¿Ella, embarazada? ¿Ella, madre? Una abrumadora ansiedad la recorrió, quemándola de pies a cabeza, ante aquella posibilidad. Era algo que podía suceder, se lo habían avisado Stan y Xeno, pero se suponía que con las "precauciones" que tomaron, era una opción con mínimas probabilidades. Pero mínimas no significaban cero, y ahora ese era el problema. Muchos pensamientos rondaron por su cabeza, pero curiosamente el que más persistió fue cómo iba a hacer para acompañarlos en los viajes desde ese día en adelante, con un embarazo en progreso, y luego con un bebé en brazos. Era demasiado difícil de imaginar, pero lo más lógico y claro, hasta para ella, era que no iba a poder hacerlo, y no estaba dispuesta a aceptarlo.
Escuchaba a Xeno hablar, pero las palabras de él le llegaban como si ella estuviese sumergida bajo el agua, sólo podía sentir su propio cuerpo en lucha con el torbellino de sus pensamientos. Oyó que podía ser una falsa alarma, simplemente síntomas fuertes de los ecos de su debilidad física, pero que Xeno mismo dudara y resumiera todos los síntomas que eran demasiado casuales y algunos inexplicables lógicamente para la primera situación, prácticamente la convenció de que era más alta la probabilidad de que estuviera embarazada. Y no sólo eso… ¿de quién de los dos? No es que fuera a cambiar mucho, ella igual cargaría con un hijo el resto de su vida, pero la situación actual en que los padres fueran todavía sus enemigos en buena parte, además de que todavía se encontraba dolida y traicionada por ellos, no hacía más que contrariarla.
Xeno había dicho que Stan ya estaría preparando todo su personal y arsenal militar para perseguirlos y capturarlos, y aunque ella sabía que el soldado no la atacaría, estaba dentro del fuego cruzado, y tampoco ayudaba que él estuviera buscando cobrarse la venganza con sus amigos. ¿Qué podría llegar a pasar cuando Stan se enterara del posible embarazo? ¿Cuánto tiempo tardarían en dirigirse al punto cero del origen de la petrificación? Inocentemente, por un momento pensó que quizás esa sería una forma de aliar a ambos bandos, no les quedaría otra que cooperar teniendo en cuenta que ella era el punto en común, en su delicada situación. Pero era un pensamiento retorcido e injusto, y lo desechó. No, estaba más que segura que lo único que les depararía, serían complicaciones. Definitivamente no tenía madera maternal, no estaba lista para eso, y ciertamente no le producía felicidad la noticia.
- ¿Hay una forma de comprobarlo, sin esperar? –preguntó, mirando a Xeno.
- No es mi especialidad, pero no podemos comprobar nada así de forma fiable en este mundo de piedra. Requiere un análisis de sangre, donde se comprueba la presencia de la gonadotropina coriónica humana, una hormona que se produce en la placenta, es decir, sólo durante el embarazo. También puede hacerse un análisis de orina, pero estamos en la misma situación de falta de equipamiento tan preciso y científico.
-Hmm, hay algunas opciones –Intervino Luna, que seguía la traducción instantánea de François– Lo normal es esperar al menos dos semanas para mayor seguridad de resultados, pero recuerdo haberlo leído. Se tratan de métodos caseros que las mujeres practicaban antes de que existieran los test de embarazo, o los análisis que dice el Dr. Xeno.
- No hay evidencia científica de aquello, pero no perdemos nada con intentarlo. Se puede probar mañana a primera hora, y repetirlo en unas semanas si da negativo. ¿Qué necesitas, Luna?
- Bueno, teniendo en cuenta los materiales que podemos conseguir ahora… hay una con vinagre, otra con jabón, y he oído que la más fiable es con aceite. Y por supuesto, la base es la orina, la primera del día.
- La de aceite será –miró a la rubia– Miss Kohaku, te daremos un frasco de vidrio, mañana apenas te despiertes, tienes que orinar ahí, y con eso tendremos luego una probabilidad de saber si estás o no embarazada, aunque ya oíste que tampoco es seguro, en el caso que dé negativo.
- Sí, entendí.
Xeno se quedó mirándola, quería decirle varias cosas, pero a la vez no era el momento con todos esos jóvenes alrededor, que todavía que lo miraban con malos ojos. Era más que obvio que para ellos, la sugerencia de intimar había provenido de él, y no estaban del todo equivocados, pero no tenían ni idea todo lo que había pasado en el medio para llegar a esa conclusión. Había luchado como nunca antes contra sus impulsos, se había negado a sí mismo más de una vez, y sin embargo no había podido escapar del encanto de ella, lo había cautivado completamente, revelando una parte de sí mismo que pocas veces había experimentado en su vida. Prefería que Miss Kohaku no estuviese embarazada, pero de estarlo, no había otra mujer en ese nuevo mundo digna de su afecto e interés, con la que aceptara con más gusto tener un hijo. Aunque no podía decir lo mismo de ella, ciertamente, más bien él debía ser uno de los últimos en su lista de preferencia, dados los eventos de los últimos días.
Por la tarde, Senku comentó la preocupación por la próxima falta de combustible, necesitaban hacer grandes acopios de leña pronto ya que el barco se alimentaba de gas carbón, aunque eso significaba reducir la distancia con sus perseguidores, por lo que tenían que trabajar todos y lo más rápido posible. Direccionaron el modesto barco hasta la costa más cercana, prepararon la escalinata para descender, y llevaron consigo una buena cantidad de hachas, que por supuesto eran parte del equipamiento del barco. Llegaron a una zona con una buena arboleda, y se repartieron las hachas entre los más fuertes, y los demás se intercambiarían las restantes, ya que se cansaban más rápido. Xeno no pretendía colaborar con sus enemigos, por lo que se quedó de pie a un lado. Pero cuando vio a Kohaku tomar un hacha, reaccionó y se acercó a ella, intentando sacársela.
- ¿Qué pretendes hacer? Tú no debes hacer ese trabajo duro.
- ¿Eh? Sí que puedo, y debo, soy una de las más fuertes aquí.
- Pero estás… o puede que estés embarazada. Y todavía estás débil, no lo olvides.
- ¿Y? No se sabe, y, de todas formas, no pienso quedarme de brazos cruzados. No es como si unos golpes fueran a hacerme mal, me detendré cuando me canse y ya, es lo obvio.
- No voy a permitir que…
- Dr. Xeno, en el peor de los casos que sí estuviese embarazada –intervino Senku– eso no implica que esté inválida. Puede hacer perfectamente ejercicio moderado, y no subestimes a la leona, que entrenó toda su vida. En lo que tú y yo nos cansamos, ella recién está precalentando.
- ¿Leona? –Preguntó el científico.
- ¡Que no soy una leona! –Protestó Kohaku– Estoy del lado de Senku, toda mi vida entrené duramente, esto no es nada. Voy a ayudar, te guste o no, no vas a detenerme, Xeno.
- No dije que no puedas hacer otro tipo de ejercicios, sino que talar árboles es más que un "ejercicio moderado", en especial si estás débil y posiblemente anémica. Y por el otro factor, el primer trimestre de un embarazo es el más delicado y riesgoso.
- ¿Y por qué tendría que preocuparte? Parece que das por sentado que sí lo estoy, y que hasta quieres cuidarme para que lo tenga, mucho más que yo misma.
Eso silenció a Xeno inmediatamente, confirmando a medias una de sus preocupaciones, de qué sucedería si ella no quería continuar ese embarazo. Suponía que en la vida primitiva y en la aldea no estaba siquiera la posibilidad de decidir si interrumpirlo o no, y es que no había realmente un método seguro para hacerlo, sin que peligre la vida de la madre. En la modernidad la práctica de un aborto clandestino era realidad en todo el mundo, en especial en las sociedades de bajos recursos o que fuera ilegal, y muchas veces conllevaba grandes riesgos para la salud de la mujer, ocasionando la muerte por infecciones o hemorragias. Pero que no lo quisiera voluntariamente, no implicaba que estuviese pensarlo en abortarlo, debía ser una expresión de pura frustración e impotencia. Decidió dejarlo ahí, realmente quería explicarle que no estaba ni siquiera en el mapa por su propia seguridad la opción más dramática, y si finalmente no estaba embarazada, podían olvidarse de todo aquel "mal trago". Esperaría a la mañana siguiente y ese dudoso examen para plantearse cómo seguir, y mientras tanto calmaría a la joven.
- No es cuestión de querer o no querer, Miss Kohaku, sino de hacerse responsable. No voy a desentenderme de esto, ya lo dije, y lo repito. Por otro lado, si no puedo detenerte, al menos te vigilaré. Tienes que mantenerte hidratada en todo momento, te prepararé una bebida con vitaminas y minerales, y haremos el "test del habla". Si no puedes mantener con naturalidad una conversación, te detendrás, y en eso no voy a ceder.
- De acuerdo, como quieras –Asintió todavía un poco ofuscada, y se dirigió al árbol más próximo para empezar a talarlo– Puedes pedirle a François que te ayude a hacer esa bebida, yo no voy a esperarte.
Resoplando con frustración por la terquedad de la rubia, Xeno se fue a prepararle la bebida nutritiva, y pretendía hacerlo solo, cuando François se ofreció por su cuenta a ayudarlo y elaborarlo más rápido, entendiendo su preocupación. Utilizaron varios extractos de alimentos frescos y de los frascos pensados para elaboraciones médicas que tenía en el barco como parte de sus primeros auxilios, y cuando estuvo listo se lo llevó a Miss Kohaku, obligándola a que tome unos sorbos cada media hora. Como no quería tocar el sensible tema que más los agobiaba, decidió preguntarle por su entrenamiento de todos esos años, como parte del "test" de que ella pudiera hablar y evidenciar su exigencia física. Se sorprendió de que recién varias horas después, casi al anochecer, ella empezó a jadear, y fue entonces cuando la detuvo y le quitó el hacha, aprovechando que estaba bebiendo otro sorbo de la bebida nutritiva, y se la dio a Luna, sin importarle que la joven ya había estado trabajando antes a la par, para mostrarse fuerte y capaz ante Senku.
Por la noche, el único que se ofreció a seguir talando fue Taiju, sorprendiendo con su energía ilimitada, aunque Tsukasa y Hyoga dijeron que se intercambiarían lugares entre descansos para ayudar. Kohaku pudo cenar normalmente sin sentir náuseas, lo que fue un alivio. Xeno le recordó que tenía que hacerse el análisis por la mañana, que se aguantara toda la noche de hacer sus necesidades, y aproveche ese momento como el último. Le sugirió que dormir haría que no tuviese que contenerse, y finalmente la convencieron de que lo haga, cuando vio que los demás también se estaban echando a dormir. Un rato después, se despertaron sobresaltados cuando oyeron a Taiju, corriendo hacia ellos desde la arboleda, gritando a todo pulmón con preocupación.
- ¡EEEY! ¡MIREN EL CIELO, DICE "HELL"! ¡INFIERNO, EL HOMBRE DEL WHY DESDE LA LUNA ESTÁ MANDANDO UN MENSAJE!
- ¿Ah? –Senku afinó sus ojos sobre la brillante luz que contrastaba en el cielo, claramente mostrando esa palabra inglesa.
- Pero… ese mensaje brillante está escrito en un tipo de tela, puedo verlo –observó Kohaku con su increíble vista.
- Diez billones de puntos para ti por notarlo, leona, sólo tu ridículamente buena vista podría notarlo a esta distancia y con tanto brillo. Seguramente se trate de cometas.
- ¿Cometas? –Preguntó confundida.
- Y pintura fosforescente –Agregó Xeno
- ¿Fosfo- qué?
- Un material que brilla en la oscuridad, Miss Kohaku. Y los cometas son un tipo de tela o papel muy livianos y resistentes que pueden volar en el aire sin dificultad. Definitivamente eso es obra de un humano aquí en la tierra.
- No se moverá de ahí, y parece más el mensaje de alguien desesperado que perdió la cabeza cuando despertó en este nuevo mundo –los tranquilizó Senku– Terminemos con la recolección de leña, y mañana iremos hacia allí apenas podamos, de todas formas, se ve que está bastante lejos de aquí, tomará al menos una o dos horas de caminata desde aquí.
Una vez que se calmaron todos y Taiju volvió al trabajo, finalmente se fueron a descansar y reponer energías. Al amanecer, Kohaku se despertó, y mirando alrededor vio que la mayoría seguían en su lugar, dormitando. Tomó el frasco de vidrio envuelto en una tela para mantenerlo limpio, y se ocultó entre unos arbustos para orinar en él, tal como le habían indicado. Un nudo en la garganta se le formó solamente con observar el frasco a medio llenar, no sabía qué pretendían hacer con eso o cómo podía ayudar a definir si estaba o no embarazada. Cuando volvió, envolvió nuevamente el frasco en la tela, sintiéndose un poco incómoda de que el frasco con su orina fuera tan visible, aunque fuera algo natural.
- Miss Kohaku… buen día –Murmuró Xeno, con la expresión adormilada.
- Oh, Xeno, ¿te desperté? –Ese "buen día" sonó tan inocente y natural, que la hizo sonreír.
- No es muy cómodo ni elegante dormir aquí, así que no pude conciliar un sueño profundo en toda la noche. De una cama con colchón a esto… en fin, ¿ya está hecho?
- Sí, aquí está. ¿Qué van a hacer con esto?
- Le pregunté a Luna el procedimiento, y es algo muy sencillo. Hay que esperar un rato a que se enfríe la orina, y luego hay que echar dos gotas de cualquier aceite, bien separadas. Si se mantienen así, es negativo, si se terminan juntando al cabo de unos minutos, es bastante seguro que haya un embarazo.
- Hmm, ya veo –Se estremeció ligeramente. ¿Esas dos gotas definirían su calvario? Lo continuarían o lo terminarían. O, mejor dicho, solamente lo continuarían, porque tampoco era seguro, tendrían que repetirlo en otras dos semanas para confirmarlo.
- Voy a hacerlo, ¿quieres venir al barco a ver, o prefieres esperar los resultados aquí?
- Voy contigo.
Xeno se puso de pie, y se estiró un poco, frunciendo el ceño cuando oyó sus huesos crujir por haber dormido tan incómodo. Pisando con cuidado para no despertar a los demás, se dirigieron al barco, subiendo la escalinata. Allí, el científico tomó un pequeño frasco de vidrio que limpió con alcohol, y echó un poco de la orina. Se quedaron un rato en silencio esperando que se enfríe, y luego de que Xeno midió la temperatura con un termómetro, decidió que ya estaba bien. De otro frasco que tenía un líquido más denso y amarillento, extrajo con un cuentagotas un poco, para echar luego cuidadosamente una gota en cada extremo del frasco, lo más separadas posibles, como si quisiera poner a prueba ese test casero para ver si realmente podían acercarse tanto las gotas.
Los dos se juntaron cerca, observando atentamente el contenido, una ola de nervios y ansiedad recorriéndolos por igual. Apenas si parpadeaban, siguiendo cada milimétrico movimiento de las dos gotas flotando. Se movían ligeramente, quedándose quietas, a veces acercándose, y luego quedándose quietas nuevamente. Era una tortura ver eso, y podían sentir sus corazones latiendo fuertemente cada vez que las veían moverse una vez más. Kohaku quería cerrar los ojos, pero al mismo tiempo no podía perderse ni un segundo de aquello. En cierta forma, pensó con ironía que esas dos gotas eran como ellos dos, a veces acercándose, a veces alejándose. Un minuto después las gotas seguían separadas, aunque un poco más cerca.
- Por todos los dioses, no puedo más con esto. ¿Cuántos minutos llevará? O tal vez lo dejamos así un rato, y luego volvemos, así es una tortura.
- Te entiendo, pero no creo poder irme. Hazlo si quieres, y te notifico el resultado.
- No, está bien –respiró hondo, y volvió a observar el contenido.
Ese ínfimo movimiento en que las gotas se acercaban y luego volvían a quedarse en su lugar les estaba poniendo los pelos de punta, preguntándose hasta qué punto era normal que sucediera de esa forma, y lamentaron no haber llamado a Luna para que les dé más información. Otro minuto más pasó de la misma forma, y ambos empezaron a preocuparse cuando se dieron cuenta que las gotas estaban considerablemente más cerca que cuando empezaron, aunque no sabían si era por el movimiento inicial de la superficie. Pero casi otro minuto después, de pronto el aceite pareció magnetizarse, y antes de que pudieran terminar una larga inspiración de aire y de abrir mucho los ojos, se terminaron juntando.
Boquiabiertos, se quedaron observando la nueva y única gota. No podían ni tragar de lo secas que tenían sus gargantas. Y aunque estaban los dos congelados en su lugar con idéntica cara de sorpresa y horror, simultáneamente giraron sus cabezas para conectar sus miradas, aunque sin poder decir nada por varios segundos. Xeno fue el que salió de su estado, eventualmente.
- Miss Kohaku…
- Oh dioses, oh no… estoy… ¿estoy?
- Sí, eso parece –Tragó duro, casi doliéndole el esfuerzo– No tiene un estudio científico estable ni siquiera por científicos especialistas e interesados en el tema, por lo cual no puedo aportar nada fiable desde mis conocimientos. Pero… es muy posible que sea positivo el resultado, como se ve.
Kohaku dio unos rígidos pasos hacia atrás, tapándose la boca y respirando un poco más aceleradamente, producto de los nervios. Xeno se compadeció de ella, y se acercó para guiarla con suavidad hacia uno de los sillones, aunque él también apenas podía caminar, y su cabeza no lograba centrarse en ningún pensamiento puntual, se encontraba muy aturdido.
- ¿Qué voy a hacer ahora? –Murmuró ella, consternada.
- Llevarlo lo mejor posible... Miss Kohaku, no sé si pasó por tu cabeza, pero no hay forma de evitar esto, no en estas condiciones tan primitivas. No sólo de equipamiento médico, sino que tampoco contamos con un cirujano con nosotros. Y no es algo que se pueda hacer imprudentemente, o podrías morir, es algo que pasaba incluso en el siglo XXI.
Las manos de Kohaku temblaban ligeramente, y soltó un sollozo de puros nervios. Xeno seguía impactado, pero intentó ofrecerle su apoyo y consuelo, apoyando una mano en la espalda de ella. Pero la rubia se la quitó con un movimiento brusco, y le gritó con amargura, explotando con toda su frustración.
- ¡NO, NO ME TOQUES! ¡Maldición, todo esto es por tu culpa, tú empezaste todo esto! Si no me hubieras besado, y si Stan no me hubiera tocado, nada de esto hubiera sucedido –Respiró acelerada varias veces, para seguir gritando luego– ¡¿Qué demonios voy a hacer ahora?! Porque tu vida va a seguir lo más normal, no tienes que cargar con un ser adentro tuyo, ni el resto de tu vida. Si hubiéramos seguido siendo enemigos, y yo su maldita rehén… pero no… ¡Te odio... TE ODIO!
Xeno recibió sus gritos estoicamente, aceptando sus palabras y sin atreverse a hacer ninguna acotación. Si bien los dos habían decidido hacerlo todo y era una decisión y responsabilidad mutua, era cierto que él la había besado en un principio, y una segunda vez, y que Stan la había excitado sensualmente al final de ese vuelo en que el científico los había descubierto. Tenía que dejarla descargarse, aunque en el fondo le dolían sus palabras, porque le hicieron recordar los cálidos sentimientos que tuvo con ella en su momento, y la felicidad que había sentido al besarla y compartir esa noche tan apasionada como dulce.
Sentía que Miss Kohaku le había roto esa coraza que se había formado con los años, resentido con toda la sociedad, confiando solamente en un puñado de personas que podía contar con los dedos de una sola mano. La dicha de sentir afecto y placer, era algo que se había borrado de su mente y de su cuerpo, y ella se lo había revivido. Pero al final, esa pseudo "salvación", había terminado significando la perdición para ella. No importaba si era de él o de Stan, al fin y al cabo, el juego de ambos había despertado la pasión ella, y luego la decisión de querer experimentarlo todo con ellos.
Con ese exabrupto, Kohaku salió del barco como un vendaval, al borde de las lágrimas por la mezcla de odio y frustración, no sólo hacia Xeno sino hacia ella misma, por haber sido "débil" y sucumbir a la curiosidad de sus impulsos naturales. Y qué gran lección, ya que por dos noches de sentirse en el cielo por los placeres que le hicieron sentir, de ahora en más su vida sería un auténtico infierno, cargando con un hijo que no quería tener, y con cuyos padres, fuera quién fuera de los dos, tenía actualmente una compleja y confusa relación de amor-odio, y ni que hablar que todavía eran enemigos de Senku y sus amigos.
Los gritos de descarga de Kohaku llegaron hasta los demás, que se despertaron y se miraron entre sí, con caras de pena y sin saber qué decirle, ninguno se atrevió a hacer un comentario cuando ella pasó delante de ellos, todavía acelerada y furibunda. También pensaban la compleja situación en la que se encontraban, entre los largos días de navegación que les deparaba entre tierra y tierra, y que no podían volver o detenerse. Ahora tenían la delicada responsabilidad extra de proteger y vigilar a una embarazada, y lo peor era que no les cabía duda a ninguno de que ella iba a ser la más descuidada, en el rechazo de su propia nueva realidad.
Dejaron que Kohaku volviera por su cuenta, y un rato después vieron al Dr. Xeno salir del barco, un poco cabizbajo y dando pasos poco enérgicos. Aunque la mayoría no lo apreciaba, y menos en la actual situación, no pudieron evitar compadecerse un poco. Tampoco estaba en una situación fácil ni agradable, y no debía ser fácil para ningún hombre que les profesaran tanto odio y arrepentimiento, en el momento en que se enteraba de una segura paternidad, y todavía con la duda sin respuesta de si él era el padre verdaderamente, o si lo era su mejor amigo, vaya a saber cómo sucedió todo eso en tan poco tiempo.
Cuando Kohaku volvió, aparentemente más calmada, Senku dijo que tenían que partir hacia donde estaban las misteriosas cometas cuanto antes. No hizo ningún comentario a Kohaku o al Dr. Xeno, solamente comenzó a caminar, y los demás lo siguieron. Gen, conociendo en detalle las circunstancias, fue el único que se acercó a ella, y apoyó su mano en el hombro de ella, rodeándola por detrás, y ofreciéndole una pequeña sonrisa de apoyo y empatía. Con la caminata la rubia se fue relajando un poco más, pero todos seguían igual de cautos y en un respetuoso silencio. Xeno caminaba solo y casi al frente, además de sentirse vigilado por los guerreros del bando enemigo constantemente. Seguro les preocupaba que intentara huir, pero no sólo no tenía el espíritu en ese momento, sino que bajo ningún punto de vista pensaba separarse de Miss Kohaku ahora, lo odie o no. No era momento para declararlo, pero esperaba que los demás jóvenes lleguen a esa conclusión por su propia cuenta.
Finalmente, poco más de una hora después llegaron al denso bosque de las altísimas secuoyas, los famosos árboles también llamados "redwood", típicos de esa área de San Francisco. Y se encontraron sorprendentemente con una enorme bola de ramas, con largas sogas que la sostenían atada y colgando a mitad de dos altos árboles paralelos. Lo más curioso era que esa bola gigante también tenía colgados montones de zapallos, y se preguntaban qué tipo de humano podría estar viviendo allí en esas condiciones, y que seguramente era el que había hecho aquellas tétricas cometas. De pronto, vieron algo moverse dentro de la bola, y rápidamente se pusieron en posiciones de defensa, con el equipo de batalla al frente, cuando vieron algo que parecía una persona dentro de otra bola saliendo de aquel refugio.
Se dieron cuenta que era una mujer aparentemente de baja estatura y flaca, de un larguísimo pelo largo castaño lacio y atado en una coleta, aunque tenía una extraña expresión en el rostro, horriblemente fruncido mientras los miraba. La que primero reaccionó para sorpresa de todos fue Suika, que reconoció a su igual en esa antiestética expresión facial, y les dijo a sus amigos que seguro la pobre mujer sufría como ella de la enfermedad de los ojos borrosos.
- ¡¿Ahí hay alguien?! –preguntó con cautela la mujer, con una voz fina y joven– ¡Sí, definitivamente hay alguien, bien! ¡ES EL MEJOR DÍA DE MI VIDA!
Con sus brazos abiertos hacia la pequeña Suika, en una repentina explosión emocional llena de lágrimas y alivio, la desconocida saltó hacia la niña, pero falló miserablemente, como si no estuviera segura de dónde estaba la otra, a pesar de estar tan cerca.
- Sí que se parece a Suika –Se burló Senku, rascándose el oído con su dedo.
- Mira que sobrevivir sola con una vista tan mala…increíble –Acotó Chrome.
Dándose cuenta de lo inofensiva que era esa joven, Senku se decidió a ayudarla y fabricarle rápidamente un par de anteojos. Parecía ser una chica muy expresiva e inocente, ya que les agradeció profusamente dando saltitos de emoción. Y fue recién entonces, cuando pudo ver la cara normal de ella, que Xeno la reconoció, jadeando de sorpresa.
- Tú… ¡Tú eres la doctora Chelsea!
- ¡AH! –Gritó ella en respuesta mucho más emocionada, señalándolo con su dedo a pocos centímetros de la cara de él– ¡XENO! ¡ERES TÚ!
- ¿Es amiga tuya, Xeno? –Preguntó Senku curioso.
- No, nunca nos conocimos.
- ¿Nunca nos conocimos? –Preguntó la castaña riéndose– ¡No seas idiota! ¡Nos encontramos en el parque nacional, un día antes de la reunión de grandes expertos! ¡Básicamente nos hicimos mejores amigos!
- Eh… no –dijo el científico incómodo ante tanta informalidad– Como sea, esta es la joven geógrafa genio… La Dra. Chelsea. Ella es muy elegante, ¡tiene todo el planeta en su cabeza –la alabó.
- Aay, cielos, lo estás exagerando mucho, Xeno. ¡Haces que me sonroje! –Contestó con una adorable expresión de vergüenza.
Una vez presentados entre todos, Chelsea les contó toda su travesía desde que despertó de la petrificación, y dada su pésima vista, fue para el lado opuesto que el resto de los estadounidenses de la zona, motivo por el cual nunca pudo encontrarse con Xeno y los demás. Luego también les explicó que ella hizo las cometas para llamar la atención y encontrarse con algún otro sobreviviente, pero que debió quedarse sin pintura fosforescente, hecha con esfaleritas hervidas, y como no veía bien no se enteró que, en lugar de un pedido de ayuda, había escrito la palabra "infierno". Una vez todo quedó aclarado, Senku le preguntó si ella podía ayudarlos a encontrar algún otro atajo por tierra para llegar al Amazonas en Brasil, el epicentro de la petrificación, en lugar de rodear todo el continente de Sudamérica. La geógrafa lo pensó un momento, y luego les dijo que sí había un camino, si desembarcaban por el norte de Ecuador, y luego de hacer un poco de escalada de montaña, descendían por el río Amazonas hasta llegar a su destino.
- Pero no hay forma de que nuestro laboratorio portable pueda recorrer la selva tropical –comentó Ukyo, preocupado.
- No, pero si contáramos con un vehículo todo terreno como una motocicleta… ¿tienen una? Supongo que no.
- No –reconoció Senku con una sonrisa desafiante– Pero en ese caso, ¡la construiremos!
El peliverde sin demora se dispuso a elaborar uno de sus planos del paso a paso para construir la motocicleta y todo lo que necesitarían, y definió que necesitarían seis de ellas para llevarlos a todos, que cargarían a tres de ellos cada una. Chelsea se emocionó aún más, y estaba extasiada de los creativos y aventureros que eran sus nuevos amigos. En cuanto volvieron y subieron al barco, le explicaron que en realidad estaban escapando de Stanley y su élite militar, que los perseguían para rescatar a Xeno, que ellos habían secuestrado para tenerlo de rehén y poder negociar luego un alto al fuego, si fuera posible.
- ¡ERES UN CHICO MALO, XENO! –Exclamó la joven, nuevamente casi golpeándole la nariz con su dedo señalador– Aay, perdona mis modales… pero será mejor que no intentes quedarte el arma para ti mismo, ¡se acabaron las cosas de genio malvado!
Con ese desparpajo y sinceridad, pronto se dieron cuenta todos de lo fresca y sincera que era la Dra. Chelsea, que no dudó en decir que prefería aliarse con Senku en lugar de ser parte de la dominación mundial de Xeno.
- Diez billones de puntos para ti, Dra. Chelsea –dijo Senku– Entonces, ayúdanos a localizar un material fundamental para fabricar las motos, la goma.
- ¡Claro que sí, yo los guiaré! –Aceptó encantada.
De pronto, la voz Ukyo los alertó.
- Oigan… estamos en problemas. Ahora mismo nuestro barco está siendo captado por las ondas de radio del Perseo. ¡Ya tienen nuestra posición, y son mucho más rápidos que nosotros!
- Pero, ¿cómo podremos ser más rápidos que ellos para librarnos? –Preguntó Kohaku– Necesitaríamos velas, ¿cierto?
- Sí, pero… tenemos algo de tela, aunque no alcanza –Le respondió Ryusui– Y no tenemos tiempo de tejer nuevas.
- ¿Y si usamos mis cometas gigantes? Sería un desperdicio esconderlas o dejarlas atrás –Dijo Chelsea.
El grupo entero festejó la idea, y cosiéndolas rápidamente para unirlas, las ataron al frente del barco, y las soltaron cuando aceleraron a toda velocidad. Tuvieron que agarrarse fuerte, ya que repentinamente empezaron a adquirir más y más velocidad, y Chelsea guió a Ryusui en la dirección de Panamá, donde afirmó que había algo de goma cerca de la orilla. Para confundir y hacer perder el tiempo en la persecución a Stan y sus militares, Senku pensó el plan de hacer un cebo creando una doble antena, forzando a los soldados a elegir a cuál seguir, y por lógica perseguir el barco falso, que se dirigiría al canal de Panamá, una ruta rápida y directa para llegar a su destino, aunque seguramente los miles de años de petrificación y cambios geográficos lo habían bloqueado. Para eso decidió aprovechar la flotabilidad y ruedas del laboratorio portable, al que le ataron firmemente la nueva antena y también atascaron el acelerador para que el "piloto automático" siguiera hacia adelante, en línea recta hacia donde se encontraba el famoso canal.
Unas horas después, desembarcaron en la costa de Panamá, y luego de adentrarse un poco en la selva guiados por Chelsea, encontraron los árboles de caucho, a los cuales les harían un corte trasversal sobre su corteza para poder extraer la savia, que era el látex natural. Los oriundos de la aldea Ishigami se emocionaron porque habían hecho algo similar para obtener laca, y esa era una tarea que hasta el viejo Kaseki y la pequeña Suika podían ayudar. En cuanto Kohaku sacó su espada y se dispuso a treparse un árbol para hacer los tajos, esa vez fue Tsukasa quién la detuvo, para sorpresa de todos.
- No estás en condición de treparte a estos árboles, sería peligroso si te caes. Limítate a cortar desde abajo, los demás nos encargaremos de la altura.
- ¿Tú también, ahora? Tengo más experiencia y agilidad en trepar árboles que cualquiera aquí.
- Pero es verdad que además de lo otro, todavía no recuperaste tus fuerzas completamente.
- Así es, Miss Kohaku –Apoyó Xeno, aunque eso no hizo más que ofuscarla– Hazlo, pero con tus pies en el suelo. Ya deberías ser consciente y más cuidadosa, hasta tus amigos te piden prudencia.
- Perdón, pero… –interrumpió Chelsea, curiosa– ¿qué es "lo otro", y por qué debería cuidarse tanto? Me parece una chica súper fuerte y sana.
- Está embarazada –contestó Xeno, sin tapujos.
- ¡¿EH?! –Los ojos de la geógrafa se abrieron desmesuradamente– ¡¿De verdad?!
- Sí, no hay necesidad de mentir sobre algo así –dijo Xeno, muy serio.
- ¡¿Y quién es el padre?! ¿Eres tú? –Preguntó nuevamente, señalando con su dedo a Tsukasa.
- No, es él –Contestó el pelilargo, mirando a al Dr. Xeno, ahorrándose la parte en que también podría ser Stanley el padre.
- ¡¿TÚ, XENO?! –Su dedo señalador pasó al científico– ¡¿TE ECHASTE NOVIA EN ESTE NUEVO MUNDO?!
- No… –Apenas llegó a murmurar en respuesta.
- ¡Aaah! ¡No, claro, si está embarazada! ¡¿Acaso ya es tu esposa?! ¡¿Te casaste y empezaste una familia?! ¡Jaja, no pierdes el tiempo, viejo Xeno, qué galán!
- Dra. Chelsea… cállate, por favor –Murmuró, mirando nervioso a Kohaku, cuya mirada se había oscurecido.
- ¡Eres un malo malote, Xeno! –La emoción de Chelsea no tenía filtro– Oye… ¡OYE, ESPERA! ¡¿PERO LOS CHICOS JAPONESES NO ERAN TUS ENEMIGOS?! ¡¿CÓMO LA CONQUISTASTE?! ¡Qué genial, quiero oír esa historia más tarde! –Dio saltitos emocionada.
- Chelsea-chan –Gen intervino, tratando de apaciguar la bola de entusiasmo que era la geógrafa– no es lo que piensas, por favor no…
- ¡Ay, qué emoción! ¡Una historia romántica imposible! ¡Tal vez el primer bebé del nuevo mundo, entre el científico estadounidense "malo" que sobrevivió del siglo XXI, y la joven guerrera japonesa que vino a pelear contra él, y que nació miles de años después! ¡Su amor superó la enemistad, y van a tener un hijo! ¡Es muy emocionante! ¿Puedo, puedo?
Sin esperar respuesta, y sin que nadie pudiera detener su efervescencia y su desparpajo, se acercó a Kohaku, y apoyó sus manos en el vientre de ella, sobresaltándola y haciéndole soltar un jadeo.
- ¡Qué monada! ¡Hay un futuro mini Xeno aquí! Nunca conocí a una embarazada… ¡pero con lo bonita que eres, y que el viejo Xeno tiene lo suyo, seguro será un bebé muy guapo! –De pronto se dio cuenta de que, en su impulso y emoción, no pidió permiso– ¡Ay, disculpa, mis modales! No, no… es el padre el que tiene que hacer esto, ¡perdón!
Con igual confianza y desfachatez, tomó la mano de Xeno, y jaló de él para acercarlo, haciendo que ahora sea su mano la que se apoye en el vientre todavía plano de Kohaku. Fue el turno del científico de respirar brusco y quedar boquiabierto, abriendo mucho sus ojos negros, e inconscientemente pasando la mirada de donde estaba apoyada, a los ojos de Kohaku, que le devolvió la mirada con igual expresión. Luego de todo el discurso fantasioso e inocente de Chelsea, los dos se miraron varios segundos, como si el tiempo se hubiera paralizado alrededor. Ya lo sabían desde esa mañana y el áspero discurso de rechazo de la rubia, pero seguían sin creer que era real. Y de pronto, con ese toque, se volvió definitivamente real. Iban a ser padres, o al menos, Kohaku madre, y una paternidad que podía ser biológica o solamente "de corazón", si finalmente no era de Xeno.
Kohaku estaba todavía en una fase de negación y de rechazo, pero ver los ojos brillantes de emoción y felicidad de Chelsea, aun sabiendo que estaban en medio de un peligroso viaje por el continente americano, le tocó una fibra, una no tan negativa. Ver la misma expresión de realización en los ojos de Xeno, reforzó esa impresión, junto con sentir la mano de él en un área tan instintivamente sensible, embarazada o no. Y esa impresión, la hizo pensar si todo el "odio" y el rechazo que decía sentir, estaba justificado y seguiría sintiéndose así más adelante. No iba a negarlo, había notado la ligera desilusión en los ojos de Xeno cuando había despotricado contra él, ya que era más que hábil para ocultar sus sentimientos con sus palabras y acciones, pero sus ojos no mentían.
A pesar de la incomodidad de que otra persona los hiciera conectar de esa forma, pudo ver fugazmente un poco más de luz en esos orbes oscuros, y que no había quitado la mano inmediatamente, más bien los segundos pasaban y él seguía igual, muy quieto y apenas respirando, pero conectado con ella. Claro que para Xeno todo sería mucho más fácil que para ella, pero, aun así, le sorprendía que él no fuera el primero en rechazar la situación, o en quitar la mano de ahí, molesto o incómodo con las expresiones soñadoras y románticas de la geógrafa.
- ¡Aay, perdonen, eso fue demasiado atrevimiento de mi parte, pero es que me pareció muy emocionante! –se disculpó avergonzada Chelsea.
- Oigan –interrumpió Senku– No sé si escucharon la alerta de que Stanley y los militares nos están pisando los talones, dejen de perder el tiempo y pónganse a trabajar de una vez, hablen luego, cuando estemos en viaje nuevamente.
El tono malhumorado del peliverde cortó inmediatamente ese particular clima esperanzador que se había generado en los demás, y como rompiendo un hechizo, todos se dispusieron a continuar con los tajos en los árboles de caucho, incluido Xeno, que decidió cooperar con un empujoncito de convencimiento gracias a Gen. Kohaku también terminó acatando la indicación de mantenerse a nivel del piso, e hizo todos los tajos que pudo en ese nivel, mientras los más fuertes se ocupaban de treparse.
Varias horas después terminaron con la generosa recolección, y con el agregado a la savia de vinagre y polvo de azufre, además del trabajo que hizo Taiju de amasar el preparado que se movía como gelatina, y luego que Senku seccionara la masa de goma y le diera forma de pequeñas bolas, ya las tenían listas. El trabajo no terminaría ahí, ya que todavía tenían que agregarle sulfuro y polvo de carbón, y hacer un largo proceso de estirarla y volverla más elástica para dar forma a los neumáticos, para finalmente volverle a pasar un rodillo y un texturizado para que se agarre con más firmeza a la tierra, pero eso lo continuarían en el barco.
Por la noche, luego del extenuante trabajo y de una buena cena para recuperar energías, la mayoría se fue a descansar, mientras Ryusui seguía al mando del timón, antes de detener el barco para descansar lo justo y necesario. Kohaku tenía demasiadas cosas en la cabeza con todo lo que había pasado ese día, por lo que estaba bastante despierta, y se asomó por la proa del barco, contemplando el ahora negro mar y horizonte, solamente iluminado por la luna creciente y las miles de brillantes estrellas encima que decoraban el cielo hermosamente. Contaba con estar sola para reflexionar, pero unos minutos después captó por el rabillo del ojo una figura casi enteramente negra que se acercaba lentamente.
- ¿Puedo acompañarte, Miss Kohaku?
- Sí, como quieras.
- ¿No tienes frío aquí? Desciende mucho la temperatura a la intemperie y en medio del mar.
- Estoy acostumbrada –contestó, encogiéndose de hombros, y mirando al mar.
Luego de unos segundos en silencio, sintió que algo grande y cálido le cubría los hombros y la espalda, y se dio cuenta que era el saco largo del científico.
- Puedes estar acostumbrada, pero también puedes estar mejor –Le dijo con voz suave y una pequeña sonrisa.
- Bueno, gracias…
Xeno se ubicó a su lado, compartiendo el silencio, aunque era más claro que el agua que tenía algo que decir. Kohaku notó que se había quitado las garras metálicas. Sabía que eventualmente tenían que tener otra conversación sobre la situación que ahora compartían, una con más calma y la mente fría, y que esquivarla no resolvería nada. Así que se armó de paciencia y valor, y decidió comenzarla ella.
- ¿Cómo estás? Ya sabes…
- Es complicado, demasiado para procesar, y no terminaba de creerlo, pero la actitud tan poco elegante de la Dra. Chelsea nos expuso completamente, en más de un sentido –Suspiró largamente– Miss Kohaku…
- Perdona, pero… seguramente tenga dentro mío un hijo tuyo o de Stan, ¿y me sigues diciendo "Miss" Kohaku?
Xeno alzó ambas cejas, sorprendido con el pedido de informalidad, y unos segundos después una media sonrisa se dibujó en sus labios.
- Siempre fuiste Miss Kohaku para mí, quizás a ti te parece que con eso pongo distancia, pero no lo hago por ese motivo. Si lo prefieres, trataré de recordar de dirigirme a ti solamente por tu nombre.
- Lo preferiría, gracias. A Luna no la llamas con el "Miss". Supongo que tiene que ver con la confianza.
A Xeno le hizo un poco de gracia y le causó curiosidad que ella reparara en ese detalle, y casi pareciera molestarle sutilmente esa informalidad con su colega y subordinada, pero se dio cuenta de lo que estaba detrás de ese pedido, que le hizo saltar un latido a su corazón.
- ¿Prefieres más cercanía de mi parte?
- Sí… no… no sé. Es que… –¿por qué titubeaba tanto de pronto, ella, que era tan segura? –No sé cómo explicarlo, pero con todo esto…
- No te preocupes, no necesitas explicarlo, creo que te entiendo –La miró intensamente, pero ella seguía mirando hacia el mar– Si te estoy tratando con más distancia, es porque desde que te enteraste del asesinato fallido de Senku, dejaste en claro que me odiabas y que no querías saber nada más conmigo. Eso no quita lo que pasó entre nosotros, pero había que pasar a una hoja nueva. Y hoy volviste a recordarme de ese desprecio que me tienes, y lo arrepentida que estás de lo que pasó.
- No estoy arrepentida de eso en sí, realmente –reconoció en un murmullo– como les dije a mis amigos, lo hice voluntariamente y con gusto, no puedo arrepentirme de algo así. Pero… la traición que sentí… esa falta de honestidad que empezó desde antes de nuestro primer beso, y además la distancia con la que me trataste después, como si sólo hubiera sido una noche satisfactoria para ti y nada más… y que encima por sólo ese momento ahora tenga que cargar con un hijo por el resto de mi vida, es demasiado. Lo sé, fue mi decisión y responsabilidad, hice mal en echarte toda la culpa, pero… es muy difícil, no sé qué pensar o sentir.
- Kohaku –la llamó, e insistió mirándola en silencio hasta que ella le devolvió la mirada– Todo lo que pasó entre nosotros en el castillo fue sincero, en eso no hubo falta de honestidad, aunque sí lo hubo en ocultarte la verdad de mi orden de asesinato de Senku. No voy a justificarme, pero lo hice porque me preocupaba más la idea de que me odies y te alejes de mí, lo cual igualmente pasó, es lógico. No fue algo retorcido de lo cual disfruté, es sólo que, inocentemente, no quería que se termine, quería prolongar todo el tiempo que pudiera el disfrutar esos momentos contigo. Fue estúpido y sé que sólo te lastimé, pero esa es la verdad.
- Xeno… al fin eres honesto –El corazón de Kohaku latía fuerte con esas palabras que ahora sí sentía sinceras y desde el fondo de su hermético corazón, finalmente.
- Sí, lo sé, otra falta mía. No estoy acostumbrado a las muestras de afecto, a confiar… a querer a alguien. Demasiada amargura y malas experiencias, perdí la fe en la pureza de la humanidad. Y tú apareciste como una enemiga, aunque eso no duró mucho, y empezaste a insistir en acercarte a mí, a hacer cosas que me sacaban de mi zona de confort… y lo "peor" es que no me resultaba tan desagradable aquello, más bien terminaba siendo curioso para mí buscar más de esas reacciones tan inocentes e ingenuas tuyas. Dejó de importarte que yo fuera el líder enemigo. Bueno, más allá de que también a la par te acercabas a Stan, incluso mucho más que a mí, con todas esas comidas compartidas, el aprender los idiomas mutuamente, hasta ser más compatibles en pensamientos y actitudes… Y él me provocaba con que le interesabas y te deseaba desde los primeros días, para colmo.
- ¿Sentiste celos? –Preguntó un poco divertida Kohaku, ante esas palabras.
- Sí, lo admito. Pero Stan es un zorro provocador, sabe dónde duele y ahí mete e dedo, creo que él despertó mi orgullo masculino, más del que pensaba que tenía, fue muy poco elegante para mí. Aunque terminó sirviendo, porque eso me animó a avanzar contigo. No hay mal que por bien no venga.
- Puede ser…
- No me interesa hablar de Stan ahora, aunque me pregunto cómo y cuándo se enterará de la noticia. Yo estoy aquí contigo ahora dadas las circunstancias de mi secuestro, pero no hay forma de saber quién es el padre. Con las características de "macho alfa" que tiene Stan y que evidentemente tiene mayores niveles de testosterona que yo, además de que tengo la intuición de que no se conformó con "una sola vez" … creo que puede ser más hijo suyo que mío. Pero no me importa, sinceramente –y acotó con una sonrisa de satisfacción– nunca se sabe… yo fui primero.
- ¿Realmente no te importa de quién sea? –Kohaku expresó su mayor preocupación– Me pareció antes que dijiste con amargura que tú podías no ser el padre.
- Tampoco es como si me diera lo mismo, no te voy a mentir. Si tengo que hacerme cargo de un hijo no planeado, preferiría que sea todo mío. Sin embargo, un hijo no lo es sólo por la sangre, y el que está aquí ahora para acompañarte soy yo, y voy a hacerme responsable más allá de eso. Además… antes de tomar ninguna decisión, Stan tiene que saberlo y ver cómo reacciona. Si no quiere saber nada, aunque luego se confirme que es suyo, te seguiré acompañando. Y si, como creo que sucederá, va a aceptarlo como yo… bueno, eso ya dependerá de ti de qué o a quién quieres como padre de tu hijo. Y entenderé perfectamente si quieres alejarte de nosotros, porque el daño fue demasiado, y si decides tenerlo sola y que el padre adoptivo sea otro hombre. No digo que me guste, pero lo respetaré.
Finalmente, el científico se decidió a soltar todo lo que pensaba sobre el tema, sacárselo de adentro. Se sentía más aliviado de compartirlo, pero también esa charla le estaba empezando a doler, en especial de pensar que Kohaku podría elegir a Stan, o que se alejara de los dos y un hijo de él y ella estuviera en la punta opuesta del mundo, del cual luego no sabría más nada. La voz de Kohaku lo sacó de su repentino ensimismamiento.
- Xeno… ¿estás diciendo que estás bien con ser el padre de un hijo que no buscaste? –Le preguntó ella, con un dejo de emoción en la voz, ante las últimas palabras del científico, en las que le ofrecía sinceramente acompañarla durante y después del embarazo.
- Es una respuesta compleja, ya que no esperaba nada de esto…. Pero digo que, si las cosas son así… sí, por supuesto. Y está bien que sea contigo, al fin y al cabo, fuiste la única mujer a la cual me interesó acercarme en este nuevo mundo.
Lo dijo con seguridad y continuando el flujo de pensamientos y confesiones que salían de él, pero inmediatamente cerró la boca apretando los labios, considerando que quizás había dicho demasiado, aunque era totalmente cierto. No iba a desdecirse, pero había pasado de la negación absoluta a decirle que ella era especialmente significativa para él, a pesar del breve tiempo que pasó desde que se conocieron. Breve, pero intenso, demasiado para su lógica.
- Gracias –le susurró, y apoyó su mano sobre la de él, que la miró con un poco de sorpresa.
Era el primer gesto de acercamiento de Kohaku desde que se había desatado la catástrofe, y con ese pequeño toque el científico lo tomó como un permiso para reforzar sus intenciones. Giró la mano para que su palma acune la de ella, y cerró sus largos dedos y apretó un poco la mano de ella. Posiblemente la joven necesitaba ese apoyo, de hecho, debía de estar aterrada y por eso sus reacciones tan extremas, por lo que luego la rodeó en un todavía cauteloso abrazo. Pero cuando Kohaku apoyó su cabeza sobre el pecho de él, y se acurrucó un poco, Xeno sonrió y le acarició la cabeza, reforzando el abrazo con más seguridad. Se quedaron así un buen rato, hasta que la rubia alzó la cabeza para mirarlo. No sabía si era su impresión por el cálido momento, pero le pareció que los ojos de ella rogaban por otro tipo de contacto, de acercamiento. Y arriesgándose a seguir su intuición, bajó la cabeza y se inclinó ligeramente para besarla.
Fue lo más suave y delicado que pudo, todavía dudando de un posible rechazo, pero Kohaku parecía querer lo mismo, porque le correspondió el beso inmediatamente, con más decisión que él. Eso fue suficiente para Xeno para dejarse llevar un poco más, apretarla más contra su cuerpo, y profundizar aquel beso, aunque manteniéndolo casto. Cuánto había extrañado sentirla así, y aunque no se lo terminaba de merecer, lo aceptaba, era más de lo que podía pedir. Con esos besos que acariciaban mutuamente sus labios, uno seguido de otro, ambos encontraron un poco de paz y consuelo en medio de toda esa vorágine de sentimientos y conflictos. Quizás era demasiado inocente de su parte, pero Xeno sintió que la posibilidad que ella los rechace y se distancie, o que elija a otro padre adoptivo para su hijo, se hacía menos probable. Unos minutos después, con una renovada sensación de certeza y calma, se separaron y se miraron a los ojos. Una pequeña sonrisa asomó a sus rostros de forma espejada.
- Vamos a descansar, Kohaku, es tarde. Tú más que nadie, tienes que hacerlo.
- Sí, está bien.
Aunque las cosas estaban mejor entre ellos, no querían mostrarse demasiado cercanos frente a los demás, por lo que volvieron al interior del barco a la par, pero cada uno acostándose por su cuenta.
El día siguiente lo dedicaron enteramente a hacer los neumáticos en el barco, mientras navegaban hacia la costa ecuatoriana. Resultó ser un duro trabajo también, pero con un resultado bastante divertido para los que no conocían las ruedas modernas. Finalmente, por la tarde llegaron a destino, y se encontraron con un desolador panorama de un desierto, paisaje totalmente nuevo para la mayoría de los presentes. Kaseki no se demoró en desmontar las partes del barco para obtener los materiales para hacer las motocicletas, y todos se acercaron entusiasmados a ayudar, cuando Ukyo volvió a alertarlos de que Stanley y su equipo ya habían hundido el señuelo del laboratorio portátil, y se acercaba a toda velocidad hacia ellos, por lo cual no tenían más de un par de días para terminar las motocicletas.
Fueron dos días extenuantes, con muy pocas horas de sueño y descanso, pero se encontraban en una prueba contrarreloj si pretendían sobrevivir al ataque. Que Stanley tuviera consideración con su amigo y con Kohaku, no significaba que fuera piadoso con los demás, y eso mismo lo confirmó Xeno.
La segunda noche finalmente terminaron todas las motos, y se les ocurrió un interesante plan para burlar a los militares y volver a escaparse, haciéndoles perder un valioso tiempo que les serviría a los jóvenes para continuar su ruta hacia la frondosa selva que Chelsea aseguró que había a lo lejos. La geógrafa no se había rendido a su curiosidad por la relación entre Xeno y Kohaku, en especial cuando oyó que Stanley también buscaba recuperarla a ella, y eso no tuvo sentido para ella. Insistió tanto, que no les quedó otra opción más que contarle la historia entera, omitiendo prudentemente algunos detalles. La geógrafa quedó muy sorprendida, pero no pareció avergonzarse mucho, más bien su faceta de cruda sinceridad parecía ser la que predominaba.
- ¿O sea que la historia imposible de romance, ahora es un triángulo amoroso, en el cual surgió el amor entre la joven rehén, el líder enemigo y su mejor amigo? ¡Aaah, es aún más emocionante!
- ¿Acaso todo te resulta emocionante, Chelsea-chan? –Preguntó Gen resignado ante el desparpajo de la geógrafa.
- ¡¿No lo es para ustedes?! ¡Es una historia fuera de lo común, y real! ¡Van a ser una gran bonita familia!
- Yo no sé si los demás lo ven así, en especial ellos mismos…
- Aunque no se pueda saber ahora quién de los dos es el padre biológico, tampoco importa. ¡De hecho, hasta podrían serlo los dos! ¿No, Luna?
- ¿Eh? –preguntó la aludida, sorprendida– Ummm…. No, uno solo puede ser el padre. No es biológicamente posible que, en días distintos, el mismo óvulo sea fecundado.
- No, pero… Digo, Kohaku no sabe si tiene sólo un bebé adentro, a veces esas cosas pasan. Bueno, normalmente con un mismo padre, pero… ¿acaso los mellizos no nacen cuando hay dos embriones distintos también? Es decir, se fecundan dos óvulos y dos espermatozoides. ¡Y le darías la feliz noticia a los dos potenciales padres!"
Mientras que Chelsea lo dijo con los ojos brillantes de inocente entusiasmo, esa posibilidad no fue recibida de igual forma para los demás, en especial para Kohaku. Se hizo un largo silencio, en el que la rubia quedó boquiabierta y con los ojos muy abiertos, mirando desesperada a Xeno y luego a Luna, buscando una respuesta. El científico estaba igual de pasmado, pero no había rechazado la idea, con lo cual parecía admitir que era científicamente posible.
- ¿Luna? –Preguntó Kohaku en un susurro, muy rígida.
- Eeeeh… bueno, sí, es posible lo que dice Chelsea. No es algo usual, pero sí, los mellizos no idénticos nacen de condiciones como esas.
- Dra. Chelsea, aunque hay una mínima probabilidad, no hay forma de saberlo, no preocupes a Miss Kohaku con suposiciones tan rebuscadas, por favor –Dijo Xeno muy serio, aunque también estaba aturdido por la posibilidad– Es suficientemente complejo que haya un bebé en medio de todo esto, como para que tan livianamente sugieras que haya dos.
Kohaku no podía respirar ante esas palabras. Gracias si se estaba haciendo la idea de aceptar un embarazo, como para que ahora le dijeran algo de esa magnitud. Decidió confiar en las palabras de Xeno, él era un científico destacado y tanto o más que Senku, mientras que Chelsea parecía emocionarse con todas las posibilidades. Sí, así era, hasta Luna había dicho que era poco probable. También era cierto que con Stan había multiplicado sus probabilidades de paternidad, porque habían intimado tres veces, pero a lo sumo eso sólo garantizaba el embarazo simple. Incluso en la aldea Ishigami, nunca se había dado el caso de gemelos o mellizos, lo cual reforzaba que de por sí era bastante inusual. Confiando en esos argumentos, encontró un poco de tranquilidad.
- Bueno, bueno, el cansancio nos está afectando a todos ya, ¡a dormir! –Gen interrumpió el tenso momento con unos aplausos para llamar la atención, y los demás parecieron aprovechar desesperadamente la excusa para terminar el día y echarse a descansar, organizando los turnos de guardia entre todos.
La última vigilia le tocaba a Suika, casi al amanecer, y la pequeña se subió a la carcasa del barco para observar mejor. El Perseo era un barco enorme, con lo cual, en caso de verlo, todavía tenían de al menos diez o quince minutos más para preparar las motos y el plan de escape. Cuando el sol se asomaba por las altas montañas del horizonte, la niña jadeó de sorpresa, y alertó a todos, que ya estaban despiertos igualmente.
- ¡AQUÍ LLEGAN! ¡ES EL BARCO DE STANLEY!
Una ola de ansiedad y nervios los recorrió a todos, que se apuraron en distribuirse en las motocicletas como habían calculado para que todas tuvieran un peso equivalente y ninguna se rezague. Pese a las protestas de Xeno, lo terminaron amarrando con cuerdas y amordazando para que no pudiera emitir ningún sonido que le diera información a su aliado, y lo pusieron en la misma moto que Ryusui y Hyoga. El capitán era uno de los más habilidosos en manejo junto a Carlos, que llevaba la otra motocicleta, así como también lo hacían Gen, François, Ukyo y Taiju.
Estaban seguros que Stan y los demás militares dispararían con todo para asustarlos y hacerlos rendirse, por lo que esperaron silenciosamente la señal en el interior del barco vacío. Cuando oyeron la autoritaria y fuerte voz del soldado dando la orden de disparar, encendieron las motocicletas y aceleraron inmediatamente, procediendo con la primera fase del escape. Xeno sabía que era su última oportunidad de comunicarse con Stan, y con su gran capacidad de deducción y de entendimiento de los planes de Senku, ya había calculado cuál sería el destino final de aquella travesía, fundar la "ciudad de las aleaciones", además de encontrar el origen de la petrificación. Sabía que se dirigían a Manaos, Brasil, pero por la dificultad del terreno, y que ese no sería el final del recorrido, no era lo ideal guiar a Stan hacia allí. Por otra parte, sintió la necesidad de decirle la delicada situación de Kohaku, en especial para que no hicieran nada imprudente que pudiera lastimarla, no tanto él sino los subordinados que no eran tan habilidosos con la puntería y los reflejos.
Una idea cruzó su mente, y confiaba en que la inteligencia de Stan alcanzaría para notar lo que se proponía. El joven peliblanco detrás de él, que lo tenía amenazado bajo la punta de su lanza, parecía ser el que tenía la sangre más fría de todos, y no le molestaría poner la vida del rehén en peligro. Por lo que se arriesgó a hacerle una propuesta, modulando como podía a través de la molesta mordaza.
- ¿No creen que tendrían que usar a su rehén como escudo?
- Claro, ahora mismo –contestó Hyoga, y con mucha facilidad lo levantó y lo colgó en la parte trasera de la moto, amarrándolo a la rueda trasera, pero dejando que el resto del cuerpo del científico cuelgue libre y peligrosamente.
Aunque sintió un fuerte vértigo, estuvo satisfecho con poder proceder con su plan. Pero justo cuando se disponía a seguirlo, la motocicleta en la que andaba, así como la de Carlos, comenzó a hacer un movimiento zigzagueante muy habilidoso, con el objetivo de levantar mucho polvo y tierra, y entorpecer los disparos enemigos.
Kohaku aprovechó que su moto avanzaba estable para comprobar la situación, y de pronto alcanzó a ver en medio de la polvareda una sombra que avanzaba rápidamente, hasta que saltó y se detuvo en una enorme piedra alta: Era Stan. Su corazón palpitó fuertemente al volver a verlo, en parte por la preocupación de lo que podía llegar a hacer con sus monstruosas habilidades, y en parte porque inevitablemente pensó en que él no se enteraría de su embarazo, estando tan cerca. Instintivamente agachó la cabeza cuando oyó los potentes y precisos disparos, que, si bien ninguno pasó cerca de su moto, sí observó con horror que uno alcanzó el hombro de Tsukasa, y otros dos impactaron en la espalda y el hombro de Hyoga, quienes por suerte se habían protegido con una armadura oculta, que habían improvisado con el grueso metal del barco.
Por su parte, Stanley estaba tan concentrado como iracundo. No toleraba la astucia de aquellos jóvenes al burlarlos y escaparse de su alcance de esa forma, pero al menos tenía la satisfacción de haber herido a sus principales luchadores. Por supuesto que su magnífica puntería evitó lastimar a Xeno y a Kohaku, pero le hubiera gustado agujerear a algunos mocosos más, por su atrevimiento. Fue entonces cuando su fina vista captó la posición de Xeno, y su instinto le dijo que su amigo aprovecharía la oportunidad para darle alguna pista del destino de sus enemigos, no la desaprovecharía, incluso seguramente se encontraba en esa extraña y riesgosa posición adrede.
Le quitó los binoculares de la mano a Charlotte, y los apuntó al rostro de Xeno, lo único que podía controlar. Tal como pensaba, vio al científico parpadear de forma extraña, cerrando y abriendo los ojos con fuerza. No tardó en deducir que se trataba de un tipo de mensaje, y dedujo que sería el código morse.
- Está usando código morse con los parpadeos –Afirmó a su subordinada– Toma nota, Charlotte.
- Sí, capitán –se apresuró ella, sacando un anotador y un lápiz de su traje.
Stan se concentró en entender las letras, y como sabía que los jóvenes pretendían dirigirse a alguna parte interna de Sudamérica, logró interpretar la palabra que refería al punto de encuentro para interceptarlos: "Araxá", una ciudad de Brasil. Pero luego notó que Xeno continuaba parpadeando, aunque cada vez se alejaban más, y no sabía si alcanzaría a recibir la palabra completa. Pero no hizo falta, porque le bastaron las primeras cuatro letras para entenderla. Su boca quedó abierta a causa del jadeo que escapó de ella, dejando caer el cigarrillo que sostenía entre sus labios. Y por primera vez en su vida profesional no pudo continuar con su tarea, ya que sus piernas flaquearon, y cayó de rodillas al piso.
- ¡CAPITÁN! –Exclamó preocupada Charlotte, sorprendida de que el hombre más peligroso y habilidoso que conocía, tuviera una expresión de pura consternación, con sus hermosos y expresivos ojos muy abiertos, y su boca colgando luego de un jadeo que hasta ella oyó.
"Embarazada". Kohaku estaba embarazada.
Buenaaaaaaaaaas! Aaaaaaaaay! Tenía este capítulo en mente pensado entero hace más de un mes (así como buena parte de lo que sigue), y al fin pude volverlo real y escribirlo. Creo que ya lo veían venir en parte, aunque bueno… siempre dejando intrigas y preguntas sin respuestas, para que se coman las uñas hasta el próximo capítulo jejeje (perdón, pero me divierto mucho con eso).
Woooow, no puedo creer que ya esta historia esté alcanzando las 300 reviews :O. Muchas, muchas gracias por su apoyo y amor, ya lo saben, pero no me voy a cansar de agradecerles esos minutitos en que dejan esos bellos mensajes que me dan alegría, en especial cuando se me complica la vida y los tiempos de escritura xD. Hasta el próximo capítuloooo!
