A mediodía finalmente pudo despertar, pero su cuerpo se sentía cansado y pesado, no tenía muchas fuerza y sentía estar sin dolor alguno, sumamente relajada, a su lado estaba el pelirrojo estrechando su mano, al notarla despierta lo vio llorar sumamente aliviado, la abrazó con fuerza al punto que la lastimaba. Nunca había visto a nadie tan preocupado por ella de verla bien, ni siquiera su amigo más cercano ni su familia, quienes la abandonaron a su suerte luego de que iniciara la guerra.

- Que alegría, ¿te sientes bien? - ella asintió y el pelirrojo no pudo evitar besar sus mejillas.

- Sólo tengo un poco de sueño - al escucharlo suspirar parecía que algo grave había pasado - ¿que sucedió? se ve un poco angustiado - era cierto, ella no sabía que había tocado las puertas del infierno y que casi muere de una sobredosis.

- Alguien puso opio en los pasteles, por eso lo sentiste amargo, no despertabas en la mañana, parecías muerta - mientras le hablaba notó que se esforzaba por no perder la conciencia nuevamente.

- Me siento agotada - a pesar de estar sentada sentía que se iba a desmayar, a lo que el pelirrojo la recibió en sus brazos.

- Tienen que pasar los efectos, debe ser difícil para ti - la abrazó con fuerza para luego alzarla entre sus brazos para llevarla al balcón y quedar cómodamente sentados mirando hacia los jardines.

- Majestad - quiso aferrarse a sus ropas pero nuevamente perdió el conocimiento.

- Mierda, Kabuto dijo que pasaría esto, debo mantener la calma por ti - acarició su cabello y la dejó dormir en sus brazos, tal cual como ella lo había hecho la noche anterior.

Ibiki entró a la habitación con unas criadas que ordenaron la habitación, había logrado algo con su investigación, necesitaba hablar con el pelirrojo, después de todo, era de esperar que él controlaría el castigo de quien lastimara a la Hyuga. Al sentir el ajetreo en su cuarto, vio a Ibiki quien traía nuevas noticias.

- Mi señor, he investigado el problema que tiene a la joven así - Gaara le hizo un gesto para que siguiera, pero que bajara la voz en atención al cuidado de su chica - los pasteles de almendras fueron servidos a toda la familia real, por lo que el opio fue vertido sobre aquellos que comería Hinata, la dosis es desconocida, pero sabemos que la criada que los trajo fue quien los alteró - el rostro serio y un poco molesto era suficiente para saber que estaba furioso.

- Esto no lo pudo hacer sola, el opio no se vende a cualquier persona, debe ser alguien que sabe de la materia, ¿para quién trabaja? - el hombre tragó duro, la respuesta lo sacaría de sus casillas.

- Le suplico mantenga la calma, pero es sirvienta de la amiga de su hermana - no quiso decir que era Matsuri para no meterla en más problemas.

Los ojos del pelirrojo casi expulsaban fuego, si bien quería perder el control en ese momento, tenía a la chica durmiendo en sus brazos, tratando de mantener la cordura la dejó en su cama con las frazadas encima para que no se bajara tanto la temperatura, llamó a Sara para que cuidara a la chica y a parte de la guardia custodiando que nadie saliera de ahí ni que pudiera entrar. Corriendo por los pasillos entró en la habitación de su hermana, lógicamente ella estaba ahí, la jaló del cabello y la dejó en el suelo.

- ¿Qué haces? - le preguntó angustiada y asustada la rubia - no le hagas daño - la castaña daba alaridos de dolor por la fuerza del joven.

- Majestad, no he hecho nada, ¿por qué me lastima? - el pelirrojo llamó a dos guardias para que la apresaran.

- Intentaste matar a Hinata, ahora está desmayada en mi habitación por tu culpa, ¿y si hubiera comido el opio? casi mataste a tu rey, eso no lo puedo perdonar - Temari la miró sorprendida, casi cometía un crimen contra su hermano.

- Anoche cené con Temari y Kankuro, ¿cómo podría hacer algo tan monstruoso? - Gaara suspiró molesto.

- Encargaste a una criada, no soy tan bruto como para tragarme tu inocencia, ¿cómo pudiste hacerle algo así a Hinata? - Matsuri no se dejaría caer por esa razón.

- Ella sólo quiere tenerlo bajo su control, majestad, despierte, no puedo hacer algo tan cruel, ella lo manipula para hacerle creer que estoy en su contra - Gaara abrió sus ojos con fuerza, comenzaba a dudar de cual era la realidad que percibía, si Matsuri o Hinata decían la verdad.

- Llévenla al calabozo mientras decidimos su sentencia, por mi te cortaría la cabeza - a duras penas la lograron sacar de la habitación.

Gaara no sabía qué pensar, Hinata sería incapaz de manipularlo, usualmente le hacía compañía y lo escuchaba, no le preguntaba nada ni investigaba, aceptaba sus regalos y lo que fuera que le diera, no pedía más ni tampoco lo rechazaba. Temari por su parte tenía que disolver esa relación, ya que estaba en conversaciones sobre el matrimonio de la castaña con su hermano, esto debido a sus riquezas y tierras, no eran tiempos de paz y Suna podía ser fácilmente conquistada sin ayuda de Matsuri y su ejército.

- Aléjate de ella, puede pasarte algo malo a ti también - la rubia lo alcanzó con un poco de dudas.

- Gaara, necesitas a Matsuri, nunca te haría daño, sólo a Hinata - el pelirrojo se apartó con fuerza.

- ¿Es que nadie puede entender lo peligroso que fue esto? - la rubia suspiró, se estaba quedando sin opciones para convencerlo.

- ¡Majestad! - un guardia entró de improvisto - lamento interrumpir, pero la muchacha de su habitación ha empeorado - Temari pudo ver la contorsión del rostro de su hermano, era angustia total al salir corriendo.

Al entrar al lugar Sara cuidaba de ella mientras vomitaba sus entrañas en un balde, tenía fiebre y jadeaba, era horroroso, temblaba sin parar y su color de piel era similar al papel, a sus ojos estaba agonizando.

- Vamos Hinata, tienes que salir de esta - le decía la chica con algo de ánimo.

- Los baños la harán entrar en calor - la alzó en sus brazos y la llevó a los baños con agua caliente.

Con una simple camisa entró en el agua con la chica, quien estaba delirando y temblando llegando a convulsionar a momentos, su cuerpo estaba frío por la pérdida de líquidos, solicitó agua y le daba de beber de a poco, no le importaba en absoluto haberle quitado las ropas para sumergirla. Con el pasar de los minutos su cuerpo logró retomar algo de calor y con ello pudo recobrar el conocimiento, el pelirrojo trataba de aportar con su calor, pero no era mucho lo que podía hacer, sus nervios le hacían sudar frío.

- Majestad - susurró con dificultad asustando al chico.

- Hinata, ¿estás mejor? - su pregunta la hizo llorar y colgarse a su cuello.

- No, por favor no me deje - la calmaba con sus caricias en su espalda - tengo miedo - él aclaró su rostro y besó su frente.

- Aquí estoy, no te angusties, no te abandonaré - no era cierto, ya que jamás se casaría con ella y lo suyo no tenía futuro.

- ¡Ah! - gritó con un poco de fuerza mientras cubría su cuerpo - ¿qué pasó? - Gaara apartó la mirada un poco sonrojado.

- El agua caliente te ayudaría a entrar en calor y tus ropas estaban sudadas, no te preocupes, Sara espera por ti para que te vistas - ella asintió con suavidad para salir del agua, pero no podía.

- Esto es tan vergonzoso - si podía pensar en algo así significaba que estaba mejorando.

- Quédate así por un momento, necesito que recuperes el calor que perdiste, además están ordenando la habitación para que te recuperes - ella le miró para luego negar.

- No tiene que molestarse, he pasado por situaciones peores, sólo necesito dormir un poco en mi habitación - se levantó con algo más de fuerza para salir a pesar de su desnudez.

- No te voy a dejar sola, es una orden - al sujetar su muñeca entendió que era serio lo que le decía, pero le molestó su actitud.

- Puedo decidir - se quiso apartar pero él no la soltaba - me lastima - la jaló hacia sí mismo chocando con su pecho.

- Fue un intento de asesinato, no dejaré que estés en peligro, sólo estás a salvo dónde esté yo - Hinata suspiró, no había caso.

- Es más terco que - ese rostro pasó por su cabeza, esos ojos oscuros, no había pensado en él desde hacía ya mucho tiempo.

- No te entiendo - al tomar su mentón la vio aterrada, se hundía en sus brazos con fuerza a pesar de sufrir temblores, de sólo sentir lo mucho que lo apretaba significaba que quería estar a su lado, tampoco la soltaría.

No había experimentado el infierno en mucho tiempo, ahora un hombre tan cálido la acompañaba, tenía miedo de volver a confiar de esa forma en alguien, después de todo, su primer amor fue tan tormentoso que huyó de él, aunque sabía que no podía llamarle amor, él jamás sintió algo similar a eso. Se dejó guiar por el pelirrojo, Sara la vistió con ropas gruesas y holgadas para que no pasara frío, perdiendo con ello el porte de princesa que llevaba a pesar no ser tal, su comportamiento era tan delicado como el haber nacido en cuna de oro, pero a la vez podía ser jovial y eso le agradaba al pelirrojo, fue esa la razón por la que estaba enamorado de ella, lo fascinaba que ella sólo era feliz con lo que podía darle.

- ¿Puedo ir a mi habitación? - preguntó con timidez con sus ropas que ya no eran ceñidas ni sueltas, la presionaban al estar mullidas.

- No - le decía mientras trabajaba en unos documentos sin mirarla, no podía dejar tan de lado su trabajo.

- No quiero estar aquí - eso detuvo su escritura, ¿cómo se atrevía a rechazar todas sus preocupaciones?

- ¿Qué dices? - en medio de un aura amenazante se acercó a la cama, lo que bastó para aterrarla.

- Quisiera estar en mi habitación - sus ojos demostraban ser un animal asustado, no era primera vez que un hombre lograba intimidarla, pero ¿eso quería decir que había un potencial amoroso?

- No puedo protegerte ahí, aún estás muy delicada - con una caricia en su mejilla volvió a ver a ese joven cálido que tanto la cuidaba.

- Majestad, ¿sabe quién fue? - el pelirrojo apartó la mirada molesto.

- Matsuri - Hinata soltó una risa.

- No era de extrañar, una cualquiera supuestamente embrujando a su majestad - dijo moviéndose en la habitación de forma teatral haciendo reír al pelirrojo - ¡oh, mi señora, lo confieso! - gritó con su mano en su frente - ¡quiero a su alteza para mí! ¡y jamás lo compartiré! - se sentó a su lado riendo - de todas formas no espero que algo le pase, después de todo, su matrimonio es casi un hecho - Gaara la miró sorprendido.

- No es así, jamás me casaría con otra - le tomó de las manos casi como si le tuviera que perdonar una infidelidad - no me atrevería a hacerte algo así - Hinata rio suavemente.

- ¿A mí? - si realmente sentía algo por ella tendría que confirmarlo, aunque le daba un poco de miedo saber la verdad.

- Quiero decir, no puedo dejarla sin castigo, la enviaré lejos de ti, para que vivas tranquila aquí - ella negó con la cabeza.

- No lo haga, después de todo, mi estadía aquí ya va a terminar - el pelirrojo apretó la mano de la chica con algo de fuerza.

- ¿Qué quieres decir? - sus ojos parecían fríos, pero era debido a la sorpresa que implicaba la inevitable separación.

- Pues, Jun ya está listo, con mi pago podré viajar a otros lugares - Gaara la atrajo hacia su cuerpo - ¿majestad? - al ver su rostro parecía un niño asustado, si se marchaba jamás sabría lo mucho que la amaba.

- No te vayas - la presionaba con fuerza sin pensar en que la estaba lastimando.

- Majestad - luchaba para poder liberarse, pero no cedía.

- Es mejor esperar a que mejores, luego podemos ver la finalización de tus servicios - Hinata asintió suavemente, al parecer era difícil desvincularse de ella, no le daba el corazón para lastimarlo de esa manera.

- Después usted seguirá su vida - le comentaba mientras era liberada de su agarre.

- No te entiendo - le decía levantándose para buscar unos documentos para encontrar una carta.

- Podrá volver a ser quien era, contraerá matrimonio y quedaré como una simple amiga - se quitaba con suavidad el abrigo para moverse más libremente.

- ¿Qué esto? - sus ojos no podían creer lo que leían - Hinata, quédate aquí - la orden era clara, pero antes de partir besó su frente.

Corriendo por los pasillos llegó al estudio de su hermano mayor, quien también se encontraba en un estado de catástrofe, los tiempos que venían no eran de paz, todo lo contrario.

- Tenemos que resguardar Suna - dijo Kankuro con unos mapas de la ciudad amurallada.

- Sí, no puedo creer que vuelvan a entrar en guerra luego de 10 años creí que esa familia estaba acabada - el moreno chistó.

- Mañana tenemos que empezar a hacer un plan, tenemos que mantenernos neutrales, no somos tan fuertes - el pelirrojo asintió, se dejó caer en una silla, era primera vez que enfrentaba una guerra como rey.

- Hay que armar campamentos para los habitantes de las murallas, no podemos dejarlos afuera, los soldados no dudarán en arrasar con las aldeas por provisiones - Kankuro le acercó unos planos modificados.

Pasó la noche esperando en la cama a su pelirrojo analizando qué era lo que pasaba, luego de dos noches de crisis entendió que era lo que sentía por él, no se atrevía a decir que era amor, pero lo quería mucho, la protegía y siempre era deferente, la consentía en todo y era cálido con ella, adoraba sus rojizos cabellos, eran suaves y cortos, sus ropas eran impregnadas de su esencia; no había visto eso porque se prohibía sentir amor por cualquier persona, lo quería mucho, lo notaba en lo mucho que le agradaba el olor que quedaba en sus ropas, con capa en mano daba vueltas con su rostro apegado a la tela, se meneaba con suavidad a través de la habitación. Al entrar el pelirrojo la hizo gritar del susto, sonrojada dejó caer la prenda al suelo, su corazón palpitaba rápidamente al punto en que no sabía cómo reaccionar.

- ¿Qué haces? Deberías estar en cama - Hinata asintió y le obedeció en el acto, lo cual era raro, no le quitaba la mirada.

- ¿Qué pasó? - al mirarlo entendió que era serio, así que lo invitó a recostarse con ella.

- Tenemos que resguardar Suna - al entrar a la cama vio que ella lo invitaba a que fuera a su pecho, un poco apenado le obedeció - vienen tiempos peligrosos - Hinata lo acogió en su pecho con ternura, siendo verdaderamente honesta con lo que sentía.

- Ya veo - el chico la miró con un poco de dudas.

- ¿Qué hacías fuera de la cama? - la muchacha enrojeció y apartó la mirada.

- No es nada - al ver cómo el joven escalaba sobre ella quedando frente a frente.

- No me gusta que me ocultes cosas - la chica soltó una carcajada cargada de ironía.

- Le prometo que no es nada - lo presionó contra su pecho para que entendiera que quería dormir.

El sueño llegó en un mundo en problemas, los conflictos se acercaban a una velocidad vertiginosa, su mente tendría que preocuparse de su pueblo y no de la mujer que amaba, nuevamente se veía presionado para casarse con Matsuri, no podía negar esa opción, Suna lo necesitaba, tenía que hacer un gran sacrificio por su pueblo; Hinata tendría que salir del palacio, no se atrevería a tocar a una mujer con ella cerca de él, tendría hijos con ella pensando la morena. La Hyuga por su lado se sentía sumamente asustada de sus sentimientos, lo quería tanto que le ardía el pecho por él, la salvó de la muerte y compartía su lecho.