash—. Lillie es muy dulce, ¿no crees?
—Aja sí… ¿no me digas que ahora te rajas porque es su hermana?
—No me gusta, si es lo que sugieres. Solo digo que hay más que la última vez. Merece que hagamos algo distinto.
Luna lo miró de soslayo y con desdén. Él se la devolvió, a pesar de presentir el peligro en su rostro.
—No te confundas —replicó ella con sequedad—. Me da igual que sea su hermana, o que no tenga como defenderse por sus propios medios. Gladio es un criminal, y como tal tenemos que detenerlo. Solo te ayudé a salvarla porque insististe, y era la oportunidad perfecta para saber si él estaba implicado en aquel numerito, pero resultaron ser sus cómplices.
—O sea, que únicamente te conduce tu venganza personal por lo que nos hizo.
—¿Y qué si es así? Nos traicionó.
—Por una causa justa. ¿Quién dice que esa vez no nos protegió?
—Tan idealista como siempre, Nash. Pero pierdes tu tiempo, no creo en esas cosas.
—Antes sí. Y eras muy diferente.
—¡Ya está bien, deja de engatusarme! —espetó—. Voy a subir y haré lo que deba hacer, y si te interpones, también te derrotaré.
—Sé que lo harías. Tranquila, voy a ayudarte.
Dejo salir su Kadabra. Bastó con que le dirigiera una mirada para que supiera que debía hacer a continuación. Apunto con su cuchara a la chica que tardó en reaccionar al tiempo que sus párpados comenzaron a hacerse pesados. Lo último que alcanzó a hacer, fue verlo a los ojos, quiso recriminarlo, acusarlo por hacerle lo mismo que Gladio, y jurarle que también afrontaría las mismas consecuencias. Nash la atajo en el aire, y se quedo contemplando su rostro inconsciente unos segundos, seguro que más pronto que tarde se enfrentaría a su ira, pero estaba bien, si eso le evita el sufrimiento de batirse en batalla.
—Cuando despiertes, ya todo habrá acabado.
Subió las escaleras. Gladio estaba allí, junto una chica skull de lo más extraña, vestida con sus ropas, pero claramente sin llevar el estilo punk de las demás. Su cabello estaba bien cuidado, y no llevaba maquillaje para simular órbitas vacías. Por sus caras, ambos estaban sorprendidos de verle. Junto a ellos, un Vulpix aloliano que supuso, era el que robó para hacerles venir hasta Pueblo Po, estaba asombrosamente fuera de su jaula, sin oponer resistencia. Parecía dócil y tranquilo, a pesar de que estaba lejos de Lillie. ¿Acaso había congeniado con su secuestrador?
—Ha pasado algún tiempo, ¿verdad?
—¿Qué rayos haces aquí, Nash? —preguntó Gladio con desdén—. Creí dejarlo claro cuando nos vimos por última vez.
—Pues verás… resulta que conocí a alguien, ¿sabes? Una chica bastante especial de cabello rubio y ojos verdes muy brillantes, que iba desconsolada porque secuestraron a su pokémon, así que decidí ayudarle.
—Esto no te concierne a ti. —dijo.
—Estuve en el Domo Royale, y desde que me encontré con ella, lo entendí todo —continuó—. Pero en ese entonces me pregunté: ¿Por qué no trató de advertirle si estabas involucrado? Selene también debió pensarlo, aunque no quiera admitirlo. Tú no sabias nada de eso. No eres tan retorcido como pensé que eras, la última vez que nos vimos.
—¿Ya terminaste?
—Lo sé todo, Gladio —concluyó, hablando como su igual—. Aún no es demasiado tarde para que hagas lo correcto y vengas conmigo.
—Se ve que eres ingenuo, «Sol» —bufó, con el ceño fruncido—. Quien maneja la sombra de Alola es poderoso. Ellos van a por Lillie, y no hay nada que puedas hacer para detenerlo. Nadie puede. Los criminales son los únicos que pueden vigilarlo.
—Cualquiera se pondría de tu lado si das explicaciones. Nanu y Jenny te ayudaran, y seguro a quienes tratas de advertir también.
—¿En serio crees que voy a entregarme?
—¡Es el único camino!
—¡Ya tengo el mío! —gritó Gladio—. Deben largarse, esconderse bajo la tierra misma si es necesario, y soy el único que puede decirles eso. Ellos confían en la persona equivocada, y solo me creerán a mí. No seré vencido hasta que les de esa información, ni tampoco pienso ir a la cárcel. Seguiré siendo el perro faldero de Guzma, si eso me mantiene al tanto de su pista.
—¿Vas a seguir echándole sal a quienes te quieren? ¿Harás sufrir aún más a tu hermana no formando parte de su vida así sin más?
—¡Ella merece algo mejor que un inútil como yo! Estará bien sin mí.
—Tienes miedo, y te mientes a ti mismo. A sus ojos, solo serás un skull más.
—Si eso la mantiene lejos de aquí, sí.
—Hay un par de problemas en tu maravilloso plan altruista —dijo el chico, cogiendo una de sus pokebolas—. Selene te perseguirá incluso por encima del mar, y yo tampoco voy a dejarte que le hagas más daño. Ni a ella, ni a quienes te importan. Lamento tener que llegar a esto, pero es por tu propio bien, amigo mío.
Felicia dio un paso al frente, dispuesta a batirse.
—¿Quieres que te derrote como hace cuatro años? —inquirió Gladio, deteniéndola.
—Él no es tu oponente. —aclaró ella.
—No importa, no me tomará demasiado tiempo.
—No será como la última…
—…última vez que me toman por sorpresa. —masculló Luna.
—¿Estás bien? —preguntó Lillie.
—No tanto como Nash cuando lo alcance.
El techo retumbó con fuerza, agitando sus cimientos. Cogieron escaleras arriba, Lillie con el corazón en un puño, prestando su hombro a una todavía aturdida Luna. Gary iba al frente y fue el primero en observar la escena, dejándolo boquiabierto.
Nash estaba tumbado en el suelo junto a su Manectric, cuando Gladio llamaba de regreso a un pokémon cuya silueta no alcanzo a reconocer. Lo acompañaba la chica que describieron los niños de la Casa Aether como «bonita y de cabello castaño». Lo que lo impresiono era que Shiron estaba escondido detrás de la protección de Gladio, y no demoró en salir corriendo a encontrarse con ellos. Los saludo alegremente, sin prestar atención del viento húmedo y tormentoso que azota Pueblo Po. Al verlo, Luna recuperó la fuerza para ponerse de pie, pasó por un lado de quien era su amigo, mientras él y su pokémon eran atendidos por Lillie.
—¿No vas en su ayuda?
—Eso le pasa por apuñalarme por la espalda y venir solo. —replicó Luna.
—Creo… que me lo merezco. —susurró él.
—Nadie merece un trato tan frívolo.
—¡Ya está bien! Me ahorraré los detalles e iré directo al grano. Gladio, voy a destruirte y vendrás conmigo, quieras o no.
—No mientras yo este aquí. Antes tendrás que vencerme. —dijo Felicia a su lado. Dio un paso al frente.
—Tengo pésimo humor ahora, así que no tengo tiempo para jugar.
—Estamos en la misma página, querida.
—¡Esperen! —bramó Gary. Luna cortó su lanzamiento en seco—. Ustedes dos no están en sus cabales —Señaló a ambos—. Luna, llévalos dentro y busquen a los demás. Necesitaran saber lo que pasó aquí.
—Te faltan cien años para darme ordenes, listillo.
—¡Yo quiero quedarme! Tengo un par de cosas que decirle a mi hermano.
—¡Después! —insistió—. Llévate a Shiron, no puedes hacer nada más aquí.
—¡También puedo pelear!
—Claro que no puedes, y sé que tampoco quieres. No estás preparada —sentenció Gary—. Si deseas luchar, primero hazte fuerte. Solo harás que me preocupe más. Todo saldrá bien, lo prometo.
—A mi no me mueve ese numerito del caballero de hojalata. No pienso moverme, y no puedes obligarme. —añadió Luna en tono sombrío.
—Como quieras, pero tu amigo no puede pelear, y Lillie no puede hacerse cargo de los dos. ¿Vas a cargar con que los reclutas regresen y terminen con ellos? No creo que seas tan malvada como a quienes acusas.
La chica resoplo de ira. De mala gana, cogió a Nash por un brazo y lo paso por encima de su hombro, recomendándole que se callara si no quería ajustar cuentas allí mismo. Llamó de vuelta a su Manectric malherido. Lillie quiso replicar, pero sabía que era inútil. Él tenía razón. Solo sería un estorbo. Acudió en ayuda de Luna y Nash, con Shiron en un brazo llena de amargura.
—Estoy harta de ser la chica débil —musitó—. Todos terminan ayudando y yo no puedo hacer nada útil.
—No… te preocupes… él estará bien.
—Si no lo acaban antes.
—¡Luna!
—¡Calladito tú! Ya veras cuando estemos de regreso. No creas que porque te estoy ayudando ahora te perdone. —bramó, antes de dejar el lugar.
—Supongo que es lo que querías Gladio. Ahora nadie ajeno nos escuchará. —dijo una vez no pudieron escucharlos más.
—Veo que eres espabilado —añadió. Felicia tomo el mismo camino que lo demás—. ¿No trataras de detenerla?
—Es innecesario. Ash y los demás vienen en camino, y sé que no hará daño a Lillie. Eso ya lo hiciste tú cuando te llevaste a Shiron, pero supongo que lo sabes. Venía con la intención de acusarte —Gladio no dijo nada, solo le devolvía una mirada impasible—. Dejaste libre a Shiron, y más sorprendente todavía es que no intentara escapar de aquí. ¿Qué es lo quieres, Gladio?
—No tengo porque decírtelo. Todavía —dijo—. Primero quiero saber qué hizo que Lillie confiara en ti y cómo la convenciste de llevarse un huevo pokémon. Y solo hay una manera para que un par de entrenadores, puedan entenderse.
—A tu manera entonces.
Continuará…
Notas del autor:
¡He resucitado de entre los muertos, al tercer…!
¿?
«Tercer día… tercer mes…»
A la mierda… ustedes me entienden. Digamos como el fénix, que es mucho más genial XD.
Este espacio lo quiero dedicar a disculparme con ustedes chicos, de verdad. Pero estos meses de confinamiento me han pegado duro por una serie de razones personales, unas reparables, otras no lo serán en la vida, para no ahondar en explicaciones, pero créanme que pensé en ustedes, y lo siento, de verás.
Supongo que volví a escribir porque de alguna manera, pensar en mis proyectos personales es mi forma de mantenerme optimista. Se siente bien volver a hacerlo, y desconectarme del mundo que cada día está más loco.
Solo me resta decirles que espero hayan disfrutado este capítulo, de veras. Y mucha fuerza para terminar de salir de cualquier situación o problema que puedan tener. Nos leemos en el siguiente capítulo. :D
