Resumen: Mirabel conoce a alguien que le muestra lo valiosa que es, por contraste le enseña lo horrible que su abuela es con ella sin siquiera darse cuenta, y la hace caer en cuenta de que no hay lugar para ella en la familia Madrigal.

Notas:

1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)

2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.

SER ALGO QUE NO SOY

CAPÍTULO 4

Casa de la familia Díaz

Al mismo tiempo

Mirabel recobró el conocimiento sintiendo algo ácido en su boca y garganta, haciéndola toser repetidamente y hacer una mueca de disgusto. Al abrir sus ojos se encontró con un borroso rostro delante del suyo, cuyos ojos castaños la hicieron pensar que conocía a esa persona, parpadeó y sintió que alguien (¿Antonio?) volvía a recostarla sobre la almohada.

La persona delante de ella respiró llena de alivio y puso el vaso de jugo en la mesita de noche. Tras parpadear varias veces, los ojos de Mirabel por fin se aclararon, y pudo ver que se trataba de su madre.

-Mirabel…- dijo Julieta poniendo sus manos sobre sus muñecas.

Mirabel frunció el entrecejo al reconocerla y se soltó de su mano, apartándose de ella con un siseo molesto. Antonio era una cosa, pero la madre que no la había defendido cinco años atrás cuando más la necesitó era totalmente diferente. Julieta parecía sorprendida de que su hija no quisiera que la tocara, y no alcanzó a preguntar qué le pasaba porque Mariana pasó rápidamente a su lado y saltó al regazo de Mirabel.

-¡Mami!- dijo Mariana lanzando sus bracitos al cuello de su madre. Mirabel suavizó su mirada y se incorporó para sentarla en su regazo, frotando la espalda de la pequeñita con cariño tratando de calmar sus sollozos.

-Shhh… ¿ya viste, catarina? Te dije que todo iba a estar bien- dijo Mirabel sonriendo y olvidando por un momento que Julieta estaba ahí- ya sabía que tu papá no iba a dejar que me pasara nada-

Mateo se sentó en la cama en la orilla de la cama y las abrazó a ambas, besando la frente de su esposa lleno de alivio. Ésta volvió a fruncir el entrecejo al ver que Julieta seguía ahí, como si estuviera esperando a que le prestaran atención.

-¿Qué demonios, Mateo? Teníamos un trato- dijo Mirabel a Mateo. No estaba realmente enojada con él, no debió haber sido fácil llevarla en esas condiciones cabalgando a toda velocidad y hacer que Julieta la curara sin decirle a quien iba a salvar, e incluso si no se lo decía, Julieta lo sabría tan pronto como la viera.

La mujer mayor no se dio cuenta de lo que estaban hablando, pero pensó que Mirabel estaba molesta con su esposo, así que volvió a intentar acercarse a ella.

-Mirabel, te extrañé mucho. ¿No me vas a presentar a tu hija?- dijo Julieta un poco impaciente tras ser ignorada por su hija y yerno.

Mirabel instintivamente abrazó a Mariana para ocultarla de su vista con sus brazos. Una parte de ella se sintió culpable de hacerle eso a su madre, pero se había prometido no dejar que los Madrigal se metieran a la vida de Mariana, ni que la sometieran a los mismos estándares que a sus hermanas y primos durante toda su vida.

-Oh, claro que no. Te agradezco por lo que hiciste, pero eso no borra los años en los que no me defendiste de la abuela. O cuando te quedaste callada la noche que me dijo que no había lugar para mí en nuestra casa- dijo Mirabel.

-Pero…- comenzó a protestar Julieta, pero Maribel continuó.

-Y apreciaría que no le digas nada a tu familia, no quiero tener que repetir lo mismo a ellos también- dijo Mirabel.

Julieta salió de su sorpresa y asintió, dejando la canasta de arepas en la mesita de noche y saliendo de la casa de los Díaz sin decir nada, solo caminando cabizbaja, seguramente de regreso a la casa Madrigal. Al verla irse, la joven relajó sus brazos y suspiró aliviada sonriéndole a su hija.

-¿Quién era ella, mami?- dijo Mariana. Mirabel no respondió esa pregunta y la separó de ella.

-Tenemos que cambiarnos de ropa, catarina. Mira nada más cómo estamos- dijo la joven mirando su blusa, la camisa de Mateo y el vestido de su hija llenos de manchas de sangre. Escuchó a Antonio aclararse la garganta y Mateo se acercó a tomar a Mariana.

-Vamos a que abuelita nos ayude mientras que mamá habla con tío Toñito- dijo Mateo.

Mariana por un momento se resistió a soltar a su mamá, pero al final se fue con su padre hacia la otra habitación y Mirabel se levantó para abrazar a Antonio, que la abrazó de regreso con cariño.

-Te extrañé mucho, Toñito- dijo ella en voz baja teniendo que ponerse de puntitas para alcanzarlo. No sabía en qué momento su primo había crecido tanto.

-Yo también te extrañé mucho. Y me acabas de dar el susto de mi vida, al verte así- dijo Antonio dándole un último apretón- Mira, sé que no es mi lugar cuestionarlo pero, ¿por qué fuiste así con tía Julieta?-

Mirabel borró su sonrisa y se sentó en la orilla de la cama, poniendo una mano junto a ella para que se sentara.

-Creo que tú también te diste cuenta de lo que sucede en esa casa- dijo ella seriamente, señalando la puerta con su cabeza- no quiero que mi hija pase por lo mismo que todos ustedes-

-¿Qué cosa?-

-Las expectativas que todo el pueblo tiene de los Madrigal- dijo Mirabel- si mi mamá dice algo, van a tratar de convencer a Mariana de quedarse. Si obtiene un don, le va a pasar lo mismo que a ustedes. Y si no, le va a pasar lo mismo que a mí-

Antonio iba a contradecirle pero sabía que Mirabel tenía razón. ¿O no había atrapado a Mariano y Dolores escabulléndose juntos en los pasillos donde tío Bruno había estado escondido? ¿Parce no había encontrado a una exhausta Luisa en la selva?¿No había escuchado las quejas de Camilo sobre ser obligado a casarse con alguien a quien no amaba?

-Tienes razón. Pero tía Julieta y tío Agustín sí te defendieron, solo que no te diste cuenta porque fue después de que te fuiste- dijo Antonio. Al ver la expresión incrédula de Mirabel, el muchacho agregó- puedes contar con que yo también guardaré el secreto-

Mirabel no respondió, ya que le costaba creer que sus padres hubieran hecho algo para defenderla. No tuvo que hacerlo porque la puerta se abrió y Mateo entró llevando a su hija en sus brazos

-Adivinen ya se cambió y quiere conocer a tío Toñito- dijo Mateo con una sonrisa llevando a Mariana de regreso. Parecía que el susto se le había pasado.

-Ah sí- dijo Mirabel poniendo en cuclillas y besando la mejilla de la niña- ¿puedes quedarte con tu tío Toñito mientras me cambio yo también?-

Al principio Mariana miró tímidamente a Antonio hasta que éste llamó a Parce y el jaguar ronroneó olfateando a la niña, quien tenía a Tutú en su bolso aún.

-Mira mi gato, se llama Tutú- dijo Mariana sacando al gato de su bolsa y mostrándoselo. El gatito maulló repetidamente, seguramente preocupado por el enorme jaguar delante de ellos.

-Oh, Tutú dice que le gusta cómo le frotas las orejas. Ah, y no le gusta que le jalen la cola, como a ningún gato- dijo Antonio sonriendo- quizá Parce se llevará bien con él-

Parce gruñó sin muchas ganas, pero Antonio no tradujo lo que dijo. Aprovechando de que su hija estaba entretenida con él, Mirabel corrió al baño a cambiarse de blusa manchada de sangre y robar un beso de su esposo antes de regresar.

x-x-x

Casa Madrigal

Más tarde

Antonio regresó a casa con emociones encontradas. Estaba feliz por haber vuelto a ver a Mirabel pero un poco triste porque todo parecía indicar que ella y Mateo no volverían a casita. No iba a tener la familia de antes.

"Porque la familia de antes no estaba bien"; recordó Antonio cuando entraba a la casa "tío Bruno se fue de la casa para proteger a Mirabel de la abuela y vivió una década y media en las paredes. Isabela y Dolores se casaron con alguien a quien no amaban. Mirabel se fue del Encanto…"

-¿Dónde estabas todo este tiempo, Toñito?- dijo Pepa al verlo llevar.

-Eh… en ningún sitio- dijo Antonio y se dio cuenta de que tenía que dar una buena excusa- yo… Parce y yo conocimos al gato de una niña…-

-Ah, mi bebé haciendo lo correcto para el pueblo- dijo Pepa revolviéndose el cabello antes de agregar para sí misma- no puedo creer que es el único de mis hijos que no tiene problemas con su abuela…-

Y hablando de problemas con su abuela, unos gritos los interrumpieron y se volvieron a la cocina. Alma y Camilo nuevamente estaban en un duelo a gritos por el asunto de su "compromiso" con Adriana López. Pepa cubrió los oídos de Antonio e hizo una mueca cuando Camilo salió de la cocina pronunciando una palabra particularmente mala en voz alta..

-¡Camilo Madrigal!¡Está bien que estás enojado pero yo no te enseñé a hablar así!- dijo Pepa.

Pero Antonio vio a su hermano salir de la cocina y dejarse caer en el primer escalón de la casa sin decir nada. Pepa suspiró y acarició el cabello de Antonio antes de irse sacudiendo la cabeza tristemente.

-Ay, Cami- dijo Pepa tristemente- bueno, al menos Julieta siempre logra animar a Camilo con su comida-

-Oh…-

Antonio sabía que Julieta no iba a poder animarlo por lo sucedido con Mirabel hacía un rato, así que en ese momento él y Parce era lo mejor que tenían para hacerlo. Si tan solo pudiera decirle que Mirabel estaba en el Encanto, sana y salva, y encima con una hija, pero le había prometido que no lo haría.

-Vamos, Parce. Tenemos que animar a Camilo- dijo Antonio con una sonrisa.

-Eso es fácil, dile que tu prima está de regreso. Él la ha extrañado tanto como tú- dijo Parce.

-Oh no, no puedo hacer eso, se lo prometí- dijo el adolescente frunciendo el entrecejo- no, tengo que encontrar otra manera…-

Parce gruñó, claramente sin aprobar su silencio pero no comentó nada más y acompañó a Antonio a la cocina para robar unas arepas y llevárselas a su hermano.

-Hey, Cami- dijo Antonio sentándose junto a él y poniendo el plato de arepas entre los dos- ¿todavía no hay avance con la abuela?-

-Ugh, no me lo recuerdes- dijo Camilo mirando de reojo las arepas, pero no tomó ninguna. El joven solo abrazó sus rodillas y sus rizos cayeron sobre el lado derecho de su rostro- ya le dije a la abuela que voy a negarme a aceptar a Adriana en la boda si es necesario. No tengo nada contra ella, es buena persona pero… no es Sofía-

Antonio movió el plato de arepas a un lado y puso su mano en el hombro de Camilo.

-¿Quieres que te ayude en algo?- dijo el adolescente dudoso.

-No, es solo… a veces me pregunto si debo irme del Encanto, igual que como lo hizo Mirabel- dijo Camilo en voz baja. Antonio sintió un feo vuelco al escuchar eso. Primero Mirabel y luego su hermano, no podía imaginarse el Encanto sin él.

-¿Qué estás diciendo?- dijo Antonio con una expresión preocupada. Su hermano mayor dejó escapar una risa sin humor.

-No te preocupes, no me iría sin despedirme de ti, es solo…- continuó bajando los ojos- no veo otra salida. Solo mira a nuestra familia, la abuela prefiere que todos seamos infelices a admitir que se equivocó. No pienso renunciar a Sofía, pero no quiero que me suceda lo mismo que Mariano y Dolores-

Antonio no sabía qué decir para animarlo y se sentía inútil. Él no era como su prima, quien tenía la habilidad de hacer sentir bien a cualquier persona. Y Camilo seguramente estaba pensando lo mismo, porque continuó.

-Ojalá Mirabel estuviera aquí, ella sabría qué hacer- dijo Camilo, haciendo que Antonio se sobresaltara- aunque fuera solo decirme que mande todo al demonio y fugarme con Sofía, como ella hizo-

El adolescente meditó sus palabras. Sí, Mirabel seguramente sabría que decir en esa situación, y quizá podría hacerlo. Lo más probable era que su prima se negara a ver a Camilo, pero él podía ser el mensajero y preguntar qué podía hacer para ayudarlo. Por lo pronto solo atinó a darle un abrazo a su hermano.

-Gracias, Toñito. Necesitaba eso- sonrió Camilo. Antonio decidió volver a ver a Mirabel a la mañana siguiente y plantearle el problema.

x-x-x

Casa de los Díaz

Al mismo tiempo

Mirabel no supo en qué momento su esposo la había convencido de aceptar ese arreglo, quedarse en casa de sus suegros por una semana para que Mariana pasara tiempo con sus abuelos y Mateo con sus padres, sobre todo para celebrar el cumpleaños de Mariana unos días después. Era lo menos que podía hacer por el hombre que había renunciado a tanto por ella, y por la familia que la había apoyado cuando la suya la abandonó.

Del lado positivo, conoció a la esposa de su cuñado Emilio, quien estaba esperando un hijo. Había vuelto a ver a Antonio también, aunque una parte de ella estaba preocupada de haberle dado un trauma al verla herida.

-Toñito ya no tiene cinco años, mariposa. Estará bien- le había dicho Mateo.

Del no tan positivo, Mariana aún estaba asustada por lo sucedido y apenas se había querido separar de ella. Mirabel insistió que estaba bien y que la magia que la había curado no se desharía, pero la niña aún así no se separaba de ella.

Esa tarde se fueron a dormir temprano por lo fatigados que estaban, cuando ella, y apenas se habían acostado cuando Mariana había entrado a su habitación y había insistido en dormir con sus papás. Ninguno de los dos objetó a ello, sabían que estaba muy sacudida y que eso la ayudaría a sentirse mejor.

Mirabel ayudó a su niña a subir a la cama, la abrazó y apoyó su mentón en su cabecita aliviada de que todo estuviera bien.

-¿Mami?-

-¿Mmm?-

-¿Nos podemos quedar aquí?- dijo Mariana, y la mujer hizo una mueca. No le gustaba a dónde iba esa conversación.

-¿Por qué preguntas eso, catarina?¿No quieres ver a tus amigos otra vez?- dijo Mirabel.

-Sí, pero… tengo miedo de que ese señor malo vuelva a pelear contigo y papá si volvemos a casa- dijo la niña.

-No lo volverá a hacer, seguramente ya lo echaron del pueblo por lo que hizo- dijo ella acariciando el cabello de Mariana.

-Y quiero quedarme para ver a abuelita todos los días- dijo Mariana- y a tío Toñito-

No lo admitiría en voz alta, pero Mirabel también quería ver a Antonio todos los días, el haberlo visto ese día la había hecho caer en cuenta lo mucho que lo extrañaba. ¡Eso era justamente lo que no quería que pasara! Ahora incluso tenía ganas de ver al resto de los Madrigal…

"No, no quiero verlos. Ellos me abandonaron", pensó Mirabel. Sintió los labios de Mateo sobre su frente.

-No pienses tanto, mi amor- dijo Mateo con un susurro al verla tan pensativa- no tienes que decidir nada esta noche-

Mirabel sonrió y cerró los ojos, abrazando a Mariana, quien no había esperado la respuesta y se había quedado dormida, ahora roncando suavemente. Mateo tenía razón, no tenía que decidir nada. Estarían ahí una semana, tenía mucho tiempo para pensar y esa noche sus emociones no la dejarían pensar bien.

-Tienes razón- susurró Mirabel- gracias-

x-x-x

Casita

Poco antes

La mente de Julieta no pudo evitar regresar a la casa de los Díaz y a Mirabel mientras que terminaba de preparar la cena. Hacía lo mismo cuatro o cinco veces al día desde hacía cincuenta y cinco años, lo podía hacer incluso con la mente ausente.

Había sido el segundo peor día de su vida, el primero fue cuando se despertó para darse cuenta de que Mirabel había tomado sus cosas y había dejado el Encanto. Ver a su hija herida y al borde de la muerte la había horrorizado y logró paralizarla al menos un momento antes de que Mateo la había sacado de sus pensamientos y que pudiera usar sus poderes para curarla.

¡Y tenía una nieta! Una hermosa niña, casi idéntica a Mirabel cuando tenía su edad, pero no tenía idea de quien era y su hija no había querido siquiera decirle su nombre. ¡Qué frustrada se sentía en esos momentos!

"Mi hija… mi hija me odia", pensó Julieta apoyando sus manos en la encimera con su mirada perdida hacia el patrón de mariposas de la pared "la familia de Mateo nos odia también, pude verlo en sus ojos. Nos culpan por el hecho de que Mirabel y su esposo se fueran de casa"

-Julieta… ¡Julieta!-

Un grito de Agustín la devolvió a la realidad, y vio sorprendida que lo que estaba cocinando en el sartén estaba quemándose. Rápidamente tomó un guante de cocina y lo quitó del fuego.

-Ay no, perdón, perdón…- dijo Julieta llevándose las manos a la cara aún más frustrada que antes. Agustín miró preocupado a su esposa sin decir nada mientras apagaba las llamas.

-¿Quieres que te ayude?¿O que llame a Isabela para que te ayude? Estoy seguro de que querrá una excusa para alejarse de Mariano- ofreció él.

-No, no, no es necesario- dijo Julieta- perdón, estaba… distraída-

-No es frecuente que tú seas la de los accidentes- dijo Agustín mirándola un poco pensativo- ¿qué es lo que te preocupa, mi amor?-

La expresión enojada de Mirabel regresó a su mente, pero era una Mirabel pálida y manchada de sangre, como la había vuelto a ver. La expresión asustada de la niña que sabía que era su nieta, de quien no sabía ni su nombre. Las miradas de reprobación de los Díaz. Quería decirle todo a Agustín, quería sacarlo de su pecho todo, pero su hija no quería que nadie lo supiera, ni siquiera él.

Al menos esta vez podía respetar sus deseos.

-No…no es nada, Agustín- dijo Julieta forzando una sonrisa que incluso ella sabía que su esposo hubiera encontrado creíble- algo… hizo que recordara a Mirabel-

Su esposo hizo una mueca y besó la frente de Julieta antes de envolverla en un abrazo. Julieta cerró los ojos y respiró hondo, pensando que quizá para esas alturas Mirabel habría vuelto a desaparecer.

x-x-x

Selva

Dos días después

Camilo se encontró a sí mismo caminando nuevamente cerca de la salida del Encanto junto a la selva. Cada vez se sentía más frustrado y más tentado de hacer como Mirabel: tomar sus cosas, casarse a escondidas con Sofía y salir de ahí sin mirar atrás. Y si no lo había hecho era solo porque no se atrevía a abandonar a su madre (había visto el efecto que la huída de Mirabel había tenido en su tía Julieta, y no deseaba lo mismo para Pepa), además de que quería estar ahí proteger a Antonio del mismo destino que él y que el resto de las chicas de la familia.

Por más que amenazara con huir, él no era capaz de dejar a su hermanito a la misma suerte que Dolores o Isabela. Sabía que estaba enamorado, pero estaba seguro que la familia de Cecilia no le parecería "adecuada" a la abuela cuando llegara el momento.

Esa tarde se había visto a escondidas con Sofía, aún meditando la idea de que ambos debían fugarse de casa, pero a diferencia de Camilo, la familia de su novia sí la apoyaba. No quería hacerle eso a la muchacha, forzarla a vivir lejos de sus padres solo por culpa de su propia familia.

-Jajajaja… ¡no tío, hacen cosquillas!- de pronto Camilo escuchó la risita de una niña pequeña, acompañada por otra risa que le parecía conocida pero no recordaba de quién era y sorprendentemente la risa de Antonio.

Sorprendido al escuchar a su hermano, Camilo se levantó y se dirigió hacia donde escuchaba las risas, hasta que por fin encontró a Antonio vigilando a una niña de tres o cuatro años que jugaba con los coatíes cerca de la casa de los Díaz. Había algo en esa niña que le parecía conocido, pero Camilo no podía ubicar dónde la había visto.

"¿Qué hace Toñito jugando con esa niña?¡Y tan cerca de la casa de los Díaz! La abuela se va a enojar si se entera que está tan cerca de ellos", pensó Camilo recordando que Alma les había prohibido hablar con la familia de "ese muchacho que le metió esas ideas tan salvajes a Mirabel". Aunque no culpaba a su hermano, había algo en esa niña que lo enterneció, y estuvo a punto de caminar hacia ellos para averiguar más cuando vio a los padres de la niña salir de la casa de los Díaz.

Excepto que los padres eran Mirabel y Mateo.

Camilo se cubrió la boca y se ocultó en un arbusto esperando que ni los humanos ni los coatíes lo hubieran visto ahí. Desde su escondite entre las ramas vio a Mirabel ponerse de rodillas en la hierba y abrazar a la niña, dejándose caer con ella en el suelo y llenándola de besos.

"¿Mirabel está aquí?", pensó Camilo sorprendido y un poco ofendido "¿Antonio sabía y no nos decía nada?"

El joven se asomó de nuevo y vio que Mirabel se había dejado crecer el cabello, nunca la había visto así antes, se veía muy bien, muy feliz y muy hermosa. Los coatíes atacaron a Mateo, y se dio cuenta de que la risa de su prima seguía siendo tan contagiosa como antes.

A pesar de su sorpresa (y de que estaba un poco ofendido por que su gemela de otra madre no le hubiera dicho nada), Camilo no pudo evitar sonreír al verla tan feliz. Ya sabía, la niña era idéntica a Mirabel cuando era pequeña, solo con cabello largo. La niña rió mientras que Mirabel le hacía cosquillas y abrazó rodando en el suelo con ella, llenándola de besos. La sonrisa de Camilo se amplió aún.

"Se ve muy feliz", pensó él sin dejar de sonreír.

Camilo sospechaba que había una buena razón para no decirle que Mirabel estaba ahí, pero a pesar de ello esa noche iba a confrontar a Antonio por haber guardado el secreto.

Por lo pronto no podía hacer nada, por lo menos podía observar un poco más a su prima y su sobrina. Una parte de él quería transformarse en algún niño del pueblo, Mirabel nunca lo sabría, pero no quería abrazarla como alguien más.

Así que solo esperó pacientemente a que volvieran a entrar a casa de los Díaz para salir de su escondite y correr de regreso a la casa Madrigal.

x-x-x

Más tarde

Antonio regresó a casa cuando ya había oscurecido. Llevaba dos días escapándose de nuevo a casa de los Díaz a pasar tiempo con Mirabel. No sabía cuánto tiempo tendría antes de que ella regresara a casa para siempre. Y adoraba a Mariana, no quería que se fueran nunca.

Llegó a la casa y se encontró a tía Julieta sentada sola en el comedor mirando unas fotografías sobre la mesa. Cuando pasó junto a ella, Julieta levantó los ojos y le dirigió una mirada entristecida, pero no dijo nada.

-Tía Juli…- comenzó a decir Antonio.

-No necesitas decir nada, Toñito- dijo ella poniendo un dedo sobre sus labios.

"Oh, cierto", pensó Antonio "no puedo hablar de Mirabel con tía Julieta, Dolores puede escucharme".

Sintiéndose un poco mal por ella, el adolescente subió a su habitación. Parce estaba durmiendo una siesta tras haber jugado la mayor parte del día con Mariana, había quedado exhausto, al igual que los coatíes. A Antonio le dolía la panza de tanto reír, ya que Mirabel seguía siendo tan divertida como la recordaba. Se dispuso a entrar a su habitación cuando de pronto alguien tomó su brazo y lo arrastró a la puerta de al lado, la de Camilo, y lo empujó a su interior.

-Woa…- apenas alcanzó a decir Antonio antes de que su hermano cerrara la puerta- ¿qué te pasa?-

-¡Tú! ¡Creí que eras un buen hermano, pero en realidad eres un traidor!- dijo Camilo visiblemente molesto. Antonio parpadeó sorprendido sin saber de qué estaba hablando su hermano mayor.

-¿De qué…?-

-¡Tú sabes bien de lo que hablo! ¿Cómo pudiste ocultarme lo de Mirabel?-

Antonio sintió un horrible vuelco. ¿Acaso Camilo se había dado cuenta de que Mirabel estaba ahí?¿O hablaba de otra cosa? Mejor hacía como que no sabía nada, quizá aún no sabía que su prima estaba ahí.

-¿Qué pasa con ella?-

-Ahí es a donde te has estado escapando los últimos días. ¡Sabías que Mirabel estaba aquí y no has dicho nada!- dijo Camilo. Sorprendentemente sus ojos estaban húmedos como si fuera a llorar- ¿cómo pudiste ocultar eso de nosotros? Después de lo que tía Julieta a sufrido, y tú…-

-Tía Julieta ya sabe- lo interrumpió Antonio- lo siento, Cami. Yo no quería ocultarte nada, pero Mirabel fue la que no quería que nadie en la familia supiera que estaba de regreso, porque Mateo la trajo solo para que tía Julieta curara su herida-

-¿QUÉ?- exclamó Camilo, su rostro se volvió pálido- ¿cómo que herida?-

-Ay…- dijo Antonio, y le contó brevemente que Mirabel había sido herida en La Esperanza, cómo la había encontrado y cómo Julieta la curó- y al final, Mirabel le dijo a tía Julieta que no quería hablar con ella y que no le dijera a nadie en la familia…-

-¡Pudiste haberme dicho a mí!- dijo Camilo cada vez más ofendido.

-Tenía que guardar el secreto, no quería que Mirabel me dejara de enviar cartas cuando se vaya del Encanto otra vez…- dijo Antonio justo antes de interrumpirse y cubrir la boca con sus manos.

-¿Has estado en comunicación con ella todo este tiempo?- dijo el muchacho cada vez más molesto, haciendo que Antonio tragara saliva- ¿qué más? Seguro me vas a decir que sabías que se iba a ir-

-Oh no, yo estaba tan sorprendido como todos- se defendió el adolescente- cuando dejamos de buscarla, Pico me trajo una carta de ella diciéndome que podía contactarla por medio de los Díaz, pero me pidió que no dijera nada-

Camilo lo miró con los ojos entrecerrados y se sentó en el suelo en un gesto derrotado. Antonio lo entendía, se sentiría igual si Mirabel no quisiera verlo.

-Yo… tal vez no lo sabes, pero yo fui el que descubrí que Mirabel se fue- dijo Camilo- yo fui a la guardería a darle la sorpresa de que pasé toda la noche tratando de dividir mi habitación para que ella y Mateo se mudaran conmigo, pero cuando llegué a la guardería la encontré vacía. Y si… quizá no se hubiera ido si no hubiera querido esperar hasta en la mañana… no sabes cómo me culpé por…-

-Cami, nada de esto es tu culpa- dijo Antonio poniendo sus manos en los hombros de su hermano mayor.

-Y esa niña es nuestra sobrina, ¿verdad?-

-Sí- dijo el adolescente- se llama Mariana-

Aquello hizo sonreír al muchacho mayor.

-Es igual a Mirabel, de cuando los dos éramos pequeños- dijo Camilo con una leve sonrisa.

Antonio estaba de acuerdo, había visto una fotografía de Mirabel cuando era niña, y Mariana era un pequeño clon de ella. Quizá eso hacía que a Camilo se le pasara el enojo.

-Por cierto, Toñito, he querido decirte, hay una rata en mi armario, ¿podrías decirle que deje de morder el cuello de mis camisas?- dijo de pronto Camilo, su actitud cambiando por completo.

Contento de que su hermano ya no estuviera enojado con él, el adolescente asintió con una sonrisa y siguió a Camilo mientras que éste abría la puerta del armario en cuestión y señalaba en su interior.

-¿Dónde está…?- comenzó a preguntar Antonio mientras se asomaba al armario, pero su hermano le dio un empujón hacia el interior y cerró la puerta por fuera- ¿Camilo?¡CAMILO!¡DÉJAME SALIR!-

-La la la, no te escucho- dijo Camilo. El adolescente escuchó a su hermano cerrando con llave el armario y corriendo un pasador- si me disculpas, voy a hacer una pequeña visita a los Díaz-

-¡No!- gritó desde el interior un poco asustado de lo que su hermano iba a hacer. No quería despedirse de Mirabel tan pronto- ¡Cami, no lo hagas!¡Mirabel se va a enojar y se va a ir otra vez!-

Pero su hermano no lo escuchó, y el silencio le indicó que ya se había ido.

x-x-x

CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Pobre Mariana, se llevó el susto de su vida a su tierna edad. A Camilo no le hizo mucha gracia descubrir que Antonio mantuvo el secreto de Mirabel y tomó cartas en el asunto. Veamos cómo reacciona ella. Muchas gracias por seguir leyendo. Abrazos.

Abby L.