Xeno no pensó que iba a seguir sintiéndose tan irritado todo el día, ni parte del día siguiente. Admitir que le había molestado profundamente el comentario de esa joven era además un golpe a su orgullo. Estaba construyendo el más grande imperio científico del nuevo mundo, custodiado por la élite militar más fuerte y destacada del continente, habían logrado avances arquitectónicos, tecnológicos, científicos y armamentísticos como seguramente nadie en el mundo de piedra… y le picaba que una aldeana ignorante le dijera que sus bases morales eran las mismas de aquella gente con la que luchó cuando estaba en la cumbre científica mundial.
Quería demostrarle que estaba muy equivocada, pero al mismo tiempo tomarse las molestias de contradecirla era darle demasiada importancia a una rehén. Aunque si el plan era que ella formara parte de sus fuerzas, si alguna vez accedía, pensarla como rehén tampoco sería correcto. Tal vez podía hacer algo como lo que le sugirió Stan, un "regalo científico" para apaciguarla y entretenerla. No tenía nada de lo que disculparse, más bien él se sentía como el ofendido, pero si le daba algo así, podría lograr que la cooperación de ella sea más agradable para todos. El problema era QUÉ hacer. Re-invenciones científicas que maravillarían a la sociedad le sobraban, un científico las apreciaría enormemente, pero ella no era del tipo intelectual. Lo que más parecía disfrutar en su vida era la lucha y el entrenamiento, pero no podía darle armas, al menos no mientras fuera una enemiga, y menos una como ella con tantas ansias de escapar de allí.
¿Qué podría mejorar su calidad de vida? Tenía decentes comodidades en esa habitación que le dieron, tenía el descanso, higiene y comidas aseguradas, lo primordial para cualquier humano y para alguien que venía de una vida primitiva medio salvaje. Sí, podría consentirla con alguna comida especial que no conociera, ya que parecía disfrutar de eso, pero no sería un despliegue científico "emocionante" o divertido. No sabía lo que le gustaba o la emocionaba a ella, ni iba a preguntárselo, no por ahora al menos. Entonces… tenía que ser algo entretenido, inocente, pero con bases científicas. Era un maldito regalo, no una exposición tecnológica. Sabía que la estaba subestimando, pero trató de pensar en qué cosas emocionaban a los jóvenes, y para colmo a una mujer, tenía menos idea sobre eso aún. Creía recordar que ella tenía buena vista, podría darle uno de los binoculares que había hecho para exploración… pero tampoco había mucho que observar desde su habitación. Por ahí podía estar la respuesta, sin embargo.
De pronto todas esas últimas ideas convergieron en una imagen, algo que podía considerarse un "juguete", pero ciertamente con bases científicas, y uno que él había pasado horas disfrutando cuando era chico. Definitivamente era elegante y llamativo, y podía entretenerla mientras no tuviera mucho que hacer, tenía infinitas posibilidades y nunca sería dos veces igual… sí, ya lo tenía. No era nada difícil de hacer, aunque no podía pedirle a Brody o a nadie más que lo hiciera por él, así que tendría que hacerlo él mismo. No le tomaría más que un par de horas, podría tenerlo listo ese mismo día. Pero sí tendría que hacer una sigilosa visita por el taller del mecánico para conseguir todos los materiales, y ese era el momento indicado ya que a esa hora Brody estaba ocupado con la construcción del submarino, por lo que se dirigió ahí inmediatamente.
Pero se detuvo a medio camino, preguntándose cómo podía ser que estaba por perder el tiempo en hacer algo como eso para la chica, y lo que era peor, se dio cuenta lo fácil que había cedido a la idea de Stan, y que estaba yendo a hacer ese "regalo" con toda la naturalidad del mundo, incluso con un ligero entusiasmo. Aunque sabía que esas ganas venían más bien de hacer algo con base científica, y no por otro motivo, pero el hecho de reconocer su motivación en algo tan banal e inocente… se sintió como si le hubieran hecho una trampa, destinada a que reviva la "emoción" de la invención desinteresada, sin objetivos de conquista y de dominación, un objetivo totalmente irrelevante e ingenuo para el mundo que pretendía construir. Si con eso lograba volver a tener la cooperación de la aldeana, sería un pequeño precio que pagar en comparación con toda la información que seguiría obteniendo. Satisfecho con ese pensamiento, siguió su camino.
Por otro lado, Stanley estaba de un humor completamente opuesto al de su amigo. La cena con la chica samurái y el intercambio idiomático le había resultado entretenida y ya tenía cierta expectativa de lo que pasaría en su próximo encuentro. No depender de Xeno para comunicarse con ella era práctico, no le gustaba depender de nadie en la vida para ser sincero, y además eso significaba que siempre estaría atado a la disposición y planes del científico. Claro que estaban en el mismo bando y compartían el objetivo, pero la idea de su amigo de "no acercarse mucho" a la rubia no la compartía precisamente, como mínimo sería un buen entretenimiento, mucho más interesante que el que representaba el astuto mago.
El "itinerario" del día con respecto a Kohaku iba a mantenerse como el día anterior, compartirían el almuerzo, y luego le dejaría sus diez minutos de conversación libre con Gen. Xeno no le había dado más instrucciones, y como ya tenía su misión asignada con Luna en un par de días, no tenía otras obligaciones más que colaborar con lo que él quisiera en el castillo. Como todavía no podía compartir una conversación decente con Kohaku, era limitado el rango de actividades que podía hacer para ganarse su "confianza". Entre las cosas que Xeno le había dicho que a ella le gustaban, tenía que descartar el entrenamiento físico hasta que se recuperara, y la cuestión culinaria estaba más allá de él y su interés. Una pequeña sonrisa se formó en su rostro cuando recordó el primitivo vuelo en el globo aerostático que al parecer le había fascinado. ¿Así que le gustaba sentirse como un pájaro? Bueno, compartían el interés, y podría poner a prueba su valentía una vez más con lo que tenía pensado.
Kohaku recibió ese mediodía al militar con un poco más de entusiasmo que otras veces. La realidad era que extrañaba a sus compañeros, no tenía idea cómo estaba Chrome o qué estaban haciendo los demás, y esos míseros diez minutos con Gen no eran suficientes. Después del desplante que le hizo al líder científico, ya no tenía a nadie que pudiera hablar con ella, por lo que la interacción de la noche anterior con Stanley al menos le había aliviado la sensación de soledad. Así que cuando el peliblanco llegó con la bandeja de comida, repitieron la dinámica de decirse cosas cada uno en su idioma, pero esta vez ya no eran partes del cuerpo, sino que compartieron palabras más útiles como palabras de ubicación de objetos, y luego Kohaku le preguntó por las cosas que llegaba a ver desde la ventana. Pensó que era importante conocer palabras como árbol, mar, bosque, tierra, campo, barco, y todas esas cosas que sus ojos alcanzaban.
El almuerzo se terminó prolongando bastante más de lo esperado con la "conversación" que compartieron, y Kohaku se dio cuenta por la ubicación del sol que debían ser las tres o cuatro de la tarde. Cuando tuvieron suficiente con el idea y vuelta de vocabulario, que ella dudaba mucho que fuera a acordarse de todo dicho sea de paso, Stan se puso de pie y le dijo que la siguiera, era hora de hablar con su amigo.
Gen estaba en la sala principal del castillo, como siempre custodiado por la guerrera gigante, pero no había señales de Xeno. Apenas Stanley la dejó con el mago, se fue de la sala mientras encendía un cigarrillo.
- Buenas tardes Kohaku-chan. Se hizo larga la espera hoy, me extrañaba que no aparecieras, ya que Xeno me dijo ayer que a partir de ahora tendríamos nuestro momento a "solas" después del mediodía.
- Hola Gen. Ah, perdona… se nos pasó el tiempo con Stan hablando.
- ¿Hablando? –el mago alzó las cejas, sin entender. Por lo que sabía, Stanley no entendía japonés. Y sonrió de costado cuando escuchó que lo llamó "Stan".
- Bueno, no es realmente una conversación. Desde anoche empezamos a compartir palabras en el idioma de cada uno, como para empezar a entendernos mejor, creo.
- Hmm, ya veo… ciertamente será útil que tengamos un oído más para sacarles algo de información de sus planes, y más porque parece que planean tenerte bastante cerca. Aunque es un arma de doble filo, ya que a su vez ellos tendrán al menos a alguien más que pueda entender algo de nuestras conversaciones o de nuestros amigos eventualmente.
- Es cierto –frunció el ceño– ¿Debería dejar de hacerlo entonces?
- Oh no, que confíen en ti y se acerquen es justamente lo que buscamos, es un precio inevitable a pagar. Además, te conviene para tu tranquilidad que a Stanley le interese comunicarse con palabras contigo también. Por lo menos con eso tienes una excusa para que no sea tan "físico" contigo.
- Buen punto. Pero sabes, no parece ser tan malo… es decir, todos mis instintos dicen que es un hombre muy peligroso para tenerlo como enemigo, pero estoy empezando a ver un lado más humano y con más humor que antes.
- Cuidado con eso Kohaku-chan, es un truco al que estoy acostumbrado. No te olvides que van a mostrarte lo que ellos quieren que veas, más allá de que sean honestos o no con sus intenciones.
- Ya lo sé Gen, solo digo que antes lo último que quería era tenerlo cerca, y ahora me lo está poniendo más fácil. Además, que no he visto al científico desde lo que hablamos ayer a la tarde, con lo cual me conviene al menos no pelearme con Stan. ¿Cómo vienes con el plan de escape?
- Paciencia, estoy tratando de escuchar lo que planean nuestros amigos, pero todavía no he elaborado ninguno. Nos conviene actuar junto con ellos para cuando llegue el momento, no te olvides que cuentan con guerreros muy hábiles y poderosos que pueden darnos caza al instante si escapamos sin un buen plan.
- Espera… ¿cómo que estás escuchando el plan de los demás? ¿Cómo demonios estás haciendo eso a tanta distancia?
- ¿Recuerdas el arete que usaste en la isla del tesoro, Kohaku-chan? –La vio asentir– Bueno, esta vez soy yo el que lo tiene oculto para escuchar lo que ellos dicen.
- Oooooh, ¡eso es genial, Gen! –Su sonrisa le iluminó el rostro.
- No reveles tanto tu entusiasmo, o sospecharán que planeamos algo.
- Perdón… ¿y qué novedades hay?
- Están construyendo un porta-aviones.
- ¿Un qué?
- Una remodelación del Perseo para que puedan despegar un avión, el que tiramos abajo en su momento, que Stanley pilotaba.
- Creo que entiendo. ¿Pero alguien de los nuestros sabe manejar el pájaro de metal ese?
- Hmmm, me hago una idea de quién podría ser, sí –la sonrisa de Gen se ensanchó– El hombre más ambicioso del mundo
- ¡Ja! Es verdad, de seguro es él. Aunque Stan era muy bueno, me preocupa que la habilidad de Ryusui no sea suficiente.
- Esperemos que no sea necesario compararlos, también me preocupa. Volviendo a lo nuestro… Creo que deberías "hacer las paces" con el líder, Kohaku-chan.
- ¿Y cómo se supone que voy a hacer eso? No tengo excusas para verlo, y no sería creíble si me ofrezco a darle información voluntariamente.
- Lo sé… lo extraño es que yo tampoco lo vi por aquí, pero con eso podemos descartar que sea personal que te esté esquivando. No te olvides que a mí también me observa de cerca, aunque yo tengo la ventaja de que puedo hablar con todos, a diferencia de ti. Esperemos un día más, si no logras verlo o hablar con él, déjame que pensaré qué decirle para que se te acerque por su cuenta. Eres una valiosa fuente de información como para ignorarte, y él lo sabe mejor que nadie.
- De acuerdo, confío en ti y tus habilidades de charlatán manipulador.
- Tomaré eso como un cruel halago… Y parece que nuestro tiempo se acabó, Kohaku-chan, ahí viene Stanley por ti.
- ¿Tan rápido? Maldición, es muy poco tiempo el que nos dan.
- Si juegas bien tus cartas, podrás conseguir unos cinco o diez minutos más, pero tienes que ser menos ansiosa.
- El que sabe de cartas eres tú, Gen. Sólo dime lo que tengo que hacer, y daré lo mejor de mí para sacarnos de aquí en una pieza, te lo prometo.
Gen asintió con una breve sonrisa, y luego miró los fríos ojos de Stan que lo escudriñaron largamente mientras se acercaba. El soldado nunca había hecho ese juego de miradas intensas con él, pero tenía que reconocerle a Kohaku que le pudiera sostener la mirada tanto tiempo, era de lo más intimidante ese hombre.
- Se terminó el tiempo, sígueme Kohaku –dijo Stan.
El mago se sorprendió un poco que la llamara por su nombre, y que su tono de voz sea menos autoritario que el usual, hasta ahora sólo sabía que él se refería a ella con apodos burlones o simplemente diciendo "la chica". Gen seguía pensando que Kohaku tenía muchas más chances de influenciar al Dr. Xeno que a Stanley, pero lo que se quedó pensando era que a su vez este último parecía más interesado en interactuar con ella que el científico. Eso podía ser un problema… o pensándolo bien, podía ser una ventaja, ya que sería una interesante dinámica de espiral que nunca se detendría, algo así como los tres persiguiéndose en el mismo orden, hasta que sucediera algo que inclinara la balanza, eso quedaría por verse y era bastante impredecible, aunque él podía influenciar bastante en esa dichosa inclinación. Pero necesitaba un poco más de tiempo para observarlos y decidir a quién le daría más beneficios de los dos, aunque era evidente que el soldado tenía "una mecha más corta".
Stanley guió a Kohaku hasta su habitación, y luego volvió a bajar a la sala principal. No había encontrado a Xeno en el laboratorio, ni en su habitación, ni en los lugares usuales. Brody tampoco lo había visto, por lo cual no estaba supervisando el avance del submarino. Se preguntaba si se había tomado en serio la sugerencia de que le hiciera un regalo científico a la rubia, y comenzaba a sospechar que así era, aunque no tenía idea de qué se le había ocurrido, seguramente estaba ocupado con eso. Él tenía sus propios planes, y se le había ocurrido otra idea, y esta vez tomaría un atajo para ir más rápido. Encontró a la persona que buscaba en el mismo lugar que había quedado un par de minutos antes.
- Gen, vas a ayudarme con algo.
- ¿Qué necesitas, Stanley? –Preguntó con cautela. El "por favor" no parecía parte del vocabulario de un hombre acostumbrado a dar órdenes que sólo admitían "sí" como respuesta.
- Vas a enseñarme un poco de tu idioma.
- Ah… –No se esperaba que le pida a él, pero era una ventaja– Quieres que tu comunicación con Kohaku-chan sea más fácil, ¿cierto? Por supuesto que te ayudaré, veo que eres el que tiene especialmente a su cargo aquí el bienestar de ella, y como ella es importante para mí, estoy a tu disposición para lo que sea que pueda ayudarla a estar más cómoda aquí.
- Corta el rollo, ¿siempre hablas tanto, mago?
- Qué cruel… ¿Cuándo quieres empezar?
- Ahora mismo, sígueme.
Stanley se dio vuelta y empezó a caminar, pero Gen se sorprendió de que estuvieran yendo a su propia habitación. Eso le dio la sospecha de que el soldado prefería la discreción de que nadie supiera de eso, por lo que decidió confirmarlo.
- Tengo que preguntarte, si no te molesta. ¿Por qué yo y no el Dr. Xeno?
- Está ocupado con cosas más importantes, a diferencia de ti. Y el japonés nativo aquí eres tú. Ya que estás comiendo y durmiendo cómodo y sin trabajar, bien podrías ser útil de alguna forma.
La desafiante mirada que le dedicó Stanley fue suficiente para hacerle entender a Gen que no le iba dar lugar a más preguntas, pero también le dejó claro al mentalista que no estaba en el plan que Xeno se enterase. Y como valoraba su vida, eso no iba a cambiar. Lo curioso de esa "clase", fue que el soldado no disimuló en ningún momento que el vocabulario que le interesaba aprender estaba claramente dirigido a cosas que le quería decir a Kohaku, y estaba anotando todo en un papel. Que no se molestara en ocultarlo le dio la pauta a Gen de que pensaba usar muy pronto esas palabras, probablemente antes del próximo encuentro que mantuviera el mentalista con su amiga.
Pudo adivinar medianamente cuál era el plan de Stanley, y confirmó que el hombre estaba interesado en Kohaku de una forma más cercana que lo estrictamente necesario para un rehén, aunque fuera para sacarle información. Sin embargo, eso le ponía las cosas más fáciles a él, incluso para germinar la semilla de la discordia entre Xeno y Stanley, que ya estaba plantada. Y que Kohaku lo perdonara, pero pensaba ayudar al militar a lograrlo, al menos para ya poder anticiparle a su amiga lo que se podía esperar de él y que ellos hagan su "contrataque".
Cuando se hicieron casi las seis de la tarde, el soldado miró por la ventana la altura del sol, y le dijo a Gen que era suficiente por ese día. No se molestó en escoltarlo con su compañera, sabía que el mago volvería por su cuenta. Se dirigió una vez más a la torre en la que se encontraba la habitación de Kohaku, y tocó la puerta correspondiente, pero no esperó la respuesta para entrar. Se encontró con la mirada sorprendida de ella, que estaba pegada a la ventana observando el horizonte.
- Sígueme Kohaku, vamos a salir.
Esta vez lo dijo en un tosco japonés, e ignoró la renovada sorpresa de ella. Era un libro abierto con sus expresiones, demasiado honesta, jamás serviría como espía. Aunque eso le gustaba, tampoco era su estilo lo de tejer una telaraña de engaños y vueltas, él prefería ser directo y cumplir su objetivo lo más rápido posible, ir al frente y resolverlo. La rubia lo siguió, y salieron por la puerta principal del castillo, podía hasta sentir la ansiedad y cautela de ella. Pero en cuanto estuvieron al descubierto, le tomó la mano, sobresaltándola, y al mismo tiempo sacó su arma de su traje y le apuntó a la cabeza. Vio sus ojos aguamarina abrirse desmesuradamente ante eso, y le habló con seriedad, pero sereno.
- No intentes nada raro, o te mato. ¿Entendido?
Kohaku no entendía por qué hacía eso, si se había tomado la molestia de aprender esas palabras en japonés, y sabía que ella estaba lastimada, ¿tenía que amenazarla así? Podía comprender y compartir su desconfianza, pero eso era una demostración de poder innecesaria. Se indignó tanto que le golpeó de un manotazo el arma, apartándola de su frente y lo miró con fiereza, viendo como los grandes ojos de él se abrían de incredulidad.
- Vaya forma de demostrar confianza, si pretendes que algún día estemos del mismo lado. Tú y el Dr. Xeno son lo mismo al final, arrogantes y autoritarios.
Vio los afilados ojos de Stan entrecerrarse y mirarla con un poco de confusión, evidentemente no entendió ni la mitad de lo que le dijo, pero lo había dejado claro con su postura corporal y su mirada fría. Para dejar el punto en claro, y sin ocultar su enojo, se dio vuelta y caminó en dirección a la puerta del castillo, observando la cara atónita de los guardias, que habían visto cómo la joven había desafiado al capitán Snyder sin temor alguno. Pero el soldado la detuvo agarrándola del brazo una vez más, aunque había enfundado su arma y alzaba la mano en el aire dándole a entender que iba en son de paz esta vez, sus ojos también habían perdido ese filo.
- Espera. Quiero mostrarte algo –apretó los labios fugazmente– Por favor.
Le soltó el firme agarre de su brazo, y le señaló hacia adelante, y empezó a caminar hacia allí mirándola de reojo, para ver si la seguía. Sería contradictorio si Kohaku seguía indignada después de ese conciliador cambio de actitud, así que resopló y lo siguió. Estuvieron caminando unos cinco minutos, hasta que llegaron a una pista hecha con un material parecido al que habían construido hace tiempo con Senku para facilitar el movimiento del gorila de vapor. Y un minuto después, estaban caminando directamente hacia uno de los "pájaros de acero" con el que habían atacado a sus amigos. Stanley se detuvo cuando lo alcanzaron, y abrió la pequeña puerta, metiéndose dentro primero. Le señaló detrás suyo, dándole a entender que quería que entre también.
¿Acaso la estaba llevando a volar en esa cosa? El corazón de Kohaku palpitó con una mezcla de nervios y emoción, eso no se parecía en nada al globo aerostático que parecía flotar suavemente en el aire, había visto el funcionamiento de esta máquina y era muy ágil y rápida, realmente parecía un pájaro, pero hacía un ruido infernal. ¿Por qué estaba haciendo esto, para entretenerla, para que conozca los alrededores? No dudaba de su seguridad, al fin y al cabo él estaría ahí con ella, y si él era el que había manejado durante ese ataque, había demostrado ser muy hábil, además de que había manejado Y disparado su arma al mismo tiempo, todo con mucha precisión.
Respirando hondo, se metió donde le había señalado, aunque no había mucho espacio, más bien iba a quedar a pocos centímetros de la espalda de Stan. Era francamente incómodo, pero comprobó que podía ver por encima de su hombro, por las pequeñas ventanas circulares del costado del avión, y por encima de ella, ya que no tenía techo.
- Primer vuelo en avión, ¿lista? –Una pequeña sonrisa se dibujó en la comisura de los cincelados labios del peliblanco– Puedes agarrarte a mí si tienes miedo.
- ¡JA! ¿Miedo? No lo creo, gracias –Le respondió con su propia sonrisa confiada.
Kohaku se hizo la valiente, pero sólo para llevarle la contra y parecer más fuerte de lo que se sentía. Tenía una bola de ansiedad y expectativa en el estómago. Stan se dio vuelta en su asiento y ella se echó para atrás cuando vio las manos de él acercarse a su cuerpo, pero él cruzó dos cintas anchas y duras frente a su pecho, y las ató a las bases del asiento, y luego hizo lo mismo con las propias.
- Seguridad –le dijo el hombre, señalando las cintas, y se volteó para mirar hacia adelante.
Kohaku vio cómo el movía varias palancas, e inmediatamente el "avión" comenzó a moverse, sobresaltándola. Dudaba si tendría que agarrarse a él de verdad, prefería no hacerlo, y podía sentir como esas cintas la mantenían firme en su lugar. La máquina fue deslizándose por la pista, acelerando cada vez más, hasta que de pronto se sintió y se vio cómo se empezaban a separar del suelo. La rubia inspiró bruscamente, podía sentir el tirón de vértigo en la base de su estómago, pero no tenía miedo, más bien una sonrisa nerviosa podía observarse. Stan tenía unos espejos retrovisores, por lo que podía ver las expresiones y los movimientos que ella hacía. Era hora de divertirse un poco con la atrevida chica samurái.
Por otro lado, en ese mismo instante, Xeno había terminado finalmente el regalo científico. Le había llevado más tiempo del planeado, pero la realidad era que él hacía los cálculos y diseños, no era el artesano. Además, se había dejado llevar por la parte más creativa sin darse cuenta, esmerándose y probando formas de que quede más elegante y a la vez deslumbrante. Satisfecho, salió del taller y se dirigió a la habitación de Miss Kohaku. Ahora venía la parte difícil, la que le golpeaba el orgullo, pero decidió que simplemente iba a darle el objeto sin decir mucho más, no pensaba confesar que lo había hecho expresamente para ella, o parecería una debilidad y una disculpa, lo cual no era. Los ruidos de la fábrica y la construcción del submarino resonaban por todos lados, por lo que no se percató de los otros sonidos de motor que provenían de afuera, además que estaba concentrado en sus pensamientos.
Cuando llegó a la puerta de la habitación de la joven, la golpeó suavemente un par de veces, pero le extrañó que nadie contestara. ¿Estaría durmiendo? Tampoco era como si tuviera mucho que hacer, y todavía estaba lidiando con la herida de las costillas. Dudó si entrar, enemiga o no, no le gustaba invadir la privacidad ajena, y el hecho de que sea una mujer no ayudaba. El guardia del piso anterior no le dijo nada tampoco, por lo cual todo debía estar en orden. Pero era el castillo de él, tampoco tenía que esperar el permiso de una chiquilla que era su rehén, así que golpeó la puerta con más decisión, para hacer evidente sus intenciones, y entró. No había nadie allí.
Una ola de calor de pura incertidumbre lo inundó… ¿había encontrado la forma de escapar? Imposible, no podía haber salido de allí, el ventanal era sólo de decoración, no podía abrirse. Y con lo dolorida que debía estar, las exigencias físicas para escapar eran demasiadas para el estado en que se encontraba. Cuando se dio vuelta para gritarle el guardia dónde estaba la rehén y anunciar el posible escape, escuchó un demasiado familiar sonido a sus espaldas, y se congeló. Ese era el motor del avión de Stan, sin duda alguna. Y le bastó darse vuelta y mirar a la ventana, para ver cómo la máquina cruzaba el cielo frente a sus ojos. ¿Qué demonios? No tenía ninguna misión ni orden de hacer un vuelo de vigilancia, ¿entonces por qué…?
La suposición más lógica acudió a su mente enseguida. Stan estaba con ella. En el avión. Tuvo que repetírselo mentalmente un par de veces más para aceptar la posibilidad. ¿Y no le había dicho nada antes de lo que planeaba hacer? ÉL le había diseñado y mandado a construir esa maldita avioneta, ÉL había encontrado y proveído la fuente de petróleo para hacer el combustible… era una herramienta armamentística cuyo uso pasaba por su aprobación para misiones, no para jugar. No les sobraban los recursos ni el personal como para costear algo tan estúpido como un vuelo por diversión. ¿Y con qué objetivo? Lo único que tenía que hacer Stan era llevarle la comida a la aldeana, ocuparse de las heridas que él le había infligido, y socializar lo justo y necesario para hacerla entrar en confianza y que les dé más información del líder científico enemigo.
Xeno ya le había dejado en claro que no quería que intente nada con ella, aunque Stan no estuviera de acuerdo y lo provocara con sus provocadoras pero inofensivas respuestas mordaces. ¿Entonces qué demonios hacía llevándosela a volar sin consultarlo con él antes? Apretó la mandíbula muy fuerte, internamente furioso. Estaba sospechando que su amigo le había dado la idea de hacer ese estúpido "regalo científico" para entretenerlo y sacárselo de encima, así él podía hacer lo que quería. No quería pensar eso de su aliado más fiel, de alguien que consideraba su mejor amigo desde la infancia. Intentó respirar hondo y calmarse, pero iba a confrontar a Stan, eso no iba a quedar así aunque no haya tenido intenciones "rebeldes". Esa niña estaba comenzando a traerles demasiados problemas, aunque en el fondo Xeno sabía que esta situación no era culpa precisamente de ella. Si no hubiera aparecido en sus vidas, si su soldado no la hubiera atrapado y llevado con ellos, esto no estaría sucediendo.
En el pequeño avión que surcaba el cielo cubierto por algunas nubes, ignorantes de la ira interna del líder científico estadounidense, se encontraban Stan y Kohaku. El soldado había comenzado con un estable vuelo parecido a los que hacía en sus misiones de reconocimiento y vigilancia, dejándole admirar tranquilamente la panorámica vista a la joven, además de absorber las sensaciones de volar de verdad, con el viento contra sus caras. Podía escucharle jadeos de sorpresa y ver cómo le brillaban los ojos, no trataba de ocultar su entusiasmo. Le hacía gracia cómo pasaba de un enojo tan temperamental a una inocente cara de felicidad, pero prefería esa última expresión definitivamente, aunque todavía fuesen enemigos.
Sin embargo, una sonrisa maliciosa se formó en el atractivo rostro de Stan, una que Kohaku no alcazaba ver. Sus habilidades de piloto abarcaban mucho más que un vuelo tipo planeador, había muchas acrobacias de combate que había realizado en su carrera militar, y esas eran las que despertaban su emoción por el vuelo. La última vez que las había probado, fue cuando Xeno le había hecho probar el avión, e hizo algún que otro vuelo bajo y arriesgado cuando disparó contra los jóvenes científicos. Y una vez más, tenía su oportunidad de revivir esas viejas emociones.
¿Así que Kohaku dijo "no, gracias" a su ofrecimiento de agarrarse de él si se sentía insegura? Se lo iba a hacer pensar dos veces, sólo por diabólica diversión. Con los mandos de dirección, hizo un brusco movimiento para iniciar un vuelo ascendente, y podía sentir la emocionante descarga eléctrica de sentir la presión del aire. La expresión entusiasta de Kohaku cambió a una de sorpresa y cautela, y parte de su gran sonrisa se borró. El objetivo del ascenso era sobrepasar las nubes, esa era una vista increíble para cualquiera, no importa las veces que lo hubiera hecho antes. Cuando lo lograron, enderezó el avión, y parecía como si estuviesen deslizándose sobre ese colchón espumoso de nubes blancas.
- ¡OOOOH! –Kohaku exclamó, y se atrevió a sacar el brazo hacia un costado, para intentar tocarlas, y notó que Stan descendió un poco el avión para facilitarle la tarea, pero se encontró con que no sentía nada particular, más bien las atravesaba con las manos como si nada, aunque sí se sentía un tacto muy frío y húmedo. Escuchó la suave risa del peliblanco, aunque no podía verle la cara, y ella no pudo evitar sonreír también, el corazón le palpitaba con fuerza de la emoción.
Pero como todo lo que sube tiene que bajar, Stan le gritó "prepárate", palabra recientemente memorizada y aprendida gracias a Gen, y cuando vio la cara de confusión de Kohaku, hizo su movimiento. Dejó caer prácticamente en picada el avión, y tuvo que contener su risa al escuchar el grito aterrorizado de la rubia, que además a causa de la gravedad terminó pegada a la espalda de él. De ciertos reflejos e instintos nadie podía escapar, y Stan amplió su sonrisa maliciosa cuando sintió que Kohaku se aferró a él con sus dos brazos, como si su vida dependiera de eso, y posiblemente se sentía así. Y como si no fuera suficiente "tortura" hacerla ver cómo se acercaban al mar de frente, solamente volvió a enderezar el avión cuando estaban a menos de diez metros de la superficie del agua. La escuchó gritar algo en japonés, pero no tuvo idea qué había dicho, aunque sonaba desesperada, y no se había soltado de él.
- ¡ESTÁS LOCO! ¡CASI NOS MATAS, MALDITO!
Si quería actuar de temeraria, su suerte se había acabado, nunca había sentido tanto miedo en su vida, aunque sabía que él no iba a provocar un accidente adrede. Se había aferrado a él como una garrapata, pero no le importaba un demonio, sentía las piernas como gelatina, no pensaba soltarse. Había disfrutado mucho el subir y volar sobre las nubes y todo lo demás, pero eso último le había quitado cincuenta años de vida, y lo peor es que podía escuchar las carcajadas del soldado, evidentemente disfrutando de lo que hizo. Pero eso no fue todo, porque luego de remontar unos metros más hacia arriba para hacer un vuelo más seguro, Stan hizo algo que le dio vueltas el estómago, la cabeza, y literalmente todo su ser: Estaba moviendo el avión como en círculos, con lo cual por momentos su cabeza apuntaba al mar, y luego volvía a la posición normal, una y otra vez, haciendo no menos de diez vueltas consecutivas.
Mandando todo su orgullo al demonio e ignorando el dolor sordo de sus costillas, Kohaku le hizo una llave para aferrarse con todo lo que podía al cuerpo de Stan, y tuvo que cerrar los ojos con fuerza porque comenzaba a marearse mucho de ver todo dar vueltas una y otra vez. Si lo había dejado sordo con sus gritos, no le importaba en lo más mínimo, más bien se lo merecía por hacer algo tan arriesgado eso sólo para divertirse a costa de ella.
Cuando Stan consideró que le había dado suficiente adrenalina para una semana de vertiginosos recuerdos, alineó el avión en una posición normal por última vez, y volvió a hacer un ascenso tranquilo para darle la última y mejor vista de todas. Lo único que lamentaba era que todavía no sabía muchas palabras como para preguntarle qué le pareció, pero pensaba que más allá del susto, lo había disfrutado, o así lo vería cuando aterrizaran. Se giró un poco, y vio que ella tenía todavía los ojos fuertemente cerrados, y seguía abrazándose a él como un pulpo. Sacó un brazo del mando para tocarle el hombro, mientras la miraba de costado.
- Abre los ojos, Kohaku, mira.
Aunque al principio no se sentía capaz de obedecer porque todavía sentía que la cabeza le daba vueltas, cuando él le sacudió el hombro con un poco más de insistencia tuvo que hacerle caso. Y entonces soltó una exclamación de admiración. Ahora estaban volando en dirección al sol, que estaba bastante bajo ya que era la hora del atardecer. Era una vista mágica: Esa bola color dorado-anaranjado que ya no cegaba los ojos, el cielo a su alrededor con un maravilloso degradé que pasaba por el amarillo, naranja, rosado, violáceo y azul en lo más alto, y las nubes que antes habían visto, ahora se veían de un color rosado muy intenso, casi fucsia. "Por todos los dioses", pensó Kohaku, mientras quedaba boquiabierta sin poder creerlo. Era tan hermoso que sintió un nudo en la garganta, y se olvidó de todo, que estaba con el enemigo, que era una rehén, que no sabía qué le iba a deparar el futuro en ese país ni el destino de sus amigos…nada más existía, más allá de esa maravillosa vista. Y sonrió.
En ese momento, fue el turno de Stan de quedar casi boquiabierto cuando un minuto después se volteó a verla. Su sonrisa desafiante y orgullosa se borró por un momento, y una vez más las palabras del mago del día anterior volvieron a su mente, y tenía que darle toda la razón a ese astuto zorro. Eso sí que era una sonrisa auténtica de la joven, y aunque estaba destinada al paisaje que tenían delante, se sintió igual de satisfecho. Era muy bonita esa chica samurái, quizás demasiado, y aunque tenía los ojos más rasgados, creyó ver la viva imagen de la cantante que al parecer era su pariente miles de generaciones antes.
Todas sus interacciones con ella desde que la había atrapado y llevado al castillo, no eran con falsedad y manipulación, sino de sincera diversión y curiosidad, desafío incluso. Aunque claro que tenían un objetivo no tan puro de fondo con Xeno, de "cautivarla" para sacarle información, que era mucho más satisfactorio que hacerlo con tortura o golpes. Pero estaba comenzando a caerle mucho mejor que el mago, y no sólo porque era una linda chica, sino porque se entretenía mucho con que fuera temeraria y que no dudara en llevarle la contra o ponerle un freno, no se intimidaba con su pistola y sus amenazas, ni con su mirada glacial que muy pocas personas podían sostenerle sin ponerse nerviosos. Sí, podía ver que Kohaku era especial, y esos jóvenes científicos tenían la suerte de tener a alguien tan leal y fuerte con ellos, aunque no la conociera mucho sabía que ella jamás los vendería.
Lo entendía así porque él era muy parecido en ese aspecto, y más allá de discusiones de poder o puntos de vista divergentes con Xeno, no consideraba traicionar a su amigo nunca. Disentir, discutir, pelearse… eran adultos con gustos y búsquedas diferentes, no podía evitarse, pero cambiarse de bando como había hecho ese zorro traicionero de Gen, era algo que ni siquiera pasaba por su mente, y pensaba que tampoco lo haría por la de Kohaku.
¿Llegarían a rendirse y entregarse esos niños? Esperaba que sí, no tenían otra opción, no podían luchar contra el inmenso poder de Xeno y su élite militar, pero sobre todo lo esperaba para que no tuviera que llegar el día en que realmente apoyara la punta de su arma contra la frente de Kohaku, dispuesto a jalar el gatillo. Sabía que iba a hacerlo sin dudar con el líder científico, el Dr. Taiju, esa era su misión e iba a cumplirla sin vacilar, pero no quería matar a nadie más de ser posible, mucho menos a esa joven cuyos ojos aguamarina brillantes y su sonrisa competían con el mismo atardecer en pureza y belleza.
Luego de contemplar en silencio los últimos momentos de esa preciosa vista, Stan dio la vuelta para volver a la pista de aterrizaje. Kohaku lo había soltado en cuanto se habían estabilizado, y ahora estaba tranquila y callada, todavía con una pequeña sonrisa en el rostro. No podía terminar de entender al soldado, era evidente que tenían una visión de la vida demasiado diferente, pero supo que ese vuelo no lo había hecho por obligación, sino para entretenerla, y con eso volvió a considerar que quizás no era una mala persona, más allá del momento en que estúpidamente la apuntó con su pistola un rato antes.
Cuando aterrizaron, Stan se sacó el cinturón de seguridad primero, y luego le sacó el de ella, y le ofreció la mano para darle un mejor soporte para bajar del avión.
- ¿Te gustó? –Le preguntó, con una breve sonrisa.
- Sí, gracias. ¿Por qué me llevaste a volar? – Gesticuló un poco para que él entendiera mejor, pero la respuesta le llegó en el idioma que todavía no comprendía mucho.
- Porque quería comprobar por mí mismo lo que dijo el mago, que tu sonrisa sincera era tanto o más bella que una puesta de sol.
- ¿Eh? No entendí, perdón… –Le pareció reconocer las palabras en inglés "sonrisa" y "sol", pero no logró entender en qué se relacionaban. Lo escuchó soltar una suave risa, y sacó un papel de su bolsillo, le dio una rápida leída, y luego de quedarse pensando un momento, le dijo en su torpe japonés.
- Que tu sonrisa es tan hermosa como el sol cuando se despide de nosotros, como me dijo tu amigo Gen.
- Oh…Hmm, gracias.
¿Gen? Recordaba que el mentalista le dijo que ella tenía que seducir a Stan, pero no se esperaba que el maldito ya le estuviera pasando letra para que la sedujera a ELLA, porque claramente esas palabras se las había enseñado su amigo. Ya tendrían una conversación al respecto, siempre se aprovechaba de ella y la ponía incómoda, lo había hecho con Senku también cuando estuvieron en la isla.
Pero lo que la puso un poco más incómoda no fue el adulador comentario de su enemigo, que más bien le hizo acordar al frívolo de Mozu, sino que tenía una mirada y una sonrisa más amable que cuando cruzaron la puerta para salir del castillo, y ya no podía negar la particular belleza de ese hombre. No le importaban mucho las apariencias, pero si ella había pensado que Senku era atractivo, Stan lo era en un nivel completamente diferente, o tal vez lo parecía así por sus rasgos extranjeros tan llamativos, porque a decir verdad estaba rodeada de compañeros con un cuerpo alto y tan entrenado como el de él, y muy pocas veces se le había cruzado ese pensamiento por la cabeza.
- ¿Volvemos?
La voz de Stan la sacó de sus enredados pensamientos, y asintió con la cabeza. Se estaba empezando a acostumbrar a la mezcla de idiomas, y a veces era como si no se diera cuenta o si no le importara si le hablaba en inglés o en japonés. Y aunque sonaba demasiado familiar, se había acostumbrado también a decirle "Stan" como él se había presentado, y no el nombre completo, pero ese era un detalle menor, lo hacía por imitación y no por confianza.
Entraron al castillo, y no habían llegado a la escalera principal cuando el Dr. Xeno se cruzó delante de ellos en el pasillo. Si bien sus ojos eran oscuros, y las enormes marcas de despetrificación en su rostro lo volvían más siniestro, parecía desprender un aura igual de amenazante. Kohaku dudaba de si seguía molesto con ella, y más por haber estado fuera del castillo cuando era una rehén, pero notó que esa mirada oscura no se dirigía a ella precisamente, y cuando habló, lo hizo en su idioma.
- Stan, acompáñame un momento.
- ¿Por qué siento que estoy por recibir un regaño de mamá? –Dijo con un tono burlón, devolviéndole la mirada fija al científico, que entrecerró los ojos ante el comentario mordaz. Pero antes de seguirlo, miró a Kohaku, que seguía parada a su lado con una expresión cautelosa, y le dijo en su improvisado japonés, sabiendo que Xeno lo escucharía– Nos vemos para la cena, Kohaku, descansa.
Los ojos de Xeno se abrieron perceptiblemente al escuchar eso último. Si él consideraba que su nivel de japonés no era el mejor, el de Stan era mucho peor. Pero el verdadero problema radicaba en el hecho de que Stan estuviera hablando japonés, cuando Xeno sabía perfectamente que nunca antes había dicho una sola palabra, y más aún, que se estuviera enterando en ese momento. Un tema más a la lista para hablar, al parecer. Se volteó para caminar hacia su estudio, y Stan lo siguió unos pasos más atrás, encendiendo un cigarrillo mientras caminaba. Cuando llegaron, fue el soldado el que habló primero, cerrando la puerta tras él.
- Vamos, suelta la lista de quejas Xeno, te sale por los poros.
- Explícame qué hacías gastando nuestros recursos combustibles para algo tan intrascendente como un vuelo ocioso.
- Tú fuiste el que dijo que hagamos sentir cómoda a nuestra rehén. Y dijiste que le había gustado mucho volar, así que eso hice, la complací. No tendremos cerveza o algodón de azúcar, pero el vuelo es una de mis especialidades –y sonrió de costado antes de agregar– Y funcionó, quedó encantada, tenías que haber visto su bonita sonrisa, nada mal, naaada mal.
- Stan, ¿por qué no me lo consultaste?
- ¿Por qué tendría que consultarte? Es parte de nuestro plan, eso es suficiente. Cumplo mi parte de la misión.
- Eso no es una "misión" y lo sabes, no juegues conmigo. Ni juegues con mis recursos sin avisarme antes.
- ¿"Tus" recursos? –Levantó una ceja, y decidió ignorar el término de "jugar".
- Sí, el avión que diseñé para combatir, y el combustible que sinteticé para hacerlo funcionar.
- Son tanto tus recursos como míos, ¿o te olvidas quién es el que lo pilota? Aunque creo que no te molesta tanto que use el avión, como que lo haya usado para hacerle pasar un buen momento a Kohaku, a solas.
- "Kohaku" –Gruñó– Así que ahora la llamas por el nombre, sí, veo que has trabajado en la confianza.
- Tú la llamas Miss Kohaku desde que la viste por primera vez, no veo la diferencia. ¿Qué te hace pensar que sólo tú puedes llamarla por su nombre? ¿O hablar con ella?
- Eso me lleva a la segunda pregunta, ¿cómo es que sabes japonés? Y no era una palabra, eso fue una frase entera.
- No es la única que sé ahora –Lo miró con una pequeña sonrisa lateral, viendo cómo le había temblado la ceja a Xeno– Estoy aprendiendo, para facilitar la comunicación con Kohaku. Y no vendrá mal para cuando sometamos a todos sus amigos, es bueno que haya más de uno de nosotros que pueda entender lo que dicen. Sólo repito algunas palabras y frases que voy recordando, no puedo entablar una conversación como tú… todavía.
- Puedo deducir que las comidas que compartes con ella son la fuente del intercambio lingüístico?
- En parte, sí. Y le pedí a nuestro nuevo aliado traidor, es mucho más fácil con él.
- ¿Con Míster Gen? –Preguntó, indignado– ¿Y por qué no me pediste a mí, Stan? Antes que a un falso aliado, a un posible espía en nuestras filas.
- Ya tienes suficiente de lo que ocuparte por tu cuenta, ¿no es cierto? No nos conviene que pierdas el tiempo con algo tan irrelevante como enseñarme japonés.
- Podrías habérmelo preguntado a mí primero, pero es otra sorpresa que me entero en el día.
- No lloriquees, Xeno, sólo desde ayer a la noche que comencé a hablar con Kohaku, y hace un par de horas fue que le pedí al mago, tampoco es como si te lo hubiera ocultado por mucho tiempo. Escúchate a ti mismo, estás siendo exagerado e ilógico.
- Lo que no entiendo es para qué te tomas esas molestias y pierdes el tiempo con eso, ¿para qué quieres hablar tanto con la niña?
- ¿Y por qué te molesta a ti si es así? Hago lo que quiero con mi tiempo libre, no eres el único que puede hablar con ella.
- Porque soy el líder aquí, tú y todos accedieron a que yo sea el que toma las decisiones y esté al tanto de todo.
Eso le tocó una fibra sensible a Stanley, que aunque admitía que Xeno sí era el líder, no le gustaba para nada que recalque con tanto énfasis que el único comandante ahí era él, y que todos los demás eran peones a su mando. Estaba comenzando a perder la paciencia, e iba a terminar con la discusión en ese momento.
- Serás mi líder y seguiré tus órdenes aquí –señaló el arma en su cinturón– pero no aquí –señaló su cabeza– Hasta luego, Xeno.
El científico sintió ese comentario como un puñetazo. Una cosa era que Stan tuviera alma de líder, lo cual era en el rubro militar por su gran inteligencia y magníficas habilidades, y tenga un sentido del humor bastante provocador, pero esto ya era otro tipo de discusión. Estaba desafiando su autoridad constantemente los últimos días, y aunque solo era con respecto a cómo lidiar con la joven japonesa, sentía que esto estaba yéndose de las manos y afectando la relación de ambos en otros niveles también.
De todas formas, faltaban sólo dos días para que Stan partiera a asesinar al Dr. Taiju y dar un paso más hacia la rendición del grupo de los niños científicos, quizás eso pondría unos paños fríos a la situación, o eso esperaba.
Por otro lado, todavía tenía el estúpido regalo científico en su escritorio. Estuvo a punto de tirarlo o dejarlo a un lado, pero ahora pensaba otra cosa. Ya que Stan parecía tan determinado a llevarle la contra y exagerar su interés en la aldeana sólo para molestarlo, él no se quedaría atrás y lo dejaría salirse con la suya. Así que volvió a tomar el objeto de la estantería en la que lo había puesto, y se dirigió una vez más a la habitación de la joven. Aprovechó el largo camino hacia la punta de la torre para serenar su alterado ánimo todo lo que podía. Cuando llegó, tocó la puerta, pero pasó medio minuto sin respuesta. Otra vez no… entró de golpe, esperando encontrarla vacía nuevamente, pero se sobresaltó al ver a la rubia mirándolo sorprendida.
- Ah… Miss Kohaku, estás aquí. ¿Por qué no contestaste?
- Stan nunca espera la respuesta para entrar –Se encogió de hombros, pensando que era lo más normal. A decir verdad, en el reino científico ni siquiera había puertas ni nadie se "anunciaba" con un golpeteo.
- Ya veo. Es una costumbre de respeto a la privacidad, aunque parece que no a todos le importa –Se hizo un silencio, en el que la joven lo miró sin contestarle nada, así que procedió a entregarle el regalo– Toma, es algo que puede… entretenerte.
- ¿Para mí? ¿Qué es esto?
El científico le había dado un tubo, que tenía en un extremo un pequeño agujero tapado con un vidrio, parecido al del ojo del objeto que habían construido para observar cosas desde lejos, uno de los inventos de Senku. Pero del otro lado había un vidrio también, que tenía un líquido extraño, parecía ligeramente espeso, y muchas pequeñas piedras de variados colores que "flotaban" ahí, aunque parecía que había una tapa invisible, porque el líquido no se caía al interior del tubo. No tenía la menor idea de lo que era, o para qué servía, o cómo iba a entretenerla esa cosa. No le parecía que sirviera para ver objetos a lo lejos, algo le decía que esas piedritas iban a molestarle la visión, así que decidió volver a preguntarle al Dr. Xeno antes de quedar en ridículo.
- Hmmm, nunca vi esto antes. ¿Qué es?
- Un caleidoscopio.
- ¿Calei….? ¿Eh? –Vio al científico suspirar, pero le explicó con más paciencia de la que se esperaba.
- Úsalo y te darás cuenta. No tiene ninguna utilidad, pero es un invento elegante, un juguete científico podría decirse. Mira por el pequeño agujero, en lo posible apúntalo hacia una fuente de luz.
Como seguía sin entender y no quería ser tildada de ignorante, hizo lo que el científico le indicó. Y sonoro un jadeo de sorpresa salió de su boca cuando su ojo vio una explosión de colores y pequeñas figuras que se repetían y se reflejaban de una forma extraña. Era como si llovieran colores brillantes por todos lados, que "caían", y al mismo tiempo no llegaban a ningún fin, nunca había visto nada como eso, y una sonrisa tonta asomó a sus labios, maravillada con la extraña visión.
- Ahora gíralo muy lentamente, sin dejar de mirar por el agujero –Siguió explicando Xeno, un poco aliviado de ver que al parecer le había llamado la atención y le había gustado.
- ¡OOOOOOHHHH! Increíble…
Ya no creía en la magia ni en la brujería, pero esto parecía algo de eso. A medida que lo iba girando, las piedritas de colores volvían a moverse y caer en todas direcciones, formando cada vez distintas y llamativas figuras que se multiplicaban. Se dio cuenta que esos "dibujos" se repetían, como si hubiese espejos, o algo así.
Todo el anterior enojo del Dr. Xeno se esfumó en un instante, y en su lugar sintió una especie de orgullo de saber que había llamado la atención de Miss Kohaku, y que parecía fascinada. Y eso que era un objeto sencillo e inútil, podría mostrarle cosas científicas mucho más interesantes y deslumbrantes…
- ¿Y cómo es que está hecho con ciencia? Se parece a algo que Sen… –oh, casi metió la pata– Sensei Taiju hizo…como para ver objetos desde lejos.
- Esto no tiene un espejo de aumento, es otro tipo de ciencia ocular –Le encantaba que hubiera preguntado, así que procedió a explicarle los fundamentos científicos– Un caleidoscopio es un tubo que contiene tres espejos, que forman un prisma triangular con su parte reflectante hacia el interior, al extremo de los cuales se encuentran dos discos traslúcidos que este caso son de vidrio, y entre los cuales hay varios objetos de colores y formas diferentes, cuyas imágenes se ven multiplicadas simétricamente al ir girando el tubo mientras se mira por el extremo opuesto.
Kohaku quedó boquiabierta una vez más, pero más bien porque apenas entendió un par de palabras, y el científico dijo tantas explicaciones complejas y tan rápidas que estaba casi más confundida que antes. Le hizo acordar tanto a Senku con el brillo en sus ojos y una sonrisa de entusiasmo al hablar de ciencia y cosas complejas, una imagen mucho más humana e inocente de la intimidante actitud que venía teniendo, que se echó a reír. Xeno la miró frunciendo el ceño, sin entender qué había sido tan gracioso de lo que dijo, pero había algo en la sonrisa y en la carcajada de la joven que le mantuvo su propia sonrisa en la cara. Recordó el comentario de Stan, sobre la bonita sonrisa que tenía Miss Kohaku cuando estaba relajada y entretenida, y tenía que admitir que era verdad, hace tiempo no veía entre sus colegas una expresión tan inocente y sincera.
- ¿Qué es tan divertido, Miss Kohaku?
- Perdón, no es eso. Es que me hizo acordar a… al Dr. Taiju, cuando se pone a decir todo ese palabrerío científico que sólo él entiende, pero lo hace con la misma expresión de felicidad que acabas de mostrar. Eso es a lo que me refería con mostrar el lado emocionante de la ciencia. No…quiero decir, lo que el científico encuentra emocionante en la ciencia, o divertido, ya sea un invento que salva vidas, o algo que no va a cambiar el mundo, pero que hace feliz a las personas, aunque sea por un momento.
- Ya veo –Algo vibró en el pecho de Xeno, al escuchar esas palabras. ¿Era orgullo? ¿Satisfacción?... ¿Emoción? Era algo de todo eso, pero a la vez no se sentía igual que cuando diseñaba un arma. Él admiraba la elegancia de la ciencia por sobre todas las cosas, pero también podía hallar esa elegancia en pequeñas cosas, como esta.
- Sabes, Xeno –Lo miró, y casi se arrepiente de haberlo llamado por el nombre de la misma forma informal que cuando decía "Stan", porque vio los ojos del científico abrirse ligeramente, pero siguió adelante– Creo que sí eres como Taiju, que ama la ciencia por sobre todo, y siempre sentiste esa emoción con tus inventos… pero tus obligaciones y las injusticias que dijiste que sentías, te hicieron enfocarte tanto en tu objetivo, que perdiste de vista otras cosas importantes, como compartir ese entusiasmo con los demás. Antes de conocer a Taiju, en la aldea pensábamos a la ciencia como una brujería, algo a lo que temer y rechazar, porque no la entendíamos, y daba miedo no entender. Pero él nos mostró la otra cara, nos mostró su utilidad, cómo podía mejorar y salvar vidas, y también cómo destruirlas, porque no voy a negar que hicimos armas más fuertes, aunque nunca quitamos ni una sola vida con ellas. Y también nos divertimos, y conocimos muchas cosas nuevas y emocionantes, como volar o atravesar el mar que parecía infinito. La ciencia es todo eso para nosotros, los que nacimos en este nuevo mundo, como ustedes lo llaman. Y eso es en lo que confiamos y en lo que protegemos, porque sabemos que, a través de la ciencia, podemos vivir todos mejor. No la entiendo como tú, ni la mitad de las palabras que dijiste tuvieron sentido alguno para mí… pero las "viví", las experimenté, y me gustó mucho. Así que creo que si puedes mostrarme más de eso, y hacer lo mismo con esas personas que dices que no te entendían y no aceptaban tus ideas... podrías hacerlos cambiar de parecer, así como Taiju hizo con una aldea que en menos de dos años aceptó y ahora protege a la ciencia que antes consideraba brujería o algo indeseado. Eso es lo que pienso.
Kohaku se dio cuenta que había estado hablando sola por un buen rato, e iba a disculparse por eso, si Xeno era un hombre de pocas palabras como Stan, seguro ya se había aburrido de su monólogo "ignorante". Pero cuando miró al científico, se encontró con que él la seguía mirando estupefacto, y que sus ojos oscuros seguían brillando de esa forma tan agradable y nueva. Así que solamente se encogió de hombros y le obsequió otra sonrisa.
- Miss Kohaku, lo que dijo, aunque no fue científico… eso sí que fue elegante.
Buenaaaaaas! Bueno, se nota que extrañaba escribir y quería compensar la ausencia de actualizaciones, porque otra vez no me di cuenta y terminé escribiendo un capítulo muy largo (hace un par de días actualicé "Otros caminos", y batí mi propio récord de casi 14k de palabras jajaja). Es que Stan y Xeno son mi perdición, no me canso de escribir de ellos y las palabras e ideas me salen solas, los amo fuerte!
Ahora es el turno de comenzar a escribir la actualización de "No es ciencia, es amor", pero me voy a tardar unos días más porque tengo estudio pendiente, seguir desempacando cosas de la mudanza, y pensar en un buen contenido para continuar la "supervivencia" de ese capítulo. También recuerdo por acá que si me siguen en "Kariwolf" en facebook, se enteran más rápido de cuándo actualizo (si no tienen cuenta acá) Gracias por el apoyo a esta historia, no me voy a cansar de agradecer sus comentarios y el amor que me dan. Hasta el próximo capítulo!
