Resumen: Mirabel conoce a alguien que le muestra lo valiosa que es, por contraste le enseña lo horrible que su abuela es con ella sin siquiera darse cuenta, y la hace caer en cuenta de que no hay lugar para ella en la familia Madrigal.

Notas:

1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)

2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.

SER ALGO QUE NO SOY

CAPÍTULO 1

Casita

El día de la ceremonia de Antonio

Esa noche todo iba bien, la ceremonia había sido un éxito, y la muchacha había estado sonriendo hasta que Alma pronunció una frase que la sacudió hasta la médula.

Mirabel se quedó congelada al escuchar las palabras de la abuela hacia su primo menor justo después de que hubiera obtenido su don y su puerta sin prestar atención a la gente del pueblo pasando a sus lados para admirar la nueva habitación que acababa de aparecer. Sí, ella estaba muy aliviada de que su primo favorito no fuera a tener la misma experiencia que ella había pasado al no recibir su don, pero le dolió escuchar la frase siguiente que dijo Alma.

-Un don tan especial como tú- había dicho la abuela, provocando un horrible escalofrío que recorrió a Mirabel. Se quedó petrificada y boquiabierta al ver a la mujer mayor abrazar a Antonio, darle un beso en la mejilla y repetirle lo orgullosa que estaba de él. ¿Acaso eso implicaba que ella no era nada especial por lo que la hacía diferente al resto de su familia?

Aún se encontraba perdida en sus pensamientos que no se dio cuenta de cuando toda la familia comenzó a reunirse para una fotografía; y cuando lo hizo Mirabel solo se quedó inmóvil mientras que los veía reunirse con enormes sonrisas. ¿Cómo podía ella participar en la foto de su increíble familia, si ella no era nada especial?

Se sentía sofocada, y estaba luchando contra las lágrimas que estaban amenazando con aparecer en sus ojos.

-No, no, todavía soy parte de la familia Madrigal… y estoy bien… totalmente bien…- se dijo a sí misma sin que las personas a su alrededor se dieran cuenta de que una Madrigal faltaba estar en la foto. Pero no estaba bien, ella era la única que no servía para nada, la única que no había hecho que su familia estuviera orgullosa de ella.

¿Qué rayos estaba haciendo? Nadie la quería ahí, había visto las miradas de los demás, mejor se hubiera quedado escondida en su habitación porque no tenía nada que hacer en la fiesta. Sobre todo había visto como la miró su abuela cuando condujo a Antonio a su puerta unos momentos antes, seguro había pensado que ella le pasaría su mala suerte… mejor se iba a llorar a su habitación y…

-Hey, faltas tú en la foto…- sacándola de su sorpresa, una mano se posó en su espalda y la empujó suavemente hacia el frente de la multitud donde estaban posando los Madrigal, haciendo que Camilo notara que su prima no estaba con ellos y se separó por un momento de la familia para tomar su brazo y acercarla al resto.

-¿Otra vez quedándote fuera de la foto, Mira?- dijo Camilo sacudiendo la cabeza, recordando la última vez en la que Luisa había tenido que arrastrarla para que no se quedara fuera antes de que tomaran la fotografía- ven, quédate conmigo-

-¡Mira, ahí estabas!- exclamó Antonio tomando su mano también y mirándola con esos enormes ojos que sabía que eran la debilidad de Mirabel- ven, quiero que salgas conmigo en la foto-

Mirabel no podía decirle que no así que solo sonrió levemente, situada entre sus dos primos, y se volvió hacia la cámara sin dejar de hacerlo. Al menos tenía el consuelo de que algunos miembros de su familia la amaban a pesar de no ser especial como ellos.

Levantó la mirada para ver a la persona que la había empujado hacia su familia, y vio a un muchacho de su edad sonreír y guiñar un ojo en su dirección, como si estuviera intentando animarla. Ahora que lo pensaba nunca antes había visto a ese muchacho, seguramente pertenecía a una de las familias que vivían en las montañas a las orillas del Encanto.

No importaba, ese gesto del desconocido hizo que la sonrisa de Mirabel creciera al mismo tiempo en el que la foto se tomaba.

FLASH

-¡Perfecto!¡Que comience la fiesta!- exclamó la abuela.

Al escuchar esto, Agustín comenzó a tocar el piano y otros músicos se unieron a él. Pronto todos los asistentes comenzaron a bailar dentro de la nueva habitación de Antonio como era de esperarse. Mirabel sonrió al ver a toda su familia divirtiéndose: Isabela inmediatamente fue invitada a bailar con Mariano Guzman, tía Pepa y tío Félix inmediatamente habían tomado la pista de baile con Antonio para celebrar. Camilo inmediatamente tomó un plato y se sirvió algunos buñuelos. La única que no parecía estar divirtiéndose era Dolores, quien se cubría los oídos haciendo una expresión de molestia.

A pesar de lo sucedido durante la foto, Mirabel seguía sintiéndose fuera de lugar ahí al recordar que eso era lo que debió haber pasado durante su propia ceremonia: una nueva puerta, un nuevo don para ayudar al Encanto, seguido de una fiesta como esta para celebrarlo. En vez de ello, la fiesta se había cancelado y ella había pasado la noche llorando en su habitación.

El recuerdo de su propia ceremonia la hizo borrar su sonrisa y dar media vuelta para dirigirse a la salida entre la multitud con la idea de ir hacia su habitación, cuando nuevamente una mano tomó su muñeca la detuvo justo antes de que alcanzara la salida.

Era el mismo muchacho que había evitado que se fuera antes.

-Hey- dijo el desconocido con una sonrisa que le provocó mariposas en el estómago- ¿te vas tan pronto? Yo… esperaba bailar contigo esta noche-

Mirabel sonrió sorprendida, sus mejillas se sintieron calientes ante el comentario del apuesto muchacho que aún no soltaba su su mano. Apenas pudo pensar en una excusa porque no podía decirle que se sentía fuera de lugar a su propia familia, ni siquiera conocía el nombre del muchacho y tenía que mantener la ilusión de que todo estaba bien. Eso es lo que su abuela hubiera querido.

-Yo… yo no…- dijo Mirabel tartamudeando y bajando la mirada para que no notara su sonrojo- solo iba a ver si faltaba de traer algo de la cocina-

Vio al muchacho alzar las cejas, como si la estuviera analizando, y volvió a sonreír.

-Menos mal, ¿te molesta si te acompaño? Puedo ayudarte a traer cosas- dijo él soltando su mano, seguramente dándose cuenta de que ella estaba cada vez más roja. Y seguramente lo estaba, sus mejillas le ardían.

-Claro- dijo Mirabel sin aliento, y comenzó a bajar hacia la cocina como había dicho que haría, siendo seguida de cerca con el muchacho. Cuando llegó, solo quedaba una bandeja de buñuelos que su madre había preparado. Julieta sonrió al verla llegar.

-Ay mija, ¿qué haces aquí? No necesito que me ayudes- dijo su madre mirando sonriente a Mirabel, y no perdió de vista al muchacho que estaba con ella- vayan los dos a divertirse en la fiesta-

Mirabel asintió, y no tuvo otra opción más que regresar a la habitación de Antonio. No sabía cómo deshacerse del muchacho para regresar a su habitación y para hundirse en su propia miseria y tristeza, pero él la acompañó de regreso a la fiesta y no parecía querer dejarla ir.

-Había escuchado muchas cosas de esta hermosa casa, pero no había tenido la oportunidad de conocerla en persona. Es muy linda- dijo el muchacho deteniéndose en la puerta de Antonio y tocando la pared entre ésta y la puerta de Camilo. Casita comenzó a moverse, y deslizó los azulejos bajo sus pies, haciendo saltar y acercarse más a Mirabel- woa…-

La adolescente rió el voz baja al ver esa reacción de casita. No era común que un extraño le cayera bien tan rápido.

-Parece que le caíste bien a casita, seguro porque le dijiste algo lindo- dijo Mirabel con una sonrisa. El muchacho se pasó su mano por el cabello y sus mejillas se tiñeron levemente de rojo, aunque ella estaba segura de que lo había imaginado. Antes de que averiguara si se había sonrojado o no, el adolescente volvió a tomar su mano.

-¿Puedo bailar contigo? Al menos una canción- dijo él en voz baja, sin dejar de mirarla a los ojos. ¡Qué hermosos ojos tenía! Eran de color miel, que parecían dorados a la luz de las velas. La piel del muchacho era morena, su rostro redondo, cabellos color chocolate y sus manos eran suaves.

Mirabel volvió a sonreír sonrojada por la invitación y asintió pensando que una sola canción no haría daño, ¿verdad? A esas alturas toda su familia estaba bailando también, excepto Julieta, quien estaba repartiendo bocadillos, y Camilo que estaba comiendo.

A pesar de que se había dicho que solo iba a bailar una canción con él, Mirabel se quedó hasta que la fiesta terminó y el muchacho se fue, habiéndose divertido mucho más de lo que se había imaginado posible y olvidándose por completo de lo que la había hecho sentir mal en primer lugar. Durante la noche había descubierto que el muchacho se llamaba Mateo, y que vivía lejos de casita en la orilla de la selva, y que había llegado al Encanto con sus padres hacía cuatro años por una abertura en las montañas que ellos habían encontrado.

Era la primera vez que Mateo y su familia venían a casita, siendo invitados junto a todo el pueblo a la ceremonia de Antonio, así que estaba impresionado no con los poderes de los Madrigal, sino con su asombrosa casa.

Y no era broma que le había caído bien a casita también, porque cuando era hora de que Mateo volviera a casa ésta le ayudó pasándole el sombrero, y movió los pies de Mirabel hacia él.

-Gracias por haber bailado conmigo, señorita Madrigal- dijo Mateo tomando su mano con la sonrisa que no había desaparecido de su boca desde que ella lo había visto- fue una hermosa fiesta-

-No fue nada, yo también me divertí mucho- admitió Mirabel pasándose un mechón detrás de su oreja con su mano libre y bajando la mirada al volver a sentir sus mejillas calientes. Su corazón parecía haberse vuelto loco- y no necesitas llamarme así, me llamo Mirabel-

-Mirabel- sonrió Mateo antes de soltarla- espero verte pronto-

-S…sí, yo también- dijo ella. El muchacho se inclinó quitándose el sombrero y mirándola a los ojos mientras lo hacía. Con esa inclinación, Mateo se puso el sombrero de nuevo y se fue.

Mirabel se quedó mirándolo alejándose mientras su corazón emocionado se calmaba. Puso una mano en su pecho para sentir sus latidos como si esa acción pudiera normalizarlos, pero definitivamente parecía que su corazón se había vuelto loco.

Antes de que Mateo desapareciera de la vista de Mirabel entre las casas del pueblo, una vocecita detrás de ella la hizo dar un salto.

-Mhm- dijo Dolores con una sonrisa sabionda, sus manos en su espada- wow, los latidos de tu corazón no me dejarán dormir…-

-¡Dolores!- exclamó Mirabel maldiciendo su corazón por haber hecho que su prima se diera cuenta. Y peor, Camilo había escuchado todo- claro que no te van a dejar dormir, me acabas de dar un susto-

Dolores solo sonrió sabionda y Camilo se acercó a importunarla también.

-Oh, ¿y ese muchacho moreno también te dio un susto mientras bailaron juntos toda la noche?- dijo Camilo con una sonrisa colmilluda antes de transformarse en Mateo- "señorita Madrigal, deme un besito. Muak, muak…"-

La muchacha rodó los ojos y le dio un zape a su primo, haciendo que regresara a la normalidad. Sin querer seguir siendo molestada por sus primos, Mirabel fingió un bostezo y se escabulló entre Camilo y Dolores para subir a su habitación a dormir.

-Yaestoycansada,buenasnocheshastamañana…- dijo Mirabel rápidamente mientras se alejaba de sus primos.

Una vez en su habitación, Mirabel se cambió a su camisón y se dejó caer en su cama sin dejar de sonreír. Ni siquiera recordó que Antonio ya tenía un don y una puerta, que ella estaba sola en la guardería por primera vez en cinco años, o que nuevamente era la única Madrigal sin don. No, ella solo cerró los ojos sin dejar de sonreír, recordando solo lo positivo que había sucedido esa noche.

x-x-x

Casita

La tarde siguiente

Mirabel se levantó pasado el mediodía con un gran bostezo y dolor en sus pies después de haber bailado toda la noche, el recordatorio de que no había soñado lo que pasó. Al recordarlo, la muchacha se sonrojó hasta la raíz del cabello, se cubrió la cara con las manos y se escondió debajo de las sábanas.

-Ay, ay, hice el ridículo- se dijo a sí misma sacudiendo la cabeza, apenada de lo sucedido la noche anterior

Se forzó a olvidar lo pasado para levantarse y bajar a desayunar. Solo Julieta y la abuela estaba en el comedor, los demás seguramente estaban durmiendo después de la fiesta. Tomó los platos y los acomodó en la mesa esperando que su abuela le dijera algo positivo, pero ésta solo estaba tomando su café y la ignoró por completo. Julieta, por su parte, besó la frente de su hija y puso sus arepas favoritas delante de ella.

-Buenos días, mi vida- dijo Julieta acariciando su cabello por un momento- ¿la pasaste bien anoche?-

Mirabel asintió volviendo a sentir sus mejillas calientes al recordar a Mateo. ¡Oh Dios! Bajó su cabeza y dio un sorbo a su café para que su madre no se diera cuenta porque no quería tener esa conversación. Demasiado tarde, Julieta la vio y amplió su sonrisa.

-Ese muchacho me pareció muy amable, ofreciéndose a ayudar a subir la comida- solo comentó Julieta antes de regresar a la cocina mientras que su hija respiraba hondo para quitarse el rubor de sus mejillas.

No se dio cuenta de que abuela la estaba mirando hasta que habló.

-¿Quién es este muchacho del que estoy escuchando?- dijo la abuela de pronto, haciéndola dar un respingo. No sabía porqué pero no quería hablar de Mateo con su abuela. Estaba segura de que tendría algo que criticar.

-Na… nadie, abuela. Solo un chico con el que bailé anoche- dijo Mirabel sin mirarla- se llama Mateo Díaz-

-Mmm…- dijo la mujer mayor seriamente- no recuerdo ningún Mateo Díaz en el Encanto-

Mirabel no comentó nada, y siguió comiendo. No le sorprendía que Alma no hubiera notado que bailó con alguien durante la fiesta, nunca le prestaba atención. Se mantuvo en silencio hasta que terminó de desayunar y se puso de pie.

-¿Alguien ha visto a Dolores?- preguntó la abuela. Mirabel sacudió la cabeza solamente, un poco irritada por la manera de formular la pregunta. Si solo estaba ella en el comedor, ¿tanto le costaba llamarla por su nombre o preguntarle directamente? Aquello no le gustó a Alma, quien agregó irritada- te estoy hablando, Mirabel. Responde con tu voz, no con tu cabeza-

-No la he visto, abuela- dijo Mirabel entre dientes- ¿quieres que vaya a buscarla?-

-No es necesario. Con esa actitud que tienes nadie te va a querer. Y te ves ridícula vestida así- dijo Alma saliendo del comedor, no sin antes mirar con disgusto el atuendo colorido de Mirabel.

La adolescente sabía bien qué significaba su mirada: siempre le había dicho que tenía que vestirse y peinarse como "señorita" porque ya no era una niña. Mirabel siempre había intentado ignorar esos comentarios porque le eran hirientes, y una parte de ella sabía que nunca obtendría la aprobación de su abuela. Amaba sus atuendos coloridos y sus rizos rebeldes, no quería cambiar.

-Mirabel. ¡Mirabel!- dijo Julieta sacándola de sus pensamientos- hay alguien que te busca en la puerta-

-Oh. Gracias mamá- dijo la adolescente levantándose con una sonrisa y caminando hacia la puerta, pero se detuvo de golpe al ver quién era: el muchacho con el que había bailado la noche anterior- ¡Ma…Ma…Mateo!-

Mateo sonrió ampliamente y sus ojos se iluminaron al verla. Estaba vistiendo una camisa guayabera blanca y azul, un pantalón marrón y sandalias negras. De su espalda colgaba un sombrero de paja, y tenía una mochila en las manos.

-Me temo que te advertí que te vería pronto- dijo Mateo con una sonrisa apenada- sé que en tu familia todos siempre están muy ocupados, pero si tienes tiempo, ¿te gustaría acompañarme a dar un paseo?-

Mirabel sonrió y asintió sin pensarlo, pues sabía que su familia no la extrañaría. Se volvió hacia el comedor, y vio a Julieta mostrarle los pulgares con una enorme sonrisa. Si pudiera, se habría quejado de ella en voz alta, pero no podía hacerlo delante de Mateo.

-Claro- dijo Mirabel ajustando sus lentes antes de cruzar el umbral de la puerta y tropezar en el escalón; Mateo reaccionó rápidamente y la atrapó.

-Woa, cuidado- dijo el muchacho sin dejar de sonreírle- a menos de que realmente no quieras acompañarme-

-No, no, claro que no- dijo ella apenada, parándose con normalidad y dando un paso atrás, casi volviendo a caerse en el proceso- ¿a dónde vamos?-

-Ya verás- Mateo le ofreció la mano y los dos caminaron hacia la plaza del pueblo, o al menos eso creyó Mirabel porque el muchacho siguió caminando hacia el otro lado del pueblo.

-Eh… ¿a dónde vamos?- dijo ella confundida cuando caminaron hacia una de las montañas que rodeaba el Encanto comenzando a sentirse nerviosa.

-Ya estamos aquí. Vamos- repitió Mateo comenzando a subir por unas escaleras de madera en un árbol a una plataforma de madera que estaba la copa del mismo. Una vez que estuvo arriba, el muchacho le ofreció la mano y añadió al verla dudar- es seguro, lo prometo-

Las dudas de Mirabel solo duraron unos segundos, pero tomó la mano de Mateo y dejó que la ayudara a subir al árbol. Desde la plataforma se podía ver la mayor parte del pueblo y las montañas sobre la copa de los árboles, y dudaba que incluso la abuela tuviera una vista así desde su habitación. Tras tomar un momento para admirar la vista y la agradable brisa fresca que se sentía en ese lugar a la sombra de otro árbol, la adolescente se volvió para ver a Mateo poniendo un mantel de picnic y sacando algunas cosas de su mochila wayuu.

-No sé si te lo dije ayer, pero me gustó mucho bailar contigo ayer- dijo Mateo aún sacando algunas frutas de su mochila para colorarlas en el mantel. Volvió su cabeza a Mirabel sonriendo, y bajó su mirada hacia su colorido atuendo- bordaste tu propio atuendo, ¿verdad?-

Al recordar lo que su abuela le había insinuado con su mirada más temprano, Mirabel se sentó en el suelo y borró su sonrisa.

-Sí, aunque a mi abuela no le gusta mucho que use tantos colores- dijo ella recogiendo sus piernas y abrazando sus rodillas. Sintió que Mateo se sentó a su lado, quizá demasiado cerca para alguien que acababa de conocer pues sus hombros estaban juntos.

-A mí me gusta- dijo Mateo sin quitar su vista de sus bordados. Su sonrisa se había borrado- y veo que pusiste a toda tu familia aquí-

-Mmhm- dijo Mirabel sin volver a sonreír, pero su expresión se relajó. Mateo puso una mano en el hombro de la adolescente haciéndola volverse hacia él.

-Sé… sé que no nos conocemos bien, pero te he estado observando en el pueblo por mucho tiempo- dijo Mateo mirándola seriamente- he notado que tu familia se siente… distante, como en un pedestal, muy diferente a nosotros. Pero tú no te sientes así. Tú ayudas al pueblo como el resto de tu familia, pero lo haces diferente a ellos. He visto los pequeños detalles, lo amable y empática que eres. Y creativa, mira nada más esta obra de arte-

Todos aquellos cumplidos causaron un fuerte sonrojo en las mejillas de Mirabel, y finalmente se permitió sonreír. No sabía qué hacer si el muchacho seguía diciéndole cosas lindas, no estaba acostumbrada a escuchar esas cosas de ella misma, excepto de sus padres pero ellos lo hacían para que no se sintiera mal por no tener don.

La sonrisa de Mateo regresó a sus labios, volviendo a meter la mano a su mochila.

-Hablando de obras de arte, hay algo que quisiera darte. No sé si lo sabes, pero con mi familia somos pastores, y mi mamá hila la lana de nuestras ovejas- dijo Mateo sacando cuatro bolas de lana de la mochila wayuu- creí que te gustaría esto-

Los ojos de Mirabel se iluminaron al ver la suave lana de colores que el muchacho le estaba ofreciendo. Pasó sus dedos por ella y de inmediato pensó en todos los proyectos que podía hacer con esa lana.

-¡Me encanta!¡Muchas gracias!- dijo Mirabel sin contenerte y saltar a abrazar al muchacho, quien la abrazó de regreso con cariño.

x-x-x

Meses más tarde

Después de varias semanas, Mateo se volvió una presencia casi constante en casita, buscando todo el tiempo a Mirabel, tanto que ésta comenzó a relajarse en su compañía y ser ella misma.

Aquello no había sido sin algunos problemas. Tan pronto como la abuela Alma había conocido al muchacho había dejado en claro que no le agradaba como una potencial pareja de Mirabel, siendo un forastero proveniente del mundo exterior que había llegado a vivir al Encanto hacía apenas unos años que pasaba su día pastoreando y vistiendo así, con su vara y su sombrero de paja. No solo eso, sino que la profesión de su familia como pastores que trabajaban lejos de la casa Madrigal no la consideraba digno de una Madrigal, incluso una sin don, aunque la abuela no conocía a los Díaz.

Aquello le causaba a Mirabel una gran incógnita. Adoraba pasar tiempo con Mateo, quizá más de lo normal, pero por otro lado no podía decepcionar a su abuela. Toda su vida había sido criada con la idea de que tenía que hacer que Alma se sintiera orgullosa de ella, que era la razón de sus esfuerzos y al mismo tiempo su cerebro parecía volverse gelatina cuando el muchacho estaba cerca, tan dulce y amable que siempre era con ella.

Y era justo el punto. Desde el momento en que lo conoció, empujándola para que no se perdiera su foto familiar, Mateo se había encargado de hacerla sentirse querida y valorada, no por ser una Madrigal sino por la persona que era en su interior. Ella misma no se sentía tan extraordinaria, pero el muchacho insistía que lo era para él; se lo demostraba todo el tiempo llenándola de cariño y admiración. Cada vez que se sentía frustrada o cada vez que la abuela la había hecho sentir inútil (lo que sucedía más frecuente que no) Mateo estaba ahí para animarla y hacerla sentir valorada.

-Ay, mariposa, si tu eres la persona más especial que conozco- le había dicho Mateo cuando ella estaba sentada con él sobre la plataforma donde habían tenido su primera cita mientras lo acompañaba a cuidar sus ovejas y Mirabel le contó cómo se sentía después de un episodio particularmente molesto.

-Seguramente piensas eso porque aún no conoces al resto de mi familia- dijo ella tristemente- y recuerda que a pesar de ser una Madrigal no tengo magia-

Mateo rió al escuchar eso.

-No, no eres especial por la magia que hay en tu familia, Mirabel- dijo Mateo ladeando su cabeza- eres especial porque eres tú. Ni aunque existiera una persona con toda la magia del mundo podría hacerme pensar diferente-

Con una sonrisa enamorada, Mirabel apoyó su cabeza en el hombro del muchacho y cerró los ojos. Mateo apoyó su bastón en el suelo y rodeó la espalda de Mirabel para acercarla a él.

-A mi abuela no le gusta que pase tiempo contigo- dijo Mirabel de pronto, cerrando los ojos mientras respiraba hondo, percibiendo el aroma del muchacho que siempre la relajaba. En vez de preocuparse, Mateo solo rió levemente.

-No me sorprende, estoy seguro de que la señora Alma no quiere que un sucio pastor siga intentando enamorar a su asombrosa nieta- dijo Mateo guiñándole un ojo.

-Sí, claro- dijo ella rodando los ojos sin caer en cuenta de que Mateo insinuó que estaba tratando de enamorarla, enfocándose en la segunda parte y sabiendo que su abuela jamás pensaría que es asombrosa a menos de que ocurriera otro milagro y que le diera un don, algo que no parecía posible.

-Bueno, eres la más asombrosa de todos los Madrigal- dijo Mateo, su mano aún en su brazo contrario- soy afortunado de que puedas pasar tiempo conmigo-

Mirabel sonrió olvidando un poco lo que su abuela le había insinuado sobre Mateo, y respiró hondo otra vez. Después de todo Alma nunca le prestaba atención más que para criticarla, seguramente a nadie le importaría que la única nieta sin don se enamorara de ese muchacho.

Después de un largo rato, Mirabel se quedó dormida apoyada sobre el hombro de Mateo y no despertó hasta que el muchacho la movió ligeramente de su hombro.

-Hey, mariposa- dijo él en un susurro mientras que su hermano mayor, quien había llegado como relevo, sonrió divertido- es hora de regresar a casa-

-Mmm- dijo ella sin muchas ganas, frotándose los ojos mientras que él le pasaba sus gafas- ¿qué hora es?-

-Falta media hora para la cena- sonrió Mateo- y por más que me guste pasar tiempo contigo, no quiero que tu familia se moleste y no me deje volver a verte-

Mirabel se acomodó los lentes y se deslizó hacia el suelo mientras que Mateo entregaba el bastón de pastor a su hermano y se apresuraba al lado de la muchacha. Automáticamente Mirabel enlazó su brazo con el de él, y los dos caminaron de regreso al pueblo.

-No te preocupes, llegarás a tiempo a tu casa- dijo Mateo al verla apresurar el paso.

-No es eso- dijo ella- recuerda lo que te dije de mi abuela, no le agradas mucho-

-No dejaré que me vea si eso te preocupa- dijo el muchacho borrando su sonrisa- pero si prefieres que te deje sola, lo haré. Como te dije antes, no quiero que tu familia se ponga pesada contigo por mi culpa, no lo mereces…-

-¡No! No quiero que me dejes sola- dijo Mirabel aferrándose a su brazo. La idea de perder a Mateo le parecía insoportable. El muchacho rió y sacudió la cabeza.

-No hay manera en que te deje de buscar si eso es lo que quieres, mariposa- dijo él dándole un abrazo tan pronto como llegaron a casita- y esperaré lo que sea necesario, estoy seguro que eventualmente la señora Alma cambiará de opinión-

Mirabel tenía serias dudas al respecto. La abuela jamás cambiaría de opinión al respecto de nada, y un ejemplo era que jamás había cambiado de opinión sobre su valor al no tener magia. O quizá no le importaría, después de todo era la nieta que no servía de nada ni hacía nada para ayudar a la comunidad.

-Esta cena va a ser una pesadilla, es la propuesta de la Señorita Perfecta…- dijo Mirabel sin muchas ganas- Isa ha estado irritada toda la semana, supongo que quiere que todo salga perfecto-

-Bueno, Mariano Guzman es una buena persona, estoy seguro de que no será tan malo- comentó Mateo.

Mirabel sabía eso, también que Mariano era medio tonto pero no comentó nada al respecto. Los dos cruzaron el pueblo y se detuvieron frente a casita. Mateo tomó su mano antes de que la muchacha se separara de él.

-Gracias por acompañarme hoy- dijo el muchacho.

-No me agradezcas, yo amo pasar tiempo contigo- dijo Mirabel antes de pensar lo que estaba diciendo, justo antes de caer en cuenta de sus propias palabras y sus mejillas enrojecieron.

-Yo también amo pasar tiempo contigo- sonrió Mateo.

Los dos adolescentes se quedaron mirándose sin moverse. No fue sino hasta que casita, cansada de que esos dos solo se miraran, movió los azulejos el suelo para que Mirabel se acercara al muchacho, haciéndola chocar contra su pecho y Mateo tuvo que abrazarla para que no cayera.

-¡Casita!- se quejó Mirabel con las mejillas enrojecidas, mientras que Mateo reía.

-Está bien, ya me voy- dijo Mateo inclinándose hacia ella. Mirabel se tensó, pensando que Mateo la iba a besar en los labios, pero el beso llegó en su mejilla derecha, muy cerca de la comisura de sus labios antes de susurrarle- te veré después, Mirabel-

Mateo dio media vuelta y comenzó a caminar, Mirabel se quedó mirándolo mientras que se alejaba. Aún podía sentir los labios de Mateo en su mejilla, y se llevó su mano para tocarla con una sonrisa.

-Uuuuuuuuh… alguien se quedó con ganas de otro tipo de besito- canturreó Camilo poniendo sus manos en los hombros de Mirabel- jajajaja… ya te perdimos, Mira-

Mirabel rodó los ojos y le dio un zape, pero no pudo evitar sonreír. Sí, estaba enamorada de ese muchacho y quería mostrárselo de la manera en la que solo ella podía, tejiendo o creando algo. Se soltó de Camilo y corrió a su habitación.

-Hey- le gritó su primo- ¿a dónde vas?-

-A mi habitación, tengo algo que hacer-

Camilo la siguió, y se sentó en la antigua cama de Antonio mientras que Mirabel sacaba hilo y aguja de su caja, con una expresión emocionada. El muchacho la miró preocupado.

-¿Esto significa que no vas a bajar a cenar?- dijo Camilo alzando las cejas- sabes que a la abuela no le va a gustar…-

-Francamente ya no me importa, ni siquiera va a notar que yo no estoy- Mirabel se encogió de hombros y sacó un rollo de tela de color azul, pero Camilo la detuvo.

-Mira, la abuela lo va a notar. Y sabes que no le gusta Mateo- dijo su primo borrando su sonrisa traviesa por una vez y mirándolo seriamente- no le des más razones para estar molesta contigo o con él. Entre menos sigas las reglas, menos posibilidades tienes de que acepte a Mateo algún día-

La muchacha se detuvo y volvió su mirada a Camilo haciendo una mueca. Al parecer el resto de la familia también se había dado cuenta de la hostilidad de la abuela hacia Mateo. No quería ir a cenar ya que vendrían los Guzmán para que Mariano propusiera matrimonio a Isabela, y solo podía imaginar el aburrimiento que sería esa noche.

-¿Desde cuándo tú eres el razonable de la familia?- dijo Mirabel.

-Ah, no soy razonable- sonrió Camilo travieso mientras revolvía los cabellos de su prima, transformándose momentáneamente en Mateo- pero ese chico es tu única esperanza de que no quedes como una solterona para siempre. Ay ay, es broma…-

Un zapato voló por la habitación y golpeó la cabeza de Camilo.

-Ya déjate de tonterías- dijo Mirabel volviendo a acomodar su cabello y se ponía su zapato- está bien, vamos a cenar-

Frotándose la frente, Camilo se levantó y volvió a su apariencia normal para bajar al comedor; Mirabel caminó tras él, pero se detuvo al ver a Antonio montando a Parce. Su primo menor saltó del jaguar y corrió a abrazarla.

-¡Mira!¡Adivina qué hice hoy!- dijo Antonio dando brinquitos de emoción mientras se separaban.

-¿Qué hiciste, Toñito?- dijo Mirabel sonriendo sinceramente.

-Parce me llevó a lo alto de las montañas- dijo Antonio con una sonrisa emocionada- ¡y encontré el pasaje en las montañas por donde llegó la familia de Mateo!-

Mirabel alzó las cejas al recordar que Mateo había llegado al Encanto por ese pasaje hacía unos años, pero no pudo responder porque la abuela llegó al patio con una expresión molesta, ya que había alcanzado a escuchar lo que dijo Antonio.

-Toñito, tu mamá te está llamando- dijo la abuela. Antonio se fue corriendo hacia el comedor, pero la abuela detuvo a Mirabel tomándola del brazo cuando ella comenzó a caminar hacia el comedor y siseó en voz baja- ¿ves lo que provoca ese pastor bueno para nada? Ahora Antonio está buscando la salida del Encanto…-

-Abuela, a Mateo lo trajeron sus padres cuando tenía once años, no tiene…- comenzó a decir Mirabel queriendo explicarle que no era su culpa de que Antonio supiera que hay una abertura en las montañas del Encanto.

-¡No me respondas!- la interrumpió la abuela alzando la voz antes de agregar- vamos a cenar-

La adolescente no respondió y caminó al comedor cabizbaja, sentándose junto a Camilo y Antonio. Su madre puso un plato de arepas con queso, su comida favorita, delante de ella antes de darle un beso en la sien antes de servirle su plato de ajiaco. Aquello la animó un poco pensando al menos sí tenía una familia que la amaba incondicionalmente, aunque su abuela fuera un poco distante con ella.

Al terminar la cena y de celebrar que Isabela había aceptado la propuesta de Mariano, Luisa le dio un abrazo que casi le quebró las costillas, y tía Pepa le dio unas palmaditas en la cabeza. Aquello no la hizo sentir mejor ahora que sabía que su familia había escuchado a la abuela regañarla.

x-x-x

CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! En esta historia, Mirabel nunca vio las grietas en la casa así que no hizo ninguna investigación, Bruno siguió viviendo en las paredes y la cena con los Guzmán nunca fue arruinada. Mateo no es tonto, sabe como Alma trata a Mirabel y se encarga de hacer que no la ignoren. Muchas gracias por leer mis locuras. Abrazos.

Abby L.