Pasaron los días, pidió que no la molestaran, sólo se dedicaba a ver el tiempo fluir entre sus manos, miraba los jardines, pero su tristeza era cada vez más profunda, convirtiéndola en una mujer callada y ausente. Recordaba esa mirada de ojos verdes, pero nada más que eso, ni un nombre, ni una apariencia, nada. Toneri había intentado visitarla, pero lo rechazaba, no quería a nadie.

- Señora - Yuka había entrado con papeles para ella - traje sus lecturas, se las envía Otsutsuki-san, ah, olvidaba esto - sacó de su kimono una carta y una sonrisa algo cómplice - se la envía Sabaku-sama - había olvidado que le había pedido que enviaran una carta de agradecimiento.

- Gracias - la abrió con algo de premura y expectación, se le conocía por ser un hombre parco y amargado.

Mi apreciada señora,

Recibo con sustancial alegría su agradecimiento, mi más sincera satisfacción es su agrado por los presentes de mi tierra, la cual tiene las puertas abiertas cuando usted disponga. Espero poder mantener con usted una fuerte relación y fortalecer nuestros dominios a través de ella.

Reciba un cálido abrazo,

Sabaku No Gaara

Si bien la había leído en voz alta no sentía nada, ni un poco de calor, sino una profunda apatía por un hombre que parecía ser muy poco sincero. Yuka intentaba animarla con el hecho de que un hombre poderoso la pretendía, pero el argumento caía en vano por el hecho de ser casado, lo que le daba una peor reputación junto con el hecho de tener un hijo y que no se lo había cruzado en su vida. Junto con la carta iban anexadas otras joyas, pero eran más de lo mismo, sabía que le gustaba la orfebrería, debía tener muchas joyas como para regalarle algunas.

Muy lejos de su tierra fría, se encontraba en su estudio el monarca, ya más maduro, sin ver a su hijo y sin prestar atención a nada más que a su trabajo, se había cortado sus rojizos cabellos como símbolo de una nueva etapa, pero ya podía volver a trenzarlo. Desde que tuvo la corazonada, se había esforzado por entablar relaciones con la emperatriz, sus espías no tenían nada de información, su única criada era quien la atendía y era muy custodiada, sólo pudo tener descripciones físicas muy lejanas, que mantenía una larga cabellera y una piel pálida, que usaba grandes kimonos y era muy solitaria, no habían fiestas ni banquetes, sólo estaba ahí, como si esperara que el tiempo pasara y se la llevara.

- Mi señor - le llamó Ibiki, pero ni siquiera levantó la cabeza de sus escritos - su alteza imperial ha respondido y le envía algo más - Gaara enrojeció furiosamente y mientras recibía el paquete sentía su anillo, esperaba que le respondiera en meses, pero habían pasado apenas unos días.

- Muchas gracias - le dio una recompensa y envió oro para el mensajero.

Sabaku-san,

Agradezco su presente y sus cartas.

Saludos,

Su alteza imperial, Hyuga Hinata.

¿Qué diablos respondía a eso? un escrito tan breve que no merecía la pena el viaje del mensajero, frustrado tomó la caja con el presente, era una túnica roja, con una fina navaja, había un doble fondo, se escondía otra carta.

Si lee este escrito, es más curioso de lo que imaginé, no soy acertada con la figura suya, espero le agrade, sepa que espero verlo en mi ceremonia imperial.

Hinata.

Sus ojos humedecieron el pequeño pergamino escondido, tenía que ser ella, con esa naturaleza juguetona, quería verlo de nuevo, tenía la esperanza de recuperar ese antiguo amor, no se había casado, debía estar en sus lujosos aposentos mirando al cielo esperando por él.

En la capital, Neji tenía su primer hijo, con la única mujer que lo había acompañado en las batallas, ahora elegía ser una aristócrata más, destinada a ser madre y cuidar de su marido. Hinata adoraba a su pequeño sobrino, tanto que lo distraía de la espera, no se veía siendo una buena madre, ni siquiera podía recordar el rostro de la suya, ni de su padre, ¿cómo podría hacerlo? los dolores disminuían, pero sus recuerdos no se asomaban.

- Majestad - le interrumpió su criada, casi su amiga, mientras hacía dormir al niño - mañana es el último día para mandar las invitaciones, ¿no cree que hay un señor que espera una carta? - Hinata enrojeció, quedaban dos lunas llena para que fuera la ceremonia.

- Por favor, no es nada de lo que piensas - su corazón latía con fuerza, pero debía ser la emoción de tener un amigo epistolar que no conocía.

En el otro palacio, había un rey en su apogeo midiéndose ropas bordadas con hilos de oro y piedras incrustadas, su general lo miraba a los lejos, temía por la pérdida de cordura y no tenía la fuerza para un golpe de Estado, tal vez si veía a la emperatriz enterraría a esa mujer de una vez, le daría la última oportunidad.

- Mi señor - Ibiki tenía en sus manos una pequeña caja con toques de oro y piedras - lo envía su alteza imperial - el pelirrojo detuvo al sastre y bajó del banquillo.

- Muchas gracias - su rostro parecía iluminarse, era una decoración para su cabello, tenía rubíes y perlas.

Gaara-san

Envío formalmente la invitación a la ceremonia imperial, le espero a usted y a su familia, ansío conocer su rostro y poder hablar con usted cara a cara.

Hinata.

Sus manos temblaban al ver una y otra vez esas palabras, ordenó papel y lápiz, tenía que confirmar su asistencia, sólo le faltaba marchar con su caballo y armadura, Jun se le acercó, era un animal un poco envejecido, olfateó el papel y se apoyó en el pelirrojo, ambos habían envejecido esperando a su única dueña.

- Señora, le ha respondido - Yuka volvía con la carta del joven rey.

- Debe ser la confirmación - dijo sin mucho interés, estaban ordenando todo para los carruajes.

Habían pasado unos días de la orden de Neji para que fuera a la casa de campo con el general mientras hacían remodelaciones en el palacio para adecuar todo para la coronación. Ella accedió, pero sabía que detrás de ello estaba la intención de su primo por volver a ser la pareja de Naruto, casarse y tener muchos hijos.

Mi apreciada señora,

Anhelo poder conocer su rostro como presenciar su ceremonia, que el sol brille con todas sus fuerzas ese día y nos permita presenciar tan magna escena de elegancia y porte que debe tener nuestra tan querida señora.

Sabaku

Yuka soltó una carcajada al sorprender los ojos conmovidos de su señora, era cada vez más cercana la fecha y eso la ponía nerviosa.

- Sólo le falta decir que está a sus pies y enloquecido de amor - luego de leer la carca vio a su amante entrar.

- ¿Qué ocurre? - Hinata enrojeció con fuerza y bajó la mirada.

- Nada de lo que te debas preocupar - guardó la carta en el joyero para luego dejarla con las demás.

- Supe que ese tipo, Gaara ha sido muy insistente contigo - Yuka lo miró enojado por su trato cercano.

- ¿Insistente? por favor, es un rey, tiene cosas importantes que hacer - Hinata suspiró con pesadez y lo invitó a sentarse, además de quedar solos.

- Me molesta, ¿qué hace un hombre casado con una mujer soltera? es una falta de respeto - fumó un poco de su pipa mirando los jardines.

- Toneri, sabes mejor que yo mi importancia en el mapa, ¿no crees que habrán hombres inescrupulosos que quieran arrastrarse en mi habitación por los beneficios que puedo dar? - el albino se sonrojó con fuerza.

- Su actuación es inaceptable, me rehúso a - la chica lo besó con fuerza.

- No puedo pertenecer a nadie, ni a ti ni a mi esposo ni a Gaara - podía ver en su mirada como se quebraba.

- Tú y yo - la abrazó tratando de retomar su papel de romántico empedernido - ¿cómo puedo tolerar esto? - la chica le acarició la espalda.

- A veces quisiera ser una mujer corriente, así no tendría que pensar en nadie más que en mí - Toneri buscaba sus labios con sumo cuidado.

- Te quiero a ti - en eso se escucharon pasos y ropas similares a una armadura, ¿un soldado?

- Todo está listo - Naruto los encontró abrazados y con las ropas desacomodadas.

- Ya veo - el rubio los dejó como si no hubiera visto nada.

Quedando sola antes de emprender el viaje tomó la carta del joyero, resaltó una pequeña llave, pensó en las diferentes cerraduras y encontró una pequeña entrada bajo el tatami, al abrir encontró vestidos similares a los de Suna, joyas y una carta.

"Querido mío,

Nunca leerás esta carta, pero debo decirle adiós a tu recuerdo en mi cabeza, tú has hecho tu vida con otra mujer y yo lo haré con otro hombre, te prometo que es una buena persona y que el destino nos une así como nos unió por un tiempo. Cada día te extraño más, pero he aprendido a vivir con esa sensación de vacío, probablemente seas padre y te deseo lo mejor. No me volverás a ver ni a tener tan de cerca como en los mejores días de mi vida, ahora vuelves a ser mi querido siervo y yo tu dueña, como siempre ha debido ser. No volveré a vestir tus regalos ni usar tus joyas porque resaltan demasiado y me duele porque sé que quien me lo dio, no podrá jamás ser mi esposo cada noche. Te amo y sé que debo dejarte en paz de una vez para poder alcanzar nuestra felicidad y lo que dictan nuestras líneas de sangre.

H."

¿Qué era eso? parecía ser una carta de una Hyuga a un amante, pero todo decía que era de Suna, sería una historia divertida para contarle al pelirrojo. A pesar de ello, le hacía sentir tristeza como una mujer enterraba su amor por la corona, ahora era su turno. En el carruaje camino a la casa de campo pensaba una y otra vez la tristeza de esa mujer, su dolor por despedirse de su amante, de ese amor prohibido tan sincero.

Naruto por su parte miraba a la ventana sin pronunciar palabra, ya había sido demasiado lo que había visto, ¿de dónde sacaba las esperanzas de ser amado por esa mujer? a veces anhelaba que ella fuera como su amante, Shion, una chica de la corte que lo visitaba casi todas las noches. Quería que fuera afectuosa con él, que lo buscara y lo cuidara.

Ambos estaban resignados a casarse, deseando poder llegar al corazón del otro, ambos habían dicho cosas estúpidas y el resto no demoró en devorarlos, personas capaces de sobar sus espaldas y hacerlos sentir seguros, de darles amor y una cama caliente. Sin embargo, no olvidaban que su destino era estar juntos.

- ¿Nos envía Neji para enmendar las cosas? - soltó el rubio tratando de hacer conversación a pesar de sentir miedo de dirigirle la palabra.

- Sí, es lo único que puedo pensar, lo mejor es que tú seas mi emperador consorte - Naruto enrojeció ante esas palabras - no seré sólo tu esposa, tengo mis deberes, pero te cumpliré con los niños que quieras tener - no lo miraba a la cara, seguía pensando en él.

- ¿Qué harás con tu amante? - su comentario la despertó de su letargo.

- ¿Qué harás con tu amante? - le repitió con una sonrisa algo triste.

- Toneri no deja de ser tu maestro, puedo traer a otro - ella negó con la mano.

- Él me gusta mucho, déjalo en paz - jugando con su anillo no demoró en dar el siguiente golpe - yo no molestaré a Shion mientras no lo hagas público - el rubio enrojeció furiosamente y colocó una mano en su nuca.

- Ella es sólo una compañera de habitación - si era sincero se moría de ganas de que ella fuera celosa de otra mujer - mientras que tú te derrites en los brazos de ese muerto de hambre - la chica suspiró un tanto decepcionada.

- Es un poco triste no poder recordar al que fue mi amante, veo tu rostro y no siento nada - Naruto aún sentía algo.

- Recuerdo cómo nos conocimos, no nos llevamos nada bien, tú sólo salvabas a un soldado de la muerte, me llevaste con Neji sin querer uniendo a los últimos Hyuga - le alcanzó la mano haciendo que soltara un grito - luego de estar en el palacio pude estar contigo y era en todo lo que podía pensar - le besó suavemente el dorso mirando directamente a sus ojos.

- Creo que ya llegamos - dijo al sentir detener el carruaje.

Ambos bajaron apenados, Hinata tenía demasiadas cosas en su cabeza, tal vez esa mujer estaba tan atrapada como ella, enamorada de un hombre que no podía tener, el deber era lo primero, pero pudo haber encontrado el amor en su marido, ¿era tan necesario amar a tu esposo? quizás para ella, quizás Gaara podría aclararle las dudas, habían rumores de que él tenía sólo un matrimonio de papel y que no le importaba su esposa, ¿cómo lo hacía?