Hace más o menos un mes hice una encuesta en mi feisbuk sobre si querían que escribiera una historia viktuuri Angst con final triste o con Lemon... obviamente ganó la historia con lemon x'DDD (Sólo pongan "rhapeseuhansface" en el buscador de feis y les saldrá).
Así que aquí está el fic prometido. Sin embargo, entre más escribía, más le fui agregando cosas sin querer, por lo que probablemente tenga más de tres capítulos :'Du
Como sea, espero que lo disfruten y dejen comentarios o críticas constructivas~
Advertencias: Au escolar. Humor, romance. Lemon en capítulos más avanzados.
*La portada de la historia fue dibujada por mí.
Si había algo en lo que Katsuki Yuuri era especialmente malo era en llenar las expectativas de otros.
Yuuri era un Alfa, pero no lo parecía. Tenía 21 años, pero su genética japonesa lo hacía lucir más joven y más pequeño de lo que era (a pesar de medir más de 1.70). Se había presentado como Alfa a los 16 años, pero nunca había pasado su celo con nadie. Lo había intentado, por supuesto, pero su amiga Yuuko estaba enamorada de otro Alfa con el cual se casó y tuvo trillizas (al menos le pidió ser el padrino); y los otros Omegas que intentó conquistar a lo largo de su vida sólo lo veían como un Alfa poco viable para sus futuras crías y lo rechazaban con fingida pena.
Yuuri no buscaba tener hijos aún, sólo quería tener algún novio o novia que le hiciera compañía y lo quisiera. Pero él no era chico atractivo ni popular, y su olor no atraía nadie, además, tenía un poco de sobrepeso (gracias a las sabrosa comida de sus padres).
Realmente no era gordo, no pesaba más de 65 kilos, pero la mayoría de Alfas se esmeraban tanto en tener cuerpos esculturales y músculos enormes que, a comparación de ellos, Yuuri parecía un costal de papas en reposo.
Su vestimenta tampoco le ayudaba mucho. Él prefería ropa cómoda y holgada, además de que su familia no contaba con el lujo de poder comprarle ropa de marca. Apenas si pudieron conseguirle un viejo pero funcional smartphone durante su último cumpleaños.
Aún así, Yuuri estaba relativamente feliz con su vida. Sabía que su familia lo amaba sin importar lo inútil o poco llamativo que resultaba para otros Omegas, y que probablemente acabaría triste y solo en la vida y que nunca podría darle a sus padres los nietos que tanto deseaban.
Ya se había resignado de alguna manera. Lo único que le quedaba era estudiar y tratar de ayudar con el negocio familiar.
Así que sobra decir que fue una enorme sorpresa darse cuenta que el Omega Viktor Nikiforov estaba interesado en él.
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Yuuri no era bueno en muchas cosas, pero era testarudo y se esforzaba siempre por mejorar (o al menos en no fallar tan estrepitosamente), por lo que había decidido estudiar algo relativo a Negocios para ayudar con la administración del onsen por más que se le dificultaban las clases, las tareas y el horario. Aunque debía admitir que tener una clase en común con el Omega más codiciado de la facultad (y su crush desde hace unos meses) le alegraba un poco sus días.
Viktor Nikiforov, además de ser su compañero de clases, era un modelo amateur y un par de años mayor que él. Tenía un largo y bonito cabello plateado que brillaba de manera imposible ante los rayos del sol y un par de vivaces ojos aquamarinos, los cuales se abrían de sobremanera cuando algo le entusiasmaba. Y era alto, tan alto como un alfa, incluso era unos centímetros más alto que Yuuri.
Viktor era popular y conocido por casi todos en la universidad, al menos por la gente que le prestara la suficiente atención a los espectaculares en las calles, o por quienes estuvieran interesados en los omegas extranjeros rusos.
No obstante, a pesar de la larga fila de alfas esperando por él y el hecho de tener un trabajo ya asegurado gracias a su innegable belleza, Viktor tenía otros planes a futuro, o al menos eso había comentado un día en clases.
"Seré contador." Contestó Viktor durante clases, cuando el profesor les preguntó sobre sus futuras profesiones. "Sólo uso el modelaje como una fuente de ingresos para continuar con mis estudios."
Obviamente nadie le creyó, y se escucharon murmullos desaprobatorios por toda el aula, ¿pues quién en su sano juicio contaría números y llenaría papeles legales tan gustosamente como para llamarlo trabajo ideal? Tener hijos era lo que le aseguraba a los omegas tener un alfa, mismos alfas quienes trabajaban y debían entregaban todo su dinero a sus omegas para mantener a sus cachorros. Los omegas no tenían necesidad de trabajar si cumplían con su función de dar vida y quedarse en casa.
Yuuri decidió creerle a Viktor simplemente porque no pensaba que éste tuviese la necesidad de mentir, de hecho, lo admiraba por ser tan honesto y valerse por sí mismo. Y el hecho de no querer tener hijos aún y centrarse en cambio en sus estudios era perfectamente comprensible. Yuuri no envidiaba a Takeshi por tener que lidiar con sus tres pequeños accidentes.
Viktor y Yuuri no eran amigos, sólo habían conversado algunas veces durante clases sobre temas referente a la materia o comentarios aleatorios, por lo que pensó que se había tratado de un golpe de suerte cuando, tras faltar un día a clases por una gripe, regresó con la noticia de que Viktor y él sería compañeros de proyecto y tendrían que pasar la clase juntos, sentados a un lado del otro para trabajar.
Juntos, con el agradable olor a vainilla que las glándulas sudoríparas de Viktor desprendían cada vez que agitaba su cabello o dejaba expuesto su cuello cuando lo peinaba hacia atrás.
Yuuri trataba de no verse muy animado mientras esquivaba la mirada azul de Viktor, pues no quería incomodarlo mirándolo más tiempo de lo necesario. Ya había visto antes cómo el omega era molestado por otros alfas que intentaban llamar su atención y éste tenía que rechazarlos de manera directa y sin miramientos (la mayoría de omegas eran demasiados tímidos o se hacían las víctimas para que otros los defendieran), así que centraba más su mirada en su libro de texto y sólo hablaba si el peliplateado lo hacía primero.
"¿Acaso yo no te agrado, Yuuri?" Escuchó la voz de Viktor preguntarle en un tono juguetón, aunque de alguna manera no sonó como una broma.
Yuuri se volvió hacia el peliplateado con sus ojos marrones bien abiertos. Viktor lo miraba de vuelta con una pequeña sonrisa en su boca, aunque podía intuir algo de seriedad en su postura. El Alfa parpadeó un par de veces antes de entrar en pánico.
"¡¿Qué?! ¡Pe-pero me agradas, Viktor!" Exclamó moviendo frenéticamente las manos, tratando de no gritar porque seguían a mitad de la clase. "En serio me agradas. Lo siento si te di la impresión contraria. Yo sólo…" Yuuri bajó su vista a la mesa y se detuvo de hablar. Ser introvertido no era parte de la personalidad de un Alfa respetable, por lo que se maldijo mentalmente por no saber cómo continuar la oración.
"Oh, ya veo. Eres tímido. Ahora lo entiendo." Yuuri se hubiese sentido ofendido sino fuera porque la sonrisa de Viktor se ensanchó y sus ojos azules se iluminaron con genuino interés. El moreno asintió lentamente, sintiéndose más relajado. Viktor era inteligente y amable, y le alegraba saber que también que era comprensivo. "¿Sabes? Por un momento creí que yo era el problema y que no querías tener nada que ver conmigo." Agregó, posando la barbilla sobre la palmas de sus manos para después apoyar los codos sobre la mesa, acercándose bastante al espacio personal de Yuuri.
"¿El problema?" Repitió Yuuri. Estaba demasiado ocupado mirando sus labios naturalmente rosados moverse como para pensar en retroceder.
"Sí. Cada vez que he tratado de hablar contigo actúas nervioso y me das alguna excusa para escabullirte, y no vas a ninguna de las fiestas a las que te he invitado. No puedes culparme por pensar que me evitabas, Yuuri." Viktor decía todo aquello sin malicia y sin intención de acusarlo, sumando que existía un dejo de alivio en su mirada, aunque su sonrisa parecía contenida.
Viéndolo de esa manera, Yuuri no podía culparlo por pensar eso.
"¡Lo siento! ¡Esa no era mi intención!" Dijo juntando las manos en posición de disculpas, cerrando los ojos por la vergüenza y la culpa que comenzaba a sentir porque Viktor pensara aquello. "Es sólo que trabajo en el onsen de mi familia. Ayudo con la limpieza y soy mesero en el pequeño restaurante del lobby, y mi turno comienza poco después de que terminen las clases. Hago mis tareas de noche. No tengo mucho tiempo libre para socializar."
... Un minuto. ¿Viktor acababa de decir que había rechazado invitaciones suyas?
Súbitamente recordó que el Omega, en efecto, le había preguntado en un par de ocasiones si asistiría a ciertas fiestas sólo para recibir una respuesta negativa de su parte. Era sólo que a Yuuri nunca se le ocurrió pensar que fueran invitaciones para ir juntos.
"Onsen…" Viktor se llevó un dedo al labio inferior y miró al techo, pensativo. "Ah, ¿te refieres a esos lugares con baños de aguas termales, cierto? Lo mencionaste una vez en clases."
"Sí." Yuuri abrió los ojos de nuevo y cabeceó vehementemente. No sabía cuánto tiempo Viktor tenía viviendo en Japón, pero su acento ruso seguía presente y eso era adorable. Además, le sorprendió que recordara su explicación. "Mi familia tiene el último onsen de la ciudad, Yu-topia, y estamos algo cortos de personal, así que…"
"Entiendo." Sonrió, y sus codos se deslizaron más por la mesa, casi tocando el brazo izquierdo del alfa. "Es tu familia y quieres ayudarlos." Yuuri cabeceó de nuevo. "Dime, Yuuri…"
"¿Sí?" Inquirió un poco nervioso, notando su repentina cercanía. Viktor era injustamente apuesto, y sus expresivos ojos delataban fielmente su humor, el cual en ese momento era contemplativo y extrañamente feliz. Además, Viktor rara vez escondía su dulce y seductor aroma a vainilla. Yuuri mismo usaba jabones anti-olor para esconder su nada atractivo y decepcionante aroma a Alfa fracasado.
"¿Acaso hay alguna Omega especial en tu vida? ¿Algún Omega que te esté esperando en casa?" Aquella pregunta lo tomó desprevenido, dejándolo mudo por algunos segundos.
"¿Uh? No. Bueno, ¿mi madre cuenta?" Respondió confundido. ¿Por qué Viktor preguntaría algo como eso?
A no ser que Viktor estuviera interesado en él…
No, no. Imposible. Seguro que el peliplateado ya tendría un novio Alfa y sólo trataba de sacarle plática a su compañero de clase. Sí, eso debía ser...
Sin embargo, su respuesta pareció agradarle al omega porque éste comenzó a reír con una postura más relajada, con sus hombros destensándose y su espalda encorvandose para que sus ojos quedaran más a la altura de sus ojos marrones.
Viktor abrió la boca para decir algo más, pero sea lo que fuera que iba a decir fue apagado por la campana de la escuela. Era hora de cambiar de clases.
Yuuri guardaba su cuaderno y pluma dentro de su mochila cuando sintió la mano de Viktor sobre su brazo derecho.
"Yuuri, ¿qué tal si intercambiamos número de teléfono? Los solteros deberíamos llevarnos bien." Guiñó un ojo, y Yuuri lo miró con sorpresa un par de segundos antes de digerir la oración y asentir rápidamente.
Tras intercambiar números y salir a buscar sus respectivos salones, Yuuri de a poco salió del modo automático y recordó lo que Viktor había dicho antes de despedirse.
"Me alegra haberte elegido como mi compañero de proyecto."
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