Una chica quiere a su Romeo, no a un Hamlet

— El gusto es mío. — Fueron las primeras palabras de Ga Eul, cuando apretando el brazo de Song Woo Bin, se presentó a la familia Kang, quienes con mirada fija parecían inspeccionar ya no solo su rostro, sino su atuendo, dando la impresión de buscar una falla o algún motivo de reprobación en ella.

— Fue un placer hablar con ambos — Inició el patriarca, con una mirada severa que intentó disfrazar a duras penas, como si el hecho de ser quién era, no fuera un motivo suficiente para ocultar la insatisfacción que ahora sentía respecto al porvenir de su hija—, pero me temo que debemos seguir, el padrino de mi pequeña Hye Wook nos espera. — Y con una seña de su mano izquierda, hizo un ademán conciliador que pareció solo ser corregido por su hija, la pequeña pelinegra de ojos grandes y sonrisa dulce que sin reparo hizo una reverencia y ofreció un comentario amable a modo de despedida.

— ¿Por qué dijiste eso? —inició Ga Eul, soltando el brazo para mirarlo durante un instante, sin embargo se vieron interrumpidos de forma abrupta por la aparición de Ha Jae Kyung, quién parecía haber escuchado lo suficiente como para llamar la atención del resto del selecto grupo que eran los F4.

— ¡¿De verdad son novios?! — Fue su primera pregunta, aunque su entrecejo se frunció al notar como el alfarero llegaba con los brazos entre los bolsillos de su pantalón negro, antes de finalmente colocarlos sobre su pecho y hablar.

— Eso sí es una sorpresa. — Y aunque su expresión no daba indicios de celos, fue la Chu quien con una mirada al rostro afable del coreano, decidió que la noticia tampoco le agradaba. Yi Jeong se sentía dejado de lado.

— No, no, no. —repitió la Chu, mirando fijamente a su amiga, intentando hacerla entender que su elección no era tan sencilla, que aquello no era tan fácil por más que quisiera—. Solo lo dijo para no ofender a alguien. — Bajó ligeramente el rostro, sintiendo como su corazón latía con fuerza excesiva mientras sus manos se aferraban una sobre otra, incapaz de parar el temblor que le había invadido producto de la ansiedad.

— Eso es cierto, pero no lo digas así porque entonces suena terrible. —argumentó el castaño, estirando el brazo de forma que este rozó la mano de la pelinegra, mientras que la otra mano del muchacho, tomó la libre de la chica para colocarla encima—. Vamos, que hay muchos intentando conseguir que me case, serás el más bonito de los amuletos para espantar esposas.

— Eso suena de todo menos bien. — Fue Ji Hoo quien habló, con sinceridad absoluta, pero no juzgaba pues sabía que sin quererlo o siquiera buscarlo, su mejor amigo únicamente era sincero, sin desear ser desagradable o atrevido, porque Woo Bin era fuego, era confianza y simpatía, pero allá dónde la simpatía iniciaba, la empatía finalizaba, haciendo que le fuera imposible entender lo mal que tales palabras podrían hacer sentir a un corazón dulce y sincero como el de la Chu.

Pero la vida estaba llena de sorpresas.

— Debías pedirme ayuda, no dar por hecho que yo deseo verme involucrada en este tipo de cosas... No soy un juguete, Song Woo Bin, no soy una muñeca de arlequín. —alegó en voz baja, pero aun así lo suficientemente firme como para que él entendiera—. No lo vuelvas a hacer, no quiero ser el juguete de nadie... Esto no lo hacen los amigos de verdad. — El corazón le latía aún más a prisa y el estómago le dolía, porque los nervios se habían convertido en ansiedad, un ataque dónde sus manos temblaban y la respiración se le cortaba, haciendo que su rostro perdiera el color y sus rodillas temblaran.

— ¡Ga Eul! —llamó Jan Di, justo en el instante en que su mejor amiga se desplomaba, siendo socorrida por el alfarero y el Song, este último tan exaltado como antes lo hubiera estado la desmayada.