Xeno despertó lentamente, sus ojos se negaban a abrirse, aunque la luz del sol ya se filtraba por la ventana y le daba directamente en la cara. No era precisamente la comodidad física lo que lo retenía así, sino una curiosa sensación de tranquilidad de ánimo. Estaba recostado sobre su lado izquierdo, y su brazo estaba apoyado sobre un cuerpo cálido. ¿Hacía cuánto tiempo que no se despertaba junto a una mujer? Mientras inspiraba profundamente, disfrutando de la nostálgica y agradable sensación, deslizó su mano hacia abajo, siguiendo la sinuosa figura que reconocía que tenía el cuerpo de Miss Kohaku. Pero su recorrido se vio interrumpido cuando sintió algo que no era parte del mismo, y frunció el ceño mientras oía una voz mucho más grave de la que esperaba oír, dadas las circunstancias.

- Qué cariñoso eres por la mañana, te tenía más gruñón.

Los ojos de Xeno se abrieron repentinamente. En lugar de encontrarse los ojos aguamarina que imaginaba que serían lo primero que vería en el día, se conectaron con unos azules demasiado conocidos. Por un inocente momento, se había olvidado que no era el único que compartía el amanecer con la joven. Stan lo miraba con una sonrisa burlona, también recostado de lado, pero enfrentado a él, y su mano rodeaba cómodamente la cadera de la rubia. Simultáneamente, los ojos de ambos hombres se dirigieron a Kohaku, que estaba en el medio de ellos. Parecía una broma del destino que ella estuviera boca arriba, sin acercarse ni hacia uno ni hacia el otro, ni siquiera dormida parecía poder elegir entre ellos inconscientemente, y, sin embargo, ambos tenían una posesiva mano alrededor de su cuerpo.

- Mírala dormir, tan inocente y relajada. Le debe durar todavía la satisfacción de anoche –murmuró Stan sonriendo ligeramente.

- Qué hablador eres por la mañana, te tenía más callado –le contestó, devolviendo la mirada burlona.

Stan alzó una ceja, pero le obsequió una sonrisa divertida.

- No puedo evitarlo, puntualmente esta no es una situación con la que imaginara despertar nunca.

- En eso tienes razón.

Aunque los dos hombres apenas susurraban, lograron despertar a Kohaku, que abrió los ojos lentamente, soñolienta, y parpadeó un par de veces mientras sus ojos se adaptaban a la luz del ambiente. Xeno se preguntaba a quién miraría primero, si giraría la cabeza hacia él, o hacia Stan. Quizás la misma duda acechaba a su amigo, que no le quitaba los ojos de encima, pero al parecer tampoco quiso saber la respuesta, porque se adelantó, y le dio un beso en la sien a la rubia, robándose su mirada y un ligero sonrojo de sus mejillas.

- Buen día, princesa.

- Hmm, buen día –contestó, con la voz levemente ronca.

Kohaku no estaba acostumbrada a despertarse con una muestra de afecto. Bueno, no estaba acostumbrada a despertarse junto a un hombre. No, dos hombres. Dos hombres, que ahora sentía que la estaban tocando, casualmente, pero podía sentir claramente el peso de sus manos en la zona de su cadera, sobre su piel. Stan y ella se habían quedado vestidos sólo con su ropa interior, recordaba que lo último que hablaron la noche anterior fue en tono de burla hacia Xeno, que pretendía dormir vestido con su camisa y pantalón, mientras que ellos no tenían la mínima intención de vestirse tanto, era más cómodo quedarse así. Contaban con unas abrigadas y pesadas mantas, confeccionadas con piel animal, además de las sábanas de tela, por lo cual no era necesario dormir tan vestidos, a pesar de que estaba comenzando el invierno allí. Y Stan había dicho que después de toda la piel que se habían visto, era tonto hacerse los vergonzosos con el estado de desnudez luego.

La pregunta que de seguro rondaba en la cabeza de los tres, pero en especial en la de Kohaku, era cómo iban a seguir después de eso. Honestamente, a ella le había gustado mucho la forma en que la habían tocado y besado, y aunque era vergonzoso siquiera recordarlo, tenía que admitir que no los rechazaría si volvía a pasar algo, con cualquiera de ellos. No se estaba deteniendo mucho a pensar en si estaba bien o mal estar en una situación tan personal e íntima con sus "enemigos", en lo que pasaría a futuro cuando escapara, o cuando de alguna forma se reencontrara con sus amigos. Y por lo que podía ver, ni Xeno ni Stan mostraban la más mínima incomodidad o preocupación, seguían ahí como si la situación fuese lo más normal del mundo, o eso parecían mostrar. Necesitaba sacarse la duda.

- ¿Y ahora qué? ¿Cómo seguimos?

- Como quieras, es más tu decisión que la nuestra –le respondió Stan despreocupadamente.

- ¿Qué se supone que significa eso? –Le repreguntó Kohaku, frunciendo el ceño.

- Esto es nuevo para ti, pero en el siglo XXI era una situación bastante común. Lo que hicimos fue sólo pasarlo bien, no implica relaciones románticas, ni nada por el estilo. Lo hubiéramos hecho todo o no, es lo mismo.

- Lo que quiere decir Stan, Miss Kohaku –se apresuró a aclarar Xeno– Es que no tiene por qué ser algo incómodo o que cambie nuestra forma de relacionarnos de ahora en más, ni es una obligación a pensar en sentimientos o compromisos. Podemos seguir normalmente como si no hubiera pasado nada, por así decirlo, o…

"¿O qué? ", se preguntó Xeno a sí mismo, dándose cuenta que no habían pensado las consecuencias antes de lanzarse a actuar de una forma tan íntima con ella. ¿Qué pasaría si la joven estuvo tan a gusto, que tuviera ganas repetir eso con ellos? ¿Qué pasaría si ella comenzaba a desarrollar sentimientos románticos con alguno o con ambos? ¿Qué pasaría si Stan o él también sentían por ella algo más que interés sexual? Esa última pregunta era la que más temía, en especial, pero porque no podía mentirse a sí mismo. Nunca fue interés sexual, al menos no de su parte, lo que lo llevó a consentirla a pesar de ser una enemiga, a considerar su bienestar como algo que merecía su atención últimamente de forma diaria, o lo que lo llevó a besarla, y al acercamiento íntimo que tuvieron, nunca estuvo motivado por una mera reacción hormonal y primitiva de satisfacción.

No sabía lo que Stan realmente sentía por ella, su amigo nunca fue expresivo con sus sentimientos desde que lo conocía, hacía casi veinte años, no lo iba a ser ahora, y menos cuando en cierta forma estaban "compitiendo" por la atención de la misma mujer. Eso era lo peor de todo, probablemente. ¿Por qué demonios estaban discutiendo y compitiendo por ganarse el favor de su casi inocente y joven enemiga? Más allá de una cuestión de logro, orgullo, satisfacción, o lo que sea que fuere; no tenía ningún sentido seguir con eso, era sólo para problemas, y grandes. Y, aun así, no podía evitarlo. Tampoco podía decir que fuese un interés romántico, no albergaba ese tipo de sentimientos por Miss Kohaku, pero había algo indefinido y a la vez magnético cada vez que la veía, que hablaban, que ella le sonreía. Ese "algo" lo motivaba a querer y buscar más, mal que le pese.

Odiaba sentirse así de confuso, tan fuera de control. La ciencia era medible, comprobable, objetiva, eso era todo lo que estaba bien, un camino de pureza, seguridad y poder. Por otro lado, las inestables emociones humanas, los deseos egoístas, los impulsos incontrolables instintivos… eso era sumamente subjetivo y peligroso, y lo alejaban de sus ideales. Podría simplemente alejarse de la joven, "dejársela" a Stan, y volverse a centrar en la ciencia y en aplastar y someter a esos chiquillos científicos, retomar su camino. Pero era una idea que rechazaba ni bien pasaba por su cabeza, no quería ni concebirla, le quemaba por dentro que…

- Te fuiste del mundo, Xeno. ¿Vas a terminar tu frase? –Stan lo trajo de vuelta a la realidad– Le decías, que podemos seguir normalmente, ¿o…?

- O consentir tu curiosidad y tu deseo, sin reservas.

Apenas terminó de decir eso, vio cómo los ojos aguamarina de la rubia se abrieron desmesuradamente, así como la sorpresa de Stan también fue evidente, pero Miss Kohaku también quedó boquiabierta y un renovado sonrojo recorrió su cara. ¿Realmente acababa de decirle eso? El pensamiento pasó sin filtro del cerebro a su boca. Una parte de él pensaba así, ahora que se había quitado un peso de encima al permitirse ceder a sus deseos, pero no quería que sean esos los que lo gobiernen. Sólo quería hacerla sentir bien.

- ¿Pero por qué depende de mí? –preguntó Kohaku.

- ¿No es obvio? Se necesitan a dos para decidir de hacer algo como lo de anoche, a menos que se trate de un abuso.

- Y a pesar de que dices eso, soy una rehén aquí. Sólo me puedo mover por el castillo bajo vigilancia, y me recluyen a esta habitación la mayor parte del día. ¿Eso no es un abuso también?

- Oooh, ahí se despertó la lengua afilada –dijo Stan divertido, apoyando su codo en el colchón, y sosteniendo su cabeza con esa mano– En parte tienes razón. Pero esto es distinto, Kohaku.

- ¿Por qué? Es contradictorio. Habla de decisiones consentidas y de abusos, pero sólo cuando a él le parece que deben aplicarse para su conveniencia. Si vas a ser "justo" con unas, y caprichoso con otras, deja de tener sentido. Es como… ¿está mal si te atacan, pero está bien si tú lo haces? No digo que no lo hagamos, sino que no lo juzguemos.

- No somos jueces ni dioses universales, todos tenemos nuestros intereses –le replicó Xeno– No puedes poner en la misma bolsa todo, compararlo tan livianamente.

- Sí puedo. Porque eso habla del tipo de persona que eres. Si haces lo que dices, eres confiable. Si dices una cosa, y haces otra, vives del engaño, hacia ti y hacia los demás.

- Se puso filosófica la mañana –Murmuró Stan en inglés, girando para recostarse boca arriba. Necesitaba un cigarrillo, y más si los seguía escuchando así a los dos.

- Miss Kohaku, ¿quiere libertad para circular por el castillo como Míster Gen? –Preguntó Xeno sin rodeos, y para cambiar de tema, no tenía ganas de iniciar una discusión moral con ella, ni tan temprano en la mañana, arruinando su inicial buen humor.

La rubia lo miró fijo en silencio. ¿Podía ser eso posible? Le estaba otorgando repentinamente mucha más confianza, y eso disminuía su sensación de ser una rehén recluida en una habitación. Sabía que de todas formas no podía escapar, no sin Gen, y ella intuía que, al dejarla libre, la vigilancia del mentalista podía llegar a ser más evidente. Y la otra situación era que ya no quería escapar de la misma forma desesperada y urgente de antes. Prefería volver con sus amigos, obviamente, ni siquiera consideraba cambiarse de bando, pero lo que ahora la motivaba de verdad era convencer a esos dos líderes enemigos a que se unan al objetivo del reino científico de Senku. No quería abandonarlos y pelear con ellos, pero tampoco iba a permitir que lastimen a sus amigos. De pronto su objetivo había cambiado, tenía que hablar con Gen sobre eso. Ya no planear un escape, sino la forma de engatusarlos para que se alíen. Podía lograrlo, sabía que sí, y probablemente eso dependería de ella, que era la que había logrado tanta cercanía con ambos, sin proponérselo.

- Sí, me gustaría.

- De acuerdo, entonces avisaré a todos los guardias. A excepción de los de la entrada, entenderás que no tienes permitido salir del castillo por tu cuenta. Espero que tengas presente el grado de confianza que te estoy otorgando con eso, cuento con que no hagas nada que nos obligue a revocar esta decisión de mayor libertad.

- Sí… te agradezco, Xeno.

Si bien sabía que seguía siendo una rehén, esta nueva posibilidad le daba una renovada esperanza de que algún día pudieran abrirse a una alianza mayor. Sólo ese pensamiento le hizo sonreír de una forma deslumbrante, le hubiera encantado tener alguna forma de comunicarse con Senku para contarle el avance, seguro estaría orgulloso de ella, por facilitar, aunque sea un poco, la posibilidad de negociación y alianza. Recién en ese entonces fue que se dio cuenta que no sabía nada de lo que ellos estaban haciendo, lo último que había escuchado de Gen, hacía unos cuántos días, era que estaban construyendo un portaaviones. Le pareció extraño que el mentalista no le contara nada más, pero supuso que era porque no tenía mayores novedades.

Xeno, por su parte, no podía acostumbrarse todavía a la sonrisa llena de luz de Miss Kohaku, ni que le agradeciera con los ojos igualmente brillantes. Sabía que no se lo merecía, de seguro, pero podía sentir una cálida sensación en su cuerpo cada vez que las recibía. Aunque en ese momento, él no sabía que no estaba únicamente dirigida a él. Estaba intrigado de cómo cambiarían las cosas si le daba a la joven más libertad, pero quizás podía aprovecharlo para compartir con ella más de su visión y alcance científicos, acercarla aún más para convencerla de que el futuro que él proponía sería mejor para todos, una vez que lo aceptaran como líder indiscutido. Pero lo que lo sacó de sus pensamientos fue sentir la mirada de Stan sobre él, y cuando sus ojos conectaron, alzó una ceja al darse cuenta que tenía una de esas sonrisas que le ponían los pelos de punta, porque se veía a la legua que estaba pensando algo sobre él.

- ¿Estás de acuerdo también, Stan? ¿O tienes algo que decir?

- Está bien. Sólo estaba pensando que es muy curioso que no te importe seguir aquí.

- ¿A qué te refieres?

- Que es claro que prefieres que los demás colegas no sepan de esto, pero por la hora que debe ser, los demás deben estar preguntándose por qué no nos han visto ni a ti ni a mí, y no luces preocupado por eso, más teniendo en cuenta que la hora del desayuno de Kohaku también pasó hace rato.

Recién en ese momento fue que Xeno cayó en cuenta de que lo que dijo Stan era lo más probable, y se levantó de un salto del colchón. ¿Cómo había sido tan despreocupado? Al mirar por la ventana, notó por la posición del sol que deberían ser al menos las nueve de la mañana, cuando normalmente ellos estaban despiertos un par de horas antes. Tenían relojes solares de día, y relojes de agua para la noche, ya que no habían encontrado entre ellos artesanos capaces de elaborar un reloj mecánico apropiadamente todavía. Pero no era una prioridad conocer la hora, el día o el año en que se encontraban, habían establecido su propio calendario desde que él había despertado. Como estaban cerca del invierno, tenían que aprovechar las horas de luz natural, por lo cual se levantaban poco después del amanecer. Era inaudito que su reloj biológico tampoco lo hubiera despertado antes, cuando para colmo estaban frente a una amplia ventana por al cual se filtraba la luz.

- ¿Cómo…?

- ¿Cómo dormimos tanto? –Interrumpió Stan, anticipándose– No lo sé, quizás nuestros cuerpos se relajaron con lo de anoche.

La verdad era que lo mismo le había pasado cuando se había quedado dormido con Kohaku hacía unos días, pero eso era algo que Xeno no se había enterado. Por lo cual, más bien tenía que ver con cierta paz interior que devenía de dormir confortablemente con la joven. Quizás sin darse cuenta, Kohaku se estaba convirtiendo en una especie de calmante anímico para ellos. Desde luego que al menos él sonreía más, y se "divertía" incluso, además de que su trabajo pesado había disminuido considerablemente desde que ella había llegado, con la excusa de ser uno de sus principales vigilantes, y que también dedicaba un par de horas al día a aprender japonés. Por lo que era cierto que esos días estaban siendo los más relajados en muchos meses, y probablemente en años.

Estaban más alertas y pendientes de los movimientos de sus enemigos, y de las preparaciones para la próxima misión en que tomarían control definitivo de su enorme barco y los subyugarían a todos, pero hasta que ese día llegara, gozaba de relativa tranquilidad para disponer de su tiempo. Eso, y que se había ganado con los años luego de despetrificarse una reputación indiscutida e intimidante como sub-líder, en la que nadie, salvo Xeno, se atrevían a cuestionarlo ni a pedirle que colabore con las exigencias de desarrollos tecnológicos. Como ya habían construido las principales estructuras edilicias, científicas y armamentísticas para consolidar su poderío, la función principal y actual de él consistía en la vigilancia a larga distancia, y últimamente en tener a raya a los intrusos japoneses.

- No te preocupes tanto, Xeno –continuó– No hay forma de que piensen que pasamos la noche con Kohaku… yo mismo no lo creería en lugar de ellos. Lo que sí, conviene que tú bajes primero, y yo después, ya que de esa forma al menos no pensarán que los que amanecimos juntos y tarde fuimos nosotros dos.

- No, gracias –gruñó el científico, ante la provocadora broma– Recuerda llevar tú el colchón al depósito, me aseguraré de que no haya ningún guardia en el camino.

- Ok. Aunque a mí no me preocupa tanto como a ti que se enteren.

Xeno tomó su largo saco y se vistió correctamente antes de salir de allí. Stan seguía recostado, había doblado un brazo por detrás de su cabeza y ahora miraba a Kohaku con una media sonrisa. Ella se dio cuenta de eso, y le devolvió la mirada silenciosa, tratando de dilucidar en qué podría estar pensando, lo cual le resultaba siempre muy difícil con él. Hasta que decidió preguntarle directamente.

- ¿En qué piensas?

- En que es la segunda vez que me despierto junto a ti, aquí. Me pregunto si habrá una tercera.

- N-no lo sé –titubeó

- Lo dejaremos en tus manos.

Stan se levantó, rebuscó entre su traje para sacar un cigarrillo, y se dirigió al ventanal, todavía solamente vestido con su muy pequeña ropa interior, y Kohaku no pudo evitar mirarlo de arriba abajo, el sol se reflejaba en el cuerpo de él perfectamente. En otras circunstancias, no hubiera sentido nada especial por ver una figura masculina, pero ahora no podía quitarse de la cabeza las imágenes de la noche anterior, incluso la sensación de sus manos aferrándose a los fuertes brazos y a la espalda de él. Y ahora tenía la vista completa de sus musculosas piernas, y se consideró una pervertida total cuando sus ojos admiraron por primera vez el redondeado y firme… oh, dioses, ¿por qué no podía dejar de pensar en eso? Corrió la mirada, avergonzada de sus pensamientos.

- ¿Te gusta lo que ves? –dijo Stan con un dejo divertido, sin dejar de mirar adelante, mientras soltaba una pitada de humo.

- ¡¿Eh?! –¿Acaso tenía ojos en la espalda? Se sonrojó intensamente, de haber sido atrapada mirándolo tanto.

- Más allá de que los guerreros tenemos una percepción más fina de la sensación de ser observados –contestó él, como si le leyera la mente– puedo verte aquí, en el reflejo de esta ventana.

Era cierto, podía verse ella misma desde donde estaba. Y podía ver también cómo Stan la miraba a los ojos, pero lo hacía "a través" de la ventana. Era algo de lo más curioso, nunca lo había notado con tanta atención, a pesar de mirar esa ventana diariamente desde que llegó allí, pero claro, ella solamente ansiaba ver lo que pasaba afuera, y no tenía ojos para lo que pasaba dentro. Sonrió con un poco de amargura, pensando cómo eso era un vivo reflejo también de cómo había cambiado su vida en el castillo. Ni ella misma podía creer que el mismo hombre que la había apaleado y secuestrado, y la vigilaba con una actitud gélida y desafiante, ahora la miraba con una sonrisa juguetona y ojos amables, luego de haber pasado una noche tan íntima. Aunque podía decir lo mismo de Xeno, que al principio la había tratado como una primitiva ignorante, y horas antes la estaba besando y acariciando con una suavidad con la que ningún hombre la había tratado antes. No entendía cómo había cambiado todo tanto, pero era así ahora.

¿Y ella tenía la decisión de si quería que suceda algo más? Claro que quería más, no tenía ya ninguna duda, pero el problema era si pensar con la cabeza, o con el cuerpo. ¿Y con quién? Xeno, tenía que admitirlo, estaba resultando como un Senku adulto y sin tantas reticencias sobre su interés en las mujeres. Podía decir que le gustaba un poco el peliverde, y estaba completamente fascinada con su determinación y el noble corazón que tenía en el fondo, pero esa burla y negación constante que proclamaba hacia la posibilidad del romance la habían desilusionado demasiado, y sabía que iba a ser una frustración constante simplemente seguirlo y esperar que se digne a verla con otros ojos, y que deje de referirse a ella como una gorila o una leona, no le gustaba ni aunque fuera una broma.

En cambio, Xeno… si bien habían empezado con el pie izquierdo completamente, y no lo conocía tanto, le había demostrado con su cuidado hacia ella, y su pasión por la ciencia y su forma de aplicarla para darle regalos o comodidades, que debajo de esa dura fachada de hombre sin piedad, tenía su lado amable y cálido. Quizás era parte de esa "elegancia" de la que siempre hablaba, pero correspondía también con la delicadeza con la que la besó y acarició durante la noche. Era imposible no sentirse curiosa y atraída hacia ese hombre, tenía un encanto la misterioso, y le hacía querer conocerlo más, en especial ahora que había conocido una faceta suya mucho más apasionada.

Aunque al pensar en "pasión", no pudo evitar recordar a Stan, que le hizo conocer realmente lo que significaba el placer, tal como había prometido. Fue arrollador, intenso, desvergonzado…le había hecho perder la cabeza, y al mismo tiempo, esos últimos besos que compartieron cuando habían quedado solos había sido de lo más dulces, la habían derretido por dentro. Tampoco lo conocía mucho, no sabía nada de su historia o su pasado, pero podía intuir que él también tenía un secreto lado amable y suave, no era todo salvaje y provocador. Lo que más quería, era ahondar en ese nuevo lado que él le estaba mostrando, el que le daba mayores esperanzas de que sea un aliado confiable y valioso, más allá de sus habilidades de combate. Volvió a buscar sus ojos a través de la ventana, y notó que él seguía mirándola, pero no parecía que fuera a decirle nada, solamente la estaba contemplando mientras fumaba su cigarrillo.

Cuando lo terminó, Stan lo apagó contra el borde metálico del ventanal, y volvió a agarrar su traje, pero esta vez para vestirse. Se puso también las botas y los guantes, y se dirigió a Kohaku.

- Te veo abajo luego. Si ahora eres "libre" de moverte por el castillo, ya no hay necesidad de que te traiga la comida cada vez.

- No, espera -alcanzó a agarrarlo de la mano- ¿No podemos seguir como antes?

- Podemos, pero tú...

- No, no quiero ir con los demás. Cuando estuviste fuera, Xeno me hizo bajar una vez, y fue horrible. Preferí no comer nada esa noche, o comer sola aquí. Aunque estuviera Gen.

- Ooh, ¿Me extrañaste?

- Sí –dijo rápidamente, pero después se corrigió cuando lo vio sorprenderse– es decir, me acostumbré mucho a que vengas aquí, y es más tranquilo, cómodo y divertido contigo. En el comedor no dejaban de mirarme de reojo con frialdad, y Xeno no me dirigía la palabra.

- Entiendo. De acuerdo, espérame aquí al mediodía, no me hagas buscarte por el castillo.

- Eso sería divertido –dijo maliciosamente.

- Puede ser, pero preferiría que tu libertad no haga verme como una niñera –se acercó a ella y se inclinó para quedar a su altura– Si quieres divertirte conmigo, te puedo mostrar otras formas que lo sean para los dos.

La forma en que la miró fue tan obvia, que Kohaku no tuvo posibilidad de hacerse la inocente frente a la seductora propuesta, además de que le estaba poniendo un freno a su broma, y no consideró retrucarle nada, porque ya podía saber que él no se echaría para atrás. Y lo confirmó rápidamente, cuando él se acercó un poco más y le dio un beso en la comisura de la boca. Tenerlo tan cerca no hacía otra cosa que traerle recuerdos de la noche anterior, pero se contuvo, maldiciéndose por no poder dejar se pensar en eso.

- Todavía no sabemos qué vas a elegir, si "olvidar" todo esto, o si buscar un segundo round –le dijo Stan, parándose derecho– pero a menos que decidas que no te volvamos a poner una mano encima, a mí no me gustan los secretos como a Xeno, y yo no lo voy a olvidar.

Tras decir eso, agarró el colchón de sobra del piso y salió de la habitación. Kohaku se dejó caer en el colchón, soltando un sonoro suspiro. Esas últimas dos frases fueron el golpe de gracia para ella esa mañana, y especialmente la última le provocó un cosquilleo en el estómago. No, más allá de lo que eligiera, no lo iba a olvidar tampoco. ¿Era normal sentir que quería volver a repetirlo cuanto antes? ¿O quizás era la novedad y gusto por esas sensaciones que la hacían sentirse así? Para colmo, los dos hombres tenían actitudes opuestas. Xeno había mantenido las distancias y actuado casual, mientras que Stan parecía dispuesto a seguir "jugando" con ella.

Y la otra gran pregunta que se hacía... ¿Le diría a Gen lo que había sucedido? Le daba vergüenza, y no pensaba darle detalles, pero podría ser un buen desahogo y consejo. Seguro era una buena información para él que los dos líderes hubieran decidido volver a estar del mismo lado, cuando se los veía un poco ásperos entre ellos antes, aunque eso al final eran malas noticias para Gen y ella. Por otro lado, admitir que ella accedió y disfrutó de hacer algo tan íntimo con los dos juntos era demasiado, no se animaba, y no podía decir que ese tipo de información le sirviera al mentalista para elaborar estrategias de escape.

Ahora lo que tenía que pensar era cómo iba a seguir el vínculo con Xeno y con Stan. Ambos le dieron a entender que estaban bien con las dos posibilidades, con lo cual tenía que ver ella cómo se sentía los próximos días al respecto. Podría probar ambas, de tener un trato entre normal y distante, o de buscar algún acercamiento, y con eso ver cómo respondían. Quizás también podía comprobar si había alguna preferencia mutua, aunque Stan le había dejado bastante claro que por su parte sí, la cuestión era ver con Xeno. Se sentía muy extraño que pasen esas cosas con dos hombres al mismo tiempo, y que ambos lo sepan. Y aunque había sido muy caliente sentirlos a los dos tocarla juntos, si algo más pasaba, prefería que fuera por separado.

No les había preguntado cómo se habían sentido al respecto, pensó que como ellos habían iniciado ese juego al principio, se sentían cómodos con esa dinámica. Pero quizás no... O no era que les gustara particularmente repetirla. Podía ser un buen comienzo animarse a hablarlo con ellos. Ahora que lo pensaba, nunca había hablado esos temas con Xeno, el que estaba más suelto al respecto era Stan, como con todo lo demás. Aparte de eso, ahora tenía que pensar en cómo podía convencerlos de unir fuerzas con el equipo de Senku. Quizás... No tenía que dejar ese castillo todavía, podía ser una buena base para que todos vivieran ahí hasta que establecieran la ciudad del maíz para poder revivir a muchas más personas. Podía ofrecerse como mediadora, además de Gen. No sabía si era muy inocente, pero era una buena posibilidad de que todo terminara bien.

Kohaku se levantó finalmente, se vistió, y se sintió rara pero entusiasmada de saber que a partir de ese momento podía circular libremente por allí. No le había preguntado a Xeno qué pasaría con sus encuentros con Gen, pero suponía que tanto su conversación diaria como las enseñanzas de inglés seguirían normalmente. Al menos no se aburriría recorriendo todo el castillo, podía ser incluso un buen ejercicio para volver a activar su cuerpo, de tantos días que había pasado de forma sedentaria. Tenía un poco de hambre, así que se dirigió a donde estaba el comedor para ver si podía pedir aunque sea algunas sobras. Al menos ahora tenía un conocimiento básico del idioma inglés como para pedirlo con palabras y no con gestos, y aunque todavía recibía algunas miradas recelosas, se sorprendió de que otras personas la asistían con más amabilidad. No debía ser casualidad que aquellas personas eran las que más la veían estar alrededor de Xeno y de Stan, o que reconocían su predisposición a aprender el idioma de ellos.

En el camino se encontró con la mujer que reconoció como la que más vigilaba los movimientos de Gen, era altísima y muy musculosa, incluso le parecía que lo era más que Tsukasa, si la vista no le fallaba. Maya, se llamaba, y siempre le había resultado curioso que parecía tener un hambre sin límites, o casualmente siempre la veía comiendo un pedazo de carne. Si ella estaba comiendo, es porque debía haber más, así que le preguntó si podía conseguir otro trozo de comida para desayunar. Por más que parecía intimidante, la guerrera de pelo largo le mostró una sonrisa abierta y relajada, y la guio ella misma, donde les dijo a sus compañeros que le dieran de comer. Los cocineros la miraron curiosos, no la habían visto nunca a Kohaku, pero habían oído de ella, y sabían que el particular pedido de hacer unas pizzas varios días antes de parte de Xeno, había sido para ella.

Le dieron un generoso y delicioso plato de comida, y ella lo comió ahí mismo, ya que no había nadie más. Cuando terminó, les devolvió el plato vacío, agradeciéndoles con su mejor sonrisa y unas palabras en inglés, lo cual los dejó sorprendidos, y se decidió a hacer su primera recorrida por el castillo. Aparentemente Xeno sí había corrido la voz de que ella podía moverse libremente, porque ya no sentía las miradas vigilantes de los guardias sobre ella, lo cual agradeció internamente. No sabía si tenía acceso a todo el castillo, así que solamente recorrió los pasillos, mirando disimuladamente las puertas que estaban abiertas para ver qué había en cada una. Volvió a encontrarse la enfermería, el laboratorio y la sala principal, además de conocer una sala con maquinarias que bien podía ser un taller, el cual le hizo recordar cariñosamente al viejo Kaseki y a Chrome, seguramente admirarían encantados aquel lugar. No se encontró ni con Xeno ni con Stan en el camino, así que volvió a su habitación, pensó que luego podría preguntarle directamente a alguno si le podía mostrar más de aquel enorme lugar.

Por su parte, los dos líderes estaban en el taller subterráneo, donde el genio artesano Brody y sus ayudantes estaban progresando en terminar el submarino. Todo iba acorde a los planes y a los tiempos programados, por lo que lo único que faltaba era que Stan organizara el plan de ataque con el resto de la élite militar. Se fueron de allí satisfechos con la situación, y mientras volvían al estudio de Xeno, Stan le preguntó a su amigo algo que nunca había dejado de pensar.

- ¿Cuándo vas a decírselo, Xeno?

- Sé más específico.

- Vamos, no te hagas el tonto. A Kohaku, cuándo vas a decirle la verdad. Que asesinamos a su querido Dr. Taiju... o, mejor dicho, Dr. Senku.

- A su debido tiempo, cuando sea más conveniente.

- Será tu responsabilidad decirle, ya que tú te negaste a hacerlo en un principio, pero no sé qué estás esperando. Cuánto más tardes, será peor, esto se nos está yendo de las manos.

- Puede ser, todavía no puedo creer que lo de anoche realmente sucedió.

- Ni yo, pero eso no cambia la situación. En todo caso la empeora. Sabes que nos va a odiar después de enterarse. ¿Qué estás esperando?

- No lo sé, Stan, esto es jodidamente complicado –le respondió frustrado.

- Te está empezando a gustar la pequeña Miss Kohaku, admítelo. Mierda, vi cómo la miraste ayer, el brillo en tus ojos, la tocabas como si fuese un tesoro…

- ¿Y quién eres tú para hablar, que no le quitaste la boca de encima?

- ¿Huelo celos? –Preguntó Stan con tono burlón.

- Podría decir lo mismo de ti, no te creas que no noté cómo te cambió la mirada después de ver lo entusiasmada que estaba ella por sentirme. Te haces el superado, pero no admites que no quieres verme con ella –le respondió altivo el científico.

- Claro que no quiero, pero no depende de mí solamente. Ya te lo dije, cada uno jugará sus mejores cartas, y la que decidirá después de todo es Kohaku, se nota que está interesada en ambos. Pero una vez más, nada de esto importará luego, todo va a cambiar cuando ella se entere de la verdad.

- Eso no lo sabemos con seguridad, aunque es lo más probable.

- ¿Cuán optimista eres? Como sea, Tienes que decírselo antes de que asaltemos el barco del club de ciencia juvenil. Vas a tener que hacerlo, porque cuando los apresemos y traigamos aquí, se va a enterar de todas formas

Xeno no respondió a eso, pero internamente sabía que era verdad. No era inocente, ni optimista, sabía perfectamente que la información iba a lastimar a Miss Kohaku, mucho. Él la había oído hablar de Senku, aunque por el motivo que fuere lo hubieran enmascarado como Dr. Taiju. El entusiasmo y agradecimiento que había en sus ojos, así como un profundo cariño y respeto, era evidente cuando hablaba de él, por lo que quedaría devastada al enterarse que estaba muerto desde hace varios días. Pero no podía… o, mejor dicho, no quería decírselo, esa joven era como encontrar una aguja en un pajar, no quería perderla. Además, valoraba la ciencia, creía en ella, por lo que sería fácil "educarla" y tenerla a su lado, gobernando el mundo junto a él. Pero con lo inocente y altruista que era, no había forma que de que eso sucediera si se enteraba que él había dado la orden de que Stan lo asesinara de un preciso disparo. Sí, su mejor amigo compartiría la culpa y el infierno con él, pero el que lo había decidido finalmente fue él.

- Toma lo de anoche como una despedida, para que ninguno de los tres se quede con las ganas –Dijo Stan en un tono más bajo– Le dijimos que piense si quería que pase algo más con nosotros, pero eso sólo durará hasta que se entere de todo. Una verdadera lástima.

- ¿Qué harás tú, Stan?

- ¿Yo? Disfrutarlo mientras dure, igual que tú supongo. No me siento culpable de eso, creo que ambos fuimos honestos con nuestras intenciones, y con lo que hicimos, yo más que tú. Pero habrá que despertar del sueño en algún momento.

- Fue un buen sueño –murmuró Xeno, mirando el cielo– Si Miss Kohaku fue capaz de hacernos discutir más de una vez, y hacernos tener este tipo de conversación, lo único que hace es reforzar la idea de lo especial que es. Hace unos días la maldecía por lo mismo, por enfrentarnos, aunque ella posiblemente no tenía idea que lo estaba haciendo. Pero ahora, y después de anoche, no puedo hacerlo más.

- Creo que nunca antes habíamos discutido tanto, en toda nuestra vida –se rió por lo bajo– no estuvo nada mal, estas cosas sirven para reforzar nuestras creencias.

- ¿Crees que tengamos alguna oportunidad de que lo entienda y nos perdone? No digo ahora, quizás no en varios meses tampoco. Pero, ¿crees…?

- Tú no eres de creer o no creer, sueles estar convencido, y sólo me pides de forma retórica la confirmación.

- Es verdad, pero esta vez escapa a toda regla, a toda previsión. Es una situación inédita, una que no puedo responder con ciencia, ni tú con tus magníficas habilidades. Esta chica, sin armas, escudos ni nada, nos puso en jaque, Stan.

- Entonces tendremos que pelear y disfrutar del juego hasta el final, aunque sea la única batalla que lleguemos a perder en nuestro nuevo mundo.

Unas horas más tarde, Kohaku había terminado de compartir el usual almuerzo y el mutuo aprendizaje de idiomas, y Stan le dijo que podía ir a encontrarse con Gen. El soldado le ahorró la pregunta que pensaba hacerle a Xeno de qué sucedería con respecto al mentalista y sus encuentros, diciéndole que eso iba a seguir las mismas reglas de siempre, que le habían dado libertad de circulación, no de comunicación. Así que le dijo que podía ir por su cuenta, pero que él le haría saber cuándo acabara el tiempo. Kohaku se levantó y se fue a la sala principal, donde Gen ya estaba esperando, y sin ocultar su cara de sorpresa al verla llegar sola, sin Stan ni otro guardia.

- No puedo esperar para escuchar esto, Kohaku-chan, ¿qué magia hiciste para que pudieras venir sola?

- Hola Gen –optó por ignorar la primera parte que fue lo que llevó a esa conversación con el líder– Tuvimos una diferencia de opiniones con Xeno sobre lo que es la libertad y el abuso de poder, y él mismo terminó ofreciéndome el libre movimiento por el castillo.

- ¿Por sí solo? Pero qué generoso. Mis respetos, Kohaku-chan, eres increíble.

- No tanto, Stan me acaba de decir que sólo ese beneficio, no significa que ahora pueda andar contigo siempre que quiera.

- Está bien igual, paso a paso. Esto quiere decir que confían tanto en ti que te están dando ese privilegio. Yo soy un traidor y me he unido a sus filas, pero tú sigues estando del otro lado, es más meritorio que te dejen conocer la base "enemiga".

- ¡Ja! Ya sabemos que desde el principio están buscando que cambie mi fidelidad. Y eso no sucederá, pero quería hablar contigo al respecto.

- ¿Qué se te ocurrió, Kohaku-chan?

- No quiero que escapemos –cuando vio los ojos de Gen abrirse de sorpresa, aclaró rápidamente– Quiero una alianza, de nuestros amigos con ellos.

- Todos queremos eso, mi querida Kohaku-chan.

- Ya lo sé, pero si simplemente escapamos, o nos rescatan, seguiremos siendo enemigos. Vi otra cara mucho más humana y amable de Xeno y Stan, sé que es posible llegar a un acuerdo. No digo que sea fácil, pero tenemos que intentarlo desde ese lado. Yo puedo hablar con ellos, convencerlos quizás, o al menos ofrecerme como mediadora. ¿Qué novedades tienes de Sen… "Dr. Taiju"? Me habías hablado de un porta-aviones.

Gen inspiró bruscamente con esa pregunta, pero trató de controlar su reacción. Kohaku no sabía nada todavía, pero él no podía decirle que Senku estuvo al borde de la muerte a causa de un disparo de Stanley. Se preguntó qué tenían en mente los líderes enemigos, como para todavía no decirle nada, pero eso sólo complicaba las cosas. La gran duda era si pensaban decírselo en algún momento, o si se enteraría por las malas.

- Sí, lo siguen construyendo, no es una tarea rápida.

- Pero cuentan con hombres de gran fuerza para agilizar el trabajo. Tsukasa, Hyoga, Mozu, Matsukaze, Taiju, Magma… cada uno de ellos adelanta el trabajo de diez hombres.

Gen tampoco podía decirle que Tsukasa, Hyoga y Taiju no estaban más en el barco, que junto a Ukyo y Suika se habían reunido con Chrome, y habían planeado construir un túnel para infiltrarse en el castillo y capturar a Xeno, además de rescatarlos a ambos. O podía, pero eso sólo llevaría a más preguntas sobre Senku, que por sus conocimientos científicos tenía que estar entre ellos sí o sí.

- Hmmm sí, pero recuerda que estamos en territorio enemigo y tienen que ser disimulados, no conocen el lugar ni los recursos, y no pueden revelar sus planes tan fácilmente y a la vista. Es un trabajo secreto, y por eso van lento.

- Oh, es cierto… espera. Entonces… si es secreto, ¿es porque planean atacar aquí con el avión que les robamos? –Vio a Gen apretar ligeramente los labios– ¡No! Y no tienen idea lo bueno que es Stan pilotando. Sí una vez, cuando casi nos dispara en el barco, pero créeme que eso no es ni una pizca de sus verdaderas habilidades. No son rivales para él, ¿no hay forma de detenerlos, de avisarles?

- Lamentablemente no, Kohaku-chan, pero… creo que te estás olvidando que los que inician las actividades hostiles contra nuestros amigos son justamente los que viven en este castillo, ya lo dije, esto es territorio enemigo. Se están preparando por si Stanley es el que ataca, lo cual es lo más probable.

- Pero entonces tengo que detener a Stan, convencerlo de que hablen antes, que tenemos intereses en común.

- Decirlo es más fácil que hacerlo. Ya lo hablaste con Xeno, ya sabes cómo piensa de su dominación mundial de este mundo de piedra, Stanley es su mano derecha, y quiere lo mismo. Y no olvides que incluso con Tsukasa, Hyoga y Mozu tuvimos que pelear duramente, antes de ser aliados. Con Tsukasa se llegó a una negociación en el momento límite, a Hyoga y les ganamos a la fuerza, no hubo diplomacia alguna allí. Y estos dos hombres de aquí son muchísimo más peligrosos, y nos superan ampliamente en poder, tienen muchas armas, el combate a distancia nos aniquilaría. ¿Crees que con que tú les pidas "por favor, hablemos con mis amigos pacíficamente" van a acceder y nos volveremos aliados? Ellos tienen las mejores cartas ahora –"y Senku está peleando por su vida, todavía" pensó– solamente podrían considerarlo si logramos ponerlos en una situación vulnerable también. Ya rechazaron una negociación pacífica, según escuché apenas llegué aquí.

- ¿Pero si son tan invencibles, entonces cómo lograremos eso? –Preguntó muy preocupada.

- Eso es lo que nuestros amigos están analizando, Kohaku-chan, ya sabes que siempre buscan el camino en que no corra sangre. Tenemos que confiar, y hacer aquí lo mejor que podamos.

- Sí, entiendo. Esta es la primera vez que no quiero una pelea –dijo con tristeza.

- Hubiera sido más fácil si fueran hombres fríos sin una pizca de piedad, ¿eh? Pero si Xeno te besó el otro día, te demostró que tiene un corazón tal como cualquiera de nosotros.

Kohaku se sonrojó intensamente, sin poder evitarlo, lo cual llamó la atención de Gen. Ella tampoco le había dicho que el científico la había besado una segunda vez justo después de la charla que tuvieron, ni que hablar de todo lo que sucedió después, y que hasta accedió a dormir en su habitación. El mentalista se había quedado muy atrás con los hechos, no tenía la menor idea de que, lejos de ser frío, Xeno escondía una calidez y una pasión que excedían su motivación científica.

- Kohaku-chan, ¿está todo bien? –Le preguntó inocente Gen– Sé que fue tu primer beso, pero ¿tanto así te abochorna?

- No es eso, Gen. Es… –No, no podía decirlo, así que cambió de enfoque– Puedo ver que Xeno es como Senku, pero mucho más desilusionado con la vida. Ya me dijo el por qué, pero es como si eso lo hubiera cerrado en todos los demás aspectos, y lo volvió despiadado. Pero no es así realmente… en cierta forma pienso que es como lo que había pasado con Tsukasa, y míralo ahora cuánto cambió cuando recuperó a Mirai. Y pienso parecido de Stan, aunque ahora me doy cuenta que no me dijo nada de su pasado, así que no puedo sacar conclusiones. Entiendo su indiscutida lealtad con Xeno, si a mí me cuidó con interés genuino, mucho más de lo necesario para un rehén, y hasta está usando parte de su tiempo en aprender japonés para comunicarse conmigo, y sé que no solamente es por estrategia, lo veo en sus ojos.

Kohaku soltó todo eso, se quería desahogar de alguna forma, esas cosas eran la que más le angustiaban. No era inocente, sabía que los tres habían planeado un juego de confianza entre sí, pero había vivido con ellos esos pequeños momentos que, dada la incomodidad, se habían dado cuenta que ya muchas cosas estaban fuera de todo planeamiento. Los ojos de ellos no podían mentir, así como tampoco sus labios, ni sus caricias. Conociendo a Gen, que era un experto mentiroso y manipulador, siempre tuvo el instinto acertado de cuando alguien era falso o no decía las cosas desde el corazón. Era difícil de explicar, pero las acciones genuinas tenían otras energías más atrayentes, que "se sentían bien" en el cuerpo. Y esa misma diferencia había sentido con el correr de los días cada vez que interactuaba de forma más personal con Xeno y Stan, eso era de lo que ella quería más, no solamente disfrutar del placer de su cuerpo. Era agradable, pero era lo de menos.

Mientras se debatía con sus pensamientos, vio la figura de Stan acercarse, y Gen también lo notó. Pero el soldado se había parado a una buena distancia, sin dar señales de estar apurándolos, sólo cruzó unas palabras con Maya, sonriéndose mutuamente, y Kohaku no le pudo quitar la vista de encima, mientras más de esas reflexiones cruzaban rápidamente por su mente, y cuando sus ojos se encontraron tampoco corrió la mirada. Al menos no hasta que Gen llamó su atención, sorpresivamente apoyando una mano en su mejilla, y suavemente la atrajo hacia él. El mentalista había percibido también el cambio en los ojos de ella, no había una pizca de intimidación o de recelo ya, había sucedido algo más de lo que él no estaba enterado, y por algún motivo Kohaku no pensaba decírselo. Acercó su boca al oído de la rubia, para decirle con voz apenas audible:

- Sé que te estás guardando algo, Kohaku-chan –la sintió tensarse, con lo cual confirmó su hipótesis– Pero no te preocupes, confío en ti. Sabes que estaré siempre para ti, cuando necesites. Sé fuerte y sigue tu instinto, nunca te falló hasta ahora. Quizás esta vez tú tienes el poder de evitar una batalla, y de que todos salgan ganando.

Gen le dijo eso, pero sabía que era una verdad a medias, porque eventualmente ella iba a sacar toda su furia de adentro al enterarse de lo que le habían hecho a Senku. Pero, por otro lado, era cierto que podía llegar a evitar una mayor tragedia, si en el tiempo en que seguía inocente del destino que había sufrido el peliverde, lograba hacer mella en los líderes enemigos, y al menos los hacía dudar de no ser tan brutales en su próximo ataque. Le dolía en el alma ocultarle la verdad, pero necesitaba la luz que sólo ella podía mostrarles ahora, y la necesitaba en todo su esplendor. De seguro eso mismo era lo que les debía estar doliendo a los estadounidenses, "que les queme con todo", pensó.

Vieron a Stan acercarse, pero lo que los sorprendió a ambos, fue que no lo hizo para separarlos, sino para decirles que siguieran con las lecciones de inglés que Gen le daba a Kohaku, y que cuando terminen le avisaran, así podía continuar él con el mago. Dicho eso, se volvió a ir.

- Está bastante relajado, Stanley –murmuró Gen, mientras iban a la mesa que tenían designada para eso– Más de lo que esperaba. Creo que lo motiva que puedan hablar más fluidamente ahora.

- Sí, me sorprende lo rápido y bien que aprende, incluso puede decir frases bastante más largas.

- Es muy exigente, conmigo y con él mismo –suspiró– incluso me guía a qué tipo de vocabulario quiere aprender, o qué oraciones armar. No dudo que es de las personas más inteligentes que he conocido, no tiene sólo puntería y fuerza de combate. Tú también aprendes rápido, Kohaku-chan.

- Pero me cuesta más hablar que entender, eso me molesta.

- Es lo normal, muchas pronunciaciones no existen en nuestro idioma, lo mismo le pasa a Stanley. ¿Y por qué no le propones que él hable en inglés, y tú en japonés? Sé que suena raro, pero es mejor que forzarse a hablar algo que les cuesta.

- Sí, podría funcionar, pero perderíamos práctica. Él no tiene que hablar japonés con nadie más aquí, y lo mismo yo.

- Siempre tan entusiasta, Kohaku-chan. Pero en ese caso puedes decirle que haga esa mezcla de idiomas cuando necesite. Podría ayudar a que hable más contigo, si no le cuesta tanto expresarse.

- Buen punto Gen.

Cuando se acercaron a la mesa, los ojos de la rubia se dirigieron al grabador que había allí, que todavía estaba apagado, y Maya lo encendía apenas empezaban. No era broma que Xeno iba a vigilar sus conversaciones, aunque no sabía si las escuchaba enteras. De pronto, una gran idea acudió a la mente de ella.

- Oye, Gen… tú tienes la habilidad del "mimetismo vocal", ¿no? ¿Para cualquier tipo de voz? Digo, hombre o mujer.

- Sí, así es, aunque tampoco es perfecto. ¿Qué estás pensando?

- Tengo una idea, pero primero tengo que pedirle a Xeno si puede prestarme otra de éstas. Si accede, voy a necesitar que me grabes algo en inglés, yo me encargo del resto.

- Cuánta intriga me das con eso, Kohaku-chan.

- Lo sé, pero déjame pensarlo un poco más antes de decirte. Voy a necesitar mucha práctica para lo que quiero hacer, es algo nuevo para mí.

- ¿Vas a apuntar directo al corazón de alguno de tus captores? –Preguntó Gen con una sonrisa maliciosa.

- Puede ser, tengo que intentarlo. ¿Empezamos con esto?

- Claro.

Luego de la extensa lección, en la cual Kohaku parecía más motivada que nunca, se estiró y se levantó de la silla. Pero mientras lo hacía, sintió que algo le estaba "bajando" internamente, y frunció el ceño al darse cuenta lo que podía ser, justo unos días después de que le doliera la parte baja del abdomen. Incómoda, disimuló lo más que pudo, pero no le iba a quedar otra opción que pedirle a Xeno alguna tela para colocarse entre su ropa interior. No debía ser ajeno al tema porque había varias mujeres entre los habitantes del castillo, pero de todas formas el hecho de no poder resolverlo ella sola le molestaba.

Se fue a buscar a Stan para avisarle que ya había terminado, y le preguntó si sabía dónde estaba Xeno. El soldado le dijo que seguramente estaba en el laboratorio, y ella se dirigió hacia allí. Efectivamente lo encontró, observando unos planos que con cierto disimulo tapó en cuando la vio entrar.

- Miss Kohaku. ¿Disfrutando un recorrido por el castillo?

- No exactamente, eso ya lo hice en parte a la mañana. Vine ahora a pedirte unas cosas.

- Dime.

- ¿Hay posibilidad de que me des por unos días otra de esas grabadoras? Como la que está en la mesa donde vigilas las conversaciones de Gen y mías.

Fue perfectamente a propósito el decir que los "vigilaba", pero lo dijo con su cara más inocente, una de la cual el mentalista estaría más que orgulloso. Xeno, por su parte, se sorprendió visiblemente.

- Puede ser. ¿Para qué la quieres?

- Necesito grabar algo que Gen diga en inglés, para que yo lo practique –estaba siendo completamente sincera, aunque sin dar ningún detalle, dejándolo con la intriga.

- Ya veo –la miró fijo un momento, para ver le explicaba algo más– ¿Tiene que ser Míster Gen el que lo grabe?

- Preferiría que así fuera. Puedes dársela a él, y después me la da a mí, no es algo que tengamos que grabar juntos. Pero como no quiero molestarlo más horas con eso, se me ocurrió que podría usar ese genial objeto científico que hiciste para que sea más cómodo. No te preocupes, no saldrá de mi habitación una vez que me lo de.

- De acuerdo, confiaré en ti –le dijo con una pequeña sonrisa. Estoy trabajando, pero luego se lo daré a Míster Gen, tal como pides.

- Gracias, Xeno. Y, mmm, otra cosa –se sonrojó un poco– Necesito algunos trozos de tela pequeños, para no manchar tanto la ropa… de sangre. No estoy herida, yo…

- Sí, eres una mujer, sé a lo que te refieres –Stan había acertado diciendo que estaba próxima a esos días, habían estado muy cerca– De acuerdo. ¿Sabes dónde está la enfermería?

- Sí, la vi a la mañana.

- Bien, entonces puedes tomarlas de ahí. Hay un cajón de madera en una esquina, ahí hay varias toallas de tela destinadas a ese fin, además de ropa interior nueva, las mujeres de aquí disponen libremente de ellas. Supongo que también lo hacías así en tu aldea.

- Está bien, sí. Gracias, Xeno –le sorprendió lo previsores que eran al respecto– No interrumpo más tu trabajo entonces.

- No molestas –le sonrió ligeramente– Hay ciertos trabajos que requieren toda mi atención, pero si te interesa, puedes venir y observarme, aprenderías la mejor ciencia a mi lado… hasta podrías ser mi asistente.

- Suena interesante, siempre ayudaba a mi líder científico –esa forma de nombrarlo era más fácil para evitar equivocarse de nombre– y seguro es más entretenido que estar sola o dando vueltas por el castillo.

- Bien –La mención de Senku lo tensó internamente, recordando su reciente conversación con Stan– Entonces dejaré la puerta abierta del laboratorio o de mi estudio cuando puedes venir, y si la encuentras cerrada es porque no debes interrumpirme, salvo alguna emergencia, ¿de acuerdo, Miss Kohaku?

- Entendido. Hasta luego, Xeno.

Eso había resultado mejor de lo que esperaba Kohaku, contaba con que el científico le pidiera más explicaciones por lo de la grabadora, pero por suerte no fue así. Le resultó curioso lo natural que habían hablado, como si no hubiera pasado nada, y se sintió aliviada por que pudiera ser así, aunque también se preguntaba si él iba a hacer algún otro avance como había hecho Stan a la mañana cuando quedaron solos… o si quizás ella tendría que hacerlo. Ahora que lo pensaba, podía sorprenderlo demostrando alguna iniciativa, en especial con el cambio de plan que se había propuesto, pero maldecía mentalmente que justo estuviera empezando esos días tan incómodos, más en un lugar ajeno. Podía seguir ese trato casual hasta que pasaran, y mientras tanto ir pensando otras formas de acercarse a él. Por lo menos sabía que podía acompañarlo algunas veces cuando estaba trabajando con su ciencia.

Se dirigió a la enfermería para buscar las dichosas telas y alguna otra braga, y fue a la habitación que estaba designada como baño para cambiarse y asearse, aunque más bien había dos de esos por piso, uno para hombres y otro para mujeres. Luego, volvió a la sala donde todavía debían de estar Gen y Stan juntos, y se sentó en un rincón a esperar que terminen. Los observó atentamente, por primera vez viéndolos interactuar, y sonrió al ver a Gen, que era muy paciente y bueno enseñando. Era cierto que el soldado prestaba mucha atención, aunque tuvo que contener una risa cuando lo vio hacer un gesto de frustración y rascarse la cabeza ante una negativa de Gen. Así que también tenía ese tipo de cara, seguro que para el mentalista resultaba muy divertido y satisfactorio verlo haciendo algo en lo que no podía demostrar superioridad con toda su confianza. Sabía que tenía sentido del humor, pero igualmente le sorprendía ese lado relajado de él.

Cuando los vio terminar y esperó a que Stan se fuera, que no se había percatado de la presencia de ella, Kohaku se acercó a Gen y le dijo que Xeno le iba a dar una grabadora. Le indicó lo que tenía que hacer con ella, y el mentalista abrió mucho los ojos ante su plan, pero luego sonrió ampliamente, y le dijo que iba a hacerlo lo mejor que podía. Como no quería abusar de sus encuentros con él, la rubia lo saludó y se fue a su habitación.

Al día siguiente, tal como habían quedado, Gen le dio la grabadora lista a Kohaku, y ella prometió ponerse a practicar enseguida. Hizo una recorrida por el castillo una vez más, esa vez acompañada de Stan, que se ofreció a mostrarle los lugares que tenía permitido ir, ya que había algunos sectores dedicados a las habitaciones de los que vivían allí. Conoció también al artesano y mecánico Brody, que le generó una buena impresión, mucho más relajado y amable que otros, y pudo sentir que le dedicó una secreta sonrisa que no supo descifrar, pero parecía ser genuina.

Los próximos cuatro días, los dedicó de manera similar, haciendo al menos una visita diaria a Xeno. Por más que él intentara explicarle lo que hacía, Kohaku no entendía ni la mitad, y para colmo el científico hablaba demasiado y con muchas palabras difíciles, así que ella se limitó a asentir cada tanto, a veces fingiendo interés y entendimiento. A pesar de eso, encontraba agradable y entretenido estar ahí, y cuando Xeno se concentraba en su ciencia, tenía un bonito brillo en sus ojos oscuros, aun cuando lo veía tachar con su lápiz y escribir incontables fórmulas que parecían muy complicadas, como si nada. La actividad de Kohaku como asistente se reducía a alcanzarle cosas, frascos o utensilios, podía hacer mucho más que eso, pero él había insistido en que no quería que haga fuerza exagerada que pudiera ocasionarle una molestia en el costado de su cuerpo. Agradecía su consideración, pero Xeno no tenía idea que ella podía resistir perfectamente eso y más, los golpes y el cansancio muscular no le eran ajenos.

Las horas del día pasaban más rápido que antes, entre los momentos que compartía con Gen, Stan y Xeno, además de su práctica secreta con la grabadora y su recorrida diaria por el castillo. Para cuando se le había terminado su período se sintió mucho más cómoda y relajada, e incluso se animó a hacer algunos ejercicios físicos, para volver a fortalecer su cuerpo de a poco, luego de tanto tiempo sin entrenar.

Una tarde poco antes del atardecer, en su ya regular visita diaria al laboratorio de Xeno, notó que se apoyaba seguidamente una mano en la nuca, frunciendo el ceño con una evidente cara de molestia.

- ¿Estás bien, Xeno? ¿Te duele el cuello?

- Sí, Miss Kohaku, pero debe ser una contractura, me pasé demasiadas horas en la misma posición, sin descansar.

- Hmmm, ya veo.

Se lo veía cansado, y más ojeroso que de costumbre, además de más callado. Fue entonces que a Kohaku se le ocurrió una idea, que podía aprovechar para acercarse a él finalmente. Se levantó de la silla en la que solía sentarse, y caminó detrás de él. El científico no se inmutó, hasta que ella apoyó las manos en los hombros de él, sobresaltándolo.

- ¿Qué hace, Miss Kohaku? –Preguntó con cautela, hacía días que ella no intentaba acercarse a él más de lo necesario, llevándolo a pensar que había decidido seguir adelante como si no hubiera pasado nada entre ellos. No se iba a quejar ahora, disfrutaba tenerla cerca.

- Bueno… si estás cansado y adolorido, pensé que podría hacerte un masaje –Retiró sus manos, preocupada porque lo sintió tensarse, quizás tendría que haberle pedido permiso antes– ¿Está bien si lo intento? No es algo que suelo hacer, no sé si lo haré bien…

- Qué considerada y elegante propuesta –finalmente sonrió un poco– sí, te agradezco, Miss Kohaku.

Xeno se sentó en la silla tras una mesada de madera que le servía de escritorio, y Kohaku trató de recordar las dos ocasiones en que Stan la había masajeado, y los movimientos que había hecho que se habían sentido tan bien, para imitarlos lo mejor que podía. Apoyó sus manos en el largo y fino cuello de él, y comenzó a dibujar unos pequeños círculos con sus pulgares. Vio a Xeno cerrar los ojos y soltar un suave y largo gemido con la boca cerrada, que le pareció que fue de puro gusto. Continuó unos minutos más así, repitiendo ese sutil movimiento también con la punta de los otros dedos, y el científico dejó caer su cabeza hacia adelante, relajado y con una pequeña sonrisa en el rostro. Aunque Kohaku encontró un poco incómodo continuar con toda la ropa que él tenía, en especial ese grueso saco negro, y el cuello de su camisa.

- Xeno, ¿puedes sacarte esto? –Le tiró suavemente del saco– Perdona, pero es un poco molesto para seguir, y parece que voy bien, me gustaría continuar si te está aliviando.

- Sí, muy bien –murmuró apenas entreabriendo los ojos, y mirándola de reojo.

Esa mirada que le dedicó el científico la hizo respirar profundo, trayéndole recuerdos poco inocentes de la última vez que la había mirado de esa forma, pero trató de concentrarse en su tarea. Xeno accedió a sacarse el saco, y también se quitó la corbata, además de aflojar los primeros dos botones de su camisa. Kohaku sonrió para sí misma al notar lo predispuesto que estaba, evidentemente quería más de eso. Reanudó el masaje, continuando en la base de su cuello, y poco a poco extendiendo sus movimientos hasta los hombros, siempre por encima de la tela de su ropa, que fluía mucho mejor que sobre su piel. Le escuchó soltar un largo "mmmm" ronco, que la incomodó un poco porque no pudo evitar una ola de calor dentro de ella.

- ¿Puedes bajar un poco por la espalda, Miss Kohaku? –Le preguntó en un tono suave, totalmente relajado.

- Sí.

- Gracias, se siente bien, me está aliviando bastante. No eres mala en esto, continúa tal como estás haciendo.

- ¡Ja! Qué bueno –dijo con entusiasmo, contenta de hacerlo bien.

Tal como le había pedido, Kohaku comenzó a bajar sus manos por la espalda de él, agrandando el movimiento de sus círculos, y recorriendo toda su espalda, sintiendo los delgados pero firmes músculos de Xeno bajo sus dedos. Estaba muy concentrada en su tarea, o al menos hasta que lo escuchó hablar luego de otra expresión de gusto.

- Más, utiliza más presión.

Pese a estar disfrutándolo muy relajadamente, Xeno sonrió con un poco de malicia por cómo se había dado vuelta la situación, recordando aquella vez en que el incómodo con las expresiones de gustos por la rascada de espalda de Miss Kohaku había sido él. Podía cobrarse aquella vergüenza un poco más, y ver cómo ella reaccionaba. Dejó salir, adrede, un gemido más largo y sonoro, que sin dudas hasta a él le había parecido sugestivo. Notó que la joven titubeó.

- No te detengas, sigue así Miss Kohaku –sonrió internamente, y estiró una mano hacia atrás, dándose cuenta que cuando hizo contacto con ella, le había tocado la cadera, por la pronunciada curva que había allí.

- S-sí…

Kohaku respiró hondo una vez más, pero esta vez para calmarse. Agradecía que el científico no la estaba viendo, porque tenía el rostro muy colorado. Y lo peor de todo era que cada minuto que pasaba, se le hacía más inaguantable el agradable tirón en su bajo abdomen que sentía al escucharlo y verlo derretirse bajo sus dedos, pidiéndole más. La rubia se preguntó si era normal asociar un masaje a cierta otra escena íntima, pero no podía evitarlo, y menos cuando Xeno lo estaba gozando demasiado. Bueno, ella también se había sentido muy bien con los masajes de Stan, pero no había sido tan vocal y demandante, lo había disfrutado en silencio mayormente. Y no ayudaba para nada la mano de él en su cadera, que terminó relajándose y dejándose caer recorriéndole el lado exterior de su muslo. ¿Lo estaría haciendo a propósito, para provocarla? Estaba funcionando, sin duda. Se mordió el labio, y miró a la puerta… alguien podría pasar por allí en cualquier momento. Bueno, ella había pensado que quería también probar de iniciar algo con él, podía aprovechar el momento.

Suavemente, se inclinó mientras continuaba con los masajes en la espalda baja de Xeno, cada vez más cerca de su cuerpo. Se animó un poco más, y depositó un suave beso en el costado del cuello de él, y lo sintió estremecerse y jadear de sorpresa. El científico pareció despertar de su estado tan relajado, y giró la cabeza, quedando sus rostros a pocos centímetros.

- Miss Kohaku, tú…

Pero no terminó su frase, porque Kohaku lo interrumpió apoyando sus labios sobre los de él. La rubia no sabía si moverse o no, pero no tuvo que pensarlo mucho, porque Xeno se enderezó lentamente, y posó una mano detrás del cuello de ella, mientras le correspondía con otro beso. Gimió suavemente en la boca de él, aliviada de que no la cuestionara, sino que incluso él había apoyado las manos en su cintura, y lentamente la estaba guiando para sentarla sobre él. No podía creer lo rápido que estaban pasando de un masaje relajante a una situación bastante más caliente, era como si los dos lo hubieran estado ansiando secretamente. Cuando él bajó un poco más sus manos y apretó firmemente los dedos en las caderas de ella, Kohaku soltó otro jadeo, lo cual Xeno aprovechó para profundizar el beso e invadir su boca con su lengua. La joven rodeó el cuello del científico con ambos brazos, y trató de sentir un poco más de alivio para el tirón que sentía en la parte baja de su cuerpo al presionarse más fuerte contra él, haciéndolo gemir roncamente.

De pronto, sintió que Xeno movió un brazo, y escuchó tras ella el sonido de varios papeles volando y lápices golpeando el piso, y sólo unos segundos después la posición de su cuerpo cambió. Había sentido un ligero vértigo de irse para atrás, mientras Xeno la sostenía con fuerza sin dejar de besarla, pero cuando efectivamente sintió algo sólido y duro contra su espalda, abrió los ojos, confundida. Se dio cuenta de que estaba recostada en la mesa, y tenía al científico encima de ella, aunque de pie, entre sus piernas. Oh… no se esperaba eso. No pudo pensar nada más, todo pensamiento lógico la abandonó cuando él volvió a besarla apasionadamente, mientras colocaba una mano debajo de su cintura para atraerla a él, y deslizaba la otra mano a lo largo de su muslo, acariciándolo y levantándole parte del vestido en el acto. No dejaba de descolocarla cuando el estoico científico pasaba de una actitud serena a esa intensidad, y aun así podía sentir que sus caricias y besos seguían siendo delicados, cautivadores… elegantes.

Dejándose llevar, se abrazó a la espalda de él, y rodeó su cadera con su pierna libre, deleitándose con el gemido de dejó salir, y cuando entreabrió los ojos ligeramente, se sorprendió de ver una sonrisa en el rostro del científico. Su respiración se cortó brevemente cuando lo sintió empujar su entrepierna contra la de ella, ese roce glorioso que siempre la hacía sentir de maravillas. Pero justo cuando pensaba corresponderle e imitar el movimiento hacia él, se escucharon unos pasos resonar en el pasillo. Ambos se congelaron por un momento, en medio de su situación caliente y muy comprometida, pero Xeno fue más rápido esa vez, se enderezó y tiró de Kohaku para levantarla de la mesa, y sin soltarla la arrastró unos pasos hasta ubicarse detrás de unas largas cortinas, sosteniendo la cabeza de ella contra su pecho, ocultos por si alguien lo buscaba.

Kohaku, que apenas estaba procesando el repentino cambio de situación, podía sentir el corazón del científico martillar contra su oído, y trató de oír lo que sucedía afuera. Por suerte para los dos, los pasos siguieron de largo, y solamente cuando dejaron de escuchar su eco fue que se relajaron. Y pensando que nada más podía sorprenderla, escuchó de pronto una risa apenas contenida de Xeno, y lo miró con curiosidad cuando él aflojó el agarre de su cabeza. Tenía los ojos brillantes, las mejillas muy sonrojadas, y una sonrisa incrédula que le adornaba el rostro. Kohaku quedó boquiabierta, era una imagen de él mucho más… emocionada e inocente, de lo que le había visto nunca. Cuando ella le devolvió la sonrisa, sin terminar de creer todo lo que había pasado en sólo un par de minutos, él le dio un último y largo beso, antes de soltarla, todavía luciendo casi divertido.

- Por poco nos atrapan, Miss Kohaku.

- S-sí…

- Esa hubiera sido una de las situaciones menos elegantes de mi vida, hace mucho que no me sentía así –levantó una de sus manos, y comprobó que le temblaba ligeramente, de tanta adrenalina.

Unos minutos después, cuando ambos se calmaron, Xeno volvió a su expresión natural, mucho más seria, pero todavía había vestigios de una mínima sonrisa cuando la miraba. El calor que sentían se había disipado, y Kohaku decidió que lo mejor era irse de allí, antes de que apareciera Stan o alguna otra persona se diera cuenta de que algo había pasado entre ellos, casi a la vista de cualquiera. Trató de caminar casualmente hacia su habitación, aunque por dentro quería correr a toda velocidad, de sólo pensar lo que había sucedido el corazón se le volvía a acelerar. Cuando finalmente llegó, se tiró en la cama, y no quiso salir más, rememorando incrédula la inesperada pasión del científico.

O el tiempo pasó demasiado rápido, o no se dio cuenta de cuánto estuvo allí tendida, pero solamente salió de su ensimismamiento cuando vio a Stan entrar en la habitación con la bandeja de comida en la mano. Ni siquiera lo había oído, aunque a decir verdad él siempre era muy sigiloso en sus pasos.

- ¿Todo bien, Kohaku? –Preguntó, al verla recostada, era raro encontrarla así– ¿Te sientes bien?

- Sí, gracias Stan. Estaba… descansando –se sentó en la cama, y le sonrió lo más normal que pudo, pero lo vio estrechar ligeramente los ojos y mirarla fijo varios segundos, aunque no le preguntó nada más.

- Ok. Comamos.

Casi no hablaron, era evidente que Stan estaba convencido de que algo había pasado y ella no pretendía contarle, con lo cual se quedó bastante serio comiendo y mirándola de reojo cada tanto. Pero Kohaku apenas si lo notaba, todavía absorta en sus pensamientos. Para Stan era raro que ella estuviera así de callada y perdida, por lo que sospechó que la actitud de ella tenía algo que ver con Xeno, o algo que la hubiera impactado, pero no fuera precisamente malo, porque no le veía los ojos angustiados, con lo cual podía descartar que su amigo le había dicho de la muerte del líder enemigo. Como no iba a resolver nada sólo con conjeturas, esperó a que ella termine de comer para llevarse las cosas, fumando un cigarrillo para lidiar con su sombrío humor, sin importarle si la molestaba con el olor o el humo. Lo terminó al mismo tiempo que ella su comida, y se despidió con un saludo breve, sin molestarse en cerrar la puerta tras él.

Kohaku se puso de pie y se acercó a la ventana, para no estar tanto tiempo recostada. Fue consciente, aunque demasiado tarde, de que Stan se había ido con una actitud mucho más fría de con la que había llegado, y se sintió un poco culpable, ya que él se estaba tomando la molestia de llevarle la comida y cenar juntos porque ella había insistido en que quería seguir así a pesar de tener la libertad de ir al comedor, y esa noche lo había ignorado completamente. Pero no pudo evitarlo, porque lo único en lo que podía pensar, era en cuándo volvería a ver a Xeno, realmente quería terminar lo que habían empezado. Y cuando miraba a través del enorme y cristalino vidrio, sus ojos captaron allí en el reflejo una oscura silueta tras ella. No se asustó, ya que su fina visión captó perfectamente a quién le pertenecía, y era a quién más esperaba en ese momento.

Buenaaaaaas! Vaya vaya… ¿huelo a quemado? Jajajaja. Ay, las hormonas adolescentes, encendidas como las chispas de la pólvora al ser golpeadas por la pirita de hierro… xD. Bueno, me di un merecido semi-descanso de escribir esta primera semana del año… pero ahora tengo tantas ideas y material, que ya ven cómo me pongo con +10k de palabras jaja (aunque vengo escribiendo a ritmo lento, estoy modo pereza). Gracias totales por leer, siempre, y en especial a los bellos comentarios que dejan, siempre se agradecen de corazón porque motivan más a escribir y no colgar!

Ahora a actualizar el Stanhaku. Y… hay una sorpresita que espero que sea muy divertida y emocionante en un nuevo (y corto) fic que se viene, más bien Senhaku pero con mi estilo lleno de referencias al manga, y como que me dieron ganas también de actualizar "Dominios de placer". Veremos veremos, qué encontraremos… Hasta el próximo capítulo!