En la cena, Gaara invitó a sus hermanos, a Hinata y Matsuri, esta última más que nada por no pelear con su hermana, pero en el fondo no la soportaba. Le había pedido a Temari que trajera a al adivina, con la sola intención de complacer a Hinata, si su tiempo juntos se acababa de forma acelerada, le daría todo lo que le pidiera. La mujer entró a paso lento, reverenció a la familia real luego de la cena. La Hyuga se sentía incómoda, Matsuri la había mirado toda la cena, era agresiva con ella, pero no le intimidaba, le extrañaba la cena tan concurrida, prefería el ambiente íntimo con el pelirrojo.

- Primero leeré la fortuna de su majestad - la mujer se le acercó al pelirrojo estando todos sentados cómodamente.

- Espero que sean cosas buenas para su majestad - le dijo con un poco de timidez la morena, sonrojando a Gaara, lo que no pasó desapercibido por Matsuri.

- Sus ojos son turquesas, demuestran sufrimiento y profundidad, ¿me permite su mano? - el chico obedeció - vaya, su línea de amor es muy marcada, usted amará a una sola mujer en toda su vida, qué devoto, pero veo que sufrirá mucho por ese amor - Hinata y Gaara conectaron las miradas de forma fugaz - no todo es malo, hay una gran felicidad a la vuelta de la esquina, no se angustie, que parece que ella siente lo mismo que usted - nuevamente se miraron sonrojados - pero no es eterno, usted la perderá - el pelirrojo le quitó la mano de forma delicada.

- Perdone Tsunade-san, es que me pone nervioso - Temari por su lado le ofreció su mano.

- Temari-san - miró sus ojos - oscuros, pero felices - le tomó las manos - veo un gran amor, hijos, usted no pierde el tiempo, pero también estará involucrada en conflictos que no son suyos, vendrá una batalla dura contra sus creencias, debe decidir qué pesa más para usted - la rubia asintió, pero entre medio se interpuso Matsuri.

- Por favor, dígame quien será mi esposo - la rubia suspiró, Tsunade accedió.

- Ay niña, qué tristeza, estás cerca del paraíso, pero una enorme barrera te separa de la vida soñada, es una mujer, cuídate de ella, cuida tus pasos y duda hasta de tu sombra, porque si le das guerra, no dudará en hacerte pedazos, si la barrera se retira, podrás tener el amor que sueñas - a Gaara y Hinata les ardían las orejas por sentirse aludidos.

- Falta Hinata - dijo Temari, Gaara era el que se mostraba más expectante.

- Perdone mis manos - ella tímidamente le extendió su mano llena de cicatrices.

- Son más interesantes - le vio los ojos - blancos, qué pureza veo en ellos, una pureza arrebatada - bajó la cabeza para ver sus manos - a simple vista eres una persona de esfuerzo, perdiste a tus seres amados, tu pasado está enterrado, pero veo en tu línea de amor a dos hombres, ambos de gran fuerza, uno ya te marcó, pero parece infeliz; tu futuro es todo lo contrario, lo que es tuyo volverá a tus manos y en mucho tiempo más podrás estar junto al hombre que amas, el segundo hombre te hará feliz aunque se separen, sus caminos están destinados a estar juntos - Hinata asintió.

- ¿Él me ama? - el pelirrojo tosió un poco de vino, se sentía tan aludido.

- Sí, tanto que te daría lo que pidieras, niña, es primera vez que veo en una fortuna a un hombre así, sin duda tienes algo de suerte, no es fuerte por fuera, pero es un diamante en bruto, extraño y parco, aunque a tu lado no podrá tener barrera alguna, te permitirá tocar su esencia - la mujer sacó de su bolsa un amuleto - te ayudará a encontrarlo - la castaña miraba el intercambio de miradas entre los dos, era más que obvio que eran el amor del otro.

- Espero sea atractivo - dijo la chica jugando como si fuera una jovencita.

- Es subjetivo, si es el correcto lo verás como el más atractivo - dijo Tsunade un poco divertida con su actuar.

Al anochecer, ambos fueron a la habitación del pelirrojo, Hinata tocaba su amuleto de forma compulsiva, se escondió tras el biombo y se puso el camisón para dormir que Gaara le había pedido para que duermiera a su lado.

- ¿Crees en lo que te dijo? - preguntó en la cama el pelirrojo.

- Sí, leyó mi pasado, perfectamente puede ver mi futuro, ¿no es encantador saber que mi segundo amor será el último de mi vida? - el chico bufó un poco decepcionado mientras ella se acostaba a su lado.

- Supongo, pero a mí me dijo que perderé a la mujer que quiero, debe tener razón - entendía que la debía dejar ir por el bien del imperio, que no podía mantenerla enjaulada, mucho menos arriesgarse a decirle lo que sentía, por lo que no tenía sentido seguir durmiendo juntos, a pesar de que no la había tocado sabía que sentirla junto a él aumentaría lo que ya no era un secreto, estaba enamorado de ella.

- Siempre puede venir la siguiente - dijo con liviandad mientras se metía a la cama con él - ¿puedo acercarme? - el pelirrojo se sonrojó de una forma veloz - es que tengo frío - siempre había padecido de frío, pues aún no se había acostumbrado totalmente al clima de Suna.

- Está bien - quedaron frente a frente, a unos centímetros de distancia.

- Es curioso, es sólo una piedra - era un cuarzo - Tsunade-san es muy amable - quiso decir algo más, pero el pelirrojo le acariciaba la mejilla - a-ah - jadeó un poco avergonzada.

- Tienes la piel fría - ella le acarició la mano con una sonrisa.

- Sí, la noches del desierto son así, pero usted es cálido - ambos estaban sonrojados, pero Hinata no le dio mayor importancia para quedarse dormida a su lado.

Durante la noche, Gaara, quien había dejado de tener pesadillas, volvía a verse inmerso en sus recuerdos de infancia, de cómo sus arranques lo obligaban a que el resto lo aislara, Temari no lo podía abrazar ni consolar, Kankuro tenía que entrenar y él quedaba solo, totalmente solo, la sensación de soledad era un vacío incapaz de llenarse. Muchas veces despertaba por el golpe que se daba en el piso, gemía y sollozaba, quería que alguien lo abrazara y lo quisiera como tal, que lo acogiera en su seno.

- Alteza - al moverse la despertó, aún era de noche, así que era algo fuera de lo común, comenzó a llorar totalmente fuera de sí - despierte - lo movió suavemente, de verdad parecía angustiado.

- ¡No me dejen! - la chica lo sacudió haciendo que despertara - ¿Hinata? - al encontrarse con alguien, se recostó en su pecho sollozando.

- Está bien, majestad - acariciando su cabello lo dejó llorar con todas su fuerzas mientras susurraba que no lo soltara.

Al amanecer, finalmente se durmió en sus brazos, al poco tiempo, Ibiki entró con el desayuno, pero Hinata le hizo un gesto.

- Recién ha podido conciliar el sueño - el hombre asintió y se retiró, al quedar solos, ella besó suavemente su cabeza, ya que estaba recostado en su pecho, luego de unos minutos ella pudo dormir también.

Por los pasillos, la servidumbre rumoreaba, ya que los guardias comentaron que él había tenido un arranque en sus sueños y que había sido calmado por Hinata. Sara consideraba a la chica como extraordinaria, podía tratar a alguien como él tan fácilmente y con un cariño que ningún amante tendría. Gaara por su lado se sentía avergonzado, no quería que viera su lado más frágil, pero pensó que su madre debió ser tan gentil como ella, si pudo con el monstruo que era su padre, podría con alguien tan monstruoso como él, aguantó su llanto y lo apaciguó con caricias. Al despertar el pelirrojo, vio que ella estaba profundamente dormida, parecía una doncella de cuento, después de todo no durmió en toda la noche preocupada por él.

- Gaara... - susurró suavemente con una sonrisa, sonrojado cubrió su rostro, de verdad parecía interesado en él, como si lo quisiera afectivamente, al parecer no estaba tan dormida, pues palpaba la cama buscando algo, finalmente abrió los ojos.

- ¿Qué necesitas? - con pereza ella le extendió los brazos.

- A usted - el joven obedeció y se recostó en su pecho nuevamente - ¿puede quedarse conmigo un poco más? - ella efectivamente quería estar a su lado.

- Te he molestado toda la noche, lo siento - ocultó su rostro en el pecho de la chica.

- Si pude calmar un poco su corazón estoy feliz, no le preguntaré el por qué si eso es lo que teme - sus palabras lograron hacerlo romper en lágrimas, pero ella sólo le acarició la cabeza.

- Por favor, no me dejes solo - estaba tan asustado, sus pesadillas lo seguían aún estando despierto, se preguntó si así fue su madre, ella parecía ser dulce y comprensiva.

- No puedo - le besó la cabeza con suavidad sin dejar de acariciarlo.

Matsuri por su parte había escuchado de su nuevo arranque y que esa mujer lo había acogido en sus brazos, era la hipócrita perfecta para embrujar a un rey, su cara de inocencia podía con cualquiera. Debía eliminarla, tal como lo decía su fortuna, debía sacar ese obstáculo, si le daba un poderoso veneno Gaara caería rendido a sus pies, siempre llevaba algo de opio en sus ropas; al anochecer, envió a una criada que tenía por espía a derramar el veneno en los pasteles, ya que el pelirrojo sólo ordenaba dulces para ella, él tendía a evitarlos. Finalmente llegó el momento de cenar, Gaara se había declarado indispuesto, pasó el día con la joven, manteniendo el contacto físico, de vez en cuando lloraba y otras veces parecía indolente.

- Usualmente cuando esto pasaba me encerraban en mi habitación - comentó en el regazo de la morena - tenía miedo a estar solo - Hinata revolvió su cabello - era lo único que conocía - decidir en contarle esa parte de su vida era difícil, pero quería que supiera su razón de ser.

- Eso es bueno, ahora ya no está solo - él la miró a los ojos frente a frente, ¿quería decir que sentía algo por él? se le acercó sutilmente - sus hermanos pueden apoyarlo más, quizás deba decirle a Temari-san o Kankuro-san - Gaara frenó en seco, a eso se refería.

- Pero tú te quedaste conmigo - insistió en acercarse casi rozando sus labios.

- Esto es temporal - se le apartó con sutileza para no ofenderlo.

- Te necesito, al menos por ahora, tengo miedo que vuelvan las pesadillas - Hinata acarició su mejilla para atraer su mirada.

- Si esa es la razón, permaneceré a su lado, majestad - el pelirrojo la abrazó con fuerza tratando de no volver a llorar.

Esa preciosa escena fue presenciada por Ibiki y unos criados, quienes servían la cena, el jefe del harén estaba cada vez más preocupada, la empleada que trabajaba para domar a su mascota tenía a dos bestias totalmente mansas con ella, Jun era bastante tranquilo gracias a ella y Gaara se derretía en sus manos. Si no era intencional era seductora por naturaleza, su mirada con él era tan atenta a recibir lo que fuera que le diera.

- ¡Pasteles! - dijo la chica pareciendo una niña pequeña.

- Sí, de almendras - después de todo los ordenó para ella a modo de recompensa por aguantarlo la noche anterior.

- Algo amargos - dijo un poco sorprendida - pero a veces me saben así - no era cierto, pero no quería causar problemas.

- Disfrútalos, son todos para ti - ella asintió mientras los devoraba con rapidez.

- Su pastelería es definitivamente la mejor, siempre escuché que en Suna las almendras son deliciosas - el pelirrojo se entretenía con sólo ver que estaba feliz, pero no podía ocultar tanto su pasado.

- Si no has escuchado algo de mí, debes saber que no tuve una vida muy alegre, mi madre murió cuando nací, así que desconozco esa clase de amor - ella se detuvo para mirar su expresión con atención - sufro de pesadillas y arranques violentos, por eso siempre me encerraron en mi habitación, me siento mal de mostrarte ese lado de mí a ti - Hinata se le acercó para tomar su mano.

- Si es algo de usted, no puede molestarme, lo que me entregue lo aceptaré - Gaara la miró enternecido, de verdad no era capaz de ser cruel con él, por algo se había quedado a su lado todo el día para hacerlo sentir tranquilo.

- Hay un monstruo dentro de mí y cuando sale hago estas cosas, pero me da terror volver a ese encierro, por eso me suelen sedar en esos caso, aunque esta vez no lo necesité - bebió un poco de su copa, pero Hinata le ofreció un poco de carne envuelta en hojaldre, al tocar sus dedos con sus labios sintió una electricidad en su cuerpo.

- No puede ser un monstruo - se coló entre sus piernas para abrazar su torso - si lo fuera, no sería tan placentero estar entre sus brazos - ambos enrojecieron furiosamente por el doble sentido de la frase - digo, que es cálido y pues, ah, disculpe, no quise ser inapropiada - con su rostro cubierto no pudo evitar hacer reír al monarca.

- Está bien, entendí la idea - la volvió a atraer hacia él - esta es la única forma en la que me siento bien, te necesito ahora más que nunca - Hinata abrió los ojos con fuerza, eso quería decir que él planeaba que se quedara para siempre.

A pesar de tener en mente esa idea, su cuerpo quiso retirarse, pero no tenía la fuerza y su respiración era difícil, comenzó a dormitar en su pecho, lo que al pelirrojo le pareció dulce, debía estar cansada y pensaba que si tanto le gustaba estar a su lado, dormir tan de cerca debía sentirse mejor. La dejó dormir y la recostó en su cama para luego dejarla en su pecho, durmiendo como una pareja casada. La mañana llegó y el pelirrojo lanzó un grito que estremeció a todo el palacio, no hubo un sólo rincón del enorme lugar que no escuchara ese alarido, al tocar a su compañera estaba fría e inerte.

- ¡Un médico! ¡Ibiki! ¡Alguien traiga ayuda! - al entrar los guardias hicieron caso de sus órdenes a toda velocidad - mierda, Hinata abre los ojos - la movía tratando de hacerla reaccionar.

El médico real, Kabuto, entró con todos sus instrumentos, media hora después de la orden. Se rumoreaba que estaba fuera de sí, que había perdido el control de sí mismo y estaban en lo correcto.

- No está muerta, pero su pulso está muy bajo ¿qué consumió para estar así? - el pelirrojo trató de hacer memoria.

- Cenamos, luego de unas horas se durmió y pues, pensé que estaba cansada, ¿cómo la podemos despertar? - Kabuto, con un mortero molía unas hierbas hasta hacerlas polvo.

- Necesita inhalar esto, si está dormida, sólo puede ser opio - lo puso en su nariz y de a poco desapareció - majestad, las siguientes horas son clave, si ella no reacciona, la dosis era mortal y sólo queda esperar a que deje de respirar - el pelirrojo asintió - le espero afuera si pasa algo - nuevamente asintió.

En la soledad de la habitación, finalmente lloró toda su angustia, lo aterraba que ella lo abandonara como todos en su vida, que nunca pudiera ser su esposa ni la madre de sus hijos.

- Mierda, por favor, mírame, me estoy muriendo sin ti, te necesito, ni siquiera pude decirte que te amo, mierda, te amo - tomando su mano, besaba cada uno de sus nudillos - mi amor, sólo despierta - cada momento era más angustiante que el anterior, la idea de perderla le recordaba lo que debió sentir su padre al morir su madre.

Pasando las horas maldecía a dios por dejar a esa criatura en un azar tan cruel, lloraba a los pies de la cama esperando que respirara y lo volviera a ver a los ojos, pensaba en dar órdenes de investigar quien había lastimado a su amada, lo ejecutaría sin miramientos; pero si gritaba la podía asustar y turbar su recuperación. Se terminó recostando a su lado, la abrazó con suavidad suplicando que no se alejara de él, que sería su reina, le prometió Suna, el cielo y la tierra para que no lo abandonara. Luego del amanecer pudo mover sus dedos, lo que pudo notar el pelirrojo, a lo que dentro de una euforia la observaba de forma más detenida, su respiración era más agitada, había sobrevivido.

- ¡Kabuto! ¡despertó! - gritó llorando de felicidad - ya viene el médico, no te esfuerces - acariciando su cabeza con ternura trataba de detener su llanto.

- Majestad - el joven médico se le acercó con rapidez a la joven - sus signos vitales parecen estar mejorando, sola va a recobrar el sentido, no la mueva ni le exija nada, su cuerpo tiene que hacer esto solo - el pelirrojo asintió con fuerza.

- Mientras ella se recupera, necesito que traigas a Kankuro - el joven asintió - tendrás justicia - pasando los minutos, el pelirrojo pudo calmarse.

- Gaara... - al entrar lo vio fuera de sí, por lo que lo abrazó con fuerza - supe que Hinata estaba mal, ¿qué pasó? - el pelirrojo tratando de mantener la calma respiraba de forma agitada.

- Alguien puso opio en la cena, debió ser en los pasteles, ella me dijo que estaba amargo, pero no le dio importancia - con sus manos en su cabeza se maldecía por consentirla con repostería.

- Pero sobrevivió - Gaara clavó su navaja en el escritorio.

- De suerte, si ella no sobrevivía yo no lo haría - al verla dormir se sintió más cómodo de hablar con su hermano - no pude protegerla, necesito que hagas una investigación, mataré a cualquiera que toque un cabello de Hinata - el castaño asintió para luego salir del lugar.

Simplemente la miró dormir profundamente entre sus sábanas, su angustia no conocía límites, ni siquiera se movía en sueños, era un cuerpo que luchaba por respirar. Mientras tanto, Matsuri disfrutaba su desayuno con Temari, a pesar de que ella se veía muy preocupada por la chica, no era de sorprender siendo ella la que tenía capturado el corazón de su hermano; pero la castaña no podía ocultar su buen humor, si ella por fin dejaba de respirar nada se interpondría entre ella y el amor de su vida.