Resumen: Mirabel conoce a alguien que le muestra lo valiosa que es, por contraste le enseña lo horrible que su abuela es con ella sin siquiera darse cuenta, y la hace caer en cuenta de que no hay lugar para ella en la familia Madrigal.
Notas:
1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)
2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.
SER ALGO QUE NO SOY
CAPÍTULO 6
Casa de los Díaz
Al mismo tiempo
Mirabel estaba terminando de cenar, limpiando la boca de Mariana con una servilleta, cuando los golpes en la puerta hicieron que su hija diera un brinco hacia ella y se abrazara de ella con una expresión asustada. La joven estaba preocupada de que su hija estuviera tan sensible a los ruidos fuertes después del episodio que la dejó herida, así que la abrazó con fuerza.
-Está todo bien, Marianita. Es solo alguien llamando la puerta, no tienes por qué asustarte- dijo Mirabel acariciando sus rizos.
Emilio se levanto para abrir la puerta y se sorprendió.
-¿Camilo Madrigal?¿Qué haces…?- comenzó a preguntar el muchacho.
-Solo… necesito hablar con Mirabel, por favor- dijo el muchacho desde la puerta. Como sonaba preocupado, la aludida puso a Mariana en brazos de Mateo y caminó hacia la puerta con su primo.
-¿Qué pasa?-
-Tenemos que hablar a solas- dijo Camilo dijo con una expresión preocupada- por favor-
Mirabel asintió y cerró la puerta de la casa, quedándose fuera de la casa con su primo. Se sentó en el escalón de la entrada y puso su mano a su lado para que Camilo hiciera lo mismo.
-¿Qué sucede?- repitió ella.
-Es tía Julieta, no está muy bien- dijo Camilo en un tono preocupado- hoy en la cena la abuela nos dijo que apareció la puerta de Mariana, y caí en cuenta de lo que pasaba. Toñito me dijo que ella te curó cuando llegaste, pero te has negado a hablar con ella-
Mirabel frunció el entrecejo sin gustarle mucho el rumbo que había tomado esa conversación. Sí había aparecido una puerta para Mariana como había temido, y ahora caía en cuenta de que Camilo la iba a intentar convencer de hacer las paces con su madre. Respiró hondo.
-Camilo, no quiero hablar de eso- dijo Mirabel cruzándose de brazos- mi mamá…-
-Ella te defendió, Mira, tardó en hacerlo pero te defendió tan pronto como te fuiste del comedor esa noche- dijo Camilo poniendo una mano en su frente- y ha respetado tus deseos, no le ha dicho ni siquiera a tío Agustín que te vio. Se lo ha tragado todo sin decir nada a nadie. Y no lo digo porque sea mi tía favorita…-
Mirabel infló sus mejillas con una expresión obstinada.
-Sí es tu tía favorita- dijo Mirabel.
-No te lo pediría si no estuviera preocupado por ella- dijo el muchacho haciendo una mueca- ya sabes que nuestra familia está rota. Quizá tú eres la única persona que pueda ayudarnos a que vuelva a estar bien-
La mujer sonrió tristemente al pensar en ello. Su familia había estado rota desde antes de que ella se fuera del Encanto, pero tenía razón. Su madre sí la defendió en su momento, solo que temía que Mariana fuera absorbida por la familia Madrigal si reconectaba con ellos. Estuvo a punto de decirle eso cuando escuchó una voz.
-¿Mirabel?-
La aludida se volvió sorprendida hacia donde provenía la voz, y abrió los ojos grandemente al ver de quién se trataba. Podían haber pasado veinte años desde la última vez que lo había visto, pero sabía exactamente quién era por sus cabellos desaliñados y su ruana color verde.
-¿Tío Bruno?- dijo sin aliento.
El hombre parecía tímido, abrazándose a sí mismo, como si no estuviera seguro si debía acercarse o no. No había cambiado mucho, solo parecía más canoso y excéntrico. Mirabel se levantó a abrazarlo, aliviada de verlo vivo y de regreso en el Encanto.
-Tío, ¿cómo estás?¿Por qué te fuiste…?- dijo ella. ¡Tenía tantas preguntas! Recordaba a su tío que, a pesar de ser reservado con la familia, siempre la había tratado con cariño hasta el momento de su desaparición. Bruno hizo una mueca al escuchar esa pregunta.
-Eso no es importante, mariposita- le dijo su tío- vengo a decirte que… tuve una visión. Vas a reconciliarte con tus padres pronto…-
-¿Pero?- dijo Mirabel sin gustarle el tono de su tío.
-Vi que tienes una hija en edad de tener su ceremonia de don- dijo Bruno en voz baja- no dejes que ella te la quite-
Mirabel se llevó las manos a la boca preocupada. Sabía que hablaba de la abuela, y si Bruno había visto algo, quizá valdría la pena reconsiderar el hecho de acercarse a su familia.
-¿Debería volver a ver a mis padres entonces?- le preguntó Mirabel a su tío- no quiero que la abuela me intente quitar a Mariana-
-Claro que sí, no soporto ver a mi hermana así- dijo Bruno con una sonrisa dudosa- ella te ama, y la escuché defenderte muchas veces cuando tú no estabas mirando, igual que Agustín. Incluso Pepa y Félix pelearon con tu abuela la noche que te fuiste-
La mujer caminó en círculos, abriendo y cerrando sus manos nerviosamente, queriendo tomar a Mariana y abrazarla. Finalmente se rindió y se sentó en el suelo junto a Camilo de nuevo, quien la atrajo a sí mismo para abrazarla.
-Estará bien, Mira- dijo Camilo decidido- nosotros te ayudaremos a proteger a Mariana. Tenemos un jaguar de nuestro lado, y tienes toda una familia que se sentiría feliz si supiera que estás aquí-
Mirabel miró a su primo, y después de ello finalmente asintió con una expresión resignada, haciendo que tanto que Camilo como Bruno sonrieran aliviados. El muchacho le dio un apretón para animarla.
-Voy a hablarlo con Mateo- dijo Mirabel en voz baja- no te prometo nada-
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Casa Madrigal
La mañana siguiente
Julieta se levantó de la cama para preparar el desayuno tras una larga noche sin dormir bien. Llevaba años sin lograr dormir bien, desde que su hija menor desapareció del Encanto sin decir nada a nadie. Desde que supo que su hija mayor había sido obligada a casarse con un hombre al que ella no amaba, y al que su sobrina ama, quien se había casado a su vez con un hombre violento. Desde que su sobrino estaba siendo obligado a casarse también y renunciar a su amor.
En serio, ¿qué estaba pasando con su familia?¿En qué momento se había convertido en esto?
La mujer bajó a la cocina, pero no se sentía con fuerzas para cocinar, ni siquiera para encender la estufa. Se sentó en una silla y se cubrió la cara con las manos. Al menos a esa hora de la mañana podía estar en paz, podía llorar en paz el hecho de que su hija no quería verla y que ni siquiera sabía el nombre de su nieta. La idea de que Mirabel hubiera ocultado a su hija cuando ella le preguntó su nombre la había hecho pedazos.
-¿Tía Juli?- dijo Camilo acercándose dudoso hacia ella, haciéndola dar un respingo de sorpresa y rápidamente limpiarse los ojos con el dorso de su mano antes de volverse hacia él, haciendo un esfuerzo por sonreírle
-¿Qué sucede, cariño?- dijo Julieta- lo siento, Cami, el desayuno aún no está listo…-
-No, no es eso- dijo Camilo tomando su mano y enlazando su brazo con el de ella- ven conmigo, nos invitaron a desayunar fuera de casa…-
Julieta alzó las cejas sorprendida al ver a su sobrino tan misterioso.
-¿Dónde?- preguntó ella, pensando en que el pueblo al que servían llevaba años sin ayudarles o invitarlos a nada.
El muchacho no respondió y comenzó a conducir a su tía fuera de la casa Madrigal, donde Agustín y Antonio los estaban esperando.
-Vamos- dijo Antonio con una sonrisa radiante.
-No lo entiendo, ¿qué es lo que están haciendo estos dos?- dijo Julieta sin entender lo que sus sobrinos estaban tramando.
-Ni idea, solo síguelos- dijo Agustín tomando el brazo libre de su esposa y caminando con ella.
La pareja y sus sobrinos cruzaron el pueblo sin decir nada, y pronto se dieron cuenta de que los dos muchachos se dirigían a la salida del Encanto. Agustín no entendía nada, pero el corazón de Julieta dio un salto al pasar cerca de la casa de los Díaz, y se sorprendió al ver que los muchachos iban en esa dirección.
-No, no puedo- dijo Julieta deteniéndose de pronto- ella dijo que no quería…-
-Ayer hablamos con ella, y cambió de opinión, tía- dijo Camilo rodando los ojos- es un poco cabezadura, pero creo que eso todos lo heredamos del abuelo Pedro-
-¿De qué están…?- comenzó a preguntar Agustín, pero se interrumpió al ver la figura que los esperaba en la puerta de la casa de los Díaz.
Mirabel los estaba esperando en la puerta con los brazos cruzados nerviosamente sobre su pecho y una sonrisa dudosa, como si no estuviera convencida aún de que fuera una buena idea hacer eso.
Julieta aceleró sus pasos y se apresuró hacia ella, alcanzándola en dos segundos y envolviendo a su hija en un abrazo que su hija inmediatamente reciprocó. Mientras la abrazaba, Julieta pudo percibir el familiar aroma del cabello de su pequeña y la calidez de su abrazo, tan distinto a los abrazos del resto de su familia.
-Mamá- escuchó a Mirabel decir en voz baja con un toque de cariño, lo que la llenó de alivio.
-Ay, mi niña, lo siento tanto- dijo Julieta apretándola con fuerza como si fuera a desaparecer de pronto si la soltaba- lo siento tanto, no volveré a dejar que te lastimen, te lo prometo-
-Mirabel- dijo Agustín, abrazando a las dos mujeres al mismo tiempo y apoyando su cabeza en ella- ¿cómo es esto posible?¿Cómo…?¿Ustedes dos sabían que ella estaba aquí?-
-Es una larga historia, tío- dijo Antonio con sus manos en la espalda y una sonrisa un poco culpable- estoy seguro de que Mirabel apreciaría que no dijeran nada a los demás-
Tras un largo rato de abrazar a su hija, por fin Julieta aceptó aflojar su abrazo con los ojos llenos de lágrimas, pero pronto se dio cuenta de que no era la única que se sentía así.
-Lo siento, mamá. No sabía que…- dijo Mirabel.
-No tiene caso hablar de eso, mi vida- dijo Julieta acomodando sus cabellos- aquí estás sana y salva, y es lo único que me importa, haberte recuperado después de verte como el otro día-
-Oh, por cierto…- dijo Mirabel dando dos golpecitos en la puerta, la cual se abrió para revelar a Mateo, llevando a la pequeña Mariana de la mano- ven, catarina. Vas a conocer a tus abuelitos-
Mariana se abrazó tímidamente de la pierna de Mirabel, pero ésta tomó su mano y se puso de rodillas con ella.
-Vamos a saludarlos, ¿sí?- le dijo Mirabel sonriendo- ella es tu abuelita Julieta, y él es tu abuelito Agustín-
Julieta se puso de rodillas para ver a la niña a los ojos. Era idéntica a Mirabel de pequeña, excepto por el cabello largo y los ojos miel que había heredado de su padre. Incluso usaba las mismas enormes gafas de color verde. Miraba a sus abuelos como si no estuviera segura de que fuera una broma, pero por fin la sonrisa confiada de Mirabel la hizo sentirse mejor.
-Me llamo Mariana- dijo la niña.
Julieta tomó a la niña y la abrazó, aliviada de poder hacerlo por fin y agradecida con Mirabel por dejarla conocer a la pequeña. Mientras la abrazaba juró que nunca dejaría que nadie, ni siquiera su madre, dictara algo hacia ella como había hecho con sus hijas. No después de haber abierto los ojos sobre lo horrible que había sido Alma con sus tres niñas.
Cuando levantó la mirada, Agustín aún seguía abrazando a Mirabel, y dejó que él también abrazara a Mariana, y ella se ocupó en abrazar a sus dos sobrinos, que habían hecho eso posible: esos muchachos habían convencido a Mirabel, y sabía bien que no había sido fácil.
La pareja pasó todo el día con los Díaz, disfrutando a su hija y a su nieta. Para el final de la tarde, Mariana estaba riendo a gusto con sus abuelos como si los hubiera conocido toda su vida.
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Casa Madrigal
Esa noche
Tan pronto como Mariana comenzó a quedarse dormida, Julieta y Agustín se despidieron de los Díaz y comenzaron a caminar de regreso a casa tomados de la mano con una sonrisa, pero ésta se borró tan pronto como se acercaron a la casa Madrigal.
-Ellos dos parecían muy felices- dijo Julieta en voz baja- al parecer como nuestra familia-
-Sí, pero al menos ella…- dijo Agustín, iba a decir que estaba feliz, pero no se atrevía en caso de que Dolores estuviera escuchando- al menos está feliz-
Agustín sentía como si le hubieran quitado un enorme peso de encima al ver a su Mirabú tan feliz con su esposo y su hija. Mateo era un buen hombre que había cuidado bien de ella y la había hecho sentir amada e importante, algo en lo que él mismo había fallado los primeros años de su vida, y definitivamente había fallado con sus otras hijas, sobre todo con Isabela.
¡Oh, lo mucho que Isabela y Luisa amarían conocer su sobrinita si tuvieran la oportunidad!
Era una lástima que tuvieran que ocultar la presencia de Mirabel de Alma Madrigal, y entendía muy bien la preocupación de su hija. Él tampoco quería que Alma rompiera el espíritu de Mariana como había hecho con todos los nietos Madrigal.
-¡Julieta!- la voz chillante de su suegra rompió el silencio en el momento entre ello. Alma estaba furiosa en la puerta de la casa con sus manos en la cintura, y se preparó psicológicamente para que Alma volviera a gritarle a su esposa- ¡¿dónde rayos estuviste todo el día?!¡No había nadie en la casa para cocinar el desayuno ni la comida!-
-¡Basta, mamá!- dijo Julieta cruzando los brazos y frunciendo el entrecejo- todos aquí tienen manos para prepararse de comer. ¿O me vas a decir que si no estoy aquí todos van a morir de hambre si yo no estoy?-
Agustín hizo todo su esfuerzo para no sonreír en ese momento, pero estaba de lo más orgulloso de que su esposa por fin comenzara a poner un alto a las tonterías de la señora Alma. Camilo dejó escapar una carcajada sin ninguna vergüenza, y Antonio se cubrió la boca con las manos para no hacer lo mismo. Incluso Isabela estaba sonriendo gratamente sorprendida.
Aquello enojó más a la anciana.
-¡¿Esa es manera de hablarle a tu madre?!- dijo la abuela- ¿qué te picó que estás más grosera que de costumbre?-
-Oh, quizá el hecho que has pasado la última década atormentando a mis hijas y a mis sobrinos, y no había dicho nada al respecto- dijo Julieta en el mismo tono molesto- Isa está casada con un hombre que no ama, haces trabajar a Luisa todo el día, además de que tú fuiste quien ahuyentó a Mirabel de la casa, y gracias a ti nos hemos perdido muchas cosas. No estoy dispuesta a continuar con esto-
CRAC
Todos dieron un colectivo respingo de sorpresa al escuchar un crujido que cimbró la casa. Horrorizada, la abuela entró a la misma y se apresuró a su habitación para revisar las puertas. Agustín se asustó por un momento, y una nueva grieta apareció en la pared de casita. Bruno se puso las manos en las sienes y sacudió la cabeza antes de tomar un puñado de sal y lanzarlo sobre su hombro.
Las puertas aún brillaban como siempre; al parecer la magia seguía ahí. Y Alma al parecer decidió no tentar su suerte y dejó de gritarle a Julieta.
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Casa de la familia Díaz
La mañana siguiente
Mirabel había acordado con Mateo cuando llegaron que ese sería el último día que pasarían en el Encanto antes de regresar a casa, pero una parte ella no quería irse ahora que había vuelto al que había sido su hogar. Después de cinco años de rencor y enojo, ahora caía en cuenta de que el problema no había sido su familia entera sino Alma, quien la había hecho sentir mal todo el tiempo, y que su familia no había sido cómplice, sino otra víctima de ella.
Y haber pasado tiempo con Camilo, Antonio y sus padres hizo que quisiera verlos más tiempo.
Esa mañana Antonio se había escapado de sus deberes de nuevo para visitar a su prima favorita, y estaba jugando con Parce y Mariana mientras que Mirabel los observaba pensativa.
-Podemos quedarnos más tiempo si así lo quieres, mi amor- dijo Mateo sentándose a su lado y abrazándola- después de todo no queremos que en La Esperanza crean que hubo un remedio mágico que te curó de la herida-
-No seas ridículo, claro que tenemos que volver a casa- dijo Mirabel sin quitar la vista de su hija y su primo, sin poder evitar sonreír - no podemos quedarnos aquí para siempre-
-Mmm- dijo Mateo besando su mejilla cariñosamente- a mí me parece que no quieres irte de aquí-
Mirabel no respondió y apoyó la cabeza en su hombro. ¿Realmente quería irse? Al menos mientras que la abuela siguiera siendo la ama y señora del Encanto, sabía que no había lugar para ella en ese sitio, y que existía el riesgo de que descubriera la existencia de Mariana.
Aún estaba pensando en ello que no se dio cuenta de que Mariana había subido al lomo de Parce y éste salió corriendo hacia el pueblo, seguramente habiendo olfateado algo. Dando un grito asustado, la niña se aferró al lomo del jaguar, y a pesar de que Antonio lo llamó para que dejara de moverse, cuando Parce se detuvo la niña cayó al suelo y comenzó a llorar.
El grito de Mariana trajo a Mirabel de regreso a la realidad, y corrió hacia donde estaba su hija sin caer en cuenta de que había entrado a la zona del Encanto donde Dolores sí la alcanzaría a escuchar. Se puso de rodillas y vio que su hija solo tenía un raspón en una rodilla.
-¡Mamaaaaa!- lloró Mariana, lanzándose al cuello de Mirabel y sollozando en voz alta.
-Shhh… todo está bien, catarina- dijo Mirabel frotando la espalda de la niña- fuiste muy valiente agarrándote fuerte de Parce. Solo es un raspón, tu abuelita va a curarte en un momento-
-Sniff… ¿en serio?- dijo Mariana.
-Ajá- dijo Mirabel limpiando las lágrimas de la niña con su mano- Toñito puede decirle a Parce que la traiga. ¿Eso quieres?-
Mariana asintió tallándose los ojos, al mismo tiempo que Mateo las alcanzó. Estaba aliviado de que no hubiera pasado a mayores, pero de pronto borró su sonrisa.
-Eh… mi amor, creo que tenemos un problema-
Fue entonces que Mirabel se dio cuenta de que estaba junto a uno de los caminos del Encanto, donde su prima sí podía escucharla. Tragó saliva y se puso de pie abrazando a Mariana. ¿Ahora qué hacía?¿Se iba del Encanto inmediatamente?¿Se escondía en casa de los Díaz?¿Iba a saludar al resto de su familia?
Esa última opción le daba miedo. Quisiera o no, aún tenía miedo de Alma, sobre todo lo que eso podía significar para Mariana. Pero las palabras de Julieta la tarde anterior la tranquilizaron un poco.
"Mamá me prometió que no dejaría que nada malo pasara", dijo Mirabel abrazando a Mariana y respirando hondo, resignada a que todo estaría bien, "mi niña estará bien".
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Casa Madrigal
Al mismo tiempo
El resto de los Madrigal estaban en el comedor terminando de poner la mesa esa noche cuando de pronto Dolores dejó caer un plato al suelo, el cual se quebró haciendo un fuerte ruido, llamando la atención de todos los demás.
-Mija, ¿qué sucede?¿Estás bien?- dijo Pepa caminando preocupada hacia Dolores.
-Mamá, ¡Mirabel está aquí!- exclamó ella de pronto- y… ¡y Luisa tenía razón, tiene una hija!-
Camilo dejó caer la arepa que se acababa de robarse de la impresión, y el resto de la familia miró sorprendida a Dolores. Julieta se llevó una mano a la boca preocupada, sobre todo porque sabía que Mirabel no quería que se descubriera eso, Agustín frunció el entrecejo y Bruno se ajustó la capucha de su ruana, como sintiéndose culpable.
Alma Madrigal abrió la boca y luego la cerró sorprendida mientras veía a todos sus nietos salir corriendo de la casa, seguidas de Pepa, Félix y el resto de la familia. Ella no se movió, se quedó en su sitio ponderando lo que acababa de suceder.
Dolores corrió hacia donde escuchó hablar a Mirabel, Mateo y la niña sin poder creer que por fin volvería a ver a su prima perdida, seguida del resto de su familia. Los alcanzaron en la orilla del pueblo, donde Mirabel estaba resignada mientras que Mateo cargaba a Mariana en sus brazos.
Lo primero que pasó fue que Isabela se abrió paso entre ellos y abrazó a su hermana menor, casi cayendo al suelo junto con ella por el impulso.
-Woaa…- dijo Mirabel luchando por mantener el equilibrio. Aquello había sido lo último que se esperó de su hermana mayor, habiendo estado segura que la detestaba hasta ese momento.
-¡Miraaaa!- exclamó Isabela dándole un apretón y haciendo aparecer cientos de pelechas flores sobre ella- ¡lo siento tanto, Mira! Fui una horrible hermana contigo…-
Mirabel pareció resistirse un poco al inicio, pero su resistencia solo duró un segundo porque inmediatamente abrazó de regreso a su hermana, justo antes de que ambas fueran aplastadas por un abrazo de Luisa.
-Buaaa… ¡Mirabeeeel!- exclamó Luisa llorando en voz alta- ¡te extrañé mucho!-
-Yo también te extrañé, Luisita- dijo Mirabel con una leve sonrisa mientras a soltaba, sin haber sido capaz de hablar con el apretón y soltándola para que Dolores tuviera su turno de abrazarla.
Mariana había estado mirando la escena extrañada desde los brazos de Mateo, pero volvió a sonreír al ver a sus abuelos.
-Abuelita- dijo Mariana en voz alta, interrumpiendo los abrazos a Mirabel y llamando la atención de todos cuando la niña extendió uno de sus brazos hacia Julieta- me raspé la rodilla-
-Ah, no te preocupes, Marianita, aquí tengo una arepa para ti- dijo Julieta entregando la comida a la niña para que curara su raspón. Aquello hizo que todos volvieran a ver a Julieta.
-Espera, ¿tú sabías que Mirabel estaba aquí, Julieta?- dijo Pepa ofendida mientras abrazaba y hacía llover sobre Mirabel, y añadió cuando vio a su hermana asentir- ¿por qué no nos dijiste nada sobre esto?-
-Porque yo le dije que no quería que dijera nada- dijo Mirabel seriamente- lo siento mucho, tía Pepa. Desde que la abuela prácticamente me echó de la casa he estado muy molesta con todos ustedes por no haberme defendido de ella, pero al hablar con Toñito, Camilo, Bruno, mamá y papá me hizo caer en cuenta de que ustedes estaban en la misma situación que yo. O peor-
Pepa iba a contradecirla, pero no lo hizo al caer en cuenta de que tenía razón. Tras los abrazos y las presentaciones (a las que Mariana solo respondió con una sonrisa tímida desde los brazos de su abuela), Mirabel y Mateo estuvieron a punto de despedirse cuando vieron a la abuela caminar hacia ellos.
El corazón de Mirabel se detuvo de puro horror de volver a verla después de casi seis años. Era una figura que le daba pena, una anciana enferma y aun confundiendo el miedo de su familia por respeto, pero seguía siendo la persona que la había hecho sentir como si nunca fuera suficiente. Mateo instintivamente tomó a Mariana de brazos de Julieta y la abrazó, dando un paso atrás para alejarla de ella, y Mirabel se plantó frente a él para ocultar a su hija de la vista de Alma.
-Mirabel, estás de vuelta- dijo la abuela deteniéndose por fin, diciendo eso como si estuviera comentando sobre el clima.
-No, solo estábamos de visita con mis suegros- dijo Mirabel seriamente- gracias por todo, pero ya nos vamos…-
-Espera, ¿no vas a presentarme a tu hija?- dijo Alma. Su expresión era difícil de leer, claramente haciendo un esfuerzo por no decir algo que fuera a ofenderla- ella es una Madrigal después de todo-
-No lo es, señora Alma- dijo Mateo frotando la espalda de Mariana, quien había captado la tensión de sus padres y estaba asustada.
-La puerta de esa niña está en la casa. Tú sabías que pasaría eso cuando te casaste en la familia Madrigal- dijo Alma torciendo la boca. Todos sabían que a Alma jamás le agradó Mateo, y siempre lo culpó por la huída de Mirabel.
-No, abuela. Yo me casé en la familia Díaz, no él en la familia Madrigal- la contradijo Mirabel- por si no lo recuerdas, Mateo y yo nos casamos solos la noche en que me dijiste que no había lugar para nosotros en tu casa. Ninguno de los tres pertenecemos a tu familia-
-¡Mirabel Madrigal, esas no son formas de…!- dijo la abuela.
-Ya no soy Mirabel Madrigal, ¿qué no me escuchaste?- la interrumpió la joven- ya no pertenezco a tu familia ni a tu precioso Encanto, así que no tienes nada que ordenarme. Ya dije que mi hija no va a tener un don hasta que sea mayor y lo decida por sí misma-
-Pero… ¡ella tiene una puerta!- insistió Alma sin poder creer que su nieta la estuviera contradiciendo.
-Ya déjalos en paz, mamá- intervino Julieta captando que su hija y yerno no querían tener esa conversación, y menos ahí- esa es su decisión, no la tuya-
Mirabel se volvió agradecida hacia Julieta por un momento antes de hacer una señal a Mateo para que diera media vuelta y se alejara de Alma a paso acelerado sin soltar a Mariana, caminando con dirección a la casa de sus padres. Por su parte, los Madrigal miraron sorprendidos a Mirabel sin poder creer la manera en la que la joven había puesto a la abuela en su sitio y se había negado a presentarle a su hija.
-Parece que tú no has aprendido nada desde que te fuiste- siseó la abuela al ver que no se saldría con la suya- sigues siendo tan problemática y arrogante como siempre-
-Evidentemente tú tampoco has aprendido nada en todos estos años, Alma- dijo Mirabel fríamente- no vivo bajo tus reglas, y no quiero a mi hija cerca de ti-
La abuela se enfureció y regresó a la casa dando tumbos, Mirabel respiró aliviada una vez que la mujer mayor se fue de regreso a la casa Madrigal, pensando que se había resignado a dejarla en paz.
Julieta se acercó a abrazar a su hija menor, quien la abrazó de regreso.
-Gracias, mamá- dijo en voz baja.
-No me lo agradezcas, mi vida- dijo Julieta- es algo que debí haber hecho más seguido cuando aún vivías con nosotros-
-¿Podemos quedarnos más tiempo contigo?- preguntó tía Pepa tímidamente, mirando de reojo el sitio donde Mateo y Mariana habían estado hacía unos momentos- no sé los demás, pero yo te he extrañado muchísimo-
Mirabel asintió con una sonrisa, pensando en que quizá no era tan malo que el resto de su familia la hubiera descubierto. No era como que se iba a quedar más tiempo ahí de todos modos, pronto volvería a La Esperanza y tendría la consciencia tranquila de haber hecho las paces con la mayoría de su familia.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Por fin el resto de los Madrigal supieron que Mirabel estaba de regreso, pero Mirabel y Julieta plantaron los pies y declararon que no van a dejar que la abuela se meta con Mariana.
Muchas gracias por seguir leyendo. Abrazos.
Abby L.
