Kohaku no había sido apresada nunca, por lo cual no tenía idea hasta ese momento qué tan lento parecía fluir el tiempo, ni qué tan aburrido podía ser pasar tantas horas sin hacer nada. Aunque inmediatamente después de pensar eso, recordó su breve experiencia de estar petrificada, y eso infinitamente peor. Si unos días podían ser así, no podía siquiera imaginar lo que sería un año entero…y mucho menos 3700 años como todos sus amigos. Pero lo único que podía hacer para mantenerse entera y fuerte, aunque ahora disponía de la libertad de movimiento de caminar por su pequeña celda, era pensar. Idealmente podría entrenar para matar el tiempo, pero su adolorido cuerpo y sus recientemente rotas costillas le impedían hacerlo. Podían pasar días hasta que disminuyera el dolor, y al menos un mes para sanar lo suficiente como para volver a moverse libremente.
"Libremente", pensó. Lo que menos tenía ahora era libertad, y no sabía por cuánto tiempo seguiría así su situación. Era evidente que el enemigo era muy poderoso, con lo cual no sería fácil para sus amigos enfrentarse a ellos, estaba segura que les tomaría un buen tiempo, tal vez un mes, o más. Tenía que escapar, era lo único de lo que estaba segura. Aunque ahora sentía la responsabilidad de hacerlo con Gen, no podía escabullirse sola, en especial si creía en la amenaza de que podrían lastimarlo o matarlo. ¿Serían capaces? Si los habían recibido a balazos dos veces, no dudaba que había una buena probabilidad de que no tuvieran culpa en cumplir su palabra. Como sea, tendría que elaborar un plan de escape, aunque le lleve días, quedarse allí no era una opción.
Se miró la ropa nueva que llevaba puesta. Era del mismo color claro que la de Senku, solo que esta tenía demasiados picos sin sentido alrededor del cuello, y en la parte inferior del vestido, que la hacían sentir que lucía como una ridícula flor. Pero al menos estaba vestida y cubierta, y no medio desnuda como la habían dejado cuando le cortaron su vestido para curarla y revisarla. Se había sentido un poco incómoda porque no sabía lo que pretendían esos hombres, pero al parecer por lo menos no eran indecentes. Por lo que sabía, con uno podía hablar, y con el otro no, por lo cual estaba segura que el que se acercaría a ella más seguido para intentar sacarle información, era el primero, el líder. No pensaba decirle nada de sus amigos, pero sobre otros temas que no los afectaría a ellos, podría negociar.
Pero para su sorpresa, el primero que apareció frente a su celda fue el que el líder presentó como el soldado, Stanley. Y llevaba en una mano una bandeja, con lo que parecía ser un plato de comida y un vaso. ¿Por qué él? No podían hablar, y tenía entendido que era la mano derecha del líder, así que… ¿qué hacía él ahí, llevándole la comida? Quizás todavía pensaban que ella podía morder a quién se le acercara. Esas eran buenas noticias, que la consideraran digna de vigilancia para alguien de la talla de ese soldado. Una sonrisa confiada asomó a su rostro, pero tuvo que ocultarla rápidamente. El hombre entró a la celda, se arrodilló para dejarle la bandeja en el piso, y para sorpresa de Kohaku, no se fue, sino que agarró una silla y la puso frente a ella, a unos dos metros de distancia. Se sentó en la silla, encendió un cigarrillo, y se quedó ahí mirándola.
Luego de observar el plato de comida, un generoso pedazo de carne con su hueso, le devolvió la mirada, desafiante, no pensaba dejarse intimidar, y así se quedaron, como estatuas, por unos minutos. El único movimiento era el de la mano de él, que la acercaba a la boca para inhalar ese desagradable humo, sólo para exhalarlo después, una y otra vez. Kohaku no entendía cuál era el objetivo de eso, pero tampoco podía preguntarlo. Sospechó que su reto de miradas no tendría fin, y al soldado no parecía importarle continuar. No había ninguna emoción visible en esos ojos azules, pero al mismo tiempo la rubia sentía como si tuvieran un misterioso poder magnético. O tal vez se lo atribuía ella, por la concentración con la que lo miraba para descubrir la más mínima reacción, lo cual no sucedió. Pero ahora Kohaku no quería correrle la mirada, porque sentía que "perdería" en un juego de voluntades no pactado, por lo que se obligó a seguir mirándolo.
Pero de pronto un sonido se percibió entre tanto silencio, y fue el del estómago de ella. Frunció los labios y se sonrojó, no por vergüenza, sino por la indignación que sintió hacia su cuerpo, que había sido más débil que su férrea voluntad. Las comisuras de los labios del soldado se elevaron un poco, lo que la enojó más. Manteniendo la poca dignidad que le quedaba después de eso, insistió en no correrle la mirada, mientras se llevaba el pedazo de carne a la boca. Era evidente que él no iba a moverse hasta que ella terminara de comer, así que era mejor apurarse a terminar, así se lo sacaba de encima, a él y a su mirada de mar profundo. Lo curioso, y molesto, es que Stanley seguía mirándola impasible, ya le estaba resultando perturbador, como si el objetivo oculto de él fuera obligarla a correr la mirada.
Fueron los diez minutos más largos e incómodos de su vida, y los más incomprensibles. Pero cuando terminó y alzó la bandeja para devolvérsela, él amplió más su sonrisa, al tiempo que resopló rápidamente por la nariz como si fuese una risa contenida, y dio un par de aplausos que sonaron débilmente a través de los guantes blancos que cubrían sus manos. Hasta el último segundo, ninguno corrió la mirada, ni dijo una palabra. Los ojos de ambos habían dado su batalla, y podría decirse que había terminado en empate. Pero luego el soldado se fue, dejándola sola, y Kohaku respiró profundamente, aliviada de sacárselo de encima. ¿Lo habría hecho para probar su determinación? Lo único que sabía, es que no iba a volver a perder contra él, nunca más.
Pero la soledad no le duró mucho, porque un rato después escuchó pasos acercarse, y esta vez era el líder, Xeno.
- Buenas tardes, Miss Kohaku.
Pero ella no contestó. Más bien lo miró en ese desafiante silencio, el mismo que mantuvo con Stanley.
- Parece que los modales no son tu fuerte, no eres nada elegante, qué lástima. Espero que hayas disfrutado tu almuerzo.
Pese a la provocación, no reaccionó. Pero le intrigaba saber si este otro hombre venía también a probarla.
- ¿Vas a aburrirme con tu juego de miradas? No me interesa, no vine a perder el tiempo – Abrió la celda, se sentó en la silla también, y cruzó una pierna sobre la otra– Lo que diferencia a los seres humanos de los animales es la evolución de la consciencia, el razonamiento y el lenguaje, Miss Kohaku. Así que, vine a comunicarme contigo bajo esas premisas. ¿Podemos hablar civilizadamente?
- No tengo nada que hablar contigo.
- Yo creo que sí –sonrió levemente– Verás, me quedé muy interesado por lo que me dijiste. En especial la posibilidad de que de alguna forma hubo personas sobrevivieron a la petrificación, o que despertaron poco más de veinte años antes que yo… como científico, entenderás que me resulta muy curioso.
- Tu curiosidad es problema tuyo, no mío.
- Te equivocas, Miss Kohaku. Mi curiosidad puede ser un problema…o una ventaja, para ti. He llegado a la conclusión de que, para recibir, primero hay que demostrar la voluntad de dar, y con más ahínco en el caso que la otra parte sea más bien reticente a dar. Así que te propongo algo.
- ¿Tan rápido estás negociando? –desconfió Kohaku– Pensé que ibas a amenazarme o a insistir un poco más.
- Recuerdo haberte dicho que mi intención es que te unas a nosotros, con lo cual lo primero que dices queda descartado, no sería muy elegante ni lógico. Y no tengo tiempo que perder con juegos intrascendentes, así que la negociación sería lo más rápido y efectivo para que lleguemos a un acuerdo beneficioso para ambas partes.
- No vas a amenazarme, pero acabas de decir que tu curiosidad podría ser un "problema" para mí. Eso no suena muy amable.
- El motivo por el que puede ser un problema, es porque seguirías sola y aburrida en esta celda por un largo, largo tiempo. En cambio, si demuestras una mejor predisposición, podría facilitarte algunas comodidades para que estés más a gusto. Tal como el desertor de tu grupo, Míster Gen. Aunque en su caso vino voluntariamente, lo cual simplificó las cosas.
- ¡JA! ¿Y tú eliges esas "comodidades"? –Sonrió burlonamente.
- En buena parte, porque no puedo ofrecerte algo que no tenemos, ni perdería el tiempo en conseguirlo. Pero si tienes algún pedido, lo consideraré. Aunque eso dependerá de si la información que piensas darme es valiosa para mí, o son datos pintorescos einservibles.
- No venderé a mis amigos, a ninguno. Prefiero pudrirme en este lugar, y esa respuesta no va a cambiar.
- Esperaba algo así, ya lo dijiste anteriormente. Pero en este momento me interesa más tu misteriosa procedencia, y eso, entenderás, no afecta para nada a tus estimados amigos, porque tu lugar de origen está cruzando el océano, y no pueden hacer nada contra nosotros, ni nosotros contra ellos. Así que, para empezar, podría ofrecerte que salgas de aquí, y que puedas descansar en una modestamente cómoda habitación con una decente cama, lo cual tus heridas agradecerán más que este frío y duro piso.
- Quiero ver a Gen –pero se corrigió, dándose cuenta que podían aprovecharse de la simpleza de su pedido– Quiero poder estar en contacto con Gen, hablar con él.
- ¿Vas por la gran apuesta, Miss Kohaku? –se rió de su atrevimiento. Esa niña no perdía el tiempo tampoco. Y en sus ojos podía ver que no se iba a conformar con comodidades tan triviales como un colchón. Posiblemente no sabía siquiera lo que era eso, y debía estar acostumbrada a dormir en el suelo. Eso era información.
- No me interesan otras cosas, la vida dura no es un problema. Pero por más que sea un desertor, es la única persona con la que puedo entenderme en este lugar, además de ti, que eres mi enemigo. Así que esa es mi exigencia, si quieres que hable sobre eso.
- Hmm, ya veo –se levantó– Lo pensaré entonces, Miss Kohaku. Mientras tanto, disfruta tu estadía.
Sin más, Xeno salió de la celda, y Kohaku volvió a quedar sola. Se puso de pie también para estirar las piernas. Esos dos hombres eran intimidantes, no había duda alguna, y no tenía idea hasta cuándo podía probar su "paciencia" con sus respuestas cortantes y desafíos. Pero sabía que tenía la ventaja de la información que ellos querían, así como que les servía de rehén, al contrario de Gen que había mentido diciendo que era un desertor. Necesitaba hacer tiempo, así que mantendría ese papel todo lo que pudiera.
Xeno iba de camino al laboratorio, pensando en la breve charla con la chica. No tenía pelos en la lengua, y parecía tener en claro lo que guardaba a su favor, no le había permitido presionarla ni un poco. Sonrió ligeramente, reconociendo que quizás había gente interesante como ella entre esos críos adolescentes, pero de la única forma que él consideraba tenerlos cerca, era poniéndolos a su servicio.
Lo que antes llevaba un par de semanas, ahora llevaba meses. ¿Cuánto tiempo podría llevar doblegar a una persona? No había tenido que lidiar con eso hace mucho, y menos aún desde que se despetrificaron, ya que todos instantáneamente aceptaron su liderazgo, y el de Stanley a su lado. Inteligencia y fuerza militar, no había dúo más poderoso en todo el mundo. Podrían aplastarlos fácilmente…pero necesitaban mano de obra, sería un desperdicio aniquilar a esos jóvenes ilusos, ya habían demostrado progresos muy interesantes como para ignorarlos. Incluso pensaba que muchos de ellos eran más útiles que los "músculos" que tenía a su disposición, no todos los que de despetrificaron solos eran destacados. Simplemente habían encontrado una motivación, por estúpida que fuera, como para sobrevivir todos esos años y mantener la consciencia.
¿Cuáles serían las motivaciones de esa chica? Si era verdad que sus experiencias antes de conocer al líder científico enemigo eran de una vida primitiva con una organización social básica como la de una tribu, sus mayores preocupaciones eran la alimentación, la seguridad y los sucesores para continuar la demografía de su pueblo. ¿Pueblo? No sabía siquiera de cuántas personas constaba, ni cuál era la infraestructura que manejaban, eso podía cambiar la situación de si eran veinte personas, o cien. Eso era lo primero que tenía que sonsacarle, definitivamente. Aunque podía ser que con la llegada del Dr. Taiju, eso hubiera cambiado drásticamente la organización social de su tribu, no sabía cuánta influencia había tenido su presencia. Pero si esos mocosos ya tenían un barco de tan elaborado, armas de acero, telecomunicaciones, electricidad y tantas otras cosas, era indudable que hubo cambios profundos en la dinámica social de su entorno.
Eso significaba que tendría que mostrarle avances científicos que valieran la pena para llamarle la atención, lo cual era un poco peligroso porque le estaría dando demasiada información al enemigo. No era como si pudiera escapar, Stan la volvería a atrapar y le dejaría unos cuántos huesos más rotos por su atrevimiento, o cumplirían la amenaza de lastimar al mago. Pero intuía que era un hueso duro de roer, y eso lo irritaba de sobremanera. ¿Desde cuándo alguien como él tenía que pasar horas del día pensando no en ciencia, sino en cómo convencer a una niña de inteligencia tan inferior de que suelte la lengua? Claro que podía hacerlo por las malas, pero eso era muy poco elegante, y no servía a su propósito de reclutar a otras personas bajo su liderazgo. El verdadero poder estaba en que esas personas sean contentas de acatar sus órdenes y directrices, y no que estuvieran pensando en las formas de clavarle un puñal por la espalda a la primera oportunidad. Aunque si tenía que ser un dictador para lograrlo, no le remordía la consciencia.
Stanley se había adelantado y lo estaba esperando en el laboratorio.
- ¿Novedades?
- Es a todo o nada. La única forma en que dice que va a abrir la boca es si la dejamos hablar libremente con el mago.
- ¿Es buena idea eso?
- Confirmaría la sospecha de que Míster Gen no haya desertado, aunque era algo que ya sopesábamos. Ella ya sabe que si intenta escapar, el que paga las consecuencias es él, y no creo que se arriesgue a tanto. La única contra sería que consideren escapar juntos, pero en ese caso sólo les espera la muerte.
- Podría verlo y hablar, pero bajo nuestras condiciones.
- Me puso la condición que yo no estuviese cerca, porque entiendo su idioma.
- Sospechoso. Qué atrevida la chica samurái –rió por lo bajo– Me gusta que tenga agallas. Tuve una interesante batalla de miradas. En ningún momento corrió la suya, ni siquiera cuando se metía la comida en la boca, nada mal. De hecho, creo que podría ser un récord, no recuerdo a nadie que haya aguantado tanto, lo disfruté.
- A mí también me divierte. Le dije que iba a pensar su condición, pero aceptaré. Tenemos la ventaja en todo, y quiero esa información. Con el tiempo podremos apelar a la confianza y otros métodos para que siga hablando.
- A ver, dame tu mejor sonrisa –vio a Xeno hacer una mueca más seria y siniestra incluso, irritado, y Stan sonrió burlonamente– Así no vas a conquistarla.
- ¿Conquistarla? Me insultas –dijo casi con asco– No me interesa seducir a una niña ignorante, no es siquiera una buena broma eso.
- Tampoco es como si tuvieras a una científica súper inteligente esperándote a la vuelta de la esquina, ¿no? Pero dejando eso de lado, tendremos que convencerla por las buenas para que siga hablando, en lo posible.
- La pregunta es en qué enfocamos su cerebro para quebrar su voluntad férrea, si al placer, o a la felicidad.
- Son partes de lo mismo, ¿no?
- Sólo en apariencia y porque apuntan a sentimientos positivos y de satisfacción, pero son diametralmente opuestos. El placer está regido por la sustancia llamada dopamina, y se caracteriza por ser adictivo, se disfruta en el corto plazo, y es visceral, es decir que el cuerpo lo siente. Incita al "recibir", al egoísmo, y es algo que puede experimentar el individuo por su cuenta. El cerebro se siente satisfecho, pero al mismo tiempo no le alcanza, quiere más de esa sensación Por el otro lado, la felicidad, de la cual la producción de serotonina es la responsable, no es adictiva, y se desarrolla en el largo plazo. Se siente "etérea" porque es un estado mental, más que físico. El sujeto tiende a ofrecer, a dar, más que concentrarse en recibir, podría verse como una acción desinteresada, y busca compartirlo, más que experimentarlo o disfrutarlo solo.
- Mucho texto, Xeno...pero, en resumen, yo puedo encargarme del placer, tú de la felicidad. Eso te queda mejor, es más "elegante". Y es lo que puedes manejar.
- ¿Qué se supone que significa eso último, Stan? –Le preguntó. No le gustaba lo que implicaban esas palabras, era a todas luces una burla.
- Lo que escuchaste –se encogió de hombros– Pero el punto es, déjame un rato a solas con ella, y la haré cantar como un pajarito, te lo aseguro.
- No la vas a tocar –el tono de Xeno fue terminante– Ni siquiera lo pienses, no te metas con esa niña.
- No es una niña –acotó, ignorando la orden.
- Está aquí como valioso rehén para sacarle información, ese es nuestro objetivo. Si eventualmente logra unirse a nosotros por voluntad propia, mucho mejor. Sino, lo hará de todas formas, cuando obliguemos a sus amigos a rendirse.
- Ese es el fin, no el medio. Y el medio puede ser una conquista más…placentera, para ambas partes.
- Ya pasamos la etapa de la evolución de ser monos que solamente buscan copular, Stan. Tienes control de tus impulsos y de tus hormonas, eres adulto, a diferencia de ellos.
- Pero somos hombres –amplió su sonrisa, a través de sus labios cerrados– Y no pudiste no haber notado que ella es...
- Detente ahí.
- Como sea, no dudo que un poco de empatía y calor humano la predisponga más a hablar. Las personas no manejan bien la soledad en el largo plazo. Te sorprendería lo que puede lograr un poco de consuelo.
- Como si un aumento temporal de dopamina le hiciera soltar todo sobre nuestros enemigos.
- No, lo sé. Pero sólo necesitamos una pequeña grieta. Así comienzan a hundirse los barcos, y no se dan cuenta hasta que es demasiado tarde.
- Ya pensaré al respecto de esto. Por ahora, haz lo que acordamos.
- ¿Sabes, Xeno? Serás muy inteligente. Pero no eres el único inteligente –Había un filo desafiante en su mirada.
- Estamos juntos en esto –no era una pregunta, era una afirmación. Estrechó los ojos– ¿Lo estamos, Stan?
Pero el militar sólo le mostró otra de sus indescifrables sonrisas, y luego se dio vuelta y se fue.
Xeno resopló con fuerza, malhumorado. Stan nunca fue fácil de controlar. Era muy inteligente y calculador, excelente estratega, y su destreza física y militar eran innegables. Pero a la vez era impulsivo, aunque no juzgaba, y hacía lo que le decían, así como lo que quería. Xeno había aprendido desde que se conocían, que eso era el rasgo más llamativo y peligroso de Stan: Si bien era leal y honesto, no ponía las manos en el fuego por nada ni nadie, salvo él mismo, y según su conveniencia. No era casual que siendo joven ya perteneciera a la elite militar de Estados Unidos, su experiencia era brutal, pero porque era un hombre que jugaba con todo lo que tenía, y tampoco tenía miedo a morir. Su extrema confianza en sí mismo, casi rozando la arrogancia, lo hacían muy independiente, no había nacido para estar a la sombra de nadie.
Parecía frío y distante, pero Xeno nunca había conocido a alguien con tanto fuego interno, una vez que algo lo emocionaba. Y Stanley emocionado por algo era para temer, porque su determinación se potenciaba infinitamente, y nunca admitiría la derrota, o al menos lo llevaría hasta las últimas consecuencias. Xeno lo entendía, porque él mismo era así. No había nada ni nadie que pudieran detenerlos, las amenazas los volvían más peligrosos, alimentaban su fuego. Y que ahora aparecieran esos niños jugando a la ciencia y plantando nuevos desafíos, eran toda la gasolina que Stan necesitaba para despertar su demonio interior, sediento de acción y desafíos de poder.
Por otro lado, Xeno nunca se había interesado particularmente en las mujeres. No le eran ajenas, pero tampoco se había preocupado en acercarse él, por lo que no tenía mucha idea fuera de lo racional de cómo acercarse a esa joven, aunque lo hiciera como cebo para sacarle información. Siempre estuvo mucho más interesado en sus investigaciones y ambiciones, eso era lo que despertaba su pasión y le quitaba el sueño por las noches. Pero Stan, si bien tampoco era del tipo romántico, era visceral, espontáneo, militar, y estaba acostumbrado...a otras cosas. Confiaba en su poder y autoridad, y era consciente de su extrema belleza y ocasionalmente la usaba como arma, por lo que conseguir lo que quería, y a quién quería, era cuestión de tiempo, ni siquiera le representaba un desafío. Era un cazador, y como tal, le entusiasmaba más cuando su presa intentaba huir, aunque supiera que no tenía escapatoria, solamente porque lo encontraba más divertido.
Eso era la otra cuestión que le preocupaba a Xeno. Esa joven que ahora era su rehén, tenía una lengua afilada, era segura, fuerte, determinada, no había miedo en sus ojos. Iba a ser difícil de quebrar, y no se refería a físicamente, ya había demostrado que ni eso había resquebrajado su voluntad. Y para colmo de males, la naturaleza la había dotado de unos agradables rasgos faciales, y unas llamativas y generosas curvas. A él no le afectaba, pero todo eso podía ser un peligroso combo para Stan que claramente no tenía limitaciones o prejuicios, sino que iba a tomarlo como el desafío más interesante que tenía en los últimos tiempos, en particular porque no tenía que ver con su profesión. Debía sentirlo "refrescante" que alguien le haga la contra, y no dudaba que su orgulloso amigo ya se había interesado y divertido con la personalidad de la chiquilla, además de que le había dado una buena pelea, lo cual era muy meritorio para una mujer la mitad de su tamaño y fuerza. Xeno no dudaba que Miss Kohaku ya estaba en la mira del militar, ya se había convertido en su presa, un desafío, sólo que ella no lo sabía.
La idea de tener que comenzar a vigilar a su amigo lo incomodaba, siempre habían confiado incondicionalmente uno en el otro, alineados en objetivos y en los medios para lograrlo. Pero esto era distinto, era algo que escapaba completamente de lo que estaban acostumbrados a hacer, y luego de casi tres años de revivir en el limitado mundo de piedra, Xeno no dudaba que Stan encontraba quizás demasiado atractivo ese desafío. Y con la plática que recién habían tenido, quedaba más que claro que tenían distintos puntos de vista al respecto. Que el militar no haya afirmado ni negado que estaban en la "misma página" al respecto le preocupaba, y estaba casi seguro que Stan no iba a ceder, ni hacerle caso ciegamente como otras veces. Por lo que no le quedaba otra opción que él mismo mantener más cerca a la joven, para evitar que a Stan se le ocurriera hacer alguna cosa poco elegante y arruinara sus planes. Y Míster Gen, al final tenía otra utilidad para permitir la comunicación entre ellos, aunque no estaba en sus planes.
Por la noche, fue Xeno quien volvió a aparecer frente a la celda de Kohaku, pero no llevaba la comida. Ella estaba sentada en un rincón, contra la pared.
- Buenas noches, Miss Kohaku.
- Buenas noches –murmuró ella.
- Encantado de ver que cambió tu predisposición. Tengo algo que mostrarte, si me acompañas.
El científico abrió la puerta de la celda, y le hizo un gesto con la mano a Kohaku para que pasara a su lado. Recorrieron varios pasillos y comenzaron a subir escaleras en forma de caracol. Pero apenas habían llegado a la segunda escalera de un nuevo piso, cuando escucharon la voz ligeramente rasposa que pertenecía a Stanley detrás de ellos. Habló en inglés, por lo cual solamente Xeno lo entendió.
- ¿Vas a llevar a la princesa a su torre?
- Como habíamos acordado –Decidió ignorar el comentario poético
- Por más que esté herida, debes saber que esta chica samurái tiene unos colmillos afilados. Y tú no te destacas en fuerza de combate. Los acompañaré, por las dudas.
- No es necesario Stan, no tiene a dónde escapar.
- Insisto –dijo en un tono más grave y seco, con un dejo autoritario, aunque sonreía ligeramente. Pero era una sonrisa fría, que no le llegaba a los ojos.
Kohaku pasó la mirada de uno a otro, sin entender ni una palabra de lo que decían. Para colmo, ninguno se caracterizaba por ser expresivo en sus caras o gestos, por lo cual no podía detectar sus emociones. Pero sintió una tensión extraña en el aire, después de que el militar dijera esa última palabra, y no hubo réplica de parte del otro. Notó que el líder la miró de reojo, pero se dio vuelta para renovar la marcha, sin decir nada más. Percibía que Stanley los seguía, y estaba casi segura que quería demostrar que la estaba vigilando. Como pensaba que estaba por encontrarse con Gen, no tenía intención alguna de ser cortante o agresiva con ninguno, tenía que elegir bien sus batallas.
Volvieron a subir más escaleras, cada vez el espacio se volvía más reducido y cilíndrico. La rubia recordó la estructura del castillo, y pensó que estaban subiendo a las finas torres. Aunque el estado físico de Kohaku sobraba para algo como eso, el tener sus costillas rotas y apretadas en el vendaje, además de los numerosos moretones, no ayudaba. Comenzó a ralentizar sutilmente su paso, disimulando todo lo que podía su inusual debilidad. El científico no se percató, de hecho, él mismo había bajado ligeramente el ritmo, con lo cual el cansancio de Kohaku quedó totalmente desapercibido. La rubia sonrió brevemente con malicia, le hizo acordar a Senku. Los hombres de la ciencia no se caracterizaban por resistencia física, y este no era una excepción, por más que fuera un adulto.
Pero de pronto Kohaku sintió que la perspectiva de su visión cambió, como si se estuviera cayendo, y que sus pies dejaron de estar en contacto con el piso. No pudo evitar soltar un jadeo de sorpresa, temiendo haber perdido extrañamente el equilibrio, lo cual hizo voltear rápidamente a Xeno, pero se dio cuenta que más bien había aterrizado en los brazos del otro hombre. Había algo extraño de lo que no llegó a percatarse, pero estaba segura que no había pisado mal ni se había resbalado. Lo único que sabía, era que ahora estaba siendo cargada por Stanley que le sostenía la espalda con un brazo, y las piernas con el otro. Lo miró a los ojos por la sorpresa, pero inmediatamente giró a la cabeza hacia el frente, no le gustaba para nada lo cerca que estaba de él ahora, y escuchó una extraña palabra que salió de sus labios, junto con una fina sonrisa: "gotcha".
Lo curioso fue que cuando miró hacia adelante, el científico había entrecerrado ligeramente los ojos, como si estuviera molesto por algo. No la estaba mirando particularmente a ella, pero algo empezaba a parecerle extraño. O Xeno había actuado su "gentileza" anterior, y ahora mostraba sus verdaderos sentimientos, o su humor había cambiado bruscamente de pronto. El problema era qué había provocado eso, lo único que cambió desde que salieron de la celda fue… oh… ¿la presencia del militar? ¿Podría ser? No, eran líder y mano derecha, como Senku y Ryusui. Pero ya había percibido un cambio en el aire cuando se encontraron con Stanley en el pasillo, no podía descartarlo, era mucha coincidencia.
Tomó nota mental de eso, definitivamente podía usarlo para su conveniencia. Y tenía que hacérselo saber a Gen en cuanto pudiera, él entendía la mente de las personas a la perfección, y podía picar en esa "lealtad" entre ellos, lo cual le podría dar ventajas para planear su escape eventualmente. ¿Así que eso era parte de jugar con la cabeza de los demás? Siempre había encontrado desagradable la forma en que Senku y Gen sacaban ventajas de eso para cumplir sus objetivos, pero ahora que sin proponérselo ella misma lo había pensado, tenía que admitir que no le parecía tan mala idea. Era un arma más, así como ella luchaba con cuchillos, así como ella luchaba con cuchillos, Senku lo hacía con ciencia, y Gen con palabras. Y no dudaba en que esos dos enemigos pretendían hacer lo mismo con ella, así que bien podría pensar en su "contrataque".
Siguieron subiendo durante un par de minutos, ese lugar era infinitamente alto. Stanley no la bajó en ningún momento, cargó con ella en brazos hasta que llegaron a un nuevo piso, el que parecía el último. En ese lugar había tres puertas, en una posición como la de los puntos cardinales. Kohaku se removió en los brazos del hombre de pelo platinado, indicando que podía bajarla ya, pero él en cambio la sostuvo con más fuerza. El científico seguía en silencio, y volvió a mirarlos con seriedad, con el ceño ligeramente fruncido, mientras abría una de las puertas. En una reacción totalmente opuesta, el militar soltó una suave risa, y pasó por el marco de la puerta.
- Esto en otros tiempos podría haberse considerado el acto romántico de un caballero, ¿no te parece, Xeno?
- Me parece que te estás divirtiendo mucho con esto, Stan. Corta el chorro.
- No. Más bien la diversión recién comienza.
- Gracias Stan –le sonrió, aunque con tensión, para disimular su irritación frente a la joven– Puedes retirarte, yo me encargo desde ahora.
- De acuerdo –le devolvió el gesto– Pero ya que quieres cuidar tanto a la samurái de cristal, no le hagas subir tantas escaleras en su condición. Podrías haber sido un poco más considerado, me extraña. En fin, "tú sabes más", ¿cierto? –Recalcó esas palabras, y se volteó para bajar las escaleras.
Xeno tuvo que respirar hondo, ignorando la provocación. ¿Cuánto tiempo más pensaba Stan seguir molestándolo? Aunque tenía un punto en eso de cansar a la chica, pero a lo sumo estaría un poco incómoda, no era como si se le fuera a abrir una herida o algo parecido. La miró, y notó que ella fruncía el ceño, como no entendiendo qué hacía ahí.
- ¿Dónde está Gen? –Preguntó, mirándolo con cautela.
- En otra torre, Miss Kohaku. Pero no te preocupes, decidí acceder a tu condición de hablar con él, solo que eso no sucederá hoy. Como te había dicho antes, decidí que este sea tu nuevo lugar de descanso, indefinidamente. Espero que sea de tu agrado, mandaré a llamar a alguien a que te traiga la cena.
- Pero yo no accedí a darte ninguna otra información a cambio de esto.
- No, lo sé bien. Verás, es simplemente una muestra de nuestra buena voluntad. Creo no equivocarme en pensar que es mucho más cómodo estar aquí que en esa celda oscura.
- ¡JA! Sólo que ahora estoy más alejada de todos y con menos posibilidades de escaparme, ¿verdad? –Decidió ser honesta, demostrarle que sabía lo que pretendía con su falsa "amabilidad".
- Ese sería un plan elegante para retenerte, seguro. Pero no es la intención principal, aunque es innegable que estás más lejos de la puerta principal ahora. Otro día te haré un tour por el castillo, por ahora lo único que tienes que saber, es que en esta torre se encuentran los dormitorios otras dos mujeres que son parte de nuestro grupo, espero que aprecies esa delicadeza. No entienden una palabra de japonés, pero si te haces entender, eres libre de comunicarte con ellas. Me retiro, como dije antes, alguien vendrá a traerte algo de comer y beber. Que descanses, buenas noches –comenzó a salir por la puerta, cuando la voz de ella lo detuvo.
- ¿Cuándo podré ver a Gen entonces?
- Muy pronto, Miss Kohaku, muy pronto.
Buenaaas! Wooow, me sorprendió mucho el gran apoyo de reviews que recibió el primer capítulo de esta historia, de verdad... GRACIAS! Se nota que nuestros bellos gringos arrasaron con todo, generaron mucho hype, y queremos mucho más de ellos. Son muy genios, espero hacerles justicia en esta historia… tomándome mis licencias creativas por no conocer tanto sus personalidades canónicas, pero espero haberlas "leído" bien.
Espero que lo hayan disfrutado, agradezco siempre el amor que dejan con sus comentarios, de corazón…y son un gran incentivo para continuar las historias, en especial las más "polémicas" jaja, y también para decidir actualizar más rápido (mientras pueda).
Hasta el próximo capítulo!
