- ¿Prin…cesa?
A pesar de estar en esa situación inesperada y más caliente de lo que pensaba que podía manejar, el cerebro de Kohaku registró esa palabra, y lo miró tan sorprendida como confundida. ¿Quién, ella? Sabía de la existencia de las princesas por una de las cien historias, pero tenía entendido que eran hijas de reyes, lo cual no era su caso. Había escuchado a Stan decir un par de apodos poco agraciados con ella, pero eso era antes de que se llevaran bien. "Princesa", aunque no lo fuera, sonaba a un halago, y muy en el fondo su corazón latió de más, porque alguien la considerara así. Una vez más, honestamente la trataban como mujer, y no como un animal salvaje.
Los labios del soldado estaban a milímetros de los de ella, y la hubiera besado, de no ser porque Kohaku repitió confundida en modo de pregunta esa palabra. Pese al ardiente momento en que Stan todavía la tenía sostenida en el aire, aprisionando su cuerpo entre él y la pared, él también parpadeó un par de veces sorprendido, aunque más bien por la forma en que los ojos de ella brillaron fugazmente luego de decir eso, pero sonrió enseguida.
- Sí, princesa. Eres nuestra princesa, que vive en la torre del castillo malvado –le dijo en un tono bajo y divertido, todavía junto a sus labios– Te ganaste ese apodo, de tan especial que resultaste ser.
Stan recortó la ínfima distancia entre ellos con la intención de volver a besarla como había pretendido antes, no podía resistirse al ver esa joven contradictoriamente apasionada e inocente que era tan transparente con las expresiones de su rostro, y era evidente que le había gustado el apodo. Pero nuevamente fue interrumpido, esta vez por una voz a su espalda.
- ¡Espera, Stan! No puedes. Ya lo hablamos.
- ¿No puedo qué?
- Lo que estás pensando hacer con ella.
- Más bien diría que ella volvió con la intención de hacer algo con nosotros, Xeno –le respondió en su idioma.
- Como sea, no puedes, y lo sabes.
- Sí, ¿Y? No necesariamente es lo que piensas. Me parece que también voy a tener que enseñarte un par de cosas a ti, además de a ella.
- ¿Perdón? –Siempre le picaba cuando Stan le respondía de esa forma altanera, burlona.
- Puedo esperar esa ignorancia de Kohaku, aunque no sé cómo hizo para no meterse mano en toda su vida al menos, pero de ti... Me hace dudar mucho de tus cualidades de amante –Acentuó su sonrisa– Pensaba dejarte un poco más de lugar, pero ahora creo que tendré que encargarme personalmente de enseñarle a nuestra princesa. Si vas a quedarte, espero que colabores conmigo en darle un poco de lo que vino a buscar voluntariamente, no que pongas palos en la rueda.
Más allá de la burla en las palabras de Stan, a Xeno no le gustaba tanto la idea de compartir, y menos de tener un espectador en una situación íntima... Pero si se iba, estaría entregando a Kohaku a las garras de Stan, definitivamente. A pesar de no estar de acuerdo, iba en serio antes con lo de no perder frente al otro. En esa situación, su amigo le estaba dejando en claro que él llevaría las riendas de lo que sea que suceda luego, y no podía interponerse, pero eso no significaba que él se quedara vigilando en un rincón de la habitación, la sola imagen le provocó un escalofrío. Miró a Stan con toda la fiereza que pudo para demostrarle que eso no iba a quedar así, y dio un paso adelante.
- Ya sabes mi postura, Stan, no me echaré atrás, y estoy harto de que me subestimes. De todas formas, no te excedas con ella.
- No confundas intensidad con cuidado. Podría ser gentil con ella, y sin embargo hacerla retorcerse de placer. Pretendo hacer ambas, claro –Luego de sonreír con confianza, volvió a dirigir su atención a la mujer que todavía sostenía.
- Kohaku, antes de empezar, tenemos una buena y una mala noticia. ¿Cuál primero?
- Hmmm, ¿la mala? –preguntó insegura.
- No sé lo que esperas de nosotros con esto, pero hoy al menos no vamos a hacerte "todo".
- No es tan mala –contestó, aliviada. La verdad era que todavía no estaba del todo segura de que estuviera bien que pasara eso, menos con los dos juntos.
- No, pero no sé si dirás lo mismo cuando lo pruebes –Stan apreció lo que le pareció su sentido del humor– Uno, no debemos dejarte embarazada, y no tenemos información precisa de tu ciclo, es un riesgo. Dos, no puedes pasar de tus primeros besos a tener sexo tan rápido, si no experimentas un poco más lo que pasa en el medio antes.
Xeno se sorprendió que Stan dijera eso, por la forma en que venía actuando. Coincidía completamente, y aunque sabía que para su amigo y él sería una tortura contenerse si estaban muy excitados, le parecía que hacerlo de esa forma y en el calor del momento era como "usar" a Kohaku. Podía ser su rehén y enemiga, pero no era tan bestia como para hacer algo así, que pudiera derivar en arrepentimiento para ella luego.
- La buena noticia ahora. Como eres curiosa y estás muy dispuesta, lo que pienso hacer contigo... Mejor dicho, pensamos –miró de reojo a Xeno, que había decidido quedarse– es mostrarte todo ese "medio" del que te hablé antes. Vamos a darte una mano –"literalmente", pensó riendo internamente– en que te conozcas más. ¿Quieres eso?
- Eh…Sí –Le resultaba curioso que le estuviera diciendo eso, cuando antes había irrumpido silenciosamente en su habitación y no cruzaron ni palabra antes de besarse.
- ¿Sabes por qué es mejor esto?
- No exactamente... –Vaya, Stan estaba decidido a "enseñarle" de verdad. Había entendido algunas palabras en inglés de lo que había hablado con Xeno.
- Lo más importante es que, si no sabes lo que te gusta o no, no vas a disfrutarlo tanto, y puedes pasarlo no tan bien. Por otro lado, no puedes pretender que el hombre haga todo y sepa lo que te gusta mágicamente. Si tiene experiencia como nosotros, ayuda. Pero si lo haces con otro joven virgen como alguno tus amigos, que nunca vieron o tocaron a una mujer desnuda, lo dudo. Y la que seguramente salga perdiendo ahí, serás tú.
Kohaku no podía negar que tenía sentido lo que decía Stan. Le avergonzaba un poco escuchar esas palabras, pero eran muy lógicas y consideradas.
- ¿Recuerdas que te di el espejo? –La vio asentir– Y te dije, cuando no quisiste hacer tú el trabajo, que estabas yendo en la dirección de que otro lo haga por ti eventualmente. Bueno, aquí estamos, pero mira qué suertuda, vas a tener a dos hombres para aprender bien.
- Miss Kohaku –Xeno llamó su atención– Aunque puedes rechazarnos o pararnos en cualquier momento, preferiría que te decidas antes de empezar, estás a tiempo de arrepentirte. Stan fue bastante claro, ahora, ¿quieres hacer esto?
Kohaku lo pensó una vez más, ¿quería que pase eso con ellos dos? No ayudaba la lógica, era una situación inimaginable, y dudaba que se repitiera esa ocasión en su vida. Nunca había escuchado de tres personas en una situación íntima al mismo tiempo, y no terminaba de entender cómo funcionaría eso, pero, por otro lado, sólo el hecho de pensar que iba a sentirse tan bien como antes y aún mejor le generaba una ola de calor interna muy agradable. No podía engañarse, ni engañarlos: Los deseaba, quería más de ellos, y con ellos. No sabía cómo sucedió o por qué, pero ese deseo se había encendido como bombillas de luz desde que los besó a ambos. No tenía una preferencia única por uno o por el otro, aunque le gustaba mucho más la sinceridad y actitud compañera de Stan, además de que era realmente hermoso y su cuerpo fuerte también le despertaban por primera vez ganas de acariciar a un hombre. Xeno, aunque fuera más flaco y esbelto, tenía ese aire misterioso y atractivo tan particular, y le había gustado mucho cómo la había besado en todas las ocasiones, pero si tenía que ser sincera, no se veía estando en esa situación sólo con él, no le despertaba la misma pasión.
No estaba buscando romance allí, o no quería pensar en sentimientos al menos hasta que se asegurara de que ellos fueran aliados confiables, lo cual parecía estar muy lejos de volverse realidad todavía. La forma en que Stan la había acorralado contra la pared y levantado la había encendido, y la mirada de "te deseo a ti" que parecían expresar aquellos ojos azules ahora más oscuros, sabiendo que ella era joven y sin experiencia, le encantaba. Le gustó y la tranquilizó que le pidieran su consentimiento primero, ambos, sabía que podía confiar en ellos y que no iban a forzarla o lastimarla.
Tenía su respuesta. No sabía si se animaría a contarle eso a nadie, ni siquiera a Gen, pero era su vida, su cuerpo, y no tenía que darle explicaciones a nadie, en especial cuando tuvo la oportunidad de considerarlo. Primero cruzó su mirada con los orbes oscuros del científico, y le respondió con un asentimiento, seria y decidida, y luego lo miró a Stan, que ya tenía una pequeña sonrisa en el rostro. El soldado la miró intensamente, y Kohaku, además de tener sus piernas enroscadas en cadera de él, también puso sus manos detrás del cuello de Stan, y por respuesta final, fue ella la que volvió a recortar la mínima distancia que los separaba para besarlo. El hombre emitió un suave gemido de apreciación ante eso, y la rubia se apretó más fuerte a él, la vibración que sintió en sus labios la había recorrido entera agradablemente. La sostuvo con más firmeza antes de alejarla de la pared, y volvió a llevarla adentro de la habitación, Xeno siguiéndolo detrás.
- Bien, ¿por dónde empezamos? –le preguntó el hombre de pelo platinado, sentándose en la cama con ella encima.
Kohaku ya estaba sintiendo mucho calor, pero proyectó esa sensación en él, y le bajó unos centímetros del cierre del traje enterizo de Stan, hasta revelar el principio de su firme torso.
- Oye, oye, tranquila princesa –se rió, y le sacó las manos de su ropa– Aprecio tu entusiasmo, pero no te olvides que aquí la estrella eres tú, y te dije que no vamos a ir tan lejos, contrólate.
- Pero… –murmuró ella, mirándolo.
- Sin peros. Nosotros quedamos para el final, y, a decir verdad, vas a ponérmelo muy difícil si me obligas a controlarme tanto desde el principio. Por ahora no me toques mucho.
Stan le volvió a poner las manos en su cuello, y bajó las suyas para recorrer los hombros de la rubia y seguir bajando por su costado hasta abrazar su cintura. Notó que ella inspiró bruscamente con eso, y se acordó de que tenía que cuidar de no tocarla muy fuerte del lado que todavía se estaba recuperando de la fractura. Podía sentir el apretado vendaje bajo su vestido, aunque no iba a molestarle para lo que tenía planeado, no hacía falta ni siquiera sacárselo.
La besó profundamente una vez más, mientras se sentaba atrás en la cama. Ella era muy receptiva, y aprendía rápido, ya que no tardó mucho en que le corresponda muy bien a sus besos, incluso sus lenguas danzaban al mismo ritmo. De verdad que lamentaba su determinación de no ir más lejos, pero sabía que era para mejor. Estaba más que excitado, y Una parte de él era consciente de que Xeno estaba ahí parado sin hacer nada, y esperaba que se acerque por su propia cuenta como cuando la estaban provocando, pero no parecía suceder. Así que tuvo que pensar otra forma más evidente pero sutil para que suceda, y aprovechó cuando se separaron para dejarla tomar aire.
- Kohaku, ya que tienes tantas ganas de quitar ropa de en medio, Xeno tiene más de la necesaria, ¿no crees?
La rubia giró la cabeza, dándose cuenta que se había olvidado que el científico también estaba allí, tan callado y lejos que se había mantenido. Eso sí debía de ser incómodo para él, ver a otros besarse largamente delante de sus ojos, ella misma no sabía si podría hacerlo, tan vergonzoso. Estiró una mano en dirección a él, y lo vio levantar ambas cejas con sorpresa. Xeno titubeó, pero el inconsciente le ganó la pulseada, y acercó su propia mano unos centímetros a la de ella, en el aire. Los ojos de Kohaku se dirigieron a las garras metálicas de él, y frunció el ceño.
- Creo que sería mejor empezar por sacarle eso –Dijo Kohaku, en respuesta a Stan, pero mirando a Xeno.
El propio científico sonrió de costado, encontró un poco gracioso el comentario, y no podía negar que Miss Kohaku tenía razón. Stan la levantó un poco para girarla en el aire mientras la sostenía de la cintura, de forma tal que siguiera sentada sobre él, pero dándole la espalda, tal como habían estado en el avión. De esa forma sería más cómodo para todos, al menos hasta que su amigo se decidiera a unirse. El soldado quería soltarle la coleta de la rubia, pero en ese momento más bien le convenía que tenga su cuello despejado, así al menos podía besarla desde atrás con más comodidad.
Kohaku adelantó también la otra mano, apuntándolas a la mano semi extendida de Xeno, alentándolo a acercarse y que se las pudiera sacar. Claro que podía hacerlo él, pero ya que la intención de los hombres iba a ser prestarle mucha más atención a ella, por lo menos quería hacer algo. Por suerte, el científico se acercó con decisión, y extendió su mano para que ella pudiera sacárselas una a una, tal como había hecho la noche que pasaron juntos mirando las estrellas, aquel primer momento que había despertado los primeros sentimientos encontrado entre ambos. Cuando terminó con una mano, Xeno agarró el puñado de garras, y las apoyó en la mesita de madera que tenía cerca, mientras le daba la otra mano. Se sentía rara la situación, pero agradable. Al quedar despojado de sus accesorios, Kohaku procedió a quitarle los guantes, descubriendo una vez más esos largos y finos dedos. Se dio cuenta que Stan también tenía puesto sus guantes, así que, para hacer las cosas parejas, también se los sacó a él, que se dejó hacer con su imborrable sonrisa en la cara.
El soldado seguía besándola y recorriendo con sus manos suavemente la figura de ella, sin ser invasivo, pero para no dejar de provocarla mientras se ocupaba de quitar el exceso de ropa de su amigo. Pero, así como estaban, con Xeno parado y ellos sentados, iba a ser incómodo seguir, por lo que decidió levantarse también, poniendo de pie a la rubia junto con él, y dejándola nuevamente en el medio entre ambos. Kohaku observó al científico, y pensando en que Stan dijo que no los toque o desvista demasiado, pero que al mismo tiempo a Xeno le sobraba ropa… por lo que concluyó en que sólo tenía que sacarle ese abrigo largo negro, y el trozo largo de tela que rodeaba su cuello, el cual no sabía para qué se usaba, aunque recordaba que Tsukasa lo había usado una vez cuando hicieron la noche de tragos personalizados de Francoise en el barco. Comenzó por abrirle los botones del abrigo, pero Xeno le levantó la barbilla con sus largos dedos, y la besó suavemente. Podía hacer las dos cosas, y sacarle esa ropa mediante el tacto, ya que no podía ver lo que hacía, además de que instintivamente había cerrado los ojos cuando la besaban.
A Kohaku le parecía que Xeno estaba disfrutando que lo desvistiera, porque se dejaba hacer sin apurarse, y siguió besándola incluso cuando tuvo que soltarle la barbilla para dejarse sacar el abrigo. La rubia lo arrojó a un costado, apuntando para que caiga en la silla de madera. Con lo quisquilloso que era Xeno con la "elegancia", imaginaba que no iba a apreciar que se lo tirara al piso. Luego se quiso ocupar de ese curioso trozo largo de tela, pero tiró un poco sin resultados, y el científico tuvo que abandonar el beso y hacerlo él mismo, o ella sin querer le apretaría mucho el cuello si tiraba del lado incorrecto de la corbata. La verdad, era que a Xeno le estaba dando demasiado calor entre la ropa y la temperatura de su cuerpo que se había elevado con toda esa situación, así que estaba más que bien con sacarse esas prendas. Incluso él mismo se desabrochó los botones superiores de su camisa para sentirse más aliviado, revelando parte de su torso.
Kohaku parpadeó un par de veces al verlo. No sabía qué tenía de especial, pero le había pasado lo mismo que con sus manos: Ver ese pedacito de piel expuesta, que siempre estaba completamente oculto bajo la ropa, le llamaba mucho la atención. A Stan lo había visto semidesnudo en dos ocasiones, pero no a Xeno. Era un torso masculino, nada más, y sin embargo no pudo evitar apoyar una mano allí, y deslizar sus manos hasta el borde en que la ropa le impedía seguir tocando su cálida piel. El científico respiró profundamente ante ese delicado toque, y aunque al principio había sido reticente a que se diera esa situación íntima con la joven, ahora anhelaba sentir esos pequeños pero fuertes dedos en su piel. Stan había dicho que no los toque mucho, pero ya le daba lo mismo, prefería el esfuerzo de contener sus impulsos luego, a negarse a sentir más, podía ser la última vez que sucediera algo así.
Ignorando la mirada cuestionadora de su amigo, Xeno terminó de desabrochar la larga hilera de botones, dejando entrever todo su torso y abdomen. El límite sería su pantalón, y estaba bien con eso. Sus ojos oscuros se encontraron con los brillantes aguamarina de Miss Kohaku, que lucía sorprendida de que él se descubriera tanto, y esperaba hacerle entender sin pedirle directamente, que había hecho eso para que ella continuara con sus caricias. Afortunadamente fue así, porque la rubia volvió a acercar sus manos hacia él, ahora apoyando ambas en su cuello, y bajando lentamente por su pecho, y continuando por su abdomen. No podía presumir de tener los abdominales musculosos y marcados como Stan, para nada, pero tampoco era escuálido, y tenía un cuerpo firme y finamente delineado, no necesitaba más para sus actividades diarias y profesionales.
Rodeó la fina cintura de Miss Kohaku con un brazo, y la atrajo hacia a él con seguridad, haciendo que Stan la tuviera que soltar, aunque no se quejó. Así como él se había quedado mirando antes, ahora le tocaba a su amigo, tampoco podían estar todo el tiempo los dos sin sacarle las manos de encima. Apoyó la otra mano en la mejilla de ella, y la fue deslizando hasta la parte trasera de su cabeza mientras la acercaba a él para besarla con más profundidad. Se animó a empujar su lengua en la boca de ella, y tuvo que contenerse de apretarla fuerte contra su cuerpo cuando la escuchó soltar un suave gemido. Su cerebro había dejado de resistirse, y ya estaba dedicado a disfrutar ese momento tan único y particular de su vida. Todo se volvió más intenso cuando la sintió deslizar sus pequeñas manos por debajo de la camisa, tocando sus costados para terminar apoyándolas en la espalda de él. Ah, eso era malditamente perfecto, cada segundo que pasaba la deseaba más y más, iba a ser verdaderamente difícil controlarse y no poder hacerla suya si seguían así, necesitaría de toda su fuerza de voluntad.
Al parecer Stan se dio cuenta que se estaban entusiasmando demasiado, porque con mucha sutileza y tacto volvió a acercarse a Kohaku, y se inclinó para mordisquearle el cuello, haciéndola jadear e interrumpir el beso. Xeno iba a mirarlo burlonamente, pensando que estaba celoso de que él acaparara el entusiasmo apasionado de la joven, pero le sorprendió que, en su lugar, tiró de la mano de él para girarlos e invertir ubicaciones, y caminó hacia adelante hasta que las rodillas del científico chocaron con la cama y tuvo que sentarse ante la pérdida de equilibrio. Kohaku también se sorprendió y no sabía por qué había hecho eso, pero Stan no tardó en explicarse.
- Ya que no se los ve con ganas de contenerse… Kohaku, ¿qué te parece si le haces sentir mejor a Xeno?
- Eh.. n-no sé bien qué hacer –confesó, tímida.
- Pero nosotros sí –Le dijo en un tono suave y cautivador el científico.
Con una pequeña pero confiada sonrisa, Xeno la agarró de la mano para atraerla a él de a poco, haciendo que también choque contra la cama y tuviera que apoyar sus manos en el colchón, quedando a muy corta distancia del rostro del científico. Xeno la sostuvo de la cintura, y Stan le dio unos toques en la parte baja del muslo, dándole a entender que los subiera para sentarse sobre el otro hombre. La rubia sabía que era inevitable que sucediera algo así, pero no fue menos impactante sentir la presión de la excitación del científico contra su propia intimidad, seguía sin poder creerlo de Xeno. Pensaba que con eso ya el soldado los dejaría, pero parecía decidido a ser parte. Flexionó las rodillas para quedar más parejo con la altura de ellos, y continuando una larga caricia por las fuertes piernas de ella, le levantó un poco el vestido para que sea más cómodo.
- Eso es, y ahora muévete tal como hiciste conmigo, muéstrale lo entusiasta que eres cuando quieres sentirte bien.
Stan le dijo eso con un tono seductor, apoyando los labios en la oreja de ella, lo que le provocó un notorio estremecimiento. Era raro escuchar que un hombre le ordene complacer a otro, pero había algo en eso que tenía que reconocer que le hizo subir unos cuántos grados de temperatura en su interior. Como si no bastara solamente con sus palabras, el soldado colocó sus manos en las caderas de ella, e hizo un poco de presión para inducirla a moverse hacia adelante y hacia atrás lentamente. Tanto Xeno como Kohaku inspiraron bruscamente ante la sensación, sus rostros evidenciando la expresión de un gemido que no terminó de salir de sus gargantas. Luego, ella continuó moviéndose a ese ritmo por su cuenta, por lo que Stan sacó sus manos, para pasar a besar su cuello, el único pedacito de piel que tenía a su alcance todavía.
Iba a pedirle a Xeno que le ayude con bajarle un poco el cierre del vestido a la joven, pero el científico se había dejado llevar y se había adelantado para besarla, mientras ahora eran sus manos las que estaban apoyadas prácticamente en el trasero de ella, acompañando e incentivando sus movimientos. Stan soltó una breve risa, así lo quería agarrar a su amigo, luego de negarse y protestar tanto casi hasta el hartazgo, ahora no escuchaba a nada más que su propio instinto sexual. No iba a negar que por un lado le generaba una presión en el pecho verlo, quería ser sólo él quién disfrutara de la hermosa rehén que le fascinaba, pero, por otro lado, eso iba a hacer la "competencia" más interesante. Resultaba ser que cuando Xeno dejaba sus reglas e inhibiciones de lado, también podía aflojar y comportarse como un hombre con deseos carnales como cualquier otro.
Por más que el científico fuera su mejor amigo, era imposible no excitarse con los suaves jadeos y gemidos que emitían, o al ver sus cuerpos moviéndose sensualmente, por lo que decidió alejarse un poco y cerrar los ojos un momento para serenarse, al menos hasta que fuera nuevamente su turno de involucrarse. Xeno estaba más allá de todo, hacía años que no disfrutaba de esas sensaciones con una mujer, por lo cual su cuerpo se negaba a obedecer cualquier orden que no fuera sentir más y más de aquel placer, potenciado porque era innegable que Miss Kohaku le gustaba particularmente, no era simplemente cualquier mujer que le venía bien. Sí, demasiado joven para sus estándares, pero como tenía su sorprendente madurez mental, y además era hermosa, no había forma que ahora siquiera considerara en rechazarla.
Sus besos eran cada vez más intensos y urgentes, sincronizados con los movimientos y sensaciones de sus cuerpos, y Xeno se encontraba perdido en la forma en que ella volvía a deslizar sus manos por la piel de él bajo su camisa, y prácticamente le clavaba las uñas en su espalda. Tenían que detenerse… o sería demasiado difícil hacerlo luego. Ya sentía su pantalón ligeramente humedecido a causa de ambos, aunque se dijo a sí mismo que tampoco corrían ningún riesgo si seguían. Se imaginaba que Stan luego se dedicaría a ella, ya que le había preguntado si iba a "colaborar" con él, por lo cual ese era su momento de disfrutar "a solas" con ella. Tampoco podía negar que tantos años de abstinencia no le ponían fácil que no se sobreexcitara, y estaba seguro que ese tipo de estimulación era mucho más favorable para acercar a Miss Kohaku también a la posibilidad de un orgasmo, más porque sería la primera vez de ella.
No le agradaba la idea de "manchar" sus pantalones, pero tampoco podía permitirse otra opción, y estaba tan cerca… sería demasiado cruel consigo mismo detenerse ahí, ya lo compensaría con ella luego, sin dudas lo haría, pero sabía que le tomaría más tiempo, y era tiempo que ahora no tenía, al menos no si ella no dejaba de moverse y le daba un respiro. Así que mandando todo al demonio y disfrutando el momento sin más, siguió guiando a Miss Kohaku con un ritmo más vigoroso, hasta que no pudo aguantar más y le dio un último y largo beso para ahogar su gemido en la boca de ella, mientras sentía al fin la liberación de su cuerpo recorrerlo. Detuvo los movimientos de la joven para no sentir molestias por la extrema sensibilidad de su intimidad, y lo que lo volvió a la realidad segundos después fue la breve risa burlona de Stan.
- ¿De verdad acabaste, Xeno? No puedo creerlo.
No tenía ganas de contestarle, ni podía, sinceramente, mientras se recuperaba del vacío mental. Kohaku lo miraba un poco confundida porque se hubiera detenido tan repentinamente, y notaba que había perdido completamente la energía, no parecía que fuera a continuar como antes.
- ¿Dónde quedó lo de que esto iba a ser para enseñar y complacer a nuestra princesa traviesa? Al fin y al cabo, tienes menos autocontrol que yo, y te hacías tanto el difícil –resopló, ya no sonreía, y su tono de voz había descendido varios grados, así como la mirada que le dedicó era glacial– Para colmo la dejaste a mitad de camino, eres un sol.
- No pensaba que esto termine aquí –logró mascullar– Puedo seguir perfectamente.
- Sí, cuando tus neuronas vuelvan a hacer sinapsis, tal vez. Como sea, ahora hazte a un lado, voy a continuar lo que dejaste a medias.
Stan estaba doblemente frustrado, se había dicho a sí mismo que podía "compartir", pero hubiera preferido perforarse lo oídos a escucharlos, al menos con los ojos cerrados se había librado de la otra parte. Pensó que iba a ser más fácil, hasta divertido, no era la primera vez que estaba en una situación íntima con dos personas en la misma habitación. Pero había subestimado su propio interés y en parte sus sentimientos. El problema no era tanto ver a su amigo gozando sexualmente, sino ver a la mujer que le interesaba siendo complacida por él. Lo único que agradecía era que no había escuchado a ninguno de ellos decir el nombre del otro, eso hubiera sido demasiado. Mientras él jugaba y era parte, no se había hecho esos planteos, el problema fue en cuanto se alejó y observó todo como un espectador, le gustó menos de lo que esperaba.
No sabía si reírse o apenarse de la cara de confusión de Kohaku, era evidente que con esa pausa y pequeña discusión le habían cortado la inspiración, y no estaba segura de qué hacer. Para colmo, Xeno seguía sentado debajo de ella, y le dio un último y largo beso con una mirada bastante más cálida que de costumbre, y ella le devolvió una tímida sonrisa.
- Perdona, fuiste demasiado para mí, Miss Kohaku. Dame un momento, y…
- ¿Estás bien, Kohaku? –Interrumpió Stan
- Sí, estoy bien, ¿Xeno…?
- Está fuera de juego por un momento, déjalo recuperarse –trató de forzar una sonrisa– La mayoría de las personas quedan así después de un orgasmo, puede durar unos segundos o minutos, depende de cada uno.
- Hmmm, ya veo –se movió a un costado, y el científico se levantó y se fue a un extremo de la cama, con una pequeña sonrisa satisfecha– Pero, ¿qué sería un orgasmo?
- Oh, cielos… –cerró los ojos brevemente, no estaba de humor para conceptualizaciones sexuales en otro idioma. Pero como su fuerte eran las acciones, y no las palabras, optó por decirle lo primero– Prefiero demostrártelo, más que decírtelo.
Stan extendió su mano hacia ella, y cuando Kohaku se la tomó, fue él quien se acercó. Lo había hecho para comprobar si ella quería continuar, y así parecía. Tendría que volver a empezar de a poco, recuperar su buen humor en el proceso, y ponerlos en clima a ambos nuevamente.
- ¿Tú estás bien, Stan? –Preguntó Kohaku al ver que ya no sonreía bien.
- Estaré mejor en un momento –Le contestó sinceramente, mientras se sentaba al lado de ella.
Kohaku miró esos profundos ojos azules que no relucían con la chispa provocadora de siempre, y se decidió a acercarse para darle un beso en la mejilla, más bien tierno. Stan se giró para devolverle la mirada un poco sorprendido, con una sonrisa divertida.
- ¿Eso fue un beso de consuelo?
- Tal vez, ¿ya estás mejor? –Le respondió encogiendo los hombros, devolviéndole la misma sonrisa.
- Júzgalo por ti misma.
Fascinado. Stan estaba completamente fascinado e incrédulo con todo lo que hacía Kohaku. No fue magia, pero la calidez y el humor que le generó ese beso le devolvió la vitalidad inmediatamente. Que no dudara, que fuera tan empática, segura y sorprendentemente abierta y apasionada, eran una combinación irresistible, perfecta. Se acercó para besarla, y mientras hundía su mano en la abundante cabellera rubia, le soltó la coleta que sostenía su pelo húmedo. Le gustaba mucho más como le quedaba así, y de reojo vio que Xeno parpadeaba varias veces, como sorprendido. No podía culparlo, él había reaccionado igual la primera vez, y era que ese pequeño detalle la hacía lucir aún más hermosa y hasta más adulta. Sin dejar de besarla y rodearla con un brazo, se fue acomodando para apoyar las rodillas en el colchón, y gatear unos pasos sobre ella para ubicarse encima. La llevó con él más atrás en la cama, y con una leve presión de su cuerpo la guió para acostarla en la cama.
Kohaku volvió a apoyar sus manos en el cierre del cuello de Stan, mirándolo dudosa, pero lo vio asentir y comenzó a bajárselo una vez más, esta vez con la intención de seguir hasta la altura de sus caderas, revelando parte de su perfecto cuerpo. Tal como hizo con Xeno, deslizó sus dedos por todo el torso de él. La única forma en que había tocado de esa forma a un hombre en su vida, había sido para curarlo de heridas o cortes, pero nunca con la mera intención de disfrutar del tacto, o acariciarlos. Le encantaba cómo se sentían las curvas de sus músculos bajo la yema de sus dedos, y como guerrera no pudo más que admirar el arduo trabajo que debió necesitar para alcanzarlo.
- Puedes hacer algo más que mirar y tocar tímidamente –le susurró Stan.
- ¿No era que no querías que te toque mucho?
- Creo que no sabía lo que quería, y decirlo es más fácil que hacerlo.
Stan bajó su cuerpo, siempre apoyándose en sus codos y rodillas para no cargarle su peso corporal, y la besó con mucha más pasión, sintiendo cómo se le puso la piel de gallina cuando las manos de ella recorrieron su torso con mucha más seguridad, y luego lo atrajo un poco más hacia ella rodeando su espalda. No sabía si era por el hecho de sentir solamente una caricia, o si era porque era la primera vez que la joven lo acariciaba, pero podía sentir cómo su corazón se había acelerado con eso.
Kohaku no podía más que derretirse con el contacto de Stan y con sus besos, y un ronco gemido salió de su boca cuando él pasó a besar con mucha fogosidad su cuello. La combinación de la presión de sus labios, la humedad y calidez de su lengua, y el borde de sus dientes hacían que perdiera la cordura, la abrumaba. El soldado luego comenzó a bajar el cierre del vestido de ella, revelando su clavícula, y el nacimiento de sus pechos. Dedicó esas mismas atenciones allí, siguiendo el recorrido descendente y progresivo. Lo bueno de ese vestido es que tenía el cierre completo de arriba abajo, por lo que no tendría que sacárselo por encima de la cabeza. Stan prefirió sacarle de una vez la ropa, para luego poder dedicarse sin interrupciones a hacerla disfrutar. Así que acompañó con besos cada centímetro de la suavísima piel que se revelaba, sin detenerse.
Kohaku dio un respingo cuando sintió que los labios de Stan dejaban un beso también sobre sus bragas, pero él siguió como si nada, hasta llegar a las rodillas de ella, que era donde terminaba el cierre del vestido. Luego volvió a gatear sobre ella para ahora ayudarla a liberarse de las mangas del vestido. Cuando lo hizo, se dio cuenta que había quedado casi desnuda, de no ser por sus prendas interiores y el vendaje protector. No tenía problemas con eso, pero frunció el ceño al darse cuenta de que era la única en ese estado de tan poca ropa.
- Quítate el traje también, Stan.
- Si vamos por ese camino, será más difícil que…
- ¿Por qué tengo que ser la única que quede desnuda? –Lo interrumpió– No es justo.
- Cuando tienes razón, tienes razón –Rió Stan– Pero no me pidas más que el traje, mi ropa interior queda en su lugar.
Negando divertido con la cabeza, Stan se quitó las botas y la ropa. Recién en ese momento Kohaku se dio cuenta que no llevaba los cintos en su pierna y cadera, que era donde siempre tenía su arma y cuchillo.
- ¿Conforme? –vio a Kohaku asentir– Bien, continuemos.
Una parte de él no quería llegar a esa situación, porque significaría que tenía que controlarse mucho más. El hecho de sentir el calor y el contacto de sus cuerpos juntos era jugar demasiado al límite con su autocontrol, pero podía hacerlo, estaba acostumbrado a presionar su cuerpo al límite en todos los sentidos. Tuvo que contener una risa cuando notó que los ojos de la rubia se habían abierto un poco más de la cuenta al observarlo, en especial porque era más que evidente que estaba excitado. Ahora que lo pensaba, seguramente ella nunca había visto a un hombre completamente desnudo… pero ese no sería el día, todavía no.
Kohaku se dio cuenta tarde que lo estaba mirando muy fijo y apreciativamente, corrió la mirada avergonzada cuando Stan amplió su sonrisa, pero él le sostuvo la barbilla y le giró la cabeza para que lo vuelva a mirar. El soldado volvió a ubicarse sobre ella en la cama, y reanudó sus besos, una vez más empezando por conectar los labios de ambos, y bajando esta vez más mayor velocidad hasta alcanzar el borde del fino sostén de tela. Primero le rodeó los pechos con besos, mirándola de reojo para chequear sus expresiones, si algo le gustaba particularmente. Imitó el recorrido con una de sus manos, y luego los cubrió y acarició enteramente, robándole un jadeo a Kohaku. Por encima del sostén, acercó sus labios y depositó varios besos, y luego con la punta de su lengua jugó y estimuló sus pezones. La rubia se arqueó ante eso, y se agarró de los fuertes brazos de él. Si ya se ponía así sólo con eso…
Kohaku sentía descargas eléctricas donde fuera que Stan apoyaba su boca, eso era tan placentero como cuando se frotaba contra los dos hombros, pero esto era un poco menos intenso. El soldado le desató el nudo que ataba el sostén a su espalda, y luego le bajó las tiras por los hombros para ayudarla a sacárselo. Era la primera vez que un hombre la veía desnuda, y se sintió un poco cohibida, pero Stan continuó con sus múltiples y deliciosas caricias, ahora sobre su piel. Cuanto el tirón de placer de sus pechos se conectó con el de la parte inferior de su cuerpo repentinamente, gimió más fuerte, y se abrazó a la espalda de Stan.
- ¿Te gusta eso? –Le susurró Stan junto a su piel.
- S-sí…
- Bien, aunque era de esperar, es una zona muy sensible, tanto para mujeres como hombres. Aquí tienes tu "primer parada" para tocarte. Sigamos…
Stan continuó un poco más, alternando los más ligeros roces provocadores, con otras caricias mucho más arrolladoras. Le divertía jugar con la expectativa de Kohaku, por lo cual a veces cambiaba de ritmo abruptamente cuando la respiración de ella se aceleraba, dejándola con ganas. Incluso ella llegó a dedicarle un par de miradas de puro reproche, y al soldado le encantó que tenga tanta actitud y expresara su frustración abiertamente.
- ¿Tienes algo que decirme, princesa?
- No hagas eso –le gruñó.
- ¿Qué sería "eso"?
- No te detengas así.
- No lo hago con maldad. La realidad es que cuanto más al límite y sensible estés, más intenso va a sentirse luego cuando tu cuerpo se libere, recuérdalo. ¿Confías en mí?
Otra vez esa pregunta. Si no confiara en él, no estarían en esa situación, de seguro. Asintió, mirándolo a los ojos. Stan subió brevemente para darle un rápido beso en los labios a modo de agradecimiento, y volvió a serpentear en la cama para seguir bajando una vez más, pasando a besar su abdomen, y mordisqueando los huesos de sus caderas. Cada roce nuevo la hacía estremecerse de gusto, y no pudo contenerse y apoyó sus manos en el suave pelo platinado de él, quería tocarlo de alguna forma, pero cada vez estaba más abajo y ya no llegaba, al menos no en esa posición. Stan le recorrió un costado del cuerpo con sus atenciones, dedicándose al lado externo de su muslo, sosteniéndole la pierna en alto mientras seguía, y no se detuvo hasta llegar a su pie, donde le mordió suavemente el tobillo. Kohaku jadeó y trató de sacudirse para que la suelte, pero él la agarró con firmeza, e hizo el recorrido de subida por la cara interna de toda su pierna. Estaba completamente a merced de él, pero estaba descubriendo tantas sensaciones gozosas nuevas que no podía quejarse.
Cerró los ojos un momento y respiró profundamente, absorbiendo las sensaciones, pero los abrió repentinamente cuando Stan rozó con su dedo pulgar su intimidad, por encima de las bragas. Y antes de que pudiera decir nada, vio cómo un par de manos la agarraban de las muñecas y le llevaban los brazos hacia arriba, hasta que sus manos quedaron apoyadas contra el colchón. Giró la cabeza, y se encontró con que Xeno sigilosamente se había movido de su lugar, y ahora la retenía, acomodándose para recostarse más cerca de ella.
- ¿Qué… qué haces?
- Xeno, en el momento justo –Dijo Stan, mirando a su amigo con una media sonrisa– De acuerdo, dame una mano, vendrá bien que se quede quieta. Tú ocúpate de arriba, yo de abajo.
Antes de que Kohaku pudiera intentar protestar, Xeno la besó, y ella no tardó en dejar de forcejear. No se esperaba eso, pero el científico aflojó el agarre de sus muñecas inmediatamente, entrelazando sus dedos en su lugar, para retenerla de una forma más amable, lo cual la tranquilizó. Como su atención estaba ahora enfocada en la sorpresa de la renovada presencia de Xeno, no se dio cuenta que Stan le había bajado de una forma imperceptible las bragas, y recién lo notó cuando una sobrecarga de intensas sensaciones la inundó. No se esperaba sentir, sin aviso previo, su boca… ahí. Su jadeo fue ahogado en la boca del científico, y su cuerpo se tensó por una placentera descarga eléctrica. No podía creer lo distinto y bien que se sentía eso, mil veces mejor que cuando se había frotado contra ellos en las dos ocasiones, estaba a otro nivel. Y el goce no hizo más que aumentar cada segundo que pasaba, porque pronto no era sólo el contacto de los labios de él lo que sintió en esa parte tan maravillosamente sensible de su cuerpo, sino también su lengua, de muy variadas formas.
Esa vez Stan no se molestó en preguntarle si se sentía bien, era claro que sí, y de todas formas ella no hubiera podido responderle nada coherente, apenas si podía respirar y gemir. Era demasiado intenso, demasiado bueno, y Stan recorría cada milímetro de su intimidad con implacables lamidas y succiones. No dudaba que cuando el soldado hablaba de su experiencia con tanta confianza, lo decía en serio, sin exagerar. Aunque jamás hubiera imaginado estar en una situación así con él, y menos con Xeno también ahí, en ese momento supo que no se arrepentiría ni un poco de la elección que había hecho. El cuidado, la dedicación y el placer que le estaban dando, y sin una pizca de incomodidad, era algo que dudaba que pudiera ser superado. Tal vez si estuviera enamorada se sentiría aún mejor, pero al menos de esa forma superaba todas sus expectativas, por mucho. Mientras estaba perdida en ese mar de sensaciones mágicas, Stan disminuyó la intensidad hasta que se detuvo, y se levantó un poco para mirarla y hablarle.
- Kohaku, quisiera probar algo más. Seré cuidadoso, pero avísame si te molesta o algo. ¿Está bien?
La rubia sólo asintió. ¿Algo más? ¿Había algo más que pudiera incluso mejorar cómo se sentía en ese momento? Lo que sea que fuera, ya no dudaba ni un poco de las palabras de Stan. Por todos los dioses… aunque no la estaba tocando en ese momento, podía sentir el eco de las sensaciones que le había provocado, y podía sentir su interior contraerse por momento, hasta le parecía sentir que su intimidad latía, por así decirlo. Por alguna razón, sintió el impulso de estirar una mano hacia él, quería comprobar que su corazón latiera tan rápido como el de ella. Pero no alcanzó a hacerlo, y en su lugar Stan le tomó la mano, y le dio un beso mientras la miraba a los ojos con una sonrisa. Alcanzó a ver que luego le dirigió la mirada a Xeno, y que ambos asintieron brevemente. No habían dicho ni una palabra, y sin embargo parecieron entenderse, vaya a saber en qué. El científico se sacó la camisa, aunque se dejó el pantalón puesto. Bueno, ella en cierta forma agradecía no tener ropa puesta, porque el calor interno y externo que sentía era insoportable, y no debía ser la única.
Stan volvió a recostarse entre sus piernas, y a hacerle sentir una vez más esas deliciosas caricias íntimas, empezando de a poco. Pero sus ojos casi rodaron hacia atrás cuando sintió que esa diestra lengua no sólo acariciaba su zona íntima por fuera… sino ahora también por dentro. Instintivamente intentó cerrar sus piernas ante la intensa sensación que la invadió, pero el soldado no la dejó. Y, por si fuera poco, Xeno se había deslizado un poco hacia abajo, para ocuparse de besar y acariciar también sus pechos. Eso era una sobrecarga de placer para su cuerpo y su cerebro, y se tuvo que tapar la boca con las manos para no gritar. Pero el científico le sacó las manos de ahí, y en su lugar la hizo rodearle el cuello. Sus ojos eran más oscuros si eso era posible, lo cual la hechizó completamente, y la besó en los labios con renovada pasión una vez más, antes de volver a su anterior destino.
Kohaku abrazaba la espalda del científico, agradeciendo poder aferrarse a alguien. Las caricias de Xeno eran suaves y lentas que las de Stan, aunque sospechaba que era adrede, ya había comprobado que el científico también tenía su lado fogoso. Aunque esa "tranquilidad" no era necesariamente menos intensa, porque podía sentir y anticipar cada mínimo detalle de lo que le hacía. Mientras tanto, Stan aprovechó para sumar al contacto de su boca, el de uno de sus dedos, sorprendiéndola una vez más. Lo hizo de una forma tan cuidadosa y lenta, que al principio le pasó totalmente desapercibido de tanto que la había estimulado, hasta que Kohaku se dio cuenta que la intrusión estaba llegando más profunda que antes, y se sentía distinto, una presión mucho más firme. Ella jadeó ante la sensación, no le molestaba, pero era imposible ignorarla, y sintió el impulso de preguntarle.
- ¡¿Qué… qué haces?!
- Por un lado, lo que tú harías si te tocaras, a esto me refería también. Claro que todo lo que vengo haciendo podrías imitarlo con tus manos, aunque nunca se va a comparar a una boca –se relamió los labios, viéndola sonrojarse hasta las orejas– y por otro lado… si pretendes tener sexo hasta el final con un hombre, todo el paquete incluido, esto es lo mínimo que tendrías que acostumbrarte a sentir, sólo pensaba llegar hasta ahí ahora.
- ¿Lo… mínimo?
- Claro. Aunque lo "mínimo real", sería más bien como estos tres dedos juntos –dijo con una sonrisa maliciosa, juntando el dedo índice, medio y pulgar– y con nosotros diría que más.
Kohaku miró con preocupación la mano de Stan, y tragó duro. Si un dedo se sentía así… oh, por todos los dioses. Agradecía su sinceridad y explicación, pero ahora estaba preocupada.
- No pongas esa cara, no te preocupes, Miss Kohaku –la tranquilizó Xeno, de tan evidente que había sido la expresión de ella– Además, ya tienes la preparación necesaria como para que incluso lo disfrutes bastante. Pero ahora no, olvídalo –Miró de forma reprobatoria a Stan, por haberle dado ese dato innecesario. Era cierto, pero no hacía falta en ese momento.
- Tú preguntaste, princesa –Stan se encogió de hombros– Como sea, ahora sólo relájate y disfruta, confía en nosotros, ya ves lo bien que te está resultando.
Para volver al clima anterior, Xeno dio por concluida la conversación besándola en los labios. Tampoco quería alargar eso mucho más, por lo menos él había terminado una vez, aunque ahora se había vuelto a excitar un poco, pero Stan debía de estar bastante incómodo conteniéndose desde el principio sin nada de alivio, y contaba con que Kohaku también hallaría su postergada liberación pronto. Cuanto más se demoraran hablando, más costaría volver al ritmo previo. Stan suspiró, llegando mentalmente a la misma conclusión que la de Xeno, y poco a poco volvió a repetir las caricias que creía que más le habían gustado a Kohaku, para acercarla al nivel de estímulo que le había hecho alcanzar antes. Pronto, los gemidos de la rubia volvieron a llenar la habitación, los dos hombres avocados a la tarea de complacerla y buscando esta vez llevarla al límite definitivamente.
A Kohaku le estaba resultando cómoda y placentera la forma en la que Stan la volvía a acariciar íntimamente, y una vez más quedó boquiabierta de gusto cuando él sumó el contacto de su boca a la par de su dedo, siendo que al mismo tiempo Xeno también se volvía a dedicar a sus pechos. Cuando el soldado vio que la respiración de ella comenzaba a acelerarse una vez más, dobló un poco la punta del dedo, con su palma hacia arriba, y se concentró en moverlo solamente como haciendo el gesto de "ven aquí" dentro de la rubia. Ella se tensó inmediatamente, hundiendo sus uñas en la espalda del científico, quién gruñó con un poco de dolor ante eso, pero se dio cuenta que esa desesperación se debía a que estaba muy cerca del orgasmo, finalmente. Stan se esforzó por mantener y hasta aumentar sólo un poco ese ritmo, sabiendo que ella estaba muy cerca.
La voz de Kohaku dejó de oírse, y en su lugar había quedado con la boca abierta en un gemido mudo, con los ojos apretados. Una vez más, una sensación completamente nueva y abrumadora la estaba invadiendo, superando todas las anteriores. Podía sentir la parte baja de su cuerpo contraerse, al mismo tiempo que todo su cuerpo se tensaba involuntariamente, y una ola de calor muy intensa empezaba a crecer y expandirse de pies a cabeza, incluso sentía su cara arder como nunca. No podía controlar el temblor que se propagaba por sus piernas y su abdomen, e internamente sintió hasta un poco de miedo sin saber qué le estaba pasando a su cuerpo. Se sentía increíblemente bien, pero al mismo tiempo nunca le había pasado que no pudiera controlarse, como si su cuerpo no fuera suyo, como si estuviera en un sueño.
Y como a lo lejos, aunque estaba pegado a su oído, oyó a Xeno susurrarle casi con dulzura que confíe y "se deje ir", mientras entrelazaba sus dedos con los de ella una última vez. Kohaku no sentía tener mucha opción frente a la aparente autonomía de su cuerpo, pero realmente la calmaron las palabras del científico, dándole a entender que era algo normal, aunque Xeno no estuviera dentro de su cuerpo como para saberlo realmente. Haciéndole caso, dejó que la ola de sensaciones siguiera creciendo dentro de ella, hasta que sintió que la colmaron, y lo próximo que sintió a la par de un repentino vacío mental, fue una arrolladora mezcla de calor y placer que la recorrió entera, comenzando en su intimidad que Stan seguía acariciando, y propagándose de pies a cabeza. Los temblores de su cuerpo no amainaron sino hasta unos incontables segundos después, así como comenzó a respirar agitadamente una vez que pudo volver a incorporar aire luego de ese abrumador momento.
Mientras la dejaban recuperarse, Stan se dejó caer en la cama con una sonrisa satisfecha, y Xeno también se hizo a un costado, mientras se masajeaba los dedos de las manos, que habían sido terriblemente apretados por los inesperadamente fuertes dedos de Kohaku. Los dos amigos se miraron de reojo y rieron suavemente por lo bajo, sin poder creer el estado en que los tres se encontraban, no había forma de que hubieran previsto todo eso. Stan solamente estaba esperando que la joven "reviva" para irse, porque ya su necesidad palpitaba dolorosamente, de tanto que se había excitado y sin embargo tuvo que postergarse. Definitivamente había llegado a un nuevo límite, uno que no le deseaba a ningún hombre, pero no se arrepentía para nada, había valido la pena cada maldito segundo dedicarse a complacer a esa hermosa mujer a la cual ya no sabía ni cómo describir en cuanto a la dinámica que tenían.
- ¿Satisfecha, Miss Kohaku? –Preguntó Xeno un minuto después, ya que era el que estaba más "entero".
- …Sí… –Logró decir, mientras parpadeaba varias veces para que sus ojos volvieran a enfocarse en la realidad que la rodeaba.
- Bien, me alegro… nos alegramos –se corrigió, mirando a su amigo de reojo, pero Stan no hizo ninguna acotación.
- Por todos… los dioses…–murmuró la rubia– Gracias.
- De nada –Respondió Stan, apoyando su cabeza contra la cadera de ella, y le divirtió que Kohaku le acariciara el pelo con los dedos en respuesta, lo único que seguramente podía mover de su cuerpo. Se sentía bien ese ligero toque, era confortable y cálido, como ella.
- Bueno, necesito cambiarme urgentemente –dijo Xeno haciendo una mueca de desagrado– Hasta mañana.
- Espera –Kohaku lo detuvo, mientras él se levantaba– ¿Te vas?
- Sí, claro, ¿qué…?
- Quédate… quédense.
- ¿Para qué? Esa cama es demasiado pequeña e incómoda para tres personas, dos adultos grandes para colmo.
- Lo sé, pero… –no sabía cómo explicarlo, pero no le gustaba la idea de dormir sola después de eso– ¿Por favor?
- Perdona, pero tengo que hacer algo con esto, Kohaku –le dijo Stan, resoplando, mientras se señalaba el bulto de su ropa interior. Ya no tenía una erección completa, pero aun así necesitaba hacerlo– No hay forma de que me aguante, es demasiado frustrante quedar así.
- ¿No puedes hacerlo aquí? –Preguntó la rubia, como si nada.
Stan abrió mucho los ojos, no esperaba esa pregunta. Claro que podía, pero…
- Como poder, puedo, pero sería… ¿raro?
-Me quede o no, necesito cambiarme, es en serio –Dijo Xeno, decidido a que personalmente no tenía ganas de ver cómo su amigo se tocaba, era totalmente innecesario.
- ¿Y si te cambias y vuelves? Puedes traer una manta, yo estoy acostumbrada a dormir en el suelo –Insistió Kohaku, mientras se sentaba y agarraba su ropa interior para ponérsela rápidamente. Al menos con que se quedara uno de ellos estaría bien, pero no quería apartar al otro. Stan sería más fácil de convencer, ya habían dormido juntos una vez, aunque no adrede.
- ¿Por qué…? –Xeno interrumpió su pregunta, porque en el fondo sabía su respuesta, y entendía el pedido de Kohaku. Tampoco quería irse en un principio, aunque no quisiera admitirlo, pero realmente quería ponerse ropa limpia, no podía dormir así– De acuerdo, vuelvo en un rato.
Aceptó resignado, y sin saber qué iba a hacer Stan, pero luego de todo lo que había sucedido con ella, sentía que se lo debía. Se volvió a poner la camisa y el saco, por las dudas de que se cruzara con alguien en el camino, se emprolijó un poco el pelo con los dedos, y salió de la habitación tratando de lucir lo más casual que podía, prefería que nadie se entere de lo sucedido. Apenas salió, Kohaku dirigió su mirada a Stan, callada.
- ¿Qué, te vas a quedar mirando cómo me toco? –Preguntó frunciendo el ceño. Si hubieran estado todavía en el calor del momento, estaría bien y hasta podría ser excitante, pero ahora que se habían calmado, no lo sentía así.
- Es que…estaba pensando –titubeó ella, corriéndole la mirada– Tú te esforzaste mucho por hacerme sentir bien, y… "enseñarme" –Podía sentir cómo la miraban fijos y expectantes esos magnéticos ojos azules– y bueno, creo que lo justo sería que…
- ¿Qué tú termines el trabajo ahora? –Completó Stan, medio riendo, sorprendido.
- Sí, eso creo. No lo digo de compromiso o sólo por agradecer… creo que quiero hacerlo.
- ¿"Creo"?
- ¡Ah, maldición, ya sabes a lo que me refiero! –Exclamó abochornada– No sé cómo, tendrás que enseñarme también, pero…
No pudo completar la frase, porque Stan se acercó a ella, apoyando una mano en la cama, y le dio un suave beso en los labios.
- Sí, entiendo. Me gusta que pienses así, no eres egoísta. Está bien, hagámoslo, pero… no voy a hablar, y así como estoy no voy a contenerme, será rápido. Así que sólo sígueme, ¿de acuerdo?
Stan la vio asentir, con una pequeña sonrisa. Respiró hondo, sin poder creerlo. Sinceramente, no era nada glamoroso lo que estaba por hacer, pero al mismo tiempo tenía que admitir que le gustaba la idea de que ella quisiera complacerlo. Si ya sentir las manos de la joven en su torso le habían acelerado los latidos de su corazón… Como sea, mejor no pensarlo tanto, y mejor hacerlo de una buena vez. Sin mucha ceremonia, se bajó un poco la ropa interior, para luego sentarse, y vio de reojo cómo Kohaku, que lo había estado mirado antes a los ojos, había apartado la mirada, muy sonrojada y con los ojos bien abiertos. Ah, cierto… nunca había visto a un hombre desnudo, y ahora lo acababa de hacer de una forma demasiado casual y totalmente fuera de un clima sexual. No pudo evitar soltar una breve carcajada, ante la situación. Para él la desnudez era algo irrelevante, más en ese mundo de piedra, pero evidentemente no lo era para ella.
- No mires si te incomoda, Kohaku. Entiendo que esta no es la situación ideal, te "enfriaste" mucho.
- No, no es eso, es que… es grande –completó con un murmullo, roja como un tomate de tener que decirlo, pero no quería que él piense mal de ella. ¿Cómo era que minutos antes estaba siendo acariciada por dos hombres, y ahora se ponía así de vergonzosa por sólo decir algo tan simple?
- ¿Grande? Pero si ahora está…
No completó la frase. Sí, sabía que estaba bien dotado en ese aspecto, y ya presentía que sería un problema con alguien sin experiencia como ella. Bueno, quizás con eso terminaba de quitarle las ganas de que pase algo otra vez, y sería para mejor. No quiso detenerse a pensar que el pensamiento lo desilusionó más de lo quería admitir, pensar que podía ser la primera y última vez que la tocara y besara de esa forma… mierda, ¿desde cuándo se había prendido tanto de ella? Pero pensar en eso en ese momento no iba a ayudar a nadie, menos a él, así que se volvió a concentrar en la tarea que le concernía.
- Dame tu mano, Kohaku –le pidió, extendiendo la suya hacia ella.
Procurando sólo mirarlo a la cara o hasta el pecho, hizo lo que le pidió. Sí, se había sentido bastante valiente al hacerle la sugerencia de tocarlo ella, pero ahora se sentía un poco tímida, rara. Quizás, si lo besara, ¿sería menos incómodo? Antes de que él pudiera acercar la mano de ella a su cuerpo, Kohaku colocó su mano libre detrás del cuello de él, y lo besó. Fue uno muy torpe y apresurado, incluso se chocaron las narices, porque Stan no se lo esperaba y ella fue demasiado rápida. Pero el soldado sonrió divertido, y le correspondió con otro beso más tranquilo y largo.
Sí, mucho mejor, Kohaku comenzaba a sentirse menos incómoda, concentrándose en la cálida sensación. Le estaba gustando mucho compartir besos, quizás demasiado, no sabía si era normal por ser nueva en eso, si era por Stan y Xeno en particular, o si siempre sería así con cualquier hombre. Otro le siguió, otro… y varios más. No eran invasivos y desesperados como antes, esta vez eran más serenos, aunque cada vez se separaban menos, sus labios nunca abandonaban del todo los del otro. Kohaku sentía cómo su corazón aceleraba sus latidos con cada segundo, a la vez que sentía una presión relativamente agradable en el pecho, como si estuviera ansiosa, pero por algo bueno.
Stan le rodeó la cintura con un brazo y la atrajo hacia él, olvidándose que pretendía hacer eso rápido, y concentrándose en su lugar en disfrutar de ese momento que parecía suspendido en el tiempo. No se escuchaba ni se movía nada alrededor de ellos, solamente el sonido de sus labios al separarse brevemente, una y otra vez. ¿Por qué le latía el corazón tan rápido con unos simples besos que ni siquiera eran tan fogosos? Había hecho algo mucho más intenso e íntimo minutos antes, y sin embargo ahora sentía esos latidos hasta en los oídos, algo muy inusual en él, que la calma era su estado constante.
Pero no podían pasar mucho tiempo así, Xeno volvería pronto. Lentamente, con la mano que todavía sostenía la de Kohaku, la acercó a su cuerpo hasta apoyarla en su abdomen, la de ella contra su piel, y la de él encima. La joven no se sobresaltó ni un poco, con lo cual siguió descendiendo, sin dejar de besarse, hasta que rodeó su miembro con ambas. En ese momento sí escuchó a Kohaku jadear suavemente, pero no la oyó decir nada, y tampoco retiró su mano o dudó, y eso alcanzó para él para continuar. Movió lentamente hacia arriba y hacia abajo las manos, no había necesitado mucho para estar nuevamente listo, y una parte de su cabeza se alegró de que ella no repitiera su incomodidad al mencionar su tamaño. Usó su propia lubricación para que el movimiento de las manos no lo irritase, y aumentó un poco la velocidad.
Continuaron de esa forma un par de minutos, variando ligeramente el ritmo, la mano de Kohaku acompañaba sincronizadamente la de Stan, y sus besos se habían vuelto también más apasionados, correspondiendo la necesidad de él. Cuando sintió que la ola de placer empezaba a apoderarse de su cuerpo, intensificó un poco más el contacto y la velocidad, dejó de besarla porque no podía concentrarse en las dos cosas al mismo tiempo, pero tampoco abandonó el contacto de sus labios. Bastaron unos segundos más para que la tan demorada liberación alcanzara finalmente su cuerpo, y fue tanto el alivio que lo recorrió, que gimió más alto de lo que pretendía. Respiró pesadamente unos segundos, con los ojos cerrados, y sin soltar todavía el cuerpo de Kohaku del abrazo que la mantenía cerca de su cuerpo.
- ¿Mejor? –Le preguntó Kohaku.
- Mucho mejor, sí –La miró con los ojos entrecerrados y una sonrisa en el rostro, todavía recuperándose.
Finalmente la soltó, y se subió los calzones para cubrirse la desnudez para no incomodar a Kohaku. Ah, mierda, ¿dónde había…? Obviamente había quedado un pequeño resto en las manos, pero… Miró disimuladamente alrededor, buscando con su afilada mirada, tratando de contener una sonrisa incómoda. Ahí estaba, tenía que limpiarlo. Pero justo en ese momento entró Xeno, jadeando, cargando en sus brazos uno de los colchones simples, presumiblemente lo había sacado de un depósito o de su propia habitación. Y los ojos de Stan se cerraron con una sonrisa apenas contenida con sus labios apretados cuando vio cómo el colchón fue arrojado justo encima de lo que tenía que limpiar. Bueno, afortunadamente Xeno no lo había visto, o su cara de horror hubiera sido evidente. Miró de reojo a Kohaku, que también tenía la misma tensa sonrisa que él. Sí, definitivamente ella también lo había notado, sabía que tenía una muy buena vista, quizás mejor que la de él por lo que le había contado en otras oportunidades.
- ¿Qué sucede? –Preguntó Xeno, ajeno a todo– ¿Por qué miran así? No pienso dormir en el piso, pero tampoco me parecía elegante dejarlos en esa situación.
- ¿Por qué no me extraña de ti que lo hayas traído? –Dijo Stan, cambiando de tema, mientras con disimulo se limpiaba la mano en el dobladillo de su ropa interior.
- Para algo los hicimos, ¿o no? Luego lo bajarán ustedes, ya que accedieron a esto. Levántense y pongan ese al lado.
A Kohaku le hacía un poco de gracia el tono informal y relajado que estaba usando el científico para hablar, o más bien para dar órdenes, curiosamente distinto a sus formas tan correctas y secas que solía escucharle. Ella había notado cómo Stan se había limpiado, y tuvo que controlarse para no reír ni sonrojarse, y pidiendo perdón mentalmente, hizo lo mismo con el primer pedazo de tela que su mano rozó. Le alivió que Xeno no se diera cuenta, o al menos no dijera nada, eso lo haría menos incómodo.
- Gracias, Xeno –Le dijo, ofreciéndole una sonrisa, porque encima se había tomado el trabajo de subir ese otro colchón, aunque en parte fue para comodidad propia.
- Está bien –le dijo, suavizando su mirada, y su tono– Descansemos de una vez, esto no sale de aquí, ¿entendido?
Buenaaaaaaas! Qué tal? Uuuuuff… creo que batí mi propio récord con esto (y no sé si de todas las historias Dr. Stone jaja), 10k de una única y larga escena "semi lemon" xD, oh my… Bueno, espero que les haya gustado, creo que varios esperaban el lemon completo, pero les dije que que no podían hacer mucho todavía para no preñar a la rehén jajajjaja. Pero sepan que mi intención es que suceda "todo" … no quiero spoilear mucho, pero quiero que eso sea más especial y la leona tenga su momento con cada uno, se lo merecen. O al menos si se da y no estalla todo antes xD
Gracias por el apoyo de siempre, me divierto y alegro mucho con sus comentarios! Les deseo un feliz año nuevo, lleno de felicidad, salud (fuera covid!) y amor! Hasta el próximo capítulo!
