La mañana llegó y finalmente se pusieron en camino al campamento, se escuchaban ruidos y alboroto al ver a una mujer luego de un par de semanas, Naruto sabía que era un riesgo dejarla sola, así que la tomó del hombro como si le indicara al resto que tocarla estaba prohibido. Entraron en una tienda grande y majestuosa en la que estaba un joven de cabello largo con un mapa en las manos.
- Hemos ganado varios territorios, pero falta la capital - al ver a la pareja soltó una carcajada - hijo de puta, ¿dónde te metiste? - se le acercó y Naruto de le dio un fuerte abrazo.
- Neji, creí que moriría - con la cabeza baja tratando de no mirar Hinata se sentía sumamente incómoda.
- Es bueno verte - se abrazaron como buenos amigos nuevamente, era su más fiel aliado - fueron días complicados, retrocedimos un poco, pero ya lo tenemos acorralado - el rubio bufó ofuscado.
- Vamos, ¿no podemos celebrar que estoy bien? - el castaño miró tras el hombro del rubio y vio una figura casi andrógina.
- ¿Es una chica? - Naruto la miró y la acercó tomando su mano.
- Ella, es la chica que me salvó la vida - la presentaba orgulloso, pero ella no subía la cabeza.
- ¿Una mujer? - le alzó por el mentón sin prestar mucha atención.
- Parece frágil, pero tiene un carácter fuerte - no decía ni una sola palabra.
- Dime tu nombre, ¿de dónde vienes? te daré un caballo para que vuelvas a tu casa - ¿volver? podría ir a Suna y rogar el perdón del pelirrojo.
- Hinata Hyuga, lo siento, pero no tengo hogar - el castaño un poco molesto le aclaró el rostro.
- Me pareces conocida, dime de tu familia - ella negó con fuerza.
- No, ese tema no lo discutiré - Neji comenzaba a perder la paciencia.
- El general aquí soy yo, si te doy una orden, la cumples - le jaló del cabello haciendo que gritara.
- No la maltrates - el rubio la atrajo a su cuerpo - no dejaré que le hagas daño - era la primera vez que se veía como una persona que la protegía.
- E-Está bien, yo era la heredera de la familia Hyuga, Hiashi era mi padre y Hana mi madre, tuve una pequeña hermanita, pero no sé si habrá sobrevivido, los Uchiha invadieron mi casa - Neji la hizo sentarse frente a él.
- ¿Qué más? - parecía sumamente sorprendido e interesado escuchar esa historia.
- ¿De qué sirve decirle? todos murieron, mis padres, mi hermana, mi tío, mi primo - él le alcanzó la mano jadeando tratando de controlarse.
- ¿De verdad eres tú? - ella se le apartó.
- Sí - el castaño la alcanzó para arrojarse a su regazo sollozando.
- Hinata, soy yo, Neji, Neji-niisan - un poco sorprendida, sin procesar esa idea le acarició la cabeza - huimos la noche que nos atacaron, pensamos que estabas muerta - Hinata un poco confundida trataba de seguir la idea.
- No, fui esclava de Sasuke, ¿lo recuerdas? - él asintió.
- Pero con el tiempo pensamos que te había matado - ella negó.
- Tuve que sobrevivir, así que escapé - ambos se fundieron en un abrazo tan fuerte que les dolía, pero era un alivio volver a ver a un Hyuga.
- Qué alegría, jamás te dejaré, juro protegerte ahora - le besó suavemente la frente - ya no necesitas sobrevivir, tú eres la cabeza de este lugar - ella negó mientras se hundía en su pecho.
- Estaba tan asustada - él la consolaba como siempre debió haber sido, en realidad ahora sí podía bajar la guardia, confiaba en él al ser su primo, ya que fueron cercanos en su niñez.
Naruto dejó la tienda para darles tiempo, bebió algo de licor con los soldados, al parecer esa chica era más valiosa de lo que parecía. A las horas Neji ordenó festejar el regreso de Hinata, no tenía muchas ropas lujosas, pero algo podía lucir, a pesar de estar en su banquete, procuró atender un poco a los soldados heridos; Naruto la seguía para ayudarla en caso de necesitarlo.
Esa noche finalmente durmió en un futón mullido, era tan cómodo y cálido, podía dormir al igual que en el palacio, Neji prefirió compartir su cama con ella, tal como cuando eran niños, ella parecía tan feliz de estar con él, pero no podía asimilar lo que se le venía encima, ya que volvía a tener un título real y con ello, compromisos. Al caer dormida el castaño la miró detenidamente, no era una niña, se notaba que había tenido que pasar por muchas cosas, una mujer como ella no podía ser simplemente una esposa, ella tampoco lo permitiría, pensó que sentiría miedo de perder su estatus al ser él la cabeza de la familia, ahora era ella; en su lugar sentía una profunda paz y confianza en ella. Hinata era una niña muy triste y angustiada, pero ahora era más segura, pensó que Sasuke acabaría con ella, la empujaría al suicidio o la ejecutaría, eligió escapar de él. Antes de dormir le besó la frente como siempre lo había hecho en esas noches de tormenta. Al despertar Hinata la encontró el rubio, tenía muy mal semblante.
- Necesito hablar contigo - le tomó la mano para llevarla lejos del campamento.
- Uzumaki-san, ¿qué pasa? - se sentaron para discutir, de verdad se veía mal.
- ¿Qué pasó con Sasuke? - la chica palideció - necesito saber la verdad - su rostro era de angustia, al parecer eran muy amigos, no alcanzó a conocerlo cuando su familia aún gozaba de prosperidad.
- No me gusta hablar de eso - juntó sus piernas algo incómoda, tratando de parecer lo más pequeña posible.
- Si no lo haces, entenderé que era una mentira, una difamación - esta vez la mirada plateada logró congelarlo, llena de ira y resentimiento que parecían flechas.
- Ya veo, tómalo como se te de la gana, pero no voy a recordar ese momento - se tomó la frente y suspiró - aunque te cuestionó a ti por cuestionarme a mí - se levantó suavemente - me decepcionas un poco, había escuchado que venías de una familia valerosa - se sacudió las ropas que llevaba y se encaminó a la tienda.
- Lo soy, pero no puedes hablar así de Sasuke - la chica se volteó quedando frente a frente con él.
- Claro que puedo, soy la emperatriz - sus ojos despedían un fuego que podía aplacar sus dudas - no difamo a un hombre tan fácilmente, sobre todo si hay uno que fue especial, mientras que otros nos ven como objetos - se volvió a dar la vuelta para descansar un poco.
Algo confundido y molesto fue a beber con Lee y otros soldados de alto rango, le preguntó qué había pasado en la guerra, ya que los Uzumaki se habían mantenido neutrales y su espionaje era deficiente.
- La violó y forzó a trabajar como una esclava, pobre muchacha - suspiró el joven con los ojos aguados.
- ¿Violarla? - de pronto parte de su dolor lo pudo sentir.
- Claro que lo hizo, múltiples veces, ¿eres imbécil? - bufó tomando un trago largo, a fin de cuentas Neji siempre hablaba de ella cuando estaba ebrio y se atormentaba por no haberla salvado.
Neji había escuchado sus comentarios a lo lejos y furioso entró a la tienda pensando en cómo eliminar a su nuevo enemigo sin levantar sospechas a su pueblo, después de todo, sólo debía parecer un líder correcto, nada más.
- Si lo matas perdemos su ejército - Neji por primera vez la veía como una mujer calculadora, estaba de brazos cruzados y mirando las brasas del fuego sin emoción reconocible.
Podía tomar venganza por su familia, usaría a todo el mundo para lograr su cometido, el único que mantenía en una caja de cristal era a Gaara, al único que amaría incondicionalmente y no le sacaría provecho. Naruto estaba en sus manos, Neji también, pero tenía que solucionar el problema que el estúpido rubio tenía.
- No podemos hacer esto si nos peleamos, de verdad lamento esto - soltando unas lágrimas calculadas para conmover a su audiencia - podemos capturar a las cabecillas de la familia, les haremos un juicio y les daremos una pena apropiada, ¿no crees que es mejor que matarlo? - Neji lo soltó y el rubio saltó a sus brazos.
- ¿Lo dices en serio? - podía sentirlo sollozar en su hombro, pero a Neji le bastó una fría sonrisa femenina para entenderla.
- Es lo correcto, la justicia no es venganza - esperó a que se calmara para luego irse corriendo a su tienda.
- ¿Qué fue eso? - la chica tomó un poco de licor de su copa con una sonrisa.
- Lo hago útil - tomó al castaño por el cuello de sus ropas para susurrarle - después, nos vengaremos - el chico soltó una carcajada.
- Eres definitivamente un enigma - le revolvió el cabello como una niña.
- Tú y yo sobreviviremos - un leve rubor apareció en el castaño ante esa forma de comportarse.
Naruto estaba tan feliz que buscó dentro de sus cosas algo valioso para ella, un pequeño broche con su escudo de familia, la llamó para verse dentro del bosque, para que tuvieran más privacidad, se lo ofreció con la ilusión de un niño, pero al expresión de la chica no cambiaba.
- ¿No te agrada? - le recibió con suma frialdad.
- ¿Piensas comprarme? valgo más que esto y no te perdono - el rubio la alcanzó para acorralarla contra un árbol.
- No, es un agradecimiento, sé que no puedes perdonarme - la chica se dejó caer en el suelo y el joven la siguió.
- Te salvé la vida, pero no eres capaz de creer lo que tuve que soportar, él tenía brazos fuertes al punto de marcar sus dedos en mi cuerpo, me usaba hasta sangrar, es un monstruo - mirando la luna por el cielo se daba cuenta de lo mucho que la había marcado estar con un hombre así.
- ¿Por qué seguías ahí? - la chica soltó una carcajada.
- Lo amaba, parte del amor son los golpes, ¿verdad? - Naruto miraba ese rostro angelical, ¿de verdad podía mentir de esa forma?
- No - ella negó.
- Claro que no - miraba su anillo con una presión en el pecho - hay una persona que sí pudo amarme - con nostalgia dejaba caer sus lágrimas, el rubio con sus dedos sucios limpió el rostro.
- ¿Era de verdad la correcta? - ella asintió.
- Era una persona delicada, cuidaba de mí y de cualquiera que quisiera lastimarme - el rubio se le arrimó suavemente buscando acogerla, pero sabía que no podía velar igual que él, no olvidaría a Sasuke.
- Puedo tratarte bien - ella se le apartó rápidamente.
- No lo creo, me habrías creído, si no estás con los Hyuga, eres mi enemigo - le entregó su broche con desprecio.
- No es lo que piensas, no olvido nuestro viaje - le alcanzó la mano con fuerza, marcando sus dedos en su muñeca.
- Ingrato, te salvé la vida para que pienses que ese hombre no es malo, Sasuke es un monstruo - no solía enojarse con nadie, no le veía sentido, pero Naruto la sacaba de sus casillas.
- Necesito una prueba - la chica se le apartó con una mirada furiosa, se quitó parte del kimono hasta desnudar su torso.
- Sasuke me dejó una prueba de su gran amor por mí - soltó con sarcasmo, marcas de azotes y tras su cabello una marca a fuego de su símbolo familiar.
- ¿Qué es esto? - la tocó con cuidado, no quería ofenderla.
- ¿De qué te avergüenzas? no tengo nada que una prostituta no tenga - le decía mientras volvía a cubrirse.
- No puedo aceptarlo, no puedo creer que él haya atacado a una niña - Hinata rió suavemente.
- Ahora entiendes, pero no sabes lo que es hacerlo hasta sangrar, le rogaba que se detuviera, pero le encantaba seguir hasta que me desmayaba - el rubio la tomó de la cintura sollozando avergonzado.
Era una realidad ajena a su vida, llena de algodones y aventuras sin consecuencias, si no fuera por su primer amor, tendría todo lo que quisiera. Ahora era un hombre marcado y cuestionado, sin el apoyo de la futura familia imperial y con una mujer difícil, que parecía poder enamorar y tener un romance útil lleno de emociones; en su lugar, aparecía una joven mujer, vejada, impura y con su mente lejana, junto a otro hombre que sí parecía ser su universo.
Quiso que lo confortara con un tierno beso, en su lugar ocultaba su rostro y sus ojos aguados, era tan parecida a un muerto, que lo rechazaba, quería que lo mirara con emoción, que le sonriera y lo cuidara de la misma forma que en su viaje. O tal vez, sólo necesitaba una buena visita a un burdel y quitarse sus pensamientos por un rato y entregarse a los placeres de la carne.
