"Dos caras, una moneda"
En el mundo, en cualquiera de los planos existenciales, hay tres cosas que Reborn no tolera.
La primera es que alguien le diga que hacer.
La segunda es que molesten algo que por derecho ya es de su propiedad.
Y la tercera es que alguien se meta en sus asuntos.
Por muy extraño que se escuche puede tolerar la segunda, aunque por dentro este ardiendo de rabia, enojo y quiera hacer sufrir a los matones de su humano, sabe que es necesario, altamente necesario si quiere que sus planes al final tengan éxito.
La primera y tercera es algo que definitivamente nunca, jamás va a permitir que suceda, ningún demonio o ser le va a decir que hacer y cómo actuar. Y si lo llegan intentar, bueno, no saldrá ileso, un ejemplo claro es su estúpido lacayo.
Sin embargo, ahora tiene unos nuevos problemas, los "amigos" de Tsunayoshi.
Unas simples rocas, tan, pero tan malditamente convenientes, si sabe cómo manejarlos y ajustarlos a sus planes todo será fantástico, puede romper al castaño de una forma tan perfectamente maravillosa y una vez que esté tan roto. El será el único en que pueda repararlo y rehacerlo a su manera.
¿Verdad?
Dejo escapar un suspiro, puede que aquellos dos sean la clave para hacer las cosas mucho más interesantes. O al menos un espectáculo secundario que puede disfrutar hasta que el evento principal inicie.
Y si sus planes tienen éxito, esas pequeñas piedras solo serán un estorbo los próximos 6 meses. Es poco tiempo si solo se queda en el plano terrenal.
Solo tiene que aguantar ese tiempo para que Tsunayoshi sea finalmente suyo.
—¿A dónde vas Reborn? —Una suave voz interrumpió tanto sus pensamientos como sus movimientos—. ¿Regresaras al mundo terrenal?
Reborn asintió de manera vaga, no tiene ganas de discutir con aquella chica.
—Ya veo… —Murmuro un poco decaída, realmente esperaba poder sacarle una palabra aquel demonio orgulloso—. Reborn, yo…
—Yuni. —Interrumpió un poco enojado para después soltar un largo suspiro, como si estuviera pensando que decirle a la de menor estatura—. Todo está bien, no te tienes que preocupar.
La nombrada negó, no quería que eso continuara—. ¡Esto no es lo que…!
—Esto no se trata de lo que tú y los demás quieran, Yuni, se trata de lo que necesitamos… —Siseo enfadado, la menor se estremeció notablemente, no estaba acostumbrada a que el demonio más alto le hablara con ese tono.
Reborn no se molestó en ofrecer una disculpa, no es necesaria, además, nadie, ningún alma o ser en cualquiera de los planos existenciales va a recibir una "disculpa" por su parte.
—No quiero que nadie se meta en mis planes, si lo intentan no tendré piedad… —Observo de reojo a la chica, esta no logro ocultar su estremecimiento al ver como mayor la veía con tanto, tanto desprecio—. Ni siquiera contigo, lo sabes.
No pensó que volvería a ver aquella mirada en ese rostro, o al menos no desde que…
Bueno, eso ya es otra historia.
La chica asintió varias veces, pensó que había superado ese miedo, pero al parecer se equivocó, ese temor solo estuvo escondido porque Reborn la trataba bien.
—No sé cuándo regresare, no se molesten en buscarme. No planeo poner un solo pie en este sitio a menos que sea altamente necesario. —Advirtió antes de continuar su camino.
Ignoro olímpicamente como la chica corría, huía de él y de sus oscuras intenciones a pesar de que estas no eran para ella.
Y sin nada más que lo pudiera detener más tiempo en aquel plano, finalmente cruzo la puerta, necesita saber que ha pasado con su querido Tsunayoshi desde que dolorosamente se tuvo que apartar de él.
"Sigue así, Sawada…"
Son tres palabras y aun así no las puede pasar por alto, su corazón se acelera demasiado con tan solo recordarlas. Aquel pensamiento no lo podía olvidar ni dejar atrás, estaba muy emocionado, feliz, desde que recuerda ningún profesor le dio alguna clase de cumplido, nadie, ningún adulto, ni siquiera sus propios padres, nunca le dieron alguna clase de aliento.
Sabe que no debería de emocionarse solo por eso, ese profesor siempre felicitaba a todos los alumnos por cumplir con sus tareas, sin embargo, nunca lo han felicitado.
¿Está mal disfrutar ese pequeño momento?
¿Y si es así? ¿Y si está equivocado y no debería de emocionarse? Es decir, ninguno de sus compañeros se emociona o sonríe tontamente solo porque fueron alagados por cumplir con sus tareas, por cumplir las expectativas que los profesores que tienen sobre ellos…
Quizás…
Si es tonto disfrutar eso…
Pero, ¿por qué se siente tan bien cuando recuerda aquella frase?
¿Si continua esforzándose recibirá más alagados? ¿Sera reconocido por más profesores y adultos? ¿Ser inteligente le dará algún benefició? ¿Lo dejaran de llamar "dame-Tsuna"? ¿Dejara de ser intimidado? ¿Sus matones lo dejarían en paz?
—Te ves muy preocupado, Tsuna, ¿sucedió algo? —Cuestiono una nueva persona con cierto temor. Era Takeshi, lo estaba observando con demasiada preocupación, ¿Sawada se sentía mal?
El castaño dio un pequeño brinco, por estar perdido en sus pensamientos, por breves segundos se le olvido que estaba siendo acompañado por Hayato y Takeshi.
Sawada negó a la pregunta que le hicieron, todavía no se había acostumbrado por completo a las presencias de aquellos dos a pesar de que ya llevan más de un mes con él.
—¡Si te sientes mal o algo te preocupa puedes contarnos! —Comenzó emocionado Hayato y con una sutil sonrisa continuo—. ¡Para eso son los amigos!
—Gra… Gracias… —Tartamudeo, hace mucho tiempo que ya no tartamudeaba con ellos, se supone que lo había dejado de hacer porque confía en ellos. Tanto mentalmente como físicamente se dio un pequeño golpe en su frente con la palma de su mano.
—¿Te encuentras bien? —Ambos adolescentes preguntaron, un poco preocupados por la acción que había hecho el castaño, pero a la vez un poco divertidos por aquel adorable sonrojo que mostraba el menor.
—Si. Lo siento, no era mi intención preocuparlos… —Mostro una tímida sonrisa.
—¿Seguro…? —Reitero Hayato, no quería incomodar al castaño, pero tenía que estar seguro.
Tsunayoshi asintió varias veces, necesitaba que lo dejaran de ver.
Los más altos observaron varios segundos al menor, sin embargo, no era momento de molestarlo, por el momento continuarían con su plática y después con más calma, en la casa de Sawada, le cuestionarían que le sucedió.
Al escuchar como aquellos dos continuaban con el debate sobre qué cosa era mejor que otra, el pequeño castañito volvió a perderse en sus pensamientos.
Ahora que lo pensaba con detenimiento, sus matones ya no lo molestaban tanto. O bueno, ya no lo han "invitado" para pasar el rato con ellos.
Eso era un alivio, uno muy grande. Ya no se tiene que preocupar por tener que limpiarse sus heridas o inventar escusas para que su madre no descubra el origen que tienen.
Tan perdido estaba en sus pensamientos, que apenas noto que llegaron a su casa, está casi seguro que si Takeshi no tocaba el timbre y Hayato lo sacudía ligeramente, todavía seguiría perdido en las nubes.
—¿Si? ¿Quiénes son…? —La dulce voz de su madre lo congelo, ¿no se supone que se encontraba fuera de casa?—. Oh, eres tú, Tsu. ¡Y ustedes deben de ser sus amigos! —Grito emocionada, no logro contenerse y termino atrapando a los tres chicos en un abrazo.
Nana estaba más que feliz, desde que su querido Tsu era tan solo un niño, siempre, siempre, no había día en que no esperaba con ansias ese momento. El momento en que su querido hijo trajera amigos a su casa.
Su querido tesoro no estaba tan solo como ella pensaba.
¡De seguro los mantuvo en secreto todos estos años! Le quería dar una gran sorpresa, ¿verdad?
—Mama, detente, por favor... —Suplico su querido castañito, desgraciadamente era el que se había llevado la peor parte del abrazo, pues estaba siendo aplastado por los otros dos.
Nana cedió, principalmente porque no quería que Tsunayoshi perdiera el conocimiento—. Si. Si. Por favor, pasen, están en su casa. —Pidió amablemente mientras se adentraba a su hogar y dejaba un par de pantuflas extras para los invitados.
—Con permiso… —Hayato y Takeshi murmuraron una vez que se adentraron a la casa del castaño.
Ciertamente era emocionante, estar en la casa de su amigo y en la casa donde creció el Vongola decimo. Ahora que lo pensaban, ¿dónde está Tsuna?
Casi de inmediato giraron a todas partes, buscando cualquier señal de su presencia, ¿acaso los matones aprovecharon su distracción y se lo llevaron?
Estaban a punto de salir en su búsqueda cuando lo vieron bajar, es decir, rodar por las escaleras, específicamente a mitad de ellas.
La mala suerte o lo descuidado que era, es un gran misterio.
—¿Tsuna, estas… Vivo? —Cambio la pregunta Takeshi con una pequeña y divertida sonrisa, ya habían visto caer al castaño por las escaleras varias y en cada una de ellas, siempre era a la mitad de estas.
—Sí, sí, no son necesarias tantas manos para ayudarme, solo una mano es necesaria, gracias… —Murmuro sarcásticamente al mismo tiempo en que dejaba de besar el suelo.
Takeshi se limitó a reír un poco mientras que Hayato lo ayudo a colocarse de pie.
—¡Tsuna era adorable cuando apenas tenía tres años! —Alego Nana, mostrando el álbum de fotos familiares.
Tanto Takeshi como Hayato observaban con mucha emoción como era su amigo de niño.
Ningún niño pequeño se ve adorable cubierto con puré de papa, ninguno, pero Tsunayoshi era distinto, se veía ciertamente encantador aunque tuviera los ojos llenos de lágrimas. Tenía cierto aire de inocencia, pero ahora que lo miraban de reojo, todavía lo tiene.
Por otra parte Tsunayoshi quería desaparecer, ya no soportaba tanta humillación, si, suele soportar la de sus maestros por no entender un simple tema de matemáticas y también puede soportar los insultos de sus matones, sin embargo, esta humillación era distinta.
Necesitaba que la tierra se lo tragara.
—¡Tsuna se ve tan adorable junto a Ieyasu! —Su madre cambio la página, señalando a sus dos adorables hijos.
Nuevamente, ambos adolescentes analizaron y admiraron cada detalle que habían en cada una de las fotografías, al parecer la información que les dieron era verdadera, ambos hermanos han tenido una buena relación desde que eran niños.
Una clara muestra era la foto que señalaba Nana, Tsunayoshi se encontraba llorando mientras Ieyasu lo protegía de un perro, un chihuahua.
Muy adorables, como les hubiera gustado tener una relación de ese estilo con sus hermanos.
—Ah, esto es demasiado humillante… —Murmuro el castaño, el rojo lo pintaba completamente.
—Ahora, que lo pienso, ¿ustedes tienen hermanos? —Cuestiono un momento su madre con curiosidad.
Con toda intención de dejar de escuchar aquella conversación que tenía su madre con sus amigos, tomo los platos que ocuparon para la cena y los llevo al fregadero.
—Sí, pero… —Takeshi comenzó con cierta incomodidad.
—Se encuentran fuera del país… —Completo la frase con cierta tristeza Hayato.
Quizás si le hubiera prestado más atención aquella conversión, todo hubiera sido diferente, ¿verdad?
Para cuando regreso del baño, sus amigos ya se encontraban poniéndose sus zapatos.
—Deberían de quedarse a dormir. —Propuso inocentemente nana, no quería dejar que aquellos chicos se marcharan y estuvieran vagando a esas horas de la noche.
—No es necesario. —Aclaro Takeshi, no planean quedarse o interrumpir demasiado la privacidad del castaño, está seguro de que Tsuna en algún momento, más adelante en el futuro los invitara a pasar la noche en su casa.
—Es una lástima, quería seguir mostrándoles más fotos… —Susurro abatida. Todavía quería terminar su plática con aquellos chicos. Su querido hijo sin duda sabe elegir buenos amigos—. Pero que se la va hacer, ¡tengan cuidado al regresar a su hogar!
Ambos adolescentes se despidieron con la mano y mientras se alejaban un pequeño y agudo grito los detuvo.
Tsunayoshi no se quería quedar atrás, así que juntando toda la poco valentía que tenía grito: — ¡Me mand… mandan un mensaje cuando lleguen…! —Mentalmente se volvió a dar un golpe, hoy no es su día.
Hayato y Takeshi sonrieron, y con mucha más energía movieron sus manos.
—¡Si! —Respondieron al mismo tiempo, Tsuna era un gran sujeto—. ¡Mañana nos vemos en el parque! —Le recordaron, todavía tenían una salida planeada para el día de mañana.
El castaño sonrió, esta vez no se molestó en ocultar su sonrisa mientras movía su mano de un lado a otro.
Se encontraba acostado en su cama, ya acobijado y listo para dormir. Se supone que lo tiene que hacer, pues al día siguiente se despertaría temprano para encontrarse con sus amigos.
—Tengo amigos… —Murmuro con cierto entusiasmo.
¿Así se sentía tener amigos? ¿Tener personas con las cuales pasar el rato sin hacer nada en particular? ¿Eso era la amistad? ¿Tener personas con las cuales contar?
Por las deidades, si la palabra "si" es la respuesta, lamenta mucho no haber intentado hacer amigos antes…
No, si lo intento… Pero nadie nunca lo acepto…
Oh, rayos, ahora se deprimió el solo.
"¿Y cómo estas tan seguro que ellos te consideran su "amigo", dame-Tsuna?" La amarga voz de su demonio resonó en la habitación al mismo tiempo en que sentía como su cama se hundía de un lado.
—¡Reborn…! —Grito un poco alterado, o mejor dicho: asustado. No esperaba que el demonio hablara o bueno, en realidad no esperaba que estuviera con él. Soltó un suave suspiro antes de moverse a otro lado, observando la pared—. ¿Desde cuándo llegaste?
"Hmmm, quien sabe…" Tarareo un poco antes de guardar silencio, se sentía muy cómodo acostarse en las piernas del castaño.
—¿Por qué estás tan callado? —Cambio la pregunta, es muy raro que Reborn no esté tan insiste, ciertamente extraño su presencia, sin embargo, va a extrañar las mañanas tranquilas, sin tener que buscar su despertador para apagarlo—. ¿Y dónde estuviste todo este tiempo? Se sintió extraño no sentir tu presencia junto a mi este mes… —Divago al mismo tiempo en que revelaba sus pensamientos.
Reborn guardo silencio, estuvo demasiado tiempo lejos. "¿Acaso extrañabas verme? Aww que tierno…" Se burló, pero había un poco de felicidad en sus palabras, eso estaba bien, se supone que Tsuna se tiene que acostumbrar tanto a su presencia a tal punto en que ya no pueda vivir ni un solo minuto alejado de él,
El castaño estaba a punto de responder algo cursi, muy empalagoso para su gusto, pero agradece que el demonio a veces sea un idiota.
"¿Eres una clase de pervertido?"
—¡Olvídalo, jamás puedo tener una conversación normal contigo…!—Grito lo más bajo posible, cerro sus ojos, necesitaba dormirse de una vez.
Tras varios minutos de silencio, una voz extrañamente tranquila lo rompió.
"¿En verdad confías en ellos?"
—¿Por qué me preguntas eso? —Dio media vuelta, esta vez para admirar su escritorio.
"¿En verdad están contigo porque quieren ser tus amigos o porque se los ordeno tu hermano?" Cambio la pregunta, Reborn sabía que estaba pisando un terreno peligroso, uno que le puede jugar en contra o a favor si sabe dónde pisar.
—¿Por qué me preguntas eso? —Reitero su pregunta, eso era algo que no se había planteado hasta ese momento.
"Quiero decir, ¿por qué otro motivo se tomarían las molestias de hacer un viaje hasta Japón? Tú no te lo habías preguntado, ¿verdad?" Reborn observo unos segundos como la mirada de Tsuna se transformaba en una llena de confusión a una de tristeza. Está jugando bien, un poco más y una de sus metas será cumplida. "Quizás solo se los ordenaron y no porque en verdad les intereses, es decir, por algo te han dejado de golpear, porque ellos te protegen. Porque les ordenaron protegerte."
EL dolor en la mirada del castaño lo deleitaron, pero esa satisfacción no duro demasiado. Tsunayoshi cerró los ojos, evitando saber qué es lo que siente en esos momentos.
—Eso no tiene sentido… —Los defendió, ¿acaso estaba confiando ciegamente en ellos? —Además, no tengo que preocuparme de eso, no tengo que cuidarme de ellos.
"Si no es de ellos, entonces, ¿de quién?" No entiende que estaba insinuando el castaño.
Lentamente abrió los ojos, revelando una mirada de completa seguridad—. De ti, de un demonio, no de otro humano…
Reborn hubiera soltado una carcajada divertida por esa respuesta. Más no lo hizo. Solamente le daría una advertencia que claramente necesita conocer.
"Los humanos son mucho más crueles que los demonios…"
NOTA:
No soy de las personas que abandonan sus historias de un momento a otro, así que no se preocupen, en mi tumblr anuncie que me tomaría un tiempo para mi fuera de todo esto.
¡Y gracias por tu amable comentario personita anónima!
