Disclaimer: no me pertenece nada de esto. Es todo propiedad de JK Rowling.
CAPÍTULO 7: NO QUIERO QUE CAMBIES
— Lil, creo que Potter tiene toda la intención de pasar la noche en la sala común — anunció Marlenne al entrar en el dormitorio de las chicas. — Deberías bajar a hablar con él de una vez.
Lily, tumbada de lado en la cama, no podía dejar de darle vueltas a la cabeza.
— Ni de coña. Que se joda. Yo no pienso dirigirle la palabra — bufó, tapándose la cara con el antebrazo.
Tras la broma a los Slytherins, Lily había subido las escaleras corriendo y se había encerrado en su habitación sin dejar tiempo a James a que hablase con ella. Tres horas después, seguía en sus trece.
— Pero Lily, si ya sabes cómo son — intentó Alice, sentándose a los pies de su cama. — ¿Qué vas a hacer? ¿Enfadarte cada vez que hagan una travesura? Entonces te pasarás la vida de mal humor, amiga…
— No es… no es eso — suspiró la pelirroja.
Había algo que no funcionaba, sentía una angustia que le estaba aplastando el pecho y no le dejaba respirar correctamente.
— Si quieres saber mi opinión — empezó Marlenne, tumbándose junto a Lily en la cama, — creo que estás haciendo una montaña de una chorrada.
— Mar, no me estás ayudando — rezongó la aludida.
— Pero ¿cuál es el problema, en realidad? — insistió la chica. — Y no me digas que es esa estúpida broma.
La pelirroja se quedó mirando al techo, buscando las palabras que no terminaba de encontrar.
— Antes, cuando Ali me preguntó qué era lo que le quería decir… — empezó. — No sé qué quiero decirle, porque no sé si quiero seguir con esto, ¿sabéis? Yo no voy a cambiar, y tampoco quiero que él tenga que cambiar nada por mí.
— Pero Lil, eso es genial, significa que os aceptáis tal y como sois y… — celebró Alice.
— No, no es así. No es que yo acepte sus gilipolleces, es que no me parece justo pedirle a nadie que cambie, ¿entiendes? Pero eso no quiere decir que… que yo… que pueda…
Alice y Marlenne se miraron con cara de circunstancias, sabiendo lo que venía a continuación.
— Lily, no lo hagas — pidió Alice.
— ¿Que no haga el qué? — preguntó ella, frunciendo el ceño.
— No mandes todo a la mierda porque te estés encontrando un par de piedras en el camino, joder — aclaró Marlenne. — ¿Qué te crees? ¿Que las relaciones son todo color de rosa?
— No son un par de piedras, Mar.
— Te vas a arrepentir. Muchísimo — advirtió Alice, negando con la cabeza.
— De lo que me voy a arrepentir va a ser de no hacerlo antes de que esto sea peor…
— ¿Peor que qué? Si ya estás enamorada hasta las trancas.
— ¡Joder! ¡Me cago hasta en el puto Merlín! — bramó James entrando en su habitación y cerrando la puerta de un portazo.
Se había pasado las últimas 3 horas en la sala común, esperando pacientemente a que a Lily se le pasase el enfado y decidiese hablar con él o, en todo caso, bajase echa un basilisco y lo maldijese. Pero no había pasado nada de eso. Lo máximo que había obtenido había sido un "No piensa bajar, Potter" de su amiga Marlenne antes de que volviese a desaparecer por las escaleras de caracol.
Al final, se había rendido y había subido a su habitación fallando miserablemente en su intento por disimular su desquiciamiento.
— Eo, ¿qué pasa, Cornamenta? — se sobresaltó Peter, girándose hacia la puerta de entrada.
— Nada — respondió secamente el moreno mientras se empezaba a desvestir para ponerse el pijama.
Ante su respuesta, Black se rio burlón desde su cama sin despegar la vista de la revista de motos muggles que estaba leyendo.
— Sirius… — le advirtió Remus, alzando las cejas con elocuencia.
James apretó los dientes y se puso la camiseta del pijama sin girarse siquiera a mirarlo.
— ¿Qué? — espetó el aludido, encogiéndose de hombros. — Eh, Pete, ¿quieres saber qué le pasa a Cornamenta? — inquirió y Pettigrew asintió, interesado. — ¿Te acuerdas de cuando nos dijo que si Evans no estaba conforme con la broma se iba, y cito textualmente, "a tener que aguantar"?
— Sirius, no me toques los cojones — advirtió James en un susurro, sin girarse y apretando los dientes.
— ¿Te acuerdas, Pete? — insistió Black.
— Sí… creo que sí — murmuró el otro. — Lo dijo el otro día, ¿no? ¿En Hogsmeade?
— Eso es — asintió Sirius. — ¿Pues sabes qué? Que ahora el que no se aguanta la mala hostia de la pelirroja es él. ¡Se ha convertido en el perrito faldero de la prefecta, damas y caballeros! — exclamó con una carcajada que sonó más a un ladrido.
— Sirius, ya está bien — lo reprendió Lupin.
— ¡Ya está bien mis cojones! ¡Lo dije! ¡Os lo avisé! ¡Que como siguiese así con Evans iba a irse todo a la mierda! ¡Y miradlo ahora! ¡Por confiar en ella se ha convertido en un pelele que…!
Sirius no llegó a terminar la frase. James se acercó a él furibundo y lo levantó bruscamente de la cama, robándole momentáneamente el aire de los pulmones.
— ¿Pero a ti qué coño te pasa? ¡¿Eh?! — le gritó. — ¿Sabes por culpa de quién se va a ir todo a la mierda, pedazo de gilipollas? ¡Por ti! — exclamó, empujándolo con fuerza y haciendo que el aludido apretase los dientes, conteniendo su furia.
— Déjame, Potter — masculló.
— No. ¡Explícame qué cojones se te pasa por la cabeza, Black, porque no lo comprendo! ¡Porque no entiendo este acoso y derribo contra mí, hostia! ¿Qué te he hecho para que te pases el puto día tocándome los huevos? ¿Qué? ¿Te gusto, acaso?
— Eres un hijo de puta… — dijo Black entre dientes.
Sirius se abalanzó sobre él, lo derribó en el suelo y lo golpeó con rabia. James trató de sacárselo de encima devolviéndole algún golpe, pero estaba demasiado sorprendido, no por el puñetazo en sí, sino por todo lo que suponía ese gesto.
— ¡Eh, eh! ¡Ya está, Sirius! ¡Déjalo! ¿Te has vuelto loco o qué? — gritaba Remus, agarrando a Sirius por un brazo mientras Peter hacía lo que podía con el otro y lo sacaban arrastras de encima a James.
Desde el suelo, el moreno se recolocó las gafas y se quedó mirando con desconcierto a su amigo que, todavía sujetado por los otros dos, le devolvía la mirada, lívido de ira. Y en ese momento entendió lo que pasaba. Black se estaba muriendo de celos, eso era evidente, pero sabía que no se trataba de celos románticos. Lo que envidiaba el muchacho iba mucho más allá, llegaba a un terreno en el que James no podía ayudarlo: envidiaba su actitud.
¿Cómo podría Sirius, un niño maltratado desde que aprendió a decir "no", ser capaz de abrir su corazón a gente que lo hubiese tratado mal de alguna forma en el pasado? En cambio, James, el niño adorado y consentido de los Potter, criado desde la cuna entre agasajos y amor, apenas conocía el lado duro de la vida, buscaba siempre lo bueno de las personas y ahora, pese a todo lo que los había perseguido en el pasado, pese a las innumerables discusiones y castigos que les había ocasionado, el chico parecía cada vez más embelesado por la joven pelirroja que le estaba robando a su hermano del alma.
— No te atrevas a llamarme hijo de puta, Black — espetó. — Mi madre no se merece que digas algo así.
Ante ese recordatorio, el repudiado de los Black dejó caer los hombros y desvió la mirada. James nunca le había echado en cara los cuidados y atenciones que le había regalado su madre durante años, no podría: hacía mucho que había decidido que Sirius formaba parte de su familia. Pero ahora había cruzado todas las líneas.
— No es eso lo que quería decir — replicó secamente.
— ¿Y qué coño querías decir? Creía que eras como mi hermano, pero no creo que haya muchos hermanos tan dispuestos a hacer mierda al otro tan bien como lo haces tú conmigo.
— No me vengas con gilipolleces, James — restó importancia.
— El perdón y el amor no te hacen más débil, ¿sabes, Sirius? — siguió. — En cambio, la envidia hará que termines por no sentir nada más que odio dentro. Como sigas así, mucho me temo que de negro tendrás algo más que el apellido.
— ¿Y tú qué coño sabes? ¿Qué sabrá el niño bonito lo que es la envidia? No sabes lo que es el dolor o el sufrimiento. No tienes ni puta idea de cómo es.
— Tienes razón, no lo sé — aceptó James. — He tenido una buena vida, soy un hijo consentido, tengo unos amigos por los que iría al fin del mundo, nunca me ha faltado de nada… Y nunca se me había pasado por la cabeza que nada de eso sería algo que precisamente tú me pudieses echar en cara — preguntó él de nuevo, encogiéndose de hombros. — Siento mucho que tu vida haya sido una mierda, Sirius. Y todavía siento más que sea una mierda por mi culpa.
— No es lo que…
— Y a propósito — lo cortó él, dirigiéndose hacia la salida. — Sí, tenías razón. Ahora mismo no puedo dejar de pensar en qué hacer para que se le pase el enfado a Lily — admitió James. — No puedo soportar pensar que se vaya de vacaciones sin hablarme, que no me quiera ver en todo el verano, que no me perdone la puta broma. Porque me gusta mucho. ¿Y por qué no iba a gustarme? Es inteligente, es buena, es divertida, es preciosa y me hace sentir bien — enumeró. — Quizás la clave para sentirse mejor con uno mismo sea tratar de mirar lo bueno de las personas. Deberías probar a hacerlo, Sirius. Te iría mejor. A todos nos iría mejor.
Tras esto, James salió de la habitación con las manos en los bolsillos y los hombros hundidos. Cuando se perdió de vista, Remus y Peter soltaron a Sirius, que se quedó arrodillado en el suelo, con la mirada perdida y las lágrimas arremolinadas en los ojos.
Lily se levantó de la cama dando una patada exasperada a las sábanas. Pasaba de las tres de la mañana, pero no era capaz de dormir, y dudaba que fuese culpa del calor pegajoso de junio en el que estaba sumido el castillo.
Se puso las zapatillas, bajó las escaleras, cruzó la sala común, salió por el hueco del retrato y caminó despacio por los pasillos desiertos sin ninguna dirección en concreto. Cuando se quiso dar cuenta, había salido del castillo y estaba sentada en una roca, en la orilla del Lago Negro.
La chica oyó un ruido a su izquierda, cerca del Sauce Boxeador, y después le pareció ver a un animal grande ocultándose de ella aprovechando la oscuridad. Lily achinó los ojos, tratando de distinguir de qué animal se trataba, pero todo lo que pudo alcanzar a ver unos segundos después, unos metros más allá, fue a James, caminando hacia ella con las manos en los bolsillos y la cabeza gacha.
— Dichosos los ojos — saludó él con gesto serio.
— ¿Qué haces fuera del castillo a estas horas? ¿Quieres que te expulsen definitivamente del colegio o qué? — espetó ella.
— Estás de coña, ¿no? — replicó él, señalando lo evidente: ella también estaba incumpliendo las normas estando allí sentada.
Lily se dio cuenta de lo ridículo de la discusión, por lo que decidió dejarlo pasar y volvió a posar la vista en el lago. Con un suspiro, James se sentó a su lado, en silencio, sin tocarla. "Está raro", pensó ella, "o quizás la rara soy yo…".
— Habíamos quedado en hablar después de cenar… — tanteó él al cabo de unos minutos, mirándola de reojo. Lily no dijo nada. — Lil… solo fue una broma. Además, están todos bien — dijo.
Lily se mordió el labio inferior pero no le contestó. Sus ojos tampoco se apartaron de un punto perdido en el Lago Negro.
— Ei… — la llamó él, tomándola ligeramente del mentón para girarle la cabeza en su dirección. — Pelirroja, perdóname, por favor — pidió el chico, dándole un beso suave en los labios del que Lily no se apartó. — Esto es una chorrada y… Joder, te juro que hoy ha sido un día de mierda – añadió, con los ojos cerrados.
Ella negó con la cabeza e inhaló.
— No puedo.
— ¿Que no puedes? — repitió él.
— Ni puedo ni quiero perdonarte, James — aclaró Lily.
Él alzó las cejas con incredulidad, notando que la rabia que llevaba intentando controlar toda la noche volvía a rugir en su pecho.
— Y, ¿qué coño es lo que quieres, Evans? ¿Que me convierta en una seta? ¿Que me vuelva todo seriedad y buenos modales? ¿Que te pida permiso hasta para respirar?
Lily se lo quedó mirando, con gesto serio y un nudo en la garganta.
— Pues claro que no — negó ella. — No voy a pedirte que seas alguien que no eres, eso es algo que siempre hemos tenido claro los dos, ¿no?
James dejó caer los hombros y la miró a los ojos, sin responder a su pregunta. En esos momentos, ni toda la rabia del mundo podría devolverle las fuerzas: estaba agotado de pelearse con la gente que quería.
— Pero esto… Lo que sea que es… — dudó ella. — Esto no va a funcionar.
— ¿Qué es lo que no va a funcionar? — preguntó, confuso.
— Esto. Nosotros — aclaró, señalándolos. — No podemos pasarnos la vida discutiendo, James. No es justo para ninguno de los dos — siguió, tratando de contener las lágrimas.
— ¿Qué? — rio él.
— Lo digo en serio, James — aclaró, sin cambiar la expresión.
— Venga ya — negó él, acercándose un poco más a ella. — Lil… Lil, esto… Esto es una chorrada, un gilipollez sin importancia. No podemos… No puedes mandarlo todo a la mierda por una discusión.
Ella agitó la cabeza y se puso en pie para alejarse un poco de él. Había tomado la decisión y no podía dejar que su cercanía la confundiese.
— No es una tontería, James — dijo. — No es una tontería lo que siento cuando me besas, o la alegría estúpida que noto si sonríes, o las ganas que tengo de pasarme cada puto minuto del día contigo.
— Pues a mí también me pasa eso ¡Me pasa lo mismo! — exclamó el moreno, dándose cuenta por fin de la gravedad de la conversación y poniéndose en pie también. — Y… y mira: si quieres que deje esas cosas, las bromas, lo mandaré todo a la mierda. Te lo juro, Lil.
— No quiero que cambies, James — suspiró. — Me gusta cómo eres, aunque me den ganas de matarte.
James se pasó una mano por el pelo, exasperado, y dio un par de pasos hasta quedarse a unos centímetros de la cara de la chica.
— Lil, no me jodas. Tú también me gustas. Mucho. Es evidente — señaló, acariciándole la mejilla. — Todo esto es una gilipollez, venga…
— Lo sé. Por eso creo que es mejor que terminemos con esto ahora, antes de que nos hagamos daño de verdad — decidió ella, apartándole la mano. — Antes de que lleguemos a una discusión en la que terminemos por odiarnos.
El moreno se la quedó mirando en silencio, tratando de encontrar un argumento que derribase el muro que había construido rápidamente la pelirroja entre los dos. Pero no pudo, estaba demasiado cansado de discutir.
— ¿Entonces se acabó? — preguntó él en un susurro.
— Se acabó — asintió ella.
¡Hasta aquí por hoy! Nos queda un último capítulo y os prometo que lo tengo más o menos preparado así que, si me animáis mucho, quizás lo publique antes de lo que os esperáis ;)
Me alegra mucho saber que sigo contando con lectorxs al otro lado. Por favor, no dejéis de comentar qué os ha parecido, ¡sobre todo porque este último capi ha entrado en terreno melodramático al máximo! jajajaj Gracias por seguir ahí, de verdad 3
CONTINUARÁ ^^
