Hinata apenas se había quitado la parte pesada del kimono, su cuerpo seguía cubierto, no había nada de qué apenarse al ser sorprendida por su marido. Gaara por su parte yacía en el suelo tratando de levantarse para poder reverenciar al príncipe consorte, aunque no estaba al nivel de su esposa, le debía cierta pleitesía. Naruto miró con atención en esa cama a un hombre que no veía desde su juventud, de quien no sabía nada más allá de lo formal, en la cama con su esposa, ella con sus ropas esparcidas y su rostro sin emoción alguna.

- No te he llamado - soltó mientras se levantaba de la cama y estando descalza ayudó al joven monarca a levantarse - si no se siente bien llamaré a los médicos imperiales para que le den otras medicinas - Gaara atinó a asentir un poco embelesado con el carácter de la mujer.

- No fue necesario que me llamaras, ¿qué clase de imagen das con él aquí? todos se van a enterar que son amantes, mierda - se tocó la frente totalmente frustrado.

- ¿Amantes? no seas insolente, le he prestado ayuda por algo que fue mi culpa y no te debo explicaciones, ahora, si quieres ve a inventar rumores, que seguro no eres el primer esposo engañado de la histo - fue acallada por el bofetón que le dio su marido en frente del pelirrojo.

- ¿Cómo te atreves? - dijo el pelirrojo entre dientes - ¿¡cómo te atreves a ponerle una mano encima!? - como si se tratara de un animal se abalanzó sobre el rubio y le dio severos golpes en la cara rompiendo sus labios y sus pómulos.

- ¡Estás loco! - gritaba - ¡ayuda! - al poco tiempo los sirvientes llegaron y fueron a pedir mas ayuda.

- ¡Te voy a matar! - ante semejantes palabras, la joven trató de separar a ambos tomando los hombros del pelirrojo llegando a abrazarlo.

- ¡YA ES SUFICIENTE! - gritó desde el fondo de su ser - carajo, parecen un par de críos - jadeando llegó en frente de su marido y le dio un puñetazo - no te vuelvas a atrever a tocar a la familia real - su golpe le hizo sangrar la nariz.

- ¿Qué pasó? - Neji llegó corriendo con espada en mano al igual que Lee y otros soldados.

- E-Este loco agredió a la emperatriz - dijo el rubio apuntando al pelirrojo, quien sorprendido no sabía a dónde ir.

- No es verdad, jamás - Hinata tomó la palabra haciéndolo callar con un gesto.

- Naruto me ha golpeado sospechando que Sabaku-san es mi amante - se le acercó y le enseñó a su primo el golpe en su pálido rostro.

- ¿Qué quiere decir esto? - Yuka corrió a atender a su señora angustiada.

- No te preocupes, Sabaku-san está peor, quiero bajo arresto al príncipe consorte por esta ofensa - le dijo a los soldados que obedecieron a pesar de la fuerza del rubio - en realidad Neji, Sabuku-san perdió los estribos luego de que él me golpeó, quiso defender mi honor si así quieres llamarlo - una parte de su garganta temblaba, una muy profunda, como si quisiera decir algo.

- ¿Qué hacemos? pasado mañana es la coronación, Uzumaki-san no puede faltar - Hinata hizo callar a Lee con un gesto.

- Pensemos en eso mañana en la mañana, por favor, cuiden de Sabaku-san, pongan guardias y criados a su disposición - Gaara quería decir algo, pero no podía por la cantidad de gente que había.

- Le agradezco por cuidar de nuestra señora - dijo Lee en lágrimas - una mujer tan delicada siendo golpeada, es indignante - Neji se retiró con su compañía.

- Puede ir a su habitación, estará a salvo - Gaara la jaló con fuerza y la abrazó sin decir nada.

- Preferiría hacerle guardia esta noche, no soporto la idea que alguien sea capaz de hacerte daño - ambos corazones latían con fuerza casi pudiendo ser oídos por el otro.

- Su actuar pudo haber desatado una guerra - le dijo quedando a poca distancia de sus labios.

- Lo sé muy bien, pero reitero mi punto, su bienestar vale más que el mío propio - le besó suavemente la frente haciéndola sonrojar - para que se vayan los malos espíritus y duerma bien - Hinata soltó un jadeo.

- E-Eso lo hacía mi padre conmigo cuando era una niña - el recuerdo la embargó súbitamente - no pensé que en Suna hicieran estas cosas - se tocó la frente un poco apenada.

- No se hacen - se sonrió para sí - alguna vez estuve muy abrumado y una joven hizo lo mismo por mí - sus dulces palabras hacían que ella sintiera más confianza de la que había, si entraban en la habitación en ese momento sí se podía decir que parecían amantes, estaban fundidos en un abrazo demasiado íntimo.

- Me alegra, porque ahora usted se ha llevado mi malestar - se apoyó en su pecho y soltó un largo suspiro.

El pelirrojo se contentaba con poder hacerla sentir mejor, dormitaron juntos hasta el amanecer, durmiendo en la misma cama, fue una noche larga y extraña, pero a ella no le pareció raro despertar con él en primera instancia, los rayos del sol le hacían brillar esas hermosas turquesas que tenía por ojos, incluso sintió un deseo por besarlo, pero podía ser confundido por curiosidad.

Les avisaron de la llegada de los Nara, Sabaku y Yamanaka, todo empeoraba la situación, con las familias debía arreglar el problema lo más pronto posible, si Kankuro se enteraba de la pelea no podrían tener relaciones comerciales ni diplomáticas. El pelirrojo no quería abandonar la cama, apenas rozaba el alba, podían quedarse juntos un poco más, pero la realidad le golpeaba con fuerza, ahora debía responder por sus actos, tenía el rostro magullado al igual que sus manos, pero no se arrepentía.

- Vaya a su habitación, ahí podrá ver a su familia - sus propias palabras la hacían sentir increíblemente sola.

- Creo que es mejor que me disculpe con el príncipe consorte primero - si eso le daba la paz a la joven se sentiría satisfecho.

- Esto fue culpa de mi imprudencia - se tomó sus cabellos - por un momento me sentí como una mujer corriente - al conectar sus miradas hubo una pequeña chispa.

- Usted es la que está por sobre todos, puede actuar como se le antoje - se le acercó un poco, pero también recordaba mantener las distancias a pesar de haber dormido juntos.

- Tampoco sé qué hacer con el príncipe, ni siquiera me escuchó, no había hecho nada malo sino ser imprudente - se frotó la mejilla aún un poco magullada, lanzando por la borda su protocolo él besó su mejilla.

- Que se vaya ese dolor, usted jamás puede ser humillada - le hablaba con tal adoración que la conmovía.

- Sé que es una buena persona, tal vez debería hablar con él primero, después de todo es mi esposo - se retiró para ir a su habitación firmemente custodiada.

El beso de Gaara la tenía en las nubes, él la trataba con mucho cuidado y cariño, como si se hubieran visto antes. Por su parte, Naruto había recibido la visita de Toneri horas antes, como un zorro se escabulló con la excusa de hacerle compañía.

- ¿Qué haces aquí? no te he llamado - le decía mientras bebía sake para calmarse en su habitación, pero el albino no cambiaba su rostro.

- He venido a ayudarle majestad - se sentó mirando a los jardines - por primera vez lo veo ser víctima de aquel sentimiento que me embarga a diario - era cierto, sentía unos profundos celos por no poder ser el único en la vida de la emperatriz.

- ¿De qué hablas? - bebió directo de la botella y se acercó a la chimenea.

- Sabaku-san ha venido con tiempo de sobra, casi mata a su caballo para ver a nuestra señora y a nadie más, compartían correspondencia, he podido ver cómo él la ve desde la distancia, quizás con los mismos ojos que nosotros la vemos - el rubio enfurecido lanzó la botella vacía a las afueras de la habitación.

- ¿Me vienes a decir que él guarda afectos hacia mi esposa? - el albino asintió.

- No tengo muchas pruebas, más allá de ver cómo él actúa, pero no parece ser correspondido - Naruto pensó un poco y recordó a esa entidad que le nublaba su objetivo.

- Mucho antes de su accidente, recuerdo que ella decía que había un hombre que adoraba, pero que no pudieron estar juntos - ambos abrieron los ojos con sorpresa.

- ¿Será Sabaku-san? - dijo Toneri aterrado, si había alguien más que ellos dos no habría poder de competencia, Hinata tendría ojos sólo para él.

- No tiene sentido que ella no me lo dijera, pero pudo ser para protegerlo, ¿de nosotros? - ella jamás le confió ese secreto, nunca confió en él, después de todo lo que había sacrificado por la joven, ella no iba a descuidar a su gran amor.

La traición y el miedo lo embargó en la soledad hasta que ella entró en la habitación, traía el rostro sonrojado y él un terrible aliento a alcohol. Hinata iba dispuesta a perdonar la ofensa siempre que Gaara no fuera perjudicado, tenía un extraño magnetismo con su presencia que la llamaba a revolotear a su alrededor.

- ¿Me vas a ejecutar? - ella negó con la cabeza.

- Eres el príncipe consorte, general de mis fuerzas armadas, no puedo ejecutarte, te necesito - sus palabras lograron enfurecerlo aún más.

- Deja de hablar como la emperatriz, es agotador, tú permitiste que un loco me golpeara, a tu esposo - la joven hizo un gesto.

- Porque tú pensaste que me acosté con Sabaku-san, ambos estamos casados - su cabeza le dolió al decir esas palabras - casados con diferentes personas, nunca me habías golpeado - sus ojos se humedecieron.

- Lo siento mucho - se le quiso acercar y ella se dejó, a pesar de la ira que sentía, las dulces lágrimas de una mujer lo conmovían.

- Fue aterrador - él acarició su rostro con suavidad - ese hombre que veo es mi esposo - de pronto la imagen se tornó borrosa y los cabellos dorados se transformaron en rojizos y los ojos azules en turquesas.

- No lo haré, a veces pierdo la cordura sólo porque no quiero que nadie te quiera como yo - la besó con suavidad y ella le siguió sin dificultad, de pronto empezó a llorar y se aferró a su esposo con fuerza.

Gaara por su parte iba camino a su habitación a cambiarse de ropa y darse un buen baño, se sentía de buen humor, sabía que Hinata arreglaría todo, ella era inteligente y hermosa, pudo ser buena asistente en Suna, se la llevaría para guardarla para sí mismo, pero estaba feliz con ella como emperatriz. Con sus ropas puestas se encontró con sus hermanos y su esposa, además del desagrado que tenía de hijo, lo devolvieron a una horrible realidad en la que no podía gozar del tiempo de la mujer que amaba.

- Pa - le decía, pero ni su madre ni él le prestaban atención, todo era tarea de las criadas.

Hinata vio la escena a lo lejos, en realidad no tenía nada que hacer en ese lugar, tenía más problemas en los que pensar, se frotó la sien y buscó seguir su camino, pero una joven mujer se le acercó, detrás de ella iba el pelirrojo un poco incómodo.

- Mi señora - le dijo reverenciándola como correspondía.

- Buenos días - al hacer contacto visual, ella perfectamente la pudo reconocer, con muchas piezas cayendo en su lugar, su marido corriendo a su encuentro.

- Venía a conocerla, he escuchado mucho de usted por mi esposo - dijo haciendo gala de su anillo de matrimonio.

- ¿En serio? - le miró discretamente, Gaara parecía sumamente apenado - pues lamento decir que no he sabido de usted, ni de su hijo - en lugar de tener una discusión nueva prefirió retirarse.

- Hinata - le llamó el pelirrojo intentando que se quedara.

- Sabaku-san - dijo luego de un largo suspiro - por el aprecio que le tengo, le recordaré esto con suavidad, pero mi nombre es para mi familia - se giró para retirarse definitivamente.

Al llegar a su ala, totalmente ordenada y con su traje listo pidió beber un poco de sake, era temprano y no había dormido, pero estaba confundida. Todo había sido muy rápido y confuso, ahora debía lidiar con un marido rebelde al que no podía ejecutar por más que quisiera por el bien de su gobierno, en su lugar lo debía tolerar, fingir una buena relación y darle pequeños hijos. No se sorprendió de encontrarse a sí misma llorando totalmente sola, después de todo, la corona no era compartida, era sólo suya.