Disclaimer: nada de lo que podáis reconocer aquí me pertenece. Todo es propiedad de la genialísima J.K. Rowling. Disfrutadlo!
CAPÍTULO 3: EXPLICACIONES
Entraron en el cuarto de baño de chicas del tercer piso a trompicones y sin separarse ni un milímetro. James empujó a Lily contra la pared y le metió la mano bajo la falda para acariciarle el culo, acercándola a él y haciendo que sus caderas se pegasen completamente. Lily jadeó de placer ante el roce y le mordió suavemente el labio inferior.
— Joder, Lily… — siseó James, cuando la pelirroja empezó a besarle suavemente el cuello mientras le desabrochaba los primeros botones de la camisa. Las cosas habían ido subiendo de tono muy rápidamente desde que, hacía una semana, James le había mandado aquel papelito.
— No puedo quedarme mucho — explicó Lily, entre besos. — Le prometí a Ali que le ayudaría con pociones antes de cenar.
— Yo también necesito ayuda con pociones — argumentó James, causando que Lily soltase una carcajada. — Lo digo totalmente en serio: el otro día le quemé las cejas a Colagusano haciendo un tónico.
— Hace años que no hacemos tónicos, James — suspiró, mientras James le recorría el cuello con la lengua.
— Precisamente: ya no me acuerdo de cómo se hacían. — Lily volvió a reír, y se relamió los labios antes de añadir:
— En ese caso, supongo que podría hacerte un hueco algún día, para una clase privada — sugirió, alzando las cejas y besándolo con fuerza.
— Suena bien — aceptó con gusto unos minutos después, al separarse para coger aire. — De todas formas, yo también tengo que irme. Tenemos el último entrenamiento del curso — dijo, con pena.
— Mmm… entonces supongo que no podría persuadirte para que te quedases, ¿no? — lo tentó Lily, besándolo suavemente en los labios.
— Creo que podrías persuadirme de cualquier cosa… — aseguró él, jugueteando con el elástico de sus braguitas. Le encantaba tocarla allí donde nadie más podía. Sobre todo a sabiendas de que a Lily eso la volvía loca.
La prefecta acarició el cuello de James y lo miró por entre las pestañas, mordiéndose el labio. Tentándolo. En el tiempo que llevaban con su "amaño", se habían enrollado muchas veces y en más sitios de los que Lily se atrevía a reconocer. Le encantaba el sentimiento de calor que la invadía cada vez que James la tocaba o la besaba, esas ganas de más, de saber que estaban haciendo algo malo pero que, por Merlín, se sentía tan condenadamente bien. Le encantaba jugar con él. Rozarle como si nada al cruzarse; besarlo en la comisura de los labios; arañarle el cuello suavemente con las uñas; acariciarle el pelo… Mirarlo como lo estaba mirando justo en ese momento, retándolo a acercarse, a besarla, a hacerla sentir como él sabía.
James la abrazó por la cintura, pegando sus caderas y haciendo que Lily sintiese el bulto que empezaba a notarse en los pantalones del chico, y que en los últimos días aparecía muy habitualmente. Sin duda, la prefecta estaba haciendo algo muy bien.
Se besaron profundamente. Sus lenguas bailando, sus dientes entrechocando, sus cuerpos rozándose sin ningún tipo de pudor, las caderas buscándose y empezando un ligero movimiento errante que los hacía gemir de ganas. Lily estaba empezando a desabrochar los primeros botones de la camisa de James y James acariciaba la parte baja del vientre de Lily, haciendo que las bragas de la chica se humedeciesen al instante sin remedio. Ambos se habían olvidado ya de las pociones, los entrenamientos y el mundo, cuando un grupo de niñas de tercero de Hufflepuff entró en el baño riéndose y se quedaron paralizadas al encontrarse a la prefecta y al merodeador en una posición tan comprometida.
Los chicos se separaron rápidamente, azorados. James se aclaró la garganta y, dándole un beso de despedida en la sien, le dijo:
— Te veo esta noche — y dirigiéndose a las chicas, añadió con un guiño: — señoritas, buenas tardes.
Lily bajó la cabeza, escondiendo una sonrisa, y fue hasta los lavabos para echarse un poco de agua en la cara. De repente hacía mucho calor allí.
El último entrenamiento del año fue un poco triste para James. Jason Hooper, el que había sido su capitán durante tres años, terminaba séptimo y se despedía del colegio y del equipo. Él y James eran los dos jugadores más veteranos Gryffindor, y sentía sinceramente perder a su compañero de juego.
— Te voy a echar de menos, capitán — dijo James, dándole un abrazo antes de que Hooper abandonase el vestuario, donde ya solo quedaban ellos dos.
— Seguro, Potter. Me apuesto un huevo a que estabas deseando que me largase para hacerte con la capitanía — bromeó Hooper, y se puso serio para añadir, agarrándolo por los hombros: — sé que lo harás bien, tío. Eres un gran cazador y un líder de masas nato. Pero me cago en la puta, ojalá pudiese quedarme un par de años más.
El capitán le dio una pequeña palmada a James en la espalda y abandonó los vestuarios. James soltó un suspiro y empezó a desvestirse para meterse en la ducha.
Unos minutos después, cerró el grifo y se enrolló una toalla a la cintura. Se dirigió hacia su taquilla con paso tranquilo y, cuando la estaba abriendo notó un movimiento por el rabillo del ojo. Se giró cogiendo rápidamente la varita y bramó:
— Coño, ¡qué susto! — exclamó. — Seréis hijos de puta — acusó, lanzándoles la toalla a los merodeadores.
— Bueno, en mi caso, es totalmente cierto — aceptó Sirius, tranquilamente, sentándose en un banco junto a Remus y Peter, que esperaban cruzados de brazos.
— ¿Pero qué hacéis aquí? — preguntó James, haciéndose el loco y dándoles la espalda para ponerse los calzoncillos.
— Venga Cornamenta, no me jodas — se impacientó Sirius. — Llevamos esperando una semana a que nos expliques qué coño que traes con la pelirroja. Empieza a cantar.
James se sintió entonces como un cervatillo cazado: estaba atrapado y no tenía posibilidad de huir. No podría engañar a los merodeadores.
— James — empezó Remus, más tranquilo. — No queremos que nos cuentes todo con pelos y señales. Pero somos amigos, y entenderás que nos sorprendió ver cómo le metías la lengua a Lily hasta el esófago antes de ayer en los jardines, cuando hasta hace nada solo le hablabas para tratar de que te cambiase un castigo que coincidía con algún partido de Quidditch.
— Además, ¿qué haces liándote con una prefecta? — se metió Peter, con su habitual voz estridente. — Puede que Evans esté bastante buena, pero será por tías así en este co…
— Si no os he explicado nada todavía — cortó James antes de que Peter acabase la frase, repentinamente cabreado — es porque no tengo explicación.
Los tres merodeadores lo miraron, confundidos. James suspiró, tratando de aclararse a sí mismo.
— Mirad. Simplemente pasó: nos liamos y nos gustó — dijo, dando saltitos mientras terminaba de calzarse. — Y decidimos seguir haciéndolo.
— Entonces estás saliendo con ella — afirmó Pettigrew.
— No. — James dudó y se corrigió: — No exactamente.
Los otros tres volvieron a mirarlo confusos.
— Joder — se exasperó el moreno. — No es tan difícil. No es la primera tía con la que me lío. No se va a acabar el mundo. ¿Cuál es el problema?
— El problema es que tengas que dejar de ser un merodeador para poder seguir metiéndole la mano debajo de la falda a Evans — soltó Sirius a bocajarro.
En esta ocasión, fue el turno de James de mirarlos, confundido.
— Canuto, eres un puto bestia — amonestó Remus, a lo que Sirius se encogió de hombros impasible, mirando al techo. — Nos referimos a que, como casi no te hemos visto esto días, empezábamos a pensar que tal vez habías escogido dejar de estar con nosotros, o dejar de hacer bromas, para poder seguir con Lily.
James soltó el aire, sorprendido y aliviado a la vez. Sus amigos estaban hechos unas nenazas…
— Os juro solemnemente que soy, primero y ante todo, un merodeador — afirmó con seriedad, consiguiendo que sus amigos sonriesen orgullosos. — Es cierto que he estado un poco a mi bola estos días, y lo siento, pero os aseguro que lo que haga o deje de hacer con Lily no hará que me olvide de las bromas, ni de vosotros.
Cuando el chico terminó de hablar, se miraron unos a otros, divertidos y un tanto avergonzados por el momento sentimental, si es que se le puede llamar así, que acaban de compartir.
— Fantástico. Pues aclarado este punto — soltó Sirius, chocando las manos y cambiando bruscamente de tema —, creo que es hora de empezar a preparar la última broma del año, señores.
Los cuatro estallaron en carcajadas y salieron de los vestuarios empezando a urdir la trastada que pondría fin a su sexto curso en Hogwarts.
— Añadimos tres tallos de diente de león — recitaba Lily, con soltura y cierta diversión — y, después de remover quince veces hacia la derecha y diez hacia la izquierda, lo mezclamos todo con los cien gramos de sal del Mar Muerto y…
¡PUFF!
Una gran nube de humo rosáceo emergió del caldero, haciendo toser a Alice, que no se apartó lo suficientemente rápido para esquivarlo. Lily rio levemente, sintiendo compasión por la buena de Alice, que parecía incapaz de memorizar una simple poción contra el catarro.
— Maldita sea, Lily… nunca seré capaz de aprobar pociones — lamentó Alice, llevándose las manos a la cabeza en un gesto dramático. — Nunca podré aprobar y jamás llegaré a séptimo año.
— Oh, venga Ali. No dramatices — la tranquilizó la prefecta. — El profesor Slughorn sabe que te has esforzado. Yo misma le he hablado de lo mucho que has estado trabajando. No te suspenderá y lo sabes.
— Muy positiva te veo últimamente — apreció su amiga, entrecerrando los ojos.
Lily abrió los ojos, aparentando sorpresa, y boqueó tratando de buscar las palabras.
— Ni lo intentes — la cortó Alice. — Sabes a qué me refiero: desde que te ves con James tienes una sonrisa permanente en la cara.
— Alice, olvídate de eufemismos — interrumpió Marlenne, que las observaba desde la puerta de entrada con los brazos cruzados: — Desde que Lily se da el lote con James, nuestra prefecta va vomitando purpurina por cada bendita esquina del castillo.
— ¡Oye! — protestó Lily.
— ¿Qué? No he dicho que eso sea algo malo — añadió, guiñándole un ojo y entrando en la habitación.
Lily negó con la cabeza y empezó a recoger los ingredientes que habían expandido por la mesa para la clase de pociones.
— Eres terrible, Mar… — musitó.
— No me vengas ahora con remilgos de prefecta, por favor — bromeó, sentándose encima del escritorio. — Y cuéntanos, ¿qué tal es Potter? O no, mejor, ¿qué haces con Potter?
— ¡Marlenne! — chilló Lily, colorada con un tomate. Todo el pudor que la abandonaba cada vez que estaba con James, parecía haberla invadido en ese momento. Entre medias, Alice observaba todo, callada y curiosa.
— ¿Os habéis acostado ya? — siguió preguntado Marlenne, ignorando las quejas de la pelirroja.
— Hay que ver cómo estás hoy, Mar… — suspiró Lily, negando con la cabeza y girándose para guardar los tarros con ingredientes y ocultar su rubor. — No — dijo alargando la "o"— , todavía no nos hemos acostado.
— Con que todavía, ¿eh? — remarcó Mckinnon. — Venga, Lil, cuéntanos algo más. Me muero de curiosidad. A juzgar por lo que he visto, no es que os deis simples piquitos, precisamente.
La aludida la volteó a ver, mordiéndose el labio y reprimiendo una sonrisa.
— ¡Será cabrona! ¡Lo sabía! — exclamó Marlenne, divertida, mirando a Alice, que trataba de aguantarse una carcajada. — Te encanta todo este rollo que os traéis, ¿a que sí? — preguntó de vuelta a Lily.
— No sé, Mar. Bueno, sí — titubeó. — Quiero decir que sí, me gusta, me lo paso bien, me gusta ser Lily, hacer lo que me apetece, y no lo que está dentro de las normas, ¿me entendéis?
— Sí, creo que sí — intervino por primera vez Alice. — Llevas seis años reprimiendo tus hormonas y ahora todas han salido a la luz al mismo tiempo gracias al macizo de Potter — razonó.
— Sí, algo así — admitió la pelirroja, pensativa, mientras salían del aula.
— Oye… ¿Y qué tal besa? — seguía Marlene.
— Marlenne, te estás poniendo muy pesada — advirtió Alice.
— ¿Qué pasa? Tú también quieres saberlo — acusó. — Lily, Alice también quiere saberlo, que lo sepas. Que aquí a mí se me está tachando de salida, y no digo yo que no sea un poco cotilla, pero vamos, que no soy la única.
Marlenne siguió hablando todo el camino de vuelta a la torre de Gryffindor, pero Lily apenas la escuchaba. Se había quedado pensando en lo que había dicho Alice sobre James. Hasta el momento había pensado que hacía lo que hacía con James por pura casualidad, que podría haber pasado con cualquier otro chico. "¿Pero podría haber sido cualquier otro?", se preguntó, no tan segura.
CONTINUARÁ ^^
