Pasaron los días y Gaara liberó a Matsuri sin reproche alguno, más que nada para no acabar con su matrimonio con ella y obtener sus beneficios. Hinata parecía más pensativa de lo normal, no era la alegre chica de antes, no sabía si confesar su amor por el pelirrojo o no, podía costarle la vida. Suna se preparaba para momentos difíciles, acopiando alimentos para la gente y estableciendo campamentos para las personas que vivían fuera de las murallas.
- ¿No te agrada el brazalete? - le preguntó el pelirrojo en medio de una cena al ofrecerle un regalo y ver cómo ella no era capaz de mostrarse alegre.
- Majestad, es precioso - suspiró pesadamente, su corazón desbordaba cariño por él y debía callar.
- ¿Hay algo que te moleste? - la chica negó con la cabeza - pareces triste - la chica se recargó a su lado.
- ¿Puede abrazarme? - el joven obedeció, si se mantenía en silencio no había necesidad de decirle la verdad.
Para Gaara la situación era estresante, tenía que cuidar a su pueblo y la persona a la que más quería no hacía más que evitarlo, no lo miraba a los ojos y se rehusaba a estar mucho tiempo con él, salvo en la noche, el único momento en el que podían tener contacto físico sin tantas restricciones al estar durmiendo juntos. De vez en cuando suponía que ella tenía un amante, pero de ser así, ella estaría feliz, en lugar de eso, era una mujer triste y silenciosa, no daba la misma luz que antes.
- Lo siento por no ser así - dijo la chica sacando de sus pensamientos al pelirrojo.
- ¿Qué? - Hinata se quitó el brazalete y lo palpaba con sus dedos.
- No puedo, sé que le agrada que sea una persona alegre, pero - el joven le aclaró el rostro moviendo sus cabellos y obligándola a verlo.
- Puedes ser sincera conmigo, ¿no estás conforme con mi compañía? - Hinata negó con la cabeza.
- Eso es imposible, cada segundo a su lado es - se frenó en seco, si seguía podía parecer una confesión de sus sentimientos.
- ¿Es? - se le acercó al rostro con suavidad, llegando a sentir su aliento, pasteles de canela y por su parte, vino tinto.
- Majestad... - susurró cerrando los ojos, su cercanía era tal que no podía negarle nada.
- ¿Sí? - suspiró sus palabras sobre ella haciéndola temblar, si la miraba parecía dispuesta a recibir un beso suyo, pero si no le agradaba era el fin de su relación, el pánico de que lo odiara le hizo alejarse un poco.
Al separarse sintió cómo se estrujaba su corazón, era cierto, él no sentía nada por ella, suspiró tratando de contener su tristeza. La cena prosiguió sin mayor conversación, el rechazo del otro era tan doloroso que no podían verse a la cara; no tenía sentido, ambos eran de mundos tan diferentes que no podían ser el objeto de amor del otro; la frustración pudo con ella, soltó un par de lágrimas de forma disimulada, debía contenerse o de lo contrario lo preocuparía.
- Quisiera dormir, estoy cansada, majestad - le dijo mientras se levantaba para ir a la cama, no quería siquiera que la viera a los ojos.
- Claro - le siguió por el otro lado, con sólo la luz de la luna podía ver que no era la de siempre.
- Lamento decepcionarlo, quisiera poder - sus palabras fueron calladas por el tan anhelado beso entre ellos - majestad - le llamó, pero él volvió a callar sus protestas, sólo pudo avivar el fuego de su deseo por ella su caricia sobre su mejilla.
- No me decepcionas, no hay forma en la que eso pase - le decía entre besos, cada uno más apasionado que el anterior.
- ¿Qué hace? - su pregunta lo sacó del contexto de finalmente concretar su deseo.
- ¿Te he ofendido? - ella negó con fuerza - me he contenido demasiado estos días, ¿debí haberte dicho lo que sentía por ti antes? - Hinata abrió los ojos con fuerza.
- ¿Qué? - el pelirrojo suspiró mientras la atraía hacia su pecho.
- No podría decir desde cuando siento esto, es primera vez que me enamoro, quisiera que lo supieras - la chica se le apartó con rapidez ocultando su rostro, tenía una sonrisa tan grande que le dolía el rostro.
- Majestad, yo, me siento de la misma manera - ambos sentados en la cama finalmente se atrevían a decir la verdad - pensé que era inocua para usted, no me sorprendería, usted es tan - fue acallada por un nuevo beso.
- ¿Loco? - bajó para besar suavemente su cuello, quería besar cada parte de ella - estoy totalmente loco por ti - al sentirla jadear comenzó a entender lo que estaba haciendo.
- A-Alteza, si hace eso - su piel se erizó al instante de sentir cómo la mordía suavemente, para ser un chico virgen entendía perfectamente cómo estimularla.
- ¿Te lastimé? - negó con la cabeza - nunca había estado tan cerca de una mujer, no se si lo estoy haciendo bien - la obligó a sentarse sobre sus piernas.
El sentir cómo él suavemente recorría su piel le recordó su primera vez y esos ojos negros sobre su cuerpo entrando a la adolescencia, era tan pequeña, tan inocente. Era diferente, no podía negarlo, era una mujer mayor, podía decidir y él no se lo impediría, su toque era tan bueno, pero de sólo pensar en repetir el ciclo la asustaba. Por parte del pelirrojo, prefirió arriesgar todo por ella, que lo supiera aunque se separara de él; el toque de sus labios con su piel fue extraño, pero agradable, sobretodo por las reacciones de ella.
- Eso es lo que me extraña, ¿quién le enseñó? - Gaara apenado bajó la cabeza.
- Lo leí - apoyando su cabeza en el hombro de la joven comenzó a confesar - un libro erótico llegó a mis manos y es todo lo que sé - Hinata le tomó el rostro para poder besarlo.
- Lo siento, pensar que había una mujer antes que yo me puso celosa - a pesar de todo quería reclamarlo como suyo - no debería ser egoísta con alguien como usted - con una risa irónica buscaba protección en su pecho.
- ¿Cómo yo? - la chica se aferró con fuerza.
- De la realeza, usted está destinado a algo mejor que yo - le dolía reconocerlo, pero era la verdad.
- No, ahora que sé que me quieres, no puedo tomar a otra mujer como mi esposa, cásate conmigo - la muchacha se le apartó con fuerza.
- Ma-Majestad - jadeando por el pánico trataba de hacerlo entrar en razón - no vaya tan rápido, apenas hemos declarado nuestros sentimientos, un matrimonio es algo serio - Gaara la atrajo para volver a besarla.
- Claro que es serio, si me amas como yo a ti sólo haría falta que fueras mi esposa - apenas podía resistir alejarse un poco de ella para hablar, se sentía totalmente embrujado por ella.
- Gaara-san, por favor - el pelirrojo la miró totalmente sonriente.
- Me llamaste por mi nombre - al verla cubrir su boca con vergüenza se derritió de ternura, parecía una niña pequeña.
- Lo siento majestad - el Sabaku negó con la cabeza sin dejar de sonreír.
- Me agrada que me llames así, fuera de mis hermanos, quisiera que sólo tú dijeras mi nombre - hundido en su cuello le susurraba de tal forma que erizaba su piel.
- Mi señor - gimió al sentir cómo él comenzaba a succionar suavemente su piel, jadeaba abrazada al joven - dejará marca - gritó suavemente al sentir una mordida.
- Puedes marcarme a mí también, pero no esperes que mantenga mis manos lejos de ti - subió a su oreja y mordió el lóbulo - he esperado suficiente - la chica lo apartó con fuerza cayendo de la cama.
- Majestad, reaccione - en su segundo de lucidez entendió que estaba mal, él no podía ir tan rápido con ella, podían también ser promesas vacías con tal de llevarla a la cama, lo que le parecía aún más siniestro.
- ¿Qué quieres decir? ¿te repugnan mis caricias? - ella negó mientras se levantaba para sentarse en la cama a su lado.
- No, claro que no - la distancia era suficiente para que no se volviera a lanzar sobre ella - esto es muy rápido, le suplico se detenga - ofuscado el joven salió al balcón, asustada de que hiciera una locura le siguió lo más rápido posible.
Apoyado en la baranda con la mirada perdida trataba de simplemente dejar de sentir, que el viento de la noche lo calmara, no entendía para nada que ella lo aceptara y luego lo rechazara, ¿era acaso un juego macabro? consumar el acto era lo más lógico, eso era lo que hacían las parejas enamoradas, ¿verdad? quería darle su primera vez a ella, que fuera la única mujer que conociera su cuerpo hasta lo más íntimo. Al sentir las manos de la joven en su pecho al abrazarlo por la espalda fue devuelto a la realidad, lo presionaba al punto de sentir su busto.
- Suéltame - ella aumentó el agarre.
- No quise ofenderlo - el joven se dio la vuelta quedando de frente con ella - lo haré - con los ojos un tanto llorosos comenzaba a desatar su vestido.
- Espera - con sus manos tomó el rostro de esa mujer, parecía asustada - no quiero presionarte, lo siento, de verdad quiero que seas mi esposa, pero no sé si tú quieres serlo - Hinata negó.
- Usted ya tiene una prometida y yo debo irme - el pelirrojo la besó con ternura.
- La dejo, dejo mi título por ti - la chica rio un poco sobre sus labios.
- No es necesario, me siento feliz de saber que usted tiene un lugar para mí, por pequeño que sea, en su corazón - sus palabras le calaron hondo, ¿no entendía lo sugerente que se veía con el vestido a medio atar?
- Todo lo que soy te pertenece, puedes perfectamente ponerme una cadena y no me alejaré de tu regazo - la chica retrocedió un poco, pero él la siguió - ¿puedes entender lo que te digo? - Hinata negó suavemente en total sorpresa.
- Majestad - volviendo a sus cabales le tomó de la mano para llevarlo a su cama - me honra, el amor es así, como una llama que quema hasta la punta de nuestros dedos - él asintió buscando besarla de nuevo, pero ella le negó el acto - debe calmarse, si nos apresuramos arderemos en el infierno, podemos ir a paso más lento - Gaara asintió.
- Tienes razón, es sólo que siento que me estás privando de ti - ella negó - tú puedes hacer lo que quieras conmigo y yo lo aceptaré - la chica le miró un poco más decidida.
- Me ha tomado por sorpresa, mi corazón no puede con esto, debo procesar que ahora ambos sentimos lo mismo, es demasiada dicha - el pelirrojo se recargó en su hombro.
- Mi amor - susurró haciendo saltar a la chica para luego darle un pequeño golpe.
- Le dije que no puedo con esto y usted es tan - le miró a los ojos - divino - de pronto su rostro se enrojeció.
- Podemos entonces seguir durmiendo juntos - cambiando el tema se levantó para ir a buscar su camisón.
- Sí, quisiera dormir entre sus brazos el tiempo que queda - con su ropa de dormir en mano se terminaba de desnudar sentada en la cama.
Fuera de la habitación, Matsuri se disponía a entrar a ver a su prometido, Temari había dado permiso para el matrimonio dentro de 3 meses, a inicios de la primavera. No pudiendo resistir esperar a la mañana, llevaba sus mejores ropas y un regalo de joyería para su futuro esposo, a pesar de los guardias logró entrar, encontrando a Hinata con su pecho desnudo y a Gaara en ropas de dormir.
- Hinata, pescarás un resfriado - le decía besando su hombro por detrás - ¿o estás buscando tentarme? - la chica se le apartó riendo.
- Jamás, me siento avergonzada, debería usar mis mejores vestidos para encontrarme con usted - el pelirrojo rio suavemente.
- Mandaré mejores telas para ti, más joyas - entrelazando sus dedos se topó con el anillo - ¿no te lo has quitado? - ella negó sin notar la presencia de la castaña.
- Claro que no, fue un regalo suyo, puedo ver el esfuerzo que puso en él - al voltearse y buscar el pecho de su amante chocó la mirada con Matsuri - ¡ah! - gritó cubriéndose el pecho y buscando su camisón.
- Qué indecente - a paso lento se le acercó a la pareja - pero es bueno que esté aquí - el pelirrojo cruzó sus brazos totalmente molesto.
- ¿Qué haces? no estoy de humor para escucharte, ni siquiera para que respires el mismo aire que Hinata, ¿crees que olvidé lo que le hiciste? - la castaña suspiró cansada.
- Esa no es la forma de tratar a tu futura esposa, Temari cerró la negociación con mi familia - esto era incómodo, le acababa de jurar a Hinata que no se casaría con otra mujer.
- No puedo aceptar, yo ya elegí a mi esposa - Matsuri cruzó sus brazos cansada de su rebeldía.
- Sabes que necesitas mi ejército para proteger Suna, sin mis tierras serás colonizado dentro de poco, estamos en guerra - Hinata abrió los ojos sorprendida - ¿no crees que es irresponsable revolcarte con una cualquiera mientras el pueblo está en angustia? - Gaara le cerró la boca de una bofetada.
- Estoy harto de ti, deja de atormentar a Hinata, me importa un carajo que tengas tierras y ejércitos - la chica le alcanzó el brazo para atraer su atención.
- Majestad, por favor, no la insulte - se le acercó a la castaña para hacer una reverencia - felicidades por su compromiso - el pelirrojo la sacudió por los hombros buscando que entrara en razón - conozco mi lugar - con sus ojos cerrados y una sonrisa trataba de finalmente entrar en razón - debería retirarme - el pelirrojo negó con la cabeza al verla retirarse.
- Quédate - le suplicó, pero al ver que Jun y ella iban a la puerta le gritó - ¡es una orden! - era primera vez que le gritaba de esa manera, violento e irracional.
- Sería bueno que te quedaras - Matsuri levantó su mentón haciendo que la mirara - como despedida - ambos abrieron los ojos, ¿tenían que decir adiós?
- Yo, quisiera ir a mi habitación, tengo que preparar todo para mañana, dejaré sus regalos en la habitación - sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas, pero prefería mantenerlos cerrados.
La castaña finalmente podía descansar, su amor sería su esposo y la rata callejera se iría, él sería totalmente suyo; salió empujando a la morena, si se acostaba con él no tendría importancia, podía perdonar esa infidelidad antes del matrimonio. En la habitación quedaron los dos solos sin decir una palabra, sin mirarse a los ojos, pudiendo sólo romperse al escucharla sollozar suavemente.
- ¿Estás bien? - se le acercó con rapidez para besar su mejilla - no lo aceptaré, no puedo casarme con ella, yo te pertenezco, soy tuyo - ella negó con la cabeza suavemente temblando.
- Sé cual es mi lugar, puedo ser muchas cosas, pero reina de Suna jamás - se secó las lágrimas y fue a preparar su ropa para partir a su habitación.
Dentro de su escritorio buscaba con urgencia un proyecto antiguo, su primera tarea en bronce, tenía 15 años, estaban oxidadas, pero eran dos alianzas iguales, no lo tiró a la basura para recordar sus inicios.
- Si te vas a ir, antes quisiera casarme contigo, ahora - le acercó los anillos - no son de la calidad que mereces, pero yo las hice cuando era un niño - Hinata lo miró sorprendida - son un tanto feas, me recuerdan a una época muy triste de mi vida, aunque sea con la luna de testigo, ¿quieres ser mi esposa? - la urgencia por ella lo impulsó a un acto de locura.
Su amor era así, como una llama ardiente dispuesto a morir por ella, sabiendo lo mucho que la amaba y tener que dejarla ir era lo más doloroso que le podría pasar. Ambos se correspondían y tenían que estar separados por razones claramente económicas y políticas.
