Al encaminarse a la salida se encontró con Jun, quien feliz quería jugar con ella, se habían encariñado el uno con el otro, le partía el corazón verlo emocionado y frotarse contra su pierna mientras soltaba un ronroneo; se agachó para abrazarlo y darle un beso en la frente. Tomó sus valijas, a fin de cuentas los presentes eran joyas y algunos vestidos que sí se llevó, eran tantos que llenaban la habitación; Sara se despidió de ella con un abrazo fuerte y muchas lágrimas, le había tomado cariño. Una etapa de su vida se cerraba con las puertas del palacio tras de sí, al caminar frenó en seco, como si quisiera volver a los brazos de su amado, pero no podía hacerle eso, no podría dejarla si volvía, con los ojos empañados siguió su camino, a este paso Ino no podría casarse, se habían prohibido celebraciones para resguardar la seguridad por la inevitable invasión.

El cielo era amplio, pero parecía de otro color fuera del palacio, el aire, todo era diferente, tomó el camino principal pero estaban cerrados todos excepto uno, no le importó seguir ese. Con el paso de los días el clima se transformó en uno templado, con bosques, quiso detenerse a buscar algo de agua a un río, con su sed satisfecha y con algo de comer pudo seguir.

- A-Ayuda - escuchó un susurro debilitado, entre los arbustos había un hombre.

- Señor, ¿se encuentra bien? - se le acercó con su cuchillo como defensa.

- Estoy herido - lo arrastró hasta el arrollo y con un poco de ropa le hizo un apoyo para su cabeza.

- ¿Cómo se hizo eso? - tenía una herida en el abdomen bastante profunda, tenía un mal olor.

- Soy un soldado - ¿qué tan cerca estaba del campo de batalla?

- Necesito lavar la herida y cauterizarla - los ojos del chico se abrieron asustados.

- ¿Qué? - la muchacha sacaba un poco de su equipo de primeros auxilios que el pelirrojo había insistido en darle.

- Quédese quieto - al verlo retorcerse bufó molesta - bien, si quiere morirse aquí es decisión suya - se levantó buscando sus cosas.

- N-No, te daré dinero luego de volver, no me dejes solo - la chica suspiró pesadamente.

- Está bien, pero no se queje - hizo un pequeño fuego para hervir agua y lavar la herida con cuidado, trataba de no lastimarlo más.

- ¿Eres enfermera? - Hinata negó con una leve sonrisa.

- Fui esclava, mi amo se metía en problemas seguido, tuve que aprender - con algo de alcohol en la herida lo hizo soltar un alarido - lo siento, si siente dolor quiere decir que está bien - procedió a vendarle con una tela que tenía.

- Debiste ser una esclava de primera, tienes cosas bastante caras - ella negó nuevamente.

- Hace mucho que dejé a mi amo - lo acercó al fuego y lo cubrió con unas mantas, buscó algo de agua para darle de beber - ¿tiene hambre? - él asintió.

- Prometo darte un palacio - la chica rió suavemente.

- Es mejor que duerma, yo haré guardia - al caer la noche aprovechó de verlo de cerca, no parecía una mala persona, era un poco más joven que ella, tenía la piel algo tostada, de cabellos largos y dorados, le hizo una trenza para que no le entorpeciera.

La mañana llegó, Hinata le dio algo de comer, parecía estar mejor, quiso moverse, pero ella le detuvo para no forzar la herida, se le quedó mirando fijamente sus rasgos al punto de incomodarla.

- Parece que estaremos juntos un tiempo, ¿puedo saber el nombre de mi salvadora? - la chica soltó una suave risa.

- Hinata, Hinata Hyuga - se congeló por un instante el chico instensificando su mirada hacia ella la hizo sentir algo incómoda.

- ¿Eres una Hyuga? - ella asintió.

- Hay muchos en estas tierras - le quitó importancia para beber algo de agua.

- Me llamo Uzumaki Naruto - le extendió la mano para presentarse, a lo que ella accedió.

- Uzumaki-san, tenemos que apresurarnos, dijiste que tenemos que ir al campamento, ¿puedes caminar? - él negó - nos quedaremos hasta que puedas moverte - mientras recogía su bolso cayeron parte de los vestidos, sonrojándola.

- ¿Qué es esta ropa? ¿eres comerciante? ¿la robaste? - ella negó, quitándole de sus manos los presentes.

- No, fue un regalo - la nostalgia de unos días atrás le generaron una honda tristeza, bastaba la más mínima brisa para abrir su herida de dejar atrás al pelirrojo.

- E-Espera, no quería hacerte llorar - el chico se le intentó acercar, pero no era adecuado, algo importante tenían esas prendas.

- Debería tirarlas - se imaginó comiendo de la mano de su amado en su habitación cómodamente, en lugar de ayudar a un soldado.

- Son bonitas, podrías volver a usarlas - la chica soltó una carcajada.

- Son un amargo recuerdo - al parecer ella tenía un amor no correspondido o algo similar.

- Te entiendo, la mujer que quería me dejó por mi mejor amigo - le sonrió suavemente - pero no lloro si ella es feliz - no era tan estúpido como creía, ella le sonrió suavemente.

- Espero sea feliz - casi como plegaria suplicaba su felicidad.

Pero nada más lejos de la realidad, Gaara estaba hundido en su cólera, destrozaba todo lo que podía, maldecía su nombre y cada persona que podía por su infortunio, la quería a su lado, quería sentir su olor plasmado en las sábanas cada mañana, volver ser uno con ella, a ser su felicidad, quería su corazón de vuelta, su paz interior. Nada pudo ser peor que el momento de su matrimonio, dentro de las bebidas lo sedaron un poco para poder preparar todo rápidamente, su ceremonia fue horrenda, luchaba para no caer dormido y la noche de bodas, Matsuri se le acercó dispuesta a consumar el matrimonio, pero dentro de su malestar no la podía ver, era tal su desesperación por la chica que la veía a ella, Hinata, de carne y hueso, en su confusión se lanzó a sus brazos sollozando con tristeza para ser reemplazada con deseo, pero todo cambió con un poco de sentido común, pudo ver claramente a la castaña montándolo, terminando el acto se sintió vejado, humillado durmiendo con una mujer así, como si fuera su victoria sobre Hinata y borrando su recuerdo.

Pasaron las semanas para poder finalmente enfocarse en su trabajo, pero la depresión se apoderaba de él con facilidad, Temari decidió intervenir con el amor de madre que le tenía a su hermano.

- Gaara, soy yo, Temari - estaba con la mirada perdida en el balcón con una botella de licor, de vez en cuando sollozaba.

- Me duele seguir así - se dejó recostar la cabeza en el regazo de su hermana - me voy a morir - ella le acarició con suavidad el cabello.

- Lo sé, ¿hay algo que podamos hacer por ti? - él negó dejando caer sus lágrimas.

- Sólo podré ser feliz si ella vuelve - cerca de él estaba Jun, también lloraba, pero Gaara aprendió a lidiar con él dándole prendas bañadas en el aroma de la chica.

- El tiempo pasará, de a poco el dolor será menor, ¿podrías empezar buscando estar en paz? no ser feliz, sino en paz - él la miró y asintió.

- Ordena que dejen todas las ropas de Hinata en la habitación de ella, siempre será su habitación, sellen el lugar y que sólo ahí no pase el tiempo - se levantó con dificultad, a lo que su hermana le ayudó.

- No te pido que seas feliz, ni que pretendas, demos juntos pequeños pasos para poder seguir adelante - él la abrazó con fuerza para llorar intensamente.

- ¿¡Por qué me dejó!? - ella le acarició la espalda a pesar de ser más baja que él.

- Agradece lo que viviste con ella, el resto no se pudo - el joven asintió y se dirigió a los baños.

En la noche pudo conciliar más fácilmente el sueño, Matsuri insistía en dormir con él, pero no la dejaba que lo abrazara en la cama; en medio de su sueño pudo escuchar un llanto, no tenía sueños tan vívidos, se levantó de su cama, el llanto era insoportable, quería hacerlo callar, venía del balcón.

- Ya, ya, mi niño, papá está durmiendo - una mujer trataba de hacer dormir a un recién nacido, se le giró y chocaron su mirada - cariño, lo siento, Yuu no quiere dormir - al verlo se le acercó incrédulo, el niño pedía sus brazos.

- ¿Hi-Hinata? - ella le miró confundida.

- ¿Sí? - le entregaba el niño en sus brazos.

- ¿E-Eres tú? - sus ojos se empañaron dejando caer sus lágrimas, la criatura se retorcía entre sus brazos buscando dormir.

- Sí, ¿te sientes bien? - en ese segundo despertó con los ojos llenos de lágrimas.

Se levantó con rapidez, despertando a Matsuri, llamaba por su nombre a la chica buscando en el balcón, pero estaba silencioso, no había un niño llorando y de pronto cruzó la idea por su cabeza, ¿y si tiene un hijo suyo? se dejó caer en el piso sollozando, por un momento fue tan feliz pensando en tener una familia, en su lugar se encontraba atrapado en un matrimonio arreglado con una mujer que lo quería por capricho, la castaña veía toda la escena, sentía tantos celos, no luchaba contra una mujer, sino contra un recuerdo, era demasiada humillación, pero era cuestión de tiempo para que él la dejara en el pasado.

El amanecer llegó en el arroyo, Hinata estaba agotada, tuvo algo de fiebre y lo atendió toda la noche, le cobraría caro cuando le diera su pago. El rubio la veía ocupada a pesar de sus delirios, pero una vez que la temperatura bajó pudo comer algo con ella, envidió un poco la fuerza que tenía, aunque lo revisó con cuidado que no pudiera hacerle nada siempre andaba armada, no le tenía confianza.

- Sería bueno que pudieras dormir un poco, me siento mejor ahora - ella lo miró un poco incómoda.

- Es mejor que no, no estoy cansada - no era cierto, la fatiga la llevaba a marearse un poco.

- No seas terca, puedes recostarte a mi lado, no me puedo mover de todas formas - se le acercó con sigilo y con otra manta se cubrió, sin demora cayó en un profundo sueño.

No lloraba en sueños desde que estaba con su amo, pero gemía como un animal herido, se arrepentía de haberlo dejado, ¿él la recibiría de vuelta? claro que sí, él no la olvidaría, la amaba como ella a él, la consentiría, hasta aceptaría ser una concubina para mantener cautivo a ese hombre, con trabajo lo podría controlar y que fuera sólo suyo. No sabía qué la atormentaba tanto, pero Naruto sintió una profunda lástima por un alma tan en pena. Había sido gravemente herido en batalla, se arrastró al bosque y unos bandidos le quitaron su armadura, además de cualquier objeto valioso, no debían estar tan lejos del campamento, pero no podía llegar solo, la necesitaba, aunque no le agradara mucho.

A los pocos días pudo estar de nuevo en pie, no se llevaban tan mal, pero ella era demasiado cerrada y callada, algo estaba en su cabeza, algo serio, en más de una ocasión la sorprendió llorando. Con todo listo para poder ir al campamento se dispusieron a caminar.

- ¿Sabes qué lugar es al que vamos? - le preguntó la chica con algo de pereza.

- Claro, tomará un día o dos si nos apresuramos - Hinata lo miró algo divertida.

- Te cobraré muy caro - Naruto no pudo evitar reír un poco, se veía algo más relajada con él.

- Te prometo una buena compensación - le ayudó a cruzar tomando su muñeca.

- En dinero, no en especie - le dijo tocando su pecho, no había hombre que le hiciera olvidar al pelirrojo, que ni lo soñara.

- No podría pagarte así - le dijo con una fuerte carcajada - eres muy joven - le acarició la cabeza como si fuera su hermano mayor.

A lo largo del camino pudieron conocerse mejor, no era un chico inútil, hacían el campamento juntos y no dormían muy distanciados, cazaba para poder comer algo más que queso y pan. Una noche antes de llegar al campamento, ya que se atrasaron por pasear un poco, se recostaron con el cielo abierto.

- ¿Por qué volverías al campo de batalla? te podrían volver a herir - le preguntó con un poco de interés, podría moverse, pero si peleaba no era posible que se salvara.

- Es mi deber, mi gente debe esperarme y no puedo dejarlos solos - Hinata lo miró un poco extrañada.

- No deberías, eres sólo un soldado - él negó con la cabeza.

- Soy heredero de una gran fortuna y general de varios ejércitos, pero si te preocupa que salga herido, me mantendré en estrategia - la chica negó con fuerza claramente molesta.

- No es preocupación, es estúpido, no puedes arriesgarte de nuevo sólo por un deber - era ridículo que el le propusiera algo así.

- Tengo un deber contigo, debo pagarte - ella asintió con fuerza.

La noche era cálida, podían dormir en paz para descansar un poco, en realidad, ella no dormía bien desde la salida del palacio, pensaba en él y su estado, debía necesitarle como ella a él cada día.