Resumen: Mirabel conoce a alguien que le muestra lo valiosa que es, por contraste le enseña lo horrible que su abuela es con ella sin siquiera darse cuenta, y la hace caer en cuenta de que no hay lugar para ella en la familia Madrigal.

Notas:

1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)

2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.

SER ALGO QUE NO SOY

CAPÍTULO 7

Fuera de la casa de los Díaz

Más tarde

Mateo sonrió cálidamente apoyando su espalda en la pared mientras que que veía a la mayor parte de la familia de Mirabel, la parte que sí la amaba por quien era, pasar tiempo con ella y su familia. A pesar de sus protestas, él sabía lo mucho que su esposa los había extrañado, y estaba aliviado de que las cosas estuvieran comenzando a arreglarse con los Madrigal.

Los Díaz no habían estado muy seguros de querer recibirlos en su hogar, pues aún estaban ofendidos por la manera en que Mirabel y Mateo habían sido tratados en el pasado, pero tras escuchar la manera en la que todos habían comenzado a rebelarse contra el control de Alma habían decidido perdonarlos también.

Vio a su esposa muy pensativa hasta que las risas de Mariana interrumpieron los pensamientos de Mirabel, haciéndola sonreír ampliamente cuando la niña se dejó caer en su regazo.

-¿Te estás divirtiendo, catarina?- dijo ella abrazando a la niña, quien estaba llena de flores para ese entonces.

-Ajá- dijo Mariana con una amplia sonrisa- ¿podemos quedarnos para siempre aquí con todos mis abuelitos?-

-Siempre es mucho tiempo, ¿no crees?- dijo Mirabel abrazándola y apoyando su mejilla en su cabecita para que no viera que borró su sonrisa. Otra vez esa conversación. Volvió sus ojos a Mateo, quien no atinó sino a sonreírle al escuchar eso.

-Mmhm- dijo Mariana ladeando su cabecita y separándose de ella para verla a los ojos- pero los abuelitos están aquí. Y tío Cami y tío Toñito. Y tía Isa-

-Oh, ¿ya te encariñaste con tu tía Isa?- dijo Mirabel alzando una ceja y mirando de reojo a su hermana.

Isabela rió sacudiendo sus hombros orgullosa y ajustándose el cabello mientras que su hermana la observaba con atención y mientras acariciaba el cabello de Mariana. Isabela había creado una corona de flores y la puso en la cabeza a la niña. Su hija había heredado su gusto por los colores, y las coloridas flores de Isabela le habían encantado.

Tutú se sentó en el regazo de la niña y maulló, haciendo reír a Antonio, pero no dijo nada.

Mateo se limitó a observar desde la entrada de su casa, encantado de ver a su esposa reír mientras pasaba tiempo con sus hermanas, y no pudo evitar sonreír al verla tan feliz incluso entre las personas que Mirabel creyó que sería miserable. No se arrepentía de haberla convencido de quedarse unos días más en el Encanto, y adoraba verla tan feliz.

Un par de manos se posaron en los hombros de Mateo, y éste se sorprendió al ver a Agustín mirándolo con una cálida sonrisa. Su suegro parecía haber envejecido en esos años en los que no estuvieron, seguramente por preocupación por sus hijas, al igual que Julieta.

-No te he agradecido por lo que hiciste por mi hija, Mateo- el joven escuchó decir a su suegro- gracias por haberla protegido y hecho feliz durante todo este tiempo…-

-No tiene que agradecerme nada, señor- lo interrumpió Mateo volviendo a mirar de reojo a su esposa y a su hija. No había hecho nada de eso para que se le agradeciera, sino porque amaba a esa mujer y haría lo que fuera para hacerla feliz, incluso irse del Encanto y lejos de sus padres para que ella dejara de sentirse rechazada.

-Aún así te lo agradezco. Eres un buen hombre- dijo Agustín dándole una palmada antes de caminar hacia donde estaba su esposa.

Al ver a su hija hacerle una seña con sus manitas, Mateo se dirigió a donde estaban Mirabel y Mariana. La niña saltó del regazo de su madre y corrió hacia él.

-¡Papi!- dijo Mariana abrazando al joven y mostrándole su corona de flores de colores- ¡mira las flores que hizo tía Isa!¡Tienen muchos colores!-

-Vaya, eres toda una princesa, mi catarina- dijo Mateo besando la mejilla de la niña antes de sentarse junto a Mirabel y tomar su mano, haciendo que su rostro se iluminara. El joven la besó pensando lo linda que se veía cuando sonreía así.

x-x-x

Casa Madrigal

Dos días después

A petición de Mariana (y del resto de sus dos familias), Mirabel y Mateo aceptaron quedarse un par de días más en el Encanto. El joven sabía que su esposa se sentiría mejor si pasaba un poco de tiempo con su familia antes de irse, y que el poder permanecer en contacto con ellos cuando se fueran (como había estado con Antonio) sería una buena idea.

Esa mañana Julieta los había invitado a la casa Madrigal para enseñar a Mariana a hacer arepas. A pesar de sus reservas sobre ir a su antiguo hogar, Agustín le había asegurado que Alma no estaría porque iría a una reunión con los líderes del pueblo que tomaría toda la tarde, así que por fin Mirabel había cedido y la había llevado.

Cuando llegaron a la casa donde había nacido y crecido, Mirabel se sintió un poco triste porque casita no le respondía. Era una pena, pero no le dolía tanto ya que sabía que casita ahora estaba con ella en La Esperanza y que pronto la vería. Aún así, el entrar a la casa Madrigal le trajo recuerdos tanto buenos y malos: cuando ella y Camilo jugaban futbol en el patio, las ceremonias de sus hermanas y primos, su propia ceremonia, las comidas familiares…

-¡Mami!¡Ahí está abuelita!- dijo Mariana soltando su mano y corriendo hacia Julieta, quien se puso en cuclillas para saludarla. Una vez que hizo eso, se volvió a saludar a Mirabel con un gran abrazo y un beso en la mejilla como solía hacer.

-Bienvenida, Mariana. Vamos a lavarnos las manos para empezar, ¿sí?- dijo Julieta.

-¡Sí!-

Las tres caminaron a la cocina, donde Julieta subió a Mariana a un banquillo para que pudiera lavarse las manos. Mirabel mientras tanto se quedó en el comedor con Camilo y Antonio, quienes le estaban contando anécdotas de sus respectivas novias, y sonrió al escuchar que su primo menor ya tenía una pareja.

Al principio Mirabel no se arrepintió de haber ido a su antiguo hogar cuando vio a Mariana tan feliz con sus manitas en un recipiente de masa, "ayudando" a Julieta a hacer arepas mientras ella continuaba su conversación.

-Ah, parece que le falta un poco de agua a la masa- dijo Julieta con una sonrisa, poniendo un poco más de agua en el recipiente.

Mirabel sonrió: vio a Mariana tan feliz con su abuela que no se sorprendía de que quisiera quedarse ahí para siempre, pero ella seguía sin estar segura. Mientras Alma estuviera a cargo del Encanto ella no quería quedarse. Ya cuando el control pasara a otra persona (Isabela seguramente) ella podría considerar regresar, pero no ahora.

Esa premisa había sido muy difícil de entender para ella: que su familia no había sido el problema, sino Alma.

-¿Puedo poner las arepas en el fuego, abuelita?- dijo Mariana, interrumpiendo los pensamientos de Mirabel. Iba a pedirle a su madre que no la dejara por miedo a que se quemara las manitas, pero Julieta respondió antes.

-Creo que será mejor que esta vez lo haga yo, cariño- dijo Julieta encogiendo levemente los hombros- ya podrás hacerlo tú cuando seas mayor. Mientras tanto puedes ayudarme a doblar las servilletas para tomarlas-

Mirabel respiró agradecida con su madre. Era evidente que Julieta se había encariñado rápidamente con ella, y Mariana parecía bastante cómoda con ella. Camilo y Antonio daban vueltas en la cocina esperando a que las arepas estuvieran listas, sonriendo al percibir el olor. El mayor se asomó a la cocina con una sonrisa colmilluda.

-Vaya, las arepas de Mariana huelen muy bien- dijo Camilo conforme las primeras iban saliendo del comal hacia un plato- ¿puedo comerme una?-

Mariana tomó el plato con cuidado y caminó hacia Mirabel para que tomara una, antes de hacer lo mismo con Antonio y Camilo.

-¡Están muy ricas, catarina!- dijo Mirabel con una sonrisa tras probarla- tienes buena mano para cocinar-

-Sí, están tan buenas como las que prepara tía Julieta- dijo Camilo, haciendo que Mariana ampliara su sonrisa emocionada por el cumplido.

-Creo que deberías guardar unas pocas para llevar a tu papá y a tus otros abuelos, para que las puedan probar también- dijo Mirabel.

-Sí, mami-

-Las guardaré en una servilleta para que te las puedas llevar más tarde- dijo Julieta levantando a Mariana de nuevo en el banquillo y acercándose al lavabo para que se levara las manos otra vez- estoy segura de que les gustarán mucho-

-Muchas gracias, abuelita- dijo Mariana secando sus manitas y tomando una arepa.

Los cinco estaban comiendo las arepas en la cocina cuando de pronto Bruno entró con sus ojos verdes encendidos y una expresión preocupada.

-Mirabel, no puedes estar aquí- dijo Bruno bruscamente. La aludida alzó una ceja sin entender qué era lo que estaba ocurriendo, pero no dijo nada, cayendo en cuenta de su tío era una persona con habilidades sociales diferentes. Al ver que Mirabel no se movía y lo miraba interrogante, Bruno agregó- ella ya viene en camino-

A pesar de que no dijo su nombre, todos los presentes (salvo Mariana) supieron de inmediato a quién se refería. Mirabel tragó saliva y se volvió a Julieta un poco asustada, quien asintió y envolvió rápidamente las arepas al mismo tiempo en que Pico se posaba en el hombro de Antonio y graznaba un par de veces.

-Oh no- dijo el adolescente mirando hacia fuera- es demasiado tarde-

Mirabel sintió un feo vuelco, sabía que significaba eso cuando escuchó el clic constante del bastón que su abuela ahora utilizaba para caminar. Tomó la mano de Mariana para que no se separara de ella y respiró hondo, esperando que Alma pasara de largo y subiera a su habitación, pero eso no pasó.

-¿Qué están haciendo todos aquí?- dijo Alma entrando a la cocina, y alzó las cejas al ver que Mirabel también estaba ahí. La joven tragó saliva e hizo que Mariana se escondiera detrás de ella. No fue necesario el esfuerzo porque la misma niña se escondió.

-Está bien, mamá. Mirabel y Mariana ya se iban a casa de los Díaz- dijo Julieta usando su cuerpo para bloquearlas a ambas de la vista de Alma. Con eso, Mirabel trató de escabullirse con su hija por un lado para salir de casita utilizando a Julieta como una barrera entre ella y Alma.

-Tonterías, no tienen por qué irse- dijo Alma empujando a Julieta hacia un lado y tomando la mano de Mariana antes de que Mirabel pudiera evitarlo- que bueno que recapacitaste sobre esto, Mirabel, ya podemos comenzar a preparar la ceremonia de Mariana-

Mirabel se detuvo, no porque quisiera escuchar a su abuela sino porque no quería lastimar a Mariana tirando de su bracito. Bruno se cubrió la cabeza con la capucha de su ruana sacudiendo la cabeza y murmurando algo en voz baja.

-No va a haber ceremonia, abuela. Mateo y yo nos vamos del Encanto mañana y solo vine con Mariana a despedirnos- dijo Mirabel con calma.

-Tonterías, no pueden irse sin que ella tenga su don- dijo Alma sin soltar a la niña.

-Ya dije que no. Mateo y yo decidimos que no vamos a aceptar eso- dijo Mirabel- cuando Mariana sea mayor podrá decidir por sí misma si quiere un don para trabajar por esta comunidad, pero por ahora que es pequeña nosotros decidimos que no. Ahora, suelta a mi hija-

Pero Alma no estaba escuchando y no había soltado a Mariana, sino que tiró de su brazo de nuevo tan fuerte que la arrancó de la mano de Mirabel.

-¡Pero qué tonterías dices!- dijo Alma arrastrando consigo a Mariana, que había comenzado a asustarse, cada vez más lejos de la puerta- ¿cómo puedes sugerir algo tan ridículo? No es culpa de tu hija que tú no tengas don-

Al escuchar esas palabras, las inseguridades de Mirabel volvieron a salir a la superficie, pero la voz de su hija la mantuvo en el sitio. ¡Esa no era la razón por la que no quería que Mariana tuviera un don.

-Mami…- dijo Mariana extendiendo su manita hacia ella y tratando de soltarse de Alma, pero estaba bien sujeta- ¡mami!-

-Mamá, deja en paz a Mariana, la estás lastimando- dijo Julieta preocupada al ver a su nieta tratando desesperadamente de soltarse de esa mujer que le estaba gritando a su madre.

-Abuela, por última vez, suelta a mi hija- dijo Mirabel caminando hacia ambas, y Alma alejó a Mariana de nuevo de ella tirando de su brazo.

-Ya sé cuál es tu problema, Mirabel: ¡es que estás resentida con el milagro por no haberte dado un don, y no quieres que tu hija tenga lo que tú no tuviste!- dijo Alma aún tirando del brazo de la niña- eso no es culpa de la niña-

-¡Aaaaaaaaah, duele!¡Mami!¡Mami!- gritó Mariana desesperada.

Mirabel no sabía que hacer. Quería arrancar a Mariana de las garras de la mujer que tanto la estaba asustando, pero no quería lastimarla más de lo que seguramente estaba después de tantos tirones en su bracito, y cada vez que se acercaba a ellas la abuela daba otro tirón a su brazo.

-Mamá, déjala por favor…- intervino Bruno cada vez más nervioso. No era común que él le respondiera a su madre pero lo hizo a pesar de su miedo.

-¡La estás lastimando!- dijo Julieta caminando hacia ella y tomando la muñeca de Alma que tomando el bracito de Mariana, pero aún así la anciana no soltó su agarre.

-¡Abuela, por favor déjala!- dijo Antonio horrorizado sin saber que hacer. Camilo estaba igual, no podía creer que Alma estuviera arrastrando así a la pobre niña.

-¡Mami!¡No me dejes, mami!- gritó Mariana aún más fuerte con lágrimas en los ojos, extendiendo sus bracitos hacia ella para que la tomara en sus brazos.

Frustrada por no saber qué hacer, Mirabel pidió ayuda a quien siempre estuvo para ella en ese sitio, desde que había nacido.

-¡Casita, ayúdame por favor!- dijo olvidando por un momento que esa casa ya no se movía.

Para sorpresa de todos los presentes, los azulejos a los pies de la abuela se movieron violentamente, haciéndola tropezar de espaldas y soltar a Mariana de la impresión. Bruno y Julieta, quienes estaban tratando de hacerla recapacitar para que soltara a la pequeña, la atraparon para que no cayera de espaldas al suelo y se quebrara algo, mientras que los azulejos movieron a Mariana directo a los brazos de Mirabel, quien se arrodilló en el suelo para atraparla.

-¡Mami!- dijo Mariana. Mirabel la envolvió con sus brazos- mami, me dio mucho miedo…-

-Shhh… ya está todo bien, mi chatita. No se te va a acercar de nuevo- dijo Mirabel frotando la espalda de la niña para tranquilizarla. Camilo y Antonio se acercaron para asegurarse de que estuviera bien, y los gritos habían sacado al resto de la familia al patio.

-¿Qué está pasando?- dijo Isabela con una expresión furiosa al ver a la pequeña sollozando asustada en brazos de su hermana- ¿por qué mi sobrinita está llorando?-

Nadie respondió a Isabela, así que usó una liana para bajar al patio y acercarse a Mirabel con algunas flores, pero Mariana no le prestó atención y seguía llorando aferrada a la blusa de su mamá. Preocupada, Julieta tomó un arequipe de la cocina y se lo dio para curar su brazo.

-Come esto, mi niña- dijo la mujer inclinándose hacia donde su hija estaba de rodillas para consolar a Mariana- cuando lo comas te sentirás mejor-

Con lágrimas en los ojos, Mariana soltó su manita sana de la blusa de Mirabel y tomó el arequipe, metiéndolo a su boca y tragando. Su bracito se curó de inmediato, pero siguió sollozando en brazos de su mamá.

Alma estaba lívida por lo que acababa de presenciar. No podía creer que un miembro de su familia no la escuchara y que no solo Mirabel, sino que Bruno, Julieta y los demás estuvieran rebelándose. No solo eso, el hecho de que casita hubiera regresado cuando Mirabel le pidió ayuda la enfureció.

-Ugh, ¡no puedo creer que seas tan egoísta, Mirabel!- dijo la abuela una vez que recuperó el equilibrio sin importarle que toda su familia estuviera ahí- no, lo único que eres es una resentida. ¡No eres nada especial y quieres quitarle la posibilidad a tu hija lo sea!-

-¡Ya basta, mamá!- dijo Julieta plantando los pies antes de que su hija tuviera siquiera la oportunidad de procesar lo que le habían dicho- Mariana es hija de Mirabel, y tienes que respetar su decisión que tomaron. ¿No crees que ella y Mateo ya hablaron de ello?-

-¡Tú no te metas en esto, Julieta!- escupió Alma volviéndose hacia ella- esto también es tu culpa. Tu hija siempre fue egoísta, solo queriendo llamar la atención y causar problemas para todos para sentirse especial. No me sorprende que el milagro le quitara su don porque ella no lo merecía. Y Mateo, ese sucio pastor que solo vino a meterle ideas inútiles y problemáticas en la cabeza. ¡Mejor hubiera sido que los Díaz nunca hubieran entrado al Encanto, porque nada de eso hubiera pasado si no fuera por él!-

Mirabel se quedó helada al escuchar eso. Su falta de don siempre le había dolido, pero había estado orgullosa de ser una Madrigal incluso a pesar de cómo la trataba su abuela, justo antes de conocer a Mateo y darse cuenta que era valiosa por como era, no por su familia. Furiosa, levantó a Mariana en sus brazos y se volvió para encarar a Alma.

-¿Sabes una cosa?¡Qué bueno que no tuve un don!- dijo Mirabel seriamente- ¡qué bueno que no me obligaste a casarme con alguien que te conviniera como al resto de la familia! ¡Qué bueno que no tuve un don, o quizá habría sido orillada a vivir en las paredes de la casa como tío Bruno!¡Qué bueno que no tengo don, no tuve que trabajar como el resto de la familia como esclava de este pueblo, donde sus habitantes no han podido ni ponerse los zapatos sin ayuda de un Madrigal por cincuenta y cinco años! ¡Qué bueno que no fui lo bastante importante para ti, así me dejaste en paz! Y después de haber visto todo eso, ¿aún puedes criticarme por no querer que mi hija pase por lo mismo que los demás en esta familia?-

Alma pareció sorprendida de la perorata de Mirabel, pero pronto salió de su sorpresa y se acercó a ella con las manos empuñadas. Su nieta dio un paso atrás para alejarse, y casita la separó aún más moviendo los azulejos bajo los pies de la anciana.

-¡Lo único que has hecho es dañar a todo el mundo!- dijo Alma alzando cada vez más la voz- ¡casita desapareció por tu culpa!-

Mirabel torció la boca al escuchar eso.

-Yo no he dañado a nadie. ¿Y qué crees?¡Casita se fue a vivir con nosotros en la Esperanza!- dijo ella- ¡incluso ella pudo ver que esta familia estaba rota!-

-¡A ti nunca te importó esta familia!- dijo la abuela.

-¡Yo amaba a esta familia! Es más, ¡aún amo a esta familia!- dijo Mirabel alzando aún más la voz- pero hace cinco años decidí que no iba a dejar que siguieras lastimándome, y tampoco voy a dejar que vuelvas a dañar a Mariana-

-¡TÚ SOLO ESTÁS DAÑANDO A ESTA FAMILIA!- dijo la abuela.

-¡A TÍ ES A QUIEN NO LE IMPORTA ESTA FAMILIA!- dijo Mirabel a su vez- ¡TÚ ERES LA QUE CAUSÓ TODAS ESTAS GRIETAS EN LA CASA!¡TU PRECIOSO MILAGRO ESTÁ MURIENDO POR CULPA TUYA!-

CRAC

Aquel ruido la hizo dar un salto de sorpresa, y vio una enorme grieta aparecer a la mitad del patio de casita, desde la ventana de Alma hasta el principal camino empedrado del pueblo. El brillo de las puertas comenzó a menguar, y todos supieron lo que eso significaba.

-Oh no…- escuchó decir a Bruno.

-¡El milagro!- dijo Félix preocupado señalando las puertas apagándose.

Al ver que la casa se esta rompiendo, lo único en lo que Mirabel pudo pensar fue sacar a Mariana de ahí, así que mientras su familia trataba de entender lo que estaba pasando, ella caminó rápidamente hacia la salida, casita moviendo los azulejos bajo sus pies para sacarla de ahí. Una vez afuera, Mirabel se volvió hacia el interior y vio que la casa había expulsado a todos los miembros de su familia de su interior antes de derrumbarse por completo en pocos segundos.

Con horror vio que lo que significaba: los poderes de los Madrigal habían desaparecido, y toda su familia se miraba entre sí asustada al caer en cuenta de ello y que la magia había desaparecido del Encanto.

A pesar de lo que acababa de pasar, la joven se sintió un poco mal por lo sucedido y una parte de ella llegó a pensar que había sido su culpa, pero a la otra no le importó al escuchar que Mariana seguía sollozando en sus brazos, asustada por lo que había sucedido.

-Está bien, catarina, no pasó nada- dijo ella en voz baja- ¿todavía te duele tu bracito?-

-No- dijo Mariana en un sollozo.

-Sé que estás asustada, y no va a volver a pasar- dijo ella.

Lo primero que pensó Mirabel fue que su familia ahora la odiaría por lo sucedido con la casa y con sus poderes, así que solo se aferró a su hija y se apresuró a caminar hacia la casa de los Díaz para pensar qué era lo que haría a continuación porque no podía pensar bien y también necesitaba un abrazo.

En el camino hacia la orilla del Encanto Mirabel se encontró a Mateo, quien había alcanzado a escuchar el estruendo y supuso que algo malo había pasado en la casa Madrigal.

-Mi amor, ¿qué fue lo que sucedió?- dijo Mateo preocupado al ver que su esposa estaba asustada y su hija estaba llorando.

-¡Papi!- dijo Mariana frotándose sus ojitos.

-Es… te explicaré en un momento, necesito… un momento…- dijo Mirabel.

Mateo entendió lo que quería decirle y le dio un fuerte abrazo que duró unos segundos antes de rodear la espalda de su esposa, acercándola a sí mismo, y ayudarla a caminar a la casa de sus padres.

x-x-x

Casa de los Díaz

Poco después

Mateo se sentó en la orilla de la cama y suspiró al ver a su hija durmiendo. Acarició su cabello un poco molesto de no haber estado ahí para apoyar a su esposa, incluso aunque estuviera seguro de que Mirabel no lo necesitaba para defenderse. Y no le hizo gracia escuchar que Alma hubiera lastimado a Mariana tirando de su bracito.

El problema de que la casa Madrigal se derrumbara era que Mirabel se estaba culpando por ello.

-Tenemos que irnos de aquí ya- dijo Mirabel de pronto, tomando su ropa y rápidamente metiéndola en su mochila, un poco frustrada de ver a su esposo inmóvil- no podemos quedarnos aquí, Mateo. El pueblo va a querer desquitarse con nosotros por lo que hice-

-Mariposa, no digas tonterías- dijo Mateo sacudiendo la cabeza- nada de esto fue tu culpa y todo el mundo lo va a saber. Alma lastimó a Mariana, creo que yo hubiera hecho mucho más que solo gritarle sus verdades si hubiera estado ahí-

Mirabel lo miró e hizo una mueca.

-No importa, es lo que el pueblo van a pensar- dijo ella- tenemos que irnos-

Mateo volvió a respirar hondo e iba a aceptar lo que su esposa deseaba hacer cuando alguien llamó a la puerta. Pudo ver la expresión de pánico de Mirabel, pero en la puerta solo estaba su tío Bruno.

-Hey- dijo Bruno tímidamente, aún con su figura encorvada y frotando uno de sus brazos- Mirabel, ¿puedo hablar contigo y Mateo por un momento?-

Mirabel asintió y salió a la entrada de la casa con él; la madre de Mateo se quedó en la habitación con Mariana esperando que Bruno haya venido a convencer a su nuera de quedarse o cuando menos esperar a despedirse de su familia.

Por suerte, la ventana de su habitación estaba justamente sobre la puerta, así que podía escuchar todo lo que le decía a los dos jóvenes.

-La…lamento mucho lo que pasó, Mirabel, en todo caso fue mi culpa- le dijo Bruno, sorprendiendo a los esposos.

-Tío, no digas eso. ¿Cómo va a ser tu culpa que yo me haya peleado con la abuela por lastimar a Mariana?- dijo ella.

Bruno hizo una pausa, murmurando algo en voz baja. Dio algunos golpecitos a la puerta y tiró un poco de sal sobre su hombro antes de responder.

-Hay… hay algo importante que tienes que saber- dijo Bruno nerviosamente- ¿recuerdas lo que pasó el día después de tu ceremonia?-

-Sí- dijo Mirabel en un tono derrotado- tú desapareciste y yo tuve que desempacar todas mis cosas de nuevo en la guardería. Y no te volví a ver hasta ahora-

-Bueno, te voy a explicar por qué… por qué me fui en primer lugar- dijo Bruno nerviosamente- la noche de tu ceremonia, tu abuela me pidió que tuviera una visión. Y vi lo que pasó hoy, la magia rompiéndose y la casa derrumbándose. Y te vi a ti delante de la casa en grietas. Pero la visión cambiaba, y la casa se reparaba después de unos segundos. Como sabía lo que tu abuela y la gente del pueblo iban a pensar de esa visión, decidí irme para no tener que decir nada-

Aquello hizo que Mateo abriera la boca y mirara de reojo a su esposa. La reacción de Mirabel había sido igual que la de él al escuchar sobre la visión que había ocurrido hace veinte años.

-¿Te fuiste… para protegerme?- dijo ella sorprendida.

-Yo no sabía que hacer, y era demasiado cobarde como para enfrentarme a mi madre- dijo Bruno- así que rompí la visión y desaparecí. Pero cuando te fuiste del Encanto hace cinco años regresé y… le dije a la familia sobre la visión-

Mirabel suspiró.

-Entonces todos saben que fue mi culpa- dijo ella.

-No, no, entendiste todo mal- dijo él sacudiendo la cabeza repetidamente- no fue tu culpa. Mariposita, desde que te fuiste nos demostraste que nuestra familia estaba rota. Y al darnos cuenta lo grave que era, con mamá lastimando a Mariana, fue suficiente para que todos cayéramos en cuenta de ello y la magia se rompiera-

Mirabel se sorprendió de lo que estaba escuchando.

-Y lo que dijiste era cierto. La mayoría al menos- continuó Bruno- el pueblo ha abusado mucho en el aspecto de querer nuestros poderes para tonterías, y tu abuela jamás hizo nada para defendernos. Y lo que pasó con Isabela y Dolores también era cierto-

-Tío, ¿qué voy a hacer ahora?- dijo Mirabel cubriéndose la cara- ¿y ustedes? No tienen donde vivir…-

Bruno dejó escapar una risita, y le dio unas palmaditas en la cabeza.

-No te preocupes por nosotros, Mirabel- dijo Bruno- estaremos bien. Ya no tenemos poderes, pero el pueblo nos ayudará. Y sobre ti… si decides irte, creo que hablo por todos al decir que te extrañaremos, pero… pero siempre tendrás a tu familia aquí. Y sería lindo que te quedaras, toda tu familia te ama, como ya te diste cuenta-

Ella iba a discutirlo, pero era cierto de que su familia la había defendido hacía un rato cuando Mariana estuvo en las garras de Alma.

-Sí…-

Mateo no pudo seguir escuchando porque Mariana despertó y buscó asustada a alguno de sus padres, ignorando a su abuela. El joven subió a la habitación, se acercó a ella y dejó que lo abrazara.

-Papi, ¿dónde está mami?- preguntó ella. Mateo la alzó.

-Está en la puerta con tío Bruno. ¿Quieres bajar con ellos?-

Mariana asintió, y los dos bajaron a la entrada de la casa. Y Mateo estuvo gratamente sorprendido cuando regresaron a la puerta al ver a su esposa sonriendo y abrazando a Bruno.

x-x-x

CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Alma por fin la hizo y la magia se perdió como decía la visión de Bruno. Muchas gracias por seguir leyendo, hasta pronto.

Abby L.