EL BARRIO
1
Levantó la vista del teléfono y sus sentidos se enfocaron, de pronto, en el mundo que la rodeaba. Así, sus oídos prestaron atención al murmullo de la multitud que le circundaba y a la relajante música que sonaba de fondo. En tanto, su visión le regalaba el alegre escenario que ante ella se alzaba, un grupo de mesas ocupadas por personas pasando un buen rato; algunas en grupos o en parejas, manteniendo una amena conversación,y otras en solitario, atrapados en una interesante lectura o deambulando por las redes sociales a través de sus smartphones. Su nariz percibía el suave aroma del café que se elevaba desde la taza descansando en la mesa y su gusto, la delicia que ofrecía el latte macchiato. Únicamente su tacto no tenía nada interesante para ofrecerle, por lo que, sobre el mismo, no entraremos en detalles.
Bebió el café en tres sorbos y se quedó contemplando la taza vacía; ciertamente era una mañana tranquila, monótona diría. En realidad, hacía tiempo que todas sus mañanas (y las tardes y las noches, por qué no) eran bastante tranquilas, demasiado, en realidad.
¿Cuánto hacía que Bebu había partido al Metro Abisal para escoltar a la expedición del Dr. Jones? ¿Tres semanas, quizás? Y sin embargo, el tiempo que llevaba sin verla era un poco mayor. Recordaba la última vez que habían estado juntas...
Fue en una cálida tarde de verano, después de un emocionante día de combates. Se encontraban en Inkopolis Square, habían comprado un par de bebidas en lo de Adolfrito y sentado en una de las mesas aledañas.
- ¿Te vas a tomar unos días de permiso?
- Sí, un par de semanas, hasta que sea el momento de ir al metro Abisal... Es que me dí cuenta que no estaba pasando nada de tiempo con mi esposa, creo que debo hacerme un momento para ella.
- Entiendo.
- Igual, disfruté mucho de todos los días que pasamos juntas.
- Yo también, Bebu... ¿Pero a qué viene ese comentario?
- No, nada - Dijo, sonrojándose - Solo que no quería que pensaras que te reclamaba algo por no haber tenido tiempo para pasar con Nati.
- Pero no pensé nada de eso... Me parece bien que quieras un momento para estar junto tu pareja.
- Sí... cuando vuelva de la expedición debería hacerme siempre un tiempo para estar con ella.
- Sí, está muy bien eso.
- Igual, no quiere decir que no nos podamos seguir viendo.
- ¡Bebu! - Respondió Octo, conteniendo la risa - Pero eso ya lo sé, ¿qué pasa? Estás medio rara.
- No me pasa nada, ¿rara en que sentido?
- Me estás dando muchas explicaciones. Ya sé que vamos a seguir viéndonos, quizás no tanto como antes, porque tenés pareja y está buenísimo que quieras pasar tiempo con ella, pero que nos vamos a seguir viendo, eso seguro.
- Bueno... Solo no quiero que pienses que te estoy rechazando o algo por el estilo.
- Pero no, Bebu, tranquila. Está todo bien.
- Bueno... ¿y estarás bien sola, en mi ausencia?
- No voy a estar sola, Bebu. Tengo al resto del Escuadrón y a Perla y Marina.
- Bien, pero si pasa algo, escribime ollámame, no pasa nada.
- Sí, Bebu, lo sé, gracias - Y tomó un trago de su bebida.
Esa fue la última vez que había conversado con su amiga. No la había vuelto a ver desde entonces. Sin embargo, mantenían comunicación constante a través de Whatsapp. Todos los días, Bebu le escribía, conversaban de intrascendencias; de como avanzaba la expedición (aburrida, según le comentaba), de como era el Dr. Jones (un sujeto agradable, pero del que no se fiaba mucho), etc.
La verdad, la extrañaba, la vida era más entrenida con ella alrededor. Desde aquella última reunión, no había mucho que hacer; un poco de amistoso, un poco de competitivo, un poco de trabajo con Don Oso, nada más.
- Octo, ¿ya terminaste? Bebes demasiado rápido el café, te va a hacer mal.
- Sí, gracias, Susy.
- ¿Te traigo algo más? ¿un jugo exprimido, un ditox?
- No, te agradezco... ¿Alguna novedad de Romy?
- No, nada.
La misma respuesta de siempre. Se había vuelto parte de su rutina diaria desde hacía poco más de una semana, todas las mañana iba al café de Susy, desayunaba ahí y consultaba por si había alguna novedad de Romy, pero la respuesta era invariablemente negativa.
- ¿Tenés alguna idea de cuando cumplirá su parte del trato? Ya son varias semanas desde que inició la expedición.
- Mirá, Octo; en primera, tengo entendido que Romy está cumpliendo su parte del trato, ella nunca te garantizó ni que fuera rápido ni que resultaría exitoso. En segunda, ¿vas a estar viniendo aquí todos los días para preguntar lo mismo? Tenés que ser paciente, flaca. Cuando haya novedades, te vamos a avisar.
Para ella era fácil decir eso, pues no le suponía nada que Romy tuviera éxito o no en su labor.
- Vos no entendés, para mí encontrar a un conocido que me pueda dar luz sobre mi pasado significaría mucho, es difícil no estar impaciente y el hecho de que esté demorando tanto no ayuda.
- Bueno, hace como quieras, a mí me beneficia que te vuelvas cliente frecuente. Es más, si querés, pásate también a preguntar para el almuerzo, la merienda y la cena.
- No, gracias - contestó inmutable, no entendiendo la broma - ¿Cuánto tiempo más los van a tener con esta tapadera del café?
- La verdad, Romy nos lo regaló... claro, hay que disfrutar mientras no cambien de idea.
Eso último lo dijo con cierto desánimo. Octo no pudo evitar sentir pena por la pobre chica, se notaba que disfrutaba llevar una tranquila vida como dependienta, mas eso era solo una ilusión porque, como ella misma dijo, La Familia podría cambiar de idea y arrastrarla otra vez a una vida de locura. ¿Pero qué podía hacer? Le había aconsejado que buscase ayuda, pero ella no quería saber nada y así era muy difícil poder intervenir en su caso.
- Si en algún momento cambias de opinión, recuerda que siempre habrá alguien dispuesto a darte ayuda.
- Estoy bien, Octo, gracias... ahora, tengo trabajo que hacer, ¿necesitas algo más? Porque si no, me dedicaré a otros clientes.
- Solo tráeme la cuenta.
- ¿Pagas con MercadoPago?
- Sí, como siempre.
Cuando Susy se retiró, volvió a centrar su atención en el celular, hasta que una mano le dejó sobre la mesa la factura y el código QR con el que podría pagar; mas la voz de quién se los entregó no era la que esperaba, demasiado masculina para ser de la inkling.
- Dos mil doscientos, como siempre, madam.
Levantó la vista hacia su interlocutor, Emiliano, quién le sonreía amistosamente y con aquella expresión de casanova en el rostro que tanto le caracterizaba, con la cual ya había conquistado el corazón de innumerables ilusas.
- Gracias, Emi. Procedió a pagar y le mostró la pantalla de su celular para que comprobara que el pago había sido efectuado. El Octoling asintió en señal de aprobación y Octo procedió a guardar sus cosas y marcharse, cuando el susodicho decidió intentar iniciar una conversación:
- No pareces disfrutar de estar aquí, ¿por qué continuas viniendo todos los días?
- Ya sabes porque vengo, Emi. - Respondió con indiferencia - Y si no lo sabes, pregúntale a Susy que ella lo sabe bien, no voy a estar dando explicaciones a todo el mundo.
- Bueno, no te pongas así de agresiva, solo trato de tener una conversación.
- Pero no estoy de humor para eso.
- La espera te impacienta, ¿verdad? Pero estar tan obsesionada no te va a ayudar. De hecho, hará las cosas peor. Lo que necesitas es distraerte, ¿qué tal un poco de competitivo?
- Todos los días dedico algo de tiempo a subir de rango.
- ¿En solitario? Lo que necesitas es unos buenos combates de liga, tratar de llegar a la cima de la pirámide, ganar el oro.
- No tendría con quién.
- Tenés con quién, solo que no me querés preguntar.
- ¿Combatir junto a tí? Emi, quiero que sepas que no estoy interesada.
- Y yo tampoco, malas experiencias con las octarianas, muy celosas.
- ¿Prefiereses salir con las inklings?
- Son menos... posesivas, no suelen flashear amor eterno y, si lo hacen, te putean solo un poquito cuando les revelas que solo te interesan los placeres de la carne.
- Supongo que las octolings te han puteado algo más que solo un poquito - "Y bien merecido te lo tienes" pensó.
- Con gusto te contaría un poco más de mi vida, si aceptaras combatir a mi lado en algunos combates de liga.
Octo contempló al joven octariano, quien le observaba con una tranquila sonrisa que no revelaba maldad alguna. ¿Que buscaría? La curiosidad le vencía, aceptaría la oferta de aquel muchacho.
- Bueno, me parece bien, pero... ¿No tenés que trabajar?
- Ah, sí. Se me olvidaba... ¡Susy! - Gritó hacia la caja - ¡Me voy un rato a batallar con nuestra amiga!
- ¡¿Cómo?! ¡Emiliano, acabamos de abrir!
- ¡Me tomo el día! ¡Descontamelo del sueldo!
Susy no caía de su asombro (y de su indignación)y en un futil intento por detener la atrevida jugada del octariano, le gritó a su novio (quien se encontraba al otro lado de la habitación, limpiando algunas mesas).
- ¡Santi, hace algo!
- ¡Trae pizza cuando vuelvas! - Le dijo este a Emiliano.
- ¡Hecho! - Contestó.
- ¡Santi!
- ¡Amor, no sé que querés que haga! ¡Es un vago, no lo puede evitar, lo lleva en la tinta! ¡Si se va a rascar el higo a ocho tentáculos, al menos que traiga pizza cuando vuelva!
Susy comprendió que no valía la pena seguir luchando contra la corriente y, resignada, sentenció:
- ¡Trae lo que quieras, pero sin ananá y sin anchoas!
- ¡Así será, Susy! - Le respondió Emiliano, sonriendo, mientras el brillo de sus blanquecinos dientes se filtraba hacia el exterior...
2
Modalidad: Pintazonas, la favorita de Emiliano, quien diestramente reventaba a los rivales con su mortífero rodillo (aunque los cargatintas lograban mantenerlo a raya en ocasiones). A su vez, Octo, haciendo gala de su entrenamiento militar, no se quedaba atrás, tan temida como podía serlo con los rociadores...
El saldo tras 30 combates había sido bastante aceptable, con 20 victorias (7 por dominio total) y 10 derrotas (solo 4 por dominio total). Aunque no les había alcanzado para llegar a la punta de la pirámide, por lo menos lograron llegar al oro, de modo que quedaron satisfechos por el balance...
¿Y que mejor que unas refrescantes bebidas tras dos horas de intensos combates? pensó Emiliano, de modo que fueron a lo de Adolfrito a tomar unas merecidas bebidas.
Ten... - Le ofreció un vaso a Octo, quien lo aceptó gustosa. Emiliano se sentó a su lado en una de las varias mesas que se encontraban en Inkopolis Square.
- Entonces... - Dijo la octoling - ¿Habías dicho que me contarias más de tu vida?
- Apa... - Exclamó Emiliano - ¿Realmente combatiste junto a mí solo para que te contara más de mi vida?
- Que puedo decir, Emi, estoy aburrida - Le confesó - Y como dijiste antes, la espera me impacienta y que me cuentes de tu vida me ayudará a distraerme.
Este le sonrió amablemente y dió un largo sorbo a su brebaje, para luego preguntar:
- ¿Y qué quieres saber?
- ¿Tuviste una mala experiencia con una octoling que prefiereses solo salir con las inklings?
- Sí, dos veces... En la primera era muy jovencito, mis papás me mandaron de nuevo a Distrito Pulpo para "tener una educación recta y ser un pulpo de bien". Yo ya era una bala al aire desde chiquito y creyeron que la rígida educación de la patria me enderezaría... Me parece que no funcionó - Sonrió - Bueno, ahí la conocí, ella tenía un alto cargo en el ejército...
- ¿Alto cargo?
- De los muy altos, de los que te dan mucha influencia...
- ¿Pero cuántos años tenía?
- Cuarenta...
- ¡¿Cuarenta?!
- Sí, ya sé, era mucha diferencia de edad, yo recién acababa de alcanzar mi forma humanoide de manera plena, pero a ella no le importó. Entendió que era un inexperto y me inició en los dulces caminos del amor...
- Emi... ¿vos no te das cuenta que lo que ocurrió estuvo mal? Es terrible lo que te pasó.
El susodicho quedó callado por unos segundos, como si no comprendiera el horror que revelaban las palabras de su interlocutora.
- ¿Que quieres decir? ¿Por qué estuvo mal? ¿Que tiene de malo?
- Emi, esa mujer abusó de vos - Este estalló en una profunda carcajada - ¿De que te ríes?
- Perdón, Octo, pero es que estás diciendo cualquier cosa. No fui abusado de ninguna manera.
- Pero Emi...
- Yo consenti en todo momento, ella nunca me forzó a nada. Es más, fue una gran maestra, me tuvo toda la paciencia del mundo y me hizo sentir cosas que nunca antes había sentido, cosas que ninguna otra mujer me ha hecho sentir... Viste que con la primera nunca se olvida...
- Emi...
- Mira, si no lo querés entender, no lo entiendas, Octo. Yo sé bien lo que aquello fue... Igualmente, no te preocupes que no sos la primera en no comprenderlo.
Esto último lo dijo con profundo pesar y Octo entendió lo que podía haber ocurrido...
- ¿Cómo terminó aquella... relación?
- Mis abuelos se enteraron... No armaron un escándalo porque, supongo, entendieron que esa mujer estaba en otra liga, que era una intocable. Le contaron lo que pasó a mis padres y estuvieron de acuerdo en que regresara a vivir con ellos a Cromopolis.
- ¿Y qué fue de ella?
- No sé, nunca intentó venir a buscarme, ni ponerse en contacto conmigo de alguna manera, y mirá que hubiera podido... Supongo que en este caso fui yo quien flasheó amor eterno, pero bueno, era un iluso de 14 años, es normal.
- Ay, Emi...
- Bueno, pero con la segunda, fue ella quien confundió todo...
- ¿Quien fue?
- María, una amiga de mi hermana.
- ¿Tenés hermana?
- Sí, un año menor que yo. La verdad, con María nos conocíamos desde chiquitos, venía a jugar a casa con mi hermana.
- Claro.
- Obvio que cuando volví a Cromopolis, nos volvimos a encontrar. Al principio, nada, solo éramos parte del mismo grupo de amigos y solíamos salir a bailar, a pasar el rato, etc.
- Entiendo.
- Igual yo, con el tiempo me fui empezando a juntar con otro grupo de pibes, pero a ella la seguía viendo, cuando venía a casa a estudiar con mi hermana... y yo notaba que comenzaba a haber onda entre los dos, notaba que se me quedaba viendo y la verdad la pasabamos bien juntos...
- ¿Y un día comenzaron a salir?
- Sí, así fue y por un tiempo todo fue bien... Lo que pasa es que ella parecía querer algo más y yo... yo estaba en otra, para mí solo éramos amigos con derecho.
- Ya veo, ¿y terminó mal?
- Y sí, mirándolo restrospectivamente, yo no actué bien, nunca fui lo bastante claro en qué no buscaba algo serio, incluso cuando me dí cuenta que María ya me miraba con otros ojos. Al final, lo único que hice fue hacerla sufrir... Nunca quise que pasara eso, fue por inexperiencia, por juventud, no supe manejar la situación. Pero bueno, son errores, viste. Esa experiencia me sirvió para aprender.
- ¿Aprender qué?
- Desde entonces, procuro ser claro con las mujeres con las que íntimo, nunca les digo que las amo, trato de evitar ilusionarlas y, cuando noto que alguna empieza a enamorarse, les dejo bien claro que yo no busco eso y doy por concluida la relación.
- Bueno, eso no lo veo mal, ¿pero para vos las relaciones son siempre algo fugaz? ¿Nunca quisiste tener algo serio con alguien?
Emiliano guardó silencio por unos segundos, como si la duda le envargase. ¿Podría ser que se haya sentido enamorado alguna vez aquel que aparentaba ser un mujeriego consumado, un soltero de oro?
Pero finalmente, el momento de las respuestas llega, mas esta vez las mismas no alumbraron luz sobre duda alguna, puesto todo lo que aquel octariano atinó a decir fue:
- No, la verdad no.
- ¿De verdad nunca has amado a ninguna mujer? - Su silencio previo le intrigaba.
- No, Octo... Bueno, quizás a la primera, pero eso ya fue.
- Emi...
- Ya sé lo que pensas, Octo. - Respondió, visiblemente enojado - Y ya fui bastante claro con eso, así que mejor la cortamos acá.
- O... Ok - Fue todo lo que contestó, entendiendo que lo mejor era no seguir con aquel asunto.
- ¿Y vos?
- ¿Y yo qué? - Dijo extrañada.
- ¿No tenés nada serio con nadie?
- No... creería que no.
- ¿Cómo es que crees? - Dijo Emiliano, riendo.
- Creo, Emi, la verdad no recuerdo mucho de mi pasado. Vos ya lo sabés. - Le contestó, un poco molesta.
- Ah cierto, que por eso es que le pediste ayuda a Romy.
- Sí... La verdad, eso me tiene impaciente, pero entiendo que va a tardar.
- Es que, Octo, vos también... Para mí buscaste ayuda en el lugar equivocado, y no lo digo porque La Familia sea jodida, sino también porque tendrán base de datos, pero no tienen los lazos de hermandad con los octarianos y esa desconfianza no ayuda.
- ¿Que quieres decir?
- Bueno, imagínate, sos un Octariano tratando de sobrevivir en un lugar hostil, notas que los de La Familia (que son unos hijos de puta, unos explotadores que tienen agarrados a todo el mundo con deudas impagables y amenazan incluso a padres de familia) están indagando en busca de un compatriota. ¿Entonces, que pensas?
- Y no sé... que lo buscan para algo malo.
- Exacto, pensas lo peor. ¿Y qué haces ante esta situación?
- ¿Y qué sé yo, Emi? ¿Me mantengo al margen?
- No, se lo comentas a los vecinos y ahí la hermandad que los une hace su magia y todos actuan en base a un acuerdo implícito de protección mutua: Si La Familia pregunta, una mentirita por aquí, una media verdad por allá, olvidos, despistes, todo eso los mantendrá ocupados, perdiendo el tiempo. Quizás, igual, tengan éxito en su búsqueda, pero les va a costar, van a tardar mucho.
- Pero... - Octo no caía de su asombro - ¿De verdad actúan así?
- No dejas de sorprenderme - Le respondió Emiliano - Realmente no recordas nada de la vida en la Madre Patria.
- Muy poco...
- Se nota, porque si no sabrías que no es como acá. No te lo voy a negar, en Distrito Pulpo la vida es difícil, hay carencias. Pero esa misma dificultad sumado a la organización centralizada de nuestra economía hace que entre los Octarianos haya un sentimiento de hermandad, todos empujan para el mismo lado e intentan cumplir su rol en la sociedad en busca de algo mayor a ellos mismos, el bienestar general.
- Entiendo.
- Te darás cuenta que esto es la antípoda de lo que hacen los inklings. Los inklings llevan un estilo de vida más individualista y con una organización económica descentralizada, apoyada en la iniciativa privada. Acá, las personas buscan el bienestar individual (entiendo que la lógica subyacente es que si cada uno busca su propio bienestar, la resultante termina siendo el bienestar general).
- Sí, bueno, no creo que sea tan así.
- Mira, si la economía de mercado inkling es óptima o no, no lo sé, supongo que tiene sus problemas... Pero la octariana está mucho peor; por una cosa y otra, la economía inkling es preferible. Por eso hay tantos Octarianos que emigran.
- ¿Pero no es contradictorio eso con la supuesta hermandad que mencionas?
- No, no es tan así. Los que emigran son los que peor están, los que peor viven, menos aportan. Se van cuando ya es insoportable, nuestro gobierno no castiga esta actitud porque le sirve de válvula de escape para la contención social. Ademas, los que viven aquí envían dinero a sus familiares que se quedaron en casa, es su forma de aportar a este bienestar común.
- Ya veo, supongo que al venir aquí mantuvieron ese sentimiento de hermandad y se cuidan mutuamente.
- Es la manera octariana de hacer las cosas, ciertamente.
- ¿Y vos por qué estás con La Familia?
Emiliano no le respondió en un primer momento, se le quedó mirando de una manera rara, como si intentase entender algo que no le quedaba claro. Entonces dijo:
- Yo estoy seguro que eso ya me lo habías preguntado y creo que fui bastante claro en aquella ocasión.
- Sí, en resumen me dijiste que los de La Familia te compraron una empresa.
- La parte mayoritaria de esa empresa.
- Y te quedaste metido en el negocio como un socio (aunque pareces más un empleado).
- Si, es así.
- Entonces, Emi, no entiendo, ¿por qué te quedaste con La Familia? Les hubieras vendido toda la empresa y no trabajarías para unos malparidos que abusan de los nuestros.
- Octo, en primera, La Familia no me hubiera dejado ir así como así, no tenía realmente opción. En segunda, de haber podido elegir, igual me hubiera quedado porque era lo que más me convenía.
- ¿Pero y la hermandad entre Octarianos que tanto preguntas?
- Bueno, ahí está el punto, ese es el modo octariano de hacer las cosas y sirve... en Distrito Pulpo. Acá en Cromopolis, eso no sirve para una mierda.
- Servirá para defenderse ante un mundo hostil, ¿no?
- Y nada más que para eso. No lo niego, hay Octarianos felices de seguir ese camino... Mis padres, mi hermana, incluso María. A ellos les encanta todo eso de la hermandad, se lo toman muy en serio. De hecho, María y mi hermana son las cabecillas de una agrupación política juvenil que "vela por el respeto de los derechos de los Octarianos en Cromopolis".
- Yo lo veo perfecto todo eso que contas, Emi. ¿Por qué vos te has apartado tanto?
- Porque todo eso sirve apenas para sobrevivir. La vida en el barrio es una isla de miseria alrededor de un mar de riqueza, ¿y te digo algo? Cansa. Yo me terminé hartando de ir vestido para el orto al colegio, de recibir las constantes burlas de los inklings, de que me vivieran basureando. Vi que Cromopolis tiene mucha riqueza y quise un poco para mí... La agrupación política de mi hermana tiene un lema: "Nadie se salva solo". Esas son boludeces. La verdad, uno se salva solo pero sobrevive en conjunto. ¿Sabes realmente como uno se puede salvar?
- ¿Cómo?
- Siguiendo la manera inkling de hacer las cosas y eso consiste en acumular capital, no viviendo en comunidad. Te salvas solo, Octo, no hay vuelta, es la única forma de abandonar Barrio Pulpo.
- ¿Barrio Pulpo?
- Es el gueto dónde residen la mayoría de los Octarianos. Un barrio de mala muerte dónde uno vive ascinado con su familia en una casilla destartalada.
- Vaya, es terrible.
- La verdad que sí, yo hice todo para salir de ahí, comencé a ganar dinero y cuando La Familia me dió la oportunidad para ganar aún más, no lo dudé un segundo.
- ¿Y tú familia?
- Los intenté ayudar, pero no hay forma. Son demasiado cerrados de mente como para aceptar mi dinero, solo aceptan la manera octariana de hacer las cosas... En fin, me terminé rindiendo, hace ya bastante que no los veo.
- ¿Cuánto?
- Y como un año, más o menos.
- ¿Y valió la pena dejar de tratar con tu familia?
- Sí, totalmente - A Octo le impactó la firmeza con la que respondió - Ni te podés imaginar lo mierda que es la vida ahí. Lo mejor que me pasó es haberme ido.
El silencio se hizo presente, Octo no sabía que más decir y Emiliano parecía haber terminado con su verborragia. La joven prefirió centrar su vista en su propio vaso, en lugar del rostro de su compañero y solo un nuevo pronunciar de este último le sacó del transe en que se encontraba.
- Igual... - Dijo Emiliano - Por mucho que no comparta el punto de vista de mi familia, Octo, para el tipo de problema que tienes, lo mejor sería el modo octariano de hacer las cosas.
- Pero... ¿qué me quieres decir con eso, Emi?
- Que acudir a La Familia fue un error, vos lo que necesitas es la ayuda de los nuestros.
- No conozco (o al menos no recuerdo conocer) a ningún octariano de ese Barrio Pulpo.
- No, ya sé que no, pero no necesitas conocer a mi hermana para que esta considere ayudarte.
- ¿Tu hermana? ¿Y dónde la puedo encontrar?
- En mi antigua casa podría ser una posibilidad, yo te puedo llevar.
- ¿Pero no era que estás en malos términos con tu familia?
- No importa, aunque vayas conmigo, mi hermana estará dispuesta a escucharte, háblale con la verdad, ella te ayudará...
3
El motor del auto rugía constante, avanzando por las anchas avenidas y las angostas calles. Magnánimos edificios, de claridad soberbia, fueron dando paso a humildes casas, algunas despellejadas, con el rojo carnoso de los ladrillos expuestos al sol.
Aquella procesión de los contrastes vio la joven desde la ventanilla del copiloto y comprendió, entonces, las palabras que el conductor le había dicho antes y lo entendía, entendía su accionar, mas no lo compartía ni lo aprobaba.
El auto dobló por una esquina, "bienvenida al barrio" creyó oírle proferir a su conductor y adentráronse en el inmenso laberinto de casillas, todas iguales, deprimentemente iguales, y quiso la suerte que Emiliano tuviese la memoria visual propia de un maestro, lo que les permitió llegar a su destino: Solo otra humilde choza, demasiado parecida a las demás y sin siquiera un número que permitiese identificarla.
- ¿Es aquí? - Le preguntó Octo.
- Aquí es.
- ¿El lugar donde pasaste tu infancia?
- Tierna infancia y la mayor parte de mi adolescencia. - Es todo lo que atinó a decir y golpeó fuertemente la despintada puerta.
Una joven Octoling, de tímida mirada les abrió. ¿Sería, quizás, su hermana? Pero dudó que fuera el caso, pues pudo notar la sorpresa en los ojos de Emiliano.
- ¿Emi, sos vos? - Preguntó la muchacha.
- Hola María.
María entonces posó su atención en Octo y su expresión mostró cierto enojo.
- ¿Y esta quien es? ¿Otra ilusa a la que engatuzaste?
- Es solo una amiga.
- Sí, para vos son solo amigas, ¿no?
- María, por favor.
- ¿Y a qué venís?
- ¿Está mi hermana?
- No, no está.
- ¿Y dónde está? Necesito verla.
- No quiere verte, Emi. Yo tampoco, la verdad, pero se ve que no tengo suerte.
- María... Por favor, de verdad. Después hablamos si querés, pero ahora necesito ver a mi hermana, ella... - Dijo, señalando a Octo - Necesita ayuda. - María solo negó con la cabeza.
- Vos y yo no tenemos nada de que hablar, Emi... Pudimos ser algo hermoso, pero dejaste en claro que solo te amas a ti mismo. Igual, esta pobre chica no tiene la culpa de tu insensibilidad... Olivia se encuentra en una reunión de las JO.
- ¿JO? - Preguntó Octo.
- Juventudes Octarianas - Le aclaró Emiliano - Es la agrupación que lidera mi hermana.
- ¿Eres recién llegada, que no conoces a las JO? - Inquirió María.
- Algo así...
- Bueno, si necesitas ayuda, con gusto te llevaré.
- Excelente, vámonos - Intervino Emiliano y María le miró con enfado.
- No es buena idea que vengas.
- ¿Por qué no?
- Tu visita resultaría poco grata.
- Es lindo ver qué todavía me siguen teniendo cariño.
- Siempre tan irónico... Ok, si querés pasar un momento incómodo, no te voy a detener, vamos - María cerró la puerta tras de sí y paso por entre sus interlocutores y estos la siguieron.
Subieron al vehículo y se volvió a repetir la procesión por aquellas laberinticas calles que parecían todas iguales, hasta llegar al borde de una sucia bahía sobre la que se erigía una derruida plataforma, restos oxidados de una gloria pasada.
- ¿Ves esa plataforma en el agua? - Señaló María a Octo.
- Sí...
- Es la mina costera, hace mucho tiempo que no funciona. Los inklings también la usaron para combatir por un tiempo, pero eso ya pasó, fue la sentencia final para la prosperidad de la zona.
- Vaya...
- ¿Por dónde, María? - Preguntó impaciente Emiliano.
- A la derecha, doscientos metros, hay un depósito bastante grande, nos reunimos allí.
El jóven siguió las indicaciones y llegaron a su destino: Un enorme galpón, tal como María lo había descrito, sin mucho más para destacar.
Ingresaron por una pequeña y oxidada puerta y dentro se encontraba una considerable cantidad de octarianos, reunidos en una ronda en torno a una tarima sobre la que se alzaba una jóven de semblante decidido y voz desafiante, dando un discurso que inspiraba a sus oyentes.
Nadie pareció percatarse de los ingresantes y estos entendieron que sería indecoroso interrumpir a la disertante, por lo que decidieron escuchar sus enérgicas proclamas a cierta distancia de aquel gentío.
Octo posó su atenta mirada en la conferencista, una joven Octoling, con un peinado octariano tradicional, propio del que usaban las octoamazonas allí en el metro Abisal. Lo más impactante fueron sus negras pupilas, profundas como el abismo del que tanto le había costado escapar. Octo concentró su atención en estas, como intentando descubrir el alma de la chica, pero solo consiguió reflejar la suya propia...
Para entonces ya no se encontraba en aquel ascinado galpón, si no en una vírgen playa, con los destellos del amanecer reflejándose en el hermoso cielo y el rugido de las olas multicolores que llegaban a la inamovible costa.
- Bueno, eso es todo, con la claridad del día a llegado mi tiempo de partir - Dijo una jóven octoling, distinta de la que hasta hace poco escuchaba, dándole la espalda, posando su intereses en un humilde bote que descansaba sobre la costa. Entonces, esta dió media vuelta para poder mirarla a la cara - Gracias - Dijo.
- ¿Por qué? - Preguntó Octo.
- Por ayudarme a llegar hasta aquí, por conseguir las provisiones, por todo realmente. Sé que te has arriesgado demasiado.
- Es lo que hacen las amigas...
- Tu eres más que una amiga, eres una hermana de alma... ¿Segura que no quieres venir?
- No, yo siento que mi destino se encuentra en Cromopolis.
La joven le sonrió dulcemente y entonces tomó un adorno que llevaba sobre sus tentáculos, un adorno que Octo no pudo distinguir, aún cuando la octoling se lo ofrecía delante suyo.
- Entonces, supongo que este es el adiós, pero quizás en un futuro nos volvamos a encontrar. Toma, llévalo, para que recuerdes que siempre tendrás una amiga más allá de las rompientes olas.
Y Octo vio su propia mano alzandose, dispuesta a tomar aquello que la joven le ofrecía, aquello que parecía tan preciado y que nisiquiera podía recordar, el dolor de la amnesia, el dolor de olvidar, que la había separado de todos aquellos que eran caros a su corazón.
Entonces volvió a la realidad, una conmoción la sacó del transe. Notó como aquella multitud ya no miraba hacia la tarima (ahora vacía), sino hacia donde ellos se encontraban y sus miradas no resultaban felices, algunas reflejaban desaprobación, otras incredulidad.
- Buen díaaa - Dijo jocosamente Emiliano, no preocupándose por la hostilidad presente en el ambiente - Hermosa mañana, ¿verdad?
Nadie le respondió, Emiliano solo consiguió que el aire se espesara aún más. Octo pudo escuchar a aquella joven que hasta hace poco daba un discurso, abrirse paso por entre la multitud, para finalmente llegar a donde ellos se encontraban.
- ¡Hermanita!
- ¡No soy tu hermana, Emiliano, ya no más!
- Vamos, no seas así, si cuando éramos chicos yo te defendía del monstruo que estaba bajo tu cama.
- No intentes apelar a sentimentalismos, lo que hiciste no se perdona, mal nacido, que por tu actitud demuestras no tener arrepentimiento.
- No, la verdad que no.
- Y seguro eres muy feliz entre los inklings, considerando que eres tan parecido a ellos.
- He copulado con unas cuantas, sí. No negaré que son mucho más diestras en la cama de lo que son las octarianas.
Olivia, su hermana, se quedó helada ante este comentario, mientras un murmullo de desaprobación se extendió por entre la multitud. Octo pudo notar, por el rabillo del ojo, una singular lágrima que corría por la mejilla de María.
- Eres... - Olivia no sabía que decir, no caía de su asombro - Eres un depravado, ¿es que has venido hasta aquí solo para contarnos de tus prácticas contra natura?
- No, en realidad no, pero termina de insultarme primero y luego te cuento.
- ¿A qué, entonces?
- Ella, hermana - Dijo señalando a Octo - Necesita de tu ayuda.
Olivia se acercó a Octo, la observó detenidamente.
- ¿Es amiga tuya?
- No, solo una conocida.
- No sé si alguien que se codea contigo merece que le demos una mano.
- Ella es una inocente, hermana. Tiene amnesia, no recuerda casi nada de su pasado, no sabe quiénes son sus seres queridos ni dónde están. - Olivia escuchaba atentamente, sin apartar la vista de Octo, mientras se debatía internamente entre ayudarla o no - Por favor, hermana. ¿No dices siempre que los Octarianos somos todos hermanos, que debemos ayudarnos entre nosotros? No lo hagas por mi, hazlo por ella, que no tiene que pagar por lo que haya hecho yo. - Ella seguía escuchando, en silencio - Hermana...
- Emiliano - Pronunció finalmente - Cerra el culo, que trato de decidirme - Él calló de pronto - ¿Cómo te llamas?
- No recuerdo, pero he adoptado el nombre de Octo... - Pudo escuchar algunas risitas de entre la multitud.
- Octo... ¿y por qué ese nombre?
- Porque lo único de lo que estoy segura es que una octariana soy.
- Muy bien, eso quería oír. Ve para mi casa y espera, te daremos ayuda.
4
Se encontraba acostada en una sencilla cama en la habitación de Olivia, en penumbras, apenas iluminada por una mortecina luz que ingresaba desde una ventana con las persianas bajas. Hacía horas que esperaba, pero su paciencia finalmente rindió frutos, cuando escuchó el girar del picaporte y vio que la hermana de Emiliano, octoling de fuerte carácter, ingresaba al cuarto. Esta tomó una silla y se sentó al lado de Octo, quien amagó levantarse.
- Por favor, quédate acostada... Lamento haberte hecho esperar, pero tenía que resolver algunas cosas.
- Descuida...
- Ahora, cuando venga María, comenzaremos.
- Muy bien.
- No creo que nos hayamos presentado correctamente. Me llamo Olivia, orgullosa Octariana y lideresa de las Juventudes Octarianas, también conocidas como JO.
- Un placer.
- Supongo que Emiliano te contó un poco de mí y de la organización que encabezo. En resumen, somos una agrupación juvenil que busca velar por nuestra comunidad, defendemos los derechos de los octarianos que viven aquí en Cromopolis y buscamos ayudar a todo compatriota que lo necesite. Nuestro lema es "Nadie se salva solo".
- Si, algo me había comentado. Gracias por aceptar ayudarme.
- Es nuestro deber, ahora... - Fue interrumpida por el ruido del picaporte, giró la cabeza y vio quien entraba - María, al fin, ¿por qué tardaste tanto? ¿No encontrabas el incienso?
- Perdón...
- ¿Pero qué te pasa? ¿Estás bien?
,- Sí, estoy bien.
No pareció que Olivia le creyera, porque se levantó ipso facto y se acercó ella.
- ¿Qué te pasa?
- Nada, Oli, de verdad.
- María, se nota que estuviste llorando, ¿que pasó? - María no respondió, quería escaquearse de la situación, pues buscaba evitar la mirada de su amiga - María... ¿fue Emiliano? - Ella asintió - Ese maldito, lo voy a matar. ¿Qué te hizo?
- Nada, no me hizo nada, solo que tuvimos una conversación y con todo lo de hoy, yo... - Empezó a quebrarse. Octo pudo notar como las lágrimas volvían a inundar sus ojos. Olivia, por su parte, la abrazó.
- Ya, ya tranquila - Pacientemente aguardó a que su amiga se tranquilizara y, cuando los ánimos estuvieron un poco más calmos, la miró a los ojos y le dijo - Si te sentís mal, te podés ir a casa, no estás obligada.
- No, Olí, te quiero ayudar, de verdad.
- ¿Segura?
- Está bien. Pero te necesito tranquila.
- Lo estaré, no te preocupes.
- Perfecto, pero si en algún momento te querés ir, eres libre de hacerlo.
- Sí, Olí, gracias.
Y dicho esto, Olvia volvió a sentarse al lado de Octo, mientras que María colocó un incienso sobre una mesita y lo encendió. Un agradable aroma rápidamente invadió la habitación.
- Siempre tratamos de que aquellos que piden nuestra ayuda estén lo más confortable posible. El incienso suele ayudar, pero si te molesta, lo podemos apagar y aireamos la habitación.
- Estoy bien, gracias.
- Normalmente atendemos en lo de la JO, pero tu caso es especial. Creeme, ibas a estar más cómoda aquí.
- ¿Se trata de Emi?
- Así es.
- ¿Es por estar trabajando con La Familia?
- Aunque ellos sean unos hijos de puta, su traición es anterior a eso. Incluso podríamos tolerar que sea parte de esa maldita organización, porque son muy astutos en reclutar gente (aunque dudo que él hubiese tomado otra decisión de haber tenido la libertad).
- ¿Entonces?
- ¿No te dijo por qué fue que lo reclutaron?
- Me dijo algo de una empresa, que La Familia se la compró.
- ¿Y no te explicó de que era la empresa?
- No, pero seguro era algo ilegal.
- Lo ilegal también hubiera sido tolerable. El problema, Octo, es que ese mal nacido comenzó a producir y vender veneno entre los hermanos.
- ¿Quieres decir...?
- Vendía droga por el barrio - Acotó María.
- Una droga barata y adictiva, se propagó como la pólvora, eso desgarró nuestro tejido social, empeoró la vida en Barrio Pulpo...
- Que horror...
- Lo peor, fue él quien luego acudió a La Familia para expandirse...
- ¿Expandirse?
- Les vendió la empresa y los ayudó a vender esa mierda también por la Madre Patria...
- ¿De verdad?
- Por eso no es bienvenido aquí, por eso ya no es mi hermano, porque traicionó a su gente, todo para vivir como los inklings.
- Nunca me imaginé, yo no sabía.
- No te preocupes, nosotras no te vamos a juzgar, no eres culpable de los pecados de Emiliano. Pero no podemos garantizar que otros Octarianos sean igual de comprensivos.
- Entiendo.
- En todo caso, Emiliano no es lo importante aquí, sino tu predicamento. Entonces, ¿tienes problemas de memoria?
- Así es.
- ¿No recuerdas nada?
- Solo fragmentos, quizás aquí en Barrio Pulpo haya alguien que me conozca y me pueda ayudar a recordar.
- Veremos de buscar por el barrio, pero es un lugar inmenso.
- Lo sé... Hace poco pude recordar algo nuevo.
- ¿Cuando?
- Cuando te vi sobre esa tarima... Creo que fue por tu peinado, me hiciste recordar a una amiga...
- ¿Quien era?
- No puedo recordar su nombre, pero sentí que era una amiga... - Y Octo les contó sobre aquella chica, el amanecer en la playa, lo conversado con ella y el regalo que le ofreció pero que no podía recordar...
- Curioso, normalmente los Octarianos no buscan emigrar por mar.
- ¿A dónde podría haber ido?
- Existen varias ciudades estado más allá, imposible saberlo.
- Lo que no entiendo es porque dijo que te arriesgaste demasiado - Intercedió María.
- No lo sé...
- ¿Y es la primera vez que la recuerdas? - Preguntó Olivia.
Octo pensó por un momento y entonces respondió:
- No, creo que ya la había recordado en otro momento?
- ¿Cuando?
- Mientras me daba una ducha, escuchaba un hit del Gran Líder y ahí la recordé... Estabamos en una... fiesta de música electrónica, creo. Me dió una pastilla... no recuerdo más que eso.
- Eso podría ser cualquier fiesta electrónica, a los Octarianos nos encantan, no es raro - Dijo María - La pastilla que te dió seguro era éxtasis, sirve para ampliar nuestros sentidos y poder tener experiencias extrasensoriales.
- Y resulta interesante, porque nos muestra un patrón - sentenció Olivia - Octo, parecería ser que el tomar contacto con personas, música o cualquier cosa que tu mente pueda asociar a un evento pasado, te permite recuperar recuerdos que tenías olvidados.
- ¿Y crees que podríamos explotar eso para ver si recupero la memoria?
- Es posible, puede ser medio azaroso pero no debemos descartarlo sin intentar... Escucha, pienso que sería bueno que nos contaras sobre tu pasado. Quizás nos podría ser útil, quizás podríamos obtener una pista o algo.
- ¿Y qué quieres que te cuente?
- Todo lo que puedas recordar, pero que quede claro; esto no es un interrogatorio, eres libre de no hacerlo. Así que, si no te sientes cómoda con esto, puedes decirnoslo, es preferible eso a que nos mientas por vergüenza o cualquier otro motivo.
Quizás fuera por la actitud amable que profesaban aquellas chicas o quizás fuera por el olor a incienso a incienso que relajaba la mente; pero lo cierto es que Octo se vió invadida por una plena confianza y no dudó por un segundo cuando dijo "No hay problema, les contaré todo lo que recuerdo" y dió inicio al relato de todo aquello que su mente le permitió recuperar.
Así, habló de todo lo vivido en el Metro Abisal, tal como se los había contado a Romy y compañía tiempo atrás; de lo acontecido en Cromopolis desde que había derrotado al malvado Tartar; de su relación con el Escuadrón Branquias (incluida la Agente 3), de las Cefalopop y de La Familia.
El relato fue extenso, habrá durado, quizás, hora u hora y media. Sus oyentes permanecieron en respetuoso silencio, solo interrumpido por alguna pregunta ocasional para aclarar algún aspecto puntual.
Octo, justo cuando llegaba al final, se le ocurrió pensar que, a lo mejor, su historia resultase difícil de creer, por lo inusual de la misma, rayando lo fantasioso en ocasiones. ¿Pensarían que es una mitomana consumada o solo una pobre loca que había sufrido alucinaciones? Mas cuando hubo terminado, y con cierta sorpresa para ella, Olivia gentilmente le expresó:
- Gracias por confiar en nosotras y decirnos la verdad.
- ¿Entonces me creen? Por un momento pensé que me historia pareciese demasiado fantasiosa, pero les juro que es verdad.
- Estamos seguras que es verdad. En primera, hubo noticias de un incidente en las costa este, que concuerda con tu relato. En segunda, no han sido pocas las noticias provenientes de la Madre Patria sobre octarianos desaparecidos en misteriosas circunstancias, lo que tristemente resulta verosímil tanto con los sujetos de prueba como con los sanitizados que mencionas...
- Que horror, muertos reanimados, pobre gente - Acotó María.
- Sí, como si la opresión inkling no fuera suficiente... Ojalá nuestro gobierno haga algo para recuperar a los hermanos perdidos - Le respondió Olivia.
- Si...
- Y en tercera... - Continuó Olivia, regresando a Octo - Bueno... Mira, lo que te voy a decir no quiero que lo tomes como una acusación, si no como un hecho, porque eso es lo que es...
- ¿Qué cosa?
- Octo... resulta evidente que eres (o eras) una militar y... estabas buscando emigrar a Cromopolis y, aparentemente, también ayudaste a otra colega a hacer lo mismo, pero hacia las tierras más allá del mar.
- Los únicos Octarianos que tienen permitido emigrar son los que no pueden contribuir en casa - Intercedió María - Los militares cumplen una función social y tienen muchos privilegios por su posición. Tus acciones te convierten en una traidora, no solo ante los ojos de nuestro gobierno, sino también ante los ojos de todos los Octarianos...
Octo se quedó pasmada, no supo que decir.
- Que ahora seas parte del Escuadrón Branquias no ayuda a tu posición, como tampoco que parezcas tener una amistad con la Agente 3 - Le comentó Olvia - Sin embargo, por las circunstancias que te son propias y que te llevaron a codearte con ellos, se puede excusar (aunque deberías rever si amerita que sigas formando parte). Además, por lo que nos cuentas, tus acciones en ese Metro Abisal salvaron tanto las vidas de inklings como de Octarianos, de modo que tu heroísmo te ha redimido de tu traición, por lo que nosotras te seguiremos ayudando - Octo todavía se encontraba anonadada, por lo que se mantuvo en silencio. Olivia continuó con su monólogo - Ahora, nosotras no diremos nada de esto a nadie, pero te damos unos consejos: No regreses a la Madre Patria bajo ninguna circunstancia, dudo sean tan comprensivos. No le cuentes nada de esto a nadie y sería recomendable que no rondes por el Barrio, quizás alguien te reconozca y no se puede garantizar que sea tu amigo, te podrían linchar.
- Nosotras te seguiremos ayudando, buscaremos por alguien que pudiera conocerte, tratando de evitar los sospechosos de ser hostiles, vos mantente fuera de este barrio y estarás bien. - Acotó María.
- Ok... Pero... ¿Pero entonces soy una traidora indeseable?
- Eres una traidora, pero te has redimido, eso te vuelve merecedora del perdón; ante nosotras estás limpia, pero no todos los Octarianos son tan comprensivos - Trató de consolarle Olivia.
- No tengo a nadie, entonces, todos me odiarán. Si tuviera familia, pensarían lo mismo que ustedes de Emi.
- A diferencia tuya, él no ha hecho nada para ganarse el perdón. Si nosotras te hemos perdonado, tu familia podría hacerlo también.
- Siento que la única amiga que me queda vive más allá del mar y no puedo siquiera recordarla... ¿Cómo se llamaba? ¿Y a dónde fue?
- Mira, entiendo que esto puede ser difícil para tí. A lo mejor deberías descansar, podemos seguir otro día, no tenemos problema en ir a visitarte a tu departamento.
Octo lo meditó un momento; por un lado, quería seguir; pero por el otro, se sentía bastante turbada, no podía pensar con claridad, miles de preguntas se sucedían fugazmente en su cabeza.
- Sí, tienes razón - Dijo, decidiéndose al fin - Sigamos otro día.
- Muy bien, intercambiemos números y luego coordinamos, podemos reunirnos en tu departamento o en dónde te sientas más cómoda.
- Mi departamento está bien.
- Perfecto, entonces estaremos en contacto. ¿Quieres que te llevemos a tu casa?
- No, gracias, Emi me llevará. Les agradezco por todo, de verdad. Son muy gentiles, pero tengo que ordenar mis pensamientos...
5
Rítmico, el ronronear del motor. El auto avanzaba de regreso a casa y Octo, con la mirada perdida a través de la ventanilla del acompañante, observaba todo pasar pero no captaba ningún detalle. Emiliano, con la vista fija hacia adelante, no le pasó desapercibido el silencio melancólico de su copiloto.
- ¿Entonces? ¿Que te parecieron?
- Son buenas personas, la verdad.
- Sí, siempre fueron así, con esos principios.
- ¿Qué te movió a llevarme con ellas?
- Nada en particular... Supongo que solo me sentí mal por vos y te quise ayudar.
- Me dijeron lo que hiciste, te consideran un traidor.
- ¿De verdad? ¿Y qué fue lo que hice?
- Vendías drogas en el barrio... ¿cómo fuiste capaz?
- Me dejé llevar.
- ¿Te dejaste llevar?
- Yo quería tener dinero, quería dejar el barrio y vivir mejor... Trabajaba en Don Oso SA.
- ¿Eras recolector?
- No, en ese entonces no estaba permitido que los Octarianos llevasemos armas. Nos tocaba el puesto peor pagado de procesador de huevecillos.
- ¿Procesador?
- Los huevecillos de salmón, sobre todo los dorados, tienen muchos usos, como combustible por ejemplo. Don Oso vende la mayor parte a la industria (no sé que hará con lo que se queda) y los procesadores hacen eso, procesan los huevos para que puedan ser utilizados, en bruto no sirven demasiado.
- Vaya...
- Como procesador, teníamos acceso a los huevecillos y nos quedabamos con una parte de los dorados para venderlos a La Familia.
- ¿Y para que los quieren?
- Es que uno de los usos de esas cosas es ser materia prima para fábricar un estupefaciente.
- ¿Se usan para eso?
- Uno de sus muchos usos, sí. Al principio solo les vendiamos la materia prima y ellos se encargaban de procesarla. Luego se me ocurrió que podíamos ganar más dinero fabricando la droga nosotros mismos y La Familia contenta porque no tenía que cargar con la logística y podía concentrar su mano de obra en los puntos de venta.
- ¿Pero solo se lo vendían a ellos?
- Si, tienen el monopolio de la venta, si les competíamos, nos mataban. Así de corta te lo digo.
- No me sorprende, la verdad. ¿Pero entonces como es que terminaste vendiendo en el Barrio?
- Bueno, al fabricar la droga, quedaban restos en el fondo de la olla. Al principio, no tenían utilidad; pero tras experimentar, descubrimos que al mezclar los mismos con la clara de los huevecillos naranjas, se obtenía una sustancia muy barata y con unos efectos que te hacían delirar. Vi que teníamos una mina de oro allí, porque podíamos vender en barriadas pobres y eso no nos metería en problemas con la mafia, ya que ellos tenían su nicho de mercado en los barrios ricos y de clase media.
- Ahí fue cuando esparciste el veneno por tu barrio, ¿no?
- Por todos los barrios, en realidad... Comenzamos vendiendo únicamente en barrios inklings (algunos son pobres) pero... me engolociné con las ganancias y terminé expandiendo las operaciones en Barrio Pulpo.
- ¿Y es verdad que luego comenzaste a hacerlo en nuestra Patria?
- Cuando les vendí la parte mayoritaria de la empresa a La Familia, les dije que con sus recursos y mis contactos, podíamos vender esa mierda también por las zonas pobres de Distrito Pulpo - Octo negó con la cabeza en señal de desaprobación.
- Es terrible lo que hiciste... Causaste un gran mal a mucha gente, a muchos Octarianos. ¿Valió la pena? Al final te quedaste solo.
- Ya te dije que no me arrepiento... Aunque me hubiese gustado tener la aprobación de mi familia, podría haberlos sacado de la miseria.
- Pero a ellos el dinero parece serles lo de menos, están contentos ayudando a la comunidad.
- Sí, puede ser... Igual, eso ahora ya no importa, no hay nada que hacer. A sus ojos, solo soy un traidor.
- Si... Yo también. Todo parecería indicar que deserté de mi deber... ¿vos habías pensado eso también?
- Desde que supe que te codeabas con la Agente 3, te consideré una traidora. Pero tras oír tu historia, creí que te merecías el perdón.
- Es curioso, tu hermana me dijo lo mismo.
- Suponía que lo haría, ¿y vos que piensas?
- No lo sé, no creo que todos los Octarianos piensen igual. Antes creía que si lograba encontrar a un familiar o a un amigo, bastaría para tener mi lugar, me recibirían con los brazos abiertos y me ayudarían con mis problemas de memoria... Ahora dudo que quieran verme siquiera.
- Mira, Octo, yo no sé lo que podrían pensar tus seres queridos. Lo que sí te digo es que podrás ser una traidora; pero también sos una heroína. Depende de vos que traje llevar.
Octo no dijo nada más, no quería hacerlo. Se contentó con mirar por la ventanilla para no observar nada, dejándose llevar por el constante rugir del vehículo. "Depende de vos que traje llevar", como si fuera tan fácil. ¿Es que no entendía su dolor? Y mientras divagaba por los enrevesados pasillos de su mente, un detalle afloró de pronto y en una duda que quería ser resuelta se convirtió...
- María entró llorando a la habitación de tu hermana... - Emiliano no respondió, permaneciendo con la mirada fija en el camino. - Dijo que había charlado contigo, ¿Que fue lo que le dijiste para hacerla llorar? - Pero Emiliano permaneció en silencio - Emi, ¿que le dijiste?
- Perdón.
- ¿Cómo?
- Le pedí perdón... Por todo.
- ¿No lo aceptó?
- Sí, lo hizo, pero ella quiere de mí algo que yo no le puedo dar, por eso lloró.
Octo no quiso seguir indagando en el asunto, entendió que aquel octariano sentía (curiosamente), una gran culpa por el menor de sus pecados y ni siquiera la menor de las culpas por el mayor de sus pecados... ¿Pero se encontraba ella en posición de juzgar los yerros ajenos cuando tenía los suyos propios?
Quizás la actitud de Emiliano fuese racional: Un pequeño perdón para una pequeña culpa fácil de manejar, no como la que ella cargaba: inmensa y pesada, imposible de llevar.
Suspiró resignada y apoyó la cabeza sobre la ventanilla. En aquel insidioso viaje no ocurrió nada más que valiera la pena destacar.
6
- ¡Volví! - Gritó Emiliano, entrando al local ya vacío.
- ¡Al fin! - Le respondió Susy.
- ¿Trajiste pizza? - Preguntó Santiago.
- Obvio - Y colocó la deseada caja de cartón sobre una mesa. Sus compañeros se acercaron y todos tomaron lugar en sus respectivos asientos. Hambriento, Santi abrió el preciado cofre que guardaba el suculento tesoro.
- ¿Que mierda es esta?
- Es una pizza, mitad de muzza y mitad de ananá y anchoas.
- Vos entendés perfectamente nuestro idioma, ¿No? Supongo que sí, porque llevamos un tiempo juntos y la comunicación no ha sido un problema.
- Sí, entiendo perfectamente.
- Ah que bueno, entonces eso me deja más claro el asunto. Te le caiste de los brazos a tu mamá cuando eras bebé.
- ¡Santi! - Le regañó Susy.
- Amor, es la única explicación posible, porque yo me acuerdo que específicamente le pedimos sin ananá y sin anchoas. ¡Y este pulpo hijo de puta va y nos trae justamente eso!
- Tranquilo - Replicó Emiliano - La mitad de ananá y anchoas es para mí, ustedes se comen la de muzza. Además, es grande, tienen de sobra.
- Sí, Santi, tiene razón. No peleen, que es tarde y tengo hambre. Vamos a comer.
El nombrado, viendo que sus quejas no llevaban a ningún lado, se resignó y tomó una generosa porción de pizza, seguido por los otros dos.
- Y dime, Emi, ¿qué estuviste haciendo con Octo? - Preguntó Susy.
- Fuimos a combatir un rato y después la llevé a mi antiguo barrio.
- ¿Barrio Pulpo?
- Sí, le presenté a mi hermana.
- ¿Tenés una hermana? - Dijo sorprendida.
- Sí, hace tiempo. Pero no nos llevamos muy bien.
- ¿Tan mal se llevan?
- Sí, cuando me vió, me empezó a decir un montón de cosas hermosas, como que soy un depravado.
- Sí, con los gustos que tenés para la pizza, es difícil estar en desacuerdo.
- ¡Santiago! - Le recriminó Susy - Es una pena, Santi, ojalá pudieras mejorar la relación que tienes con ella.
- Es igual, Susy - Le respondió tranquilo.
- ¿Y por qué llevaste a esa octariana al gueto? - Le preguntó Santiago con aire áspero.
- Cosas privadas, cosas octarianas - Respondió y, acto seguido mordió un buen cacho de pizza, dejando a sus oyentes hambrientos de respuestas, porque hay cosas que se tratan en la hermandad y se quedan en la hermandad, quizás una de las pocas enseñanzas de lealtad que aquel infame aprendió...
CONTINUARÁ...
