Siendo un banquete tan esperado para él, resultaba que era sobre los gobiernos, estaba rodeado por funcionarios que trataban de conversar de forma diplomática, al otro lado del salón se encontraba ella, ignorando que cada vez que él la miraba ella lo veía de vuelta, un simple juego que fue percibido por algunas criadas, además de Naruto, que le llamaba la atención que un extraño quisiera tanta atención de ella, aunque se podía deber a necesidades de ayuda para Suna.
- ¡Un brindis! ¡En honor a nuestra emperatriz! - Hinata enrojeció, aunque era tan dulce que su marido hiciera algo así por ella, por lo general se preocupaba de hablar con sus mandos menores y discutir temas relevantes.
- Gracias, querido - se sentía ajena al banquete, en el cual los hombres podían beber cuanto quisieran, Gaara les seguía el ritmo, pero el alcohol era más fuerte de lo normal.
Pronto entraron unas bailarinas a dar un espectáculo que seducía a muchos hombres, en general la que debería ser hombre era ella, se sentía fuera de lugar, entre la música con las bailarinas que miraban descaradamente a su marido con deseo. Gaara veía a una mujer entristecida que guardaba silencio a pesar de la altura en la que estaba, quiso ir con ella pero estaba más borracho que el resto, cuando quiso levantarse no pudo por su estado; Lee lo ayudó a llevarlo a los baños a que sacara un poco de la sobre dosis.
Fingiendo un dolor de cabeza dejó a los hombres disfrutar en paz, caminó hacia su habitación y se cruzó con Gaara ya en un mejor estado, se sonrojó al verla.
- Lo siento, majestad, me he sentido indispuesto - quiso reverenciarla, pero no pudo sino caer a sus pies.
- Lo sé - se sentó en el suelo a su lado - no se angustie, es cansador que me traten con esta delicadeza, si puede caminar vamos a la botica, tengo unas medicinas para su condición - al levantarse le ayudó, pero los zapatos de la joven le entorpecieron abrazando al hombre - disculpe - mientras trataba de pararse bien sintió las cálidas manos del pelirrojo.
- No me importa, siempre que usted esté bien - caminaron juntos al lugar, tenía agua y varias píldoras.
- Ésta es para su estómago, y esta para su resaca - le entregó en un papel precioso que dobló para guardarlas - con esto bastará, además de que debe beber agua - él asentía, hacía tanto que no sentía la cálida ayuda de la mujer que amaba, a pesar de no reconocerlo sin saber porqué.
- Se lo agradezco - le tomó sus manos y las besó haciéndola sonrojar.
- Lo dejo pasar porque está ebrio - en ese momento se le ocurrió una idea - mañana temprano, visite mis aposentos, tengo unas cosas que eran de su padre y seguramente le interesarán, Hyuga y Sabaku parece que no pueden separarse - susurró haciendo reír al pelirrojo.
- Por supuesto, estaré después del amanecer - se le acercó un poco sin dejar de mirarla - esperaré ansioso - Hinata sentía sus oídos arder.
- ¿Qué dice? - lo apartó y se fue a su habitación con el corazón latiendo sin parar.
¿Qué le sucedía? su corazón palpitaba con fuerza como si fuera una doncella, se apresuró a su habitación y no pudo conciliar el sueño esperando el amanecer, que se colara la luz del sol en su habitación lo más pronto posible. Se levantó cansada de la cama para buscar la caja, al encontrarla volvió a leer las cartas de su ancestro, que mujer más obediente, que dejaba de lado a su amado Sabaku por su deber, ella sentía algo similar, pero entendía que su marido era lo mejor para ella. Al ver las luces salir, descubrió que había sufrido insomnio, llamó a una criada para vestirla, eligió un kimono turquesa con detalles en oro y piedras preciosas, se encaminó a su despachó y vio que él ya la esperaba, se apenó de llegar tarde, tanto que apartó la mirada hacia el suelo mientras él la reverenciaba.
- Pase - pidió la joven mientras se abrían las puertas y varios sirvientes entraban con los contenidos, vestidos, joyas, la carta, su despedida.
Un poco confundido con todo lo que le rodeaba, el contenido estaba un poco maltratado por los años y el pequeño espacio en el que lo había reducido. Entre esas cosas cayó el anillo de bronce, su alianza, la tomó entre sus dedos y sintió sus ojos empañarse.
- Es un poco abrupto ver todos estos recuerdos - Hinata lo miró confundida.
- Supongo que sí, he querido preguntarle, ¿quién era el hombre que anhelaba esa Hyuga? - le entregó la carta - ya sé su contenido de memoria, pero me parte el corazón que nunca pudo estar con su amado - el pelirrojo aceptó el papel.
"Querido mío,
Nunca leerás esta carta, pero debo decirle adiós a tu recuerdo en mi cabeza, tú has hecho tu vida con otra mujer y yo lo haré con otro hombre, te prometo que es una buena persona y que el destino nos une así como nos unió por un tiempo. Cada día te extraño más, pero he aprendido a vivir con esa sensación de vacío, probablemente seas padre y te deseo lo mejor. No me volverás a ver ni a tener tan de cerca como en los mejores días de mi vida, ahora vuelves a ser mi querido siervo y yo tu dueña, como siempre ha debido ser. No volveré a vestir tus regalos ni usar tus joyas porque resaltan demasiado y me duele porque sé que quien me lo dio, no podrá jamás ser mi esposo cada noche. Te amo y sé que debo dejarte en paz de una vez para poder alcanzar nuestra felicidad y lo que dictan nuestras líneas de sangre.
H."
¿Qué quedaba de él luego de esas palabras? probablemente nada, ¿era esto un juego macabro? Arrugó el papel en sus manos y lo humedeció con sus lágrimas que caían profusamente, se sentó y quiso evitar el pánico, pero temblaba de la misma manera que aquella noche en que ella lo arropó y protegió en sus acomodadas sábanas. Hinata se asustó del estado del hombre, parecía endemoniado, jadeando y sin dejar de llorar, hasta que sin pensarlo cayó al suelo inconsciente.
- Sabaku-san - le llamó protegiendo su cabeza, acomodó su cuerpo en el suelo y mandó a su criada a por el médico imperial.
Hinata sentía una enorme culpa, tal vez había removido en él un dolor histórico que no tenía derecho a comentar, pidió a los guardias que lo llevaran a su habitación, la mejor de todas, con mejor ventilación y temperatura, el pelirrojo sudaba frío y temblaba a pesar de su inconsciencia. Al verlo recostado en su cama le alcanzó la mano y le limpiaba el sudor de su frente en lo que llegaba el médico. Fue simplemente una sorpresa que su condición en su cabeza detonó más fuerte de lo normal, en ese momento supo que Gaara era sumamente inestable, con un historial de alcoholismo y violencia. Pidió estar a solas con él, aunque la guardia imperial siempre la custodiaba fuera de su habitación.
El pelirrojo no soportó tal rechazo, soñaba tanto con volver a verla y que ella lo recibiera como un príncipe, sólo encontró a una emperatriz sumamente fría y que no se parecía en nada a la mujer de la que se había enamorado. Al despertar se encontró con un joven leyendo a su lado, de cabellos blancos y ojos celestes, ya era muy entrada la noche.
- Ha despertado mi señor - Gaara estaba confundido, no lo recordaba de ningún lado.
- ¿Quién eres? - el joven dejó el papel de lado y cruzó sus piernas para dirigirse a él.
- Otsutsuki Toneri, concubino imperial - el pelirrojo abrió los ojos furioso, ¿ella osaba tener un amante?
- ¿Qué haces aquí? ¿dónde está su majestad imperial? - el albino sonrió satisfecho.
- Conozco muy bien esa mirada, les he visto a la distancia, no se preocupe, que los celos en mi rango son una franca pérdida de tiempo - soltó sin dejar de sonreír haciendo sentir incómodo al pelirrojo.
- No entiendo, he preguntado por su majestad imperial - Toneri negó con la cabeza.
- Usted yace en su lecho, así que ella está con el príncipe consorte - su expresión cambió levemente, pero Gaara lo pudo detectar.
- Entiendo - se dejó caer en la cama mirando hacia el techo mientras Toneri le hacía una señal a un sirviente que salía corriendo de la habitación.
- Si un hombre hace correr a un caballo para llegar pronto a un lugar para una reunión meramente diplomática con una mujer que sólo conoce por cartas - el pelirrojo enrojeció furiosamente con sus palabras - se adelanta un par de días y deja a su único heredero y a su esposa en los camino por una desconocida de la que no puede sacar un obvio provecho, termina sin conocimiento en su cama luego de una noche sin dormir - cruzó los brazos a la vez que sus piernas mientras cerraba los ojos.
- ¿Qué insinúas? - se sentó mirándolo fijamente - ¿cómo sabes esas cosas? - el albino sonrió satisfecho.
- Soy un simple concubino, gozo de la confianza de la emperatriz - Gaara retrocedió - tenía un poco de angustia con sus cartas, algo enigmáticas - su sonrisa lo incomodaba al punto que quería salir de ese lugar.
- ¿Por qué estás aquí? - el joven soltó una leve carcajada.
- Hinata no confía en muchas personas, me dijo que cuidara de usted mientras durmiera, debería venir pronto - se levantó y se acercó a las brasas a calentar sus manos.
- Entonces no entiendo lo que dice de mis acciones, sabe que la conozco por sus cartas - quiso mantener la distancia, pero al parecer él podía leer su mente.
- No lo creo, desconozco la razón, pero su inusitado interés por ella no parece ser político, de lo contrario no se habría casado y tenido un hijo, sus acercamientos no son protocolares, sus palabras son difíciles de interpretar, ¿acaso se conocen de algún lugar? - Gaara sintió que su tiempo se detenía.
- Eso es - estaba pálido y descompuesto - ridículo, ella me recordaría - el albino negó con la cabeza.
- No desde su accidente - antes de poder explicarse entró la joven, obligándolo a levantarse y hacer una reverencia.
- Toneri, gracias por cuidar de él, ve a dormir, ya es tarde - le besó la mejilla y él asintió.
- Agradezco su preocupación, majestad - ella negó con la cabeza y tomó el lugar del albino.
- No, yo vengo a disculparme - el pelirrojo estaba sumamente confundido con su actitud - yo, no quise generarle este dolor, debe ser difícil en su familia enfrentar esa historia, no consideré su salud ni su estado actual - su rostro era tan similar al que ella tenía cuando se conocieron que entibió su pecho.
- No se moleste, deme un momento, le diré qué pasó - se acomodó un poco en las sábanas y se abrigó, el clima era más frío que en su tierra natal - esto sólo puedo contárselo a usted, sin guardias, sin siervos, sin nadie, ¿me comprende? - la joven asintió.
- Ya vengo - se levantó y obedeció sus órdenes, pidió que la dejaran sola, incluso Yuka fue despachada, no tendrían idea que ese acto sería suficiente para hacer correr en el palacio el rumor de un encuentro secreto.
- Gracias - jadeaba un poco y sudaba, Hinata le alcanzó un poco de agua y unos calmantes.
- Si es muy agotador, le suplico resguarde su salud o no se repondrá pronto - sus expresiones no cambiaban tanto como estimó al conocerla.
- Es más agotador no decir la verdad, esa carta era para mí - Hinata abrió los ojos asombrada de sus palabras - cuando nos conocimos era mucho más joven y atractivo debo decir, la razón es ridícula, quería que cuidara a mi mascota, esa fue la profesión con la que se presentó - el rostro del pelirrojo enrojeció rápidamente - apenas la vi fue como si una cadena me hiciera su siervo - él no se atrevía a mirarla, se sentiría demasiado vulnerable.
- ¿Fue un amor a primera vista? - el pelirrojo asintió con una sonrisa.
- Yo me enamoré de ella apenas la vi, ella no, vivió en mi palacio un tiempo, pasábamos el tiempo juntos, la colmé de regalos, de joyas - hizo un suave silencio - pero como ella era una supuesta plebeya no podía hacerla mi esposa, la guerra había empezado y debía casarme con mi esposa para asegurar Suna - sus ojos se empañaron - nunca fui feliz sino en sus brazos y no lo he vuelto a ser, ella entendió y se marchó - le dio la espalda dejando salir sus lágrimas hipando.
- Es una historia tan triste - le decía mientras sacaba su kimono de su cuerpo y se metía a la cama con él - lamento se tan poco ortodoxa, pero, quisiera que sacara el pesar que yo removí - lo abrazó por detrás y acarició su brazo.
- No lo puede entender, majestad, cada minuto es pura miseria porque no puedo estar con mi felicidad, la mujer que me hace feliz - Hinata ordenó sus cabellos aclarando su pálido rostro.
- Lo sé, en nuestros lugares nunca somos libres de amar, el amor puede llegar, pero el deber de proteger a tu pueblo, admiro su elección, el rey por sobre el hombre, debió ser difícil - era como ser acogido nuevamente por esa mujer dulce que conoció a pesar de que ignoraba la verdad de sus desplantes.
- Es difícil - quiso tomar su mano pero la joven guardó su distancia y ambos miraron al techo.
- ¿Es difícil siempre tener que elegir la corona? - el pelirrojo asintió.
- El hombre odia al rey, el rey desprecia al hombre y se alimenta del amor del pueblo mientras el hombre perece con el tiempo - sus palabras conmovieron a la chica hasta las lágrimas.
- Entonces moriré con este vacío - soltó una leve carcajada - en unos días seré la mujer más poderosa existente, pero el poder es miserable y mal pagado - Gaara juntó valor para tomar su fría mano.
- Es extraño, yo le pertenezco como súbdito pero siempre he estado acostumbrado a ser dominante, no tengo ánimos beligerantes, no estaría aquí con usted - Hinata entrelazó sus dedos con los finos dedos del joven.
- Lo sé, su mirada es similar a la de un mensajero, quiere decir algo y está silenciado, ¿es correcta mi impresión? - para ese momento quiso decir la verdad, pero se vieron interrumpidos por el príncipe consorte, obligando al pelirrojo a salir de la cama, pero sus piernas flaquearon y cayó al piso.
Naruto había intentado dormir con su esposa, pero estaba renuente, ella abandonó la habitación, así que invitó a Shion, su amante predilecta, pero como buena amante, se preocupaba de separarlo de su esposa y dar una pequeña intriga mientras buscaba confortarlo. Le había dicho que Sabaku estaba enfermo y que ella lo dejó en sus aposentos, que ella estaba con él, a solas.
