Disclaimer: nada de lo que reconozcáis aquí me pertenece. Todo es de la genial y maravillosa J.K. Rowling. Disfrutadlo ;)


CAPÍTULO 4: MALAS COMPAÑÍAS

Lily lleva ya varias horas en la biblioteca pero su ensayo sobre las Guerras de los Duendes Contra los Enanos no tenía más de un par de líneas. Le estaba costando mucho concentrarse teniendo el brazo de James sobre sus hombros y al chico acariciándole el muslo y diciéndole tonterías al oído.

— Bueno, ya está bien — zanjó Lily, sacando su lado de prefecta y apartándolo. — Si no vas a hacer nada, lárgate, porque así no hay manera de concentrarse.

James suspiró y se echó para atrás en su asiento, sin apartar el brazo de sus hombros.

— Venga, Lil, si es viernes…

— No, Lil nada — cortó, antes de que la convenciese de irse a algún lado para estar a solas. — No te estoy obligando a que te quedes, pero yo necesito terminar esto hoy, y contigo al lado es imposible.

Se miraron durante un momento, retándose; él, con esa sonrisa gamberra que a Lily le daba ganas de besarlo hasta sentir que se mareaba por la falta de oxígeno; ella, con cara impasible y tratando de mantenerse firme en su decisión. Finalmente, la prefecta ganó al merodeador.

— Está bien — aceptó el chico, alzando las palmas de las manos en un gesto de derrota. — Está bien. Ya me marcho.

James recogió sus cosas y, con un rápido giro de muñeca, las envió con un encantamiento a su dormitorio. Estaba poniéndose en pie para irse cuando la mano de Lily en su brazo lo obligó a volver a sentarse. Se giró hacia ella para preguntarle qué quería pero los labios de la chica acallaron sus dudas. El beso fue breve y le supo a poco, pero fue más que suficiente para conseguir que James no se fuese sintiéndose rechazado.

— No te enfades, idiota — le dijo Lily al oído, jugando con su corbata. — Tengo que acabar esto, y sabes que si estás aquí voy a hacer cualquier cosa menos escribir.

James sonrió ante esto último y respondió:

— Muy tarde para pedir perdón, pelirroja: esta noche vas a tener que compensarme por semejante desplante.

— Trato hecho — aceptó ella, más que conforme.

El merodeador le dio un beso rápido y, guiñándole un ojo, se despidió y salió de la biblioteca en busca de alguno de sus amigos: tenían una broma que terminar de preparar. No pasó mucho tiempo antes de que alguien se sentase a su lado. Lily se giró irritada, creyendo que era James, pero se equivocaba.

— Menudo espectáculo estás dando últimamente con Potter — espetó Severus Snape, claramente asqueado.

— Hola a ti también, Sev…

Lily volteó los ojos y, por respeto a la amistad que los había unido durante sus años en Hogwarts, la chica decidió que lo mejor sería morderse la lengua y seguir escribiendo, haciendo caso omiso de la presencia de Severus.

— No me puedo creer que después de todo lo nos ha hecho ese gilipollas tú te estés enrollando con él por todas las esquinas del puto colegio — siguió el Slytherin, enfadado por la ausencia de respuesta de la chica. — Lilian, ¿qué coño estás haciendo? ¿Te acuerdas de quién fue el que me tiñó el pelo de blanco con un conjuro permanente?, ¿o del culpable de que te pasases un mes entero estornudando cada vez que me acercaba a ti? También fue cosa de los merodeadores que nuestra sala común estuviese inundada con cerveza muggle un trimestre entero, que las mesas del Gran Comedor estuviesen suspendidas a varios metros sobre el suelo, que las armaduras cantasen canciones obscenas cada vez que alguien pasaba por delante…

Lily interrumpió su enumeración con una risita que fue incapaz de reprimir al recordar el episodio de las armaduras cantarinas. Severus la miró como si estuviese contemplando la cosa más desagradable sobre la faz de la Tierra.

— No entiendo de qué te ríes. Es que me parece increíble: de repente dejas que Potter se meta en tus bragas y le ríes todas las…

— Severus, te estás pasando de la raya… — advirtió, Lily, dejando de lado el tono jocoso.

— La que se está pasando aquí eres tú. Joder, Lily, que es Potter, el matón de Potter. Y tú eres una prefecta y…

— Y hago lo que me da la puta gana, Snape — zanjó Lily, alzando la voz y cerrando el libro de un golpe, haciendo que se giraran a mirar varios alumnos. Bajó la voz para añadir: — Estoy hasta las narices de que me digan lo que tengo que hacer y cómo lo tengo que hacer. Lo que tenemos James y yo nos afecta única y exclusivamente a él y a mí.

Snape bufó ante el ramalazo de chulería de la pelirroja.

— "Lo que tenemos James y yo", — se mofó. — Esto es repugnante, me decepcionas mucho: de un día para otro te has convertido en la putita de Potter.

Lily sacó la varita tan rápido que Snape ni siquiera se dio cuenta del movimiento.

— Repite eso una vez más y te aseguro que todas las bromas que te han hecho los merodeadores en seis años te parecerán una tontería en comparación con lo que te haré yo — amenazó sin levantar en lo más mínimo la voz. Snape estaba paralizado de la impresión. — Y si tan repugnante te parece, pues no mires. ¿Desde cuándo eres un puto fisgón? — terminó.

La prefecta se levantó y salió por la puerta de la biblioteca muy cabreada y dejando al Slytherin con la palabra en la boca. No le importaba lo que dijera la gente: estaba haciendo lo que le daba la gana y no tenía ningún tipo de remordimiento. Lo que le jodía era que su supuesto amigo tuviese los santos cojones de decirle cómo se suponía que tenía que comportarse teniendo él el tipo de amigos que tenía. "Y a ver cuándo demonios acabo yo esa maldita redacción, coño", pensó, furibunda.


Esa noche, cuando James se sentó junto a Lily en uno de los sofás de la sala común, la notó rara: estaba sentada sola en una esquina, ya en pijama, con un libro en el reposabrazos del sillón, pero con la mirada perdida en un punto del suelo. Le pasó un brazo por encima de los hombros, esperando que la chica se apartase pero, en lugar de eso, ella se giró hacia él y lo besó con ganas. James respondió complacido, y no pudo evitar que apareciese un bulto en su entrepierna cuando Lily le pasó una pierna por encima de las suyas para sentarse a horcajadas sobre su regazo. Sin embargo, esto le dejó más claro todavía al merodeador que algo estaba pasando. Era tarde, y la mayoría de los alumnos estaban ya en sus habitaciones, pero todavía quedaba por lo menos una docena de Gryffindors en la sala, haciendo los deberes o charlando, los cuales contemplaban ahora sorprendidos el ramalazo pasional de la prefecta de su casa. Llevaban poco más de quince días con su rollo, pero James ya había aprendido que a Lily no le gustaba montar espectáculos, por lo menos no en público, y siempre intentaba apartarse de los lugares con gente cuando James empezaba a acariciarla con segundas intenciones. Y, por supuesto, de ninguna manera le dejaba que le comiese la boca como lo estaba haciendo ella en ese momento si había alguien más en la habitación.

Haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, James apartó a la prefecta con poco tacto cuando ésta le mordisqueaba la oreja y le acariciaba el estómago por debajo de la camisa. Lily se separó con cara de sorpresa, y claramente ofendida.

— ¿Qué? — le soltó, alzando las cejas y sin moverse de su lugar.

— Lil, ¿qué pasa? — preguntó el chico, acariciándole las rodillas desnudas: el pantalón del pijama a duras penas le tapaba el trasero, algo que no suponía ningún problema para el merodeador. La prefecta alzó los hombros inocentemente.

— ¿Pasar? ¿Qué me va a pasar? Esta tarde te dije que te compensaría por echarte de la biblioteca, y eso hago — explicó, acercándose de nuevo a los labios del chico.

— Lily — volvió a repetir James, agarrándola por los brazos. — No me jodas: te pasa algo. ¿Desde cuándo te gusta andar dando estos espectáculos delante de todo el mundo?

Lily lo miró, muy enfadada de repente, y se intentó levantar para irse, algo que James le hizo imposible al agarrarla por el interior de las rodillas, arrimándola a él.

— Suéltame. Si ya estás cansado de enrollarte con la "prefecta perfecta" — dijo, imitando el tono del merodeador— , no te preocupes: me puedo buscar a otro — le espetó, haciendo que James se riese, tranquilo. — No le veo la gracia por ningún lado, Potter, te hablo muy en serio. Suéltame.

— Mmm… Creo que hasta me pone que me llames Potter cuando estás enfadada — bromeó, acariciándole la pierna suavemente. — Y, contestando a tu no— pregunta, te diré que no, no me he cansado para nada de enrollarme con mi prefecta perfecta — dijo dándole un beso en los labios.

— Pues no lo parece — siguió ella, cruzándose de brazos y alejándose de él todo lo que podía. James bufó ante la contestación.

— Venga, ya está bien. Lo de hacerte la tonta no te pega nada: ¿qué te pasa? – preguntó por tercera vez, mirándola a los ojos fijamente. Lily suspiró derrotada.

— No es nada. Es menos que nada, en realidad. Apenas tiene importancia — empezó, jugando con un botón de la camisa de James. — Bueno, sí que es algo, y sí que me jode, pero no quiero decírtelo, porque a lo mejor te enfadas.

Aquello hizo que el chico la mirase frunciendo el ceño, desconfiado.

— Lily, ahora ya estoy enfadado — dijo endureciendo un poco el tono. ¿Qué coño estaba pasando? Lily volvió a suspirar.

— Esta tarde, cuando te marchaste de la biblioteca, Severus vino a verme — empezó. La prefecta notó como James apretaba la mandíbula y la miraba tratando de que no mostrar ningún tipo de reacción a sus palabras. — ¿Sabes qué? Déjalo, no pasa nada. Cambiemos de tema y…

— Lily — cortó James, intentando sonar tranquilo. — Quiero saberlo, de verdad. Puedes contármelo.

— Maldita sea… Sev es un buen amigo, ¿vale? Y ya sabes que no habéis tenido una relación especialmente buena — James asintió, en un intento de ser educado, y la dejó seguir — y vino a verme para decirme que no le parecía bien que nos estuviésemos viendo — terminó.

— Ya, ¿y qué más? — insistió el chico.

— Y nada más. Eso es todo — aseguró, fingiendo inocencia.

— Joder, Evans, ¿te das cuenta de lo difícil que es sacarte dos frases seguidas? Dilo de una puta vez, y ya — dijo alzando la voz más de lo que pretendía y enfadando a Lily.

— Oye, no me grites, que no estoy sorda — contestó, levantando también la voz. — Si no me da la gana de contártelo, pues no te lo cuento — afirmó, dándole un empujón para desasirse de él. — Déjame. Me voy a la cama — James hizo caso omiso y la abrazó un poco más fuerte. Lily inspiró, tratando de calmarse. — Te juro por mi vida que como no me sueltes te pego un puñetazo, Potter. — James soltó una risotada.

— No sabía que te gustaba jugar tan fuerte — dijo acariciándole el muslo, de repente divertido ante la idea. — Pero si quieres, algún día podemos probar el rollo duro — bromeó.

— Sí, eso es justo lo que me faltaba — bufó, apartándose de él. James rio.

— Si es una broma, mujer, ¿a qué viene eso ahora? — preguntó, alzando las cejas, divertido.

— Severus me dijo que me estaba convirtiendo en tu puta — soltó a bocajarro.

Un silencio denso cayó entre los dos. Lily estaba avergonzada por haberle contado algo así a James; y James estaba intentando lidiar con la sorpresa y el enfado que lo acababan de asaltar.

— Lily — llamó al cabo de unos minutos, cogiéndola del mentón. — Sabes que eso no es cierto, ¿verdad? Yo… yo ya sé que esto en lo que andamos es un poco difícil de explicar, joder, ni siquiera yo termino de tenerlo claro, pero… — titubeó, aún sorprendido por semejante idea — pero no eres mi puta, ni mucho menos. Maldito cabronazo, ¿cómo se atreve a decirte eso? ¡A ti! Se va a acordar de esto…

— No se va a acordar de nada, no vas hacer absolutamente nada — lo interrumpió, viendo por dónde iban los tiros. — Severus estaba enfadado y habló sin pensar en lo que decía. A mí me da igual lo que piense la gente, ya te lo dije. Lo que hacemos o dejamos de hacer solo nos incumbe a nosotros dos, pero…

— Pero ese hijo de puta no tenía derecho a decirte algo así — replicó, enfadado.

— Nada de lo que me puedas decir me va resultar nuevo, créeme: ya le he dado muchas vueltas. El punto es que Sev es mi amigo, uno de mis mejores amigos — James volteó los ojos, irritado por esa afirmación — y me dolió mucho que me dijese algo así.

Se quedaron los dos callados, mirándose y tratando de ordenar sus propios pensamientos antes de seguir hablando.

— Merlín, estoy tan, tan furiosa con él — admitió, dejando caer los hombros y mirándose las manos en su regazo. — Después de todas las tonterías que ha hecho, de todas las veces que me ha dicho que no me meta en su vida y que él es libre de decidir con quién se junta, después de haberle perdonado decenas de veces que me insulte en público para no tener problemas con sus amigos… Después de todo, viene a menospreciarme y echarme en cara mis compañías. Vaya amigo de mierda — terminó, aguantándose un sollozo.

— Ven aquí — dijo James, abrazándola. — Ni mis amigos ni yo somos ningunos santos, pero esa gente… Esa gentuza es basura, pelirroja, están podridos por dentro. No puedes dejar que te afecte lo que digan esos intentos de magos tenebrosos.

— James, no lo entiendes — suspiró la chica, separándose de él. — Severus es uno de mis mejores amigos, o al menos lo era. Imagínate cómo sería si fuese alguno de los merodeadores quienes te insultasen así, ¿cómo te sentirías?

El aludido se quedó mudo por un momento, entendiendo por primera vez el dolor de la prefecta. Si alguno de sus amigos lo hubiese ninguneado como había visto que Snivelus ninguneaba a Lily en público… James apretó la mano en un puño y negó con la cabeza para sí.

— Ese hijo de puta malagradecido… — maldijo. — Lo siento, de verdad. Yo nunca me lo habría planteado de esa manera — suspiró y, en contra de sus deseos de venganza, dijo: — si no quieres que le haga nada, te prometo no tocarle ni un solo pelo de esa cabeza grasienta. Pero dime al menos que puedo hacer para ayudarte.

Lily lo miró, con una sonrisa y los ojos llorosos.

— ¿Me das un abrazo? — pidió con la voz tomada. James la volvió a tomar entre sus brazos y la abrazó con fuerza.


CONTINUARÁ ^^