Dentro de la habitación Gaara se sentía incómodo, a pesar de que reía con la chica, quería saber por qué había rechazado sus regalos, se sentía un poco despreciado por ella, en vez de sentir ira o rabia, era más bien tristeza. Hinata entendió que algo andaba mal, así que le ofreció un poco de vino y se le apegó suavemente.

- Luce muy cansado, majestad - el pelirrojo suspiró tratando de no quedarse dormido.

- Sí, tengo que rehacer los mapas del imperio, no es fácil estudiarlos - la chica le tocó suavemente la frente.

- Hmmm - parecía concentrada - hmmm - abrió los ojos lentamente y le sonrió.

- ¿Y eso qué fue? - ella se avergonzó un poco en confiarle que era de su cultura.

- Cuando alguien sufría en mi casa le tocábamos la frente y le dábamos buenos deseos para alejar a los malos espíritus - el pelirrojo rio ante esa superstición, ya que era usualmente escéptico a cualquier creencia o emoción que no fuera la de sus hermanos.

- Es primera vez que escucho eso - la chica con una expresión nostálgica puso su mentón sobre su rodilla.

- Mi padre me besaba la frente cada vez que me hacía daño para alejar el dolor - una lágrima se le coló en la mejilla, asustando al muchacho - era una costumbre en mi casa - no solía recordar esa etapa de su vida, le causaba mucho dolor.

- Aquí es más propia la adivinación, si quieres te puedo traer a una adivina que vea tu suerte - los ojos de la chica brillaron, le fascinaba el mundo de lo oculto y la brujería.

- ¿Usted se vería la suerte también? - el pelirrojo dudó, no quería que le contaran más de su mala suerte.

- Sí, pero sólo porque me lo pides, mi hermana me hizo ver la suerte hace mucho tiempo y pues, no fue muy positivo - la chica le tomó la mano con suavidad.

- Si le sigue la mala suerte, me quedaré a su lado y espantaré a esos malos espíritus - nuevamente avergonzó al joven, le hacía temblar hasta la yema de los dedos - aunque lo hacía mejor cuando era niña - el pelirrojo por primera vez se preguntó su edad, se veía joven, pero indeterminada.

- No te ves tan mayor - elle negó un poco.

- Tengo 19 años - el joven la miró, de verdad era pequeña para él.

- Yo cumplí los 25 hace poco - con un poco de sorpresa ella le estrechó la mano.

- Felicidades - el pelirrojo suspiró un poco divertido.

- Hace unos meses, antes de conocerte - la chica se le apartó con un poco de tristeza, dando a entender que la felicitación no iba a lugar por el tiempo transcurrido.

- No quise ser inapropiada - el joven le acarició la cabeza con una sonrisa.

- Se celebra con protocolo, pero prefiero algo así, más simple - Hinata le sonrió de vuelta y se lanzó a sus brazos.

Pasando la noche se dedicaron a conversar un poco, ella le explicó sobre Jun y lo cariñoso que era, en realidad lo que lo hacía agresivo era el hambre, Gaara se sentía avergonzado de no haber alimentado bien a la criatura, era su culpa después de todo. Luego del informe terminaron hablando de un sin fin de cosas, Hinata hablaba dos idiomas y se entendía en otros dos, sabía leer y escribir por su instrucción cuando era niña, el pelirrojo le enseñó unos pergaminos con relatos y ella le demostró que podía leer bastante bien; también le comentó que había corregido los mapas como ella le había sugerido. Un poco agotados se durmieron en el hombro del otro, al despertar tan tarde el pelirrojo y la chica terminaron acostados en la misma cama.

El pelirrojo presenció el amanecer, se estiró fuera de la cama con pereza, hacía mucho no dormía tan bien, aunque miró a la chica y envidió su profundo sueño, le aclaró su rostro, era un poco tostado, pero tenía partes de su brazo que eran pálidas, sus manos denotaban trabajo, a diferencia de las suyas, delicadas y delgadas. Al despertar, se asustó de ver al pelirrojo examinando con su mirada cada parte de su rostro.

- ¿Pasa algo? - preguntó un poco incómoda mientras se sentaba.

- No, no es nada - sentía que le ardían hasta las orejas de la vergüenza - me daba cuenta que no parecías ser de Suna - Hinata rio en el instante.

- Claro que no, soy una viajera, estoy aquí de paso - le soltó en la cara, asustando al pelirrojo.

- ¿Qué quieres decir? - preguntó tratando de ocultar un sentimiento de tristeza y angustia en su rostro.

- Cuando acabe el trabajo de Jun volveré a mi ruta, esperaba ir a un país más frío, en algún pueblo quizás siente cabeza - le dijo mientras se estiraba - sin ataduras, en libertad - Gaara sintió que su cuerpo se enfrió en el instante.

- ¿No piensas trabajar en palacio para siempre? - le preguntó un poco tímido mirando hacia el balcón.

- No, para nada - fue interrumpida por el desayuno traído por Ibiki.

- Majestad, ¿quiere que me lleve a la chica? - el pelirrojo negó al instante.

- No, que me acompañe a desayunar, ¿te quedarás esta vez? - Hinata rió un poco fuerte.

- Sí, no podría negarme - le respondió buscando entre las ropas del joven una capa grande - ah, que cálida - Ibiki la fulminó con la mirada.

- No toques la ropa de su majestad, mi señor, luego la mandaré a azotar - Hinata la soltó al instante.

- Lo siento, tenía frío - confesó soltando la prenda y buscando regresarla a su lugar.

- No es necesario Ibiki, ¿te agrada mi capa? - la chica asintió suavemente.

- Pero no es asunto mío, no debí tomarla, lo siento mucho - Gaara de pronto mostró una sonrisa que Ibiki no había visto en su vida.

- Tómala, como un regalo - le dijo cubriendo su espalda - no hará falta ajustarlo - Hinata enrojeció en el momento que él tocaba su hombro para cubrirla.

- Es usted muy amable - le dijo apoyando su cabeza en su pecho, podía incluso escuchar sus latidos acelerados.

Ibiki salió de la habitación sorprendido, la química entre los dos parecía llenar el ambiente, sabía muy bien que ella era afable, pero no a ese punto que él le regalaba cada cosa que tocaba, al no ser una chica rica podía encantar a cualquiera con su actitud infantil y descuidada, era un riesgo para la dinastía. Pasando los días se podía ver que ellos paseaban por los jardines, jugando con la mascota, que seguía a Hinata por cada rincón, durmiendo a su lado y tomando la habitación de la favorita como suya, la cual era solamente para la concubina predilecta del rey en ejercicio. La situación era preocupante, Gaara nunca había interactuado así con una mujer, cada chica que quería jugar con él o llegar a su cama eran espantadas por él o por Matsuri. Temari no tenía nada contra la chica, pero sabía que lo mejor era que se casara con Matsuri, una chica rica y que lo adoraba con locura, conocía sus pensamientos y sus miles de cartas dedicadas a él, también sabía que lo que más quería era matar a Hinata, que la detestaba, que no podía verla con el amor de su vida. Por su lado, Kankuro se sentía feliz de que su hermano fuera un poco más humano, sus castigos no eran desmedidos, de vez en cuando estaba distraído, viendo como ella pasaba por el jardín, más de una vez prefería terminar una reunión por verla desde su balcón.

- Has cambiado, ya no pareces un niño - le dijo su hermano mayor tratando de hacer conversación.

- No entiendo lo que quieres decir - respondió mirando a su hermano con extrañeza.

- Antes dabas más miedo, ahora tu semblante es más cálido, incluso sonríes cuando la ves pasar - el pelirrojo se sonrojó furiosamente, haciendo reír al moreno.

- ¿Ver pasar? - de pronto sus manos temblaban, para Kankuro no podía haber visto una expresión más tierna en su hermano, como si fuera su primer amor.

- Sí, Hinata parece darte vida cuando la ves, no pareces tú mismo - soltó el hermano sin pensar mucho en sus palabras.

- Ella es especial, sin prejuicios, pensé que me odiaría, pero parece divertirse cuando está conmigo, nunca había sentido algo así, excepto con ustedes dos - Kankuro no pudo evitar notar el sentido de sus palabras.

- Ella es un juguete, tómala como tal, pasa un buen rato con ella, pero no eches raíces - el pelirrojo no tardó en endurecer el semblante.

- No es un juguete, es una persona con la que me gusta pasar el tiempo - le dijo ofuscado - vale mucho más que cualquier mocosa con cuna de oro - ni siquiera pensaba en sus palabras, era sólo lo que sentía.

- La proteges más que ese cachorro, le ha tomado cariño - le dijo viendo como ella a la distancia jugaba con el animal.

- Jun duerme con ella, a los pies de la cama - la miró y decidió acercarse a su balcón, sólo escuchar su voz desde la distancia lo hizo suspirar - ¿no crees que todos la quieren porque irradia luz? - le preguntó apoyando sus manos en el balcón.

- Parece que esa luz te encandila - le respondió pasando su mano frente al rostro del pelirrojo.

- ¿Eh? - de verdad parecía entrar en otra dimensión cuando la veía fijamente.

- Es imposible, ¿acaso sientes amor por ella? - no podía creer que su hermano había caído en las redes de una mujer en unas cuantas semanas.

- Claro que no, me agrada estar con ella, eso es todo - soltó saliendo de la habitación - dejemos esto por hoy - se miró al espejo y ordenó su cabello, se cambió la capa por una verde clara y se puso un par de anillos.

No era tan vanidoso, al salir de su habitación se dirigió a los jardines, Hinata estaba jugando mientras educaba a Jun, ¿y si se lo daba como mascota?. Cuando ella notó su presencia se le acercó corriendo.

- Majestad, buenas tardes - el pelirrojo al verla agitada y sonrojada se preguntó qué podía sentir por ella.

- Buenas tardes - iba a verla por alguna razón, pero la había olvidado.

- ¿Qué puedo hacer por usted hoy? - parecía paralizado, sin entendimiento - ¿se siente bien? - el pelirrojo seguía sin responder.

- Um, um, ¿quieres pasear por el pueblo? - pudo ver en sus ojos un brillo especial.

- Sí, claro, pero debería cambiarme, no quiero que lo vean con una chica tan desarreglada - el pelirrojo puso un mechón del cabello de la chica tras su oreja - a-ah - sonrojada bajó su cabeza.

- Que sea rápido, pero antes - de su bolsillo sacó un anillo de esmeraldas - quisiera que usaras esto - Hinata se deslumbró por el brillo que daba lo que comenzaba a ser el atardecer.

- Es precioso, gracias majestad - sin pensarlo se lanzó a sus brazos con fuerza, haciendo que el pelirrojo la alzara y dieran una pequeña vuelta.

Ambos se separaron un poco agitados y sonrojados, algo tímidos y en total silencio entraron al palacio, yendo cada uno por su lado. Gaara se cambió de capa y se cubrió la cabeza, tomó una pequeña botella de perfume y se lo aplicó con un poco de vergüenza, se sentía nervioso, más aún cuando en el espejo veía lo feo que era, Hinata era claramente mucho más bella que él, sus ojeras eran enormes y sus ojos extraños, a pesar de que intentaba mejorar su aspecto con su cabello.

- ¿Debería cambiarme el peinado? - le preguntó a su hermano que casi estaba documentando el suceso de vanidad del pelirrojo.

- Puedes dejarte crecer el cabello y hacerte una coleta - le dijo el castaño un poco divertido.

- ¿Se verá bien? - le insistió un poco nervioso.

- Siempre lo puedes cortar - le dijo pasando a poner su mano en el hombro de su hermano - estará bien, no te preocupes - le abrazó con cariño, sabía que lo que sentía era algo más duradero, lo acompañaría en su ruta a pesar de su sensación de incertidumbre.

- Gracias hermano - le correspondió antes de ver el reloj y salir apresurado a la entrada del palacio.

Hinata había elegido un vestido marrón, y joyas de oro, el cabello lo llevaba suelto, con un buen perfume y algo de maquillaje; sobre el conjunto se puso una capa, sabía que las mujeres no podían andar como les diera la gana. Gaara se puso nervioso, se sintió inadecuado, pero se aplacaron sus dudas cuando ella le abrazó, para luego enseñarle el anillo.

- Me queda como un guante, es tan lindo - el pelirrojo le besó suavemente la frente, sonrojando a la chica en el lugar.

- Me hace tan feliz escuchar esas palabras - al apartarse vio como ella estaba totalmente avergonzada, podría jurar que escuchaba sus latidos.

A la salida del palacio fueron escoltados de forma discreta por soldados. En una habitación enorme se encontraban Kankuro, Temari y Matsuri, parecía estar fuera de sí, furiosa al escuchar las palabras del castaño.

- Ha cambiado, no me creerías lo mucho que se miraba en el espejo, la ve y el mundo a su alrededor se extingue - Matsuri lanzó su taza de té a la pared.

- ¿Cómo puede quitarme lo que es mío por derecho? - Temari por su parte dejó su taza a un lado.

- Mi hermano no es tuyo, no es de nadie, jamás te atrevas a decir que él te pertenece, ella no te quita nada - la castaña incrédula miraba a la rubia soltar esas palabras - no se va a enamorar de ti por un berrinche, mira a Hinata, ella es una luz hermosa, se ríe y lo hace reír, lo que le da lo acepta - Temari bufó ofuscada.

- ¿Quieres que esa mujer te dé un sobrino? ¿qué ella tenga al heredero en su vientre? - preguntó más que molesta, no le cabía en la cabeza que pudieran aceptar a esa mujer los hermanos del hombre que amaba.

- No necesita ser de sangre pura o de cuna de oro - refutó el castaño - además, ¿es tan malo que ella lo haga feliz? nunca lo había visto tan lleno de vida - Temari suspiró un poco decepcionada.

- No, yo adoro a mi hermano, merece algo de felicidad en su vida - Matsuri no pudo creer las palabras de su amiga - supongo que tendré que prepararla para ser parte de la familia real - a pesar de que no quería algo así, prefería apoyar a su hermano.

- ¿No han pensado que ella sólo quiere su dinero? cualquier profesional puede enamorar a alguien rico - Temari se detuvo a escuchar las palabras de su amiga.

- Si fuera así le cortaríamos su cabeza - le dijo la rubia en respuesta.

- Pero a ella no la sacamos de mi hermano en su vida - dijo Kankuro - ¿crees que esa mirada que le da es un juego para él? Hinata hace que su rostro brille - Temari consideró los dos puntos de vista.

- Tendríamos que casarlo con una mujer parecida, pero es difícil, ya dimos rienda suelta a su romance, tendremos que volver a centrarlo - los tres asintieron con fuerza.

Matsuri no lo dejaría ir hasta que ella muriera, si era necesario sacar del camino a esa mujer lo haría con total determinación. Se paseaba por la habitación de la chica, estaba llena de joyas y vestidos, algunos libros y flores prensadas, también pasó por el estudio del pelirrojo, le tenía escrita cartas de amor, tachadas, pero cada una expresaba lo que sentía por ella de forma torpe, con lágrimas en los ojos leyó cada palabra.

"Otra vez veo tu rostro durmiente, querida, que no nos encuentre la mañana, quédate a mi lado y tendré el coraje de aferrarme a tu espalda, dejo todo por unos segundos de tu compañía, remueves mis entrañas querida mía, me entregaría como buen soldado a tu cuidado, que me arropes y me des tu calor, oh querida, despierta mi insulso ser a lo que es la vida"

No podía creer las palabras que él le dedicaba, no era deseo por ella, si se acostaba con ella podría sacarse de la cabeza a la chica a la mañana siguiente; pero era grave, él estaba totalmente encaprichado con ella, quien no parecía notar lo que él sentía, tenía algo por lo que Matsuri vendería su alma. Si fuera igual a ella quizás se atrevería a verla como una mujer, o simplemente podría destruirla, desaparecerla y tomar su lugar.