- ¿Qué tú… hiciste… qué?

Había oído mal, de seguro, o Stan no había usado bien las palabras en japonés. No podía ser cierto aquello. Simplemente no podía creerlo, no entendía cuándo ni cómo, por lo que se quería convencer de haber oído mal. Stan la miró a los ojos, sus ojos azules parecían más claros y fríos, más apagados.

- Yo maté a Senku –repitió el soldado, modulando perfectamente las palabras– Fue una orden de Xeno, y la cumplí. Le disparé con mi rifle de francotirador, y acerté completamente, así que está muerto.

- ¿Por... qué? –Kohaku estaba en shock, y eso era lo único que pudo decir.

- Sólo puede haber un líder científico en el mundo, y ese va a ser Xeno. Tus amigos no quisieron rendirse y cooperar, pero no nos interesa perder mano de obra, al contrario, así que sólo con matar al líder alcanzaba para derrotarlos.

- No… –jadeó. ¿Sólo por eso, tan sencillo y frío, no dudaron en matar a Senku? ¿Senku estaba realmente muerto? Otra pregunta logró salir de sus labios– ¿Cuándo?

- Casi dos semanas. Cuando me ausenté de aquí un día entero.

Dos semanas. Dos semanas que Senku ya no estaba más en este mundo, y ella recién se enteraba. De pronto le vino a la mente otro pensamiento: Gen. Él le había dicho que estaba oyendo con el auricular lo que sucedía con sus amigos, ¿por qué no le había dicho nada? No le vio un cambio en su rostro, ni preocupación, ni amargura. Era un mentalista, y tenía un excelente control de sus expresiones, destinado a manipular, pero Senku era un gran amigo para él, nadie podría disimular tanto, y no encontraba un motivo lógico por el cual hacerlo.

- ¿Gen lo sabe?

- Sí –la vio abrir mucho los ojos– Se enteró el mismo día, pero Xeno dio la orden de que tú no te enteres, por lo que su vida peligraba si abría la boca.

- ¿Por qué? ¿Por qué no podía enterarme?

- Yo también me lo pregunté, no tuve respuesta. Yo pensaba decírtelo desde el primer momento, sabiendo que nos odiarías, era lo justo. Pero órdenes de Xeno, me terminé molestando y dejando que él se hiciera cargo. Sólo que no lo hizo, y ya me cansé de ocultarlo y verte toda inocente de la verdad.

Kohaku sudaba frío. Con demasiada calma, Stan estaba diciendo esas cosas, cuando lo que estaba de fondo, la realidad inevitable, era que había asesinado a Senku. Su amigo, el joven científico que la había salvado en el momento que la conoció, y que tanto había hecho por la aldea, por su hermana, por la ciencia del mundo de piedra, y por todas las personas del mundo moderno… ya no estaba en ese mundo, y ni siquiera había podido despedirse. No terminaba de creerlo, y aunque su mente no lograba procesarlo, unas lágrimas silenciosas se derramaron de sus ojos, sin que ella pudiera controlarlas. Seguía muy quieta y boquiabierta, su cuerpo no tenía reacción. Stan tampoco hacía nada, seguía ahí sentado, con esa expresión mucho más fría y reservada, parecía el hombre que había conocido los primeros días de su secuestro, y no el que la noche anterior y ese mismo amanecer la había besado y acariciado con tanta pasión y entrega.

Lentamente, Kohaku se puso de pie. No podía moverse más rápido. Stan la miró, e instantáneamente se puso alerta, aunque no la detuvo, la expresión de shock en el rostro de ella, sumado a las lágrimas que seguían fluyendo por su rostro sin control, de una forma casi ausente, le producían una molestia y una pena que no permitía que fuera más restrictivo con ella en ese momento. A pesar de su trabajo militar y de no involucrarse con los asesinatos que eran parte de su misión, también era humano, y en especial verla sufrir a ella era lo que le producía un escozor en el pecho, más que el motivo por el cual ella lloraba.

- Necesito… aire –murmuró Kohaku.

- Te acompaño.

- No, no te me acerques. No te quiero ni cerca –Esa negativa le despertó un poco la consciencia a ella misma, así como el shock comenzó a dar paso al enojo.

- Kohaku –Levantó una mano hacia ella, antes de que se aleje de su alcance.

- ¡NO ME TOQUES!

Lo esquivó como si hubiera tenido un cuchillo en la mano, en vez de tocarla con las manos desnudas como estaba haciendo. Y con ese grito, fue que la indignación comenzó a despertar en ella, y su respiración se le aceleró. Y otras realizaciones llegaron a su mente, como en cuentagotas. Horribles, pero sin duda ciertas. Lo que pasó en el avión la primera vez con Stan, que Xeno la hubiera besado, el encuentro caliente de los tres juntos, y luego que ella intimó completamente con ambos. Todo eso sucedió después del asesinato de Senku, ellos eran conscientes de lo que estaban ocultando, para colmo con una dulzura inesperada, no había sido un desapegado momento de pasión, y aun así…

- ¿Cómo pudiste? –Dijo con un tono resentido, apretando los dientes– ¿Cómo pudiste hacerme… todo eso? ¿Cómo tuviste el coraje de hacer esas cosas íntimas conmigo, mis primeras experiencias románticas, sabiendo que me ocultabas algo tan importante? Se siente como una traición, como una mentira. Me das… asco.

- Oye, espera –Dijo Stan, frunciendo el ceño, eso le había dolido– No fue así. Yo no tenía ningún tipo de vínculo con TUS amigos, y en todo caso, tú también nos ocultaste la verdad con respecto al "Dr. Taiju", y no tuviste remordimientos al hacer tu parte en lo que sucedió entre nosotros. Nunca te presioné ni te obligué a nada, Kohaku.

- ¡No compares! –Exclamó contrariada– ¡Proteger y asesinar, son dos cosas completamente distintas!

- Esto es una guerra, y…

- ¡No, no es una guerra! Senku y todos nosotros el último año comenzamos con el plan de recorrer el mundo para salvar y recuperar vidas, y ustedes sólo se quieren abusar, y las quitan! Son despreciables.

Con eso, la ira y el dolor de Kohaku terminó de estallar, y Stan no iba a ser el único que recibiera todo su odio, al menos él lucía honestamente impactado por sus palabras, coincidiera o no. Se dio vuelta y salió de la habitación, al principio a un paso medianamente tranquilo, pero luego a medida que bajaba la escalera, fue aumentando la velocidad, hasta que terminó corriendo hacia el laboratorio de Xeno. No sabía ni le importaba si el soldado la estaba siguiendo o no, lo único que tenía en la cabeza era encontrarse con el científico.

Cuando Xeno, que efectivamente estaba en el laboratorio trabajando, la vio, supo enseguida que algo andaba mal, la expresión que tenía la joven en el rostro distaba mucho de las últimas veces. En cuanto se encontraron, ella se paró en el marco de la puerta, y lo fulminó con la mirada. Y entonces la energía volvió a fluir en ella, de una forma mucho más agresiva que con Stan, quizás porque inconscientemente sabía que contra el soldado no tenía oportunidad, y con Xeno sí.

Corrió hacia el líder, que no alcanzó a reaccionar a tiempo por la confusión y la sorpresa, y se lanzó contra él, tirándolo al piso de espaldas. Se subió a horcajadas de él, y lo agarró del cuello de su traje, acercándolo a su cara para gritarle furiosa.

- ¡ERES UN MISERABLE!

Xeno quedó boquiabierto ante ese despliegue de ira, y no le costó imaginarse cuando le vio los ojos húmedos e hinchados, que debía haberse enterado de todo. No pudo contestarle nada, ni tampoco tenía nada que decir realmente, no podía negar o justificar lo que había hecho. Kohaku lo sacudió, conteniendo por poco sus ganas de pegarle, pero en el movimiento lo hizo golpearse la parte trasera de la cabeza contra el duro piso.

- ¡Maldito! ¡¿Por qué lo hiciste?! ¿Por qu...?

Pero no llegó a prolongar ni un segundo más aquel ataque, cuando sus ojos se entrecerraron y cayó instantáneamente desmayada sobre el científico, cuya cabeza volvió arebotar dolorosamente contra el piso cuando ella soltó su agarre. El motivo de la repentina pérdida de conciencia de la joven apareció al instante, Stan le había dado un certero golpe en el cuello, precisamente donde se encontraba la arteria carótida, por lo cual le había producido una súbita bajada de la presión arterial, que la desmayó al momento. Con una expresión muy amarga y llena de lamento, la cargó en sus brazos, quitándola de encima del cuerpo de su amigo. Lo miró con severidad y reproche contenido, no podía culpar a Kohaku por lo que había hecho, pero tampoco podía permitir que atacara a Xeno, menos con la impresionante fuerza que tenía.

- ¿Ves lo que sucede por no hablar a tiempo?, te lo advertí, Xeno. Me encargaré de que no vuelva a ponerte en peligro, pero lo tienes bien merecido. Al menos a ti sólo te va a doler la cabeza un rato.

El científico se puso de pie y se sacudió la ropa. Sí, lo sabía, había sido un acto totalmente egoísta, se había dejado llevar por algo que no era la lógica por una vez, anteponiendo sus deseos personales a la realidad de que ella era todavía parte de las fuerzas enemigas, y así había resultado. Porque la realidad era que, si ella hubiera sabido antes de que habían asesinado a Senku, no hubiera permitido que le pusieran una mano encima, ni uno de esos besos y esos íntimos momentos hubieran sido realidad. No estaba arrepentido de nada de lo que había hecho, salvo de lastimarla, no sabía qué tan cercana era de Senku y lo importante que había sido su ex-discípulo para ella. Pero no había vuelta atrás, y su plan no habrían cambiado por más que lo hubiera sabido. No le contestó nada a Stan, solamente compartieron una mirada seria, y el hombre de pelo platinado resopló y se fue de allí.

Stan se llevó a Kohaku inconsciente hasta la habitación de ella, y la recostó en la cama. Se había descuidado, dejándose llevar por verla tan lenta y angustiada, pero en cuanto la oyó acelerar sus pasos se dio cuenta de su error, y corrió tras ella, justo a tiempo. Había medido muy bien el golpe, no quería herirla más, calculaba que en menos de quince minutos despertaría por su cuenta. El problema era qué intentaría hacer, si lo atacaba ciegamente... Tendría que detenerla, y no iba a ser fácil, para ninguno. Se sentó a su lado, apoyó su mano en la cabeza de la rubia, y luego la deslizó suavemente por su rostro, en lo que esa vez sabía que iba a ser la última caricia. Definitivamente ella no se merecía nada de eso, no envidiaba la posición en que se encontraba y la mezcla de sentimientos que debía tener.

Era difícil creer que tan sólo unas horas antes habían pasado de reír y jugar inocentemente bajo la lluvia, a compartir un baño caliente en el que ella lo había sorprendido con su dulzura al dedicarle aquella canción, a toda la pasión que vino después. Y ese amanecer en el cielo, la paz que habían compartido, coronándolo con otro momento íntimo… hasta había pasado por su mente por un fugaz momento mandar todo al demonio, con tal de saborear un instante más de ingenua y simple felicidad. Y ahora, todo eso no sería más que un agridulce recuerdo, para ambos. Probablemente Kohaku había tenido razón en llamarlo despreciable, aunque le había escocido porque todo lo que venía haciendo con y por ella las últimas semanas, había sido genuino, sin segundas intenciones. Y él no era un hombre que reconociera fácilmente cuando alguien hacía mella en él, no se veía como alguien vulnerable ni sensible, no podía permitírselo tampoco, dada su profesión. Como sea, ya nada importaba, eso estaba destinado a ser una catástrofe desde el principio, desde que aquella sonrisa tan hermosa como un atardecer lo cautivó sin darse cuenta.

Se bajó de la cama, sentándose en el piso en su lugar, y encendió un cigarrillo mientras la miraba, tratando de no darle más vueltas a la cuestión. Tal como pensaba, unos minutos después ella despertó, parpadeando lentamente con confusión, hasta que pareció reconocer dónde estaba. Giró la cabeza, y sus ojos se encontraron, ninguno dijo nada por un rato, hasta que Stan rompió el silencio.

- Perdón.

- ¿Por qué de todo? –le respondió Kohaku con amargura.

- Por todo lo que te lastimé, física y emocionalmente.

- Te odio. Los odio –dijo eso, pero el corazón se le comprimió con tristeza, y no con ira.

- Lo sé.

Quedaron en silencio otro rato más, hasta que Stan se decidió a decirle todo, lo merecía.

- Asesinar al líder científico Dr. Taiju, que resultó ser el Dr. Senku, fue nuestro objetivo desde que tus amigos no aceptaron rendirse y fallaron las negociaciones. Resultó ser que ambos existían de verdad, pero uno era un señuelo, y nuestra espía no se enteró de aquello, sino que Xeno lo hizo. El Dr. Senku había sido un alumno de ciencia suyo cuando era un niño, por lo que reconoció su nombre al instante, y no dudó que se trataba de ese mismo Senku que él conocía y que tanto lo había llenado de orgullo por su brillantez y su dedicación a la ciencia.

Kohaku abrió mucho los ojos al escuchar eso último, y ahora parecía más difícil de creer. Eso era más que inhumano, horroroso.

- Xeno… ¿dio la orden de matar a su propio aprendiz?

- Sí. Entendió que los principios férreos de Senku jamás permitirían que se una a él, por lo cual consideró que no había otra opción. Le permití dudar, le pregunté si realmente lo quería muerto. Luego de decirme eso, confirmó la orden de que le disparara, y lo hice. Nuestra espía quedó con tus amigos, es lo último que sé, pero su misión terminó, así que no sé si la tendrán de rehén o qué estará haciendo, quedaron sus dos custodios allí cerca, aunque estaban desarmados y son hombres bastante inofensivos.

El silencio cayó como un manto sobre ellos nuevamente, Stan no dejaba de mirarla esperando su reacción, y Kohaku no podía más que seguir boquiabierta, procesando todo. O sea que encima había habido una posibilidad de que Senku siguiera con vida, pero Xeno no había tenido piedad, aun sabiendo que se trataba del niño que educó en asuntos de ciencia. Eso era demasiado frío y retorcido, ahora se sentía incluso peor, sabiendo el vínculo que los unía y que al final no había importado para el científico. ¿Ese era el mismo hombre que la había consentido con "regalos científicos", y con el que había compartido su primer beso y su primera vez? ¿De verdad era el mismo? Era cierto que hasta con ella había sido muy ambiguo, pero no le cabía en la cabeza qué tan ciego podía estar con sus creencias como para hacer algo así y realmente no dudar.

Se levantó lentamente, la fuerza la había abandonado una vez más, tenía el cuerpo entumecido. Quería rasgarse la piel, quitarse todo rastro de ellos de su cuerpo, se sentía mancillada. Se miró a sí misma con asco, sin poder creer lo "débil" que había sido, cómo había confiado en ellos, y hasta había albergado sentimientos por ambos. Se entregó a ellos en cuerpo y alma, y lo peor era que había sentido una energía similar de parte de ellos. Pero qué tan sinceros podían haber sido con eso, ahora lo dudaba, quizás eso también había sido falso.

Cuando terminó de ponerse de pie, sus piernas le temblaban un poco, no importaba lo fuerte que era, ese momento estaba resultando demasiado agobiante para ella. Vio que Stan también se puso de pie, y la miró con cautela. Podía ver la duda en sus ojos, de qué hacer a continuación, esperando su próximo movimiento. ¿La atacaría si ella se enojaba y le hacía frente? Sin dudas él la había desmayado de un golpe cuando atacó a Xeno, podía volverlo a hacer. Al fin y al cabo, había admitido en parte que no era más que un soldado que acataba órdenes, no las cuestionaba, aunque no estuviera de acuerdo. No tenía sentido de justicia, ni moral, era una cáscara vacía. Decidió provocarlo, tenía que asegurarse para poder odiarlo completamente, y aunque sea así comenzar a sanar su corazón y su cuerpo traicionado.

- Realmente eres despreciable –siseó, mirándolo a los ojos lo más fríamente que pudo.

- Tal vez lo sea –le contestó serio.

- ¿Dónde está tu honor? –insistió, sorprendida por la respuesta– Se supone que los guerreros lo tienen. Entonces tú no eres más que un perro.

- No es tan sencillo, no lo entenderías.

- No, no lo entendería, pero porque jamás podría hacer algo tan miserable y traidor –poco a poco, dejaba de querer provocarlo intencionalmente, y realmente dejaba salir lo que pensaba– Me engañaste, me usaste… manoseaste mi cuerpo, y mis sentimientos. ¿Lo disfrutaste, al menos? ¿Valió la pena?

Stan no respondió a eso, e inspiró bruscamente. Escuchar esas palabras lo estaban quemando, estaba seguro que Kohaku expresaba honestamente todo lo que sentía y le dolía en ese momento, era desgarrador. Tenía que dejarla hacer catarsis, que escupa todo su odio y su dolor, era lo que ella tenía que hacer para sacar de adentro todo el veneno que la corroía. Era la única forma en la que ella podría sanar, más adelante. Y lo peor, era que tenía razón en buena parte. No la había engañado ni mancillado intencionalmente, pero lo había hecho, y ciertamente había disfrutado esos dulces y apasionados momentos con ella.

- ¿Lo valió?

Se acercó más a él, el enojo volviéndola a recorrer como la lava de un volcán por dentro, convirtiendo su sangre en fuego. Hasta que quedó a unos escasos centímetros de él, ambos parados completamente erguidos, una tensión insoportable en sus cuerpos, y en el aire alrededor entre ellos. Le estaba molestando que él no le contestara eso último. ¿Por qué no le contestaba?

- No seas cobarde, admítelo, Stanley –nunca había usado su nombre completo, y se sintió mucho más duro y frío, incluso notó que él se estremeció ligeramente, reacción curiosa en alguien tan imponente– ¿O no fue así? Admite que no me dijeron nada, porque prefirieron gozar como animales conmigo, en vez de como personas con sentimientos. Al menos no tuvieron consideración con MIS sentimientos, eso puedo darlo por seguro. Ahora entiendo todo, y entiendo por qué aquella vez pretendieron burlarse de mí, cuando se me acercaron los dos juntos aquella noche. Se divirtieron conmigo, y yo como una tonta les pedí más, porque me hicieron sentir bien, me sentí como una mujer deseable por primera vez.

Cuando finalmente sacó eso de adentro, la vergüenza y su orgullo destrozado la lastimaron de verdad, y sus ojos se llenaron de lágrimas. No quería mostrarse débil, ella no era así… pero tampoco podía negar que tenía un corazón, que era una mujer sensible, a pesar de que la consideraran sus propios amigos una gorila, eso era lo que tampoco ellos habían entendido.

- Sí, así es. Así me sentí, y no me quiero arrepentir de eso porque lo hice honestamente, no como ustedes. Pero tampoco puedo evitar sentirme asqueada conmigo misma. ¿Por qué? –sorbió por la nariz, y liberó un sollozo impotente, para luego gritar– ¡¿Por qué lo hicieron?! ¡¿Cómo pudiste mirarme a los ojos y besarme como lo hiciste, sin sentirte miserable?!

No pudo contener más su ira, y descargó lo que quedaba de su frustración en un repentino puñetazo dirigido al corazón de Stan, ya que no tenía armas para atacarlo de otra forma. Lo que no se esperaba, era que el soldado, con toda su habilidad y sus reflejos, no esquive ni bloquee el golpe. Lo había resistido, y eso que Kohaku lo había lanzado con todas sus fuerzas, no se había contenido. Lo peor de todo, que la sacudió por dentro aún más, fue que cuando lo miró a los ojos esperando ver una mirada dura y de advertencia, se encontró en su lugar con una resignada y hasta triste. Esos ojos azules eran demasiado transparentes, expresaban con mucha más claridad lo que se estaba conteniendo con sus palabras. Podía leer en ellos que tenía pena. ¿Acaso sentía lástima por ella? Eso la enfureció más, y en un rápido movimiento, sin pensar en las consecuencias, le sacó el cuchillo enfundado a Stan. Nuevamente, le sorprendió que no hiciera amague de defenderse, y en su lugar, lo oyó hablar.

- Hazlo. Si realmente me odias con todo tu corazón, hazlo, clávame ese cuchillo. Mira –Dirigió sus manos a la cremallera de su traje, abriéndolo hasta la altura del abdomen, exponiendo visiblemente el lado izquierdo de su pecho– Aquí tienes, pagaré por Xeno y por mí, que te lastimamos tanto, y estaremos a mano si eso te consuela un poco.

Stan estaba haciendo eso, que parecía una locura temeraria, con total seguridad. No porque quisiera morir, no consideraba pagar con su vida por haber lastimado a Kohaku, sino porque estaba seguro que ella no podría hacerlo, no podía odiarlo tanto. O sí, pero a la par de ese odio, también era evidente que tenía otros sentimientos hacia él. Lo había visto en sus ojos, lo había sentido en sus manos, en las sonrisas que le dedicaba, en los besos que habían compartido. Así como él ya no podía lastimarla seriamente, ella tampoco podría atravesarlo con ese cuchillo. Y si era así, entonces le quedaba una mínima esperanza de que algún día lo perdonara de alguna forma.

Kohaku, abriendo mucho los ojos, apoyó la punta del cuchillo contra el corazón de Stan, poniéndolo a prueba. Su mano temblaba ligeramente, y no podía controlarla. Tan afilado estaba ese cuchillo, que sólo con apoyarlo con decisión ya le había cortado unas capas de piel, y un hilito de sangre se abrió camino. Lo miró a los ojos, y no hubo cambio alguno en la expresión de él, estaba comenzando a dudar, podía asegurar que Stan era un hombre orgulloso, no tenía sentido que hiciera eso. Apretó los dientes

- Tú... No tienes corazón

- No, es cierto, no lo tengo ya –sonrió amargamente, y bajó la cabeza para acercarse a ella, para decirle con un tono de voz suave, lastimoso– Te lo quedaste tú.

- No... ¿Cómo puedes decirme eso ahora? Basta.

- Lo digo, porque es la verdad. Asesinar al líder científico fue mi misión, nada más. Tú eres otra persona, y jamás hubiera imaginado que pasarían estas cosas entre nosotros tampoco, ni antes, ni después de lo que hice. Nunca desobedecí una orden directa, y ya es demasiado tarde, pero... –puso unos dedos bajo el mentón de ella, para obligarla a mirarlo, que perciba la sinceridad en sus ojos– si hubiera sabido que nos sentiríamos así, y para evitar ganarme tu odio irreconciliable... quizás hubiera sido la primera orden que desobedeciera en mi vida.

Kohaku le sacó la mano que sostenía su mentón de un manotazo. Ese toque era demasiado delicado para su gusto, dadas las circunstancias. Entendía lo que le había dicho Stan, pero tampoco podía aceptarlo, había asesinado a Senku, y de eso no había vuelta atrás. Y no podía negarlo, sentía cosas por el soldado, en el fondo no se arrepentía de nada de lo que había hecho con él, más bien se sentía tan herida por la desilusión y el engaño. Era demasiado difícil la posición en la que había quedado.

- Sólo quiero dejarte en claro una cosa, Kohaku –continuó– Todo lo que pasó contigo, todo, lo hice honestamente. Reconozco que al principio también había un poco de ganarme tu favor y tu confianza, pero nunca actué falsamente ni mentí en el proceso, nunca. Vamos, que hasta dediqué casi demasiadas horas de mi día a aprender japonés intensivo para poder hablar contigo y entendernos, eso lo hice hasta por fuera de Xeno. No eres mi enemiga, ya no, aunque ahora no sé si puedas decir lo mismo de mí, lo entiendo. Pero... Ojalá puedas perdonarme algún día. Si fuera así, esperaré todo lo que sea necesario.

Stan levantó sus brazos, y la abrazó. Kohaku no había quitado el cuchillo de su pecho, por lo que cuando él la acercó a su cuerpo, el brusco movimiento del extremo filo le cortó la piel en un tajo diagonal del que instantáneamente brotó sangre, aunque a él no le importó. Un poco de dolor y de sangre estaban más que justificados, si con eso podía hacerle ver sus intenciones.

Kohaku no pudo devolverle el abrazo, sus emociones estaban en conflicto, pero el hecho de que, pese a todo, él la abrazara de esa forma y le dijera eso, le rompió aún más el corazón, y las lágrimas volvieron a recorrer su rostro. Era irónico que quién le había causado ese sufrimiento, era quien la estaba consolando ahora, pero tampoco tenía las fuerzas para alejarlo, se sentía miserable. Y, para colmo, el saber que él le había dado a Xeno una última oportunidad de arrepentirse antes de disparar, era peor, porque eso significaba que hubo una posibilidad de evitar todo aquel desenlace.

Stan no hizo más que abrazarla, lo único que quería era consolarla de alguna forma, ya que él y Xeno le habían causado todo ese dolor. Ella eventualmente soltó el cuchillo, que cayó al piso de madera, y ahí la rodeó con más fuerza, aunque ahora su sangre le estaba manchando el rostro. Consideró decirle que en tan sólo unos días iba a volver a ver a sus amigos, pero en realidad eso sucedería porque los tomarían prisioneros a todos, al conquistar su enorme barco. La noticia podía ser dura e impactante, aunque le pensaba asegurar que no pensaban quitar ninguna otra vida… pero decidió que más que consuelo, eso iba a abrumarle más, y se lo guardó.

Unos minutos después, las lágrimas de Kohaku cesaron de fluir, y Stan la soltó. No quería abusar de lo último de confianza que le estaba otorgando, así que se agachó para levantar su cuchillo, lo guardó en la funda, y se retiró de la habitación, diciéndole que solamente volvería a la noche para llevarle su cena, sólo la de ella. La rubia quedó sola allí, y caminó hasta la cama, para echarse, ya que apenas podía mantenerse en pie. El problema fue que, al quedar sola, también lo estaba con la marea de pensamientos que la acechaban. Ahora la imagen de Senku era demasiada nítida, y se tapó la boca con la mano cuando un fuerte sollozo salió de su boca. Habían disparado y asesinado a Senku. Su amigo estaba muerto, hacía muchos días ya, no había vuelta atrás ni nada que hacer.

No pudo evitar seguir reviviendo numerosos recuerdos del peliverde, desde que lo había conocido, la determinación y resiliencia que él había mostrado siempre, no importaba la situación o dificultad. Senku no se había rendido nunca, y en cada enfrentamiento había buscado la opción mediadora, una que beneficiara a ambas partes, y causara menos daños. Quizás no era nada demostrativo, y siempre buscaba esconder sus verdaderas intenciones de consideración y preocupación por los demás poniendo algún avance o necesidad científica como excusa, pero era una de las personas más amables de corazón que había conocido en su vida. A ese hombre, la esperanza de la civilización petrificada del mundo moderno, habían asesinado fríamente, sólo porque era "competencia al liderazgo" de Xeno.

Y lo que le añadía más dolor a todo, sumando sus motivos egoístas, era que había albergado sentimientos de algo más que amistad por Senku durante un buen tiempo, aunque que nunca habían sido correspondidos. Desde que lo conoció él le había dejado en claro, que "hasta que se reestableciera la civilización no le interesaban ni un milímetro las relaciones románticas", y parecía cierto, porque jamás le había echado el ojo ni a ella ni a ninguna otra chica. Como a ella tampoco le interesaba ese tipo de vínculo particularmente, había considerado esperarlo hasta que lograran su objetivo, pero eso tampoco garantizaba que en ese momento él fuera a declarársele, o a aceptar la declaración de ella. Podía darlo por seguro en el caso de otros amigos, como de Taiju y Yuzuriha, o si el crío de Chrome se decidía con su hermana, pero con Senku realmente no lo sabía.

Eventualmente, la desilusión y el orgullo le pudieron más, no iba a estar arrastrándose detrás de un hombre que no demostraba el más mínimo interés en ella como mujer, sino solamente como amiga y aliada. Se había dicho a sí misma que el hombre que en el futuro estuviera a su lado, era alguien que no tendría pudor ni reservas en reconocer sus sentimientos por ella, aun sabiendo lo fuerte e independiente que era, y que también merecía a alguien que la viera como una mujer hecha y derecha, y no que entre bromas la compararan con animales temibles y con connotación de brutalidad, eso le parecía de niños, no importaba lo inteligentes que fueran. Eso fue lo que la cautivó de Stan y Xeno, que le habían dado exactamente lo que ella tanto ansiaba, sin saberlo. Aunque así de traicioneros y falsos habían resultado ser, al final tampoco era garantía de nada que fueran más directos con sus deseos.

Con toda esa mezcla de pensamientos, sentimientos y reproches pasó la hora, eventualmente calmándose de tanto sollozo, que para colmo ahora le estaba trayendo un notorio dolor de cabeza. Cada tanto alguna nueva imagen de Senku, o algún pensamiento deprimente asomaban en ella, llevándola al borde de las lágrimas otra vez, pero lograba serenarse y calmarse lo suficiente.

De pronto, escuchó unos pasos subiendo los escalones cercanos a la habitación. Stan había dicho que no iba a volver hasta la noche, así que o era alguna de las otras mujeres que tenía su habitación de descanso cerca… o era Xeno. No tenía nada que hacer o dónde ir, así que se quedó recostada esperando. Efectivamente, la persona que tocó la puerta como aviso y que luego entró, se trataba del líder científico. ¿Vendría a "disculparse" como había hecho Stan? Por un lado lo agradecería, para ver cuánto corazón le quedaba a ese hombre. Pero por el otro, no sabría si podría soportar otra situación como la que vivió con Stan, esa contradicción de sentimientos era demasiado, para ambos.

La respuesta vino rápidamente, derivada del aura que sintió de parte del científico. Si bien no era tan intimidante físicamente, había algo en su rostro serio y en sus ojos oscuros que permitían a cualquiera leer sus intenciones con claridad. Y en ese momento, lo que sintió fue una ligera opresión en el pecho, cuando de reojo alcanzó a verlo en su campo de visión. Esa breve mirada bastó para helarle un poco la sangre: Xeno estaba parado muy derecho, y no había una pizca de pena o de arrepentimiento en sus ojos, era como si se hubiera puesto una máscara de dureza inquebrantable. Parecía el mismo que había conocido cuando llegó al castillo, ya no había rastro de la mirada cálida que le dedicaba últimamente, ni de esas mínimas sonrisas que reconocían su complicidad con ella. Miró hacia el techo, porque no podía soportar más la fría vista.

- Miss Kohaku, vengo a dejarte en claro algunas cosas, dadas las circunstancias y evitar próximas confusiones. Acepto mi responsabilidad de haberme guardado la sensible información que tanto te ha afectado, pero dada tu condición de rehén, no estaba en la obligación de hacerlo, ni de darte explicaciones. Esto no es un juego. En ningún momento puse en duda mi plan y mi ambición, así como mi visión del mundo, eso siguió firme y constante desde el principio. No te creas que por pasar tiempo contigo y hacer nuestro vínculo más agradable, iba a cuestionar algo de eso. Una joven mujer que no conoció el mundo moderno, y la cual es mi rehén hace alrededor de un mes jamás podría hacerlo, como tampoco jamás podría poner en duda la fidelidad de mi mano derecha. Rebajarnos a ser aliados y cooperar con un grupo de niños que vinieron a nuestro territorio, presumiblemente para hacerse con recursos nuestros… me río de su ingenuidad. Si pensaste que podía suceder algo de eso, era una fantasía que tú sola creíste posible. No mezcles ni confundas las cosas.

Hizo una pausa, Kohaku seguía mirando el techo sin hacer ni un movimiento, aunque claramente estaba escuchando, porque una solitaria lágrima cayó por su rostro. A pesar de lo que estaba diciendo, que era totalmente cierto y honesto, también reconocía la otra parte de su conflicto, e iba a decírselo.

- Es cierto que una parte mía sintió interés por ti de una forma más personal. A pesar de tu inocencia, creo que compartimos ciertos valores, así como el respeto y la creencia en la ciencia. Lo que pasó a un nivel más íntimo no fue fruto del engaño de mi parte, no me arrepiento para nada, y al menos espero haberte dejado un buen recuerdo de lo que podría haber sido si nuestros caminos se alinearan, quise dar lo mejor de mí para ti en cada una de mis acciones. De verdad hubiera sido muy grato que te unieras a nosotros y que yo pudiera gobernar este nuevo mundo contigo a mi lado. Pero si tu postura es inquebrantable y no puedes considerarlo, entones eso es todo, no hay nada más que hablar ni negociar. Y no pienses que podrás intentar hacerte un lugar en el corazón de Stan para que me convenza de nada, él es mi soldado y mi amigo, decidió acompañar mi visión y hará todo lo que yo le ordene, sin dudar. Un militar jamás cuestiona a su superior, ni una orden directa, además de que es así porque compartimos objetivos, claro.

Eso estaba resultando un monólogo, ya que Kohaku seguía sin dar señales de decir nada, y mucho menos pelear, eso era lo más extraño. Así que decidió decir lo último antes de retirarse.

- Sigues teniendo movilidad libre por el castillo, pero si intentas escapar, atacarme a mí o a cualquiera de mis subordinados, volverás a estar recluida y vigilada aquí como los primeros días, ni siquiera tendrás la oportunidad de conversar con Míster Gen. Así que piensa antes de actuar, no habrá segunda oportunidad. Hasta luego, Miss Kohaku.

Xeno dio media vuelta y se fue, mientras que Kohaku siguió tal como estaba, procesando todas las palabras que había oído. No, no iba a luchar, porque el que seguía estando en peligro con eso era Gen. Pero no iba a actuar como siempre, no iba a darles el gusto de pensar que podía dejar atrás lo que hicieron. Las palabras de Xeno habían sido duras e inquebrantables, pero el discurso de Stan había sido distinto, y lo oyó confesar que podía haber rechazado esa orden de disparar. ¿Conocía Xeno realmente a su amigo, o más bien se había convencido de eso porque nunca antes se había presentado una situación que los pusiera a prueba? Eso estaba por verse, pero con el soldado llegó a una situación muy límite horas antes, y podía afirmar que no era un asesino sanguinario y que sólo acataba órdenes, como ella le había dicho.

Kohaku no tenía ganas de salir de allí, no quería encontrarse con nadie. No quería nada más de ellos, ni deberles nada. Fue entonces cuando fue consciente de su ropa, ese vestido negro que le habían hecho para que fuera más fácil vestirse con sus costillas rotas, y mientras cosían el vestido azul que Stan había cortado durante la pelea y cuando la había revisado de pies a cabeza. Se lo sacó y lo arrojó hacia un costado. Buscó en la habitación su vestido original, pero no lo encontró, y fastidiada se volvió a recostar solamente vestida con su ropa interior. Mucho mejor.

No sabía si Gen iba a enterarse de lo sucedido, y por un lado sí tenía ganas de verlo, necesitaba desahogarse con él. Podía imaginar lo duro que debería haber sido para el mentalista enterarse también de la muerte de Senku, eran grandes y cómplices amigos, ella no era la única dolida allí. Pero no pensaba salir de la habitación más de lo mínimo necesario, tendría que aguantarse, y Gen la iba a esperar en vano para su conversación diaria. Aunque no era sólo por capricho, realmente sentía que la fuerza había abandonado su cuerpo ese día, y la cabeza se le partía al medio de tanto llorar. Estaba bien, tenía que permitirse el duelo, y así poder estar entera luego para cuando llegara el día de enfrentarlos, sabía que sus amigos no se iban a desmoronar ni rendir.

La noche llegó, y Stan le llevó la cena, solamente la porción de ella. La encontró recostada de lado en la cama, mirando hacia la pared, y se extrañó de verla en ropa interior. Sus ojos encontraron el vestido descuidadamente arrojado a un costado. Dudó si lo había hecho como parte de su enojo, o si tendría calor por haber levantado un poco de fiebre, podía llegar a ser una somatización desmedida por la crisis mental. Como no podía verle la cara para comprobar si tenía indicios visibles de fiebre, luego de dejarle la bandeja de comida en la pequeña mesa, decidió preguntarle directamente.

- ¿Por qué te quitaste la ropa?

- Quiero mi vestido –le contestó, y no dijo ni una palabra más.

Stan la miró en silencio unos largos segundos, confirmando la primera opción que había pensado, y se retiró sin decir más nada. No tenía idea dónde podía estar su vestido, tendría que preguntarle a Xeno, pero no iba a hacerlo esa noche.

Kohaku tenía el estómago revuelto todavía, por lo que no probó bocado, y apenas bebió un sorbo de agua a la mitad de la noche. Durmió de a ratos, sin poder conciliar el sueño realmente, y para colmo le seguían viniendo a la mente imágenes de Senku, que eran como una puñalada. Luego de la muerte de su madre, que no recordaba tanto ya que ella era pequeña entonces, nunca había sufrido una pérdida cercana. Sí había visto a otros aldeanos morir de hambre o de viejos, pero nunca una muerte provocada y menos de alguien que ella quisiera mucho. Le estaba afectando más de lo que había pensado, y la angustiaba que su propio cuerpo no le respondiera, que no pudiera encontrar las fuerzas o las ganas de levantarse. Esa estaba resultando una de las peores noches de su vida, y por un momento deseó tener a alguien a su lado para abrazar y encontrar consuelo y calidez, se sentía hasta fría.

La mañana llegó, y se despertó con los reflejos de la luz del sol filtrándose por la ventana. Pensaba que iba a sentirse mejor, pero se encontró con que tenía el estómago aún más revuelto, alineado con sus emociones, la falta de sueño y el desgano. La comida seguía ahí, como era carne, seguro se estaba empezando a poner en mal estado, y el pensamiento le dio una ligera náusea. Bebió un largo sorbo de agua, pero sintió que hasta eso le resultaba pesado, por lo que volvió a recostarse. Unas horas después, alguien tocó la puerta y entró. Kohaku seguía de lado mirando hacia la pared, por lo que no podía saber de quién se trataba, pero le pareció que las pisadas sonaban más suaves, no las reconocía como las de Stan.

Por el rabillo del ojo alcanzó a ver de quién se trataba, cuando la persona se acercó a la mesita, seguramente para llevarse la bandeja de comida. Era Charlotte, la joven rubia que varias veces había visto, vestida con un traje enterizo parecido al de Stan, seguramente otra guerrera. Pero no tenía una mirada fría o amenazante, más bien alcanzó a verla dubitativa cuando notó el plato de comida sin tocar, y la miró a ella de reojo.

- ¿Te sientes mal? –Preguntó en inglés, señalando su propio estómago.

Kohaku se imaginaba que la chica no sabía nada de su angustiante situación, pero le pareció un buen detalle que se preocupara por ella. Al menos lo que aprendió en inglés le servía para entender y poder comunicarse un poco.

- Sí.

- El capitán Stanley mandó esto para ti, tu ropa –dijo, haciendo referencia a lo que había dejado en la cama. Y agregó en un tono suave– ¿Necesitas algo más?

- No, gracias.

- Ok…

Charlotte salió de la habitación, y cuando Kohaku no oyó más sus pasos, se sentó en la cama para agarrar el vestido. Estaba remendado, entero, y se lo puso. Al fin algo que le hacía sentir bien, la sensación de pertenencia y de ser ella misma, y le hizo recordar con angustia a la aldea y sus amigos. Parecía que su cuerpo estaba saturado de emociones negativas, porque esa nostalgia le produjo una sensación de náuseas otra vez, y no pudo controlar la arcada que le siguió. Agh, qué horrible sentirse así, por muy poco y habría vomitado el suelo. Aunque quizás vaciar su estómago la haría sentir mejor, muchas veces le había pasado, pero era tan desagradable que no tenía ganas de provocarlo. Se recostó nuevamente en la cama, esperando a que se le pase el malestar de alguna forma. Si no estuviera en una situación tan compleja, le hubiera pedido a Xeno unas hierbas medicinales, pero no quería nada de parte de él.

Al mediodía, fue Stan el que volvió a aparecer, con una nueva bandeja de alimento. Charlotte le contó cómo la había encontrado a Kohaku y que se sentía mal, por lo que consideró llevarle él mismo el almuerzo, aunque no sabía si lo iba a comer. Había pensado delegarle el tema de la comida a su subordinada, ya que al menos no tenía nada personal con ella, pero se sentía un poco responsable del estado anímico de la rubia. Se alivió de verla vestida con su propia ropa, pero seguía en la misma posición desganada. Al menos quería sacarse la duda de si tenía fiebre, por lo que cuando dejó la comida, acercó su mano a la frente de ella, pero Kohaku murmuró con un tono seco.

- No te me acerques. No me toques.

- Kohaku, tengo que…

- ¡Dije que no me toques! –Apartó la mano de él de un golpe, aunque fue el más débil de su vida.

- Si te enfermas hay que tratarte, no estaría bien que se complique, pudiendo evitarlo, y no es agradable sentirse así.

Kohaku no le contestó nada, y al contrario, se hizo un ovillo, cerrándose más a él. Eso lo llenó de frustración, aunque por otra parte entendía que todavía era pronto para esperar que cambie su ánimo. No tenía más que hacer si ella no lo permitía, tampoco quería forzarla. Verla con esos síntomas similares a una depresión le revolvía su propio estómago, no era propio de ella. ¿Qué tanto la habían quebrado? Prefería que estuviera enojada y hasta golpeándolo, a verla tirada como un trapo.

- Come aunque sea un poco, te hará bien. Necesitas nutrientes y fuerza –le dijo con calma, y se fue.

La rubia siguió ahí echada. Si Stan la hubiera dejado en paz y sin decir nada, hubiera sido más fácil, pero esa preocupación de él no hacía más que recordarle la miserable situación en la que se encontraba. Varios minutos pasaron, hasta que decidió hacerle un poco de caso, tal vez con comida en su estómago recuperaba algo de vitalidad. Probó unos mínimos bocados, masticando lentamente, pero hasta eso parecía desagradarle. Se suponía que su estómago tendría que agradecerle algo de alimento, y sin embargo lo estaba rechazando completamente, y eso que se veía apetitosa. No pudo comer más, tenía el estómago y la garganta todavía cerrados. Luego de unos minutos, se levantó para ir al baño, quizás ponerse de pie y moverse un poco la ayudaban. Pero no resultó ser así, y para colmo, cuando estaba cerca del baño, una nueva oleada de náuseas la acometió, y tuvo que correr los últimos pasos para no vomitar en el pasillo. Llegó justo a tiempo para devolver en la letrina, y una sensación de sudor frío la recorrió, era horrible sentirse así.

Se enjuagó la cara con agua fresca, y lentamente volvió a su habitación, para volverse a recostar. Si antes se sentía emocionalmente miserable, ahora se sumaba a que su cuerpo se había aliado a eso también, no ayudaba para nada. Como tampoco lo hacía estar sola, su única compañía era su mente que seguía torturándola con imágenes y pensamientos de lamento. Seguía reprochándose cómo había caído en las redes de Stan y Xeno, y eso que ella no era de confiar fácilmente en nadie. Esa sensación tampoco ayudaba a que se sintiera bien consigo misma.

Cuando Stan por la noche fue a llevarle la cena y comprobar si había mejorado, se encontró con la misma situación del mediodía. Kohaku seguía recostada en la cama, y la bandeja de comida estaba casi intacta, aunque podía verse que picoteó la comida, tampoco era como si estuviera haciendo una huelga de hambre. El problema era que tampoco había tomado mucha agua, y eso era más peligroso que no comer. Sabía por experiencia propia que una persona podía estar más de una semana sin comer sin que su vida peligre, y al menos cuatro días sin beber agua, pero las consecuencias de eso eran bastante devastadoras para el cuerpo. Lo que no podía determinar era si no estaba alimentándose por desánimo, o porque realmente se había enfermado a causa de su tristeza. Y no era cuestión de obligarla a comer, porque si su cuerpo lo rechazaba, podía ser para peor. Sólo había pasado un entero sin comer, tampoco era tanto como para preocuparse o tomar medidas drásticas.

Esa vez optó por no molestarla ni hablarle, y apenas intercambió la comida por una más fresca, se fue. Kohaku siguió ahí, maldiciendo su situación. Podía sentir su estómago vacío y crujiendo de hambre, pero al mismo tiempo no podía probar más que unos pocos bocados antes de que una fea sensación apretara su estómago y subiera por su garganta. No tenía nada más por vomitar en su interior, y sin embargo la sensación de las arcadas le venían con frecuencia. Y qué decir de dormir, tal era su malestar físico ahora, además del emocional, que seguía sin poder conciliar el sueño más que de a ratos. Cada vez se sentía peor, y no podía hacer nada para evitarlo, era un círculo vicioso que la tenía de rehén a sí misma.

El día siguiente se repitió muy similar, pero al menos podía incorporar un par más de bocados. Seguía sin hablar ni ver a nadie, más que las dos veces al día que Stan había entrado a la habitación para dejarle la comida, y ya ni siquiera intentaba hablarle o acercarse, aunque sí sentía cómo la miraba fijamente. Era raro, debía estar terriblemente incómoda por no comer, pero le ganaban la fatiga y el desgano, se estaba resignando a tomar ese retorcijón como su nueva normalidad, y se preguntaba cómo podría hacer para cambiar su estado.

La mañana siguiente, llegó a su límite. El baño era el único motivo por el cual salía de la habitación, y también aprovechaba para mojarse la cara y refrescarse. Pero esa mañana sintió vértigo al bajar las escaleras, sentía las piernas flojas y las escaleras le parecieron repentinamente muy empinadas. Estaba a medio camino, y no tenía de dónde sostenerse, por lo que la invadió una fuerte ansiedad y se fue arrodillando hasta sentarse, y una sensación de angustia se apoderó de ella a causa de la impotencia y la confusión. No había nadie cerca para ayudarla, ya que estaba en lo más alto de la torre, y no tenía guardias a su alrededor, no desde que le habían otorgado libertad por el castillo. Como no había hecho ningún intento de rebeldía desde el día que se enteró de lo de Senku, Xeno había cumplido su palabra de no aumentar su vigilancia. En ese momento, estaba resultando más que inconveniente que no hubiera nadie a la vista, y no supo por qué, pero lo único que le salió fue gritar el nombre de la única persona que pensó que sería su salvación en ese lugar, aunque seguramente no pudiera escucharla.

- ¡GEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEN!

Su grito hizo eco en todo ese espacio, y cuando dejó de circular, no se oyó nada más por un momento. Hasta que un minuto después, oyó pasos acelerados que se acercaban a ella, y de pronto apareció la figura de aquella joven que la había visitado antes. Charlotte la miró con los ojos muy abiertos, sin entender el motivo de aquel desesperado grito, o por qué se encontraba a mitad de la escalera con lágrimas en los ojos y temblando.

- Oye, ¿qué pasó? ¿Te lastimaste? –Le preguntó, preocupada.

- Me mareé –Le contestó Kohaku, aliviada de que alguien pudiera ayudarla, ya no le importaba quién.

- ¿A dónde ibas?

- Al baño.

Charlotte no pensaba que sería prudente llevarla ella sola al baño, si estaba mareada tenía que recostarla en algún lugar seguro hasta que se le pasara, esas escaleras podían ser peligrosas si la joven se desmayaba, tampoco tenía tanta fuerza para cargarla si se volvía un peso muerto. En ese momento, por suerte, otro guardia se acercó.

- ¿Qué pasó, Charlotte?

- Se siente mal. Busca al capitán Stanley, y si no lo encuentras dile a Maya que venga. ¡Rápido!

- ¡Sí!

El hombre corrió escaleras abajo, dejándolas solas. Charlotte le tocó la frente a Kohaku, pero comprobó que no tenía fiebre. Le pareció verla más flaca y demacrada que la última vez que fue a su habitación, y tenía unas visibles ojeras violáceas. No sabía que la joven seguía sintiéndose mal desde aquel día, pero seguramente estaba así por la falta de fuerzas. Se sentó a su lado, y la sostuvo, hasta que unos minutos después apareció Stan, subiendo los escalones de dos en dos, y una expresión de suma preocupación en el rostro.

- ¡Capitán!

- ¡Kohaku! ¡¿Qué le pasó, Charlotte?!

- Entendí que se mareó de camino al baño, y parece que se sentó sola, no la veo herida. Oí que gritó el nombre del mago amigo suyo, Gen.

Esa era la primera vez en esos tres días que Stan podía verla de frente, y jadeó al verla, de la impresión. Sabía que no estaba comiendo mucho porque era quién le llevaba la comida, pero no se esperaba tanta debilidad tan pronto. La cargó en sus brazos y la comenzó a subir a la habitación, pero Kohaku protestó y alcanzó a agarrar el brazo de la otra chica.

- Baño…

Stan dudó, pero finalmente se decidió por hacerle caso, y le dijo a Charlotte que los acompañara. La cargó hasta allí, y cuando iba a entrar con ella, su subordinada lo detuvo.

- Eeeh… Capitán Stanley, yo me encargo… No creo que sería cómodo para ella que usted la vea –Murmuró incómoda, sin poder mirarlo a los ojos.

El soldado se dio cuenta en ese momento a lo que se refería, y estuvo a punto de decirle que ya se habían visto bastante más desnudos como para que a ella le incomodara con que él la viera así en ese momento, pero se tuvo que tragar el comentario. A regañadientes, la bajó y dejó que Charlotte la guiara, dejando a Kohaku apoyarse en ella. Las dos mujeres entraron juntas al baño, y allí la joven soldado la ayudó, aunque la cara de la rubia parecía haber adquirido un poco más de color y ya no temblaba. Luego le dijo a Kohaku que se siente, y con un paño humedecido con agua le mojó la cara, el cuello y las muñecas, refrescándola donde sabía que era más efectivo.

- ¿Estás mejor? –Le preguntó preocupada.

- Sí, gracias –Murmuró Kohaku, sonriéndole ligeramente, agradecida.

- Oye… ¿hace cuánto que no comes?

- No sé… No me he sentido bien. Estuve… triste.

Charlotte, como parte del equipo de combate, estaba al tanto del asesinato del líder científico enemigo desde el momento en que el capitán Stanley había vuelto de la misión, pero también le había sorprendido saber que Kohaku se había enterado solamente hace unos días de aquello, porque Xeno había dado la orden de que sutilmente vigilaran los movimientos de la rehén, sin hacerlo notorio, por si pretendía hacer algo. Pero como nadie se esperaba que Kohaku se recluyera y se descompensar de esa forma, no habían tenido nada que informar al respecto, salvo el capitán y ella.

- Entiendo. Hay medicinas para todo aquí, el Dr. Xeno podría ayudarte a sentirte mejor.

La mirada de Kohaku se entristeció, no podía explicarle a aquella chica que no era tan sencillo para ella, estaba segura que no estaba al tanto de la compleja situación que involucraba a Xeno, Stan y ella. Aunque ahora sí se había asustado con su propia debilidad, ya iba más allá de la incomodidad o el orgullo.

- Lo haré, gracias.

Charlotte le sonrió de forma comprensiva, sintiendo un poco de lástima por la chica. No la conocía mucho, pero sabía que tanto el Dr. Xeno como el capitán Stanley la respetaban y la apreciaban bastante, lo cual no dejaba de sorprenderla, por lo que también pensaba que era una buena persona, a pesar de ser su "enemiga". Ayudó a Kohaku a levantarse y caminar, aunque ya la veía bastante mejor, y cuando salieron del baño encontraron a Stan todavía ahí, con una impaciencia inusual en él.

- Yo me encargo desde aquí, Charlotte.

- Sí, capitán.

Stan cargó a Kohaku en sus brazos una vez más, sin preguntarle si estaba mejor para caminar, lo cual sonrojó notablemente a su subordinada. Lo que el hombre no sabía, era que, como la habitación de Kohaku estaba en el mismo piso que la de Charlotte y Maya, se habían llegado a escuchar parte de las actividades íntimas de la otra noche, solo que ninguna de las dos pensaba confesarlo nunca. Por lo que no cabía duda ya del motivo del interés y del "trato especial" que recibía la rehén de parte de Stan, aunque no sabían que también había sucedido con Xeno. Cuando llegaron a la habitación, el soldado acostó a Kohaku en la cama con cuidado, y se arrodilló en el piso a su lado, observándola con preocupación.

- Kohaku, ya sabes que no hay vuelta atrás de lo que pasó el otro día, pero dime qué necesitas para que podamos ayudarte.

- Quiero estar con Gen. Es el único en quién confío ahora.

Stan inspiró profundamente, mirándola a los ojos. No debía de extrañarle esa respuesta. No le importó consultarlo con Xeno, no iba a permitir que Kohaku cayera en un pozo del cual no pudieran sacarla. Estaba sólo a dos días de iniciar la misión de captura de los jóvenes y su barco, y no quería que se compliquen más las cosas a último momento. Si el mago podía recuperarle el ánimo y la vitalidad, no se lo negaría.

- De acuerdo, le permitiré que se quede aquí contigo, todo el tiempo que necesites. Solo… recupérate, por favor.

- Yo no elegí estar ni sentirme así.

- Lo sé –Se puso de pie– Voy a buscar a tu amigo.

Stan se fue, dejándola sola. Sintió inmediatamente una ola de alivio, a pesar de que todavía se sentía débil, podría estar con Gen en unos minutos, realmente lo necesitaba. Fue como un soplo de aire fresco, y se relajó un poco más. Un rato después, se oyeron pasos que se acercaban en la escalera, y finalmente apareció el mentalista, que se paró involuntariamente en cuanto la vio, sorprendido por la apariencia que tenía ella.

- Oh, Kohaku-chan…

- ¡Gen!

Se sentó en la cama, y estaba dispuesta a levantarse, pero él se apuró hacia ella para que no se esfuerce. Lo abrazó con todas las fuerzas que tenía, considerablemente más débiles de lo usual. Y tal fue su alivio de finalmente encontrarse en brazos de alguien cercano y que no la había lastimado, que rompió a llorar al instante.

- Tranquila, Kohaku-chan. No sabes lo preocupado que estuve estos días por no verte, y oí que te enteraste de todo y te afectó mucho, pero no podía venir, no lo tenía permitido, hasta ahora, que Stanley vino a buscarme.

- Gen… todavía no puedo creerlo… Senku está… Senku está… –Las lágrimas habían vuelto a ella como un torrente, pero al menos ya no estaba sola y podía desahogarse con él.

- Vivo –susurró con voz apenas audible junto a su oído.

Kohaku tardó varios segundos en entender la palabra que había oído, y el llanto se le cortó inmediatamente de la impresión, ahora su corazón latía más fuerte de lo que lo hizo en varios días.

- … ¿Qué dijiste?

Gen apoyó una mano en la parte trasera de la cabeza de ella, y le sonrió.

- No lograron matar a Senku-chan. Está vivo, y recuperándose –Susurró con un hilo de voz, por precaución– No levantes la voz, Kohaku-chan, no lo saben. Realmente creen que está muerto.

- ¿Qué…? ¿Cómo…?

El mentalista soltó su abrazo de ella, poniéndose un dedo delante de los labios, y ella asintió. Se levantó y se acercó a la puerta para cerrarla, para volver luego al lado de la rubia. La rodeó con sus brazos para facilitar que estuvieran más cerca y así susurrarle toda la verdad a su oído, sin el riesgo de que alguien los oyera o sospechara. Al fin y al cabo, Stanley le había dicho a Gen que ella estaba deprimida por toda la situación, y que necesitaba consuelo, lo más lógico sería encontrarlos abrazados, él conteniéndola, en el caso que alguien repentinamente entrara.

- Stanley disparó, sí, pero a último momento parece que Senku-chan se cubrió con una mezcla científica el lugar donde anticipó que iba a dispararle, en el pecho, y eso redujo bastante la letalidad del impacto. Sí estuvo herido de gravedad, pero lograron salvarlo a tiempo, y ya está recuperándose.

- Oh, dioses… oh, dioses –Ahora Kohaku volvía a llorar, pero de alivio y felicidad esta vez– ¿Oíste todo eso?

- Sí, por ese motivo fue que no fue tan devastadora para mí la noticia, más allá de que tenía que actuar que no me había importado, no te olvides que piensan que soy un desertor.

- ¿Pero por qué no me dijiste?

- Eres tan sincera y transparente, Kohaku-chan, que se te hubiera notado enseguida, y no podíamos permitirlo. Lamento haber tardado tanto en hacerte saber la verdad… te hubiera ahorrado mucho dolor.

- Está bien, entiendo… Tienes razón, no hubiera podido ocultar mi enojo, hubieran sospechado de ti. Cuánto alivio, gracias, gracias.

Kohaku sintió que le había vuelto el alma al cuerpo, y se sintió mucho más liviana. Realmente era la mejor noticia que jamás podría escuchar, que Senku estuviera vivo y bien. Sintió cómo las fuerzas volvían a su recientemente débil cuerpo, llenándola de luz y esperanza, de vida.

- Y te digo más, Kohaku-chan. Esto también es completo secreto. Tsukasa, Hyoga, Taiju, Ukyo y Chrome, están construyendo un túnel para venir a rescatarnos, y tomar prisionero al Dr. Xeno. Se darán vueltas las tablas, ¿qué te parece?

- ¿Eh?

Eso había sido demasiada información de repente, tan impactante como que Senku estaba vivo. Gen no podía verla, pero estaba boquiabierta, y con los ojos casi salidos de las cuencas. Por suerte Gen la estaba abrazando y hablando con mucha suavidad, o hubiera gritado de la sorpresa.

- Si pensaban que íbamos a rendirnos, es porque no nos conocen –dijo Gen con malicia– Lo último que sé, es que Stanley y la élite militar de este castillo también preparan un ataque contra el Perseo, pero no sé en qué consistirá, son demasiado cautos conmigo. Pero estarán bien nuestros amigos, tenemos grandes guerreros todavía allí, y toda la astucia de Senku-chan. Así que aguanta un poco más, mi querida Kohaku-chan, y volveremos a encontrarnos con ellos y darles un buen contra-ataque que no van a esperar.

- Por todos los dioses, Gen… es demasiado… no puedo creerlo.

- Lo imagino, pero ahora necesito que "olvides" todo esto, y sigas actuando como si no supieras nada. Bueno, tal vez un poco mejor sí, se supone que mi presencia te aliviaría…

- Y no sabes cuánto –le contestó, con una sonrisa incrédula todavía, mientras lo abrazaba con más fuerza, realmente aliviada.

- ¿Crees que esta noticia te dé fuerzas para recuperarte? ¿Qué te está sucediendo, Kohaku-chan?

- Si te soy sincera, no pensé que me sentiría así. Claro que estaba demasiado triste por lo de Senku, pero… hay algo más. Algo que no te conté, y cambió mucho todo, y fue también lo que me afectó tanto.

- Sí, me imaginaba –admitió, suspirando, y luego sonrió– Así como yo te impacté con las noticias, es tu turno ahora.

- Bueno… pasaron muchas cosas, pero… –se ruborizó intensamente, respiró hondo, y lo dijo de golpe– Me acosté con Xeno, y con Stan.

Escuchó un breve jadeo de sorpresa de Gen.

- Sabía que había pasado algo, pero no sé si esperaba eso –dijo el mentalista, con los ojos muy abiertos.

- Yo tampoco. O sí, pero… no exactamente, no lo pensé demasiado. Sucedió, y bueno… quise hacerlo, no me obligaron a nada. Con Xeno primero, y otro día con Stan.

- Oh, ya veo.

Varios pensamientos cruzaron por la mente de Gen. Podía imaginarlo del soldado, siempre había demostrado un interés más cercano y físico con Kohaku, pero del científico… Vaya, eso sí que hasta a él le costaba creerlo. Y en particular, tuvo la preocupación por un gran detalle, que no creía que iban a ser tan descuidados aquellos hombres adultos, menos siendo de la época moderna.

- Eeeh… cómo decirlo. ¿Desarrollaron… protección?

- ¿Protección? ¿De qué? –Preguntó confusa– No es como si alguien fuera a salir lastimado con eso… creo.

- Me refiero a… no, no importa, olvídalo. Si fue sólo una vez con cada uno, e imagino que tomaron algún tipo de recaudo… estará bien.

- Hmmm, con Xeno sí fue una sola vez. Si te refieres a… bueno, que "terminaron", como le dicen –dijo, poniéndose colorada nuevamente, y añadió apenas en un susurro– Afuera, digo.

- Sí, a algo así me refería. Espera, Kohaku-chan… ¿y con Stanley? –Un escalofrío lo recorrió, tenía el presentimiento de que por algo había hecho la aclaración de "una sola vez".

- Tres –murmuró, con el rostro humeando ya– Bueno, dos fueron como parte de la misma noche, y… luego al amanecer me llevó a volar, y… hmmm… lo hicimos en el avión al aterrizar.

- Entiendo –Gen entrecerró los ojos, por un lado, se esperaba que el soldado fuera más intenso que Xeno, y reconocía que Kohaku tenía una energía similar, pero de todas formas le sorprendió bastante el "descuido".

- El problema es que me enteré de lo de Senku después de que pasó todo eso, y ambos fueron tan cuidadosos y… hasta dulces. Que cuando Stan me confesó que había asesinado a Senku, lo sentí horrible, sucio. Todavía lo siento así.

- Sí, puedo imaginarlo. Tus primeras veces, encima, con nada menos que tus "enemigos", si es que podemos llamarlos así. Kohaku-chan, tengo que preguntarte algo, y necesito que seas sincera. Dejando de lado lo de Senku-chan, ¿sientes algo por ellos, sentimentalmente?

Kohaku se tensó, y aferró sus manos al kimono de Gen. Esa era la pregunta crucial, pero no tenía dudas de la respuesta, aunque no quería admitirla. Pero no se hubiera angustiado y roto tanto si no fuera así.

- Sí. Perdón, pero sí. Y lo peor de todo es que me sentí… y siento… así con ambos. Ahora no sé qué pensar, o sentir, es demasiado difícil. No puedo dejar pasar todo lo que sucedió con Senku, aunque esté vivo ahora. Y ambos tuvieron una respuesta distinta. Xeno fue muy duro, helado, irreconocible para el otro lado que conocí de él, no lo lamentó ni un poco. Y Stan, contra todo pronóstico… creo que intentó ponerme a prueba, llegamos al punto en que no se defendió de mis ataques, y me permitió que lo amenace y lastime un poco con su propio cuchillo. No sé qué pensar, tengo la intuición de que Xeno no fue del todo sincero, y Stan… quizás fue demasiado, me descolocaron.

- Oh, mi pequeña Kohaku-chan, me temo que la que terminó descolocándolos a ellos, fuiste tú. Para que "adultos profesionales" de su calibre se abran tanto contigo en relativamente poco tiempo, es porque fuiste demasiado para ellos, tú también. Me apena profundamente sólo pensar cómo debes sentirte ahora, y te pido perdón, porque yo fui el que te sugerí que te intentaras meter en sus corazones. Sólo que no esperaba que lo hicieras tanto, si te soy sincero, y no consideré que podría llegar a este punto, en el que tú también saliste lastimada.

- No, Gen… quizás tú me lo sugeriste, sí, pero todo lo que hice, y sentí, fui yo misma. Comprobado que no tengo habilidades de manipulación, me involucro demasiado –sonrió con tristeza– Te confieso que, incluso ahora, no puedo odiarlos realmente. No me lo creo, que podamos tirar todo por la borda como si nunca hubiera pasado nada, creo que fuimos demasiado lejos para eso, no sé si haya vuelta atrás.

- ¿Vuelta atrás? No, Kohaku-chan, no la hay. Si ambos lados fueron sinceros en lo que pasó, que creo que así fue, dejaron una huella demasiado profunda como para ignorarla. Pueden intentar negarlo, pero eventualmente saldrá a la luz, de una forma u otra. Eso es lo que sucede cuando se toca realmente el corazón de alguien, y no es algo que se pueda controlar o evitar. Sólo sucede. Oooh –el mentalista abrió mucho los ojos, y luego sonrió cálidamente.

- ¿Qué pasó, Gen?

- Qué oportuno, recordé algo que leí una vez. Una frase de un libro muy interesante y largo, me lo regalaron en uno de mis viajes por el mundo, donde iba a hacer mis presentaciones de magia y mentalismo. Hubo una que nunca pude olvidar, mágica, por cierto.

- No sé bien qué son esos libros, pero cuéntame –ella sonrió también, al ver el repentino brillo en los ojos de Gen, y porque todo lo que recordaban del mundo moderno le parecía un tesoro.

- La frase decía, "Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio"

Kohaku inspiró profundamente ante esas palabras. No estaba segura de identificarse con lo de "amor", y no estaba segura de entender las últimas palabras, pero creyó entender el significado esencial de aquella frase.

- ¿Crees que algo de todo esto, podría servir para que sí al final haya un cambio de corazón en Xeno y en Stan, y que podamos ser finalmente aliados? ¿O sigue siendo demasiado ingenuo de mi parte, por la confusión de lo que siento?

- Donde nada es seguro, todo es posible, Kohaku-chan.

Buenaaas! Ay, yo creo que juego con el corazón de todos (el mío también) como si fuera plastilina jajaja. Entre "Otros caminos" y esta historia, los tengo a los cachetazos emocionales, me parece xD. Pobre Kohaku, otra que la tengo como saco de boxeo jaja. Pero bueno, fue casualidad que coincida el drama, lo juro. Ah, la frase pertenece al libro "Rayuela", de Cortázar. Curioso que la co-protagonista tiene el apodo de "la Maga"

El final del arco del manga me tiene comiéndome las uñas, aunque ya tengo decidido lo que va a pasar acá, pero bueno, si puede quedar un poco más alineado con el canon, mejor. Y sino… bueno, me abriré camino… otro camino JAJAJA. Se viene potente, aviso. Y como siempre, millones de gracias por seguir leyendo y apoyando esta historia. Hasta el próximo capítulooo!