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Aún puedo sentir adentro el desconsuelo de aquella tarde; la impresión de haber sido aplastada por una roca monstruosa, que me costó la estabilidad emocional por varios días. Resultaba frustrante, además, que buscando cumplir la promesa hecha a una compañera y amiga -por no hablar del secreto al que me obligaba la ética de mi ocupación-, me hallé de improviso entre la espada y la pared.

—No quise adelantarme a los acontecimientos y sinceramente, confié que me dirías la verdad —aquel ceño fruncido en mi comandante me turbó; aunque me observara desde abajo, sentado tras el escritorio de su alcoba y su posición fuera inferior a la mía, de pie—. Al contrario de cuanto esperaba y para confirmar mis dudas, tuvo que venir Levi a confesarme las inusuales pesadillas de su compañera… ¿Por qué no me advertiste a tiempo, Hanji?

—Disculpa, Erwin. Créeme que lo siento, pero se trata de un derecho a la confidencialidad que tiene Petra como paciente —suspiré, declarándole sin ambages mis razones—. No me corresponde violarlo. También debo respetar su decisión, por arriesgada que parezca. Ya podrás quitarla del Cuerpo una vez que regresemos.

—¡No es tan simple! ¡Iremos a una misión completamente distinta de cuantas se han realizado! Podría tolerarlo si se tratara de una rutina, pero está lejos de ser una simple contienda ¡No voy a enviarla en esas condiciones directo a la muerte! —raras veces me alzaba el tono y entendí su conflicto— Mírame como quieras; piensas que no me importa, que puedo mandar a cualquiera a dar su vida y quedo tan conforme, si es por la humanidad. Esperaba verme de otra forma a tus ojos, Hanji. Sí, debo sacrificarlos en nombre de un bien mayor, pero ¿crees que no me afecta?

—Lo sé. Nadie conoce de tu suplicio interno, de cómo te remuerde muy adentro cada mala decisión; que siquiera es culpa tuya, porque al final el desenlace con los titanes nadie alcanza a preverlo —de repente precisé buscar apoyo con ambas manos en la superficie de madera, e inclinándome, dije luego de un suspiro—. Comprendo que no desees llevar ese cargo en la conciencia, si algo llegara a suceder. Ahora, hablamos de que Petra es libre de hacer su elección, tal como yo cuando estuve gestando —quise hacerle notar la cruda realidad femenina, si bien no era del todo ajeno a ella—. Erwin…, aunque te parezca mentira, no es la única que se ha lanzado a la batalla con el vientre ocupado. Siempre fue una cuestión desesperada para las mujeres la de abandonar ejército y pareja, o seguir adentro, pero sacrificando el fruto de sus entrañas.

—Ya tuve suficiente con haber aceptado tu elección, por no hablar de las barbaridades que hiciste y casi te matan —había comenzado enfrentándome con la mirada, pero acabó por desviarla a sus papeles—. No importa si piensas que soy débil. Me niego a inmolarlos.

—¿Por qué te aferras a la idea de que Petra morirá? Quizás deberías confiar un poco más en sus capacidades, o esa fuerza que le brinda su amor por el capitán.

—Si el amor fuera un escudo inquebrantable, no tendríamos bajas.

—Permite que la chica se despida de la vida militar con dignidad y tenga su pelea junto a Levi —sugerí, añadiendo respetuosa—. Y no eres para nada un hombre débil. Acaba de entenderlo, deja de luchar contra tu propia humanidad.

—Puedes retirarte, Hanji. Prepara las armas de captura —me despidió, gravemente incómodo—, no quiero imprevistos.

—¿Uh, así, sin más? ¿Estamos en tu habitación y me tratas como una subordinada? ¿Qué pasa, Erwin? —arremetí con ambas palmas contra la superficie de su escritorio— Si te parece que mi forma de actuar es tan enojosa, como para echar por tu ventana todo lo que hemos enfrentado juntos, dímelo a la cara. Me dolerá un mundo, pero sabes que detesto la incertidumbre.

—Lo discutiremos al regreso —no estaba dispuesto a seguir adelante con aquello, y consideraba que había dicho cuanto deseaba sacarse del pecho—… De continuar vivos.

—Muy bien, grandísimo cobarde —di un puñetazo a la mesa que lo hizo levantarse a medias—. Puesto que no lo adviertes, digo por lo claro que desde ahora tú y yo… —no preví la rapidez con que me tomó de la muñeca, y rodeando el mueble, llevó ágilmente mis brazos detrás, inmovilizándome. Todo lo que pude hacer fue patalear y agitarme como una posesa, obteniendo tan solo que mi trasero chocase contra su vientre— ¡Suéltame, perverso endemoniado, caníbal, irracional, salvaje, …!

—Insultar a un superior es desacato al peor nivel, Hanji. Y si no paras de ultrajarme a voz en cuello, tendré que reportarte a los Altos Mandos —susurró, bajando su cabeza hasta mi oído, buscando apretarme más contra su formidable complexión—. No se trata de cobardía, sino de darle tiempo a las cosas…, pero eres bien impaciente. Sugiero que pienses mejor ese "desde ahora tú y yo…"

Mis pulsaciones habían acelerado a ritmo de convulsión y el aroma inequívoco del apetito erótico me hizo exhalar el suspiro que intentaba hundir entre mis pechos. Ay si conseguía liberarme del intenso afiance, porque su reputación de hombre rígido iba a correr peligro de muerte. Confiado por mi repentino mutismo, se limitó a rozar su mejilla con la mía declarando una tregua, mientras suavizaba ligeramente la presión de sus manos en mis brazos. Aguardé hasta saberme capaz de quebrar el agarre y privarlo de su ventaja.

Di un repentino tirón, soltándome y al tomarlo por sorpresa, todo lo que requerí al volverme fue calcular la distancia entre su posición y el lecho. Mi rapidez e ímpetu permitió que lanzara el cuerpo ladeado contra su estómago; que, si bien su constitución resistió el impacto, no así sus piernas, las que perdieron el equilibrio y al final, acabó por verse arrojado a la cama de una manera bastante ruda.

—Erwin Smith, nunca subestimes la fuerza que proporciona la concupiscencia —ya teniéndolo debajo y contra el colchón, me resultó más fácil presionarle con el antebrazo el cuello, amén de prensar su entrepierna con mi rodilla—. Y permíteme aclararte que callar los secretos ajenos, sugiere más lealtad que traición y desconfianza. Si consideras que pretendí engañarte conscientemente, no tiene sentido prolongar nuestro vínculo como pareja.

—Dejo en tus manos esa decisión —aseveró muy quieto, sin pestañear—. Aunque te advierto que una vez roto, no habrá posible retorno.

Mi respuesta quedó a medio camino de la garganta… Sentí el torrente de agua congelada penetrar el tejido del uniforme y empaparme hasta el núcleo de los huesos; lo que me hizo chillar y erizarme de pies a cabeza. Erwin solo abrió en demasía los ojos, para su suerte, apenas el líquido consiguió mojarlo; había escapado fortuitamente al agua, lo que no sucedió con parte de su cama.

—El bigotón me aseguró haber olido el fuego—le soltó el enano, ignorándome—, y dijo que tu dormitorio se quemaba. Tsk, solo traía conmigo un balde, pero ya veo que se apagaron las brasas.

—Condenado Pelo de Tazón —gruñí, abandonando mi postura belicosa para exprimirme el cabello y los extremos de la chaqueta—, por tu graciosa ocurrencia tendré que cambiarme.

—No cerraste la puerta con llave, Hanji —una vez libre de la opresión, mi comandante buscó incorporarse, para mirar consternado su lecho y las mantas chorreando agua—… Reconoce que Levi solo actuó como le sugirieron Mike y su instinto.

—Hey, Cegata —solo entonces, el capitán pareció dar importancia a mi presencia— ¿Estás loca o qué? No vamos a retrasar la salida porque desees cortarle las bolas. Aguántate hasta el regreso.

—Enano, te lo aseguro… Ésta no la voy a dejar pasar —maldije interiormente su impertinencia, sacando fuera del pantalón el borde de la camisa y sacudiéndola en un intento de airearla.; cuando le pregunté de improviso— ¿Qué tal está Petra?

—Tsk, luce bien. Anda un poco nerviosa, creo que teme una negativa de su padre sobre la idea de casarnos tan rápido —Levi analizó mi pregunta—. Sabe que hablaré con él apenas vuelva de la misión.

—¿No podrías convencerla de quedarse? Hum, dile que Erwin le permitirá…

—Cuatro Ojos, la normativa obliga a marchar a las expediciones, salvo que poseas una justificación aprobada por los Altos Mandos ¿Ya se te olvidó? Tsk, qué daño te hace mojarte —su ironía me sugirió un doble sentido, añadiendo luego, soberbio—. A diferencia de ustedes, mi relación es normal y civilizada, no pienso discutirlo más. Ella quiere cumplir con su deber.

—Levi, encárgate de ir organizando la partida junto a Mike y los demás líderes de escuadrón. Mañana debemos estar en la puerta de Karanese al amanecer —le pidió Erwin, dirigiéndose hacia su guardarropa y en tanto sacaba de allí uno de sus pulcros uniformes, volteó a observarme por encima del hombro—. Hanji…, ¿pudieras cambiarte la indumentaria en tu cuarto?

—Oh, sí, por supuesto —mi espontaneidad me había jugado una mala pasada. La costumbre de quitarme la ropa en el dormitorio del comandante, hizo que obviara la presencia del enano y me desabotonara la camisa. Uní el frente de inmediato, antes de que pudiera notarse algo comprometedor, y despertara unos celos que hasta entonces, sólo habían sido para Moblit..., y un titán. No, faltaría más—. Perdona, Erwin. Te aseguro que no fue intencional.

—Oe, ¿qué demonios…? ¿Cómo puedes tolerar eso? —escuché decir a Levi, mientras cerraba tras de mi la puerta— La mujer que conmigo haga tal cosa, termina como Shiganshina; devastada y sin posibilidad de recuperarse.

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La formación del comandante se adentró en el bosque por el centro, manteniendo una trayectoria lineal. Contadas fueron las ocasiones que Mike accedió a separarse de Nana y aquella una de las pocas. Mi compañera de primera línea quedaba en los límites del macizo boscoso, junto a varios cadetes de la 104. Yo debía seguir adelante con mi grupo y los que se hallarían bajo el mando directo de Erwin; aunque una vez arribamos al sitio indicado por él, sus hombres se apostaron en las ramas de los árboles y la tercera escuadra se dio al montaje de las armas en tierra. Moblit ayudó a disponerlas, considerando los mejores ángulos para la captura de aquel portentoso antagonista. Ocultas entre la floresta, no llamarían la atención del titán que pasara cerca.

La espera del momento justo, hizo que los hombres aguardaran con el corazón en vilo. Un sonido de caballos a galope tendido, nos alertó sobre la proximidad del escuadrón de Levi. No transcurrieron ni cinco segundos, cuando apareció él a la cabeza de su tropa… y una titán de buena estatura y proporciones femeninas detrás. Apenas cruzó la unidad del capitán, el mandato del comandante sacudió el bosque ¡Fuego! Los dardos fueron proyectados desde todos los puntos cardinales, sorprendiendo al fabuloso ejemplar.

Levi había dejado el liderazgo para sumarse al grupo de los veteranos, disponiéndose junto con Mike a sacar viva a la persona de adentro del titán. Lucía muy resentido, y adiviné que su cólera era producto de las numerosas bajas en la retaguardia.

—Segundo escuadrón de tiro, ¡fuego! —vociferó Erwin de nuevo, buscando paralizar completamente al objetivo— Todos, ¡fuego!

—¿Qué piensas? No se puede ni siquiera mover, ¿verdad? No puede mover ni un músculo. Tal vez para siempre ¡Cuánto más se vuelva a curar sus heridas, más se apretarán los garfios en las articulaciones! —lancé una risa entre histérica y sarcástica, disfrutando aquel triunfo aparente— Los que están adentro nunca dan las caras ¿A qué esperan Levi y Mike?

Como si los hubiese invocado, se lanzaron a cortar la nuca de la titán, solo para contemplar el destrozo de sus hojas. Ella había cubierto la zona con sus manos superpuestas y para más remate, las endureció como si fueran de hielo. El intento fue algo fallido. Sin embargo, tal endurecimiento no aparentaba ser duradero. Vi a Erwin dar una orden a Keiji y lo supe de inmediato; le volaríamos las manos. Aunque un inconveniente me hizo meditar si era eso una buena idea, podíamos destruir al humano dentro. Erwin decidió apostarlo todo a que saldría bien y Keiji regresó a tierra para transmitirnos el mandato del comandante.

Levi se dio el gusto de posarse sobre la nuca del titán, y dejarle bien claro al espécimen cuan deseoso estaba de acabar con ella. Imaginé cuan duro estaba siéndole asimilar tantas bajas y, además, inducir lo peligrosa que se había convertido la misión para su compañera. No sé qué fue lo que le balbuceó a la titán, pero debió ser lo bastante grave como para que reaccionara emitiendo un grito ensordecedor. Aquello nos obligó a cubrirnos los oídos y afincarnos al sitio ¿Cuál era el significado de semejante alarido?

—¿Un grito de pura desesperación? —conjeturó Moblit.

Ver a Mike inquieto, yendo hacia la rama donde se hallaba Erwin me indicó que algo terrible venía en camino.

—¡Dense prisa con los explosivos! —nos gritó el comandante, poniéndonos sobre aviso.

—¡Erwin! ¡Llegan desde el este! —le hizo saber Mike— ¡Ya casi los tenemos encima!

—¡Resguarden los carruajes! ¡Deténganlos! —el mandato fue directo para los hombres de mi escuadrón. Ellos, bien prestos, se lanzaron contra los titanes que pisaban más cerca.

—¿Nos ignoraron? ¿Son de tipo excéntrico? —escuché a Abel vociferar, mientras los ejemplares evadieron el ataque, siguiendo de largo hacia donde nos encontrábamos apostados.

—¡Vienen tres! —exclamó alguien que no alcancé a identificar.

Levi ya estaba dispuesto a enfrentarlos y apenas se le acercaron, hizo volar sus nucas.

—¡Prepárense a luchar! —rugió Erwin, observando el inusitado espectáculo de los titanes yendo en pos de nuestra rara espécimen capturada— ¡Protejan al titán hembra!

No demoramos en cumplirlo, cayendo sobre los especímenes de a una. Repentinamente, oímos la contraorden.

—¡Retroceda todo el mundo! Vamos a reagruparnos al oeste del bosque ¡Regresaremos a Karanese!

—Ella nos venció —dijo Levi con un tono aplastante— ¿Qué les pasa a estos desgraciados?

—El enemigo estaba dispuesto a sacrificarlo todo —comentó Erwin, sentencioso.

—Vaya resultado, luego de lo que dijimos en el tribunal —la preocupación del capitán estaba muy bien fundamentada— ¿Qué será de nosotros y Eren, si viramos con las manos vacías?

—Piénsalo al volver, ahora debemos concentrarnos y evitar más pérdidas —intervino Mike, quebrando su momentánea reflexión.

—¡Llamaré a mi grupo!

—Espera, Levi —el comandante lo detuvo antes de que partiera—. Abastécete de gas y cuchillas.

—No hay mucho tiempo, y tengo suficientes —rezongó Levi, molesto— ¿Por qué lo dices?

—Es una orden. Obedece.

—Comprendido, Erwin. Voy a confiar en tu decisión —como siempre, terminaba el capitán obedeciendo a las razones del superior.

Los carromatos de suministros y las armas eran un lastre al cabalgar precipitadamente; ni qué decir a la hora de reorganizarnos, el retraso que nos provocaba. Empero, tampoco íbamos a perderlos y la resolución de llevarlos partió del comandante. Había confiado en que Levi podría mantener dominada cualquier situación anormal que se diese, hasta unirnos a su escuadra. Marchábamos a todo galope entre la floresta, lo cual se volvía un reto para los guías de las carretas.

—Erwin, ¿por qué le pediste a Levi que se proveyera? —no había entendido aquella orden a cabalidad— El tiempo nos escasea.

—La titán hembra fue devorada. Sin embargo, ¿viste a la persona que se hallaba dentro del titán? —me preguntó, azuzando su corcel— Yo no lo conseguí.

—¡Pero estabas más cerca! —tal revelación hizo que abriese los ojos— ¡No me digas…!

—Sí, es como si se hubiera ido antes —dijo, bastante seguro—. Como si la persona hubiese logrado moverse después de abandonar el titán. Considerando la posibilidad de que ya estuviera equipada con un DMT; y añadiendo que llevara el uniforme de la Legión… ¡Muy bien que pasaría por uno de nosotros!

Analicé su conclusión alarmada, no se trataba de un imposible, pero me pareció incongruente con el experimento realizado a Eren. Como si adivinara mi pensar, Erwin retomó la idea.

—Pongamos que, al desaparecer el titán colosal, la persona que iba dentro llevaba un equipo de maniobras. Eso le facilitaría huir velozmente, amparada en el vapor ¿No crees que podría repetirse la historia?

—De acuerdo con lo que vimos, al Eren convertirse en uno, concluimos que no era probable —repliqué, picando más las espuelas para no quedarme atrás—. Su equipo estaba inservible y la ropa hecha trizas. Por otra parte, se hallaba tan cansado que apenas se tenía en pie.

—La titán hembra poseía la capacidad de atraer a los otros dando un alarido. No lo previmos y la misión fracasó —dijo, muy centrado—. Supón que tal poder se lograra desarrollar…, entonces fue un error basarnos en Eren, quien es inexperto. Para estar un paso delante del enemigo, debemos ir más allá de lo que consideramos normal.

El tránsito por el bosque se tornaba complicado, al incrementarse las zonas de abundante arboleda. Ideal para movernos usando el equipo, no así con los caballos. Mi corcel trastabilló par de veces, amenazando con golpear el del comandante y tuve que recortar más el sostén de la rienda. Él ni se inmutó, su corazón y mente valoraban la posibilidad de someter al enemigo.

—Aprendí una cosa en esta batalla. Si buscamos la mejor opción, no seremos capaces de vencer a este adversario —me aseguró, sin desviar la vista del camino— Tenemos que estar dispuestos a correr el mayor riesgo posible…, y a sacrificarlo todo. Si no luchamos prontos a sacrificarlo todo, la humanidad no vencerá.

Un sonido como de titán convirtiéndose nos sobresaltó. De inmediato supimos que se trataba de Eren. No obstante la premura, el sitio se hallaba lejos y las carretas estorbaron el avance, a pesar de que cabalgábamos a toda velocidad. Cuando oímos el sonido de la pistola sónica de Levi, apreciamos que se había desviado aún más hacia el oeste. Finalmente, al encontrarnos, solo estaban Mikasa y él sobre una rama, con un Eren lleno de babaza de titán. Erwin ordenó que nos dirigiéramos al claro fuera del bosque y acampáramos por escasos minutos.

—¿Qué pasa con tu escuadrón, Levi? —el comandante buscó a los otros con la mirada y acto seguido frunció el ceño, reteniendo el aliento—… Entiendo. No tienes que hablar. Si consideras que puedes hacerlo, recoge los cuerpos.

—Yo iré con él, Erwin —Mike, siempre dispuesto a tender la mano a sus compañeros de Legión, se aprestaba a socorrerlo en tan duro trance—. Me llevo a Klaus y a Dirk, necesitaré los caballos que se hallen más frescos.

—Levi —le dije casi en un susurro al capitán—… Yo te acompaño.

—Cualquiera menos tú —me soltó, volviéndose hacia mí con un ademán violento—. Apártate.

—Levi —gimoteé, compungida—...

—¡CÁLLATE! Y mantente fuera de mi vista —me amenazó con el índice, para después marcharse junto a los otros.

—Hanji, ya deberías conocerlo. No quiere verse débil a ojos de nosotras —Nana se me acercó, buscando consolarme—. Y ahora con toda razón; le costará mucho asimilar su pérdida.

—Fue mi culpa, Nana —le respondí, emitiendo un sollozo—. Debí alertarlo antes…

—¿Y acaso alguien podía figurarse que la titán iba a masacrar a todo su escuadrón? —la compañera de Mike no soportaba verme cargándome de faltas— ¡No digas tonterías, Hanji! ¿De qué te culpas?

—"No tienes idea de lo que he hecho, Nana" —suspiré, agobiada por el enorme cargo de conciencia—. "Difícilmente logre que me perdone algún día".

—Hanji, ocúpate de que tu grupo revise las carretas de las armas —Erwin tuvo a bien acercarse y ponerle coto a mi lamento—. Si consideras que sufrieron mucho daño, las dejaremos abandonadas. No conviene llevar algo que nos demore la marcha. Y por ahora, quédate lejos de Levi.

—¡Es injusto! —me rebelé contra lo inevitable, dándole una patada a la tierra— ¡Debí caer yo! ¡Con placer me hubiese cambiado por ella!

—Basta, Hanji. Cumple mi orden —el tono del comandante fue incisivo—. Me informarás cuando termines.

El panorama no podía ser más lúgubre, horrible y desolador. Mikasa no se separaba del carro donde habíamos puesto a Eren, buscando que se recuperase. Los cuerpos envueltos en mortajas ensangrentadas, descansaban en fila, muy próximos al carromato que los llevaría de regreso. Observé a Levi detenerse junto a uno de ellos, y abrir la envoltura, dejando al descubierto la chaqueta del pobre difunto. A juzgar por lo menudo de la complexión y la baja estatura, comparadas con la de los demás cadáveres, quien allí yacía no era otra que Petra... La otrora vivaz y dulce Petra, la única mujer capaz de llevarse a la tumba el corazón y el amor incondicional de Levi, amén de un hijo fortuitamente concebido.

Para mi sorpresa, el capitán sacó la navaja que siempre lo acompañaba y cortó el emblema que lucía el bolsillo de la chaqueta, volviendo a taparla con velada ternura. Hizo correr sus dedos levemente a lo largo de la mortaja, deteniéndose en la zona del abdomen. Lo vi tragar en seco y acariciar su vientre, levemente abultado.

—Terminamos. Hay cinco cuerpos que no pudimos recuperar —dijo Peer al comandante, informándole sobre la triste misión que les había tocado—.

—¿Siquiera los pedazos?

—Algunos de ellos fue imposible recobrarlos debido a los titanes —argumentó el líder escuadrón—, y de los otros era mejor no tomar los trozos, por el bien de su familia.

—Regístralos como no encontrados —Erwin se dispuso a ordenar el retorno, seguido de cerca por el capitán.

—Localizamos varios monstruos alrededor del bosque, pero ninguno cerca —le hizo saber Peer, alertándolo.

—Vamos a desplazarnos de inmediato —asintió Erwin—. Avise a las tropas.

—Sí, señor.

—¡No puedo aceptar eso, comandante!

Uno de los jóvenes que aún carecía de grados, Dieter, osaba contradecir el mandato de Erwin. Quizás porque mi comandante iba soportando el peso descomunal del fracaso y la cantidad de bajas, sólo consideró mirarlo por encima del hombro.

—Hey, tú —Peer detuvo al imprudente, advirtiéndole amenazador.

—¡Tenemos que recuperarlo! ¡El cadáver de Iván estaba delante de nosotros!

—¡Hay titanes por todos lados! —replicó ya harto el líder de escuadra— ¡Nos pondríamos en peligro!

—¡Si atacan, los nuestros les matarán! —Dieter se mostraba pertinaz e insistente, demasiado para tratarse de un soldado raso.

—Iván era un compañero, pero también amigo de la infancia —lo apoyó un joven de nombre Jurgen— ¡Conocemos a sus padres! ¡Queremos al menos el cuerpo de vuelta!

—¡No seas egoísta! —Peer, quien ya era veterano, había vivido igual que nosotros la dura realidad de no podernos hacer con algunos de los cadáveres.

—¿Amigos de infancia? —dijo Levi, escupiendo la pregunta. De solo escucharlo, se me oprimió el corazón.

—¡Capitán Levi! —Peer se tensó al oírlo, pensando acaso que habría una confrontación.

—Ya confirmaron que está muerto, ¿no es suficiente? —la voz de Levi sonaba mustia y despreciativa— Con el cuerpo o no, un muerto es un muerto. No va a cambiar nada.

Erwin lo contempló, sopesando la crudeza de sus palabras. Había resuelto acabar el asunto sin más dilación.

—Marque a Iván y al resto como desaparecidos. Terminemos de una vez. Es mi orden final, encárguense.

—Ustedes dos… ¿No tienen sentimientos humanos?

Para los chicos, los supervivientes como nosotros pasábamos a ser considerados unos héroes desprovistos de toda pasión; jamás podrían imaginar dolor en quienes acostumbraban a eludir la muerte y seguir año tras año presentándole cara ¡Si tan sólo vislumbraran lo que yo veía en el alma de Levi!

—¡Hey, Dieter! ¡Estás pasándote! —el líder de escuadra comenzaba a perder su paciencia.

—Ah… Erwin. Ya te alisté las carretas; las armas de captura…, sugiero desmantelarlas y llevarnos las piezas importantes. El arreglo del cañón nos saldrá más costoso que hacerlo nuevo —intervine, quebrando la desagradable atmósfera—. Sería mejor si partiéramos.

—¡Nos retiramos! —agradeció en silencio mi oportuno arbitraje y dio la consiguiente orden— ¡Mantengan unida la formación!

La marcha fue prácticamente una estampida, por causa de los titanes que se nos acercaban, pisándonos los talones. Conseguimos advertirlos a los minutos de haber abandonado la frontera del bosque. Eran dos ejemplares enormes, correteando tras… Dieter y Jurgen, quienes, desobedeciendo la ordenanza del comandante, habían ido a recoger el cadáver de su compañero Iván. Mal para nosotros, porque nos convertíamos en la carnada de esos ejemplares, y pronto iban a darnos alcance. Peer lanzó una bengala, comunicando a los de vanguardia el peligro al que nos exponíamos.

—¡Titanes localizados por retaguardia!

—¡Corran a toda velocidad! —la voz del comandante sonó como un latigazo.

—No veo ningún árbol grande ni construcción alta. Seremos incapaces de luchar con el equipo en estas condiciones —alegó el capitán—.

—Es más rápido escapar a la muralla.

Levi asintió, e hizo retroceder su caballo hasta la retaguardia, bien dispuesto a proteger a los soldados que llevaban la carreta llena de cadáveres.

Solo conseguí mirar atrás un par de veces, justo cuando uno de los titanes capturó a Jurgen para llevárselo a la boca y masticarlo sin remedio. Dieter intentó en vano socorrerlo, exponiéndose al punto de ser capturado también por la manaza del espécimen. Tuvo la suerte de que Mikasa pudo liberarlo, al cortar de un soberano tajazo la nuca del titán.

Pese a todo, quedaba un ejemplar en pie, acercándose peligrosamente a la carreta. No lograba escuchar por la distancia, pero comprendí que Levi había dado la orden a los soldados de lanzar a tierra los cuerpos inertes. La última vez que pude observar por encima del hombro, se me paralizó la sangre y el corazón dejó de latirme… Vi caer el cadáver amortajado de Petra, y con él, toda la esperanza de Levi a darle una oportunidad al amor. En el capitán, un pestañazo equivalía a estarse desplomando por dentro.

No paramos hasta llegar a un claro próximo a la muralla. Descabalgamos para darle asueto a los caballos y comprobé que Dieter aún estaba en shock, meditando sobre todo lo que había sucedido. Sus pérdidas ahora sumaban dos; Iván y Jurgen. Observé a Levi abandonar la montura y bajar del rocín, para dirigirse a él.

—Capitán, yo… —el soldado no lograba vocalizar una expresión. Temía una represalia por su imprudencia y lo más probable sería que tal actitud conllevara un despido vergonzoso.

—Esa es la prueba de que ellos vivían; al menos para mí —le respondió sombrío. Nunca dejaría Levi de sorprenderme; haciendo gala de toda su nobleza y humanidad, tendió a Dieter el emblema que otrora cortara de la chaqueta perteneciente a su amada Petra—. Es de Iván.

Supuse, a juzgar por la reacción del chico, que percibía lo sacrificado del gesto. A diferencia de mi comandante y yo, la noticia de la dispensa se había vuelto oficial, de modo que todos conocían del maridaje entre capitán y subalterna ¡Si hubiese sabido que además de Petra, Levi perdía a su descendencia! Me obligué a tragar mis emociones, de comenzar a sentirme culpable, perdería la estabilidad y mi escasa cordura.

—¡Capitán! —Dieter era puro llanto, desahogando su pena como no podía hacerlo yo.

Erwin prefería evitarme y no lidiar con tanto sentimiento contenido. Siquiera me propuse acompañarlo durante la vuelta, prefiriendo marchar junto a Nana. Ella me contemplaba de reojo, deseando asegurarse de que yo no llegara a un punto de quiebre alarmante. Arribamos a la muralla justo con el ocaso y Erwin ordenó desmontar; entraríamos a pie a Karanese como señal de luto. Franqueando el portón de la ciudad, supimos que lo peor estaría por llegar.

Un hombre bonachón y sin dudas comerciante, de gesto sencillo y afable, se las arregló para salir de la muchedumbre, directo hacia el capitán. A diferencia de quienes vituperaban a los soldados, le manifestó su admiración por el Cuerpo. Tanto fervor, al parecer, no le permitió advertir el ceño fruncido y la tenebrosa expresión que hacía de Levi una especie de muerto viviente.

—Gracias por cuidar a mi hija. Soy el padre de Petra.

El capitán lo ignoró, continuó adelante sin detenerse a mirarlo siquiera. Nana y yo nos estremecimos, hincándonos los labios con los dientes. Mike bajó la cabeza, mirando apenado el camino. Erwin…, nunca supe cuál fue su reacción. Aquella pérdida resultaba desgarradora y violenta, la imagen de una Petra cubierta de sangre e inerte había sacudido a toda la Brigada. Esa chica joven, hermosa y audaz que se atreviera a ser la primavera en el alma glacial de Levi, quizás la única novia de la Legión que pisaría el altar, marcando una diferencia y la esperanza de un futuro mejor…, ya era cadáver.

—Quisiera conversar algo con usted, antes de que ella venga. Petra envió una carta, diciéndome que la había escogido para su equipo —el comerciante sonrió, visiblemente satisfecho—… Estaba resuelta a darlo todo por usted. Mi hija escribe esas cosas, sin reparar que su padre se preocupa —el modo en que observó de soslayo al capitán, daba a entender que ya sabía de los amoríos entre ambos—… Y sobre eso, como su progenitor… Aún creo que es muy temprano para que se case. Comprenda, es tan joven y tiene bastante que vivir todavía…

Gemí de oírselo decir, Nana y Mike suspiraron al unísono. Levi, como escultura sin aliento, no articuló una palabra, el silencio lo envolvía cual una bruma. Contemplé su andar tardo, hasta que se detuvo, girándose hacia el hombre con aspecto taciturno.

—Petra… Entregó su corazón, alma y cuerpo a la humanidad.

No quise continuar siendo testigo de lo que acontecería, de modo que retrasé mi avance hasta caer en la retaguardia, ganándome el epíteto de "atravesada". La visión de Mike, Nana y Levi me resultaba lejana. Más aún la de mi comandante, a quien los pasos le costaban, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre la espalda y el recuerdo de Shadis. No era fácil retornar con la certeza de que tanto él como sus oficiales, deberían responder ante la corte; añadiendo el hecho de ceder a Eren a las autoridades.

—¡Comandante Erwin, respóndanos! ¿Esta incursión consiguió algún resultado que justifique las bajas? ¿Se puede afirmar que los soldados muertos descansan en paz?

Esa vez no hubo argumento alguno, la Legión había enmudecido y nadie atinó a replicar los insultos de los karanenses. Un ejército de piedra marchó hacia Trost, arrastrando consigo el pesar y la memoria de sus guerreros caídos.