Se estaba aburriendo de muerte, y ¿cuánto habían pasado, dos días? Tenía que admitir que estaba mucho más cómoda en esa habitación, era cálida, los pisos de madera conservaban mejor la temperatura, y el lugar donde dormía era algo extraña pero agradablemente esponjoso. Toda la vida se había acostumbrado a dormir en el suelo o sobre la tierra, pero ese "colchón" como el científico lo había llamado, era como estar recostada sobre nubes, incluso se había quedado profundamente dormida sin darse cuenta. La carne que le dieron para cenar estaba buena, aunque no era comparable con las delicias que hacía François.

Quería ver a Gen, necesitaban comenzar a planear su escape juntos, ya que no iba a arriesgarse a que lo lastimaran o mataran, no dudaba de que iban en serio, especialmente el militar, tenía un filo peligroso en su mirada. Le interesaba hablar con él para debatir un poco más con su intuición qué tan seguro era estar a su lado, pero si no se entendían ni palabra, no había caso. Claro que podía preguntarle al mentalista, estaba segura que él ya lo había analizado en detalle y conocía mucho mejor la mente de las personas, pero a su vez él era un huésped que había cambiado de bando, mientras que ella era un rehén enemigo. Ya había probado la serenidad y la determinación del militar con esa "guerra de miradas" del día anterior, pero no se le ocurría que otra cosa hacer, y se sentía un poco como dos animales interactuando, más que personas.

Por otro lado, el científico parecía igual de directo, pero por algún motivo no le despertaban las mismas alarmas de precaución que con el otro. Bueno, Stanley la había molido con un par de golpes, fracturas incluidas, era obvio que le iba a resultar más peligroso y amenazante que el científico. O tal vez era porque le hacía acordar a Senku, solo que lo veía como una versión muy oscura de este. Tenía en claro que tenía que ganarse la confianza de al menos uno de los dos para tener la posibilidad de escapar, si desconfiaban de ella y la vigilaban no tenía chance alguna. El problema era cómo, y ni qué hablar cuánta información tendría que entregar hasta satisfacer al científico. De todas formas, ella tenía la ventaja, y era quién ponía las pautas para negociar, porque si ella cerraba la boca definitivamente, los que tenían más que perder eran ellos. Y de seguro sospechaban de Gen, alguien que voluntariamente entregaba información no podía ser del todo confiable, no eran tontos.

La intuición de Kohaku le decía que sería mejor ganarse la confianza del líder, obviamente por su posición, y por la posibilidad de comunicación, pero además porque era el menos amenazante, al menos físicamente. El tema sería cómo lograrlo sin levantar sospechas, no podía volverse accesible y voluntariosa de un día para otro, y de por sí le era muy difícil fingir. Lo que todavía le resultaba curioso era lo que había sucedido la noche anterior cuando subían las infinitas escaleras, claramente pudo observar una mirada provocadora y de desafío del militar, mientras que no se veía nada contento al científico con su presencia. Era evidente que tenían sus propios planes para ella, pero lo que ahora se preguntaba era si tenían el mismo plan. Tuvo que esforzarse en repasar mentalmente sus conjeturas, para después contarle todo a Gen y que él lo analizara mejor.

La primera oportunidad que tuvo de interactuar con uno de ellos llegó al mediodía, cuando fue Stanley quién le trajo su almuerzo. Extraño, el desayuno se lo había llevado una chica rubia y de su estatura, que tenía unas decoraciones en el pelo, que le daban un aire inocente y casi infantil. Como la joven no la trató mal ni la miró de forma amenazante, Kohaku sólo le agradeció asintiendo con la cabeza, sabiendo que las palabras serían inútiles. Pero el hombre de pelo gris era otro cantar: Ya desde que entró parecía emanar de él un aura intimidante pero serena, calculadora, que le hizo acordar mucho a Tsukasa. Quizás sería uno de esos hombres que sólo demostraban su verdadera fuerza cuando era necesario, y no necesitaban pavonearse como Mozu o Magma, que a veces eran insoportables. Y la rubia no dudaba que todavía no había conocido ni una pizca de sus verdaderas fuerzas y habilidades, y eso era lo que más le preocupaba.

Como siempre, el militar entraba con ese objeto fino colgando de sus labios, que soltaba un humo que no le resultaba nada agradable a su olfato, aunque era extraño, como terroso y herbal, pero horriblemente quemado, no podía entender qué le encontraba de tan agradable. Le acercó la bandeja, sosteniéndola en una sola mano, y la apoyó en una mesada que estaba junto a la cama. Ahí fue cuando Kohaku notó que la comida era muy abundante, demasiado para ella, y que había dos vasos. ¿Pensaba comer con ella? No le veía el punto, más allá de no quedársele solamente mirando de una forma invasiva. Stanley agarró la única silla disponible en la pequeña habitación, y la colocó cerca de la cama, enfrente de Kohaku, y apagó su cigarrillo antes de lanzarlo a un rincón de la habitación. A ella no le quedaba otra opción que sentarse en la cama, y comer desde ahí.

El militar se sacó los guantes blancos de las manos y los apoyó sobre la mesa, agarró una de las piezas de carne y comenzó a comer, nuevamente dedicándose a mirarla fijamente mientras lo hacía. ¿Qué problema tenía ese hombre con las miradas? ¿Qué ganaba con eso más que incomodarla? Kohaku no tenía ganas de mirarlo otra vez tanto tiempo, así que más bien lo esquivó. Pero podía sentir esos insistentes ojos helados sobre ella, y tuvo que respirar profundamente para no enervarse, mientras comenzaba a comer ella también. Un momento después, captó un rápido pero sutil movimiento por el rabillo del ojo, justo tenía la comida muy cerca de su boca como para notar lo que pasaba por debajo de esta, y fue cuando sintió un dedo debajo de su barbilla. Se quedó quieta, alarmada, pero lo único que hizo Stanley fue levantarle la barbilla lo justo para que sus ojos conectaran, y una mínima sonrisa se dibujó en su rostro. Kohaku entrecerró los ojos, molesta, y corrió la cara. No iba a darle el gusto de hacer lo que él quería, y más algo que no tenía sentido alguno más que molestarla y él divertirse a costa suya, por lo que soltó un bufido y bajó la mirada nuevamente.

Cuando el militar agarró una segunda pieza de carne, se levantó de la silla, y ella lo miró. Supo que lo había hecho a propósito para captar su atención, por la sonrisa burlona que le dedicó. Pero lo que no se esperaba era que él se sentara luego en la cama también, aunque a una distancia prudente, y siguió comiendo, obviamente mirándola, era evidente que estaba probando su paciencia. Kohaku estaba pensando en el motivo detrás de esa constante provocación, cuando lo escuchó hablar y por una vez no la miraba a ella sino a la comida en sus manos, aunque no entendió ni una palabra del extraño idioma.

- Si Xeno me viera comiendo en la cama, estaría molestando diciendo que no es elegante.

Se rió suavemente después de decir eso, y el sonido se le hizo raro a Kohaku, no parecía realmente divertido por lo que había dicho. Lo único que había entendido era que habló del líder. Lo miró inquisitivamente, así que Stanley señaló la carne que sostenía con la otra mano, y dijo en su idioma "comida", luego hizo un gesto de negación con el dedo índice y dijo "no", y finalmente señaló donde estaban sentados y dijo "cama". Así que…Xeno, comida, no y cama. Por un momento recordó cuando le había enviado a Senku y Gen esa nota que pintó con su sangre, haciendo dibujos para hacerles entender un mensaje. Por la sonrisa ligeramente burlona que tenía el hombre en el rostro y el orden de las palabras, pensó que quería decirle Xeno no le dejaba comer en la cama, o algo así. Bueno, tenía sentido, sería un desperdicio si esas telas blancas se ensuciaban.

Cuando terminaron de comer, ambos en silencio, Stanley se levantó, se limpió las manos con un paño antes de ponerse los guantes y agarró la bandeja, pero antes de salir por la puerta le hizo un gesto de que lo espere ahí. Olvidando el hecho que él no podría entenderlo, Kohaku sonrió entrecerrando los ojos, y dijo con un dejo de burla.

- No es como si pudiera ir a algún lado de todos modos.

Él se le quedó mirando un momento, tratando de deducir qué le había dicho, ya que la de ella no fue una sonrisa de genuina simpatía tampoco. Pero no tuvo que pensarlo mucho, porque su respuesta había venido después de que él le había dicho que espere. Stanley tenía que revisarle las heridas y volver a aplicarle ungüento para que no se infecte, pero más que llevar las cosas otra vez hasta esa habitación, consideró llevarla a ella a la enfermería del castillo.

- Ven –le dijo a la rubia, haciéndole un gesto para que lo siga.

Luego de entregarle la bandeja a uno de los guardias que custodiaba la escalera, fueron hasta ese lugar. Él no era de muchas palabras, prefería el silencio y la calma, pero el problema con esa chica era que ni siquiera entendía una de su idioma, y tener que hacer gestos para todo lo estaba irritando un poco. Pero no había otra forma, no entendía japonés más que un par de palabras que todas las personas medianamente cultas del mundo moderno podían reconocer, y aun así no consideraba útil decirle "hola", "gracias", "perdón" y "por favor", más bien ridículo dado su posición y la de ella como rehén. Pero tampoco tenía muchas opciones para que ella comenzara a confiar en él, y ya había comprobado que comer juntos no ayudaría mucho, en especial si se resistía a mirarlo o interactuar con él.

La tarea de enfermería no le tendría que corresponder a él, aunque podía hacerlo ya que tenía los conocimientos de tratamientos médicos auxiliares por su entrenamiento en el ejército, y Luna era una miedosa que cuando se enteró que la chica samurái había mordido al asistente, no quiso saber nada con atenderle las heridas ella. Tanta inoperancia a su alrededor… pero era lo que había, quizás cuando capturaran a esos jóvenes podrían contar con alguien más interesante. Entraron en la enfermería, y la dejó entrar primero. No fue un acto de caballerosidad, sino que podía aprovechar para ver la reacción de ella al encontrarse con el material médico, todo era potencial información.

Interesante… pese a observar con atención la sala, la rubia no dio señales de sorpresa, ni siquiera gestos involuntarios de su rostro. Todavía no terminaba de creer que hubiera nacido después de la petrificación, y que no se sorprendiera le hacía pensar en dos posibilidades: O que hubiera mentido sobre eso, o que sus amigos también hubieran desarrollado tratamientos médicos. No era tan poco probable, si habían construido armas de acero, radio y ese enorme barco, su científico podía tener conocimientos médicos de buen nivel. Se sacó los guantes otra vez, para ponerse unos más limpios, y le señaló la camilla a la chica.

- Desvístete –le dijo, haciendo el gesto correspondiente.

Kohaku frunció el ceño cuando entendió lo que le ordenaba, pero viendo que estaban rodeados de cosas medicinales como las que había hecho Senku, debía significar que iba a volver a atender sus heridas. No tenía problema en estar con poca ropa, pero tampoco era agradable hacerlo frente al enemigo. Hizo una mueca de dolor cuando el vestido rozó sus costillas, pero se lo aguantó lo mejor que pudo. Stanley volvió con un ungüento y vendas, y primero atendió sus piernas, haciéndola recostarse. Ella lo miró, pero era increíble el control de las expresiones faciales de ese hombre, no dejaba entrever nada, aunque nuevamente no sabía si era adrede o simplemente era indiferente a todo. Lo que sí notó y la puso levemente incómoda, era que le estaba sosteniendo la pierna con una mano, pero que al hacerlo deslizó sus dedos desde su muslo hasta su pantorrilla, todo con esa expresión totalmente desinteresada.

La rubia lo fulminó con la mirada, ante la duda prefirió hacerle saber que no había apreciado el atrevimiento, por más sutil que fuera, y a partir de ese momento fue ella quien no le quitó los ojos de encima, mientras él la ignoraba completamente. Si hubiera sido un tipo desagradable y que pretendía abusar de su poder, como Mozu antes de aliarse, hubiera sonreído burlonamente, o visiblemente disfrutado de ponerla incómoda. Pero Stanley no estaba haciendo nada de eso, y no saber lo que pretendía la irritaba por dentro. Hubiera preferido que sea notablemente desagradable, o, al contrario, todo formal como el científico líder, de esa forma sería más fácil para ella elegir qué tan a la defensiva podía estar.

Cuando llegó el momento de que le sacara las vendas de las costillas, se repitió esa sensación molesta de que podía tocarla un poco menos, ciertos roces eran innecesarios a su parecer, pero tampoco eran tan evidentes como para que ella demuestre su disconformidad. Pero sí se le escapó una expresión al rostro de él, que apretó sus labios fugazmente, cuando vio el enorme morado violeta que ella tenía en todo su costado. "Sí, tú me hiciste eso", pensó, pero no iba a darle la satisfacción de demostrarle debilidad y que le dolía. Lo que no esperaba, era escuchar una palabra de la boca de él, o más bien no esperaba entenderla, porque la había dicho en japonés, con un tono suave y un acento marcado.

- Perdón

Kohaku lo miró a los ojos, encontrándose con los azules de él. No había arrepentimiento realmente, pero en cierta forma se estaba disculpando por el maltrato. No sabía qué responderle, así que sólo asintió. Le aplicó otro ungüento con cuidado en esa zona, y volvió a vendarla, bastante ajustado otra vez. Luego de tratar los últimos cortes menores, ella se sentó y estiró la mano para agarrar el vestido y volver a ponérselo, pero Stanley le agarró la mano, y se lo sacó. Pensando que ese hombre estaba revelando finalmente sus desagradables intenciones, se dio cuenta que su mano libre había quedado muy cerca del largo cuchillo que él tenía en su cinturón, y con gran velocidad intentó sacárselo, al menos podría defenderse si él pretendía hacer algo. Pero el militar tenía increíbles reflejos, y antes de que ella pudiera agarrar el mango del cuchillo él le interceptó la mano, y con un rápido giro se colocó detrás de ella.

Mierda, ahora sí que no podía moverse y estaba a merced del hombre, pero no pensaba rendirse sin luchar, y sin dudarlo le dio el mordisco más fuerte que pudo en el brazo de él. No la soltó, pero Kohaku lo escuchó gruñir. Apretó todo lo que pudo sus dientes contra la piel de él, y un siseo llegó a sus oídos, seguramente de dolor. Finalmente, él la soltó, pero para jalarle dolorosamente el pelo hacia atrás, haciendo que ella deje de morderlo, mientras que con la otra mano sacaba el largo cuchillo y lo apoyaba contra su cuello. Kohaku podía sentir el frío filo contra su piel, e incluso sintió un finísimo corte en su piel, ese cuchillo debía de estar demasiado afilado.

- Así que de verdad eres una perra rabiosa, ¿eh? –Le dijo Stanley al oído. Se miró la herida– Atravesaste la ropa y todo, qué salvaje. Nada mal.

Kohaku no sabía cómo salir de esa situación, o cómo iban a seguir después de eso. Pero para su sorpresa, él alejó su cuchillo, y le soltó el pelo. La realidad era que no tenía ninguna oportunidad de escapar, ni de luchar contra él, y eso pareció ser el mensaje que él quiso darle: No necesitaba amarrarla para subyugarla. Incluso Stanley se atrevió a darle la espalda, y fue a buscar algo que se encontraba encima de una mesada. Cuando volvió a acercarse, le tiró eso que sostenía, y ella vio que se trataba de una tela muy oscura, y que tenía apariencia de ser ropa.

- Vístete con eso –Stanley no se molestó en gesticular esta vez, y se dio la vuelta, acercándose a uno de los estantes.

Kohaku extendió la ropa, pero no entendió bien lo que era. Parecía solamente lienzo de tela, con mangas largas, ¿cómo iba a cerrarlo? Se cubrió lo más rápido que pudo, y comprobó que no había un cinto, ni botones, ni nada para cerrarlo, a excepción de un borde metálico con forma de pequeños dientes, y una pequeña tira de metal en un extremo unida a algo que se sostenía en los últimos dientes. No tenía idea de lo que era eso o cómo tenía que hacer para cerrar el extraño vestido, los dientes metálicos no se enganchaban solos, y esa cosa del extremo subía y bajaba sola, sin hacer nada útil. Bufó frustrada, no entendía por qué tenía que vestirse con eso y no con la otra ropa que le habían dado. Evidentemente iba a tener que pedir ayuda, lo cual era un poco humillante, y cuando levantó la mirada para buscar la forma de preguntarle al militar, se encontró con que él tenía medio torso descubierto, y se estaba limpiando el brazo. La mordida había sido bastante fuerte, le había sacado un poco de sangre incluso, por lo que se veía. Stanley notó que lo miraba y levantó la vista, para luego sonreír de costado y mostrarle la evidente marca que le había dejado, un perfecto delineado de una dentadura completa.

- Ahora no me decido en tu apodo, entre chica samurái, o una perra rabiosa, ¿qué dices?

- No entiendo lo que dices –le contestó, aunque algunas le parecieron palabras que él ya había dicho con anterioridad. Se señaló la ropa, que todavía colgaba abierta– ¿Cómo se cierra esto?

- Con que nunca viste una cremallera. Bueno, no me extraña, sólo a Xeno se le ocurriría perder el tiempo en hacer ropa con esos detalles, aunque resultó ser bastante conveniente al final –dijo más para sí mismo que para ella.

En el momento en que comenzaba a acercarse a ella para mostrarle cómo usarlo, el mencionado científico pasó por delante de la puerta, y miró hacia dentro de la enfermería al ver figuras allí. Se paró en seco, y frunció el ceño al observar la situación: La joven estaba a medio vestir, y enfrente de ella estaba Stan con casi medio cuerpo desnudo, y luego vio que tenía una herida en su brazo.

- Hablando del rey de roma –dijo Stanley– Parece que tu idea de nuevo vestuario complicó un poco a nuestra huésped.

- ¿Por qué estás así desvestido, y lastimado? ¿Qué hiciste, Stan? –Se acercó a ambos, evitando mirar a Kohaku en su estado de poca ropa.

- Nada, realmente. A falta de palabras, parece que la chica samurái juzgó rápido y mal la situación cuando estaba por darle la nueva ropa, e intentó atacarme con mi propio cuchillo. La detuve, y me mordió, su espíritu de lucha primitivo sigue intacto. Problemas de comunicación civilizada, verás.

- Hm, ya veo –Después de mirarlo unos segundos a los ojos con seriedad, se dirigió a ella– Miss Kohaku, me disculpo por la confusión en nombre de mi soldado, no pretendía hacer nada inadecuado. El cambio de vestuario fue idea mía, encontrarás que ese sistema es más cómodo para vestirte, dadas tus heridas.

- Si lo entendiera, claro.

- Stan, muéstrale cómo usar la cremallera con tu propia ropa, si terminaste de curarte –Pero no pudo evitar su curiosidad– ¿Por qué están aquí?

- Me pareció que nuestra princesa de la torre empezaba a quejarse del encierro, y era más práctico que ella viniera a la enfermería, en lugar de que yo subiera todo. Era matar dos pájaros de un tiro.

Stanley se acercó unos pasos más a Kohaku, y se volvió a cubrir la parte desnuda de su torso y brazo. Le mostró cómo unirlo en el extremo, para luego simplemente subirlo desde la pequeña tira de metal que colgaba, uniendo y cerrando así la ropa. Ella miró con atención, y levantó las cejas de la sorpresa, nunca había visto eso, pero no parecía difícil. Levantó los bordes de su vestido, ignorando que con eso estaba descubriendo prácticamente sus muslos enteros, e intentó imitarlo. Al principio le costó un poco, hasta que logró unir el extremo, y ahí comenzó a subirlo. Dejó caer la parte inferior, y siguió subiendo hasta que pareció llegar al otro lado y lo sintió trabarse. Tenía que reconocer que era interesante esa novedad, y definitivamente agradecía no tener que levantar tanto los brazos para sacarse o ponerse la ropa, le dolía menos de esta forma. El vestido era medianamente largo, y parecía una combinación de la ropa de ambos, ya que era amplio y suelto abajo, como la ropa del científico, y ajustado al cuerpo y bien cerrado, como la del militar.

- Es más cómodo, sí… gracias. Me queda justo, pero puedo moverme bien. ¿Cómo hicieron el talle tan preciso? –Preguntó con curiosidad, realmente parecía hecho a medida.

- Una de nuestras colegas tiene una figura similar a la tuya. La ropa anterior que te dimos era la que teníamos disponible. Si estás lista ya, acompáñame por favor, Miss Kohaku, tengo algo que mostrarte.

Ella lo siguió, con Stanley caminando detrás, y luego de varios pasillos y escaleras, llegaron a una gran sala, que tenía cientos de frascos de vidrio y otros objetos extraños, similar al laboratorio de Senku. Kohaku divisó a una mujer muy alta y musculosa, de pelo largo y oscuro, y cerca de ella... estaba Gen. El alivio acudió instantáneamente a ella, al fin una cara amiga. La sorpresa del mentalista al verla fue evidente y genuina, no estaba fingiendo. La rubia se preguntó cómo actuar, recordaba que el científico le había dicho que era un "desertor", por lo cual el mentalista estaba ahí de encubierto, como un espía, por lo cual no podía mostrarse amigable o ellos sospecharían de él. Pidiéndole perdón mentalmente, se acercó a él con una expresión seria, y lo único que pensó en hacer para seguir su coartada fue darle un golpe en la cabeza. Los ojos de los enemigos presentes se abrieron de par en par, definitivamente no se esperaban esa reacción de ella.

- Eso te lo mereces por traicionarnos, maldito embustero –le dijo enojada– Te vendiste al enemigo tan fácil, no tienes honor.

- Ko- Kohaku-chan… no tuve opción. Ya sabes cómo es él, nos mataba con ese extenuante trabajo, era un esclavista, y yo ya no podía más con eso. Tú eres fuerte, Kohaku-chan, pero yo no –le contestó Gen victimizándose como solo él podía.

Kohaku tuvo que disimular lo más que pudo mientras procesaba lo que Gen acababa de decirle, pero con mucha habilidad le había contado su coartada.

- Bueno, como sea, por lo menos eres una cara conocida aquí. Estamos a mano con eso.

- Miss Kohaku –Xeno se dirigió a ella, luego de ser el único allí que entendió el diálogo de ellos– Como parte de nuestro acuerdo, se les permitirá verse y conversar. Sin embargo, y entenderá nuestras precauciones, sólo les dejaré diez minutos de conversación diaria sin mi presencia, soy el único aquí que entiende japonés. Míster Gen es custodiado por nuestra soldado Maya, cuando yo no estoy presente, y eso se mantendrá así. Y con esto entiendo que accederás a mi petición, ¿estamos de acuerdo?

- Sí –Asintió Kohaku.

- Excelente. Entonces les concederé sus diez minutos, y luego Stan la escoltará para que tengamos nuestra conversación. Hasta luego.

Para no provocar sospechas, se quedaron en el mismo lugar, que era el centro de la sala.

- ¿Cómo terminaste acá, Kohaku-chan?

- Ese Stanley me descubrió en los alrededores, peleamos y perdí. Es muy fuerte, me molió a golpes el maldito.

- Sí, es la mano derecha del Dr. Xeno, y confían completamente entre sí, hay que tener mucho cuidado con ellos, pero en especial con él.

- No estoy muy segura de que sean del tipo incondicional.

- ¿A qué te refieres? –Preguntó Gen sorprendido.

- No entendí muy bien, porque no sé lo que dicen. Pero ayer se miraron raro, sentí tensión entre ellos cuando me estaban llevando a la habitación donde descanso ahora.

- ¿Estás en una habitación? Te están tratando muy bien para ser una rehén enemiga, Kohaku-chan.

- Quieren hacerme hablar, lo único que saben es que no soy del mundo moderno, porque yo les confesé eso cuando vieron que no tenía las marcas de petrificación.

- Ah, eso… nos conviene que no se enteren de que las mías son falsas entonces, porque en mi caso no hay duda que sí nací en el mismo tiempo que ellos, y eso podría provocar que no te crean a ti.

- Como sea, tenemos que escapar juntos Gen. Amenazaron con matarte si yo intentaba escapar, y no tengo forma de comunicarme ya con Chrome o los demás. Te dejo el plan a ti, que tienes más libertad. ¿Alguna idea mientras tanto?

- El plan del Dr. Xeno es obligar a nuestros amigos a rendirse y trabajar para él, no parece tener intención de hacer correr sangre, noté que no tienen ni la mitad de personas que nosotros. Sinceramente no sé cómo lograron construir este castillo y todas las armas y cosas científicas con tan pocas personas, creo que este científico es aún más esclavista que Senku-chan. ¿Cómo te llevas con él y con Stanley?

- Hmmm, el líder es formal y educado, parece querer negociar y estar en buenos términos conmigo, y está la ventaja de que podemos hablar. Stanley… no logro descifrarlo, aunque me curó las heridas dos veces ya, y es bastante correcto, dentro de todo. Pero creo que busca provocarme, y como no nos entendemos en el idioma, sólo nos comunicamos con gestos y miradas. Es tan intenso como perturbador, sinceramente, y se nota su autoridad y su poder. Y hubo un malentendido que casi se va de las manos hoy.

- ¿Qué sucedió?

- Pensé que quería propasarse conmigo, e intenté defenderme sacándole el cuchillo. Pero el maldito es muy hábil, y me detuvo completamente… así que lo mordí, fuerte.

- ¿Lo…mordiste? –Preguntó el mentalista incrédulo.

- Sí, le va a quedar una marca por un buen tiempo, me aseguré de eso. Se lo merece, por cómo me dejó en nuestra pelea. Pero luego entendí que en realidad quería darme esta nueva ropa, pero como no podemos entendernos con palabras, … en fin, entiendes.

- Sí, me hago una idea. Eso no ayudó a entablar confianza, Kohaku-chan.

- Pero no parece resentido, más bien creo que le divirtió, por raro que suene. Creo que es así porque sabe de la gran diferencia de nuestros niveles, y yo tampoco me atrevería a volver a luchar contra él, a menos que no tenga opción. Si ya quedé así estando en buena forma… me quebró unas costillas y tengo varios cortes, y yo apenas le hice unos rasguños.

- Ya veo, en ese caso se confirma que es muy fuerte, sí. Lo que se me ocurre, es que les demos de probar su propia medicina, Kohaku-chan.

- ¿Eh? ¿A qué te refieres?

- Lo que ellos quieren es información de los nuestros, pero distinta de las que yo puedo darles. Si te maltratan no tendrán chance de hacerte hablar, así que creo que optarán más bien por establecer confianza contigo, "ganarte" para que te alíes voluntariamente.

- Lo cual no sucederá nunca, ni muerta.

- Lo sé, y creo que ellos también, por lo menos ahora. Tendrás que vincularte más con ellos y mejorar tu predisposición, por ahora tengo conjeturas de cómo planean relacionarse contigo, pero hasta no verlos con mis propios ojos no podré estar seguro. Pero lo que estoy pensando es… pretende darles lo que quieren, Kohaku-chan.

- ¿Qué se supone que significa eso?

- De a poco, o será evidente tu cambio de actitud, tendrás que hacerles pensar que te están convenciendo, o que lo que sea que planean está funcionando. A mí me están tratando muy bien, como a uno de ellos, a excepción por la vigilancia constante de esa mujer, por lo que estimo que a ti te tratarán incluso mejor. Yo me rendí voluntariamente, en cambio tú eres una enemiga fiel a los suyos.

- O sea que me estás diciendo que tengo que pasarle información a ese científico.

- Sí, pero sin revelar nada sobre nuestros amigos. Yo les dije que nuestro líder científico es Taiju, no Senku-chan, porque parece que su intención es matar al líder científico enemigo para hacerlos rendirse. Así que puedes decir algo de eso, o de algunos inventos científicos casuales o inocentes, o cosas de comida y demás. Inventos que para alguien que nació en el mundo de piedra sean útiles y sorprendentes, pero que a él no lo impresionen o no le den cuenta de nuestro poder de lucha.

- Entiendo. ¿Y con el militar?

- Bueno… no sabemos lo que quiere lograr él, porque no puede comunicarse contigo. Creo que se limitará a observar tus acciones y actitudes, y será un intermediario para Dr. Xeno.

- "Observar" es lo que más hace. No entiendo el motivo, pero se me queda mirando fijo constantemente, no sé qué pretende con eso. Las dos veces fue mientras me dio el almuerzo, la primera le sostuve la mirada de principio a fin, pero hoy hice lo opuesto y no lo miré ni una vez, aunque él insistía...terminó acercándose mucho más, aunque no pasó de eso. Me pone nerviosa.

- Ya veo. Eso puede ser por dos motivos distintos, o un poco de ambos. Creo que está probando tu fuerza de voluntad, y más sabiendo que es un guerrero. Y por el otro, si dices que se te acercó, y que el accidente de hoy fue por malinterpretar sus intenciones… puede que intente seducirte.

- ¿Seducirme? –Sonrió extrañada– ¿Para qué seducirías a un enemigo? No hay forma que caiga en eso.

- Al contrario, Kohaku-chan. En la psicología moderna, es decir los que estudian la mente y la conducta humana, hay algo que se llama "Síndrome de Estocolmo". En resumen, es cuando el rehén se termina fascinando o enamorando de su secuestrador.

- ¿Por qué demonios haría eso?

- La mente humana es tan interesante como engañosa, las personas somos criaturas sociales… y entre la soledad, y que puedas admirar alguna habilidad de tu captor, puede ser un combo peligroso. La curiosidad es una de las mayores armas del mundo.

- ¿O sea que dices que Stanley pretenderá enamorarme y así hacerme hablar o unirme a ellos? No termino de imaginar cómo podría suceder eso conmigo, pero confío en ti, eres el experto en manipulación.

- Qué halago, gracias Kohaku-chan. Ciertamente, no serás una presa fácil, pero puedo ver que eso será el doble de interesante para alguien como él. Como dije, la idea es darles un poco de su propia medicina, pero sin que se den cuenta que finges. No tienes que ir tan lejos y actuar como Amaryllis, pero… vas a tener que jugar un poco con ellos, y con Stanley especialmente.

La cara de horror de Kohaku en ese momento fue muy difícil de disimular, pero un suave carraspeo del mentalista la hizo volver en sí, antes de que los enemigos se dieran cuenta también. ¿Tenía que actuar… de seducir y de mostrarse atraída por él? No, eso era una muy, MUY mala idea.

- Actúo horriblemente, y lo sabes Gen. De sólo pensarlo… Por favor, no. Todo menos eso.

- No tienes que actuar, se darán cuenta enseguida. Sé tú misma, pero me refiero a que en vez de pelearte y rechazarlo inmediatamente… le sigas un poco el juego. Los hombres son criaturas débiles ante los halagos y la valoración de sus habilidades. Demuestra tu interés y tu respeto por eso, hazle creer que te está cautivando y eso funcionará.

- Pero no podemos ni hablar, no entiendo cómo hacerlo.

- Paciencia, dame tiempo, ahí es donde entro yo. Dijiste que hay un poco de roce entre ellos, ¿verdad? –Kohaku asintió– Lo predecible será que el Dr. Xeno se te acerque del lado intelectual, que es su fuerte, y Stanley lo hará de un lado más intuitivo y… físico. ¿Pero qué pasaría si los sacamos de su elemento, y los forzamos a cambiar un poco sus roles?

- ¿Por qué harían eso?

- Porque yo se los sugeriré. Soy el que más te conoce aquí, y si soy su aliado también, van a tratar de sacarme información sobre ti. Si es verdad eso de que hay debates de poder entre ellos, hay probabilidades de que se guarden una o dos cosas uno del otro. Y la desconfianza es lo peor entre aliados y amigos.

- Ooooh, ya veo.

Pero la conversación entre ellos terminó abruptamente, porque Stanley se acercó y le dijo a Gen que se habían terminado los diez minutos, y que le dijera a su amiga que lo siga, que la llevaría con Xeno. Kohaku, después de escuchar al mentalista asintió, y miró a los ojos al militar. No estaba segura de poder llevar a cabo la idea de Gen, no le hacía ninguna gracia su plan inicial. Quizás para él era muy fácil fingir interés y todo eso, pero para ella…un estremecimiento la recorrió de sólo pensarlo. Lo que más le preocupaba era cómo reaccionaría Stanley, solamente esperaba que lo físico no fuera demasiado físico, prefería guardar las distancias con él, ya le había demostrado por segunda vez que no tenía oportunidad de resistirse ni con sus mejores intentos, era el enemigo más duro y poderoso al que se había encontrado, intuía que solamente Tsukasa tendría buenas chances contra él en un enfrentamiento directo, pero con esas armas era más que seguro que no le daría la oportunidad de ese tipo de encuentro.

Siguió a Stanley, sonriendo al ver la marca de sus dientes en la ropa que cubría la muy ajustada ropa que llevaba puesta. Por lo menos estaba orgullosa de sí misma de haberle provocado al menos un poco de dolor, y de que no la subestimara tanto. Cuando llegaron a una puerta cerrada, el hombre se detuvo, y le señaló con la cabeza que podía entrar. "Que comience el juego", se dijo a sí misma.

Buenaaas! ¿Me parece a mí, o hay mucho hype por Dr. Xeno y Stanley? No los culpo, no puedo dejar de pensar en ellos tampoco. ¡Muchas gracias por tantos comentarios y reviews en apenas dos capítulos! Me encanta, y porque casi no hay historias de ellos con un argumento en la línea del tiempo del manga, menos aún en español.

Y les soy sincera, tantos comentarios hacen que quiera actualizar más rápido, es muy motivador, así que aprecio mucho los mensajes que dejan. Es hermoso saber que hay personas del otro lado que esperan la continuación de la historia y disfrutan de lo que escribo, y lo siento como una linda recompensa por pasar horas y horas escribiendo jaja. Hasta el próximo capítulo!