Para la mañana siguiente Hinata despertó con la luz del amanecer, por su parte el pelirrojo se encontraba profundamente dormido; como una criminal, abandonó su cama, le cortarían la cabeza por esta osadía, pero el menor movimiento despertó a su acompañante.

- Debe estar por llegar el desayuno - susurró el pelirrojo mientras se levantaba.

- Debería irme - soltó Hinata mientras se enredaba con las sábanas cayendo al suelo.

- Sólo dormimos juntos, no es para tanto - soltó su acompañante mientras le alcanzaba una bata, aunque parte de su inseguridad le hacía pensar que el hecho de compartir la cama con él debió ser desagradable.

Al llegar la comida, Ibiki llegó tras el criado para hablar con él, pero se sorprendió de ver a Hinata en la habitación, sabiendo bien que había otra persona que estaba esperando invadir la habitación de su alteza, pero siempre primaría para él los deseos del pelirrojos, a fin de cuentas era él quien gobernaba.

- Mi señor, ha llegado la muchacha - el pelirrojo bufó.

- Yo me iré a mi habitación, no quisiera incomodarlo - soltó Hinata tratando de huir de la situación.

- No es necesario, desayuna conmigo primero - le pidió con suavidad, a lo que ella tuvo que obedecer acercándose hacia el muchacho.

- Pero ella le espera - insistió el hombre con un poco de miedo e impaciencia.

- Pues la veré cuando yo lo diga - por su parte, al ver a la morena ordenar su cabello en una trenza le pareció mucha mejor compañía que la mujer que le esperaba afuera.

- ¿Ya está listo? - se escuchó fuera de la habitación, dando paso a una mujer de cabellos castaños - ah, mi vida, te extrañé mucho - soltó la chica lanzándose a los brazos del pelirrojo, quien se notaba desagradado.

- No entres a mi habitación - le ordenó apartando violentamente a la mujer - Matsuri, no te atenderé tan temprano en la mañana, lárgate ahora - le ordenó con un ademán.

- ¿Y ella? - le interrogó al ver a la Hyuga con la bata del pelirrojo.

- Trabaja para mí - Hinata le hizo una suave reverencia.

- Como prostituta por lo que veo - la palabra sonrojó a Hinata y enfureció al pelirrojo.

- Vuelves a insinuar algo así y cortaré tu lengua - le amenazó el Sabaku jalando su cabello, haciendo chillar a la muchacha - no me tiembla la mano para golpear a una mujer - le dijo fuera de sí.

- No se preocupe majestad, no la culpo por imaginarse algo incorrecto - dijo fingiendo sumisión tomando el brazo del pelirrojo para rogarle que la soltara, a lo que el pelirrojo suspiró un poco ofuscado.

- Tienes la maldita suerte que Hinata se compadezca de ti - Matsuri la miró furiosa, no la había conocido hacia una hora y le bastó para odiarla con cada parte de su cuerpo.

- No es bueno que se agite tan temprano, ¿le parece desayunar? - le susurró Hinata con una voz dulce y aterciopelada bajando su mano por su brazos hasta llegar a su muñeca.

- C-Claro - no solía tartamudear, pero el contacto con otra persona lo ponía nervioso.

- Matsuri-san, es mejor que solicite una audiencia en otro momento - le suplicó Ibiki para sacarla de ese momento incómodo.

Hinata por su lado veía feliz como la castaña abandonaba la habitación, pero también se sentía un poco culpable, disfrutaba ver a una mujer fracasar en su conquista por su causa, se avergonzaba de haber sido tan insolente, de haber tomado de la mano a un rey, el rey de Suna, peor aún, le había agradado su respuesta, él demostraba sentirse complacido por ella.

- Te pido perdón, ella es así, necesito hablar con mi hermana - Hinata le ofreció unos pasteles mientras devoraba un poco de fruta.

- No necesita disculparse, a fin de cuentas, no tengo más rango que un sirviente en este palacio - le dijo tratando que se relajara un poco, parecía un hombre un poco severo consigo mismo.

- No eres un sirviente normal, entiendo que es temporal, pero quiero que seas más una invitada - le confesó sin siquiera mirarla a los ojos - te encargas de algo muy cercano a mí, así que quiero que trabajes cerca de mí, con informes diarios y avances notorios - Hinata asintió mientras el animal se les acercaba.

- Debió sentir el olor de la comida - soltó con un poco de risa - me encanta mi trabajo, así que hablar de él con usted será un placer, le diré qué es lo que hago día a día - mientras hablaban el cachorro se instaló entre la pareja en busca de calor.

- Es un malcriado - soltó con desprecio al verlo cómodo intentando dormir, a lo que la chica tomó su mano con ternura.

- Ya verá que una mano dulce puede mucho más que una cruel - el pelirrojo enrojeció ante un gesto tan íntimo, pero ella lo guiaba a tocar al cachorro, el cual de a poco parecía aceptar las caricias de ambos.

- Se porta bien porque estás aquí - Hinata rió.

- Tal vez, pero debe aprender a que usted es su dueño, no yo - el verla tan relajada tocando su mano le hizo pensar que no le desagradaba del todo estar con él, se quedó mirando un poco su rostro, tenía unos rasgos bonitos, cabellos largos y oscuros, la piel parecía haber sido blanca, pero estaba un poco tostada y llena de cicatrices.

Luego de unas horas, Hinata decidió volver a su habitación, caminaba a paso lento por el palacio, viendo cada detalle y saludando a cuanta persona veía con una reverencia, se sentía curiosa por el lugar, a su lado iba la mascota real, que la seguía alegremente; Hinata podía ver los lujos de la familia real, la gran cantidad de espacio y sirvientes que tenían era casi obscena. Al llegar se sorprendió de que estaba lleno de ropa, joyas y perfumes, el pequeño animal se paseaba entre sus piernas mientras buscaba dentro de la habitación, le había dejado una tina llena de aguas perfumadas.

- Él debe ser un hombre ocupado, aunque detallista - comentó tomando al animal en brazos.

- Usted debe ser Hinata - le dijo una mujer que entraba con un balde de agua caliente.

- Sí, ¿usted es? - le preguntó con un poco de timidez aferrada al animal en sus brazos.

- Sara, su sirvienta - la morena le miró un poco extrañada y sorprendida.

- ¿Sirvienta? - la mujer asintió, a pesar de que tenían casi la misma edad.

- Esas fueron las órdenes de su majestad - dijo Ibiki mientras entraba a la habitación.

- No es necesario, puedo hacer esas cosas sola - el hombre le miró con seriedad.

- Nadie pidió tu opinión, si su majestad ordena que tengas estas comodidades, eso es lo que tendrás - le soltó tan serio que no le quedó más opción que aceptar.

- Ella no conoce como son las reglas de palacio - la excusó Sara con un poco de incomodidad.

- Bastante tengo con que ella haya desautorizado a Matsuri-san - bastó su nombre para que la chica cambiara el semblante.

- Ella me ofendió, además, no hice nada malo, su majestad me pedía desayunar con él, no tenía más opción que aceptar - el hombre chistó un poco molesto.

- ¿Enojaste a Matsuri? - preguntó Sara.

- Sí, pero eso fue porque me vio con su majestad, me trató de prostituta - la chica se lanzó a reír - ¿qué es tan gracioso? - preguntó Hinata con curiosidad.

- Pues que ella es la mujer que se quiere casar con su majestad, es mejor amiga de su hermana, pero él la rechaza tajantemente, odia a cualquier mujer que se le acerque - Ibiki la calló de un golpe en la cabeza.

- Mejor ve a hacer tu trabajo - le ordenó antes de retirarse.

Para Hinata parecía extraño que alguien que parecía tan agresivo y similar a un psicópata peligroso pudiera ser objeto de amor de una mujer así, aunque tampoco parecía ser de una cabeza muy sana. Ibiki la había visitado para explicarle su estancia, la habitación disponible para ella era la perteneciente a la favorita del rey, Sara sería su sirvienta personal, no podía hablar con nadie que no le dirigiera la palabra, no podía mirar a la familia real a la cara y sólo debía seguir su labor, dormir en la cama del rey era una profunda ofensa que no podía repetirse. La llenaron de lujos, no podía creer que eso fuera necesario para su trabajo, tenía que adiestrar a un animal, no ser una cortesana, habían sido enviadas por el hermano mayor de Gaara, lo que le dio curiosidad por ser una persona que no había visto en su vida.

Para despejar su mente se fue a trabajar a los jardines, decidió nombrarlo como Jun para fines prácticos; logró relajarse y empezó a disfrutar la compañía del pequeño cachorro, que prefería comer en el regazo de la mujer, así que con un silbato le enseñaba trucos básicos. El ruido de ambiente desconcentró al pelirrojo, quien estaba en una reunión con su hermano, jefe militar, ambos decidieron tomar una taza de té en el balcón.

- Es una chica linda - soltó el castaño mirando a lo lejos a la Hyuga jugar con la mascota.

- ¿La has visto? - preguntó tratando de disimular su incomodidad.

- No, pero si durmió en tu cama debe ser una belleza - le dijo a modo de broma sonrojando a su hermano.

- Sólo se durmió a mi lado - Kankuro escupió su té con fuerza.

- ¿¡De verdad pasó la noche en tu cama!? - le gritó esperando una respuesta lógica.

- Pues sí, nos entró la noche y la acosté en mi cama, me dormí a su lado - el hermano mayor no podía creer lo que escuchaba.

- No puedo creerlo, jamás compartiste la cama con nadie - le decía tratando de hacerlo entrar en razón.

- Fue simplemente dormir - le dijo tratando de terminar la conversación.

Mientras la veían de lejos, Hinata se dedicaba a jugar tratando de enseñar unos comandos simples "quieto" o "ven", el cachorro aún estaba débil así que tenía a dormirse o buscar comida cerca de la chica. Hinata lo alzó en sus brazos y lo llevó a su habitación, parecía que pasaba desapercibido, pero Kankuro vio la decepción en los ojos de su hermano menor cuando ella desapareció de su vista.

- No la conoces, ¿o sí? - preguntó el castaño cogiendo un pequeño pastel.

- No mucho, llegó apenas ayer al palacio, pero me encargué de enviarle unos regalos para que se sienta a gusto - su hermano mayor le miró y se lanzó a reír.

- ¿Desde cuando te importa que alguien esté cómodo en este palacio? Ella es tu sirvienta, no tu invitada - le dijo un poco de severidad, a pesar de que había hecho lo mismo hacia un poco de tiempo.

- Esa es mi decisión, no soy un niño para que me digan como relacionarme con alguien más - Kankuro chistó ofuscado, no era tan rebelde, en general lograba argumentar y estar de acuerdo con él.

- Hinata es algo temporal, supongo que puedes tratarla como te de la gana - le dijo tratando de abandonar el tema.

Al anochecer, Sara le dio un baño de aguas perfumadas capaces de hacer burbujas, lo que sorprendió a la chica, parecía divertirse con las burbujas y jugaba con la espuma, al salir de la tina tenía varios vestidos que elegir, más que en la mañana.

- Los nuevos los ha traído su majestad, se los envía con especial ahínco - Hinata los tocó, pero no parecían ser de su talla.

- Son muy lindos - se dejó llevar por la textura de las telas y entre ellas encontró un azul pastel - me gusta este - la chica asintió mientras preparaba a la morena para su conjunto.

- Es precioso, pero no puede llevar el cabello suelto, ¿cómo le gusta llevarlo? - Hinata bufó un poco confundida.

- Algo simple, lo que te sea más sencillo, no quiero molestar - la chica asintió feliz.

Mientras caminaba por el palacio, en la soledad de la noche no pudo evitar sentirse observada, al dar la vuelta, vio unos ojos oscuros como la noche, un cabello castaño y ropas por demás fastuosas. Como si fuera un acto reflejo, se puso en guardia como si fuera a pelear, era Matsuri quien parecía más aterradora en la noche, no sabía a qué se enfrentaba.

- Rata callejera - susurró en medio de la oscuridad.

- ¿Me dice a mí? - le preguntó tratando de hacerla salir a la luz de la luna.

- Deja en paz a mi prometido - Hinata se sorprendió al oír esa palabra, pero en lugar de demostrar su sentir, prefirió reír.

- ¿Es tanto su temor por perder a su majestad que una rata callejera le intimida? Debería temer de una mujer de su misma clase - se dio la vuelta pero se paró en seco - pero ellas no responderán como yo, qué dilema, una rata como yo o una mujer fina podrían arrebatarle su amor, que débil debe ser, cuídelo de otras, que soy todo, menos una amenaza - siguió su camino rápidamente y tocó la puerta.

- Pase - escuchó del otro lado - Kankuro, creo que estos mapas - al ver entrar a una mujer quedó un poco confundido de ver a una especie de desconocida en su puerta - disculpa, ¿necesitas algo? - Hinata se acercó al arco de la puerta y se ocultó.

- Quería darle mi reporte diario, majestad, pero si está ocupado puede ser semanal o a otra hora, no quise importunar su reunión - el pelirrojo se le acercó con rapidez sin salir del aturdimiento.

- Perdona, no me acostumbro a verte en vestidos así, Hyuga, pasa, cena conmigo - bajó un poco la cabeza avergonzada de que fuera tanto el cambio en ella y que no la reconociera.

- Aquí traje los libros de - dijo el hermano mayor del pelirrojo entrando a su habitación - veo que estás ocupado - soltó mirando a la muchacha de arriba a abajo.

- Lo siento mucho, Ibiki-san me dijo que debía apresurarme, pero puedo esperar afuera - el pelirrojo le detuvo tomando su mano un tanto fría.

- Podemos ver el tema de los mapas mañana - Kankuro rió para sus adentros, nunca había dejado trabajo para el día siguiente.

- Claro que sí, tendré todo listo para que revisemos esto - la chica se despidió con un gesto mientras él salía del lugar.

Mientras caminaba se encontró con Matsuri, quien daba vueltas cerca de la habitación de su hermano menor, parecía fuera de sí, era usual que cuando algo no salía a su gusto se enfurecía, sólo que era más peligrosa que Gaara, no temía lastimar a la gente, por esa razón Kankuro no estaba de acuerdo con que Temari prefiriera que su hermano se casara con ella.

- ¿Qué están haciendo? - le preguntó desesperada.

- Matsuri, deja de celar a mi hermano - trató de evitar la respuesta, pero la chica no era ingenua.

- ¿Se acostó con ella? Esa rata inmunda - Kankuro suspiró pesadamente.

- Acabo de tener una reunión muy pesada, mi hermano sólo está conversando con ella - de ninguna manera le diría que ella no tenía miramientos para tocar a su hermano, que lo abrazaba y le tomaba de la mano sin pensarlo.

- ¿En la noche? ¿no viste lo arreglada que está? - sus cuestionamientos no parecían tener fin.

- Sí la vi, creo que es linda - no mentía en absoluto, ella era una belleza escondida en harapos y ropas masculinas.

- ¿Tú quieres a esa rata? mereces más que eso - Kankuro volvió a suspirar.

- Hinata es una mujer encantadora, sabe mover sus fichas - de sólo pensar en como era de generoso su pecho y como lo usaba físicamente se sonrojaba.

Matsuri se quedó masticando sus palabras, se acercaba a la puerta y los escuchó reír, podía verlos perfectamente, sentía ganas de llorar y de matar a la que se interponía entre ellos. Matsuri conoció a Gaara desde que era una niña y se enamoró de la figura fría pensando que había calidez, le buscaba para jugar, pero él no parecía interesado, lo que la llevó a pensar que él vería en ella un amor de siempre, si insistía, él vería su valor.