Con el paso de los días, nuevamente se vio aislada en su habitación, sintiendo el tiempo escurrir en sus manos, sabía que todos estaban trabajando, pero ella no podía dejar el ala principal por estar aún en recuperación, la gente que conocía le dejaban regalos para que se divirtiera un poco, sin embargo, no tenía con quien.

- Llama a Toneri - le ordenó a su criada con muy poco interés, pero hacía mucho que él no pasaba cerca del lugar, ni lo veía en la distancia en los jardines, aunque el frío calaba a los huesos.

Al escuchar que ella lo había llamado, sonrió y con la voz fuerte, expresó lo mucho que lo complacía que ella lo llamara a su habitación, Naruto estaba cerca del lugar y era obvio que lo hacía para que él escuchara. Se arregló su traje y con sus materiales se dirigió a la habitación de la joven emperatriz, no sin antes poner una expresión deprimida al entrar.

- Ahí estás - tenía una linda chimenea nueva y cosas calientes para comer, al parecer lo esperaba.

- Mi señora, me honra - se sentó frente a ella sin mirarla a los ojos.

- No te había visto en varios días - bajó la cabeza con una sonrisa apenada - te extrañaba - esa sensación parecía la correcta, eso se lo pudo comprobar la mirada sorprendida del albino.

- ¿Lo había notado? - seguía evitando al mirada, todo con la intención de parecer estar mal.

- Pues sí, por eso quería que comieras conmigo, esta vida es muy cómoda, pero muy solitaria, quizás fue mejor antes de perder mis recuerdos - trataba de hacer conversación pero no funcionaba.

- Debe ser difícil para su majestad - respondió sin mirar nuevamente.

- ¿Te estoy molestando? - si era de verdad la persona que quería no podía ser inapropiada con él, es más, quería que él fuera más cálido.

- No, lo siento, majestad, es sólo que no puedo - soltó una carcajada adolorida, como si riera para no llorar - verla con él - dijo entre dientes.

- ¿Con quién? - esta vez le dirigió la mirada, era un joven muchacho lleno de tristeza.

- Sé que Uzumaki-sama tiene un mejor rango, pero no lo soporto, es tan familiar con usted, tan cercano que siento que me insulta - fue difícil que dejara caer una lágrima, pero su deseo era tal que lo logró.

- Oh, no - la chica lo llevó a la chimenea para que estuvieran más a gusto - no, Toneri-kun - le quiso besar la mejilla, pero él movió su rostro para besar sus labios con fuerza - e-espera - el joven soltó sus labios para luego abrazarla.

- No soporto la idea de que pueda quererlo más que a mí, que lo termine prefiriendo - la abrazaba con tal fuerza que ella no era capaz de responderle de la misma manera.

- Él sólo me está ayudando como emperatriz, Naruto está ocupado con sus labores militares - trataba de acariciar el traje del joven monje, su uniforme recordaba eternamente lo poco disciplinado que era.

- Hinata, necesito saber qué sientes por mí - su agarre no cedería hasta poder tener segura a la chica.

- Te quiero, te adoro - de a poco se sentía un poco más liberada - no puedo recordar nada de lo que pasó entre los dos, pero me siento muy mal cuando ni siquiera pasas por mi ventana - pudo ver un dejo de sorpresa y sonrojo en el joven, quien apartó la mirada apenado.

- Me alivia tanto saberlo - esta vez fue ella la que buscó los labios albinos, rosados pálido y delgados.

- Estoy confundida, pero esto no se siente incorrecto - probó su boca de forma inexperta mientras él desataba sus cintas, dejando su hábito y quedando en su capa primaria.

- No lo es, el amor nunca es incorrecto, por usted, renuncio a todo para poder estar a su lado y entregarme a usted - le guio la mano a su entrepierna.

- Eso - quiso apartarse, pero dentro de la comida y el alcohol le hizo quedar más deseosa de sentir el cuerpo de un hombre y Toneri era bastante atractivo, le tocó sobre la tela tratando de ver sus expresiones.

- Nunca me habían tocado así - buscó sus labios desesperado - había mantenido mi voto de castidad intacto, hasta que me enamoré de usted - sus palabras la hicieron suspirar.

- Cuidaré este momento como un tesoro - dejó caer su kimono quedando también con una sola capa de tela - mi amor - abrió un poco sus piernas para poder subir al muslo del albino y frotarse con su piel.

- Mi amor, ¿huh? - tomó sus caderas para guiarla.

- A-Así - suspiraba y jadeaba agitada dejando que él la guiara - lamento mucho llevarte a romper tu voto - le abrazaba un poco asustada de lo que estaban haciendo.

- Vale la pena decidir esto, tú eres la única mujer que puedo amar - dejó que ella le terminara por desnudar, mientras él movía sus caderas.

- Eres hermoso - admiraba su rostro y su cuerpo, de un color sumamente pálido y un poco enrojecido, con marcas de fuego - ¿qué te pasó? - recorrió su cuerpo hasta recostarlo y ver las marcas en su hombro.

- Me siento avergonzado, los Uchiha atacaron el monasterio, tomé unos pergaminos y escapé, pero me pudieron herir con flechas de fuego - suspiró con fuerza al sentir sus labios sobre la piel herida.

- No dejaré que nadie toque un sólo cabello tuyo - ahora era él quien la dejaba en el futón semi desnuda.

- Le pido no se cubra de mí - colocó sus brazos a los lados mientras abría el kimono, descubriendo ese cuerpo femenino, si lograba seducirla podría tener una verdadera vida de comodidades, y el secreto estaba ahí, entre sus preciosas piernas.

- Qué pena - abrió sus muslos con lentitud y un poco de miedo.

- Si estás insegura, podemos detenernos - la veía expuesta, lista, pero sabía que podía perder todo si no la trataba con la adoración que ella necesitaba.

- N-No, sólo quiero abrazarte - su respuesta lo hizo situarse en el lugar correspondiente, con su masculinidad en la entrada, no sin antes jugar un poco con la parte superior de su femineidad.

- Ven aquí - le puso sus brazos en su cuello mientras se disponía a entrar, haciendo que ella se contrajera y arqueara su espalda - estás apretada - comenzó a moverse suavemente, pero al ser la primera vez, quería dejarse llevar por sus instintos animales, lo que podía ser un beneficio, haciendo parecer que su pasión por ella era incontrolable.

- Dios - dejó caer sus brazos y los puso sobre su cabeza - se siente bien - incluso movía sus caderas y gemía con total confianza - más, Toneri, no quiero olvidar este momento - eso le bastó para arremeter contra la joven sin piedad, arrebatándole el aliento y dejaba que gritara por tocar precisamente ese punto tan sensible.

En su estudio, totalmente concentrado y un poco cansado, notó que había más movimiento de lo normal, las sirvientas cuchicheaban con los guardias, que algo le había pasado a su majestad, y que tenía razón de que Toneri era más que un tipo frío, sino el favorito de la emperatriz, un hombre sensible que lograba derretir las piernas de la muchacha. Si debía ponerlo en su lugar de nuevo lo haría, fue al pequeño estudio que tenía el joven maestro, pero estaba vacío, en su lugar encontró poesía que él parecía escribir, tomando el estúpido rol de chico sensible y romántico por el que caería cualquier ingenua, o una chica sin recuerdos.

Los días sin ti son eterno castigo

Si fuera rico, te daría el mundo entero

Pero todo lo que tengo es este pobre servidor

Útil sólo para amarte y buscar tu amor

Esa sensación tan antigua y olvidada resurgía con fuerzas, celos, hacía días le decía que quería volver a lo que tenían, pero al parecer sí podía tener otro pretendiente, era un trepador que era capaz de todo por ella. Caminaba con rapidez por todo el palacio buscando al albino para expulsarlo del lugar, aunque cada vez que había un rumor se escuchaba que él sí estaba muy enamorado ella, ¿y si era cierto? estaba lleno de dudas, pero lo primero era apartarlo de ella. Cerca de la habitación principal estaba Yuka, pero algo andaba mal, se veía aterrada de encontrarlo en ese lugar.

- Necesito ver a su majestad - ella negó con sus manos.

- Ella actualmente está indispuesta - el rubio se le acercó de forma amenazante.

- Su majestad, anuncia que estoy esperando a verla - la joven dejó temblar sus labios asustada, pero su señora no le permitiría a él entrar.

- Le pido que se retire, su majestad está indispuesta - le indicó con la mano, pero el rubio le apretó la muñeca, haciendo que ella gritara.

Dentro de la habitación, él se preocupaba de hacer bien su trabajo, la complacía a pesar de ser su primer contacto sexual, pero sabía muy bien que ella se conmovía por ser un joven monje virgen y casto. Ambos satisfechos ella se quería levantar, pero él la capturó por la cintura, pidiendo dormir un momento juntos. Hinata se sentía plena, con algo de melancolía en su corazón, la familiaridad le dolía un poco sin entender la razón, aunque cada vez que él le daba una mirada con sus ojos celestes se sentía querida. Toneri por su parte se sentía más poderoso, Hinata era atractiva y poderosa, lo que necesitaba, acostarse con ella no le molestaba, era placentero, no le repugnaban sus besos ni su cuerpo, todo lo contrario, si volvía a pensar en ella, él reaccionaba.

- Pediré algo de comer y beber - hizo sonar una campana, no hubo respuesta, sino el grito de su criada, se levantó con la bata puesta a ver qué le pasaba.

- ¡Que salga su majestad! - bramó con fuerza el rubio sin nada de paciencia.

- ¿Qué pasa? suelta a Yuka de una vez o llamaré a los guardias - él obedeció, al verla con detención entendió que había pasado algo con alguien.

- Otsutsuki debe salir de palacio, no es un hombre ético - la chica suspiró al escuchar sus razones.

- ¿De qué hablas? no permitiré que lo apartes de mí - Naruto le tomó su muñeca antes de que se marchara.

- No entiendes, Hinata, ese hombre es un peligro para ti - detrás de ella salía el joven monje sobando su cabeza y con parte de su uniforme puesto.

- To-Toneri - susurró la chica al encontrarse descubierta.

- ¿Ustedes? ¿con él? - estaba perplejo y herido, era una traición que no esperaba.

- No es un delito - podía ver cómo se colaba una sonrisa victoriosa en el albino que lo veía desde atrás de la joven.

- ¡Suficiente! - ella por primera vez le dedicaba una mirada enojada, en lugar de la mirada confundida y confiada que le daba - no puedes venir a mi habitación cada vez que quieras, soy tu emperatriz, merezco mi privacidad - si bien le dolía enfrentarse de esa manera, no se disminuía por ello.

- Me veré obligado a hablar con Neji - Hinata retrocedió suavemente.

- Entiendo - quería llorar y darle una buena bofetada - eres la misma mierda que todos - en general no insultaba a nadie - si tú tuvieras tus amantes serías hasta aplaudido por tus proezas sexuales, pero yo no puedo tener a nadie que no sea un mugroso marido - Naruto bajó la cabeza.

- Tu vientre es sólo para que des a luz a un heredero, por eso pensamos mucho con quien puedes o no estar en la cama - por un momento tuvo la ilusión de simplemente volver a tener la relación de antes, pero Toneri había enturbiado las aguas.

- Entiendo, pero ustedes pueden tener montones de bastardos afuera - se cruzó de brazos y se recargó sobre uno de sus pies.

- Yo - la chica se le acercó con rapidez.

- Jura que no tienes hijos por fuera o mujeres que se mueren por tenerte en la cama - el rubio enrojeció.

- Majestad - el albino le tomó la mano por detrás - es mejor que vuelva a la habitación, no está bien abrigada - sus palabras atentas la llevaron a buscar su calor en un abrazo.

- ¡E-Espera! - Toneri la dejó entrar y le cerró la puerta en la cara.

La acercó a su chimenea y le dio agua para calmarla, pero ella sólo quería que él la acogiera, en pleno silencio la presionó contra su cuerpo, era tan calmo hasta que ella rompió a llorar. Naruto por su parte prefirió hacer guardia cerca a la puerta, pudo ver lo mucho que la había ofendido; era doloroso que ella hubiera olvidado todo su viaje con él, la travesía del bosque o las noches en las aguas termales, cómo no sentía vergüenza de su cuerpo y se lo enseñaba sin ningún interés.

- ¿Puedes quedarte conmigo? no me siento bien - le pidió con suavidad sin soltarlo.

- Si por su culpa usted empeora me veré obligado a reportarlo - la chica negó.

- Sólo me siento mal por no poder estar contigo en paz, tú eres tan dulce - el albino vio con algo de temor la mirada de adoración, Hinata de verdad sentía amor por él.

- Aunque sea desde la distancia - le jaló la mano hacia su pecho - usted es la única mujer que puedo amar, no me importaba si usted no sentía lo mismo, es más de lo que puedo soñar - la chica lo calló con un beso.

- Has sido tan amable conmigo, tan discreto y me has ayudado a recuperarme de la operación, vales más que cualquiera de clase alta, me aseguraré de que nunca estés lejos de mí - Toneri enterró su rostro en el cuello de la chica apenado.

- No diga eso, el pecho me va a estallar - quería aparentar cierta inocencia, pero Hinata tenía otras intenciones al bajar la mano hacia su entrepierna.

- Te quiero para mí toda la noche - su blanco rostro se tornó rojo, al igual que el rubio.

Si bien había logrado su objetivo, había descubierto a una mujer hambrienta por él, jamás había sentido la piel de una mujer, la dulzura de sus labios y así como la engañó para que lo quisiera, él iba cayendo en redes ajenas, siendo conducido por su curiosidad y deseo. Naruto se dio por vencido por ese día, Hinata era obstinada con el albino, se cuestionaba si era porque Toneri le daba el afecto que él le rehusaba por no darle ideas equivocadas, no quería que ella pusiera en peligro su recuperación por su culpa, pero en su lugar, otro hombre se dedicaba a estar con ella y ayudarla, aunque le era sorpresivo este nuevo romance.