Apenas tenía 15 años, estaba sumido en una soledad que le generaba ataques de ira, se le encerraba, por lo que su maestro, Yashamaru era de las pocas personas que podía ver, él le enseñó el arte de la orfebrería, requería paciencia y calma. Luego de terminar sus alianzas detestó la forma, el color, el metal, todo.

- Debería conservarlo - el pelirrojo lo miró un poco ofuscado.

- ¿Para qué querría dos anillos igualmente horribles? - el rubio rió suavemente revolviendo su cabello.

- Algún día una mujer será su esposa - Gaara no pudo evitar hacer un gesto de asco, ya que ninguna mujer se le acercaba y se reían de él - o mejor dicho, se enamorará de alguna, si ella lo ama, que reciba sus alianzas "feas", no le importará - no le cabía en la cabeza pensar que algo tan feo le gustaría a alguien viniendo de una persona igual de fea.

Pasaron más de 10 años y recordó su promesa, si a Hinata no le molestaba el anillo su amor era genuino. La espera a su respuesta fue corta pero eterna, entendía que era mucho para ella, hacía unas horas no sabían lo que sentían por el otro y ahora quería que fuera su esposa.

- Sé que no es nada lujoso y sería un secreto, a pesar de todo, quisiera sentir que algo más allá de lo que siento, me ata a ti - la chica retrocedió levemente, totalmente en desacuerdo a su acercamiento.

- No podemos hacer esto, ¿quiere atarme de por vida? ¿qué haré después? ¿torturarme por el recuerdo de un hombre al que no pude amar? - el pelirrojo negó con fuerza mientras se le acercaba.

- Puedes verlo como mi promesa de que siempre te voy a querer - al tomar su mano y besarla pudo ver que de verdad la adoraba.

- Majestad, no lo sé - con un suspiro se hundió en el pecho del joven - si me separo de usted, moriré de amor - Gaara le acarició la cabeza con ternura, a pesar de todo, no dejaba de ser una muchacha.

- No constará en ningún acta, nada será prueba, salvo, que tú y yo sabemos de esto, puedes lanzar el anillo y olvidarme, nadie dirá nada - le dolía admitir que lo podía olvidar, esperaba que ella no lo hiciera.

- Usted me olvidará también - le besó suavemente los labios - si nos vamos a olvidar, podemos fingir querernos para siempre, ¿se casaría conmigo? - el pelirrojo enrojeció furiosamente, sus manos temblaban.

- No son el mejor trabajo que he hecho, tu anillo de esmeraldas es mejor - la chica lo miró y soltó una carcajada.

- Digamos que era un anillo de compromiso - se lo quitó dejando que cayera al suelo.

- Quisiera que nunca olvidaras que yo, como hombre, soy totalmente tuyo - al colocar el anillo notó que sólo le podía quedar en el dedo anular - esto es vergonzoso - Hinata negó para besar la mano de su ahora esposo.

- Ah - en su caso sólo podía quedarle en el meñique - ¿no le molesta? - ambos no pudieron evitar reír.

- Lo hice hace más de diez años, debí cambiar en ese tiempo - mirando su mano, no se veía tan mal en ese lugar - pensar que un rey como yo iba a tener una boda tan improvisada - Hinata bajó la cabeza un poco apenada.

- Estoy segura que la oficial será mejor, con un festín y una celebración de 3 días - el pelirrojo no cabía de ingratitud, actuaba como un mocoso malcriado.

- No es eso, te habría dado una boda preciosa - Hinata puso su dedo sobre sus labios.

- Lo entiendo - a pesar de entenderlo, era imposible que no le ardiera saber que su pobreza la condenaba a estar tras bambalinas.

- No quería lastimarte, menos ahora, esposa mía - la atrajo con fuerza para ver cómo se teñían de rojo sus mejillas - no imaginé que la novia sería tan tímida - ella ocultó su rostro con un movimiento de cabeza convirtiendo su cabello en una especie de cortina.

- Qué esposo tan molesto, bromeando conmigo - se le colgó del cuello para besarlo suavemente.

Si eran una pareja casada, lo más lógico era consumar el matrimonio, Hinata estaba asustada, no yacía con un hombre en mucho tiempo, él definitivamente quería estar con ella, lo que más la asustaba era hacerlo mal. Al verla temblar y palidecer el pelirrojo la cargó a la cama, se sentó a su lado, al igual que ella estaba asustado, a pesar de lo mucho que quería tocarla, no sabía cómo más allá de besarla.

- No tienes que hacerlo - se conservaría célibe hasta que ella quisiera.

- ¿Podemos ir lento? - preguntó sin mirarlo a los ojos.

- Claro que sí, si quieres lleva el mando, lo que sea que quieras intentar lo aceptaré - por un momento pensó lo decidido que estaba por ella, no le importaba lo que ella quisiera hacer.

- Mi amo era muy violento, es primera vez que lo hago con alguien diferente, por amor - se entregó a los labios de su amante con dulzura - le suplico, aunque sea una mentira, sentir que es sólo mío - el pelirrojo sonrió ladino mientras desataba lo que quedaba del vestido de su amante.

De busto pálido y turgente, jamás había visto tanto de una mujer, era precioso, al tocarlos notó la suavidad, la hacía suspirar al besarlos con ternura, pero gimió con fuerza al succionar uno de los pezones, era diferente, algo que no conocía y era placentero. El sentir las manos de la joven en su cabeza suplicando que aumentara el contacto lo llevó a jugar con su lengua. Al bajar y arrebatarle su pecho se dedicó a besarlo, de a poco se sentía más segura, sus caricias eran dulces y lo suficientemente despacio para no asustarla.

- Eres preciosa - la lanzó a la cama haciendo que gritara un poco sorprendida, al quedar sobre ella se sentó sobre sus rodillas para poder quitarse el camisón de dormir, lo que terminó sonrojado a su esposa - qué dulzura - bajó para besarla con cuidado.

- No haga eso - detestaba que bromeara con ella en un momento tan serio, además el ver ese cuerpo delgado y pálido le pareció tentador, le abrió un poco más las piernas para darle acceso.

- Querida, no quiero olvidar tu rostro ahora - al disponerse a entrar le acarició con ternura el rostro, al rozar el centro sintió la electricidad recorrer su cuerpo.

- Suave, majestad - le interrumpió al ir de golpe gritando ambos y sacando lágrimas de la chica - no se mueva - jadeando se acostumbraba a finalmente sentirlo dentro.

Ambos estaban extasiados con el cuerpo del otro, de piel pálida y perlada, de a poco el pelirrojo se movía, era una situación casi instintiva, el verla retorcerse bajo su cuerpo por su causa, él la hacía gemir su nombre, que buscara sus besos desesperada y reescribiera el concepto de íntimo a su lado; de vez en cuando entraba hasta el fondo soltando gritos. La experiencia era casi enceguecedora, no se detendría jamás, probar el cuerpo de una mujer así no daba lugar a la saciedad, la tomaría la noche entera.

- Gaara, mierda - aferrada a su cuerpo lo dejaba seguir - así, ah, fuerte, no puedo creer que seas virgen - le mordisqueaba la oreja para luego jadear.

- Lo era, ah, me aprietas tan bien, creo que quería estar contigo desde siempre - presionando con fuerza le sacaba gritos - ¿o quieres que lo haga tan fuerte hasta que digas que me crees? - Hinata asintió.

- Quizás te crea, sólo puede ser con fuerza, mi señor - Gaara tomó con fuerza las caderas al punto de dejarle marcas y empujó como nunca.

- ¿Así? - al escucharla gritar desesperada pensó que la estaba lastimando, pero sonreía, era feliz.

- No aguantaré mucho más, quiero más, majestad - los gritos y gruñidos no daban lugar a otro sonido, finalmente ambos se derramaron.

Sedientos, la chica quiso ir por una copa de vino, pero al bajar de la cama terminó en el suelo; preocupado, trató de subirla, su cuerpo parecía extenuado, a pesar de todo, no debía tener la misma fuerza desde el incidente con los pasteles. Él le acercó una copa, a los ojos de ella se veía como un hombre excesivamente atractivo, sus sonrojadas mejillas se encendían aún más al ver que no tenía intención de cubrirse.

- Por mi esposo - brindó sola y bebió un poco lento.

- ¿Ya aceptaste que estamos casados? - Hinata rió suavemente para luego besarlo.

- Claro que sí - se le acercó, pero su cuerpo fallaba con sostenerla - ¿puede mi esposo sostenerme? - el pelirrojo obedeció y la abrazó, sin embargo, no pudo vislumbrar que ese toque bastaría para volver a necesitar el calor de la joven.

Se le apartó rápidamente cubriendo su entrepierna, se sentía avergonzado de su naturaleza, era sucio, como si no pudiera pensar en otra cosa, no se atrevía ni a mirarla, ella era su esposa, al menos entre ellos, debía respetarlo. Hinata lo veía sufrir y buscar bajar su temperatura, con una pequeña sonrisa se le puso en contacto con la espalda del joven, asustado, soltó un grito.

- ¿Qué haces? - Hinata puso una mano en su boca y otra sobre su miembro.

- Calmar las necesidades de mi esposo - el pelirrojo dejó su cabeza descansar en el hombro de su esposa, quien lo besaba con ternura en el cuello para luego mordisquearlo.

- ¿Puedes ir más rápido? - ella negó para jugar con su oreja, haciendo que gimiera.

- Qué sensible - le besó la mejilla con una sonrisa - no se preocupe, lo haré sentir bien - aumentando la velocidad, con la mano libre acariciaba el pecho de ese joven, totalmente entregado a los brazos de una mujer sin nada en las manos.

- A-Ah - al sentir su índice jugar con su punta echó la cabeza hacia atrás, jadeaba con sus ojos abiertos, era una nueva sensación.

- Está húmedo, majestad - le besó el cuello para dejar una pequeña marca.

Al dejar de acariciarlo para dejarlo caer en la cama se posicionó entre sus piernas, para luego jugar con su lengua, le miraba como una criatura indefensa, para luego reemplazar su expresión por una mucho más desafiante al engullirlo completamente. Gaara estaba más que sorprendido que pudiera tratarlo así, lo devoraba hambrienta, con una precisión que desconocía, al punto que se derramó en su boca.

- A-Ah, perdona, no era mi intención - al ver lo tragaba no sabía exactamente qué hacer.

- A-Ah - repitió ella avergonzada - lo siento - había jugado como si fuera un hombre cualquiera con él - ¿no le agradó? - lo miró nuevamente como si fuera inocente, sonrojando al pelirrojo.

- S-Sí, no sabía que podías hacer eso - la recostó a su lado para abrazarla - estás llena de sorpresas, quiero hacerte mía hasta el amanecer - Hinata abrió los ojos sorprendida para luego bajar la cabeza.

No eran simples promesas, tampoco le molestaba, lo hacía bastante bien, pero podría decir que lo hacía por amor, lo quería en serio, lo amaba, al punto de que le gustaba ese anillo en su dedo. Se movía lentamente sobre su cuerpo, la tocaba completamente, como si quisiera recordar cada parte de su cuerpo, hasta llegar a su centro.

- E-Espera - le interrumpió un beso apasionado por su amante, quien abría un poco sus piernas.

- Deja que te toque - con su dedo índice y medio se abría paso haciendo temblar a la chica entre sus brazos, no podía negar que en parte era una exploración por curiosidad, al abrirla completamente encontró una protuberancia que al rozarla logró estremecerla en su totalidad.

- ¡Majestad! - con sus ojos abiertos y la cabeza hacia atrás le dejaba el paso para poder devorar su cuello y luego su boca sin dejar de rozarla - p-por favor, no puedo - sus piernas se contraían y sus ojos estaban en blanco.

- ¿Te estoy lastimando? - un poco preocupado por su reacción, que parecía de dolor, decidió detenerse lo que la dejó respirar un poco - ¿te sientes mal? ¿llamo a un médico? - su ansiedad lo carcomía rápidamente, pudo haberla matado.

- Ma-Majestad - le llamó suavemente a pesar de su jadeo - no se angustie - sin moverse mucho, buscó besarlo - no es diferente a lo que usted ha sentido unos momentos atrás - cerrando los ojos avergonzada, no tenía el valor de hacerle esa petición - no tenga miedo de acariciar - bajó notablemente el volumen de su voz - a su esposa - sonrojada cubrió su rostro - lo siento, no debí decir eso - el pelirrojo trataba de asimilar que dentro de cada palabra había un dejo de amor por él y de comprensión por ser quien era.

- Prometo hacerte sentir tan bien como tú a mí - besando su frente volvía a rozar ese punto haciendo que volviera a retorcerse, parecía triste, pero de vez en cuando soltaba una sonrisa, la protuberancia se convirtió en un botón que podía tocar con dos dedos

- ¿Pu-Puede hacerlo más fuerte? - dijo arrepentida al siguiente instante cubriendo su rostro, Gaara estaba sorprendido de que ella le pidiera algo, siendo que Hinata en general aceptaba todo sin siquiera cuestionarlo.

- Mi amor - aún sin acostumbrarse a decirle de esa manera la obligó a mirarla - dime todo lo que quieras, voy a cumplir cada capricho de mi esposa - le rozó con mayor destreza haciendo que ella temblara - no olvides que yo - bajó para besarla con intensidad, llegando a jugar con su lengua - te pertenezco - no era tan vergonzoso confesarle esa sensación que ella le provocaba.

- Y yo a ti - le susurró poco antes de que pudiera acabar derramándose en la mano de su querido pelirrojo.

Jadeante se sentó con ayuda de su esposo, le besó con suavidad para luego darle una mirada que no conocía, no era tristeza, ni alegría, ni deseo, decía demasiado, pudo sentir fascinación hacia él, entrega y amor por él, como si no pudiera ver a algo más hermoso que no fuera él; Gaara sentía que para ella solamente existía él, que el mundo se acabara fuera de la habitación. Pasando las primeras horas luego del alba Ibiki corría con el desayuno y Kankuro con unos proyectos de la capital, abrieron las puertas y jamás olvidarían esa imagen, Gaara empujando toda su masculinidad dentro del cuerpo de esa mujer boca abajo.

- Gaara - le gimió la chica - estás tan duro - el pelirrojo le jaló el cabello para que le diera la cara.

- Y tú me aprietas - gruñiendo se enterraba con todas sus fuerzas - a este paso tus caderas no podrán más - ya había visto la imagen de la chica arrugando las sábanas con sus manos, pero siempre le parecería erótica, se acercó a ella para meter sus dedos en su boca.

- Gaara - le llamó a pesar de sus dedos - no me harto de ti - sus ojos miraban hacia arriba como si fuera a morir.

Un plato cayendo al suelo los sacó de su ensoñación, haciendo que Hinata perdiera todo su color en un segundo y Gaara les mirara furioso a dos hombres muy sorprendidos de ver semejante escena.

- ¡Fuera de aquí! ¡Ahora! - ambos obedecieron sin dar crédito a lo que había pasado.

Su pobre esposa temblaba y trataba de poder respirar, estaba tan asustada que no podía llorar, el pelirrojo la acogió en su regazo; estaba furioso, algo tan especial como acostarse con su esposa fue arruinado.

- Me van a matar - el pelirrojo le subió el rostro con su mentón.

- Nadie puede hacerlo sin que lo ordene, tú, ya me perteneces - tenía un color diferente en sus ojos, más posesivo, pero no pudo evitar que ella se separara de su lado y tratara de vestirse.

- Lo harán, es cuestión de tiempo - buscando su ropa se dio cuenta que su cuerpo fallaba, le temblaban las manos y las piernas - usted tiene que hacer su trabajo y conmigo sólo querrá quedarse aquí - jadeaba casi sollozando, a pesar de querer ponerse algo de ropa le entorpecieron unos brazos rodeando su cintura.

- ¿Me vas a abandonar? - le preguntó con su aliento en su oído haciendo que temblara por completo - dijiste que no podías estar lejos de mí, ¿era una mentira? - Hinata podía sentir que se derretía con él a su lado, esa faceta de niño abandonado le impulsaba a no marcharse.

- No, Gaara, por favor - con suavidad buscó hundirse en su cuello lo que simplemente la debilitó - ¿quieres que sea tu concubina? - se volteó para ver eses hermosos ojos turquesa.

- Como mi esposa - la chica le empujó dejando que se sentara en la cama.

- No puedo vivir así, te vas a casar con una chica por estrategia y no lo reprocho, pero yo quiero poder seguir adelante, ¿podrías estar en paz sabiendo que duermo con otro hombre? ¿que sólo acudo a ti cuando puedo? no quiero estar en un lugar en el que tengo que compartir al hombre que amo - el pelirrojo se sonrojó en extremo mirando hacia otro lado.

- No puedo soportar la idea de compartirte a ti tampoco - Hinata se le acercó a lo que él se le hundió en su estómago.

- Matsuri me humillaría a diario, pero me dolería más saber que puedo perderlo, me llevaré el anillo y su recuerdo, pero no me pida presenciar algo tan cruel - sollozaba en su estómago.

- Puedes irte - sentenció entre lágrimas - ordenaré que se paguen tus servicios y que empaquen los presentes que te he dado - la besó con fuerza, como si no quisiera que se acabara ese momento, la abrazó deseando fundirse con ella.

Al separarse Hinata tomó un vestido para luego poder preparar su salida. Gaara se puso una capa encima, sentía que tenía que esperar una sentencia de muerte, dio la orden, además solicitó alimentos para él y una gran cantidad de licores. Al llegar Ibiki con su comida se quedó un poco más, como si quisiera decirle algo más.

- Habla - le dijo con desinterés.

- La señorita Hinata ya ha salido del palacio, le agradece por todo lo que ha hecho por ella - al escuchar esas palabras sintió unas enormes ganas de vomitar - ¡señor! - le asistió con cuidado para luego ofrecerle agua.

- Necesito que me dejen solo - el hombre asintió para cerrar la puerta.

Siguieron días de incertidumbre en todo el palacio, apenas comía o dormía, se la pasaba borracho en su habitación llorando y gritando por ella, la situación era preocupante, su estado de salud empeoró con rapidez al punto que alucinaba con su figura y no podía saber si era sueño o realidad, quería morir, dejarlo todo por ella y casarse. Las botellas se acumulaban, no dejaba entrar a nadie que removiera la escena, que nada quitara lo poco que quedaba de su perfume; finalmente se desmayó, tardaron medio día en enterarse de lo grave de su estado, lo atendieron rápidamente, pero no pudieron evitar que entrara en una severa depresión.