Resumen: Mirabel conoce a alguien que le muestra lo valiosa que es, por contraste le enseña lo horrible que su abuela es con ella sin siquiera darse cuenta, y la hace caer en cuenta de que no hay lugar para ella en la familia Madrigal.
Notas:
1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)
2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.
SER ALGO QUE NO SOY
CAPÍTULO 2
Casita
Cinco años después
Mirabel se dirigió a casita de la mano de Mateo, ambos con idénticas expresiones emocionadas y nerviosas en partes iguales. Al ver a la muchacha temblando ligeramente, el joven acercó la mano de ella a su pecho con una sonrisa para tranquilizarla.
-Hey, estoy seguro de que todo va a estar bien, mariposa- dijo Mateo en voz baja- recuerda lo que dijo tu papá, él pasó por lo mismo-
La joven asintió con una media sonrisa. Dos noches antes había ido a casa de los padres de Mateo con Camilo, Julieta y Agustín, donde el joven le había pedido matrimonio y ella había aceptado. A pesar de ello, Mirabel estaba preocupada porque la abuela siempre había estado en contra de su relación con Mateo y no sabía cómo iba a reaccionar al hecho de que había aceptado la propuesta de su ahora prometido en casa de los Díaz en vez de en la casa Madrigal. Agustín la había animado diciéndole que lo mismo le había pasado a Julieta, quien tuvo que insistir mucho para que Alma lo aceptara como su prometido.
Mirabel entrelazó sus dedos con los de Mateo, sintiendo su anillo de compromiso y sonriendo al recordar esa cena no oficial de compromiso. Iba a pasar el resto de su vida con ese muchacho pasara lo que pasara porque Mateo siempre había estado a su lado, desde hacía cinco años el día de la ceremonia de Antonio, y cómo todos los días le demostraba lo mucho que la amaba.
Llegaron juntos a casita y Mirabel respiró hondo para tratar de tranquilizarse antes de entrar. Era hora de la cena, y podía escuchar a su abuela llamando a todos al comedor. Volviendo a respirar hondo y sintiendo un apretón en su mano de parte de Mateo, los dos cruzaron el umbral y entraron al comedor.
La familia se volvió hacia ellos, Julieta y Agustín les sonrieron con idénticas sonrisas emocionadas. Mirabel les devolvió la sonrisa nerviosamente y se volvió a Alma, quien alzó una ceja claramente sin aprobar la presencia de Mateo.
-Abuela- dijo Mirabel tras haber vuelto a respirar hondo. Podía hacer eso por más que la abuela la mirara mal- esta noche Mateo se quedará a cenar con nosotros…-
La abuela no dijo nada y solo frunció el entrecejo, pero Julieta intervino.
-Claro que sí, bienvenido Mateo- dijo Julieta sonriendo y poniendo otro plato en la mesa- casita, por favor trae otra silla para él-
-Muchas gracias, señora Madrigal- dijo el muchacho apenado al ver la silla que se acomodó al lado del sitio donde estaba el plato de Mirabel- no quiero incomodar, solo queríamos darles una noticia-
Volvió su mirada a Mirabel, quien no se atrevía a hablar de inmediato. Su abuela la estaba mirando con los ojos entrecerrados, como si estuviera viendo si decía lo que estaba pensando o no. Pero finalmente recordó que iba a casarse con el amor de su vida, ni todas las muecas de su abuela la harían cambiar de opinión.
-Mateo me pidió matrimonio y yo acepté. Vamos a casarnos- dijo Mirabel con una sonrisa sin poder ocultar su emoción, mostrando a su familia su anillo de compromiso.
Todos en la familia dieron un salto de emoción y se levantaron de sus asientos para abrazar y felicitar a los jóvenes. El comedor se llenó de gritos emocionados (principalmente de Camilo), y Dolores tuvo que cubrirse los oídos por los gritos. Mirabel se volvió hacia la abuela, quien no parecía muy feliz al respecto, pero aún así se acercó a felicitarlos sin sonreír. Las únicas otras personas que no saltaron de emoción fueron Isabela y Mariano, quienes por alguna razón parecían estar molestos.
"Quizá discutieron", pensó Mirabel sin darle mucha importancia. Casi al mismo tiempo Camilo saltó sobre ellos, abrazándolos al mismo tiempo
-¡Por fin le propusiste matrimonio, Mateo! Creí que nunca lo ibas a hacer- exclamó Camilo con una sonrisa traviesa.
-¡Hermanita, te vas a casar!- dijo Luisa abrazando a su hermana y dejándola sin aire antes de palmear la espalda de Mateo y tumbarlo al suelo.
-Preparé buñuelos y arequipes para celebrar- dijo Julieta con una gran sonrisa, poniendo los bocadillos en la mesa.
Después de un largo rato de felicitaciones y abrazos de parte de la familia, todos se sentaron a cenar. Mirabel pudo respirar aliviada, después de todo esa tarde había salido mucho mejor de lo que había imaginado. Solo se sintió un poco extrañada por las miradas extrañas de su hermana mayor.
x-x-x
Al día siguiente
A pesar de que Mateo ya le había pedido matrimonio a Mirabel con sus padres, la abuela había insistido en que se hiciera una cena de compromiso en la casa Madrigal como había hecho con Isabela y Mariano, y como había hecho hacía un año con Dolores y un muchacho llamado Armando.
A Mirabel no le importaba volver a hacerlo en casita, sobre todo si eso significaba que su abuela había aceptado por fin a su futuro esposo.
Mirabel y su prometido habían pasado la tarde tumbados en el techo de casita mirando las nubes mientras esperaban la hora de la cena. No podía negar que se sentía un poco emocionada por esa noche, se preguntaba qué era lo que la abuela diría esa noche.
Los Díaz llegaron temprano haciendo que Mirabel y Mateo bajaran del techo. Julieta y Agustín acompañaron a los padres de Mateo al comedor, y cuando ellos iban a hacer lo mismo Mirabel escuchó a su abuela llamándola en el patio.
-¿Mirabel?¿Puedes venir un momento? Hay algo importante que quiero hablar contigo- dijo la abuela.
-Claro, abuela- dijo Mirabel separándose de Mateo con una sonrisa- te veré en un momento-
Mateo besó su mejilla y caminó hacia el comedor. Una vez que vio que todos estuvieron en el comedor, Mateo charlando con Camilo sobre alguna cosa, Mirabel se volvió a su abuela.
-¿Querías hablar conmigo…?- comenzó a decir, pero la abuela la interrumpió.
-Son dos cosas importantes de las que tenemos que hablar- dijo la abuela seriamente. No sabía porqué no sonreía, si se suponía que era una ocasión feliz- primero y más importante, ¿estás segura que el pastor es la mejor elección? Hay otras opciones…-
-Estoy segura, abuela- la interrumpió Mirabel con seguridad, incluso un poco ofendida que dijera eso la noche de su compromiso.
-Mirabel…- comenzó a decir la abuela, pero respiró hondo y sacudió la cabeza como si no le importara- bien, si así lo quieres. Lo segundo que quería decirte era que debes de considerar vivir con la familia de tu esposo…-
-¿QUÉ?- exclamó la joven sorprendida de lo que dijo su abuela. Vivir con la familia de Mateo significaba que… ¿no iba a vivir en casita?-
-Lo que digo tiene sentido, mija. La magia no te dio… no tienes una puerta, y cuando nazcan los hijos de tus hermanas y primos ustedes no podrán quedarse en la guardería- dijo la abuela- si el milagro no te dio una habitación eso significa que no quiere que vivas aquí-
Mirabel parpadeó repetidamente tratando de procesar lo que acababa de escuchar. El milagro no la quería ahí… no podía seguir viviendo en su casa, en la misma casa en la que había nacido…
-Pero… pero…- apenas pudo pronunciar la palabra, algunas lágrimas apareciendo en sus sorprendidos ojos.
-Es lo mejor para todos, mija. No hay lugar en la casa para ti- dijo la abuela dejándola sola y caminando al comedor.
Mirabel se quedó congelada en su sitio sin poder creer lo que había sucedido. Se volvió hacia la escalera, donde estaba colgada la pintura de su abuelo Pedro, gracias a quien la magia había bendecido a su familia. Algunas lágrimas rodaron por sus mejillas al caer en cuenta de que lo que dijo su abuela, de cómo no había lugar para ella en la casa… no había lugar para ella en la familia. Acababa de caer en cuenta de que se había convertido en Bruno, su tío que había desaparecido desde que ella era pequeña y para quien tampoco hubo lugar en la familia.
Unos brazos la rodearon y frotaron sus hombros, haciendo que Mirabel se encogiera y se dejara abrazar por el joven.
-¿Qué sucedió, mi mariposa?- dijo Mateo en voz baja y, antes de que ella lo negara, agregó- no estás bien-
-Yo…- comenzó a decir. No sabía si debía decirle la conversación que había tenido. Y tenían que ir al comedor, tenían una cena de compromiso, los padres de Mateo estaban ahí y todos los estaban esperando- la cena…-
-Si tú no estás bien, la cena no importa- dijo Mateo seriamente- ¿hay algo que pueda hacer…?-
-Mateo…- dijo Mirabel frotándose los ojos para no llorar- mi abuela dijo que… que tenía que irme de casita porque… no hay lugar para mí aquí-
Mateo abrió la boca y la cerró, seguramente sin tampoco poder creer lo que acababa de escuchar. Mirabel no estaba segura de haber visto a su prometido molesto antes en algún momento, pero como en este momento porque ahora parecía furioso. Respiró hondo y besó la mejilla de Mirabel con mucho cariño.
-¿Qué vas a hacer…?- dijo Mirabel al ver que él enlazó su brazo con el suyo y comenzó a caminar hacia el comedor. Cuando llegaron, Mateo se plantó delante de Alma frunciendo el entrecejo.
-¡Señora Alma!¿Es cierto que va a echar a Mirabel de la casa cuando se case conmigo?- preguntó Mateo en voz alta, llamando la atención de la familia. Un murmullo de sorpresa proveniente de los presentes se comenzó a escuchar.
-No tiene que ser…- comenzó a decir Alma, seguramente sin estar acostumbrada a ser confrontada- tienen que entender que no hay una habitación para Mirabel en esta casa…-
-Oh, una casa mágica con algunas habitaciones más grandes que el pueblo entero, ¿y no hay lugar para Mirabel en ella?- dijo Mateo sin poder creer lo que estaba escuchando. Frunció el entrecejo al tiempo que entrelazaba sus dedos con los de la joven quien parecía sorprendida de que alguien estuviera enfrentando así a su abuela- ¡qué linda familia! ¿Sabe algo? ¡Ella no se merece esto!¡Mis padres pueden no tener magia, pero Mirabel siempre tendrá un hogar conmigo!-
Todos en la mesa se quedaron helados al escuchar no solo que Alma estaba considerando no dejar a Mirabel en casita, sino también por la manera en que Mateo se enfrentaba a ella. Estaba segura de que una mosca entró a la boca abierta de Mariano y que Armando, el esposo de Dolores, era el único que parecía estar divirtiéndose con esa situación.
-Cuida cómo me hablas, jovencito, o no seguirás teniendo un hogar en el Encanto…- comenzó a decir Alma.
-¡Increíble!- intervino la señora Díaz visiblemente molesta- ¿está amenazando a mi hijo?¿Y cómo puede tratar a su nieta así?-
-No peleen, Mirabel puede quedarse en mi habitación si quiere…- comenzó a decir Antonio, pero su prima no alcanzó a escuchar su defensa porque ella plantó los pies al escuchar la amenaza que su abuela tenía para Mateo.
-¿Sabes qué, abuela? Mateo tiene razón- dijo Mirabel frunciendo el entrecejo y tomando la mano de su prometido- si no hay lugar para mí aquí ni para Mateo en el Encanto, creo que no tiene caso que hagamos con esta cena…-
-¡Mirabel, no seas dramática…!- dijo la abuela.
La aludida miró desafiante a su abuela y pasó sus ojos por el resto de la familia. Isabela rodó los ojos, como si estuviera de acuerdo con su abuela. Luisa estaba tan sorprendida que no se atrevió a hablar. Dolores se cubría los oídos, sufriendo por los gritos entre Mateo y la abuela. Camilo los miraba como si quisiera decir algo, pero se encogió en su asiento con una sola mirada de Alma. Una nube apareció sobre la cabeza de Pepa a pesar de que Félix intentaba calmarla.
Agustín estuvo a punto de decir algo e incluso se puso de pie, seguramente para defender a su hija, pero Julieta puso una mano en su hombro como si fuera a detenerlo detenerlo. Mirabel miró el rostro sorprendido de su madre y cómo pasaba su mirada entre ella y Alma, pero no se atrevió a decir nada y aquello le dolió.
-¿Mamá?¿No vas a decir nada?- dijo Mirabel con la voz quebrada- ¿nadie va a decir nada?-
-Déjense de discutir y tomen asiento- dijo la abuela en tono autoritario antes de que pudieran responder, y la joven vio con tristeza que nadie respondió. Solamente sintió un apretón en su mano de parte de Mateo.
Los padres del joven dejaron las servilletas sobre la mesa y se pusieron de pie.
-Esta familia es lo peor- dijo la señora Díaz antes de volverse a la joven- Mirabel, cariño, sabes que siempre habrá lugar para ti en nuestra casa. Con permiso-
Los Díaz se fueron con esas palabras, excepto Mateo que no se movió de su sitio ni soltó a su prometida, sino que se mantuvo de pie mirando molesto a Alma.
-No puedo creerlo- dijo la abuela sin aprobar la conducta de los Días y comenzando a perder la paciencia con el hecho de que Mateo hubiera sacado el tema y no quisiera dejarlo- no tienen que hacer drama. Por última vez, siéntense-
-¡No, no vamos a quedarnos donde no nos quieren!- dijo Mirabel finalmente dándole la espalda y comenzando a caminar hacia la salida del comedor de la mano de Mateo. Todos los Madrigal continuaban paralizados de la sorpresa.
-¡Deja de hacerte la dramática y ven a sentarte, Mirabel!- ordenó Alma alzando la voz- solo estás haciendo el ridículo y empeorando todo…-
Mirabel ignoró los gritos de la abuela y se fue con Mateo. Conforme salía del comedor su corazón se sentía más decidido que nunca. No le debía nada a los Madrigal después de quince años de ser ignorada desde su ceremonia, y el único que la había defendido de la abuela había sido su prometido (y Antonio, pero el pequeño apenas tenía diez años y nadie lo había escuchado). No iba a seguir soportando ese trato, nunca más.
Mateo iba caminando hacia la puerta principal de casita pero Mirabel se detuvo de pronto.
-¿Qué sucede, mi mariposa?- dijo él alzando las cejas.
-Ven conmigo- susurró ella tirando de su manos para subir las escaleras. Los dos cruzaron la parte superior de la casa y Mateo se detuvo cuando Mirabel abrió la puerta de la guardería- ¿qué?-
-No puedo entrar, es tu cuarto- dijo Mateo en la puerta.
-No es mi cuarto, es la guardería- dijo Mirabel rodando los ojos- y no será el sitio que duermo por mucho tiempo. Además necesito que me ayudes-
-¿A qué?-
Mirabel no dijo nada, solo ladeó la cabeza para animarlo a entrar a la guardería y cerró la puerta tras él con seriedad. Después del duelo de gritos en el comedor había tomado una decisión.
x-x-x
Habitación de Antonio
La mañana siguiente
Antonio no entendía lo que estaba pasando, no en realidad. Lo que Mateo decía tenía mucha lógica, ¿cómo no iba a haber lugar para Mirabel en la casa tan grande? Eran una familia, no debían echar a nadie, y claro que podían encontrar un espacio en la casa para ellos.
Después de que Mirabel y Mateo se fueron del comedor la noche anterior, la abuela se enfrascó en otra discusión con Julieta y Agustín sobre el mismo tema durante toda la cena. Tío Agustín había estado tan lívido como Mateo sobre la manera en la que Mirabel había sido tratada y por el hecho de que estaba seguro de que, como Antonio, todos los primos estarían dispuestos a compartir sus habitaciones con ella o podrían encontrar un sitio para transformarlo en una habitación para la pareja.
-No seas tonto, Agustín. ¿Qué pasará cuando el resto de sus primos se casen?¿Tendrán que estar con Mirabel y Mateo?- había dicho la abuela.
-Pueden quedarse en la guardería- sugirió Julieta tratando de calmar los ánimos- es pequeña, pero siempre ha habido al menos dos personas ahí-
-¿Y qué pasará cuando los demás tengan hijos?- había dicho la abuela- ¿dónde se quedarán antes de la ceremonia?-
Antonio no estaba conforme con esa discusión, pero nadie lo había escuchado. Él había dicho que podía compartir su habitación con ellos ya que no se casaría en diez años o más. Camilo sugirió que podía intentar dividir su habitación y habría lugar para ellos. Luisa también dijo lo mismo, pero la abuela los ignoró.
-Ustedes solo dicen eso porque no están casados aún- había dicho la abuela- ¡he dicho que no!-
Aquello le había dejado un pésimo sabor de boca, y Antonio no había podido dormir pensando en eso.
-Ah, yo habría querido ayudar más- dijo Antonio en voz alta apoyando su cabeza en su jaguar, quien ronroneó seguramente tratando de hacerlo sentirse mejor- ¿qué puedo hacer para arreglar esto, Parce?-
El jaguar ronroneó y se desperezó.
Sin respuesta, Antonio suspiró y cerró sus ojos pensando en quedarse dormido. Mirabel era su prima favorita, y la idea de que estuviera viviendo del otro lado del Encanto cuando se casara le parecía terrible, la idea de no poder recibir su abrazo todos los días por la mañana antes de salir a trabajar en el pueblo lo hacía sentir mal. No importaba que ya tuviera diez años con su propia habitación y su propio don, no importaba que ella tuviera un novio y estuviera a punto de casarse, Mirabel nunca dejaba de pasar a su habitación a despertarlo con un gran abrazo.
El niño no supo cuánto tiempo durmió, pero una serie de portazos y golpes en la casa Madrigal despertaron a Parce, quien se levantó de golpe y a su vez despertó a Antonio.
-Mmm…- gruñó él frotándose los ojos- ¿qué pasó, Parce?¿Por qué te levantaste así?-
-Algo pasó en la casa- dijo Parce en un largo rugido- todos están golpeando las puertas y gritando algo. Creo que la que prepara la comida…-
-¿Tía Julieta?-
-Ella le está gritando a la que huele a repollo, suena muy enojada- continuó el jaguar
-¿La abuela?¿Aún se estarán peleando por lo de ayer?- preguntó Antonio pensativo, una parte de él aliviado de que tía Julieta se haya finalmente decidido a defender a Mirabel por más que se había tardado. Quizá eso era buena señal de que las cosas se iban a arreglar
-No lo sé, no entiendo nada- dijo Parce gruñendo- solo escucho a la mayoría de la familia gritando o hablando a voces alzadas-
-Pobre Dolores, debe dolerle mucho los oídos- dijo Antonio desperezándose- ¿qué hora es?-
-No sé, tengo mucha hambre- dijo Parce desperezándose con un rugido.
Antonio se levantó y cruzó el puente hacia la entrada de su habitación, y vio con sorpresa en el reloj que estaba en el mueble junto a la puerta que casi era el mediodía. Extrañado de que Mirabel no hubiera ido a despertarlo con un abrazo esa mañana, Antonio abrió la puerta y escuchó los gritos provenientes del exterior. Tía Julieta y tío Agustín estaban gritando algo que no alcanzaron a escuchar por los relámpagos que provenían del exterior.
-Ah, ahí estás, Toñito- dijo Pepa acercándose a donde estaba su hijo menor distrayéndolo un poco de los gritos que ocurrían en el patio- ¿sabes si Mirabel está en tu habitación?-
-No, mami. No he visto a Mirabel desde ayer- dijo Antonio sacudiendo su cabecita preocupado- ¿por qué todos están gritando?-
-Desde esta mañana no podemos encontrar a Mirabel. Nadie la ha visto desde anoche y sus cosas también desaparecieron de la guardería- dijo Pepa en un tono preocupado- ¿cuándo fue la última vez que la viste?-
-Cuando se fue de la cena con Mateo- dijo Antonio mirando de reojo a la abuela, quien parecía más enojada que preocupada- si quieres le puedo decir a Parce que la olfatee-
Pepa asintió revolviendo los cabellos de su hijo, y Antonio repitió la petición a su jaguar, quien asintió con un rugido antes de salir de la habitación y olfatear por toda la casa. Agustín y Julieta siguieron a Antonio para que les tradujera lo que decía Parce.
-Dice que estaba en su cuarto con Mateo- dijo Antonio- pero el rastro lo guía fuera de la casa…-
-¡Lo sabía!¡Sabía bien que ese muchacho solo causaría problemas!- dijo la abuela cruzándose de brazos- seguramente Mirabel se fue a acostarse con ese pastor solo por hacer berrinche. ¡Si se embaraza antes de casarse realmente me voy a enojar!-
Antonio frunció el entrecejo con un mal presentimiento. Su prima favorita estaba desaparecida y a su abuela parecía no importarle. Aún preocupado, Antonio envió a Pico a buscarla y caminó detrás de Parce mientras éste seguía olfateando fuera de la casa. Camilo, quien estaba pálido y visiblemente preocupado, lo alcanzó.
-¿Puedo acompañarte, Toñito?- dijo Camilo.
Los hermanos se dirigieron juntos al pueblo siguiendo al jaguar. El rastro de Mirabel y Mateo se dirigía a la plaza del pueblo y se detenía en la Iglesia, y luego continuaba hacia las montañas, a la casa de los padres de Mateo.
El señor y la señora Díaz vivían en la parte montañosa del Encanto, un poco alejados del resto del pueblo, en una casa pequeña de apenas dos habitaciones. Tenían dos hijos: Mateo y Emilio, que vivían con ellos. Cuando los dos muchachos con ellos para averiguar qué había pasado la noche anterior los Díaz no les dijeron mucho, solo que Mirabel había estado ahí por un rato y que después ella y Mateo se habían ido.
-El rastro continúa, y huele a un caballo también- le dijo Parce después de olfatear la casa.
Antonio continuó siguiendo a su jaguar y Camilo caminó detrás de él en silencio. Aquello lo preocupó, su hermano mayor usualmente era alegre y bromista incluso cuando ocurría algo preocupante, nunca lo había visto así de serio. Después de caminar un rato, el niño reconoció donde estaban: en la abertura de las montañas por donde la familia de Mateo había entrado al Encanto.
-¿Parce?- dijo al ver al jaguar detenerse- ¿por qué te detienes?-
-El rastro se detiene aquí, ya no hay nada que olfatear- rugió el jaguar- y ahora solo huele a caballo-
El niño palideció al escuchar eso. Mateo y Mirabel seguramente subieron al caballo en ese punto, y sabía bien qué era lo que eso significaba. Sintió un feo vuelco en su pecho, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Parce frotó su cabeza con la de Antonio como tratando de consolarlo.
-¿Toñito?- dijo Camilo al verlo palidecer- ¿qué dijo?-
-Mirabel y Mateo… subieron a un caballo- dijo Antonio con voz quebrada- y Parce ya no puede olfatearlos-
Camilo también palideció, volviéndose a mirar al exterior con lágrimas en los ojos horrorizado al caer en cuenta de lo que significaba.
-No, no puede ser, Mirabel no pudo haberse ido…- dijo el muchacho sacudiendo la cabeza repetidamente y apretando los ojos para que no salieran las lágrimas, pero sus esfuerzos fueron en vano- Toñito, no pudo haberse ido del Encanto. Vuelve a preguntarle-
Antonio no supo qué hacer más que abrazar a su hermano mayor y comenzar a llorar también. Su prima favorita, la persona más cercana a él en su familia, se había ido del Encanto sin siquiera haberse despedido de él, sin darle la oportunidad de ofrecerle quedarse con él, sin que pudiera hacer nada para hacerla quedarse en casa.
¿Por qué Mirabel se había ido sin despedirse de él?
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Casita
Más tarde
A la hora de cenar, Antonio escuchó a su familia reconstruir los eventos de la noche anterior desde que Mirabel se había negado a quedarse a cenar gracias a lo que él averiguó con Parce y los testimonios de otras personas, como el cura del pueblo y la familia Díaz.
Mirabel había ido a su habitación a empacar sus cosas con Mateo, en algún punto el muchacho salió llevándose sus cosas y Mirabel esperó a que todos estuvieran dormidos para alcanzarlo. Después, ambos fueron a la iglesia donde el cura los había casado solamente con los padres y el hermano de Mateo como testigos, y habían ido a casa de los Díaz a que el muchacho empacara sus cosas. Tomaron el caballo de Mateo antes de dirigirse a las montañas para cruzar la abertura y salir del Encanto.
Los Madrigal estaban asombrados de que eso hubiera pasado. Una cosa era irse a casa de Mateo a pasar la noche, otra completamente diferente era irse del Encanto sin ninguna nota y sin ningún tipo de despedida.
Agustín y Julieta estaban furiosos por lo sucedido, y culparon directamente a Alma por ello, aunque también se sentían culpables por no haber hablado antes de que Mirabel se fuera. Isabela y Luisa estaban llorando, igual que Camilo y Antonio. Dolores no lloraba, pero la tristeza en sus ojos era más que evidente. Una suave llovizna caía en el Encanto con algunos relámpagos como prueba de que Pepa estaba preocupada por su sobrina.
¿Y Alma? Estaba inusualmente en silencio. Antonio estaba seguro de que solo estaba pensando cómo iba presentar la desaparición de Mirabel al pueblo.
Al regresar a su habitación, el niño se dejó caer en su hamaca y se ovilló abrazando el peluche que Mirabel le había hecho en el día de su ceremonia hacía cinco años. Él le había pedido específicamente a ella que lo acompañara porque sabía que Mirabel sería la única que lo comprendería si su ceremonia llegaba a fallar. Mirando hacia atrás, había sido muy valiente de parte de ella haberlo acompañado, sobre todo porque la había obligado involuntariamente a enfrentar el trauma de su propia ceremonia.
-¡Despierta, Toñito, despierta!- graznó Pico.
Antonio alzó las cejas y se incorporó, casi cayendo de la hamaca en el proceso. En su boca tenía un sobre, y lo puso en las manos del niño.
-Tu prima te manda esto- dijo el tucán antes de volar al árbol más cercano.
El niño reconoció la letra de Mirabel en el sobre, donde estaba escrito su nombre junto la leyenda "Abrir cuando estés solo". Con manos temblorosas, Antonio abrió el sobre y sacó una carta de él, nuevamente escrita con la letra de su prima.
Toñito:
Cuando recibas esta carta seguramente ya estaré muy lejos del Encanto. No iba a escribir, pero tampoco quería que pensaras que me fui para siempre sin despedirme de mi primo favorito. Quería que supieras que nada de esto es culpa tuya, y que me fui para buscar un lugar mejor porque no hay un sitio para mí con los Madrigal. No te preocupes por mí, estaré bien al lado de mi esposo en algún lugar donde me acepten por quien soy y no por las expectativas que todos tienen por haber pertenecido a la familia Madrigal.
Dicho eso, quería contarte un secreto que espero que guardes para mí: seguiremos en contacto con la familia de Mateo. Por favor no le digas a nadie (ni siquiera a mis padres) y no intentes averiguar dónde estamos. Pero si un día nos necesitas, puedes enviarme una carta por medio de los Díaz, ellos lograrán hacérmela llegar.
Te quiero más de lo que puedo expresar aquí, Toñito, y eso nunca cambiará. Te abrazo desde donde estoy.
Mirabel.
Al terminar de leer, Antonio abrazó la carta y comenzó a llorar desconsoladamente. Era cierto entonces que Mirabel se había ido y que no quería que nadie de la familia la buscara. No podía aceptar eso, quería que todo fuera mentira, ¡quería a su prima de regreso!
Unos golpes en la puerta provocaron que Antonio dejara de llorar de golpe y que escondiera la carta en el bolsillo de su camisa, debajo de su chaleco. Pero en la puerta no estaba su madre ni Camilo, sino un hombre a quien no conocía ni había visto nunca en su vida. Antonio dejó escapar un grito ahogado, y Parce se puso en guardia, gruñendo en voz alta.
Al ser amenazado por el jaguar, el hombre se dio media vuelta para salir de la habitación pero sus manos temblorosas no podían girar el pomo. Y para sorpresa de Antonio, una rata saltó de la ruana del hombre y se dirigió a Antonio.
-No, no, detente, él está preocupado por la familia, solo quiere ayudar- dijo la rata.
-¿A qué te refieres?- dijo el niño extrañado.
-Él es de tu familia, no lo conoces pero es bueno y está preocupado por ustedes…-
-¿Quién eres?- preguntó al hombre, quien se giró hacia él con enormes ojos.
Antonio miró al desconocido y abrió los ojos grandemente, ordenando a Parce que se detuvieran al reconocer al hombre. No había visto nunca en persona, sino en fotografías y pinturas que estaban esparcidas por todo el pueblo.
-Toñito- dijo el recién llegado ajustándose su ruana y volviéndose hacia el niño- ¿qué fue lo que pasó?¿Dónde está Mirabel?-
Antonio hizo un puchero al escuchar el nombre de su prima, pero estaba más fascinado por la actitud ansiosa del hombre que estaba en su habitación.
-Oh no, oh no…- dijo el recién llegado comenzando a caminar en círculos al ver la expresión del niño y hablaba más para sí mismo que para Antonio, dando golpecitos en la puerta y en los muebles con sus puños- toc toc toc toco madera… ¡no puede ser! Esto está mal… esto es un desastre…-
-Eh… ¿tío Bruno? Eres mi tío Bruno, ¿verdad?- dijo Antonio tomando la mano del hombre y deteniendo sus divagaciones. Bruno asintió- ¿qué haces aquí?¿Por qué volviste?-
El hombre tembló y sacudió la cabeza como respuesta. Antonio lo analizó con la mirada: Bruno estaba alarmantemente delgado y andrajoso, con sucios cabellos alborotados y su barba semicrecida. Tenía otro par de ratas sobre los hombros.
-Oh no, oh no…- repitió Bruno mordiéndose las uñas ansiosamente- Mirabel se fue, esto no esta bien… tengo que hablar con mis hermanas…-
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Comedor de casita
La noche siguiente
Decir que Pepa y Julieta estaban sorprendidas de volver a ver a su hermano perdido era la subestimación de su vida, pero después de lo sucedido con Mirabel ambas se lanzaron a abrazarlo un poco desesperadas.
Después de una reunión llena de lágrimas y abrazos, Bruno les explicó la razón de su desaparición por una década y media: que había tenido una terrible visión después de la ceremonia de Mirabel, que se había escondido para no tener que entregársela a Alma y proteger así a su sobrina favorita. Y había vuelto con la desaparición de Mirabel, sintiéndose culpable por haberse ido en primer lugar.
-Esto es una catástrofe- dijo Bruno continuando con su actitud ansiosa- ¡las grietas se han estado multiplicando desde que Mirabel se fue! Temo que la magia vaya a fallar-
-¡La magia no va a fallar!- intervino Alma dando un golpe en la mesa- no teman, buscaremos a Mirabel y la traeremos de regreso. Y todo se va a solucionar-
Nadie en la familia se lo creía, pero no podían hacer nada más que buscar a Mirabel en los pueblos cercanos. Los Díaz se habían negado a hablar con los Madrigal, furiosos del trato que Mateo había recibido los últimos años y dejando claro que ellos apoyaban las acciones de la pareja.
-Mirabel es su hija, y nosotros fuimos los que más nos preocupamos por ella- les había dicho la señora Díaz cuando Julieta intentó hacerlos decirle a dónde habían ido.
Esa noche en el comedor había un tenso silencio en la familia. Agustín y Julieta estaban furiosos y se negaban a hablar con la abuela, los nietos con lágrimas en los ojos. Luisa estaba en el suelo llorando, Dolores cubriéndose los oídos, Isabela lanzaba miradas molestas a Mariano, Camilo estaba abrazando a Antonio. Pepa lloraba en brazos de Félix y Bruno daba golpecitos nerviosos en la mesa, visiblemente sacudido.
De pronto Camilo soltó a Antonio, golpeó la mesa y se puso de pie haciendo que todos se volvieran a su abuela. El muchacho estaba muy enojado.
-Bueno, todos sabemos quién causó este problema- dijo el muchacho en voz alta.
-¡Camilo!- dijo la abuela alzando la voz- cálmate de inmediato y siéntate-
-¡No!- dijo Camilo con lágrimas en los ojos- ¡esto es lo que debí hacer antes de que Mirabel se fuera!¡Es lo que todos debimos haber hecho antes de que se fuera! Pero nadie tuvo el valor de decirte que echarla de la casa era una &$% …-
-¡Camilo!- exclamó la abuela escandalizada de la mala palabra que su nieto acababa de escupir, pero el muchacho no la escuchó.
-Esta familia no la apoyó, y por eso se fue. Lo siento, tía Juli, pero perdí el apetito- dijo Camilo dando media vuelta y saliendo del comedor.
Una vez que Camilo se fue, éste fue rápidamente seguido por Antonio. Ahora fue el turno de Isabela de ponerse de pie.
-Camilo tiene razón, esta familia jamás apoya a nadie. ¡Tú no apoyas a nadie!- dijo Isabela con lágrimas en los ojos- ¡yo no quería casarme con Mariano y tú me obligaste!-
-Creí que te haría feliz…-
-¡Yo misma te dije que no lo amaba, te dije que Dolores estaba enamorada de él, y de todos modos me obligaste, haciendo que los tres seamos miserables por ello- dijo Isabela- ¡estoy seriamente tentada a irme de aquí igual que Mirabel!-
Julieta se llevó las manos a su rostro para cubrir su boca de la impresión. ¡No tenía idea de que su hija no era feliz con Mariano, ni que Alma había forzado a Isabela a casarse con él! ¿Qué clase de madre era, que no se daba cuenta de ello?
Mariano también parecía sorprendido de ello, y se volvió a mirar a Dolores interrogante, quien bajó la mirada al suelo antes de que Armando protestara.
-¿Qué?¿Cómo es la primera vez que escucho esto?-
Bruno se cubrió la cabeza con la capucha de su ruana al ver el drama que estaba llevándose a cabo en el comedor de casita, y la expresión horrorizada de Alma sin poder evitar extrañar los tiempos cuando él era lo más escandaloso en la casa Madrigal.
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Posada en La Esperanza
Esa noche
Mateo bajó del caballo dando un salto y se volvió para ayudar a Mirabel a bajar también. La joven lo abrazó tan pronto como estuvo en el suelo con una sonrisa en sus labios. Ambos habían viajado toda la noche y todo el siguiente día apenas deteniéndose para dejar descansar a su caballo, y habían puesto una gran distancia entre ellos y el Encanto. Tras bajar las mochilas de ambos y atar al caballo en el establo de la posada, la pareja entró con una sonrisa.
Pagaron al dueño de la posada sin elaborar mucho sobre quienes eran y qué hacían ahí, y fueron conducidos a su habitación en el piso superior. Tan pronto como estuvieron ahí, Mateo cerró la puerta con llave y ambos se dejaron caer en la cama agotados. Mirabel se acurrucó junto a él, y el muchacho la rodeó con sus brazos.
-¿Aún no te has arrepentido, mariposa?- dijo Mateo besando cansadamente la frente de su esposa y soplando la vela en su mesita de noche para apagarla.
-¿De casarme con el hombre que amo? Nunca- dijo ella con una sonrisa cansada recordando lo sucedido después del fiasco que había sido la cena.
Tan pronto como Mirabel había salido del comedor la noche anterior había tomado su decisión de dejar para siempre el Encanto, segura de que no había lugar para ella con su familia o en el pueblo donde siempre sería "la Madrigal sin don" y un estorbo para su abuela.
Pero Mateo siempre la valoraba y la hacía sentir amada. Sabía que con él a su lado podía hacer lo que ella quisiera. El joven la había ayudado a empacar sus cosas y a salir de casita cuando todos dormían.
FLASHBACK
Guardería
La noche anterior
Mateo comenzó a doblar las prendas que Mirabel sacaba apresuradamente de su ropero y guardarlas en su mochila wayuu. Una vez que terminó con la ropa, la joven continuó con algunos otros objetos personales.
-¿Es segura de…?- comenzó a decir Mateo, pero ella cubrió su boca con una de sus manos.
-Shhh…- dijo Mirabel poniendo su mano libre en su oído, indicando que Dolores podía estar escuchando. Mateo asintió y cerró la mochila.
El joven salió de la casa pero se quedó esperando en los alrededores de casita, y cuando todos los Madrigal estuvieron dormidos y Mirabel supo que Dolores no la escucharía, la muchacha salió de la casa por la ventana para encontrarse con Mateo.
"Adiós, casita", pensó Mirabel poniendo una mano en la pared "te voy a extrañar".
No tenía de qué preocuparse, Dolores ya estaba en su habitación y no los escucharía. Tras respirar hondo, Mirabel tomó la mano de Mateo, y los dos caminaron por las silenciosas calles hasta llegar a la iglesia, llamando a la puerta del cura para que les abriera.
El hombre no estaba feliz de haber sido despertado, pero al explicarle que querían casarse en secreto lo emocionó y aceptó de inmediato. Con solamente los Díaz como testigos, la ceremonia comenzó con los dos muchachos tomados de la mano.
-Yo, Mateo, te recibo a ti, Mirabel, como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida-
-Yo, Mirabel, te recibo a ti, Mateo, como esposo y me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida-
Al final de la ceremonia y tras haber intercambiado los anillos, los muchachos se besaron y agradecieron al cura por haberlos casado. Solo quedaba empacar las cosas de Mateo, despedirse de los Díaz y tomar el caballo. Mirabel solo terminó de componer una carta para Antonio antes de montar el caballo detrás de Mateo.
FIN DEL FLASHBACK
Mirabel sonrió levemente al recordar la manera en la que Mateo había deslizado el anillo en su dedo. Sí, iba a extrañar a Antonio y quizá un poco a Camilo, pero no se arrepentía de haber abandonado el Encanto al lado de su esposo.
-¿Mateo?- dijo ella.
-¿Mmm?- dijo el muchacho abriendo un ojo somnoliento. Mirabel mira alternadamente el rostro de su esposo y su anillo de bodas.
-Estoy feliz de que hayamos hecho esto- dijo ella.
Mateo volvió a cerrar los ojos y apretó su abrazo, arropando con una mano a ambos. Él también estaba feliz de haberse escapado con Mirabel.
-Descansa, mi vida- dijo el joven un susurro mientras que ella se acomodaba mejor en sus brazos- mañana aún nos queda un día muy largo-
-Mmhm…- dijo ella sonriendo- cierto, aún no tenemos nuestra noche de bodas-
Mateo rió en voz baja al escuchar eso y apoyó su cabeza sobre la de ella. Tenía razón, pero ambos estaban muy cansados por el largo viaje. Y no tuvo que responderle ya que los suaves ronquidos de su esposa le indicaron que ya se había quedado dormida, así que solo besó sus cabellos antes de quedarse dormido también.
x-x-x
Al día siguiente
Mirabel y Mateo caminaron a la pequeña casa en la periferia del pueblo tomados de la mano. Con una sonrisa, el joven puso una mano sobre la puerta de la casa y suspira largamente. No había creído que volvería a ese sitio, sobre todo cuando se enamoró de Mirabel porque estuvo seguro de que toda su vida viviría con ella en el Encanto.
-Esta es la casa en la que nací- dijo Mateo antes de volver a tomar la mano de Mirabel.
-Ahora será nuestro hogar- dijo ella sin dejar de sonreír al ver la casa- vamos tenemos mucho que hacer-
El joven asintió y ambos se pusieron manos a la obra. Tomando escobas, trapos y herramientas, la pareja se dispuso a arreglar esa casa para que pudiera ser su hogar. Los dos habían tenido mucha experiencia en ello, Mirabel limpiando para poder impresionar a la abuela, y Mateo arreglando los corrales y vallas para que sus ovejas no escaparan.
Cuando terminaron de reparar la casa y limpiarla, los dos se dispusieron a desempacar sus cosas. La pareja solo poseían sus ropas, algunas cosas que habían regalado los Díaz, algo de comida, una vieja cama de madera y unos pocos muebles que la familia de Mateo había dejado atrás que no habían sido robados en todos esos años.
Pero aquello era suficiente para los dos. Tan pronto como terminaron, los dos se miraron son una sonrisa satisfecha.
-Me gustó cómo quedó- dijo Mirabel sacudiéndose las manos emocionada. Como respuesta, Mateo levantó a su esposa en sus brazos y entró con ella a la casa, pero no la dejó en el suelo en el interior, sino que cerró la puerta de la casa y la llevó a la recámara- ¿qué haces?-
-Creo recordar que aún tenemos algo pendiente que hacer, señora Díaz- dijo Mateo guiñando un ojo, haciéndola sonrojarse y reír en voz baja.
x-x-x
CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Mirabel decidió que no hay lugar para ella en el Encanto, y se escapó con Mateo para vivir en otro lado. Alma hizo un berrinche monumental, y provocó que Agustín y Julieta pelearan con ella. Bruno por fin regresó después de quince años de haberse ido para proteger a Mirabel, y no está nada feliz de que su sobrina favorita se hubiera ido. Muchas gracias por seguir leyendo. Abrazos.
Abby L.
