Vinagre en las Heridas
Un gemido apenas, como si desease obligar a su alma a salir fuera del cuerpo. Forzándola a dejarle abandonado, sin capacidad de pensar o sentir. Escucharlo me resultó espantoso, ante lo inconcebible del acto. Imaginar que corrían lágrimas por su rostro, era igual a la certeza de que Erwin podía quebrarse cuando menos lo esperara. Bien estaba para mí, la incapaz de controlar sus emociones al ver los titanes convertidos en polvo... No, el llanto debía estarle vedado a los héroes de su temple. Me recosté a la pared, junto a la puerta de su dormitorio, y llevando el puño al corazón, lo apreté… No, no le diría...
Fue inútil, al otro día empezó a hostigarme y advirtiendo que lo ignoraba, esperó el instante adecuado para entrar en mi laboratorio, echando el cerrojo. Lo miré firme, dispuesta a ofrecerle un diálogo amistoso, lejos de una disputa.
—Cegata, no estoy de humor para discutir el asunto contigo… Es mi derecho saberlo —dijo, recostándose a una pared cercana, mientras se cruzaba de brazos. Vestía de sobrio negro desde que arribamos al cuartel—. Y como intentarás hacerte la idiota, voy aclarándote…; Petra no logró esconderlo de mí… Era imposible que yo lo pasara por alto.
—¿Qué vas a ganar? ¿Ahora te has propuesto mortificarte?
—Solo quiero irme al otro mundo, si es que tal cosa existe, con el tema resuelto —exhaló pesadamente—. Ni preguntas, ni tampoco incertidumbres. Así que ya estás escupiéndolo.
—Levi, tú mismo dices que insistir en algo sin posible solución, es inútil y no cambia na…
—¡Cállate, Hange! —abandonando su postura, me había brincado encima para luego acorralarme contra la pared… A la que hizo estremecer de un puñetazo— ¡Lo soltarás, claro que sí, de igual forma que su vientre rechazó esa porquería que le pusiste…! No soy ningún imbécil insensible e ignorante de su preocupación esos últimos días.
—¿L-lo notaste? —pestañeé, a la vez que tragaba en seco— Petra me rogó que no te lo contara.
—Ella… modificó su carácter antes de que marcháramos —Levi dio un paso atrás, y se cruzó de brazos, observándome tenso—, aparentaba serenidad e indiferencia; pero el poco tiempo que la tuve conmigo, llegué a conocerla bien… Supuse que la expulsión de tu maravilloso aro se debía a las consecuencias de algo que también viviste.
—Perdóname, Levi. De verdad lo siento muchísimo —dije, sincera—. Lamento haberle prometido esperar hasta el regreso, para certificarlo ante los Altos Mandos.
—Me traicionaste, ¿sabes? —sonrió irónico, apartándose de mi para ir a sentarse en el diván— Te valió una mierda que siempre haya confiado en ti.
—Levi…
—Traté de presionarla, imponiendo mi condición de superior, para que me contase —había reconocido, mientras se dejaba caer hacia atrás, contra el espaldar del asiento—. Fue un error.
—Te lo quería decir al volver —le aseguré y abrí los brazos, cuestionándole— ¿Por qué, si tan preocupado estabas, no trataste de mantenerla a salvo en el cuartel? ¿Convencerla de que se quedara, conociendo lo peligroso de esta misión? Solo tú podías obtener de Erwin la orden, y ella se hubiese visto obligada a no abandonar el recinto.
—¡¿Qué no escuchas, Cuatro Ojos?! Tsk, Petra no era de las que se pudiera dejar atrás, aunque le fuese la existencia en eso —claramente, Levi no aceptaría ningún reproche de mi parte—. Respetaba la normativa como buena soldado; estaba dispuesta a sacrificarse, y la verdad… Ni creo que pensara en morir.
—Erwin discutió conmigo porque tampoco le conté; de ahí que nos hallaras aquel día peleando. Te juro, Levi, que lo hice porque tu compañera imploró mi silencio —tenía que dejarlo claro para tranquilidad de ambos— y la ética de un biólogo, o un médico, impide revelar ciertos detalles privados sin el consentimiento del paciente.
—Tsk. Yo era su condenado marido, no un imbécil cualquiera.
—Pero es la mujer quien elige lo que hará con su gestación. Piensa que deseaba seguir adelante por amor a ti, y decidirlo representó un gran sacrificio para ella, quien amaba el quehacer militar —yo seguí de pie frente a él, queriendo explicarle de algún modo que ninguno de los dos tuvo culpa de nada—. Le diste al menos una ilusión que muchas del Cuerpo siquiera tienen. Fuiste bravo al prometerte con ella de la forma que lo hiciste.
—¡Y una mierda! ¡Estoy muerto en vida, sentenciado a volverme un monstruo! —escupió colérico, y pude contemplar sus ojos enrojecidos— Porque te juro por mi madre, Hange, que no entenderé de piedad, ni de nada estúpido que intente sacudir mi espíritu. Soy un vacío infinito, ¿eso quiere mi destino, cierto? Pues voy a complacerlo.
—Una parte de mí todavía es un abismo y siquiera Erwin ha logrado llenarlo. Te comprendo —bajé por un segundo la vista, mordiéndome el labio—. No se puede… Sin embargo, aprendemos a seguir adelante a pesar de todo.
—A pesar de todo… Cuatro Ojos, hay un hombre al que jamás volveré a mirar de frente, porque no conseguí proteger a su hija —hizo un colosal esfuerzo buscando retener la humedad en sus ojos, y la rabia que le suscitaba el aceptar un destino fatídico—. Su hija, a la que hice mujer y siquiera…
—Petra vivió dichosa contigo. Te amó sin prejuicios, tú le correspondiste ofreciéndole una libertad que ninguna chica tuvo —entonces me senté a su lado, hablándole con tono maternal—; la de meterse dentro de tu corazón y alma. Permitiste que descubriera la nobleza y la ternura que guardas. Esas que te ocupas de encubrir para que no escapen de su refugio —bajé la inflexión de mi voz hasta un susurro, pero grave—… No, no tienes que mandarme a callar. Ahora que te lo revelé, confía que tu secreto morirá conmigo.
—… Cierra esa boca, no hables, cállate —alzó la vista, mirándome intenso—. "Muerte". La maldita viene sin que la invoques, así que no la llames.
—De acuerdo, me trago la lengua.
—Parece que le gusto demasiado a la condenada —dijo molesto—. Es tan celosa que no soporta compartirme con nadie. Se las arregla para llevárselos… Incluyendo a mi… a mi hi…
No podía quebrarse, jamás se lo iba a permitir delante de mí.
—Te prepararé un té. Necesitas dormir, o al menos descansar —le ofrecí, poniendo la mano sobre su hombro—. Es una orden.
—Tsk, ¿quién te dijo que puedes mandarme a la cama? No eres mi bendita madre —gruñó sarcástico y me observó de reojo—. Pero acepto el té.
—Los Altos Mandos no están contentos después de lo que hiciste... A Erwin ya le da igual, sabe que tarde o temprano acabaremos confrontándolos y es probable que se declare una guerra interna —lo "probable" yo bien sabía que iba para seguro—… Te hubiese acompañado con gusto a recoger el cuerpo de Petra, lo sabes. Al menos podrías decirme en qué lugar del camposanto la enterraron.
—Decidí que no llevarte sería tu castigo por traicionarme. Y el sitio para nada es un secreto —me había confiado, ya más dueño de sí—; en su caso, la piedra que hace de lápida no es algo simbólico. A diferencia de Erd, Gunther y Auluo; porque ir más lejos se nos hizo imposible… ¿Y qué mierda es esa de que tú y Erwin siguen riñendo como un par de mocosos?
—La vida en pareja no siempre va a ser color de rosa; menos si nos rodea un mundo con futuro incierto —fue mi turno de suspirar ante lo inevitable y le pregunté, según me levantaba para disponerme a hacer la infusión—. Levi, ¿me cuentas esa pesadilla que te hizo ir donde Erwin? ¿Crees que Petra soñó algo relativo a su… muerte?
—No soy bueno interpretando algunas conductas propias de las mujeres y por lo visto, el cejón tampoco —me soltó agrio y de mala gana—. Los dos asumimos que su miedo lo propiciaba la inseguridad. Tsk, hablaba una y otra vez de separación. Fui tonto al creer que recelaba de mí.
Tragando en seco, se aprestó a narrar el mal sueño de su querida compañera y tal cual me lo relatara, oyendo aún su voz como un recuerdo triste y perenne, lo reproduzco en primera persona.
Los sollozos, más el grito apagado y un estremecimiento, provocaron que abriese los ojos de inmediato. Petra se retorcía, de espaldas a mí, gimoteando algo incoherente y sin dudas a causa de una terrible alucinación onírica.
—Tchhhh… Petra, cálmate —me incorporé lo más pronto que pude—. Lo que sea, ya pasó. Estoy aquí, contigo.
—¡No quiero perderlo ni marcharme lejos de usted, capitán! —ella se había sentado, cubriéndose el rostro con las manos y sudaba frío— ¡Tengo miedo!
—Oe, no hay motivos para mandarte fuera del cuartel; ni existe alguien con las bolas tan grandes que se atreva a separarte de mí —entonces me había parecido absurdo semejante pánico—. Soy de palabra, tampoco iré tras ninguna mujer.
—…N-no es una cuestión de… que haya otra… —su tormento se hallaba muy lejos de aquello— ¡Cielos, nada que ver!
—¿Te rebelaste contra las órdenes de algún superior? —de pronto, la observé muy serio— ¿Desobedeciste la normativa?
—Y-yo… ¡Claro que no! —por el modo en que titubeó, abriendo los ojos, temí que me ocultara una desobediencia. Luego me revelaría el motivo de su angustia— Sin embargo, me asusta el futuro sin usted.
—Por lo visto, algunas mujeres necesitan que les aseguren y demuestren lo que su hombre siente por ella —suspiré un poco agobiado, al notar que contenía el llanto—. Pensé que lo de brindarte atención siempre que pudiera, no pasaba de ser una tontería del bigotazos.
—¡Tampoco es que permanezca encima de mí todo el tiempo! —contestó, renegando verse indefensa o débil a mis ojos—…
—Ya me gustaría, pero la maldita Cuatro Ojos me lo impidió hasta que te recuperes —pretendí cumplirlo, sin embargo, el anhelo iba a conspirar en contra de mis buenas intenciones—. Voy a mantenerte bien abrazada lo que resta de la noche, si eso hace que te sientas protegida y segura —le dije, acomodándola sobre mi pecho y el olor a rosas de su cabello me incitó… Un aroma cándido, pero tentador como el mismo demonio. Intenté relajarme hablando—… Tsk, jamás pedí un abrazo, aun cuando lo necesitaba a gritos; menos busqué a quién darlo… Es un verdadero bálsamo.
—Capitán, lo amo. Qué importa si no me lo retribuye con palabras. Yo lo comprendo —levantó un instante su rostro para mirarme; y le devolví el gesto. Maldición, la fragancia del cabello me había envuelto… Por no hablar de los ojos, esas pupilas dilatadas implorando que mandara todo al infierno y la poseyera—… ¡Solo permítame aferrarme a su calor, a la esperanza de que me amará, incluso en la distancia!
—Oe, oe… ¿Quién dice que vamos a separarnos? Tuviste una pesadilla, Petra. Es normal con tanta inquietud alrededor —sin embargo, me contuve al percibir la exaltación temblorosa de su voz—. Mierda, ya conseguiste preocuparme… Creo que a los dos nos hace falta un buen revolcón; pero ni ese consuelo nos dejan ¿Qué tal un beso para compensar tu desvelo?
—Cap… No, Levi —gimió, incorporándose un poco más…; era lo que me faltaba— ¡Levi!
—Mierda, qué bien se oye —susurré, deslumbrado al escucharle decir mi nombre—. Endemoniadamente bien.
—¡Ay, cielos! ¿Q-qué hace?
Estando sobre mí, había sido fácil e instintivo abrirle de un tirón la camisa, y bajarla por sus brazos hasta los codos.
—Tus pechos han crecido… Saben dulce —fue cuando noté los cambios, últimamente casi ni tenía la posibilidad de apreciar sus bellas formas a gusto, menos testar el sabor de su piel—… Más de lo usual.
—Y-yo… Subí algunas libras con el descanso —emitió un sollozo, como si necesitara justificar el hecho de verse aún más apetecible que meses atrás— ¿Por qué me observa de ese modo?
—Estoy tentado a proponerte algo impropio de mí —a ese punto, aguantarme las ganas resultó conflictivo porque no pretendía violar su recuperación…, así que opté por una variante menos intrusiva.
—¿A-algo impropio? ¿Cómo qué? —nunca la había visto abrir los ojos y sonrojarse tanto a causa de mis palabras, ni tan siquiera cuando la tuve por vez primera.
"¿Qué podría ser considerado así por el escrupuloso capitán?". Supuse que muchas cosas. El hecho de plantease quebrar su reserva, indicaba la fascinación que le producía descubrir junto a ella los nuevos horizontes de una inexplorada sexualidad.
—Oh, sé que se te antojan los detalles, Cuatro Ojos, pero ni sueñes que voy a dártelos. Ya oíste demasiado —gruñó satisfecho al dejarme con las ganas y enfurruñando la nariz, me hizo saber lo que pensaba del brebaje— ¿De qué mierda es el té? Parece orine de caballo.
—Ya no te quejes, puse un somnífero para titanes en la bebida. Me preocupa esa lesión, apenas consigues mover la pierna —al confiarle aquello, presionó con la mano el sitio donde le punzaba el dolor—. Hazme caso y mantente fuera de las peleas. Erwin lo aprobó.
—Ustedes… —par de sorbos más y el capitán caía rendido sobre los cojines del diván. Hasta ese instante y desde que pisara el cuartel, no había logrado conciliar el sueño.
/
Debido a las pérdidas recientes de los valiosos miembros del Cuerpo de Reconocimiento, y las presiones de la Gendarmería para que les entregáramos a Eren, el carácter de Erwin varió a peor. Cuidaba de no hacerlo evidente, pero a ojos de quienes lo conocíamos –y, además, tratábamos durante casi las veinticuatro horas-, era imposible pasarlo por alto. Si ya se comportaba retraído y adusto a raíz de aquellos acontecimientos, la visión del futuro le perturbaría el doble… Aunque su expresión jamás lo mostrara, permaneciendo glacial e inmutable.
—Aún no confías en mí tanto como desearía, sin embargo, estoy dispuesta a zanjar esa cuestión de las diferencias de criterio —dije, sintiendo que debíamos sacarnos algún peso de encima—. Puesto que me he reconciliado emotivamente con Levi, ahora quiero hacerlo contigo.
—¿Qué pasaría si te respondiera que debemos romper todo enlace? —por el tono, juzgué descartable su importancia— Digamos que tus amenazas respecto a una separación han surtido efecto y no estoy dispuesto a continuar… ¿Lo aceptarías, Hanji?
—Porque mi orgullo exige un alto precio, soy capaz de volverte la espalda y tragar hasta el ahogo ese dolor —le contesté, alzando mis gafas para contemplarlo intensamente—…, pero Erwin Smith nunca busca una salida tan facilista a los retos que se le presentan; sea de la índole que sean. Te planteaste alejarme para garantizar mi protección —emití un suspiro, conforme al notar que solo hacía su rol de caballero—… Erwin, lo siento, no tengo nada de básica. Sé leerte y percibo incluso lo que Mike no puede con su olfato; es un privilegio ganado al compartir tu existencia.
—Esto que se avecina es diferente a una invasión de titanes, Hanji. Ninguno de los dos entró a la Legión para favorecer los cambios políticos… y están obligándonos a considerarlo. Será una batalla contra la misma humanidad corrupta que tomó el poder —titubeó ligeramente al continuar—. Te pregunto, ¿soportarías una tortura, o verme torturado? Los Altos Mandos no juegan, tampoco van a compadecerse de ti si yo me volviera la cabeza de un golpe a su régimen… Eres la mujer de un líder; y a su criterio eso resulta muy peligroso, Hanji. Lo sobrellevaron mientras exterminábamos a los monstruos…; ya cambiarán su postura tolerante al comprender que no vamos a entregarles a Eren.
—Seré una digna cómplice de lo que te propongas. Y hablando sobre titanes, ¿qué harás para esconder al chico?
—Nada complejo, solo engañar a la Gendarmería por una hora o quizás menos —explicó a grandes rasgos—. Luego tu escuadrón intentará prender a la titán hembra… Y roguemos porque la venzan.
—La haremos comer polvo… ¿Y tú? —sentí la urgencia de averiguar su parte, inesperadamente un escalofrío me hizo estremecer— ¿Vas a enfrentarte con Nile?
—De ser inevitable, sí. Hanji, ¿entiendes ahora por qué no deseo involucrarte más de lo que ya estarás? —me devolvió una sonrisa pesarosa, observándome impávido— Asumiré por completo la responsabilidad de cuanto suceda en la urbe. Probablemente me arresten y determinen juzgarme. Levi está recuperándose de su herida, irá conmigo y no lo sentenciarán al encontrarse fuera de la operación. Mike, puesto que su rango y habilidades…
—¡Erwin! —contrario a lo establecido, el mismo penetró al recinto abriendo sin miramientos las enormes hojas de madera y las cerró tras sí de un portazo— ¡Trátame de insubordinado si te molesta, pero me vas a oír! ¡Créeme que no me quedaré de brazos cruzados en Trost! —su entrada impetuosa hizo que me ignorase momentáneamente, y al percatarse de mi existencia, pareció dominar el arrebato con que se manifestara— Hmph, disculpa si te interrumpo, Hanji… Bueno, estás de uniforme…
—Tenemos cosas importantes que hacer, aparte de las cuestiones de pareja, Mike —le aclaré, guiñándole un ojo—. Aunque hubiese preferido que demoraras un poco, estaba por cerrar el diálogo con un motivador "baile del titán".
—¿Baile del titán? —repitió mis palabras, abriendo los ojos— ¿Qué…?
—La bailarina finaliza la danza "vestida" como uno —le solté con toda naturalidad, encogiéndome de hombros y observando a Erwin de soslayo—. Lamentablemente, alguien se lo perderá…
—¿A qué se debe tu exabrupto? Corresponde que me sustituyas aquí —mi comandante había fruncido el ceño, inconforme al oírlo revelar sus intenciones—, mandaré a un líder veterano y los cadetes restantes de la 104, al sur de la muralla Sina.
—¡¿Estás loco?! ¡Si alguno se transforma, se armará un infierno! —rezongando, Zacharius hizo un expresivo gesto de impaciencia, mostrándole las palmas de las manos— ¡Ni tan siquiera puedes ordenarle a Levi su custodia! ¡Iré yo al frente de mi equipo!
—Mike, sé razonable —Erwin lo abordó con aspereza—. Supón que la Brigada nos pierda a Hanji y a mí. Eres el único en la cadena de mando capaz de sustituirnos. Arriesgarte a marchar con esos chicos es insensato.
—¿Crees que no aguantaré un ataque? ¿A cuál de tus líderes piensas enviar? ¿Klaus, Dirk, Marlene, Peel? —dijo brusco, enumerándolos con los dedos— ¡Los aplastarán y adiós veteranos! El Cuerpo será disuelto, justo lo que temes. Hanji, convéncelo de…
—Perdona, Mike. No voy a intervenir. Erwin dispondrá tu punto de acción, yo velaré que las armas del almacén funcionen. Permiso, comandante —opté por no interferir en lo que nuestro superior determinara—. Uhm, para compensarte, le diré a Nana que te regale un baile del titán.
Si le ofrecieron más tarde a Zacharius la tentadora distracción, jamás lo supe. Nana siempre fingía escandalizarse con ese tipo de sugerencias…, y lo cierto es que todo interés de mi parte esa noche se mantuvo lejos de la intimidad ajena.
Erwin había supervisado junto a mi grupo el funcionamiento de las armas de captura; y una vez listas, daba la orden para el descanso, quedándose a solas conmigo en el laboratorio.
Una corazonada me sacudió, lo que fuera a ocurrir al día siguiente no iba a privarme de esa futura posibilidad… Los Altos Mandos me ahorcarían si llegaran a saberlo, pero la idea de perpetuar la estirpe del comandante inundaba mi alma de una euforia triunfal. Sus mismas palabras me ofrecieron el empuje que requería para llevar a cabo el plan.
—Debí sonarte patético cuando te propuse que rompiéramos.
—Me sonaste ansioso y tenso, Erwin. Lo cual es absolutamente normal en situaciones como ésta —le dije, para deslizarme sutilmente hacia el sitio donde guardaba ciertas sustancias que permitirían la conservación de muestras y verifiqué la existencia de frascos asépticos. Él me observaba pensativo desde su asiento, a la derecha del amplio diván; inclinado hacia delante, con los brazos descansando sobre los muslos y los dedos entrecruzados— ¿Por qué reprimes tanto esa humanidad que amo de ti? Entiende que no me parecerás débil; siempre has querido protegerme y es un rol propio del caballero que eres.
—¿Bailarías la danza del titán para mí? Con el balanceo de tus caderas en mi pensamiento, iría feliz al juicio o a la tortura —la inflexión de su voz me advirtió; necesitaba un consuelo que solo yo podría brindarle—. Tú sueles verme como uno, pero estoy cansado y me resignaré a contemplarte…
—Aguarda, mi ejemplar moribundo —sonreí provocativa, dejándolo todo listo—. Me debes una satisfacción a manera de gracia por tu desconfianza, no al revés.
—No le duelen al buen pagador las prendas —contestó, volviendo a recostarse contra el espaldar, e inquirió curioso— ¿Qué pides?
—Una esperanza para el futuro, Erwin. La posibilidad de gestar a tu hijo algún día, si es que sobrevivo —había caminado hasta él, y una vez frente a sus piernas, me incliné para separarlas un poco más y acuclillándome, ocupar el espacio entre sus muslos. Apoyé mis brazos en ellos, susurrándole—. Prometiste darme tu parte.
—Siempre te has esmerado en lograr un final tan placentero como generoso… No será un problema.
—Oh, lamento señalar que cualquier tipo de interacción de mi persona con ese bello espécimen, está descartado —expliqué, bajando la mirada a su entrepierna—. La muestra quedaría inservible. Sin embargo, luego de obtenerla, permitiré cualquier desagravio.
—Hanji, lo que aspiras que haga… Escucha, no me parece mal —su semblante era una atractiva mixtura de timidez y aturdimiento—, solo…, ¿podrías darme cierta privacidad?
—Erwin, quiero disfrutarlo y que compartas mi satisfacción, vamos a ganarle con ardor a la vergüenza. Duh duh duddi nam nam —tarareando por lo bajo, solté los primeros botones de la bata, e hice más prominente su escote—. Nos han enseñado a reprimir la felicidad, es hora de ponerle fin a eso.
—Santa Ymir… ¿No hay nada debajo? —inquirió, pretendiendo una ingenuidad que ni por asomo tenía.
—Uh, "nada" es muy categórico. Supongo que "algo" tendrás que haber visto…
—Concretamente, hasta la última costilla y es un panorama excitante —aprovechando su entusiasmo, alcé un poco el cuerpo, de manera tal que consiguiera desabotonar otros dos y la bata se deslizó hasta los codos. Entre inocente y seductor, preguntó, mientras sus manos acariciaban la tersura de mis pechos, dedicándoles su atención—¿La científica puede asesorarme? Confieso que no estoy familiarizado con el procedimiento…
—Apuesto a que estás siendo un mentiroso —contesté sonriendo; mi busto saltó ligeramente al acomodarme a horcajadas sobre él, consiguiendo aún más interés. Le robé un beso rápido para comenzar a abrir su camisa y mis dedos perfilaron el relieve turgente de su pecho— ¿Nunca fantaseaste, ni cuando eras cadete?
—…Soñaba con tus pechos al descubierto; y el tono cremoso de tu piel… En realidad, he disfrutado mucho de tu cuerpo, Hanji —por un instante adormecí ante la tibieza de sus labios copando mis pezones—… Fuíste mía sin que lo supieras, desde que te mostraste tan mojada en aquel consejo.
Tal confesión, siendo el comandante un hombre muy reservado, marcó para mi placer que íbamos ganándole cada vez más a los tabúes morales.
—¿Por qué no me tomaste esa misma noche? ¡Te deseaba tanto! —a cambio había descubierto, para su orgullo, una certeza escondida por años. Percibí su intensa virilidad batallar contra la prenda que la retenía; sin embargo, el beso fue primero y mis dedos ocupándose de soltar el cinturón sólo después de que su boca se aferrara a la mía con urgente demanda. Sin que lo percibiera, extraje un recipiente del bolsillo de mi bata y lo coloqué a su lado entre los cojines— Madre del verbo… Libera de una vez ese titán o se lastimará.
—Haces que me sienta extraño. Lo merezco —su tensión inicial había disminuido, cerrando los ojos apreciaba el goce de mi mano rozando la encubierta firmeza—, por ambicionar una mujer capaz de romper mis restricciones.
—Olvida el acto; solo contémplame y por instinto harás lo que te pedí. No pongas tus ojos sino en los movimientos de mi cuerpo —dejándolo a punto, me incorporé y dando unos pasitos atrás, le hice un guiño mientras permitía que la bata cayese al suelo—. Hay un frasco al alcance de tu mano. Recogerás para mí hasta la última gota de simiente, pensando cómo te vengarás después.
—Buen señuelo, aunque deberías preocuparte —fue todo malicia al exponer ante mí aquel fabuloso ejemplar, tan saludable que difícilmente la muestra se malograra—… Ni yo podría decir en qué condiciones acabarás luego de semejante escaramuza.
—Duh dum dum dum na na —llevé ambas manos al moño en un coqueto gesto, provocando que mi busto se irguiese, majestuoso y di una vuelta sugerente a la par que tarareaba, ofreciéndome para su complacencia—… Parece que comienza a gustarte —abrí el botón de los pantalones, que bajé a media cadera, a un ritmo cadencioso—. Duh dum dum dum na na…
—Por Mitras, Hanji… ¿Te has grabado las alas en la caída de tu espalda? —su mirada y su voz, atónitas ante el hecho, pero con visos de lujuria, me hicieron mojar el interior de los muslos de una forma que no le pasó desapercibida, a juzgar por el crescendo del movimiento de su mano—… Harás que te viole.
—No me opondré, una vez obtenga mi premio. Duh dum dum du dudi du da —la prenda inferior cayó gloriosa, víctima de los suaves y acompasados movimientos pélvicos—… Ahora me acercaré cautelosamente al titán —di unos pasos entrecruzados, avanzando gentil—. Du dudi du daa… ¡No, Erwin! ¡Nada de trampas! —emití un grito y salté atrás, al verlo abandonar su función e intentar atraparme; para sin dudas acabar el acto del modo que deseaba.
—Condenada mujer, voy a tener que sustituirte —su tono fue ronco y oscuro, augurándome una noche que haría peligrar hasta a mi aro—. No vas a salir viva de aquí.
…Lo cierto es que trabajo me costó llegar al dormitorio, con la vergüenza añadida de haberme topado a Mike y Nana en el edificio de los superiores. Apenas me vieron, se miraron…, para echarse a reír a mi costa. Por suerte, Levi dormía. Y yo, si bien con dolor en todos los músculos del cuerpo, me sentía reina y señora. Mi propósito se había cumplido.
/
Una ola de fanatismo se desató en esos días, ante los ruegos de los ciudadanos, quienes demandaban el selle total de las puertas. Los sacerdotes del culto a las murallas no cesaron de imponer sus razones, evitando que se llevara a cabo semejante profanación. Mientras, la Legión debía presentarse con Eren ante los Altos Mandos en el cuartel de la Gendarmería, y su comandante había ordenado custodiar nuestro viaje desde Trost a Stohess. Incluso concedió un permiso especial a los gendarmes, para el uso del equipo de movilidad multiaxial, con tal de brindarnos la seguridad requerida.
El plan elaborado por Erwin para evitar la entrega de Eren a la Gendarmería, consistía en sustituirlo momentáneamente por Jean, cuando la escolta fuese a buscarlo. Conjuntamente, Armin iría a encontrarse con Annie para convencerla de pasarles a él, Mikasa y Eren por los puntos de control ubicados en la muralla. Después intentarían hacerle ver que la mejor forma de llegar a las puertas exteriores de Stohess, era utilizando el camino hacia las ruinas de una ciudad subterránea, totalmente deshabitada. Incluso de llegar a transformarse, la mujer titán carecería del espacio para hacer uso de sus habilidades, tornando más fácil su captura.
Por supuesto, el resultado no lo conoceríamos hasta que sucediera. Nada garantizaba que Annie decidiera seguirlos por aquellas escaleras que los conducirían al subsuelo de Stohess y así poder atraparla... Ocurrió que la chica bien pronto había percibido en la insistencia de Eren porque los acompañara, el horror en los ojos de Armin y la frialdad generada por el odio de Mikasa, que sus antiguos colegas de tropa la guiaban hacia una trampa.
Viendo su determinación a no continuar adelante, Armin la empujó a referir todos los detalles que aún le generaban dudas; como la sustracción del equipo de Marco Bott y su culpabilidad al matar a mis titanes indefensos. Obviamente, al saberse descubierta, la opción sería convertirse de inmediato en titán. Mikasa, por su parte, no contuvo la ira que iba llenándola desde que iniciaron la misión y descubriendo el equipo bajo su manto, la desafió.
Justo en el momento que Armin disparaba la señal, tres grupos de soldados encubiertos de la Legión, ocultos entre las casas y sobre los aleros de las mismas, cayeron encima de la chica, buscando retenerla de los brazos y amordazarla. Sin embargo, ella dio paso a la transformación, hiriéndose de algún modo. Fue tan espontáneo su actuar, que ninguno de los soldados percibió cómo se hizo el corte. Nuestros compañeros volaron por los aires, muertos…
La situación llevó a los muchachos a cambiar la primera tentativa, por otra maniobra el doble de compleja. Percibiendo el titubeo de Eren y la incertidumbre que lo embargaba, limitando su transformación en titán; Armin dispuso que Mikasa y él saldrían a un tiempo del subterráneo derruido, en direcciones opuestas. Eso iba a despistar a la enemiga, ofreciéndole a Eren los minutos necesarios para huir.
La titán rehusó a quedarse de manos cruzadas, aplastando el sitio donde presumía que se hallaba su objetivo; de no ser por la rápida salida de Mikasa y Armin, quienes la distrajeron, Eren hubiese perecido bajo las rocas. No era lo que Annie buscaba, y debió sentirse más tranquila cuando el chico dio señales de vida; sin embargo, las piedras le sepultaban toda la parte inferior del cuerpo, amén de que un madero se le había clavado bajo el hombro. Cuanto supimos del asunto, nos lo informó Armin, quien junto a Mikasa, enfrentó valerosamente a la mujer titán; y a los que se unieron más tarde otros miembros de la Legión.
El revuelo de los civiles ante aquel fenómeno completamente inusual, provocó aglomeración y el corretaje de los mismos por todas las arterias de la ciudad. La Gendarmería, como bien previera Erwin, se alarmó al punto de creer que ocurría una revuelta. Según dijo Levi después, el comandante Nile incluso llegó a encañonar al nuestro, acusándolo de promover una revolución y de introducir a la titán en Stohess para generar el caos. Y es que ciertamente, jamás pensó el ejército del rey que uno de esos ejemplares pudiera caminar a sus anchas por dentro de Sina… La muralla que resguardaba a los poderosos.
Conmigo al mando, el cuarto escuadrón se había distribuido por los numerosos tejados, un poco al este del sitio donde se hallaba Eren. Al final, todo lo que acordáramos en el cuartel resultó más o menos de la forma pronosticada y nuestro buen Armin pudo conducir a la chica titán hasta nosotros. El temblor de las pisadas acercándose me disparó mis ansias de atrapar a la maldita. Sí, acabé llevando una versión pequeña del arma de captura, más fácil de manipular desde mi posición.
—Ya viene… Ella viene —mascullé con un tono diabólico, empuñando el detonador, bajo la mirada inquieta de Moblit—…
—Líder de escuadra, sus ojos brillan maníacamente —vi correr una gota de sudor por la sien de mi subordinado, nervioso.
Apenas la maldita colocó un pie donde nos encontrábamos, di la señal y el resto del equipo activó las armas, lloviendo sobre la titán un millar de saetas con sus respectivos cables, que se tensaron al introducirse en la piel del ejemplar. Considerando su fuerza, le arrojamos encima la pesada red con púas.
—¡Bien, la verdad es que no creí necesitar un plan de respaldo, pero ya que todos están locos…! —hice girar satisfecha uno de los cables de los garfios, a modo de onda, y lo atrapé con la mano— ¡El comandante Erwin sí que es un sujeto asombroso!
Nadie mejor que yo podía declararlo, que conocía de sus planes y geniales maniobras desde el segundo en que nacían esas ideas…; a veces, incluso, luego de una entrega intensa y apasionada. Entonces pretendía odiarlo por meter la política bajo las mantas, pero mi comandante lo notaba de inmediato y le ponía remedio asegurando que yo era su inspiración.
—Ahora —descendí haciendo uso del garfio, una de las empuñaduras lista para el rápido acople de la hoja—…, sé una buena chica para mí, ¿de acuerdo?
Me acerqué a su ojo, apuntándole con el extremo de la espada.
—No podrás convocar a otros titanes para que te coman esta vez —le garanticé, lanzándole una mirada insana—. Pero ni te preocupes, yo seré quien te devore. Me aseguraré de digerir cada pedazo de información que obtenga de ti.
Ninguno esperaba que la endemoniada, colérica por el hecho de sentirse fuera de combate, desdoblara una pierna e hiciera un barrido completo de las armas que la sujetaban. A duras penas logramos escapar ilesos, y gracias al equipo de maniobras, nos vimos de nuevo sobre los aleros. Las armas acabaron destrozadas.
—¡¿Se liberó?! —una Mikasa furiosa, de repente, caía junto a mí. No sé por qué me dio por imaginar que guardaba un cierto parecido con Levi.
—¿No había suficientes trampas? —me cuestioné, al observarla escabullirse con los garfios adheridos e incluso, varias armas, que se desarmaban en pedazos conforme su diabólica figura corría. Mi orden fue tajante— ¡No la dejen escapar!
Los cadetes de la 104, ya parte imprescindible del Cuerpo, se lanzaron tras ella sin titubear. Confiaba desde que los vi arriesgarse, que jóvenes tan audaces llegarían a convertirse algún día en veteranos.
A todas estas, Eren había quedado solo bajo el cúmulo de piedras y únicamente el fulgor de un rayo nos permitió conocer su decisión de pelear contra la mujer titán. Su nueva determinación le convertía en el rival a muerte de Annie.
