Senku. Max dijo "Senku", con toda seguridad. Y el único Senku que conocía y que por su inteligencia y capacidad podía realmente estar ahí, y que podía haber hecho todos esos logros tecnológicos post-petrificación para llegar a Estados Unidos desde Japón, era él: Senku Ishigami. Era tanto la incredulidad como la emoción, saber que su joven discípulo, aquel niño de diez años que conoció, y que tenía tantas curiosidades científicas como él cuando tenía su edad, estaba ahí. Pero ya no era un niño prodigio de diez años, él lo había guiado durante los años siguientes, fue su único discípulo, la única persona a la que consideró enseñarle ciencia aero-espacial y muchas cosas más. Fue el joven que incluso notó un curioso dato que fue clave para él, al comenzar a formar sus hipótesis sobre las golondrinas petrificadas alrededor del mundo.

Por ese chico había comenzado a aprender japonés también, tanto se convirtió su afán de comunicarse y ayudarlo con más facilidad a profundizar en los conocimientos científicos más complejos. Conocimientos del idioma que ahora irónicamente le servían para adelantarse y destruir las esperanzas y el desarrollo del grupo de amigos de su discípulo.

Senku Ishigami, el único hijo del astronauta Byakuya Ishigami, aquel hombre que nunca logró entender del todo, porque era tan inteligente y determinado en la ciencia, así como divertido, emocional y hasta inocente. Ese hombre había criado a uno de los niños más prometedores para el mundo científico, uno que rivalizaría con su joven "yo", ahora había un abismo de diferencia entre ellos.

¿Entonces había dos jóvenes científicos prodigio en ese barco? No, no podía ser. No podía descartarlo con seguridad, pero tenía la intuición de que no era así. Esa información del Dr. Taiju no la habían podido confirmar, se lo había dicho Míster Gen, y sólo habían tenido una conversación por radio, nada más. Y si aquellos chiquillos eran tan astutos, cabía la posibilidad de que fuera un señuelo. Y aunque los hubiera, él solamente conocía a Senku, y ese joven era amenaza suficiente, seguro era el científico que iba a la cabeza de aquel grupo. Pero estaba seguro que era sólo el joven Ishigami, y era todo un engaño para protegerlo, por lo importante que era para ellos.

No podía creerlo, no quería creerlo. Después de tantos años, habían despertado casi al mismo tiempo, en un margen no mayor a tres años. Era un milagro… no, era la evidencia de lo grande que eran sus mentes. No pudo reaccionar por varios segundos, el tiempo se había detenido para él, absorto en las imágenes que pasaban por sus ojos, pero no se había detenido para el mundo, no se había detenido para Stan. Y si lo dejaba asesinar al falso Dr. Taiju, perderían la oportunidad de eliminar a la verdadera amenaza.

- ¡NO DISPARES, STAN!

Gritó desesperado, y le explicó al francotirador la situación. Si había tantos jóvenes en ese barco, tenía que ser muy preciso en la descripción de Senku, para lo cual usó la grabación de radio que tenía, y mediante cálculos que para él eran pan comido, le reveló la información, Stan era suficientemente inteligente para deducir el resto. El problema vino cuando, minutos después, le confirmó que lo había encontrado, pero le hizo la única pregunta que le retorcía el estómago

- Xeno, ¿estás seguro de que le quieres muerto?

¿Seguro de asesinar a uno de los científicos más prometedores y valiosos, que además había sobrevivido a la petrificación como él? No, pero no tenía otra opción. Su visión del mundo, y su misión, eran cosas que tenía muy claras, y no había nada más nada que considerar. Sabía que Senku no coincidiría con él, siempre había desestimado todos sus comentarios sobre armamentística y poder a través de la ciencia, por lo que la idea de dominar el mundo, someterlos a todos, jamás la aceptaría. Simplemente no había otro camino, que terminar con su vida, la única que podría resultar una amenaza para sus planes.

- Sí, hazlo.

Adiós, Senku Ishigami.

El tiro de gracia, el que había materializado su decisión, fue dado por Stan, y confirmado unos segundos después. Ya estaba hecho. Xeno no pudo conciliar el sueño por varias horas. No había nada que lamentar, pero acababa de ganarse su lugar en el infierno, había sido el primer asesinato desde que revivieron, y nada menos que a alguien que él había apreciado mucho. La primera vez en la vida que una palabra suya, acabó con la vida de otra. Y a partir de ahora, tendría que vivir con eso. La otra imagen que se le vino a la cabeza, fue la de Miss Kohaku, ignorante de lo que acababa de suceder, y se preguntaba cómo reaccionaría al enterarse. Lo que sea que había sucedido un momento antes con ella, se había esfumado por completo, ella jamás lo aceptaría. El problema era que no estaba tan seguro de eso, no quería perderlo todo.

La mañana llegó, y Xeno se quedó un buen rato en su laboratorio, aprovechando para mantenerse en contacto con Stan, que le dijo que llegaría a primeras horas de la tarde. Por lo cual él tendría que encargarse una vez más de Miss Kohaku durante el almuerzo. Dudaba que ella quisiera bajar al comedor otra vez, pero no pensaba comer en la habitación de ella, así que ordenó a los cocineros que preparan dos platos para que pudieran almorzar antes que el resto de su equipo. Unas horas después, subió hasta la habitación de la rubia, y le dijo que iban a comer abajo, pero que estarían solos. Curiosamente, no protestó, y lo siguió casi con docilidad.

Cuando Xeno entró a su habitación, lo primero que a Kohaku le llamó la atención fue que el científico tenía una expresión de lo más seria y ausente, completamente diferente de las intensas emociones que percibió en sus ojos la noche anterior. Por lo cual, cuando él le dijo con un tono monótono que irían a ese desagradable comedor, pero que había organizado todo para que no hubiera otras personas, decidió aceptar y seguirlo.

Ese fue el almuerzo más silencioso y desanimado de su estadía allí. Xeno parecía perdido en sus pensamientos, apenas la había mirado un par de veces, pero no le sacó conversación. Y cuando sus ojos hicieron contacto, los orbes oscuros de él le parecían más opacos que de costumbre, y la impresión que le dio fue que lucía… desolado. Una parte de ella quería saber qué le pasaba, quería animarlo.

- ¿Xeno? –le preguntó, dubitativa– ¿Te sientes bien?

- Sí, Miss Kohaku –Contestó inmediatamente – ¿Necesitas algo de mí?

- Eeh… no. Solo que… –Era evidente que no tenía ganas de conversar, menos con ella, así que cambió de tema– Quería decir que me está gustando el idioma de ustedes, y Gen explica bien.

- Me complace oír eso –Pero no sonrió, ni dijo nada más.

- Hmm, bien– Kohaku decidió que no era momento de seguir hablando, y terminó de comer en silencio.

Xeno la acompañó de vuelta a su habitación, y la dejó sola, sin darle información o comentarios de nada más. Pero la "paz" no duraría mucho, porque en las horas siguientes se produjo un revuelo cuando los guardias le trajeron una especie de anillo entrelazado misterioso, y cuando lo consultó con Míster Gen, resultó ser un aparato petrificador que había perdido su funcionalidad. Stan volvió en ese mismo momento. Excelente, tenía que hablar con él, había tomado una decisión, así que le pidió que fueran a su estudio para hablar de las próximas "estrategias" a solas.

Como no tenían nada que agregar con respecto al asesinato de Senku, Stan comenzó la conversación con la pregunta que más les iba a pesar a los dos.

- ¿Y bien? ¿Quién de los dos le da la noticia a la chica samurái?

- Estuve pensando sobre eso, Stan. Y decidí que no se lo vamos a decir.

- ¿Qué…? –Preguntó el soldado, abriendo los ojos de pura sorpresa– ¿A qué te refieres con eso?

- Ni más ni menos que lo que acabo de decir. Kohaku no se enterará que supimos de la verdadera identidad de su líder científico, mucho menos que lo asesinamos.

- ¿Por qué? –Stan lo miró crudamente.

- Porque me parece lo mejor. Estamos buscando ganar su confianza, e información. Es lógico que en cuanto le digamos eso, se acabará todo eso, y ya no nos será útil.

Pero el hombre de ojos azules no pensaba aceptar esa excusa, no era en lo que habían quedado. Xeno había tenido un "cambio de corazón", evidentemente. Y le empezaba a molestar que no quisiera explicarlo, y fuera terminante y esquivo.

- ¿Qué pasó con Kohaku mientras yo no estuve, Xeno? –Preguntó directo y certero –¿Qué cambió?

- Nada cambió, Stan. Pero pude comprobar que se está abriendo a confiar en nosotros, y no quiero perder eso… por su utilidad.

- Claro, por su "utilidad" –Apretó la mandíbula. Ahora estaba seguro lo que Xeno no quería perder, era más bien a ella– No es algo que podamos ocultar o mentir al respecto. Se enterará, tarde o temprano.

- Que sea tarde, entonces.

- Eres un cobarde infeliz, Xeno –Le dijo en un tono bajo y amenazante, y vio cómo los ojos del científico se abrieron y le devolvieron una mirada dura– Yo hice mi trabajo, cumplí la misión. Misión que TÚ encomendaste, y que era nuestra prioridad para aplastar a esos mocosos. Yo manché una vez más mis manos con sangre, no me importa eso, pero lo hice por ti. Te lo pregunté, Xeno, si estabas seguro, te permití dudar y arrepentirte. Pero no lo hiciste, seguimos con el plan, y asesiné a tu querido y joven alumno. Y ahora, no quieres hacerte cargo de tus propias decisiones.

- Soy perfectamente consciente de mis decisiones.

- No lo parece, o estás ocultando otro motivo para cerrar la boca entonces –se acercó unos pasos más– ¿A quién mierda le importa ahora la "información" de Kohaku, si ya asesinamos a su líder, y en dos semanas los haremos polvo y los controlaremos totalmente? Ya dejó de ser útil, ahora solamente tiene valor como rehén, como escudo. Y da lo mismo que confíe o no, que nos hable o no. Admite de una maldita vez que, si no quieres decirle nada, es por motivos personales, porque no quieres ganarte su odio. Yo tampoco quiero, pero es lo que habíamos decidido.

- Y ahora decidí otra cosa, yo soy el líder, me haré cargo, y cuando lo considere adecuado, le diré la verdad. Pero no será hoy, ni mañana.

- ¿Y Gen? –Dijo finalmente, luego de hacer silencio y contener su ira– Ya lo sabe, estuvo ahí con nosotros hoy, sabe todo.

- Entonces tendremos que "pedirle" que cierre la boca. Se te dan bien las amenazas, Stan, asegúrate que no diga nada, como hiciste la otra vez. Y que ponga la excusa de que se siente mal, ya que está en duda su credibilidad, haremos la vista gorda a cambio de su silencio. Ni hoy ni mañana podrá hablar con Miss Kohaku, ni tendrán esas clases de inglés. No hablé de Míster Gen con ella hoy, así que no será contradictorio ni sospechará. Tú encárgate de Gen, yo lo haré con ella.

- De acuerdo.

Stan cedió, aunque hervía por dentro. Ya se lo cobraría de otra forma, eventualmente lo obligaría a confesar aquello que se estaba guardando, aunque era obvio: Xeno definitivamente estaba comenzando a sentir algo más que interés por Kohaku, sólo que parecía determinarlo a no aceptarlo ni siquiera para sí mismo. Lo iba a acorralar, no le dejaría salirse con la suya, porque ahora le afectaba a los dos, no sólo a él y su estúpida represión. Se retiró del laboratorio sin decir una palabra más, y fue directamente a hablar con el mago, y amenazarlo lo suficiente para que siga el guión de Xeno.

Kohaku se desilusionó mucho cuando Xeno la volvió a visitar, porque solamente fue para darle peores noticias con respecto a que Gen estaba afiebrado, y que no podría hablar con él en todo el día, como tampoco el día siguiente, para asegurarse de que no estuviera enfermo y la contagiase. La única buena noticia fue que Stan había vuelto, eso la animó un poco más, porque no iba a soportar otra comida tan tensa. Luego del almuerzo se había comenzado a sentir un poco mal ella también, pero el malestar de ella no se debía a las preocupaciones, fiebre o dolor de estómago, sino otro tipo de incomodidad particularmente femenina. Pasó el resto de la tarde sola, recostada, pero en el fondo lo agradeció, porque las punzadas de dolor que sentía en la parte baja de su vientre no le daban ganas tampoco de hacer nada.

Por la noche, Stan había vuelto a ser quien llevaba la cena a la habitación de Kohaku, y la compartía a solas con ella. Las sospechas de la rubia de que algo malo había sucedido se reforzaron cuando notó que él también tenía una expresión seria en el rostro, y lucía taciturno, mirando más el suelo que a ella. Para colmo, Kohaku no tenía mucho apetito porque se venía sintiendo adolorida hacía unas horas, con lo cual picoteaba mínimamente su comida en silencio, con desgano. A pesar del ambiente poco animado, Stan se percató de eso, y la miró a los ojos un rato, antes de hablarle. Para colmo que estaba de mal humor, tenía que pensar y hablar en un idioma que todavía le costaba hablar, aunque aprendía rápidamente.

- ¿No comes? ¿Qué pasa?

- Me siento mal, no tengo hambre.

- ¿Te duele el estómago?

- No exactamente –Se señaló el bajo abdomen. Stan tardó un poco más en responderle, entrecerrando los ojos.

- ¿Estás en tu…? –No tenía idea cómo se decía "período" en japonés, así que esperaba que lo entienda, aunque sonara raro– ¿tus días de sangre?

- ¿Eh? –Parpadeó un par de veces, hasta que se dio cuenta a lo que se refería, y se sonrojó un poco– No, todavía no. Pero me duele un poco.

- Ok –Fue todo lo que le respondió. No tenía idea cómo aliviarla, pero no era la única mujer joven en el castillo– Espera, ya vuelvo.

Kohaku lo miró intrigada, pero él se fue sin decir nada más, y la dejó sola un buen rato. Cuando volvió, tenía otra bandeja con varias cosas en las manos.

- ¿Qué es todo eso? –Se asomó, curiosa.

- Les pregunté a Maya y a Charlotte qué hacían ellas cuando tenían esos dolores, y me dieron esto.

- Oh… –No se esperaba ese interés de parte de él, sobre todo con lo cortante que estuvo todo el día– Gracias, Stan. ¿Qué es esto? –Agarró una bolsa plástica y dura que se movía mucho lo que fuera que tuviera dentro.

- Una bolsa de agua caliente. Apóyala donde te duele –Se la dio y ella la inspeccionó con curiosidad y diversión antes de usarla– Y bebe esto ahora.

- ¿Un té? –Olía dulce y floral.

- Sí, tiene hierbas medicinales. Y huele esto –Le dio un manojo de hierbas medio secas, que olían como el té.

- ¿Olerlo? ¿Por qué?

- No sé, ¿relajación? –No era mujer, no conocía esos dolores, sólo seguía las indicaciones de sus compañeras.

- Ya veo, gracias… y agradéceles de mi parte.

- Ok. Y falta algo, pero termina el té.

Unos minutos después, Kohaku finalizó su bebida caliente y reconfortante, y seguía sosteniendo la bolsa de agua caliente contra su vientre. Stan la observó un rato en silencio.

- ¿Mejor?

- No realmente… todavía –Encogió los hombros con un poco de culpa.

- Acuéstate en la cama, boca abajo. Sigue con la bolsa ahí.

Alzó una ceja cuando le escuchó decir eso, pero la miraba totalmente serio, así que le hizo caso y se recostó. Pero se tensó un poco cuando lo vio sacarse las botas y los guantes.

- ¿Qué haces? –Preguntó preocupada.

- Me pongo cómodo.

- ¿Para qué? –No le gustaba esa respuesta, ¿cómodo…? –¿Qué quieres hacer?

- Me dijeron que los masajes ayudan. Relajación, calor, todo eso.

Kohaku se seguía preguntando para qué se tenía que sacar las botas para darle masajes en la espalda. ¿Acaso pretendía subirse a la cama con ella? Pero parecía tener buenas intenciones, y se había tomado la molestia de ir a preguntarle eso a sus amigas, así que no protestó, o parecería desconfiada y desagradecida. Se quedó en silencio, observándolo acercarse, pero él sólo se sentó a su lado, de costado. Ella tenía puesto el vestido negro ajustado que ya se había acostumbrado a usar. Por la noche se lo sacaba para dormir más cómoda, pero ahora parecía que seguiría con eso puesto. Bueno, no era como si fuese a sacárselo frente a Stan, aunque a decir verdad él ya la había visto en ropa interior unas cuántas veces, entre curaciones y el baño de la otra vez.

El soldado dedicó los masajes a la parte baja de su espalda, entre su cintura y caderas, moviendo las manos en círculos, sin detenerse. Cada tanto las subía para masajearle toda la espalda, teniendo cuidado con el costado lastimado, que ya no le dolía casi, salvo que se presionara. Ahora que lo pensaba, ya le había hecho masajes en el baño caliente también, esta sería la segunda vez, y las manos grandes y pesadas de él se sentían de maravillas y la relajaban, y era verdad que el calor ayudaba. De pronto las manos de él se alejaron, y cuando Kohaku lo miró, notó que él se estaba estirando y tocando su propia cintura con una mueca. ¿Tal vez estar así de costado era una posición incómoda para él? Y se lo veía cansado, a decir verdad, no sabía a dónde había estado todo el día anterior, y parecía haber vuelto esa misma tarde.

Pensando que había terminado, y para no molestarlo más, comenzó a levantarse, pero él la detuvo y le dijo que todavía faltaba, sólo que la posición no era cómoda, tal como ella pensaba. Le dio un poco de pena, y después de pensarlo un rato, se corrió a un costado de la cama y palmeó con su mano el hueco que había dejado. Por las dudas, tenía que aclararle lo que pretendía.

- Puedes sentarte o recostarte aquí un rato, mientras descansas, si insistes en continuar el masaje. Sólo eso, no… pienses nada raro.

Lo vio alzar ambas cejas y parpadear varias veces, sorprendido. Era la segunda vez que le ofrecía estar más cerca de ella, quizás demasiado, pero solamente porque quería agradecerle. Luego de considerarlo, él sonrió, la primera sonrisa que le había visto en el día. Levantó sus manos en el aire, su gesto de "rendición" y buena voluntad, y se recostó boca arriba en la pequeña cama, junto a ella. Stan sólo miró el techo y soltó un largo suspiro mientras cerraba los ojos momentáneamente. Kohaku le miró la cara con más atención, y podía verle unas sombras oscuras bajo los ojos, era probable que no hubiera dormido nada en todo el día. Pero cuando él repentinamente giró la cabeza y la miró a los ojos, ella le corrió la mirada y se sonrojó un poco.

- Puedo hacer las dos cosas –Le dijo Stan.

- ¿Qué cosas?

- Descansar, y hacerte el masaje –Le explicó, como si fuese obvio.

- ¿Y cómo vas a hacer eso?

- Acércate un poco, apóyate contra mí.

Kohaku dudó, pero cuando él la miraba con esa tranquilidad y seriedad, realmente creía que podía confiar en él. Se arrastró un poco en la cama, pero como estaba tan cauta y un poco nerviosa, Stan rió suavemente y pasó un brazo por detrás de ella para acercarla con más seguridad.

- No muerdo, Kohaku. Tú muerdes, y no te tengo miedo –bromeó.

- Eso fue… ya pasó.

- ¿Te puedo sacar esto? –Tironeó de la coleta de su pelo– Relaja la cabeza.

- Hmm, bueno.

Stan le soltó el pelo, y le pasó la mano un par de veces para aplanárselo. Eso le provocó unas agradables cosquillas, era verdad que se sentía mejor con el pelo así, pero le molestaba para pelear y hacer sus cosas, y se había acostumbrado a llevarlo atado. Luego sintió que bajaba la mano a su espalda, y volvía a hacer esos relajantes y amplios círculos, que luego concentró una vez más en la zona entre su cintura y cadera. No sabía si era por el té, la bolsa de agua, o los masajes, pero sentía un agradable calor que efectivamente la estaba relajando y aliviando la molestia que sentía. Nunca había estado así de cerca con un hombre, menos aun con un enemigo, si todavía podía llamar a Stan así, pero poco a poco lo bien que se sentía la fue adormeciendo.

Stan siguió haciéndole esos delicados y constantes masajes por un buen rato, mientras seguía recostado boca arriba, hasta que eventualmente tuvo que admitir que se le había cansado el brazo, y él mismo estaba agotado y quería dormir. Así que la miró para decirle que había terminado e iba a irse a su habitación, cuando se encontró con que ella tenía los ojos cerrados y parecía dormida.

- ¿Kohaku? –La llamó dubitativo, con suavidad. Pero ella no contestó– Hey, me voy…

Pero la rubia no se inmutó. Stan prestó atención a su respiración, y era liviana y constante, evidentemente estaba dormida. No tenía otra opción más que despertarla si se quería ir de allí, ya que la cabeza y parte del cuerpo de ella estaba apoyado sobre el de él. Pero a la vez le daba pena despertarla, si todavía se sentía mal y había logrado conciliar el sueño, mejor dejarla descansar.

- Oye, soy tu enemigo... no deberías quedarte así de dormida e indefensa conmigo, ¿sabes? –Le dijo en inglés– Vaya, no tienes remedio, te pasas de inocente.

Se quedó mirándola un rato, relajado, observando cada detalle de su bello rostro. ¿Qué tenía de especial? Era una chica, como tantas otras. Era muy bonita, pero también lo era Charlotte, su compañera de armas, e incluso físicamente se parecían... y sin embargo nunca le interesó quedársele mirándola, aunque tampoco había estado en una situación así con ella como para comparar. Luna... no estaba mal, pero lo que no podía soportar era su personalidad cobarde y dependiente, y era más que obvio que le tenía miedo a él.

Entonces... ¿Por qué Kohaku lo había cautivado? ¿Por qué estaba tan interesado en caerle bien, en que ella le sonriera, y en hacer cosas que la hicieran sentir bien? Aun a costa de Xeno, con el cual estaban discutiendo bastante últimamente, a causa de ella. No traicionaría a su mejor amigo, mucho menos por una mujer, sea amiga o enemiga, pero parecía que en esos días le importaba más provocar la sonrisa de esta chica, que provocar la ira y la frustración de Xeno. Suspiró. Para colmo, ella no tenía idea de que él hacía menos de un día había asesinado a su líder y seguramente buen amigo. Se sentía un poco traicionero de verla así tranquila y confiando en él, cuando había hecho algo que ella consideraría imperdonable seguramente, pero mantener el secreto era decisión de Xeno, no de él. Luego de otro largo suspiro, decidió hablarle en voz alta, aunque sabía que ella no podía escucharlo, y menos entenderlo. Podía permitirse bromear un poco y dejar vagar su mente con un futuro inocente fuera de toda esa guerra y despliegue de poder de ambos bandos, el silencio de la habitación como único testigo de sus palabras.

- Te voy a dar dos opciones. Escúchalas bien, porque no voy a repetirlas, ¿ok? Primera opción, te quedas aquí, no vuelves nunca con tus amigos del club de ciencia juvenil. Nos tienes atraídos como polillas a la luz a Xeno y a mí, eres un peligro, pequeña. Si te quedas, admito que me gustaría tenerte sólo para mí, pero eres tan fascinante que estaría dispuesto a compartirte un poco con Xeno si no te puedes decidir entre los dos, aunque jugaré todas mis cartas para ser tu favorito. Ahora, siendo sinceros y pensando a futuro, Xeno tiene más material de novio que yo. Es más... inocente, y tierno, quizás porque no tuvo tanta sangre en sus manos, y la mayoría de las veces estuvo del lado de los incomprendidos. En cambio, yo soy más firme, no tengo piedad. Soy mejor como amante, y como buen soldado, si mi misión es tu placer, no me detengo hasta cumplirla...una y otra vez. Ya tengo ganado el infierno, así que me lo juego todo en cada oportunidad que tengo, en cada cosa que hago en la vida, creo que ya te diste cuenta.

Hizo una pausa para mirar a Kohaku, cuya respiración suave y su boca ligeramente entreabierta delataba que seguía dormida.

- Qué bella durmiente eres, princesa... te envidio un poco, tus sueños deben ser puros y felices todavía, ¿verdad? Pero volviendo a lo que te decía, queda la segunda opción –la miró serio, su sonrisa se borró– Si pretendes escapar de nosotros, que seguro pasó por tu astuta cabecita… corre, lejos, lo más rápido que puedas, como si tu vida dependiera de ello. No dejes que te encuentre, nunca. Usa todos tus sentidos y reflejos para que no te alcance. Porque si te atrapo, no te dejaré escapar otra vez.

Se lo dijo con un tono duro, pero sus ojos azules, y ahora cálidos, lo contradecían. Con el toque más ligero que pudo, para no despertarla, acarició la mejilla de ella, sin saberlo, la misma que la noche anterior su mejor amigo también había tocado, y le corrió el pelo de la cara para colocárselo detrás de la oreja, ya que su largo mechón amenazaba con meterse en su boca. Se estaba quedando dormido, no le quedaba más energía. Así que la miró largamente una última vez, y le susurró:

- Ahora serás una princesa... pero naciste para reinar.

A la mañana siguiente, Xeno movía ansiosamente el pie, preguntándose por qué Stan no bajaba a desayunar. Era raro en él, nunca se quedaba dormido, y siempre se había jactado de necesitar menos horas de sueño para descansar que una persona promedio, incluso después de una noche entera sin dormir. Entonces, ¿dónde estaba? Cuando terminó de desayunar, fue a la habitación de su amigo, pero no lo encontró ahí, de hecho, la cama estaba prolijamente armada. No lo vio en la armería, ni en el laboratorio, ni en el pequeño hangar donde estaban los aviones. Raro, solía avisarle si iba a hacer algo que le llevara varias horas, y ya había cumplido su misión, así que no tenía otro motivo por el que ausentarse.

Solo por precaución, y asegurarse que no había sucedido nada de improvisto con Miss Kohaku, subió a la habitación de ella. Iba a tocar la puerta para anunciarse, pero era temprano, quizás estaría durmiendo, así que abrió la puerta mínimamente y lo más sigiloso que pudo, lo único que tenía que comprobar era que ella estuviera ahí. Pero lo que no pensaba con encontrarse, era ver a Miss Kohaku durmiendo… junto a Stan. Se quedó paralizado en el lugar, sin poder creer lo que sus ojos veían. ¿Qué hacían ahí juntos, en la misma cama? Ambos descalzos, y Stan sin sus guantes. Ella apoyaba la cabeza en el pecho de Stan, y él tenía una de sus manos en la espalda baja de ella, y estaban claramente dormidos los dos, o alguno se habría sobresaltado con el ruido de la puerta. Lo que le quedaba activo de su mente racional se preguntó cuántas veces habría pasado una situación así, y él sin enterarse, ya que cada uno tenía una habitación separada donde dormir, y obviamente ninguno invadía la privacidad del otro. Parecían muy cómodos, para ser dos enemigos, rehén y cuidador.

Sintió un puñal en su pecho, una presión horrible, al contemplar esa casi "íntima" escena. La otra noche ella había sido inesperadamente cercana con él, tocándolo, cómoda y confiada, le había generado un agradable calor en su cuerpo y también las ganas de acercarse más a ella… pero parece que no era el único del cual ella buscaba esa cercanía. No le sorprendía tanto de Stan, ya sabía lo que pretendía con Miss Kohaku, pero que ella acceda a compartir su cama, no entraba en ninguno de sus cálculos.

Un par de horas después, Kohaku recibió el reflejo del sol en su cara, lo que la hizo apretar los ojos y luego parpadear para acostumbrarlos a la luz mientras los abría. Pero jadeó de susto y sorpresa al darse cuenta que se había quedado dormida junto, y prácticamente encima, de Stan. ¿Cómo había sucedido eso? No se había despertado en toda la noche, fue un sueño largo y cómodo. Lo último que recordaba era que se sentía mal, y que aquel hombre le estaba haciendo masajes para ayudar a aliviarle el malestar. Sí, ella lo había dejado recostarse un momento, pero la pregunta era cómo demonios se había quedado dormida de esa forma.

Su jadeo y movimiento súbito para alejarse de él lo despertó también, y lo vio parpadear varias veces hasta que sus ojos azules adornados de esas larguísimas pestañas se abrieron del todo. Parecía que lucía tan confundido como ella, pero no se había asustado ni sorprendido de la situación. Giró la cabeza para mirarla con una expresión todavía adormilada, y una pequeña sonrisa en el rostro.

- Dormí mucho.

- ¿No te…despertaste antes?

- Raro, pero no –Frunció el ceño– Nunca dormí tanto.

- ¿Por qué dormiste aquí, y no te fuiste?

- Tú te dormiste. No quise despertarte, y luego yo me dormí de cansancio–Amplió su sonrisa– Estaba cómodo y calentito.

No podía criticarlo, evidentemente ella también sintió lo mismo, aunque ahora la indignara. Notó la bolsa de agua caliente, ahora fría, que había quedado en el medio entre ellos. Se levantó rápidamente, para alejarse más.

- ¿Te sientes mejor, Kohaku?

- Sí, gracias. Ya estoy bien.

- Mejor así –Bostezó ampliamente, y se frotó los ojos– Me voy a desayunar, y pediré que te traigan el tuyo.

- Bueno…gracias.

Kohaku lo siguió con la mirada, sorprendida de que no hiciera ningún otro comentario del hecho que habían dormido juntos. Lo vio ponerse los guantes y las botas, e irse como si nada. Quizás a él no le había afectado, ni lo consideraba nada importante. No pensaba preguntarle tampoco.

Unas horas luego de desayunar, Stan se fue a su habitación, se desvistió y se puso a entrenar y hacer ejercicios, algo intenso para activarse, para compensar con el exceso de sueño. Y cuando terminó, se secó el sudor y se volvió a vestir, aunque pensaba darse un buen baño. En el camino pasó por delante del laboratorio, y vio a Xeno dentro.

- Hola, Xeno.

- Stan –Lo miró de reojo, y serio.

- ¿Todo en orden? –Le preguntó, notando la respuesta seca y breve a modo de saludo.

- Sí, como de costumbre –Ahora sí se giró a mirarlo– ¿Y tú, alguna novedad?

- No, nada que reportar.

Xeno entrecerró los ojos sutilmente, ante esa respuesta. ¿Pensaba mantener en secreto el haber dormido con Miss Kohaku? Desgraciado…

- ¿Descansaste bien? –Preguntó casualmente, dándole una última oportunidad de confesarse.

- Sí, muy bien, estoy como nuevo.

- Me alegro por ti –Lo dijo curvando sus labios en una sonrisa, pero fue una que no llegó a sus ojos– Si no tienes nada más que decirme, seguiré trabajando, Stan.

- No, continúa tranquilo, me voy a bañar.

Xeno lo siguió con la mirada, y apretó sus manos en forma de puños. ¿Sería acaso su venganza por la discusión que tuvieron el día anterior? No encontraba otro motivo lógico por el cual Stan decidiera ocultarle algo así, pero no era un tipo de hombre resentido o vengativo, eso era lo que más le extrañaba. Decidió darle el beneficio de la duda, al fin y al cabo, no los había visto en una situación realmente comprometedora, y prefería evitar nuevas confrontaciones con él.

Stan estuvo de buen humor todo ese día, comparado con la tensión y la ira que había acumulado el día anterior, además de su cansancio. Opuesto a él, Kohaku estaba bastante decaída, extrañando mucho sus charlas con Gen, y sintiéndose más sola que nunca. Esa vez fue ella la taciturna cuando compartió la comida con Stan. Ya no se sentía mal, pero tampoco estaba de ánimo. El soldado lo notó, y pensando qué podía hacer para levantarle el espíritu y hacerla sonreír, le preguntó si tenía ganas de volver a volar en el avión esa misma tarde, y el entusiasmo de ella fue evidente, eso la libraría del aburrimiento por el resto del día.

Unas horas después, justo antes del atardecer como la otra vez, Stan pasó a buscarla para cumplir con lo que le había prometido. Pero en cuanto llegaron a la pista, Kohaku se encontró con que era otro avión ese, o si era el mismo, le habían agregado una parte superior para cubrirlo totalmente, la única forma que tenían de ver su interior era desde el frente, ese gran vidrio curvo.

Stan se metió dentro primero, y cuando aceptó su mano para ayudarla a subirse, la sorprendió que luego la levantó de la cintura con mucha facilidad y la colocó delante de él, en el mismo asiento, prácticamente encima.

- ¿Qué… qué haces? –Preguntó nerviosa, su espacio personal severamente comprometido.

- Quiero que esta vez lo veas mejor, es más emocionante así.

- Oh, hmmm…está bien.

De nada servía acotar sobre su cercanía, ya habían tenido suficiente la noche anterior y ella no se había quejado, no tenía sentido ahora. Inmediatamente Stan tomó el cinto que servía para mantenerlos fijos en el asiento, y lo cruzó por delante de ella, para engancharlo en la parte baja del asiento, que estaba debajo de él. Eso estaba... apretado. Demasiado apretado. Donde debería entrar una sola persona había dos, y el cinto de seguridad que estaba destinado a mantener a esa única persona en su lugar, ahora la acercaba y pegaba demasiado al cuerpo de Stan, podía sentirlo perfectamente, quizás demasiado. Y no tenía dónde agarrarse esta vez, aunque tampoco tenía muchas posibilidades de moverse del lugar.

- ¿Lista?

Se estremeció notoriamente al sentir la voz profunda acompañada del aire caliente de la respiración de Stan junto a su oído, como una cosquilla. Olvidándose lo cerca que estaban, giró la cabeza para mirarlo y contestarle, pero la excesiva cercanía al rostro de él la hizo arrepentirse inmediatamente cuando sus narices casi se rozaron, y volvió a mirar al frente, quedándose muy quieta, podía sentir sus mejillas arder. Oyó la risa suave y grave de él, que le produjo un estremecimiento, y un curioso tirón en la parte baja de su cuerpo, pero respiró hondo y se concentró en mirar adelante, asintiendo con la cabeza como respuesta.

Kohaku pudo ver con más detalle cómo Stan encendía el motor y usaba el mando de dirección, así como de reojo veía todo lo que hacía con sus manos y pies. No parecía fácil manejar ese avión. El vuelo fue muy similar al primero al principio, pero él había tenido razón al decirle que aquella "visión limpia" era mucho más emocionante, tanto que se olvidó por completo de la incomodidad de estar tan cerca de él. Y era admirable cómo Stan no se inmutaba en su manejo con tenerla a ella encima, era como si no estuviera. De pronto, escuchó la voz de él cerca de su oído, con una nota de diversión en ella.

- Kohaku, ¿Confías en mí?

¿Confiar en él? Era una respuesta MUY compleja. ¿Confiar en el enemigo que la tenía secuestrada hace una semana, y que la había apaleado para atraparla, y la tenía totalmente vigilada? ¿Confiar en el enemigo que, pese a todo eso, atendió sus heridas con cuidado y respeto, y tenía hace varios días un trato amable con ella, además de que buscaba contentarla constantemente? ¿Confiar en el enemigo que, más que aliviarse cuando se ausentó un día entero, se había desilusionado de no contar con su compañía? ¿Confiar en el enemigo con el que se quedó dormida una noche entera luego de que él le hiciera compañía cuando ella se había enfermado? Y, por último, ¿confiar en el enemigo que no entendía por qué cuando le sonreía con sinceridad, la miraba amablemente o le hablaba de cerca, le producía ese extraño y nuevo cosquilleo en el interior de su cuerpo? ¿Confiaba en él…?

- Sí, confío.

- Bien, allá vamos entonces, abre bien los ojos esta vez.

Un segundo luego de decir eso, inició un vuelo en picada, pero Kohaku no gritó aterrada esa vez, sino que apoyó las manos en el borde del frente del avión, con una sonrisa emocionada, aunque no podía evitar los nervios. Soltó un gritito agudo al ver el inmenso mar al cual se acercaban, era muy intenso verlo de tan cerca, pero ya sabía que Stan iba a nivelarlos justo a tiempo. Planearon sobre el mar, peligrosamente cerca, tanto que los esquíes del avión hacían salpicar el agua que rozaban, era una visión hermosa. Luego ascendieron gradualmente, más allá de las nubes, y el descenso en picada esa vez fue a la par de unos giros en espiral.

Kohaku ahora agradecía estar tan apretada y limitada de movimientos, porque no tenía que agarrarse a él. Era un sueño, increíble, le fascinaban los riesgos temerarios que tomaba Stan, y su absoluto control del avión, parecía una extensión de él mismo. Ahora sí Kohaku se sentía un pájaro, y el vidrio transparente y limpio eran como sus propios ojos. Amó cada segundo de ese vuelo, y le levantó el ánimo totalmente. Quería mucho a Gen, y extrañaba sus breves conversaciones, pero el momento que estaba viviendo era algo que él no podría darle nunca, y dudaba que sus amigos tampoco pudieran.

De pronto Stan soltó el mando un momento, pero sólo para agarrarle las muñecas y apoyarle las manos de ella en el mando, y él volvió a colocar las suyas al lado, invitándola a sentir el manejo del avión. Y así Kohaku pudo volver a contemplar ese bellísimo atardecer en todo su esplendor, de frente a ese mágico paisaje. Y lo mejor era que como el viento no podía darles en la cara por el vidrio que los protegía y encerraba, podía abrir bien los ojos y disfrutar de la vista plenamente. En cuanto el último vestigio del sol se ocultó bajo el horizonte del mar, emprendieron la vuelta, y Kohaku giró la cabeza para sonreírle de forma deslumbrante, como agradecimiento y para demostrarle que sí le había levantado muchísimo el ánimo.

Aterrizaron, y ni bien Stan detuvo por completo el avión y apagó el motor, Kohaku estalló muy expresivamente.

- ¡Dioses, eso fue genial! ¡Increíble, lo disfruté mucho más que la primera vez! –Exclamó emocionada.

Había apoyado las manos en los muslos de él, casi apretándolos, reflejo de su entusiasmo. Todavía el corazón le martillaba en el pecho y hasta en los oídos, y tenía una sonrisa de oreja a oreja en la cara, definitivamente disfrutaba ese tipo de vuelo tan adrenalínico y nuevo. Y Stan tenía razón, estar adelante y ver todo con claridad potenció mucho más sus sensaciones y emociones, era como si ella misma estuviese volando, se sintió como un pájaro. Tanta era su excitación, que se olvidó que el soldado estaba todavía detrás –y debajo– de ella, seguramente esperando que se calme para salir del avión. Pero Kohaku sólo podía seguir dando saltitos de emoción en su lugar, y sin darse cuenta, a la par que seguía expresando cuánto le había gustado, realmente comenzó a hacer unos pequeños rebotes con su cuerpo. Stan abrió mucho los ojos y se tensó inmediatamente, cuando la sintió moverse tanto encima suyo, de una forma…incómoda.

- No… no te muevas más –Lo dijo en inglés, fue lo primero que le salió, pero como no hubo respuesta de ella tuvo que pensarlo en japonés y se lo dijo como pudo, aunque tampoco pareció darse por aludida– Quieta, Kohaku.

Apretó los ojos y soltó un gruñido, lo estaba torturando con ese movimiento que rozaba su parte más sensible, desde que ella se había acomodado allí sin darse cuenta. No era momento para sentir esas cosas, pero tampoco ayudaba tenerla encima de él, tan cálida y pegada a su cuerpo, apretando sus muslos, y para colmo no era novedad que la encontraba muy atractiva, toda ella. Intentó respirar profundamente, dirigiendo su atención a cualquier otra cosa menos a la curvilínea bola de fuego que tenía encima de él, pero no estaba funcionando, porque ella no se quedaba quieta. Eventualmente pero no lo suficientemente rápido, como él se puso tan tenso y silencioso, Kohaku se dio cuenta que no le contestaba nada ni se movía, y se giró con curiosidad para mirarlo. Se preocupó un poco cuando le vio el rostro fruncido: El ceño, los ojos apretados con fuerza, y la mandíbula trabada con los labios apretados también. No entendía qué le había pasado, ¿quizás se había acalambrado el cuerpo por tenerla encima tanto rato? A veces ella se acalambraba cuando ponía las piernas en una posición incómoda durante mucho rato, y él la había tenido encima por más de veinte minutos.

- ¿Stan? ¿Estás bien? –Ni bien le preguntó eso, percibió que había algo que le presionaba en la parte baja de su espalda– Oh, espera, hay algo del avión que me está molestando, ya lo saco.

Aunque no tenía mucho espacio, pero estaba esa presión de algo que extrañamente no había sentido antes, levantó un poco la cadera para que su mano pudiera caber entre el cuerpo de Stan y el de ella, y así correr lo que sea que la estaba molestando. Escuchó un "NO" brusco del hombre, y sintió, porque no podía ver bien, que él llegó a agarrarle un brazo con su mano, con más fuerza de la necesaria. Pero había sido demasiado tarde, porque ella se quedó congelada y abrió mucho los ojos: Lo que sea que la estaba presionando, no era un objeto del avión, sino algo cálido y un poco más blando, aunque firme, bajo una tela que tenía la misma sensación de la ropa de Stan. Tardó unos segundos más en darse cuenta de lo que realmente era eso, y cuando lo hizo, se puso roja de vergüenza. Le costó un poco más salir de la estupefacción, y poder dejar salir su voz, finalmente indignada.

- ¿QUÉ… DEMONIOS? –Sacó su mano de ahí, e intentó buscar la forma de sacarse el cinto de seguridad para salir de encima de él, pero seguía moviéndose, lo cual no ayudaba a la situación.

- No… espera… ¡QUIETA! –Le gritó Stan, con voz potente, y rodeándola con sus brazos para que no se mueva más– For fuck's sake! –Insultó en su idioma, y resopló. Bueno, eso la había detenido, lo cual era un alivio. El problema era encontrar las palabras en japonés para explicarle– Te moviste mucho arriba mío, de una forma que… –no, no había manera de explicarlo sin quedar mal, al demonio– mi cuerpo se calentó.

- ¿"Tu cuerpo"? ¡Eres un pervertido! –Le dijo indignada, intentando zafarse de sus brazos.

- No, no pensé en eso –No lo había aprendido de Gen, pero la palabra "hentai" japonesa era bastante conocida– Soy hombre, suele pasar.

- ¡No, no suele pasar! ¡Nunca vi a un hombre que le pase! Suéltame, quiero salir de aquí.

- No ayudas. Quieta –Gruñó.

De verdad que, si no se quedaba quieta, no podía abrir el cinto de seguridad. Se removió un poco bajo ella para que su brazo llegue, y notó que se quedó muy quieta y un jadeo salió de su boca, y él también se paralizó. La miró atentamente, y una pequeña sonrisa asomó a su rostro cuando le vio el rostro sonrojado, pero más sorprendido que enojado. Aunque no lo había hecho adrede, era evidente que también él le había rozado la entrepierna, y podía asegurar que esa cara de sorpresa fue porque había sentido algo interesante y hasta agradable. ¿Sería la primera vez que lo sentía? Era probable, aunque el pensamiento lo frustró un poco. Al menos estaba satisfecho de no ser el único, y que ahora podía ser más directo, y ella ya no podría negarlo.

- Escucha primero, luego te suelto. Perdóname, pero es una parte del cuerpo sensible, a la que "le gusta" ese movimiento –Mierda, era difícil de explicar con tan pocas palabras, y más si ella no lo había experimentado antes– Lo sentiste también tú.

- ¡No! ¡Yo no soy así! –Mintió, terca, en el fondo no quería admitir que cuando él se movió, una repentina sensación eléctrica y de tensión, desconcertante pero agradable, la recorrió "ahí abajo".

- Sí, lo sentiste.

- ¡No!

Otra negadora. Ya con Xeno tenía suficiente, pero Kohaku pareció haberse contagiado por primera vez de la falta de sinceridad de su amigo, la creía más valiente. Como no le gustaban los que se mentían a sí mismos, quería obligarla a sincerarse, y si ella no lo hacía, entonces su cuerpo hablaría por ella. Al fin y al cabo, el cuerpo era puro instinto, no podía traicionarse con las cuestiones morales de la mente. Para probar su punto, ahora sí voluntariamente empujó su entrepierna contra la de ella, ya no le importaba disimular. Como esperaba, ella reaccionó estremeciéndose una vez más y entrecerrando los ojos ligeramente, era evidente su desconcierto, pero con más razón estaba seguro de que no le había desagradado, porque dejó de forcejear, aunque no la estaba apretando con sus brazos ya.

- ¿Ves? Te gustó, no mientas. Tu cuerpo también se calentó cuando me sentiste, pero a la mujer no se le nota como al hombre.

- N-no… yo no soy así –Repitió, sin mucha convicción.

Kohaku no era tan ignorante, sabía lo que estaba pasando, solo que nunca lo había sentido antes tan fuerte, y nunca antes había estado en una situación así con un hombre. No esperaba que fuera su enemigo quién le provocara esa sensación, por eso insistía en negarlo. Comenzaba a darse cuenta que Stan no era alguien que aceptara excusas, leía demasiado bien a las personas. Le había escandalizado que él se excitara de la nada, sin estar en una situación "romántica", pero comenzaba a entender lo que él le había dicho, aunque eso no quería decir que estaba de acuerdo con él, o con que sucediese de esa forma. Aun así, no pudo controlar la reacción de su cuerpo, no se esperaba que él hiciese eso.

- Mentirosa –Le susurró al oído, con un tono mucho más bajo y suave, que nuevamente la estremeció. Pero sonrió maliciosamente al pensar en una forma de "hacerla hablar"– Entonces demuéstrame que estoy equivocado. Voy a moverme un poco más contra ti, y si no sientes nada, te suelto. Y me puedes pegar si quieres, por "pervertido". ¿De acuerdo?

Kohaku lo miró de reojo, porque sabía que él estaba muy cerca. Definitivamente estaba siendo un atrevido, pero con esa última pregunta, le estaba demostrando que no la iba a obligar, o eso parecía. Necesitaba saber su otra opción, para confirmarlo. Se extrañó de que una parte de ella no se negó al instante a la propuesta.

- ¿Y si no quiero?

- Te suelto –Dijo, y para asegurar sus palabras levantó las manos en el aire, dándole libertad para que ella pudiera irse si quería. Pero sabía su respuesta de antemano, porque notó la duda en ella, esa pizca de curiosidad, esa expresión de placer.

Maldición. Kohaku se sorprendió de que él dejara de retenerla, tenía la oportunidad de escapar de ahí si quería. ¿Pero quería escapar realmente? No había duda que la situación era muy confusa e incómoda, no podía… no tenía que estar haciendo eso con su enemigo, no tenía que sentir curiosidad de sentir esas cosas con él. No era correcto. Y, sin embargo, había algo en ella que le impedía definir a Stan como enemigo sin dudarlo. No podía negar que lo encontraba atractivo, y definitivamente ahora no podía negar esa "electricidad" y esa agradable tensión cálida dentro de su cuerpo cuando él actuaba de esa forma provocadora. Que los dioses la perdonen, y sus amigos también, pero sentía curiosidad, y le estaban ganando los impulsos más que la razón. Cerró los ojos un momento, debatiendo consigo misma qué hacer. Pero el problema era que, si era sincera, quería sentir más de aquel calor, de aquella curiosa presión agradable dentro de su cuerpo, quería ver a dónde llegaba. Era sólo eso, no pasaría nada más, Stan había establecido claramente las "reglas". Y no había allí nadie para juzgarla, más que su propia consciencia, la cual ni siquiera rechazaba totalmente la idea.

- De acuerdo –Murmuró, sonrojada, sin atreverse a mirarlo.

Stan sonrió, confirmando su hipótesis, y una agradable sensación lo recorrió al saber que ella también sentía cierta atracción hacia él, y que tenía la confianza suficiente como para permitirle hacer algo así. No había segundas intenciones esta vez, no lo hacía por la misión, ni por Xeno, ni por nada más que por sí mismo. Kohaku le fascinaba por su rebeldía, sinceridad, audacia, y su belleza. Y la noche anterior, cuando la estaba acompañando en su malestar, había sentido una extraña paz que hace tiempo no se permitía, a pesar de que no estaba cómodo con la falsedad de ocultarle el destino de su amigo y líder científico. Tanta paz, que se había quedado dormido por muchas horas, cosa muy extraña en él por los reflejos y la alerta que requería su trabajo y profesión. Era tan intrigante como emocionante, que aquella joven desconocida, y enemiga, lo tuviera tan interesado y quebrara su inmutable ser. Y ahora, tener la oportunidad de que ella voluntariamente quisiera probar algo así de inaudito con un enemigo, y además ser el primer hombre que la hiciera sentir así, o al menos a su cuerpo, le generaba una emoción muy particular.

- Sólo voy a tocarte aquí –le dijo, apoyando sus manos en la cintura de ella.

La vio asentir brevemente, sin girar la cabeza, lo cual le pareció casi adorable por la repentina timidez. No pensaba ser brusco, y lo que había empezado con la intención de que le dé la razón, ahora se había convertido en un genuino deseo de verla sonrojarse, no de vergüenza o ira, sino de placer. Decidió sacarles el cinto de seguridad, sabía que no se iba a escapar, y así le demostraba que confiaba en ella y que quería que esté cómoda. Tenía su parte excitante estar tan pegados y con limitados movimientos, pero no para lo que quería demostrarle ahora, además que la gravedad hacía casi el mismo trabajo, y si ella en algún momento apoyaba su espalda contra él, sería muy similar.

Respiró hondo, mirándola un momento sin hacer nada más, y se rió internamente al darse cuenta que sentía una pizca de ansiedad. Un hombre como él, con toda su experiencia… no podía creerlo. No eran nervios, pero sí expectativa. Se preguntó si hubiera sido mejor estar cara a cara más que contra la espalda de ella, pero se respondió rápidamente que así sería más fácil para los dos, menos íntimo, a pesar de que no podía ver la expresión de su rostro. Eso hubiera sido más práctico para guiarse, pero tendría que valerse de su intuición. Y su intuición nunca fallaba.

Movió mínimamente su cadera, un pequeño movimiento muy controlado, para provocarla. La que respiró larga y profundamente esa vez fue Kohaku, que todavía estaba un poco tensa. Había dado su palabra de que sólo la agarraría de la cintura, pero tenía muchas ganas de besarle el cuello para relajarla, pero no podía. Era un reto interesante, a decir verdad, limitarse a una o dos cosas solamente, lo obligaba a concentrarse y ser más eficiente con poco. Aunque si quería ser más "eficiente", había algo que sí podía pedirle. Kohaku estaba sentada encima de él con las piernas juntas, pero la necesitaba más... abierta.

- Kohaku –le dijo con suavidad– ¿Puedes poner tus piernas por fuera?

Al principio ella no pareció entender, porque frunció el ceño y no se movió, pero cuando él cerró un poco sus propias piernas, se acomodó para hacer lo que le había pedido. Claro que para hacerlo ella tuvo que levantarse parte de la pollera del vestido, no tenía tanta apertura de otra forma. Ah…ahora sí, mucho mejor. Volvió a moverse un poco, empujando lentamente, y la escuchó jadear de sorpresa, alcanzando a ver de costado cómo había quedado con la boca ligeramente entreabierta. No había apuro, nadie los apuraba ni los esperaba, por lo cual podía tomarse todo el tiempo que quisiera para que ella absorbiera la sensación de la graduación de la intensidad. ¿Cuántos años habían pasado desde la última vez que había hecho algo así con una mujer? Demasiados, pero fue un verdadero gusto volver a sentirlo.

Se reclinó un poco en el asiento para permitirse más comodidad y amplitud de movimientos. Empujó con más intensidad, pero siempre lento, constante, hasta que la escuchó soltar un suave gemido. Oh, pero qué voz tan dulce tenía, aquella princesa. Pensaba seguir así otro tanto más, pero cuando la vio arquear un poco la espalda, no pudo contenerse, y sus movimientos comenzaron a ser más "profundos" y largos, mordiéndose el labio inferior para contener su propio gemido. Eso provocó que Kohaku se eche hacia atrás apoyándose en él. Maldición, sí que era sensible ella, no habían pasado ni dos minutos y ya la tenía contra su cuerpo como había pensado antes. Stan volvió a aumentar la intensidad, ya no era una provocación, estaba comenzando a ir en serio. Dejándose llevar, guió la cintura de Kohaku en movimientos que acompañaban los suyos, y un estremecimiento lo recorrió cuando alcanzó a ver de costado la expresión de placer y deseo en aquellos ojos aguamarina entrecerrados. Tentando su suerte, le dijo al oído:

- Muévete tú también.

Kohaku no demoró en seguir ese pedido, pero pasó a inclinarse al lado opuesto, apoyándose en el mando del avión, y al hacer eso terminó presionándose más contra la entrepierna tan prominente del soldado, lo cual le robó un sonoro gemido, que fue como combustible para él. Stan esperaba que ella fuera más reservada, ya que nunca había hecho eso antes, pero en su lugar la veía bastante dispuesta e intuitiva. Maldita sea, era perfecta, tenía mucho potencial, era evidente que ya la racionalidad había dejado de limitarla, y eso que sólo se estaban frotando un poco, con toda la ropa, sin siquiera besarse. No, mejor así, sin besos, le parecía que eso sería más sentimental e íntimo, irónicamente. Era curioso cómo estar en esa situación caliente le parecía menos íntima que besarse, pero ese había sido inconscientemente el motivo por el cual había preferido dejarla de espaldas a él.

¿Cómo sería…? No, no podía pensar en eso, no había muchas posibilidades que sucediera algo así entre ellos. Esta situación era parte de un juego, de una apuesta, quedaría en secreto entre ellos, y nada más. Sería demasiado complicado si algo más pasaba entre ellos. Él podía mentalizarse de solamente gozar algunos encuentros apasionados, pero ella seguro no, además de que era totalmente inexperta. Vaya recuerdo que sus primeras experiencias sexuales sean con un enemigo, e ignorando que él fue quién asesinó a alguien querido para ella. Bueno, si sería la primera y última vez, entonces se aseguraría que ninguno lo olvide. Sin contenerse, le abrazó la cintura con sus fuertes brazos, y tiró de ella para recostarla contra él.

Kohaku jadeó tanto por la sorpresa del repentino movimiento, como por tenerlo otra vez tan cerca, podía sentir la respiración agitada de él contra su oído, y eso la estaba haciendo perder la cabeza, si no alcazaba ya para eso con las sensaciones que la embargaban. Nunca había sentido algo como eso, y era como si no pudiera –ni quisiera– detenerse. Había perdido la "apuesta" desde antes de empezar, lo sabía, pero curiosamente no le molestaba. Escuchó a Stan decir con voz ronca algo de "molesto", y lo próximo que sintió fue que él le soltó el pelo. La forma en que él la estaba abrazando por la cintura, quedando poco de su personalidad serena y calculadora, también colaboraba a hacerla olvidar de todo lo que no fuera estar en ese momento y lugar. Y es que no podía pensar otra cosa, comenzaba a sentir que ese calor y tensión en la parte baja de su cuerpo se iban expandiendo, no sabía por qué, pero era abrumador, y sin pensarlo dos veces apoyó sus manos sobre las de Stan, casi rasguñándolo, si no fuera porque él llevaba puestos sus guantes blancos. ¿Qué tenían los estadounidenses con la costumbre de cubrir sus manos? Como fuera, su cuerpo se movía solo.

Y entonces, sorprendiéndolos a los dos casi haciéndolos saltar en el lugar, la puerta lateral del avión se abrió, y el que se asomó y se quedó paralizado y con los ojos desmesuradamente abiertos no fue otra persona que el Dr. Xeno. La escena también se había congelado para los otros dos, y Kohaku, ahora roja de vergüenza, notó cómo los ojos del científico fueron de la cara sonrojada de Stan, a la de ella, luego se posaron en las manos de los dos que coincidían en la cintura de ella, y por último bajaron un poco más para notar el vestido semi-levantado, y dónde estaba sentada. Parecía haberse quedado sin voz ni reacción, porque su boca medio abierta no decía nada, y hubiera pensado que se trataba de una estatua si no fuera porque lo vio parpadear. Y entonces, el líder volvió en sí, transformando su cara de sorpresa en una de indignación y casi furia.

- WHAT THE FUCK ARE YOU DOING, STAN?!

Kohaku no entendió del todo lo que le había dicho, pero de seguro que estaba enojado con el soldado. La pregunta que se hizo era por qué estaba tan enojado, pero no había forma de obtener esa respuesta. Xeno era siempre tan lógico y contenido, que no podía creer haberlo escuchado gritar así. Podía entender que reaccionara con vergüenza o confusión, ¿pero enojo? Para colmo Stan no le contestó nada, ni se movió ni la quitó de encima rápidamente, pero ella misma tuvo la decencia de apartarse lentamente de él, mirando al científico con cautela, que seguía mirando a su colega como si ella no existiera. Claro que en cuanto la rubia se hizo a un costado, notó que Xeno observó el nada disimulado bulto en el pantalón de Stan que no se molestaba en ocultar, pero inmediatamente cerró los ojos y apartó la mirada, apretando sus manos en puños.

Kohaku pensó que iba a seguir siendo ignorada, y realmente lo prefería así porque su rostro humeaba de vergüenza, pero cuando los ojos oscuros del científico se volvieron a posar en ella, sintió que su esperanza de vida se había reducido en diez años al menos. Era una mirada muy dura, mezcla de rechazo y desagrado, nunca la habían mirado así antes, aunque le pareció que había algo de desilusión también. Luego de que la voz de Xeno resonara en el aire, nadie más dijo nada, hasta que el científico se dio vuelta y empezó a caminar a paso muy rápido de vuelta a su castillo. Kohaku miró a Stan, que le devolvió una media sonrisa con un encogimiento de hombros, como si ni él mismo entendiera, ni le importara, la reacción del líder. No lucía ni un poco arrepentido, y no parecía predispuesto a ir a buscarlo o darle explicaciones. Pero había algo dentro de ella, no sabía por qué, que hizo que sus pies se movieran solos, y decidió ir tras Xeno. ¿Qué iba a decirle o explicarle? No tenía idea todavía. Corrió atrás de él y los guardias de la puerta del castillo titubearon cuando la vieron sola, pero al darse cuenta que estaba queriendo entrar, la dejaron pasar.

- ¡Dr. Xeno! –consideró que la confianza de sólo llamarlo por el nombre no era apropiada en ese momento.

Pero el científico no se detuvo, ni se dio por aludido, y cuando llegó a su estudio cerró la puerta con fuerza, casi en las narices de la joven. "¿Qué le pasa ahora?" pensó Kohaku. Había percibido su humor taciturno durante el día, aunque no pudo enterarse el motivo, pero esto era otra cosa. No le correspondía entrar por la fuerza a sala privada del líder científico enemigo, pero no estaba pensando con lógica en ese momento, y sintió que con más razón tenía que explicar de alguna forma lo que había visto, cualquiera sea el motivo que lo había ofendido tanto. Justo cuando pensaba que se estaba acercando a él de un lado más humano y cálido… golpeó la puerta para anunciar su entrada, pero entró de todas formas porque sabía que no iba a obtener respuestas. Xeno estaba en el medio de la habitación, y la recibió con una mirada aún más gélida que la anterior, por su atrevimiento.

- Este es mi espacio privado, Miss Kohaku, y no la invité ni le di permiso para entrar. Retírese.

- No… todavía –Era la primera vez que le intimidaba la forma en que el científico la miraba– Sobre lo que vio…

- Sé perfectamente lo que vi, no necesito explicaciones de lo que es obvio.

- Sí, pero yo no… no hago esas cosas. Fue la primera vez que…

- No me incumbe, ni me interesa, tu vida ni tus hábitos e impulsos primitivos.

"¿Primera vez?" Xeno gruñó para sí mismo. Dudaba mucho de esa excusa, siendo que esa misma mañana la había encontrado durmiendo cómodamente encima de Stan. Estaban mayormente vestidos, como ahora, pero evidentemente no era impedimento, vaya a saber qué habían hecho estando a solas toda la noche, y más conociendo a su amigo, si ahora había visto ese despliegue hormonal con tanta naturalidad. Traición, eso era lo que sentía. Stan no le había dicho nada en todo el día, esquivó las indirectas sin culpa alguna, al parecer prefería empezar a guardar secretos con él. No era novedad que la chica le interesaba, pero esto se encontraba en otro nivel, en especial porque ella evidentemente le había correspondido ambas veces. Tener que desconfiar de su mejor amigo y aliado más poderoso, era algo que lo quebraba por dentro, quizás no era la primera vez, ni sería la última, que le ocultaba cosas.

Y, por otro lado, Miss Kohaku… ¿cómo fue que la pensó tan inocente? Tenía una sonrisa pura, luminosa, aunque su lengua filosa y sus habilidades de combate eran la otra cara de la misma moneda. La forma en que jugó con sus manos la otra noche, que le tocó la cara con suavidad, el interés que había tenido por su turbio humor ese mismo mediodía… esa dulzura e inocencia no coincidían para nada con la situación prácticamente sexual que había atestiguado hacía unos minutos. No podría negarlo, su rostro en ese momento denotaba placer y consenso con lo que hacían.

Ya le había molestado que otra vez usaran el avión y el petróleo para un paseo recreativo, pero cuando vio que habían aterrizado y no salieron de allí por varios minutos, se preocupó. Quizás la puerta se había trabado, o había sucedido algo con Miss Kohaku durante el vuelo, que la había descompensado. Incluso llegó a pensar que Stan podría haberla incomodado con sus provocaciones, y podían estar peleando allí adentro. Por ese motivo fue que salió a buscarlos y ver qué sucedía, pero no esperaba encontrarse con una escena así. Y otra cosa que no iba a admitir jamás, salvo a sí mismo: Le habían quemado por dentro los celos. Cada vez que los veía reír juntos, cada vez que Míster Gen recalcaba lo bien que se llevaban y la confianza que estaban desarrollando, cada vez que sabía que estaban solos compartiendo una comida, día y noche.

¿Por qué Stan? Sí, era un hombre del tipo "alfa", atractivo, musculoso, habilidoso, seguro; desde que eran chicos había sido testigo de la fila de mujeres que lo deseaban y admiraban. Pero en cuanto a Miss Kohaku, Stan había sido quién la había apaleado y secuestrado, que la amenazaba con cuchillos y pistolas, incluso ella lo había mordido una vez, y la diferencia de idiomas complicaba su comunicación civilizada. ¿Cómo demonios es que confiaba más en Stan? Desde el principio, aunque fue distante, él la había tratado con respeto y cuidado, con más "diplomacia", no se había propasado nunca con ella, hasta la había contentado con regalos y accediendo a cada uno de sus pedidos. Horas pasó cada día, haciendo esas cosas para ganarse su confianza y favor. ¿Y quién cosechaba sus frutos, y se ganaba más seguido sus sonrisas y guiños de confianza? Stan. Incluso parecía haberlo extrañado mientras él fue a asesinar a Senku, era muy evidente cómo miraba alrededor buscándolo. Era injusto, realmente.

- Estás molesto, ¿por qué? –Kohaku le preguntó, siendo muy directa.

El nivel de atrevimiento de esa chica era para reír. Pero se dio cuenta que lo que más le molestaba, era que no podía darle una respuesta a eso. Así que se limitó a mirarla fríamente, esperando que desistiera y se diera cuenta lo desubicada que estaba siendo al preguntarle eso al líder enemigo.

- Entiendo que encontrarte con…eso –Titubeó Kohaku– no está en tu concepto de "elegancia"

- ¿Te estás burlando de mí, Miss Kohaku? –Le preguntó, entrecerrando los ojos. Estaba a un paso de perder la paciencia, y echarla de ahí inmediatamente.

- No, no es una burla. Hablas todo el tiempo de elegancia, puedo ver que eso es importante para ti, solo por eso lo digo. Tus hábitos, cómo comes, dónde comes, el detalle que le pones a cada cosa que haces para ti y para los demás, tu ciencia... No sé cuáles son los comportamientos adecuados en este país, ni tus costumbres o creencias, por lo que no sé si tiene que ver con eso que luzcas ofendido.

- Creo que lo inadecuado que estaban haciendo trasciende la cuestión de las fronteras o costumbres. Hasta una aldeana como tú lo sabe.

- No considero haber hecho nada malo, y en todo caso, tampoco estábamos delante de otras personas –le replicó, defendiéndose– Si tú lo viste y te ofendiste, es problema tuyo.

- ¿Perdón?

- Yo no pensaba que iba a suceder algo así tampoco, incluso quise escaparme, le dije a Stan que era un pervertido, pero él insistió en que era algo "natural" y después… bueno, sentí algo, y él se dio cuenta. Lo que sucedió después, fue porque él me apostó que yo también hubiera reaccionado así con ciertos movimientos que rocen esa parte del cuerpo "sensible" y… seré honesta, sentí curiosidad, porque no me desagradó. Y como Stan me dio la opción de rechazarlo, no pensé si estaba bien o mal, sólo quería saber qué se sentía, parecía saber lo que hacía y no me iba a lastimar.

Kohaku se sinceró completamente, no sabía si eso iba a ayudar, y en el fondo sentía que quería hablarlo con alguien más, y ya Xeno había sido testigo de la situación y era un adulto. Pareció funcionar, porque los oscuros ojos del científico ya no lucían tan fríos y juzgadores, aunque seguía leyendo el reproche en ellos, no tenía idea por qué, ya que no parecía querer decirle.

- Sólo fue eso –siguió explicando– pero… creo que se fue un poco de las manos. O no, honestamente no sé si es lo normal, Stan parecía saber lo que hacía, y yo confié en él porque no se sentía nada mal –Lo vio cerrar los ojos un momento y hacer una mueca de disgusto– Otra vez… ¿qué es lo que te molesta de lo que te dije? ¿Que confíe en Stan? ¿Eso es?

Una vez más no le contestó, pero Kohaku comprendió instintivamente que había dado en el clavo, o de otra forma lo hubiera negado.

- ¿Cuál es el problema que empiece a confiar en él? ¿No era que querían que me una a su equipo, que traicione a mis amigos? Lamento volver a decirte que eso jamás sucederá, no pienso abandonar a los míos, pero eso no quita que pueda dejar de verlos a ustedes como enemigos, porque en el fondo todos somos personas. De nuestro equipo, por lo menos la mitad fueron enemigos no hace mucho, incluso intentaron matarnos, pero mediante negociaciones y sentido común, y también duras peleas, terminamos encontrando un objetivo común y aliándonos, dejando atrás el pasado y el resentimiento. ¡Y yo creo en eso, y en que podemos ser aliados con ustedes!

- ¿Aliarme con un montón de niños que juegan a la ciencia? Ya se acabó para ustedes, no tienen chance de enfrentarnos –A pesar del enojo, no quería decirle del destino que había sufrido Senku todavía– Su único destino es someterse a nosotros. Luego hablaremos de confianza, cuando agachen bien la cabeza, primero.

- Hace un rato, Stan me preguntó si yo confiaba en él. Lo pensé, pensé mucho en unos segundos, pero más que mi cabeza, fue mi corazón el que dijo que sí. Porque creo en la bondad de las personas, a pesar de todo lo que les haya pasado en la vida para volverlos tan retorcidos, que era lo que pensaba de ustedes al principio. Pero ustedes dos me demostraron su lado humano estos días, su buena voluntad, su interés en entendernos y llevarnos bien incluso. Y por lo menos él me demuestra con acciones que me respeta y confía en mí, cosa que ahora no estoy tan segura que sea así contigo, estoy empezando a sentir que el falso aquí eres tú, que en ningún momento te interesó confiar en mí.

- Stan no es inocente, ni actúa desinteresadamente –Ya se estaba cansando de que pensara que su amigo era todo buenas intenciones– ¿Te crees que él no hizo cosas para agradarte más y que confíes en él como estás haciendo? No tienes idea.

- Tal vez no, pero tampoco soy idiota, dos podemos jugar este juego –soltó, tan enojada que se dio cuenta tarde que había soltado la lengua. Pero mejor así, no le gustaba fingir ni mentir.

- ¿Qué…? –Xeno lució sorprendido.

- Ninguno aquí es puro e inocente, somos enemigos, jamás sería tan descuidada como para creer en cada palabra de ustedes, y me parece que lo mismo hacen conmigo, soy su rehén todavía, al fin y al cabo, no soy como Gen. ¿Pero sabes qué? Pese a todo eso, nunca pude ser falsa, nunca pude fingir del todo, y mi interés, y todo lo que vieron y ven de mí, es lo que realmente siento. Y mi corazón me dice lo mismo de ustedes, cuando los miro a los ojos, sé que no están fingiendo. Cuando me hablas de tu ciencia, cuando accediste a mis pedidos, cuando bromeaste, sonreíste y me miraste la noche de las estrellas, puedo apostarte mi vida a que no estabas actuando. Tus ojos brillaron, tu sonrisa llegó a tus ojos, y lo mismo puedo decir de Stan, aunque ninguno quiera admitirlo. Pero lo que ahora puedo ver, es que él sí es más sincero conmigo y con él mismo, y tú sigues con ese terco y maldito caparazón que honestamente ya me tiene cansada, no lo entiendo. Así que dejaré de perder el tiempo en llevarme bien contigo, si no vale la pena el esfuerzo.

Con cada palabra que decía, Kohaku se iba enojando más y más, y cuando terminó de hablar, se dio vuelta para irse ella misma de allí, sin que la echen. Pero Xeno la detuvo agarrándola del brazo, y ella vio que sus ojos estaban turbados, una vez más contenían una emoción indescifrable y movilizadora. Pero no le decía nada, para variar.

- No tengo más nada que decirte, Dr. Xeno, si no vas a ser sincero, y no…

- No vayas con Stan –le susurró.

La fuerza con que la mano del científico apretaba su brazo, no concordaba para nada con su tono de voz, el cual parecía más bien un ruego, así como ahora podía leerlo en sus ojos. ¿Por qué…? ¿Qué pasaba por la cabeza de ese hombre, y dónde había quedado el despótico líder enemigo de hace un momento? ¿Y a qué se refería con "ir con Stan"?

- Sigues sin querer darme respuestas, pero tampoco quieres que vaya con quien sí me las da. Hasta que no te decidas a ser honesto conmigo, puedes olvidarte de mi confianza, y estaremos a mano, volvemos a cero. Adiós, Dr. Xeno.

Sacudió su brazo para librarse del agarre del científico, y volvió a darle la espalda para irse. Pero no llegó a la puerta, cuando sintió que otra vez él la detuvo, sólo que esta vez fue mucho más brusco y la giró y la empujó contra la pared, agarrándola de ambas muñecas. Estaban frente a frente ahora, y cuando lo miró e iba a protestar por el repentino ataque, no tuvo tiempo para reaccionar cuando él la rodeó con sus brazos con fuerza, y menos de un segundo después acercó su rostro y apoyó sus labios contra los de ella.

Kohaku abrió mucho los ojos, al contrario de Xeno que los tenía fuertemente cerrados. ¿La estaba…besando? Si no lo rechazó ni forcejeó, fue porque no podía creer lo que estaba pasando. Primero Stan, ahora él… sólo que podía esperarlo del soldado, pero de Xeno no, luego de toda esa discusión y lo que se habían dicho. Pero sí, sin duda eso era un beso, y lo que comenzó como un contacto brusco choque de labios, el científico lo fue transformando en un beso más apasionado y urgente, alternando las succiones entre su labio inferior y su labio superior mientras movía su cabeza para acomodarse. Una de sus manos, que como siempre cubrían sus garras, subió hasta posarse detrás del cuello de ella y enterrarse en su pelo suelo, mientras que con la otra le rodeaba la cintura y lo acercaba a él, aunque no había ya mucho espacio entre la pared y su cuerpo.

Kohaku no podía reaccionar todavía, seguía totalmente estupefacta y sin entender cómo y por qué estaba pasando eso, además que la tenía abrumada la intensidad con que Xeno la estaba besando, aunque era la primera vez que alguien la besaba, y de qué forma. Era una espectadora de sus propias sensaciones, como si lo estuviese viendo desde fuera, y aunque podía sacarse de encima al científico en menos de un segundo, ya que no tenía ni una pizca de la fuerza de ella, era la incredulidad la que le impedía actuar, y algo más que no alcanzaba a definir.

Pero antes de que su cerebro se desembotara y considerase si corresponderle o no, Xeno abrió los ojos y se separó de sus labios. Jadeó bruscamente, como si se hubiera asustado, y la miró directamente a los ojos. Ninguno supo cuánto tiempo pasó mientras sus miradas conectaban, o la infinita cantidad de pensamientos fugaces que pasaron por la mente de ambos, sólo podía percibirse los latidos como martillazos de dos corazones que latían a pocos centímetros uno del otro.

Cuando finalmente reaccionó, Xeno la soltó y se alejó de ella, tapándose la boca con una mano, rozando sus propios labios con sus dedos. Parecía sorprendido de lo que había hecho, sus ojos estaban muy abiertos y alarmados, parecía un animal enjaulado. No dijo nada, pero Kohaku tampoco encontraba su voz, seguía quieta contra la pared en la misma posición que él la había dejado cuando la soltó. Lo vio respirar aceleradamente por la nariz, alterado, pero a la vez controlado, y sin decir nada más caminó rápido hacia la puerta y salió casi despavorido, dejando a la joven sola adentro.

Poco a poco, a medida que ella también volvía a la realidad, se fue dejando caer contra la pared, hasta que terminó sentada en el suelo, ella también tocándose los labios con la punta de sus dedos, sintiendo el calor y la sensación de los labios de Xeno aunque ya no estaban en contacto con los de ella, y sin entender todavía lo que había sucedido.

¿Qué… acababa de pasar?

Buenaaas! ¿Hace calor, o soy yo? xD. Y sí… ya lo veían venir (y más de uno/una quería que empiecen a pasar este tipo de cosas, ¿no? jajaja). No les dejo el corazón tranquilos, de peleas, momentos dulces, otros hot… y nuevamente discusiones, luego sonrisas y HOT jajajaja. Ya lo saben, siempre voy a tratar de terminar los capítulos en algún momento fuerte, es mi sello personal para mantener el hype y el interés muejejeeee.

Me voy a escribir el fic Stanhaku, que también se viene potente xD, pero viene más dulce y sexy la cuestión allí. Al Stan de esta historia lo trato de hacer mucho más canon (aunque no sabemos, capaz nuestro dios griego tiene su lado sweet), pero me divierto escribiendo y amo sus dos versiones. Es un diablillo sexy, en ambas jaja.

Hasta el próximo capítulooo!