Las criadas acomodaron las habitaciones, estaban juntas y frente al jardín; Hinata salió a caminar sola para poder aclarar su mente, se llevó la carta para leerla nuevamente, logró conmover sus lágrimas, qué valor debió tener para seguir adelante sin ese hombre y saberlo casado con otra mujer. Era tan cruel, si pudiera hacer algo al respecto por ellos, quizás él seguía vivo, Gaara lo debía saber, ese hombre debía saber que ella lo amó hasta el final, antes de la invasión de los Uchiha. Se iba a tomar estos días para arreglar su vida y darle un cauce lógico, en medio de una vida solitaria, con un marido que no la entendía ni le interesaba, ¿Naruto no sentía nada?

- Mi señora - le llamó una de las criadas para hacerla volver, se secó las lágrimas para volver a la mansión.

Era de un tamaño considerable, con jardines hermosos y habitaciones cálidas, era moderna, ya que la anterior la habían quemado hasta los cimientos. No requería de un gran personal para estar en buenas condiciones. Caminaba para conocer el lugar, pronto iniciaría el verano, las flores lo anunciaban; a lo lejos podía ver al rubio dar unas indicaciones, probablemente de seguridad, se veía serio, diligente.

- Ah, majestad - al sentir su mirada, corrió a su encuentro - ¿necesitas algo? - ella negó.

- Sólo me fijaba en que te ves bien mientras trabajas, eres tan serio - Hinata soltó una risa tímida.

- ¿Eso crees? - se rascó suavemente la nuca algo inquieto sin mirarla a los ojos.

- Sí, supongo que no puedes dejar de trabajar, pero deberías tomar las cosas con más calma - él negó fuertemente.

- Si Neji nos envió aquí mientras acondicionan el palacio, no puedo descuidar la seguridad de la cabeza del imperio - le tocó la mejilla con cuidado, esta reaccionó tornándose de un color rosa.

Al llegar el anochecer cenaron juntos y contemplaban el cielo nocturno desde la habitación de la monarca con un poco de sake. Era ameno, pero el tema no se podía evitar para siempre si querían tener una vida de casados, ¿por qué habló tan mal de Toneri la primera vez que estuvieron juntos? ¿por qué perdió el control?

- Estaba celoso - ¿acaso le leía la cabeza? - pensé que siempre serías mi aliada - sentía su mirada blanca sobre sí desde hacía un momento.

- Amantes no te hacen falta y tienes un papel importante en el ejército, no me necesitas - Naruto botó el humo de su pipa algo desencantado.

- No se trata de eso, necesitaba a Hinata Hyuga, la mujer, no la emperatriz - ambos sólo se miraban con la iluminación de las velas.

- Me dijiste que debía pensar en los herederos del imperio, por lo que no me veías como una mujer corriente - Naruto chasqueó su lengua molesto.

- Es cierto, aún lo mantengo, sólo puedes tener los hijos que yo te dé, a pesar de no tener sangre real, soy adinerado y eso me da otro nivel - al escuchar eso se sonrojaron y bajaron la mirada.

- No te tienes que preocupar, la doctora me da medicina para no tener hijos, además, Neji ya tiene a su hijo, él es una opción si no llego a quedar embarazada - era cierto, no se creía capaz de ser madre.

- Yo quiero tener hijos contigo y con nadie más, no porque sean príncipes, sólo quiero que tú seas la mujer con la que forme una familia - sus palabras lograron conmoverla un poco, al verla directamente, una lágrima rodó por su mejilla - lo siento, no quería hacerte llorar - le ofreció su pañuelo y en su lugar ella comenzó a llorar toda su angustia en su pecho.

Naruto no entendía nada, era sólo un comentario, ahora tenía a la joven emperatriz llorando sus ojos, aunque le hacía feliz que ella confiara en él para mostrarle esa faceta, abrió sus piernas para dejar que se acomodara, le acariciaba su cabello y besaba su frente. Hinata ya no podía con la presión, no podía odiar al rubio luego de su conversación forma de hablar y cómo él le abría lo más profundo de su corazón.

- No puedo más, esto es muy pesado - él la miró y buscó que lo viera.

- No tiene que serlo, yo llevaré la carga a tu lado, y tú llevarás las mías - la besó con suavidad como modo de sellar su promesa.

- Este tiempo ha sido tan confuso - se le colgó del cuello - tengo que armar un rompecabezas con piezas que no volveré a encontrar - el rubio la miró con un poco de tristeza y empatía.

- Lo sé, tal vez debí acompañarte más en la recuperación - miró hacia abajo y con una voz muy baja - fui muy orgulloso - esta vez él la acogió y la presionó contra su cuerpo.

- Si enmendamos las cosas - le dijo sin soltarse ni que él la dejara - entonces vamos a casarnos - el rostro del general se tiñó de rojo.

- ¿Cómo puedes decir eso tan a la ligera? - la joven se le apartó mirando a lo lejos.

- Esto es lo que nos correspondía - por alguna razón recordaba a esa mujer, que se casaba con otro hombre amando a alguien más, ¿amaba a Toneri? si no era así ¿a quién necesitaba?

Por unos días se dedicó a la vida contemplativa, era importante entregarle los presentes al Sabaku, quizás le daría algo de paz, o sentiría paz al estar casada, encinta o coronada. Le aliviaba estar bien con su futuro esposo, las noticias no tardarían en esparcirse de que había decidido tomarlo por esposo, al poco tiempo debía quedar con un hijo dentro, pero los días antes de la coronación se acortaban, ¿debía casarse antes de eso?

El rubio se sentía finalmente tranquilo, sus padres estarían orgullosos, finalmente daría un hijo a la familia Namikaze y Uzumaki, su futura esposa era hermosa y ya la conocía dentro de la cama, pero, no se había acostado desde el accidente, ¿eso la hacía una mujer diferente? su carácter no era el mismo, era más insegura, más temerosa y capaz de aferrarse a Otsutsuki sólo por su calidez. Sonrió para sí, ese albino se moriría luego de enterarse del matrimonio, le enseñaría quien mandaba cuando la dejara esperando un niño suyo en su vientre.

- Me has asustado - le dijo un poco acelerada al verlo entrar.

- No deberías usar eso - le señaló la joyería de Suna que llevaba.

- Entiendo - se quitó las joyas dejando el anillo de esmeraldas.

Naruto le dio la espalda y cerró la puerta, despachando a todo el personal cercano, se quitó el cinto para poder usar sus ropas de dormir, en su lugar sintió la tierna caricia de la joven en sus hombros, eran temblorosas y dudosas. Era algo decepcionante, con Toneri se escuchaba fogosa, pero con él era tan cuidadosa que lo ofendía. Se volteó para ver su rostro, no se atrevía a mirarlo a los ojos, le levantó el mentón y la besó con suavidad, para luego introducir su lengua y jugar un poco, pero no había respuesta, buscaba que se colgara de su cuello, en su lugar apretaba sus manos tensada.

- ¿Qué haces? - le preguntaba sin mirarlo aún.

- ¿Qué parece? - se dejó caer la bata quedando con su ropa interior.

- Dios - la realidad le caía como un balde de agua fría.

- Ha pasado tiempo, la última vez fue antes del accidente - se rascó la nuca con pesar, sintiéndose expuesto.

- Pero has tenido otras mujeres, así como yo he tenido a Toneri - el rubio cambió de semblante, por uno molesto.

- Quiero acostarme contigo y traes a la conversación a ese monje impío - la chica suspiró.

- Sé que lo detestas, que te dan celos, pero entiende lo que yo siento por él - Hinata cuidaba de él con ahínco, procuraba una buena habitación y más estudios que él pudiera elegir.

- Hinata, eso no me interesa, me interesa que tú puedas por una noche sólo verme a mí, a tu futuro esposo, sin pensar en nadie más - ella cedió asintiendo con la cabeza.

No estaba convencida, pero se dejó llevar por las caricias expertas del rubio, de a poco pudo dar rienda suelta a sus meros instintos, pero su cabeza no lograba apagarse y entregarse a sus besos, ser seducida por un hombre tan poderoso debía ser maravilloso, en su lugar no podía dejar de pensar en esa mujer, debió tener un fin triste antes de la guerra, si es que no murió por la misma.

- ¿Pasa algo? - era como besar una muñeca, totalmente flácida al punto en que su masculinidad no reaccionaba.

- No lo sé, creo que estoy tensa por la ceremonia, todos vendrán a verme y es demasiado - colocó su mano en su cabeza cansada - quisiera beber un poco - él asintió con fuerza y viendo como las velas se consumían comenzaban a agotar las botellas de sake.

- Lo harás bien, Neji y yo te apoyaremos si lo necesitas - ambos tenían poca ropa, así que ella se sentó entre sus piernas.

- Necesito relajarme antes de partir, luego de que volvamos tenemos que discutir el matrimonio y la celebración - jugaba un poco con su anillo de esmeraldas, le parecía extraño el fuerte lazo que tenía con la joya.

- Lo sé, pero puede ser breve si lo deseas - le besó la oreja y la mordisqueó, haciendo que soltara un leve gemido.

- Es mejor - la copa rodó lejos de ella al soltarla, el rubio comenzaba a jugar con su cuello dejando marcas y haciendo círculos con su lengua - antes de la coronación y - gimió con fuerza y tomó las manos de su amante a su pecho - discutir tu título - recargó su cabeza en el hombro del rubio, dándole una total entrega.

- Príncipe consorte estaría bien - desnudó su pecho y jugaba con él con sus manos, mientras que dejaba húmedos besos en su cuello y hombro.

- S-Sí - comenzó a arquear la espalda y frotar su cadera con el piso dando suaves golpes a a la entrepierna del rubio.

- Eso suena bien - bajó su mano para atender la intimidad de la joven, apretada y ardiente, suplicando por sus caricias.

Introdujo un dedo con pereza, le complacía molestarla, que suplicara por él luego de sus constantes rechazos por el sucio monje, que la hacía exclamar de tal manera que se escuchaba claramente lo que él le hacía, parecía ser un amante maravilloso, que le cortaba el aliento y dejaba en un estado deplorable, sin caminar correctamente. Ahora esa mujer lo ansiaba sólo a él, él la tenía sometida entre sus brazos, con sus piernas temblando involuntariamente. Le complacía recuperar esa amante que tan esquiva se había vuelto desde su accidente.

Con una de sus manos guío la del rubio para que estrujara su pecho con fuerza, era como conocer a una nueva persona, no tenía idea de cómo era su esposo, se habían distanciado y cuando lo pretendió la rechazó. A momentos anhelaba a una persona, quizás el monje, que era un amante apasionado pero sumamente dulce, pero esos ojos verdes se le colaban en la cabeza como un tormentoso recuerdo. Sin embargo, los toques del rubio lograron apagar su cabeza, sentía algo duro en su espalda, su respiración se agitaba y sentía genuino temor de lo que seguía, como si fuera una chica virgen. Él la depositó en el futón y la desnudó, vio ese cuerpo femenino lleno de marcas por el tiempo y la guerra, no le producía pena ni rechazo, era bueno que olvidara todo lo que había sufrido, ahora merecía una vida más tranquila sin temer por su integridad física. Él quitó lo que le quedaba de ropa y sentía algo de pena por estar tan ansioso, la humedad de su masculinidad relucía a la luz de las velas y ocultaba su rubor, su amante lo esperaba algo impaciente, al inclinarse la esmeralda le cegó un poco los ojos, rompiendo su concentración; molesto, arrancó el anillo del dedo de la joven y lo estrelló contra la pared.

- M-Mi - extendía su mano para alcanzarlo, pero quedaba demasiado lejos - mi anillo - el rubio guió su mentón para que lo mirara a los ojos, esos zafiros apasionados por ella y celoso de cualquier cosa que tocara y no fuera de él.

- Hinata - la llamó mientras entraba en su cuerpo con fuerza y lentitud, el camino era estrecho y cálido, ella no decía ni una sola palabra, sólo jadeó y contuvo la respiración mientras lo sentía plenamente.

Volver a sentir ese calor y la piel de esa mujer le hizo sentir nostálgico, la abrazó con fuerza agradeciendo volver a tenerla entre sus brazos, aunque su personalidad hubiera cambiado, aunque hablara diferente y se moviera diferente, esa fue la mujer que lo apoyó después de la guerra, que lo salvó. Sus recuerdos no hicieron sino agrandar su masculinidad, recordando lo que estaba haciendo. Hinata se removió un poco, levantó sus caderas para aumentar el contacto, Naruto entendió su necesidad, se saboreó y comenzó a embestirla como si se tratara de un vil crimen, sin dejarla respirar, ni hablar, sólo soltar intermitentes quejidos y arrugar las sábanas. Era volver a un paraíso negado, quizás era una de las mujeres que más amaría en su vida, no tenía piedad con ella, jamás la tendría.

- M-Más - un susurro interrumpió sus pensamientos, sorprendido de su resistencia no dudó en conceder cada una de sus peticiones, sabía que ella tampoco se las negaría.

Quizás ambos eran lo más cercano al amor que conocían y eso era suficiente.