Los días fueron lo único que sanaron un poco los corazones de los dos, Naruto era quien más derecho tenía para demostrar su tristeza, para Hinata era complejo, tomaba largos baños en los que se permitía llorar y acusar el calor como el responsable de su rostro, no sólo con eso debía estar ahí como una persona feliz para Naruto y ayudarlo cuando la pena lo embargaba y lloraba, su rol no pasaba de una cuidadora que aliviaba la angustia de un niño luego de hacer una travesura. De vez en cuando colaba una botella de sake en sus aposentos para no sentir tanta vergüenza de su duelo, Gaara la visitaba más que nada en sueños y pesadillas que la torturaban hasta la noche siguiente. Dos y tres lunas pasaron y Naruto tenía mejor ánimo, salía de caza con Neji y cumplía con su papeleo, era un trabajador eficiente, parecía dejar de lado la necesidad por la chica Hyuga, ahora era sólo un placer, salía del palacio con frecuencia y compraba algunos dulces para ella, quien lo esperaba en una preciosa ceremonia de té, sólo para él.
- Traje pasteles de arroz - le decía con el rostro algo sucio, había cabalgado toda la tarde, fue incómodo ver las expresiones de la chica al levantarse, pero no duró mucho, después de todo era para limpiar sus mejillas.
- Eres muy amable, gracias - los dejó en la mesa junto al té para luego quitarle su capa y su cinto - debes estar cansado - su voz era suave y dulce, era la actuación que le daba cada día.
- Un poco, pero fue divertido, Karasu es un caballo fuerte - le comenzaba a contar de su día mientras le servía un poco de té y agua.
- Ya veo, ¿crees que podría montar alguna vez? - sin perder la concentración hasta que el rubio alcanzó su mano.
- Claro, puedo pedirle a Neji que me deje enseñarte - sus ojos eran brillantes, hermosos zafiros, pero nunca turquesas.
- Sería interesante, además quiero poder salir del palacio más seguido - el rubio se le apartó algo pensativo, no parecía complacido con esa idea.
- Prefiero que te quedes aquí - Hinata lo miró algo extrañada, usualmente la dejaba hacer su voluntad.
- Puedo cuidarme sola, de hecho fui yo la que salvo tu vida, el mundo exterior no es nada - la fulminó con la mirada sin ánimos de discutirlo.
- Lo sé, pero es diferente, antes eras sólo una viajera, hoy eres casi una emperatriz - en realidad no le agradaba que pasara mucho tiempo fuera por miedo a que le pasara algo, o peor, que encontrara un amante de baja estirpe.
- ¿Eso quiere decir que pasaré mi vida encerrada aquí? - con algo de tristeza bajó su rostro sumamente abatida.
- No, claro que no - no pudo evitar suavizar su semblante y acariciar su mejilla con cuidado.
- ¿Entonces? - la verdad era que no tenía en qué ocupar su tiempo, los días eran muy largos y las noches las pasaba junto al rubio, pero apenas hablaban antes de dormir como una pareja casada.
- Maldición, Neji dijo que no te dijera, pero estamos planeando coronarte como emperatriz, es un proyecto, pero dentro de poco hablará contigo - la chica dejó caer su taza sin dar crédito.
- No puedo, no, no, no - negaba con fuerza una y otra vez - yo no puedo hacer esto, el imperio es de Neji, ¿por qué yo? ya no porto ningún título, fui vejada, no hay razón, por favor, no quiero esto - Naruto la abrazó con fuerza y besó con suavidad en sus mejillas.
- Lo sé, pero tú eres el mayor símbolo de la restauración, te enseñarán todo, serás una verdadera emperatriz de todo el pueblo, y, espero que mía - sonrojado apartó la mirada con mucha pena.
- No sirvo para esto, no puedo hacerlo, Naruto, no me pidas esto - completamente asustada se refugió en el pecho del rubio.
- De verdad lo siento, pero está decidido, serás coronada, podrás hacerlo bien, todas las naciones verán nuestro poder y lograremos restaurar lo que alguna vez fue la familia Hyuga - ella se negaba, no podía, a duras penas podía ser una princesa.
- No quiero hacer esto, ¿qué se supone que haga como cabeza de Estado? no sé cómo ser una princesa más allá de ser una cara bonita, no tengo cómo aportar a mi pueblo - el rubio negó con suavidad mientras le daba una sonrisa confiada.
- Puedes hacer alianzas, la verdad no pensaba quedarme aquí, pero me has convencido de que tal vez la capital puede ser mi hogar - claro que ella podía convencerlo, lo tenía comiendo de la palma de su mano, tal como ella y Neji lo tenían planeado.
- Eso es una cosa, no sé de agricultura, no soy una militar, apenas sé de etiqueta y no convenceré a mis futuros aliados como a ti, muchos ni siquiera me van a gustar - soltó esas palabras intencionadamente, dando a entender que era porque lo veía de forma romántica.
- Tampoco me gustaría - se rascó la nuca algo avergonzado - pero no lo sé, cuando hablas parece que de verdad sabes y te interesas en lo que dices - era pésimo intentando animarla, su rostro era la prueba más irrefutable.
- Necesitaré ayuda, ¿serías mi asesor? no quiero estar sola - el rubio negó con las manos totalmente nervioso y sorprendido.
- Seré general, Neji ha decidido que debo asumir el rol, Tenten te podrá entender mejor - ese rostro tan triste y desolado le partía el corazón.
- Jamás podría entenderme, ella es asombrosa, es fuerte y decidida, una gran soldado - al parecer sí se había adaptado al palacio por tener buenas relaciones con los demás, más allá de su primo y él, eso lo complacía.
- Hablaré con Neji, ambos debemos darte la noticia, mejor prepárate, porque te llenaremos de estudio, no puedo ser tu asesor, pero te acompañaré - ella asintió un poco más calmada.
- Gracias, pero, ¿no podían discutir esto conmigo? se supone que soy la cabeza de este imperio y soy la última en enterarme de esto - recargó su rostro en una de sus manos sumamente cansada.
- Lo sé, pero es un plan, por favor, lo dije para que entendieras que no puedes salir - el rubio la atrajo a su cuerpo con fuerza.
- ¿Qué haces? - le preguntó al ver su rostro tan cercano al suyo.
- Reconfortarte - le sonrió de forma que parecía iluminar la habitación, terminó sonrojada y encandilada.
La chica no temió en dar el paso siguiente, lo besó con ternura, sorprendiendo al rubio, le abrazaba con fuerza, casi tratando de fundirse con él; ambos se desesperaban por el contacto del otro y nunca estarían satisfechos, jamás encontrarían lo que buscaban, el amor de los muertos. Naruto bajó para besar su cuello y dejar marcas en el lugar, la chica fue por la cinta que ataba su yukata, ninguno necesitaba decir una palabra, sólo podían escucharse jadeos y respiraciones pesadas. Finalmente la tumbó contra el piso, el tatami era bastante resistente y podía aguantar sus movimientos violentos, bajó a su cuello para besarlo y dejar marcas en su piel, la mordisqueaba y con sus manos la recorría de una forma precisa, tantas veces había seducido a tantas mujeres que él podía adivinar sus gustos en la cama; no se equivocó, sobre todo al poder sentir un seno de ella en su mano, lo presionaba al punto de maltratarlo. Ella se asustó de ver cómo le arrancaba el kimono, su obi había quedado al otro lado de la habitación, se dejó hacer, después de todo, Naruto adoraba sentirse como un cazador frente a ella, le agradaba esa idea, pero odiaba esos toques eran obvios que había aprendido de su maestro, Sasuke.
- ¿Quieres seguir? - sus pregunta la sacó de sus pensamientos.
- ¿Qué? - confundida se sentó quedando frente al rubio.
- Digo, no quiero hacer esto si tú sólo me sigues la corriente - se rascó la nuca, claro gesto de confusión.
- Tal vez no a plena tarde - si bien tenía el frente desnudo miró a la ventana, ni siquiera se acercaba el crepúsculo.
- Tienes razón, yo, lo siento, debo parecerte un tipo que siempre quiere coger - Hinata rio suavemente para luego besarlo.
- Puedes venir a mis aposentos en la noche, te estaré esperando - le susurró en su oreja para luego dejar un suave beso en su cuello.
El rubio acató sus órdenes, salió para poder comer algo y darse un baño, se perfumó en exceso y cepilló su cabello con dedicación y cuidado de secarlo bien, no quería que ella pensara que era sudor. Con una yukata negra y su cabello en una trenza se dirigió a su habitación, estaba convencido de que era lo correcto, era una relación ventajosa, Hinata era bonita y con un gran poder en sus manos. Antes de entrar en la habitación vio su luz encendida, parecía estar asustada y temblaba en un precioso kimono color turquesa tratando de calmarse, adelante de él estaba Yuka dispuesta a presentarlo, pero le pidió le diera un tiempo más.
- Deja que pase - al verse sorprendido trató de evitar su sonrojo - tienes pasos muy particulares - su cabello estaba suelto, era largo y oscuro, le esperaba con licores y unos dulces.
- Es mejor que nos den algo de privacidad - dijo con una voz firme, al escuchar que estaban lejos procedió a quitarse la parte superior de la yukata, lo que sorprendió a la chica.
- ¿Qué haces? - sonrojada cubría su rostro con la manga del kimono.
- ¿Qué haces tú? quítate la ropa - procedió a quitarse la parte inferior.
- E-Entiendo - le dio la espalda y desató su obi, el restó caía por su propio peso, tomó un poco de sake, intentando darse valor.
- Dijiste que no tenías nada que no tuviera una prostituta - era tan diferente, se le acercaba con rapidez y tocando su cintura subió a su pecho.
- ¿De verdad sientes cariño por mí? - ni siquiera amor, sólo cariño, él se le recargó en el hombro.
- Sí, pero nuestras cabezas están muy lejos de esta habitación - era tan forzado, tan artificial.
- Podemos apagar la luz - era inevitable que lo comparara con Gaara, su más sincero amor.
Soplaron las velas, Hinata se le acercó con timidez, le besó con profundidad sin darse cuenta que ambos comenzaron a llorar, pero era acompañado de otro ser humano, ambos en búsqueda de la comodidad del sexo en plena oscuridad y el silencio. Él la recostó para poder besar su centro, no habían palabras, sólo sonidos primitivos y sollozos, la succionaba de forma perfecta, introducía sus dedos hasta hacerla gritar, con sus piernas temblando en sus hombros, no podía concentrarse, se ayudó de algo de sake al igual que ella. Ella le devolvió el gesto succionando su masculinidad, muy diferente a la de Gaara, era más grande, más difícil. Ambos sabían qué hacer, él se introdujo con suavidad y dificultad para poder desearla, le pidió con sus brazos que la sostuviera durante todo el acto, ambos llorando sin detenerse reconfortándose mutuamente.
- No esperaba terminar llorando - dijo desnuda sobre el futón mirando al techo mientras el rubio le daba la espalda.
- Es insultante, sé que no me veías a mí, sino a él - molesto trató de ignorar los sollozos de ella.
- Y tú la veías a ella, lo entiendo, no es primera vez que me acuesto con alguien relacionado a Sakura - se sentó en el futón ordenando su cabello - pero es algo triste saber que siempre estará ella entre el hombre que amo y yo - Naruto abrió los ojos y se sentó a su lado al escucharla.
- Eso no es posible, sé muy bien que tu quieres a ese tipo - Hinata suspiró y le alcanzó la mano.
- Esto es ventajoso, necesitamos sobrevivir, por eso me gustas tanto, puedo sobrevivir contigo y sé que serás un buen esposo - se coló entre sus piernas para abrazarlo.
- Sé bien que lo amas a él y a mí me necesitas, ¿por qué forzarte a quererme? - la chica lo besó con fuerza.
- Necesito amarte como a nadie - bajó su mano para tocarlo - para darte hijos, para hacerte feliz - subía y bajaba su mano con fuerza, subió para bajar sobre su masculinidad.
- E-Espera - jadeó al sentirse envuelto por ella y como repetía la subida y la bajada.
- Mírame - lo obligó a que la viera a los ojos - a mí, así como yo te veo a ti, Naruto - él asintió con torpeza, pero no fue mucho tiempo para tomar las caderas de su compañera para guiarla y poder tocar ese punto que tanto la complacía.
- Si haces estas cosas, no podré sacarte las manos de encima - la jaló del cabello para exponer su cuello, ella se dejó hacer.
- Eso quiero, tus manos son tan fuertes, hazlo como te plazca - pudo ver un dejo de color rojo en sus ojos azules al lanzarla contra el suelo y obedecer sus peticiones.
- Grita, que todos sepan lo que te hago - le dijo tratando de hacerla entender que ella estaba siendo muy ruidosa - qué lasciva es su majestad - la empujaba con fuerza al punto que ella sonreía por el placer que era capaz de generarle.
La chica le cubrió la boca con su mano, era tan molesto, pero era bueno, definitivamente lo era, lograba tocar lugares que no sabía que le podían agradar. Por esos momentos se rindió totalmente a él, que fuera su voluntad, por primera vez en mucho tiempo podía pensar en alguien diferente, sin tristeza ni deuda, ese chico rubio era el que se preocupaba de hacerla feliz, era él quien la besaba con fuerza sin dejar de moverse. Al acabar lo veía colocarse su yukata y buscar abrigarla a ella, eso era extraño, le daba agua aunque no decía una sola palabra, ordenó el futón y se acostaron juntos.
- ¿Puedes abrazarme? - le dio la espalda y él le tomó por la cintura sintiendo en su espalda el pecho duro del joven.
- Hinata - susurró en su oído - yo, de verdad te quiero - pasó su mano por su vientre repetidas vez.
- Yo también - buscó acostarse en su pecho y dormir un poco, el alba comenzaba a acecharlo, pero lo podían ignorar un par de horas antes de que todo el palacio se enterara de lo que estaban haciendo.
Para ambos la noche fue más tranquila de lo que esperaban, la tensión sexual entre ellos no era alta, pero podían vivir con eso, no era extraño que las parejas comenzaran así dentro de la clase alta, de a poco construirían un sentimiento más fuerte. Yuka entró y los vio mal cubiertos y profundamente dormidos, no tardaría Neji en saberlo, además, si esperaba un niño rubio sería la prueba más fuerte de lo que pasaba cuando las velas se apagaban. Naruto no era de clase tan noble, podía aspirar a una chica como Hinata si no se hubiera transformado en emperatriz, eso él lo sabía, quizás sería más difícil que estuvieran juntos, lo único que podía ofrecer era su riqueza, quizás los Sabaku eran la mejor elección por ser una monarquía muy asentada, pero no tenían mucho dinero, los Uchiha eran lo mejores dentro de las familias, pero desearon demasiado. Naruto la veía dormir plácidamente, como si no hubiese dormido en años, la verdad era que no dormía muy bien desde que salió de ese palacio.
