Resumen: Mirabel conoce a alguien que le muestra lo valiosa que es, por contraste le enseña lo horrible que su abuela es con ella sin siquiera darse cuenta, y la hace caer en cuenta de que no hay lugar para ella en la familia Madrigal.
Notas:
1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)
2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.
SER ALGO QUE NO SOY
CAPÍTULO 5
Casa de los Díaz
Poco después
Tras dejar encerrado a su hermano menor en su armario, Camilo se echó a correr tan rápido como pudo a casa de los Díaz, antes de que Antonio se libere y mande a Parce a detenerlo (porque lo creía capaz). Ahora que sabía todo el contexto iba a ver a Mirabel, le gustara o no.
¡Había tantas cosas que había querido decirle!
Corrió un poco más rápido mientras que trataba de deducir sus sentimientos. ¿Alegría al saber que Mirabel estaba ahí, sana y salva?¿Tristeza por que se había negado a ver a su tía Julieta después de que la curó?¿Enojo porque ni ella ni Antonio le habían dicho que Mirabel estaba ahí?
Cuando llegó cerca de la casa de los Díaz vio a Mateo y Emilio charlando en la puerta, así que Camilo se transformó en Antonio y caminó con seguridad hacia la casa. Los otros dos jóvenes lo miraron extrañados de que estuviera ahí.
-¿Qué sucede, Toñito? Dijiste que estabas cansado después de esta tarde- dijo Mateo apartándose para que pudiera entrar- pero que bueno que estás aquí, Mariana no ha dejado de preguntar por ti, quería que le dieras las buenas noches-
Camilo no dijo nada para no descubrirse, y pasó entre los hermanos a la casa, caminó hacia donde escuchaba la voz de Mirabel y de Mariana. Llamó a la puerta y tras un "pasen" de su prima, entró a la habitación. Vio a la niña metida en la cama, mirando somnolienta hacia la puerta.
-¡Tío Toñito!- exclamó Mariana somnolienta volviéndose hacia el recién llegado.
-Hey, ¿qué sucede?- comenzó a decir Mirabel volviéndose con una sonrisa.
Camilo no supo si debía seguir su mascarada o reclamarle el hecho de que se hubiera ido sin despedirse y sin decirle nada, incluso pedirle que lo ayudara a escapar del Encanto antes de que la abuela lo obligue a casarse con alguien a quien no amaba.
-¿Toñito?- dijo Mirabel poniéndose de pie alarmada al ver las lágrimas en los ojos del que pensó que era su primo favorito. Camilo no pudo evitar dar un paso hacia ella y abrazarla, aún sin recobrar su apariencia original.
Mirabel era su prima favorita, su gemela de otra madre, la persona más cercana a él durante toda su vida hasta que Mateo apareció en su vida. A pesar de su actitud despreocupada, Camilo había sentido horrible cuando su prima se fue del Encanto sin decirle nada.
Cuando el joven la abrazó Mirabel se tensó de pronto.
-Tú no eres Toñito…- dijo ella sin aliento. Camilo no supo cómo responderle, sí se esperaba que ella cayera en cuenta de que no era Antonio, pero no lo pensó y solo apretó su abrazo, temeroso de que ella quisiera soltarse.
-Lo… lo siento- dijo Camilo tratando de reprimiendo un sollozo mientras que sus emociones lo hacían recobrar su apariencia original- lo siento, Mirabel… sé que no querías… pero tenía que verte… ¿por qué no querías verme…?-
Pudo sentir que Mirabel suavizó sus hombros, finalmente lo abrazó de regreso y frotó su espalda.
-Ya, está bien, Cami- dijo Mirabel. A esta edad Camilo ya era mucho más alto que ella, pero en ese momento se sentía como un niño pequeño. Así permanecieron un largo rato.
-Te extrañé mucho, Mira- dijo el muchacho frotándose los ojos mientras se separaba de ella- por favor no te enojes con Toñito, los atrapé por accidente en la selva hace rato-
-Está bien, no estoy enojada con él. Ni contigo- dijo Mirabel tomando su brazo y tirando de él para que se acercara a la cama donde Mariana miraba con una expresión confundida- Mariana, hoy vas a conocer a tu tío Cami-
Camilo se frotó los ojos para limpiarse las lágrimas, sonrió ampliamente, y se puso en cuclillas para mirarla.
-¿Así que ella es Mariana?- dijo Camilo antes de volverse a Mirabel. No sabía si su prima querría que supiera sobre sus dones- ¿puedo decirle de mi…?-
-Si quieres, ya te vio- dijo Mirabel- ya sabe del de Toñito-
El joven sonrió y se transformó en Mariana, haciéndola dar un respingo de sorpresa antes de comenzar a reír. Camilo regresó a la normalidad y extendió sus brazos hacia ella, y Mariana de inmediato sonrió y saltó hacia él para abrazarlo. El joven se sintió en el cielo abrazando a su sobrina y después comenzó a complacerla cambiando en Mirabel, Mateo y Antonio.
-Bueno, catarina, dale las buenas noches a tu tío Camilo- dijo Mirabel con una sonrisa después de un rato besando la frente de la niña.
-Buenas noches, tío Cami- dijo Mariana dándole un beso en la mejilla antes de volver a meterse a la cama- ¿vas a venir mañana a jugar?-
-Claro que sí- dijo Camilo antes de corregirse rápidamente- si tu mamá me da permiso-
Mariana se acomodó en el centro de la cama con una sonrisa, seguramente porque Mateo y Mirabel dormirían ahí también mas tarde, y cerró los ojos. Antes de que su prima lo hiciera, el joven arropó a la niña con una sonrisa y susurró "buenas noches" antes de salir de la habitación con Mirabel.
En la sala estaban los padres de Mateo, frunciendo el entrecejo al ver a Camilo. El joven bajó la mirada apenado, preguntándose si su tía Julieta también había recibido esas miradas.
-Está bien, señora Díaz- dijo Mirabel poniendo una mano en el brazo de su primo- no me molesta que Camilo esté aquí-
-Gracias- dijo Camilo en un susurro.
-¿Estás segura, mariposa?- preguntó Mateo con el asomo de una sonrisa.
Los Díaz los dejaron a solas, y Mateo seguía hablando con su hermano fuera de la casa así que Mirabel se sentó en el sofá y Camilo se sentó junto a ella. El joven volvió a extender su mano hacia ella, volviendo a convencerse que no estaba soñando.
-¿Has estado bien, ¿Cami?- dijo ella preocupada al ver a su primo poniendo una mano en su hombro.
-Sí, estoy…- dijo Camilo pero se interrumpió. No estaba bien, no podía decir que estaba bien ni siquiera para tranquilidad de su prima. Bajó los ojos, y lo único que pudo pensar fue en Adriana- yo eh… estoy comprometido-
Mirabel lo miró entrecerrando los ojos.
-¿Te están obligando a casarte?- dijo ella en vez de felicitarlo, y Camilo asintió- ¿por qué? A Isabela la dejaron casarse con quien quería-
-Oh rayos, parece que no estás al tanto de lo que pasó- dijo el joven haciendo una mueca- después de que te fuiste, Isabela confrontó a la abuela delante de todos, y dijo que la había obligado a casarse con Mariano a pesar de que sabía que Dolores estaba enamorada de él-
Mirabel parecía sorprendida de ello, no porque no creyera capaz a Alma sino porque no se había dado cuenta en los cinco años que vivió bajo el mismo techo que Isabela y Mariano, y nunca se dio cuenta de ello.
-¿Hicieron algo al respecto?- dijo Mirabel.
-¿Qué hay que hacer? Ya están casados. Mariano y Dolores se ven a escondidas, Isabela no puede hacer crecer las flores de tan mal que se ha sentido y la abuela está furiosa porque ninguna de las dos ha tenido hijos con sus esposos. Mi cuñado es una persona horrible, así que no envidio a Lola. La única que tuvo suerte fue Luisa, su prometido Jacinto la quiere mucho-
-¿Y tú? ¿A quién eligió la abuela?- dijo ella.
-A Adriana, la hija de los López- dijo Camilo haciendo una mueca- le dije a la abuela que yo ya le había propuesto matrimonio a Sofía Barajas, pero no quiso escucharlo-
La joven puso una mano en el hombro de su primo.
-Cami, no tienes que hacer nada que no quieras. Nadie debió hacerlo…- dijo Mirabel frunciendo el entrecejo- es tu vida, la abuela no tiene nada que comentar al respecto, menos obligarte-
-De hecho, estoy pensando a hacer lo mismo que tú- dijo él seriamente- tomar mis cosas e irme de aquí con Sofía. Y otras veces no me atrevo, no quiero hacer llorar a mamá ni dejar que a Toñito le hagan lo mismo-
Mirabel lo miró sin saber qué decir, seguramente cayendo en cuenta de que ella misma había hecho llorar a su propia madre y que había abandonado a Toñito a la suerte de sus hermanas y primos.
-¿Mira?- dijo de pronto Camilo- Toñito dijo… ¿por qué no quisiste hablar con tía Julieta?-
La aludida borró su sonrisa y bajó la mirada.
-¿Qué sentirías si tía Pepa apoyara a la abuela y dejara que te obligara a casarte?¿O que la abuela te criticara por todo y te echara de la casa sin que tía Pepa protestara?- dijo Mirabel- mis padres me traicionaron, dejaron que la abuela me dijera que no había lugar para mí en casita. Y no quiero ver a nadie, y la única razón por la que volvería a casita sería…-
-Ah, eso también, casita no existe. La casa perdió su magia- dijo Camilo haciendo una mueca- lo siento, sé que tú eras muy cercana con ella-
Vio a Mirabel quedarse pensativa y mirar de reojo hacia la puerta. Abrió la boca para decir algo, pero al parecer cambió de opinión y cerró la boca.
-Sí, es triste que ya no esté casita- dijo en voz baja- Cami, ¿puedo confiar en que no le dirás a nadie que estoy aquí?¿Y que tendrás cuidado cuando hables con Toñito de esto?-
-No estoy muy de acuerdo con que no hables con tía Julieta y tío Agustín- dijo el joven sinceramente- pero es tu decisión. Tienes mi palabra-
Su prima sonrió de nuevo.
-Gracias- dijo Mirabel antes de agregar- y si cambias de opinión sobre querer irte… claro que Mateo y yo podemos ayudarte-
Camilo sonrió levemente y asintió, volviendo a saltar hacia ella y abrazarla.
-¿Puedo venir a verte mañana?- preguntó de pronto. Mirabel sonrió astuta.
-Oh, más vale que vengas, se lo prometiste a Mariana- dijo ella.
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Esa noche
Mirabel no podía dormir esa noche, y no tenía nada que ver con los ronquidos bajitos de Mariana en sus brazos o sus constantes movimientos. No, la conversación con Camilo seguía en su mente, y estaba preocupada por su familia, sobre todo por sus primos y su hermana mayor.
"¿A ti qué te importa? Ya habías cortado tu relación con esa familia. No te importa lo que hagan o dejen de hacer" se dijo a sí misma.
Maldita fuera su necesidad de ayudar a la gente que amaba.
La idea de Camilo siendo forzado a casarse con alguien que no amaba, o que a Antonio le ocurriera lo mismo en el futuro la horrorizaba. Pero ella no pertenecía ya a los Madrigal, no había nada que ella pudiera hacer al respecto. Quizá solo ayudarlos a escapar.
¿Cómo no se dio cuenta de que Mariano e Isabela no se llevaban bien? No había notado nada raro en la noche del compromiso de su hermana mayor, aunque siendo sincera en ese momento llevaba apenas un día de haber conocido y bailado toda la noche con Mateo, y como la adolescente enamorada que había sido no había prestado atención a nada más.
Recordaba que la abuela había dicho algo sobre el muchacho que había elegido para Dolores en ese tiempo, pero la verdad era que no recordaba mucho de Armando. Y no sabía que su prima también había sido obligada a casarse.
Una parte de ella quería ayudar, pero un movimiento de su hija en sus brazos le recordó porqué no debía tener contacto con su familia.
"Con mayor razón no debo entrometerme en esos asuntos", pensó ella "jamás dejaré que Mariana pase por lo mismo que nosotros".
-Mi amor, puedo escuchar tus pensamientos- dijo Mateo de pronto en un susurro.
-No es nada- dijo ella.
-No debe ser nada si no te deja dormir- dijo su esposo- ¿te puedo ayudar en algo?-
-Es que… después de lo que me dijo Camilo me preocupa mi familia- dijo Mirabel- pero me preocupa más someter a Mariana a lo que yo pasé cuando era niña-
Mateo entrecerró los ojos con una expresión pensativa.
-Es cierto que mañana cumple los cinco años- dijo el joven- seguramente ya habrá aparecido una puerta para ella en la casa…-
-Quizá no- dijo Mirabel acariciando los rizos de Mariana, que dormía con una sonrisa entre sus padres- ella es mi hija, quizá no va a tener un don porque yo no lo tengo-
Mateo hizo una mueca. Él no había estado en el Encanto aún el día de la ceremonia de Mirabel, pero sabía que le había causado un trauma profundo y había sido lo que comenzó a separarla de su familia. La idea de que le pasara lo mismo a su niña le parecía terrible; al menos Mariana no había crecido con la expectativa de que al cumplir cinco años tendría un don como el resto de su familia mágica. Su esposa siempre le había comunicado la horrible decepción que sintió cuando su puerta desapareció.
-Y si llegara a tenerlo…- dijo Mateo.
-Ya hablamos de eso, yo no quiero que Mariana tenga un don- dijo Mirabel bajando los ojos hacia su niña- tú y yo hemos visto cómo ha sido para mis hermanas y mis primos. Todas las expectativas y responsabilidades que les dejaron caer desde los cinco años, cargas que ningún niño debería llegar. O peor, que aparezca una puerta y desaparezca delante de todos cuando la toque, como me pasó a mí-
-Estoy de acuerdo con ello, tampoco quiero que Mariana pase por eso- dijo Mateo- pero eso no impide que ayudes a tu familia, si eso es lo que quieres hacer. Y yo te apoyaré en lo que decidas, sobre todo si es para proteger a nuestra niña-
Ella sonrió al escuchar eso. Sabía que Mateo siempre la apoyaría.
-Gracias- susurró ella. Mateo extendió su cuello para besar la frente de Mirabel, abrazando a su esposa e hija al mismo tiempo.
-Buenas noches, mariposa- dijo antes de cerrar los ojos. Ella hizo lo mismo sintiéndose mejor.
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Casa Madrigal
Al mismo tiempo
Dolores no podía dormir. A pesar de lo mucho que Pepa y ella misma habían rogado a la abuela, ésta aún no le permitía divorciarse de Armando. Alma había elegido para ella un hombre arrogante, perezoso y con un pésimo carácter que la había hecho infeliz los últimos ocho años.
Al inicio se había callado y había aguantado todo para complacer a la abuela, a pesar de lo difícil que era vivir bajo el mismo techo que Mariano. Había hecho lo posible por mantenerse fiel a su marido a pesar de todas sus infidelidades, pero hacía unos meses se había dado por vencida.
Al escuchar que Mariano ya estaba escondido en el cuarto secreto de Bruno, Dolores salió de su habitación y se dirigió hacia ahí. Esos encuentros secretos con Mariano era lo único que la mantenían cuerda en esa situación, sus besos secretos le recordaban que tenía que seguir peleando por lo que realmente quería: se pararse de su horrible esposo para por fin poder estar con él.
Y sabía que la mayoría de su familia estaba al tanto lo que estaba haciendo y mantenían su secreto; Armando era el único que no sabía nada aún.
Después de verse con Mariano y permanecer con él un largo rato en cuarto secreto en las paredes, Dolores regresó a su habitación a dormir, arreglándose el cabello y la ropa mientras lo hacía, respirando hondo con una sonrisa triste mientras abría la puerta de su habitación
No esperaba que Armando estuviera despierto y esperándola con los brazos cruzados y una expresión furiosa. Su esposo se balanceaba hacia delante y atrás como si estuviera intentando mantener el equilibrio.
-¿Dónde rayos estabas?- siseó el hombre arrastrando sus palabras, y Dolores supo que estaba ebrio. No le sorprendía en lo más mínimo, lo había escuchado en la cantina más temprano.
-No es tu problema- dijo ella dándole la espalda y sentándose frente a su peinador, deshaciendo su peinado para irse a la cama. El hombre caminó tras ella con una expresión molesta.
-Estabas con el idiota de Mariano, ¿verdad?- dijo Armando acercándose a ella, su aliento olía fuertemente a alcohol- ¿acaso te burlas de mí?-
Dolores respiró hondo, intentando animarse pensando en que pronto se divorciaría de él, lo echaría de su habitación y de la casa, y por fin podría estar con el hombre que amaba como deseaba hacerlo.
-¿Por qué no me contestas?- dijo Armando cada vez más furioso.
-No tengo nada que decir, Armando- dijo Dolores haciendo una mueca. Su esposo estaba casi gritando y le dolían los oídos- tú sabes bien la situación entre nosotros-
-Sí, sé que tu familia me engañó para que me casara contigo- dijo Armando alzando la voz a pesar de que sabía que sus gritos la incomodaban- no sabía que me había casado con una zorra…-
Aquello enfureció a Dolores.
-Mira quien habla- dijo Dolores volviéndose bruscamente hacia él. La hipocresía del hombre la molestaba- no es como que tú no lo has hecho al menos ocho veces, parece que te olvidas que yo puedo escuchar todo…-
PAFF
Armando se enfureció y la abofeteó, haciéndola caer de espaldas sobre el sofá y llevándose la mano a su mejilla dolida.
-Ay…-
-Ahora vete a dormir a otro lado. Me das asco- dijo Armando regresando a la alcoba y dejándose caer en la cama.
Los ojos de Dolores se llenaron de lágrimas mientras se ovillaba en el sofá. Odiaba su vida, odiaba compartir su habitación con ese horrible hombre. Odiaba que su abuela la hubiera obligado a casarse con él y a Isabela a casarse con Mariano.
-Tienes que hacer lo mejor para la familia y para el Encanto- le había dicho la abuela cuando ella le suplicó que no la hiciera casarse con él. Pero lo mejor para el Encanto ya no le importaba, ella quería ser libre de ese monstruo.
Dolores se ovillo en el sofá y se abrazó reprimiendo un sollozo.
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Casa de los Díaz
La mañana siguiente
Mirabel se sentía extrañamente aliviada de que Camilo supiera que estaba ahí de nuevo. Sonrió levemente pensando en que lo vería de nuevo junto a Antonio. Estaba feliz de ver a sus primos por más que hubiera protestado antes. Y a Mateo le causaba gracia que hubiera protestado tanto antes de volver al Encanto y al final amara encontrarse con sus primos.
-Ellos no fueron quienes se negaron a defenderme en ese entonces- dijo Mirabel.
Mateo asintió riendo en voz baja mientras que entre los dos preparaban el desayuno para la familia. Mariana salió de la habitación frotándose sus ojos y se aferró a la falda de su mamá.
-Mami- dijo ella. Mirabel se puso de rodillas para abrazarla.
-Hey… feliz cumpleaños, catarina- dijo Mirabel sin dejar de sonreír y llenándola de besos- ya tienes cinco años. ¿Quieres que te ayude a vestirte?-
Mariana asintió, y Mirabel la cargó para llevarla a su habitación. Apenas había tenido tiempo de bordar un vestido para tu hija, ya que habían salido rápidamente de La Esperanza y Mateo no había mucha ropa con ellos.
-Mami, ¿por qué tío Cami estaba triste ayer?- dijo Mariana de pronto.
-No estaba triste, estaba tan contento de conocerte que se puso a llorar- dijo Mirabel mientras que la ayudaba a quitarse su pijama y cambiarse a su vestido- además, hacía mucho tiempo que no lo veía-
Mariana parecía pensar en lo que su mamá había dicho.
-Mami, ¿por qué no vivimos aquí mejor?- dijo de pronto la niña. Mirabel se mordió un labio y sonrió casi tartamudeando.
-¿Por… por qué preguntas?- dijo ella. No quería hablar de ese tema con su niña, y no necesitaba saber lo que su familia le había hecho: para Mirabel, ella pertenecía solo a la familia Díaz.
-Porque aquí están mis abuelitos con tío Emilio- dijo Mariana pensativa- y ahora conocí a tío Toñito y tío Camilo. ¿Tengo más tíos?-
Mirabel no dijo nada. Por eso no quería estar ahí, no quería que Mariana comenzara a cuestionar por qué no vivían en el Encanto, o porqué no le habían presentado al resto de su familia. No planeaba encontrarse con sus padres y hermanas, y sus primos habían sido una coincidencia, porque no había querido ver a nadie más que a Antonio, y Camilo había sido un accidente que toleró por todo el cariño que le tenía tras haber crecido con él.
No solo eso, Mariana cumplía años ese día y no quería que su puerta apareciera, alertando a la abuela Alma de su existencia.
-Sí los tienes- dijo Mirabel finalmente- oye, ¿quieres que te muestre dónde pasábamos tiempo tu papá y yo después de desayunar con tus abuelitos?-
-Ajá- dijo Mariana emocionada de nuevo tomando la mano de Mirabel mientras salían hacia el comedor.
Mateo no dijo nada y comenzó a servir el desayuno mientras su esposa sentaba a Mariana a la mesa. Sus padres ya se habían sentado a la mesa y comenzaron a cantar la canción de cumpleaños para su hija.
x-x-x
Casita
Esa noche
Camilo regresó a casa junto con Antonio, ambos con una sonrisa en sus labios. No sabía cuánto tiempo había pasado sin que se sintiera así de emocionado. Mirabel estaba de regreso, y él se había escapado de sus actividades diarias para ir a verla, y a Mariana. No solo eso, sino que habían comido pastel de cumpleaños para su sobrina.
El joven siempre había tenido un don para entretener a los niños, y la hija de Mirabel no había sido la excepción: la pequeña adoraba ver sus actuaciones y se la pasaba aplaudiendo emocionada.
Los dos hermanos llegaron directamente al comedor y tomaron asiento en sus sitios habituales sin darse cuenta en un inicio de la tensión que existía en ese lugar. La abuela parecía molesta, igual que Pepa y Félix. Camilo vio a su madre bajo una nube negra que no paraba de lloviznar. Isabela, Luisa y Dolores miraban sus platos como si fuera la cosa más interesante del mundo. Armando se había ido esa noche a la taberna tras pelear con Dolores de nuevo, y Mariano se cruzó de brazos tristemente.
"¿Qué habrá pasado?", pensó Camilo.
Llamó su atención que tío Agustín parecía muy interesado, pero tía Julieta estaba cabizbaja, con los ojos hinchados y enrojecidos; incluso parecía que llevaba varios días sin comer, porque Camilo estaba seguro de que estaba más delgada. Bruno estaba sentado junto a su hermana mayor, frotando la espalda de Julieta con una expresión preocupada.
-Bueno- dijo la abuela tras aclararse la garganta- creo que todos se dieron cuenta de lo que pasó: una nueva puerta acaba de aparecer esta mañana. Así que estoy segura de que uno de los hombres de esta familia tiene mucho que explicar-
-¿Uh?- dijo Camilo en voz alta sin querer.
-Tu abuela está insinuando que uno de ustedes embarazó a alguien y que tienen un hijo de cinco años- dijo Pepa molesta.
La mente de Camilo viajó hacia la casa de los Díaz, donde estaba Mirabel con su hija de aproximadamente esa edad. ¿Cuántos años le dijo Mariana que cumplía?
-¿Camilo?¿Tienes algo que decir?- dijo la abuela, aumentando la presión en él.
Camilo palideció. ¿Acaso su abuela sabía sobre Mariana, y sobre el hecho que él había estado yendo a visitar a Mirabel sin decir nada al resto de la familia? No podía decir nada al respecto, lo había prometido, y su nerviosismo iba a terminar haciendo que sospecharan aún más de él. Miró de reojo a Antonio, y éste estaba nervioso también.
-Mamá, ¿estás insinuando que fue Camilo?¿No crees que si ese fuera el caso, mi hijo hubiera mencionado eso para que no lo obligues a casarse con la chica López? Y antes que acuses a Antonio, te recuerdo que tenía diez años en ese entonces- dijo Pepa de mala gana.
La abuela hizo una mueca, y Camilo respiró aliviado.
-¿Bruno?-
-Bruno ni siquiera sale de la casa gracias a ti, mamá- dijo Pepa antes de que Bruno tuviera siquiera oportunidad de procesar la acusación.
-¿No han pensado que quizá sea Mirabel?- dijo de pronto Luisa- no la hemos visto en más de cinco años, podría ser ella-
Todos en el comedor se quedaron en silencio, excepto por un sollozo quedito de tía Julieta. Antonio y Camilo bajaron la mirada con una expresión culpable, y el resto de la familia ponderó tristemente la ausencia de Mirabel. Solo Alma pareció hacer una mueca de fastidio.
-Bien pudo haber sido Mirabel- Mariano rompió el silencio- es la única persona que falta aquí, y Mateo…-
-No hablamos de Mirabel ni de ese pastor en esta familia, Mariano- dijo Alma- y ustedes dos deberían apresurarse en tener hijos, Isabela no se está haciendo más joven…-
Isabela no respondió, lo que a Camilo le pareció raro, sino que estaba absorta en sus pensamientos. Antes de que algo más se dijera, Julieta se puso de pie, acarició con cariño las mejillas de sus dos hijas, y caminó hacia la salida del comedor.
-¿Mi vida, qué sucede?- dijo Agustín.
-Solo estoy cansada, Agustín- dijo Julieta tristemente- buenas noches-
Alma sacudió la cabeza sin aprobar que su hija se fuera antes de terminar la cena, pero Camilo se sintió terrible, ya que sabía la razón por la que su tía estaba así. Antonio también miró culpable hacia su plato sin decir nada.
-Yo tampoco me siento muy bien, necesito aire fresco- dijo Camilo poniéndose de pie con intención de salir de esa casa- con permiso-
-Más vale que no estés yendo a ver a esa muchacha, recuerda que estás comprometido- dijo la abuela.
-¡Yo no me comprometí a nada!- dijo el muchacho sin detenerse. Era mejor si todos creían que había ido a ver a Sofía, así no sospecharían lo que realmente estaba haciendo.
Una vez fuera de la casa, Camilo respiró hondo y tomó una decisión. Sus pies comenzaron a llevarlo a la orilla del Encanto, a la casa de los Díaz. Solo había una cosa que haría que podía hacer que su tía se sintiera mejor.
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Al mismo tiempo
Bruno respiró hondo tratando de digerir todo el drama familiar del que acababa de ser testigo. ¡Pobre de Julieta! Siempre se ponía así de mal cuando alguien mencionaba a su hija menor, aunque ahora que lo pensaba estaba triste incluso antes.
No se suponía que nada de esto pasara. Bruno se había escondido para proteger a Mirabel de la abuela, pero finalmente no había servido de nada: su pobre sobrina siempre había crecido a la sombra de su familia, y se había ido cuando alguien más le dio lo que Alma jamás se dignó a ofrecerle.
Sus otras sobrinas eran infelices también, casadas con hombres que no amaban. Solo Luisa había tenido la suerte de que a la abuela no le importa con quién se casara, y al final Antonio había sustituido a Mirabel como la persona con la que se desquitaba porque nunca encontró una manera útil de usar su don.
Todo eso era un desastre.
Tras levantarse de la mesa y caminar hacia su habitación, Bruno comenzó a sentir un punzante dolor de cabeza, la indicación de que estaba a punto de tener una visión espontánea. Con un suspiro resignado, Bruno cruzó la cascada de arena y se sentó en el suelo sin siquiera molestarse a subir a su cueva de visiones. Las esmeraldas en la arena comenzaron a brillar y el domo comenzó a formarse a su alrededor.
"Bien, muéstrame lo que quieres…", pensó Bruno.
Vio a Mirabel en una casa que no conocía y parecía estar discutiendo acaloradamente con Camilo y Antonio. Después de ello la visión cambió, y ahora vio con felicidad que Julieta y Agustín la estaban abrazando. Incluso se vio a sí mismo sonriendo con lágrimas en los ojos, abrazándola justo después.
"Ah, tengo una buena visión por fin", pensó Bruno con una sonrisa mirándose a sí mismo abrazando a su sobrina favorita después de veinte años "tengo que seguir a Camilo, parece que él va a encontrar a Mirabel".
Pero antes de que pudiera moverse, la visión cambió y le mostró a Mirabel enojada, gritándole a una mujer mientras sostenía la mano de una niña pequeña que debía ser su hija, la otra mujer tomó la otra mano de la niña y violentamente tiró de ella, arrancándola de la de Mirabel. Horrorizado al ver a la niña llorando, Bruno se concentró en el rostro de la mujer que había hecho eso…
"Oh, no"; pensó Bruno cayendo en cuenta de lo que eso significaba "¡tengo que seguir a Camilo!"
Bruno se levantó lo más rápido que pudo para un hombre de sesenta años y salió de su habitación y de la casa
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Mariana ya cumplió cinco años y su puerta apareció, pero Mirabel y Mateo no quieren que tenga un don porque temen que Alma la trate como a sus nietos. Dolores no la está pasando nada bien con su esposo borracho y golpeador, y Camilo quiere que Mirabel se reconcilie con Julieta. Muchas gracias por seguir leyendo y por sus reviews. Abrazos.
Abby L.
