La noticia de que había nacido el bebé y estaba bien y sano recorrió el castillo como reguero de pólvora, nadie se había atrevido a dormir debido a la emoción. Luna anotó que el nacimiento había sido a las 2:07 de la madrugada, mientras que los datos del peso y medidas quedarían para la mañana siguiente. Los amigos de Kohaku morían por conocer al pequeño, que ya Yuzuriha les había dicho cómo se veía y todo lo que había sucedido. Se morían de ganas de conocerlo, pero tenían que contenerse y dejarla descansar a la exhausta Kohaku, además de darles esos primeros momentos de privacidad a los nuevos padres. La noche no iba a pasar lo suficientemente rápido para ellos, pero de igual forma intentaron irse a dormir, a pesar de que la emoción los había desvelado.

En la sala médica, apenas le habían dado nombre al bebé, Kohaku se abrió la bata de tela que vestía para apoyar luego al pequeño de frente contra su cuerpo, piel con piel, dejando la manta en que Yuzuriha lo había envuelto para cubrirlos a ambos y mantenerlos calentitos. Le habían dicho que era muy importante que al menos esa primera hora luego del nacimiento fuera así, natural y en contacto, para profundizar el vínculo madre-hijo, además de ayudar al bebé a subir su temperatura corporal. Además, era la forma ideal de alimentarlo por primera vez, que él se acercara instintivamente a buscar el pecho cuando tuviera hambre. Kohaku, Stan y Xeno estaban en completo silencio, hipnotizados con ver al pequeño en cada minúsculo movimiento, y oír sus sonidos de respiración y gorjeos. Los estadounidenses se habían sentado en una silla, uno a cada lado.

Neal estaba despierto y activo, sus ojos aguamarina abiertos, aunque no parecía enfocar su mirada en nada en particular. Movía torpemente sus brazos y manos hacia delante, apoyándose en la piel de su madre, y a la vez se empujaba con sus piecitos sobre el abdomen de ella, lo cual lo hacía subir poco a poco, arrastrándose. Kohaku estaba maravillada de la fragilidad y a la vez la fuerza de su bebé, y no pudo evitar soltar un sollozo de emoción al pensar en aquello, ver a su más que pequeño guerrero esforzarse por moverse, apenas podía contenerse de llevarlo ella misma a su pecho, pero quería hacer caso a la recomendación de que él lo hiciera por su cuenta. Stan tenía una expresión en el rostro que podría haber sido malinterpretada por cualquiera, de tan tensa que tenía la mandíbula, y los labios apretados en una fina línea, con el entrecejo fruncido, luchando contra el parpadeo natural de sus ojos que le ardían. Xeno, que estaba manejando con más calma la emoción y la fascinación, miró de reojo a los demás, y bromeó a costa de su amigo al notar su tensión.

- Stan, la vena de tu frente va a reventar. Puedes llorar, sabes, no tienes que hacerte el fuerte.

- No puedo –Murmuró con la voz forzada, al fin despegando sus labios, pero sin quitar sus ojos del bebé– Porque entonces no podría verlo bien.

Ante esa respuesta, Kohaku soltó un gemido mezclado con una suave risa de comprensión, y estiró la mano que no sostenía al bebé para tomar la del soldado, en un gesto tierno.

- Créeme que tendrás mucho tiempo de ahora en más para verlo.

- Pero no se repetirá este momento de ahora.

Xeno amplió su sonrisa y se calló, volviendo su vista al recién nacido. Había avanzado un poco más, y Kohaku había vuelto a acercar su mano a él, para acariciar la minúscula y bien definida manito, jadeando de sorpresa cuando Neal se aferró a su dedo con más fuerza de la imaginable, una verdadera garra, no la pensaba dejar ir.

- No, no te voy a soltar nunca, hijo mío –Murmuró con emoción, una lágrima silenciosa resbalando por su rostro.

Estaba terriblemente agotada por el largo y doloroso parto, y a la vez sentía una energía renovada que fluía por su cuerpo, no dudaba que no podría cerrar los ojos en las próximas horas, aunque quisiera o lo necesitara. Pero sólo con mirar a su bebé, parecía olvidarse de todo alrededor, no existía ni el cansancio ni nada que fuera enfocar todos sus sentidos en la pequeña vida encima de ella. Entendía la lucha interna de Stan de no ceder a las lágrimas, estaba maldiciendo por dentro el ver tan borroso los primeros movimientos de su hijo, y se esforzó por contenerlas cuando varios minutos después, Neal subió lo suficiente para apoyar una manita en su pecho izquierdo, y sus ojos se posaban sobre los de ella, identificando a su madre. Tomó unos minutos más que su cara lo alcance, y movió erráticamente su cabecita, comenzando a apoyar sus mínimos y cincelados labios sobre la piel, abriendo la boca y asomando su lengua para comenzar a buscar el ansiado pezón que lo alimentaría por primera vez.

Kohaku no pudo resistir la tentación de ayudarlo, aunque sea un poco, sosteniendo su pecho para que le fuera más fácil a su hijo encontrarlo, estremeciéndose luego con el primer roce. Por más que estaba en el lugar adecuado, llevó otro minuto más que explorara con su boquita hasta lograr abrirla más para conectar y que el pezón se introdujera en la cavidad, instintivamente cerrando sus labios alrededor. La rubia jadeó ante la nueva sensación, tirante y cálida, y una fuerte emoción la recorrió, una plenitud y un alivio de ver a su bebé dando otro paso adelante en la vida. Todavía no tenía leche de verdad en sus pechos, sino el llamado "calostro" que era muy nutritivo y necesario para los primeros días de la vida del niño, hasta que finalmente sí pudiera producir leche.

Esa era la más perfecta y dulce visión que Stan había visto en su vida, la emoción iba acompañada de una nota de orgullo, disfrutando para sus adentros de aquel especial momento entre su hijo y su... ¿mujer?, nunca había pensado a fondo cómo llamarla o considerarla, malditas etiquetas. No podía despegar la vista de ellos dos, no había para sus ojos en aquella habitación nada más que Kohaku y Neal. Ya se había serenado un poco, la emoción no lo abandonaba, pero al menos con el correr de la hora, una felicidad más calma se abría paso en él. Unos quince minutos pasaron así, de dulce y silenciosa contemplación, incluso cuando el bebé al fin de desprendió del pecho de su madre, y volvía a hacer esos mínimos y torpes movimientos, vaya a saber uno a dónde quería llegar.

- ...Stan. ¿Stan?

La voz de Xeno le llegó como si subiera el volumen de una radio gradualmente.

- ¿Hmm? –Contestó con voz apenas audible, sin mirarlo, seguía con la vista hambrienta de observar y grabar en su memoria cada movimiento de Neal, su amigo podía esperar.

- Esta camilla no es cómoda, templada, ni segura para pasar la noche aquí. Convendría que cargues a Kohaku hasta tu habitación, aunque antes habría que preparar unas toallas por si sigue expulsando sangre o algo más de su vientre.

- Hmm –Volvió a decir, con un ligero asentimiento de cabeza.

- ¿Stan?

- ¿Hmm?

- ...Nada, olvídalo, yo me encargo.

Xeno se levantó, y se fue de la sala, avisando que volvería en unos minutos. Kohaku y Stan siguieron observando al activo bebé, que no parecía querer dormir después de haberse llenado el estómago. La rubia seguía entretenida con acercar su dedo índice a la palma y los dedos del bebé, y éste inmediatamente se aferraba y no lo soltaba. Invitó a Stan a que hiciera lo mismo, dándose cuenta de que todavía él no se había animado a tocarlo, sólo lo había estado mirando largamente desde que nació. Con una sonrisa tímida, y muy lento, el peliplateado acercó su dedo hasta tocar el dorso de la suavísima y minúscula mano, maravillándose con la sensación de aquella delicada piel. Puso el dedo sobre la piel de Kohaku, al lado de la de Neal, pero el pequeño no se dio por enterado, por lo que esperó a que el bebé levantara la mano en sus erráticos movimientos para apoyar su dedo con más firmeza tal como había hecho ella. En cuanto los dedos del pequeño se cerraron alrededor, no pudo librarse fácilmente de aquel agarre. Una vibrante emoción lo recorrió, haciéndole soltar un jadeo, y fue él el que le apretó la mano a Kohaku, ya que las palabras no salían de su garganta.

- ¿Viste la fuerza que tiene? –Preguntó ella con orgullo– Tiene unos bracitos y piernitas que parecen fideos de ramen, pero es muy fuerte, no termino de creerlo.

- Es un reflejo... se aferra a la vida –Contestó, parpadeando rápidamente para alejar las lágrimas que amenazaban con volver a sus ojos.

Esa frase tenía una realidad más allá de las difíciles circunstancias del embarazo. Seguía creyendo que los bebés eran imposiblemente frágiles, pero sin dudas la naturaleza había sido sabia en dotar de una instintiva fuerza para aferrarse a sus madres, en caso de peligro. Allí no habría nada que temer ni de lo que huir, ni tentaría a la suerte, pero esos reflejos lo dejaban un poco más tranquilo.

- ¿Puedo tocarlo?

- Por supuesto... es tu hijo, Stan.

- Perdón, es que todavía no puedo creerlo –Contestó con una sonrisa, el pecho le había martillado ante esa respuesta– No quiero molestar al renacuajo.

- Una caricia nunca molestaría, menos de sus padres.

Stan le concedió la razón, pero lo veía tan pequeño, delicado y frágil que tenía miedo de que sólo el peso de su mano grande lo agobiara. Se inclinó hacia adelante para recostar parte del torso en la camilla, apoyando su cabeza sobre el hombro de Kohaku, y colocó con sumo cuidado la mano en la cabeza que tenía esos cabellos rubio-platinados que parecían una suave lanilla. Su mano cubría la cabecita sin problemas, por lo que apenas lo acarició con las yemas de sus dedos, derritiéndose ante la sensación de tocarle la suave y blandita mejilla, su bebé era como un malvavisco. Cuando los ojos aguamarina de rubias pestañas lo miraron, Stan sintió que su corazón se saltó varios latidos, y contuvo la respiración sin darse cuenta, por primera vez haciendo esa conexión con su hijo.

Unos minutos después volvió Xeno, encontrándose con su amigo derretido sobre la camilla y una sonrisa tonta en el rostro, mientras miraba y acariciaba el cuerpo del bebé por debajo de la manta. El científico no lo dudó tanto, y acarició también la cabecita del bebé, que se había tranquilizado, pero seguía bien despierto.

- Todo listo, cuando quieran podemos ir para allá. Me quedaré con ustedes hoy, ya puse un colchón individual en el piso.

- Gracias, Xeno –Le dijo Kohaku, con una cálida sonrisa.

- Creo que ya es hora de ponerle un pañal de tela a Neal, no tardará en orinar algo por primera vez, si ya se alimentó. Los que hizo Miss Yuzuriha de seguro le quedarán grandes, pero es sólo tela, puedo pedirle que los recorte.

- Sí, gracias –Miró a Stan, y le habló con voz suave– ¿Quieres cargarlo?

- No... No puedo –Respondió con tono inseguro.

- ¿No puedes? –Inquirió Xeno, alzando una ceja– Tú, ¿no puedes?

- Es tan pequeño, y frágil, siento que no sé ni cómo sostenerlo bien y seguro, en el aire... nunca cargué a un bebé de verdad.

- Ninguno de nosotros lo hizo antes, es algo que mejoraremos con la práctica. Sólo hay que procurar cuidarle el cuello y la cabeza al principio, ya que no tiene los huesos bien formados todavía, tiene escasa movilidad y control para sostener su propia cabeza.

Frente al objetivo y acertado consejo de Xeno, los ojos de Stan se abrieron con terror. Lo último que quería escuchar era que el ya de por sí delicado bebé podía lastimarse por un mal manejo.

- Stan, no es tan difícil, de verdad, yo también estaba preocupada –Intercedió Kohaku para tranquilizarlo, a ella también la había puesto nerviosa la aclaración del científico– Además, con tus grandes manos, si le sostienes la cabeza y el cuello con una, y el cuerpo con la otra, estará más que bien y seguro... creo que hasta más que en mis manos.

Pero Stan no cedió ni se movió, su apacible rostro se había vuelto alerta y preocupado ante la inseguridad que colmaba su sentido de la razón. Lamentaba para sus adentros que no hubiera ningún padre o madre en el castillo, que pudiera resolver sus dudas y temores, y enseñarle bien.

- No... Es demasiado movimiento. Tengo que girarlo boca arriba, levantarlo, poder sostenerlo con un solo brazo, ya que el otro tiene que poder moverse para acomodarlo, y todo en el aire y por mi cuenta, sin margen de error –Analizó, adelantándose mentalmente con la imagen del procedimiento.

- Vamos Stan, sabes que tendremos que cargarlo y moverlo de un lado a otro, y Kohaku no será la única que lo haga. ¿Eres un adulto y un militar de primera, confiado y temerario, y ahora te acobardas para sostener a un bebé? –Insistió Xeno, irritándose. Podía hacerlo él, pero quería dejarle a Stan la posibilidad de que lo hiciera primero, por ser el verdadero padre.

- Tengo una idea, Stan –Dijo Kohaku con una pequeña sonrisa– ¿Qué tal si lo sostengo yo, y tú pones tus manos por debajo, para empezar por sentir su peso y tamaño? Haz de cuenta que lo vas a cargar tú, pero lo sostengo yo, así te haces a la idea de cómo hacerlo bien después. Ya verás que es más fácil hacerlo que pensarlo, confía en mí.

- Hmm, podría ser, nada mal –Murmuró. Diablos, sí quería sostener a su hijo en brazos, pero el temor irracional a lastimarlo le estaba ganando la pulseada.

- Ayúdame a sentarme en el borde de la camilla, así será más cómodo.

Stan lo hizo, jalando de ella hasta sentarla, la manta cayendo sobre su regazo, y luego ayudando a girarla de frente a él. Contuvo la respiración mientras observaba cómo Kohaku cuidadosamente sostenía y giraba al bebé, deslizando poco a poco las manos para cargarlo naturalmente como si fuera a amamantarlo otra vez, sólo que Neal no parecía interesado en volver a prenderse del pecho expuesto.

- ¿Viste? No fue tan difícil, y eso que mis brazos son más finos que los tuyos. Además, si lo apoyo contra mi cuerpo es todavía más fácil, así, mira...

- Eres una madre nata –La halagó Stan, fascinado.

- Ni tanto... Ahora tú, pon los brazos como yo, debajo de los míos.

Obediente y un poco más tranquilo, el soldado hizo lo pedido, levantándose un poco y quedando muy cerca de ella. Sonrió nervioso cuando sintió el ligero cuerpo del bebé, pero le duró poco la sonrisa cuando vio que Kohaku alejaba sus brazos del cuerpo, dejando resbalar a Neal para que él lo sostuviera.

- ¡No, no, no...! –Farfulló asustado– Espera, Kohaku, no lo sueltes... No estoy listo todavía, no...

Desoyéndolo, con una pequeña sonrisa maliciosa, pero sabiendo que confiaba completamente en él, Kohaku soltó de forma segura al bebé sobre los brazos de su padre. El soldado lucía desesperado, era tragicómico verlo, aunque claro que no pensaba quitar los brazos por más inseguro que se sintiera. Stan dejó salir un ahogado jadeo lastimero cuando se dio cuenta que sólo él estaba sosteniéndolo ya, y se quedó muy quieto y rígido, una vez que lo acercó y mantuvo contra la parte alta del pecho para darle toda la seguridad posible. Pero de pronto, la realidad de que por primera vez estaba sosteniendo a su hijo en brazos, tantas veces lo había imaginado desde que se enteró del embarazo, comenzó a ser más fuerte que los nervios. Y cuando Neal lo miró a la cara y estiró sus manitas hacia él, alcanzando eventualmente a tocarle la barbilla, toda duda o miedo se esfumó, para sonreírle deslumbrante y con puro amor y felicidad a su renacuajo.

- Hola, vida –Le susurró.

El bebé emitía esos sonidos entre respiraciones y gorjeos, y uno pareció sonar un poco más fuerte, como si realmente intentara responderle. Stan sabía que eso no era posible, no todavía, hasta dudaba que el pequeño supiera que él era su padre. O tal vez sí, aunque sea por su voz, gracias a las veces que le había hablado torpemente al vientre. No le importaba realmente, ya tendrían mucho tiempo por delante para familiarizarse, todos los días, por los próximos años. Se encargaría de darle tanta protección y amor, que Neal no dudaría de que era su padre, o al menos uno de ellos. Cuando el bebé le soltó la barbilla, Stan le dio un beso en la pequeña mano, y luego otro más largo, aunque levantó las cejas y soltó una suave risa cuando Neal le atrapó el labio inferior, tirando un poco de él. Poco le importó el dolor, y pudo oír también las risas de Kohaku y de Xeno, que eran testigos de aquello.

- Es que tienes mucho labio tentador para agarrar, Stan, y se lo dejaste servido –Bromeó Kohaku.

- Renacuajo travieso –Intentó decir, torpemente, y volvió a reírse.

Para evitar el tirón de su labio, acercó su boca para jugar a besar y mordisquearle con mucha delicadeza los deditos, aunque sólo logró que el bebé lo mirara y que no lo soltara. Bueno, bien por ambos, porque tampoco quería soltarlo ya. Pensar que minutos antes le aterrorizaba sostenerlo, qué tonto había sido. Cuando finalmente Neal le soltó el labio, Stan no pudo contenerse de regarle el suavísimo rostro con dulces besos, inspirando ese particular aroma a bebé, tan nuevo, e instintivamente adictivo.

- Stan, te engolosinaste, ni su madre lo besó tanto todavía –Bromeó Xeno, sorprendido del repentino despliegue de afecto y ternura de su amigo, nunca había visto ese lado suyo– Ya te veo, serás todo un padre baboso.

- Ni a mí me besa tanto –Murmuró Kohaku con fingido celo, sonriendo de lado.

- Perdón, perdón, por un momento me olvidé de ustedes. Es que... no sé cómo explicarlo, es una sensación única. Apenas lo conozco hace poco más de una hora, y ya siento que lo amo demasiado.

- Sí, así igual me siento –Coincidió Kohaku. Le había emocionado profundamente ver a Stan siendo tan amoroso, ya creía que hasta tenía más madera de padre que ella como madre.

- Xeno, ¿quieres cargarlo tú ahora? Así luego ya le ponemos el pañal y lo llevas tú a la habitación, mientras yo cargo a Kohaku.

- Claro, sí.

Mucho más tranquilo y seguro que su amigo minutos antes, Xeno recibió al bebé casi de la misma forma que Kohaku se lo había pasado a Stan, sólo que el científico ya lo esperaba. Una ola cálida de emoción lo recorrió de pies a cabeza ante la sensación de sostener al pequeño, su "hijo de corazón", como lo pensaba. No iba a pretender que no sentía un poco de nervios de tener en sus brazos a un ser tan frágil, podía entender los primeros miedos de Stan al respecto, pero no podía decir ni una palabra cuando él había antes criticado a su amigo por la inseguridad. Meció un poco a Neal, que por suerte estaba tranquilo y no se movía mucho. No era su estilo regar de besos a nadie, por lo que disfrutó simplemente de cargarlo y mirarlo.

A pesar del apacible momento, un rincón de la mente de Xeno no pudo evitar un pensamiento mucho menos feliz. Sí, tenía en sus brazos a un bebé vivo y sano, el hijo de Stan, pero no podía olvidar ni dejar de lamentar que, si no hubiera sido por ese descuido y de él haber sido más firme en cuidar a Kohaku, tal vez también hubiera otro en sus brazos, quizás un hijo suyo. Tampoco quería ser hipócrita, dos meses antes había decidido que no era su idea convertirse de pronto en un dedicado padre de familia, ni ser tan entregado a Kohaku. Su elección había sido la más acertada para él y sus deseos, y la menos dolorosa dadas las circunstancias de que estaba obligado a compartir el corazón y el cuerpo de la joven con su mejor amigo, pero una parte de él tampoco terminaba de superarlo.

De pronto tener el recién nacido en sus brazos, uno al cual él mismo le había dado el nombre gracias a su inspiración, le sabía en ese momento un poco amargo. No, no sólo amargura, había también arrepentimiento, culpa... todas emociones del pasado por las que no podía hacer nada, incluso se identificaba con su cruel peso. Se suponía que ese tenía que ser un momento de felicidad, y no en lo que se estaba convirtiendo cada segundo que pasaba. Su rostro fue perdiendo la sonrisa, y sus ojos comenzaron a verse turbios, al dejarse arrastrar mentalmente por lo que no pudo ser. Tragó duro, viendo borroso a Neal frente a él, aunque no lo veía a él precisamente. Apretó sus labios, tratando de contenerse, pero fuera de su control una lágrima cayó sobre la mejilla del bebé.

- Perdóname...

Kohaku y Stan se sobresaltaron con la voz quebrada de Xeno, su rostro no lucía compungido por emoción, sino por dolor. El soldado se acercó a él, cauteloso, dividido entre la empatía por la repentina actitud de su amigo al cual quería consolar, y el instinto de protección de su hijo, ya que los brazos del científico temblaban, y con ellos el bebé que cargaba.

- Perdóname... por haber sido tan débil e incompetente –Inspiró entrecortadamente– Perdóname... por no poder haber hecho más por protegerte. Perdóname... por no haber podido salvarte...

Esas últimas palabras fueron apenas ininteligibles entre los sollozos que salían de él, desgarrándole la garganta de los contenidos que eran, para procurar no asustar a Neal, ya que no podía controlar sus emociones. Stan sí lo entendió, y se le comprimió el corazón a la par ya que él tenía sentimientos similares por haber llegado demasiado tarde en su momento, pero pese a que quería abrazar y consolar a su dolido amigo, su instinto fue más fuerte, y en su lugar se acercó rápidamente para sostener al bebé, con la intención de quitárselo de los brazos para tenerlo seguro. Kohaku lo detuvo agarrándolo de un brazo, con los ojos al borde de las lágrimas también, así como tenía la misma urgencia que Stan por asegurar a su hijo, entendía también que tenía que dejar que Xeno se desahogue una última vez. El soldado asintió, por lo que, en lugar de quitarle a Neal de los brazos, apoyó sus manos contra las de su amigo para ayudar a sostenerlo con seguridad.

Era doloroso verlo, aún más entenderlo y recordar, hasta que la sensibilidad a flor de piel hizo que finalmente Stan tampoco pudiera contener sus lágrimas, aunque las dejó salir de una forma mucho más silenciosa y controlada. Apoyó su frente contra la de Xeno, a falta del abrazo que verdaderamente quería darle. Kohaku los observó desde la camilla, cuánto quería unirse al consuelo, que era más bien uno en común para los tres, aunque les dejó esa privacidad a los dos hombres. Sabía que el bebé iba a incomodarse ante la tensión y la inestabilidad alrededor suyo, por lo que trató de mantenerse entera para poder calmarlo luego. Efectivamente, unos segundos después los alaridos de llanto comenzaron a oírse en la sala, y Stan sí le quitó suavemente al pequeño, para acercárselo a su madre a que lo calmara e hiciera sentir mejor, mientras que al fin sí le dio un fuerte abrazo a Xeno, dejándolo terminar de descargarse contra él.

- Xeno...ya está...

- ¡No, no "está"! Ya no está, y no estará... –Exclamó, con la voz trémula, sorbiendo la humedad de su nariz– Es tal como dijiste aquella vez... era lo único que tenía que hacer, y lo hice mal, lo eché a perder.

- No vuelvas a torturarte con eso. Lo dije con la cabeza caliente, y ciego por la impotencia, me equivoqué. Ya pasó, y no hay nada más que hacer. No fue tu culpa, Xeno.

- Por más que lo digas...

- ¡XENO!

Stan le agarró la cabeza con las dos manos, silenciándolo inmediatamente con su potente voz, sus rostros muy cercanos. Los ojos negros y turbios de Xeno se colmaron de lágrimas, y apretó los labios con fuerza para contenerse de seguir removiendo más dolor, en especial por Kohaku, que estaba demasiado exhausta y sensible como para volver a lidiar con algo así en ese momento que tenía que ser de pura felicidad. Cuando el científico logró serenar sus dolorosas emociones, Stan le habló en voz baja y suave contra el oído.

- Te entiendo, comparto tu dolor, lo sabes bien... pero no podemos seguir hundiéndonos en el sufrimiento por lo que pasó, Xeno. No digo olvidarlo, jamás podríamos... sino que hay que seguir adelante, por Neal, que sí está aquí, a él sí lo logramos proteger. Y nos necesita ahora, a los dos, y fuertes. Kohaku también nos necesita, y ella tiene que estar más entera que nosotros dos juntos, así que, por favor, amigo, tranquilízate.

Xeno asintió, e inspiró profundamente para calmarse. Le pidió perdón a Kohaku en un murmullo, que no lograba calmar el llanto de su bebé, pero ella desestimó la disculpa, en su lugar preguntándole si se sentía mejor. Volvió a asentir entre los restantes espasmos de su respiración, y se acercó a ella para darle un beso en la frente a modo de disculpa, y otro a la cabecita de Neal, que lloraba fuerte y tenía la cara roja. Tomó varios minutos más que el bebé se calmara, eso era otra cosa en que los tres eran novatos y no tenían idea de cómo hacerlo más rápido. Cuando se serenó, Stan lo volvió a cargar en sus brazos con cuidado, y le pidió a Xeno que preparase el pañal de tela, que ya estaba previsoramente en la sala.

Yuzuriha les había enseñado a los tres a poner el pañal que había diseñado, usando un muñeco a escala real de bebé que también les había hecho. Aunque pronto aprendieron que una cosa era hacerlo con un objeto inanimado y quieto, y otra con un delicado bebé de carne y hueso. Stan lo apoyó sobre la mesada, calculando para que ya el pañal le cubra la espalda baja. El cordón umbilical pinzado y cortado por Luna también era algo delicado de lo que tendrían que ocuparse hasta que se secara y cayera solo, aunque la joven estudiante de medicina había dicho que ella se ocuparía de limpiarlo y hacerle la curación, lo cual le agradecieron mucho. Juntos, los dos hombres recordaron las indicaciones y se ayudaron para sostener al bebé y acomodar el pañal de tela, cerrado y asegurado con unos pequeños botones. Xeno le había pedido a la modista que hiciera unos con doble capa de tela y relleno, de forma que cuando hubiera materia fecal, se utilizara la ensuciada con el resto de los desechos para la producción de combustible, en lugar de limpiarlos, ya que no querían arriesgarse con cuestiones sanitarias, y la otra parte sí se pudiera lavar y reutilizar.

- Bastante bien, ¿no? –Dijo Stan satisfecho, admirado el resultado.

- Sin dudas le queda grande y no se ve nada elegante así, pero cumplirá la función –Xeno miró pensativo la balanza– Íbamos a hacerlo mañana, pero podríamos pesarlo ahora.

- Sí, está bien, así no tenemos que volver a traerlo aquí. Pero usa la manta como base de la balanza, o el frío del metal lo incomodará.

El científico asintió, y agarró la manta que estaba sobre Kohaku. La acomodó para cubrir la balanza, equilibrándola del otro lado y recordando su peso para descontarlo después. Apoyaron con cuidado al bebé allí, y con piezas sólidas de plomo, Xeno completó del otro lado hasta emparejar el peso, resultando que Neal pesaba apenas dos kilos y doscientos setenta gramos.

- Con razón nos parecía tan pequeño –Murmuró el científico, frunciendo el ceño.

- ¿Es malo? –Preguntó preocupado Stan.

- No creo que suponga un peligro, pero está por debajo del promedio. Luna dijo que un bebé suele pesar unos tres kilos y medio, lo normal estaría entre tres kilos como mínimo. Neal está poco más de un kilo por debajo de eso, que sería un tercio menos.

- ¿Un tercio? Es demasiada diferencia –Dijo el soldado, nervioso.

- En condiciones normales, sí. Pero no te olvides que en principio eran mellizos, siempre son más pequeños que si fuese un único bebé. Y luego está el factor de que Kohaku no supo que seguía estando embarazada hasta el cuarto mes, casi la mitad del embarazo. Su estado anímico no ayudó y su alimentación no fue tan cuidada y equilibrada, dadas las condiciones en que estábamos en el Amazonas.

- Xeno... ¿Neal va a estar bien? –Intercedió Kohaku, con un nudo en el estómago, luego de haber escuchado todo.

- Haremos lo posible porque lo esté –Afirmó con seguridad– Es un buen pronóstico que todos sus reflejos instintivos estén activos, y que ya haya tomado su primera comida. Es pequeño, pero nació en fecha, no fue prematuro, por lo que sus órganos están bien desarrollados, no te preocupes.

- Bien.

- Ya que estamos, una última medición. Stan, estírale las piernas lo más posible.

Su amigo acató el pedido, y con cuidado lo extendió, a pesar de los sonidos de protesta del bebé, que no le gustaba nada la restricción forzada de su pierna. Rápidamente, Xeno tomó una cinta métrica flexible, y lo midió de la cabeza hasta los pies.

- Cuarenta y cinco centímetros en total. Excelente, así podremos llevar los datos de su crecimiento semanal.

- Muy bien, renacuajo, te portaste muy bien –Lo felicitó Stan, cargándolo en sus brazos cada vez con más confianza, y meciéndolo para que se calme, ya que estaba al borde del llanto una vez más.

- Tenemos su certificado de nacimiento completa ahora, luego lo dejo por escrito, mucho más elegante –Sonrió Xeno– Neal Snyder, nacido a las dos horas y siete minutos del 18 de noviembre del año 5.742, con sus justos dos kilos y doscientos setenta gramos, y cuarenta y cinco centímetros de largo.

- Nada mal, es el primer nacimiento debidamente registrado en poco más de tres milenios y medio –Acercó al bebé a su rostro, y emitió un tono de voz más gracioso e infantil– Todo un privilegio, EL príncipe del nuevo mundo, sí eres.

- Stan, no, por favor, no –Se quejó Xeno– Que se te babees por tu hijo es una cosa, pero no le hables de forma aniñada.

- A ti no te abrazaron mucho de niño, ¿no? –Le respondió con una sonrisa maliciosa, alzando una ceja.

Cuando Neal volvió a calmarse, Stan se lo pasó a los brazos de Xeno, y él cargó a Kohaku en sus brazos, para ir junto a la habitación. Dudaban que pudieran dormir mucho, entre la emoción y la atención al bebé, pero al menos estarían más cómodos. El científico ya había preparado pulcramente todo, listos para acostarse, y dentro de la cama una toalla doblada del lado de Kohaku, una manta extra, y su propio colchón completamente armado con sus sábanas y mantas. También había una cuna en la habitación, que Brody había fabricado, pero esa primera noche no parecía que fueran a usarla. Luego de acostar a la rubia en su lado de la cama, Stan volvió a la sala médica para llevarse varios pañales, un cuenco con agua jabonosa ya preparado en una botella, y las compresas para limpiar al bebé cuando fuera el turno de cambiarlos.

Regresó, Xeno todavía cargaba al bebé, aprovechando que estaba tranquilo, moviendo las manos y tocando su propio rostro. Kohaku estaba ya medio recostada en la cama, su bata apenas cerrada para cubrir sus pechos, aunque sabía que en cuanto acostara al bebé con ella, los dejaría expuestos otra vez, para que Neal se alimentara cuando le diera hambre normalmente. No saber cada cuánto sucedería eso la tenía un poco nerviosa, así como tampoco ninguno sabía los indicios de cómo saber si el bebé tenía hambre, al menos antes de que empezara a llorar, o si dormiría, y cuánto. Apenas dejó las cosas en la mesa, se quitó las botas y se desvistió, quedando en ropa interior solamente.

- No hace calor, precisamente, Stan –Le dijo Xeno, alzando una ceja.

- A él le gusta dormir desnudo, aunque tenga que cubrirse con dos mantas después –Acotó Kohaku con una sonrisa, encogiendo los hombros.

- No necesitaba esa información –Terció el peliblanco, con una mueca.

- Y sólo me quedo en ropa interior para no incomodarte a ti –Agregó Stan con provocación.

- Te pido encarecidamente que mantengas esa delicadeza. Además, ahora tienes un bebé que cuidar, si necesitan ayuda o tienes que salir, no puedes estar vistiéndote y desvistiéndote a cada rato.

- Sí, puedo. Antes sí solía dormir en calzones, pero me quedó la costumbre desde que nuestra princesa embarazada e insaciable me buscaba como bebé a la teta, era más fácil quedarme desnudo.

- No necesitaba esa información –Se quejó nuevamente Xeno, cerrando los ojos y frunciendo los labios.

Kohaku se sonrojó intensamente, avergonzada ante el recuerdo de aquella etapa tan hormonal y sexual que había tenido, Stan la miró y le guiñó un ojo. Xeno le pasó el bebé a su amigo, quien se acomodó adentro de la cama, y el científico aprovechó para vestirse con su ropa de dormir.

- ¿Puedo tenerlo encima un rato más, princesa? –Le preguntó con una mirada dulce– Quiero sentirlo así piel con piel, como dijeron que era lo mejor.

- Stan, ya te dije que no tienes que pedirme permiso, es tu hijo también. Mientras esté tranquilo y cuidado, estará bien, y prefiero que se acostumbre también a estar contigo y con Xeno, para poder descansar yo.

- De acuerdo, gracias –Le dio un beso en los labios– ¿Y si aprovechas para dormir un poco?

- No tengo nada de sueño ahora. Es raro, sí estoy cansada, me duele todo, pero no creo que pueda dormir, aunque cierre los ojos.

- Trata de descansar igual, Kohaku –Le dijo Xeno– Y lo mismo va para Stan y para mí. Por lo que sé, no van a abundar desde ahora horas de sueño, y menos de corrido, por lo cual aprovechemos todo lo que podamos para dormir, en cuando el bebé se quede dormido.

Stan asintió, y se acomodó también medio recostado, con Neal abrazado de forma segura contra su pecho con una mano, y la otra juntando y sosteniendo sus talones, mientras Kohaku los cubría con las sábanas y mantas hasta tapar los hombros del pequeño. Era una conexión muy especial, no tenía comparación, una ola de calidez recorría su cuerpo al ver, oír, sentir y hasta oler a su bebé, no se imaginaba nunca que serían tan fuertes y emocionantes esas primeras horas. Podía sentir no sólo cómo respiraba, sino también cómo latía el corazón de su hijo, más acelerado que el suyo propio. No pasaron más de un par de minutos, cuando lo ojitos aguamarina se fueron cerrando poco a poco, así como dejó de moverse, sólo su respiración suave podía percibirse. El soldado gesticuló incrédulo y colmado de ternura que Neal parecía haberse quedado dormido finalmente, Xeno se recostó con una sonrisa, cerrando los ojos también, y Kohaku apoyó su cabeza en el hombro de Stan y lo abrazó por la cadera, aliviada.

No se atrevió a moverse ni un poco para no despertarlo, aunque eso no suponía ninguna dificultad para él, tan acostumbrado estaba a hacerlo para su trabajo de francotirador. Sonrió al pensar que por suerte podía aplicarlo en algo mucho más hermoso y en favor de la vida. Aprovechó cada segundo para mirarlo sin descanso, todos los detalles del rostro, la cabeza y el cuerpo de su hijo. El cabello de ese color como oro blanco, sus largas y numerosas pestañas, sus mejillas regordetas y sonrosadas, la delicada naricita, sus labios rosados-coralinos bien definidos, suaves y brillantes, la piel ligeramente arrugada, los mini deditos de sus manos... Era un festín para los ojos la belleza del bebé, y con todo orgullo podía decir que era suyo, y de la preciosa y fuerte joven mujer que tenía a su lado. La miró de reojo, ella estaba en el mismo estado contemplativo que él, con la mirada más dulce y amorosa que le había visto nunca.

- Gracias, Kohaku, por tanto –Le susurró– Es el mayor regalo que la vida me pudo haber dado, no... Que tú me diste.

- Y que tú me diste a mí también –Le contestó ella en el mismo susurro– Inesperado y un poco pronto, de seguro, pero no me arrepiento de nada. Lo amo.

Stan se le quedó mirando largamente, hasta que ella se percató de la intensidad de aquella mirada y se la devolvió. A Kohaku siempre le habían parecido hermosos, transparentes y muy cálidos los orbes zafiro de él cuando estaba relajado, los había encontrado magnéticos y apasionados desde el principio, a poco de conocerse incluso. Sin embargo, el brillo que tenían esa noche superaba ampliamente toda consideración y belleza anterior, le daba la impresión que Stan se expresaba, y muy claramente, con sus ojos. Se sonrojó en anticipación, cuando percibió la ardiente y devota mirada que Stan le estaba dedicando de pronto, pero no de pasión y deseo, sino de algo mucho más profundo.

- Kohaku, nunca te lo dije apropiadamente, ahora que lo pienso –Dijo con suavidad– Te lo di a entender, reflexionamos sobre eso, lo sentimos, lo hicimos; pero todavía no te lo dije de forma clara y directa, como lo mereces, perdóname por eso.

- Stan...

- Te amo, Kohaku. Te amo.

La joven soltó un suave gemido de emoción al oír esas breves y sentidas palabras, al fin. No lo estaba esperando, y las acciones de Stan se lo habían dejado bien en claro desde meses antes, más allá de que era cierto que se lo había dicho de una forma indirecta, hablando de amor y "cómo amarse". Pero oír esas palabras que resonaron fuerte en su corazón, sumado al especial momento que estaban viviendo, junto con las rezumantes emociones que los embargaban, era todo lo que podía necesitar para colmar su felicidad y plenitud. Él la amaba, y amaba a su hijo, no le importaba que hubiera "tardado" tanto en decirlo, si bien agradecía su sinceridad. Y que ella estaba enamorada de él, no le cabía duda alguna, hacía tiempo que lo hacía, aunque también para sus adentros. Aquella vez que le había pedido que "la amara", sólo era para terminar de confirmar lo que ya sospechaba que sentía, por más que no tenía una referencia anterior de amar a nadie de forma romántica.

Le comenzaron a arder los ojos, en espejo con el brillante reflejo que podía verse en los de él, que a la vez se veía muy tranquilo en paz, no parecía esperar una respuesta. ¿Sería liberador, decirlo? Al contrario de otras veces, no sentía ese hormigueo de ansiedad en el estómago, no tenía nervios, sólo certeza. Y aunque su corazón estuviera compartido en parte con Xeno, no era el mismo profundo sentimiento, la misma entrega a corazón abierto, quizás porque el científico tenía una forma distinta de amar y de expresar sus sentimientos, y le había puesto su propio límite a lo que sentía. De los dos estaba enamorada, pero las raíces del joven amor que compartía con Stan eran indudablemente más fuertes y seguras, ya que ambos se lo habían permitido. Ese hombre que se lo había jugado todo por ella, en varias ocasiones, y le había entregado hace rato su corazón y no había tenido miedo en decírselo, merecía también saberlo. Si no tenía dudas al respecto, ¿para qué guardárselo sólo para su corazón? Asintió, finalmente, en respuesta a las palabras de Stan, con su sonrisa y su mirada más dulce y sincera.

- Te amo, Stan.

El soldado entrecerró los ojos, frunciendo levemente el ceño y sonriendo con los labios apretados, y asintió también, apenas conteniendo su emoción. No necesitaba más que eso, a ella, y a la vida que dormitaba sobre su pecho, para saber que era uno de los hombres más felices y afortunados que vivía en ese nuevo mundo. Y que nada, nada, podría superarlo. No había sueños, metas, ni anhelos, que fueran más significativos para él. Y no había nada más gratificante, pleno, y verdadero, que dedicarles su vida.

No pudo contenerse, y se inclinó hasta alcanzar los labios de Kohaku, para darle el más sentido beso que había dado en su vida. Sus labios habían conectado con los de muchas mujeres, pero ella era la primera con la que sentía que conectaba su corazón también, a través de ellos. Y no sólo su corazón, su alma, su "Ser". Quería abrazarla y besarla mucho más para hacérselo sentir, pero no podría hacerlo en ese momento, con su hijo al fin descansando luego de su activa llegada al mundo. Por lo que, en su lugar, lo expresó.

- A ti, mi reina, y a nuestro príncipe, les dedico mi vida.

- ¿Cuándo pasé a ser reina? –Bromeó, divertida con la facilidad con que Stan encontraba apodos para ella y el bebé, aunque se sentía secretamente muy bien con ese detalle tierno.

- Sólo para mí, eres mi reina –y agregó en un tono jocoso– Hasta tu casa es un castillo ahora, nada mal, escalas rápido. Pero dejemos que los demás crean que todavía eres sólo una princesa.

- No me decido entonces si eso te hace un rey o príncipe secreto, o un leal caballero –Susurró Kohaku contra sus labios, para besarlo una vez más, sin poder ocultar su sonrisa.

- Seré todo lo que necesiten que sea.

Stan pensó que contenerse, en tal preciado y único momento, sería un desperdicio, por lo que selló su "juramento" con un profundo beso a su amada mujer. Ella pareció pensar lo mismo, porque lo recibió y correspondió con igual sentimiento y pasión. Como era de esperar, Neal se despertó y comenzó a gimotear, apoyando sus labios contra el pecho de su padre. Stan intuyó que, ya sea para calmarlo tanto como para alimentarlo, lo ideal sería dejarlo volver a sentir a su madre, por lo que se lo pasó con mucho cuidado para apoyarlo sobre el pecho de ella, del lado del otro seno que todavía no había alimentado, y el bebé no tardó más de unos segundos en buscar y encontrar el pezón, y comenzar a succionarlo. Le acarició la mejilla, pensando lo perfecto que era ese momento. Abrigó a los dos con la manta, luego abrazó a Kohaku por los hombros con una mano, y apoyó suavemente la otra en la espalda de Neal. Se quedaron en silencio mirando al bebé mamar, hasta que eventualmente se detuvo ya que se había quedado dormido, sonrieron a la par ante la inocente vista. Stan miró a Xeno, que parecía dormido ya, o al menos tenía los ojos cerrados en una expresión relajada. Mejor así, que descansara al menos uno de ellos, y más él que había pasado un duro y amargo momento un rato antes.

- ¿Cómo deberíamos dormir con Neal? –Le preguntó el peliplateado.

- Luna me dijo que siempre estuviera boca arriba, que lo envolviéramos con la manta para que se sienta contenido como cuando estaba en mi vientre. Y que, si dormía con nosotros, nos aseguráramos de cuidar que no lo fuéramos a aplastar.

- Hmm, hay dos opciones, o enrollamos unas mantas y las usamos como "barrera" segura para poner entre él y nosotros, o probamos de dormir acurrucados con él en medio a la altura de nuestro pecho.

- Prefiero la segunda opción, quiero sentirlo si se mueve, estoy acostumbrada a tener un sueño alerta. Nos quedamos bastante quietos cuando dormimos juntos, ¿cierto?

- Sí. Y yo como militar me acostumbré a dormir en espacios limitados, así que de por sí no me muevo mucho.

- Esperemos a que se despierte otra vez para envolverlo, me da pena hacerlo ahora.

Habían sido bastante inocentes, como padres primerizos y sin nadie que los aconsejara al respecto, en pensar que iban a poder dormir esa noche. Neal se despertó poco más de una hora después y no tardó en lloriquear, pero no parecía tener hambre porque cuando Kohaku le ofreció su pecho, no se prendía a él. Stan sugirió hacerle unos masajes en la espalda, mientras lo mecía y lo cargaba contra su pecho, lo cual lo terminó calmando un poco. Aprovecharon para envolverlo, sólo dejando su cabecita afuera, ajustado y a la vez permitiéndole que pueda moverse un poco dentro de la manta. Para garantizar que no se movieran, por precaución, Kohaku se puso de lado y rodeó en un abrazo a su bebé, mientras que Stan enredó sus piernas con las de ella y apoyó una mano en su cintura, la otra rozando también a su hijo.

No pasó más de una hora, en que apenas habían comenzado a conciliar el sueño y dormitar, cuando Neal volvió a despertarse. Luego de los primeros gimoteos y movimientos que logró despertar a los padres, el llanto volvió a hacerse presente, más fuerte que antes.

- Se los dije –Murmuró Xeno, que también se había despertado.

Lo primero que hizo Kohaku fue acercarlo su pecho, e inmediatamente el bebé se prendió a su pezón y comenzó a alimentarse. Suspiraron aliviados, y mientras que Xeno volvió a intentar dormir, Stan se mantuvo despierto, atento a lo que la madre o el pequeño necesitaran hasta volver a dormirse ambos. Por suerte Neal se tranquilizó y durmió cuando terminó, y lo recostaron boca arriba como antes, para ellos cerrar los ojos otra vez. Pero la "suerte" no iba a durar demasiado, no supieron si había pasado siquiera una hora o más, cuando otra vez se despertó, y lloró largamente. Esa vez no era hambre, y las dudas de qué podría necesitar los ponía nerviosos. El no saber era lo peor, no había un sensor o una forma de saber con certeza, por lo cual tendrían que probar todas las opciones cada vez. A Stan le pareció que tenía las mejillas un poco frescas, por lo cual podía ser que sintiera frío.

Su intuición fue acertada, ya que luego de ponerlo contra su pecho, lo cubrió con otra manta y dejó que su respiración cálida le llegara al rostro a su pequeño, lo cual pareció funcionar de maravillas para calmarlo. Lo meció un rato, susurrándole a Kohaku que intentara dormir tranquila mientras él se ocupaba. Entendió rápidamente que así iban a ser los próximos días y semanas, dedicados enteramente a turnarse para cuidar de las necesidades del bebé, su mundo verdaderamente iba a reducirse a cuidar de la madre y el hijo. La buena parte era que él tenía mucho entrenamiento para aguantar bien a pesar de tener pocas horas de sueño, siempre y cuando no agotara su energía con otras actividades demandantes. La mala, era que no se imaginaba cuánto pondría a prueba esa resistencia.

El resto de esa primera noche transcurrió de la misma forma, entre sueños cortos e intermitentes. Neal se despertaba al menos cada dos horas, Kohaku y Stan lo atendían a tiempo cuando lo sentían balbucear o lloriquear incómodo, y en otras ocasiones no pudieron evitar que llorara a gritos. Una de esas tantas veces en que se despertaron y que no lograban calmar su llanto, Stan lo sacó de la manta que lo envolvía para comprobar el estado del pañal de tela, y efectivamente el bebé lo había mojado con un poco de orina, probablemente lloraba molesto por sentirse húmedo y frío. Tomó nota mental de chequear eso más seguido, cada tres horas al menos, lo cual le serviría para registrar con qué frecuencia Neal hacía sus deposiciones.

La mañana llegó, y los tres se levantaron con los primeros efectos de una noche agitada y de poco sueño. Xeno se había despertado la mayoría de las veces también, pero sólo una vez se había levantado para tener en sus brazos al bebé. Tenía la sensación de que sobraba un poco, ya que al no estar en la misma cama que los padres, siempre llegaba "tarde", por lo que decidió que dormiría en su habitación desde la noche siguiente, y que cada tanto se acercaría a chequear si necesitaban ayuda. Además, por más que ayudara a calmar al bebé cuando no lloraba por hambre, Kohaku y Stan también se despertaban y no conciliaban el sueño hasta que Neal se volviese a dormir, con lo cual tampoco servía de mucho la idea de turnarse para que los otros dos descansaran. Como Kohaku acumulaba el cansancio del parto, sumado a la falta de sueño, quedaron en que ella se quedaría en la cama buena parte del día, y le alcanzarían las comidas a la habitación.

Las visitas de los habitantes del castillo no se hicieron esperar, todos querían conocer al flamante bebé, por lo que esa mañana la habitación estuvo muy concurrida. Entraron en pequeños grupos de tres personas, procurando ser lo más silenciosos posibles. Por más que fuera algo natural, Stan no quiso que se quedaran cuando Kohaku amamantara al bebé, en particular los hombres. La rubia se quejó ya que no le importaba, y Xeno rodó los ojos cuando él insistió con terquedad, pero nadie más estaba dispuesto a contradecirlo. Las únicas que se animaron a pedir cargar al bebé fueron Yuzuriha, Luna, Minami y Nikki, que se derritieron de amor ante un bebé tan hermoso y adorable, y mientras que Stan estaba tranquilo con las dos jóvenes que habían ayudado en el parto, miraba serio y con mucho recelo a las otras dos, podía percibirse su tensión y por poco les respiraba en la nuca, ansioso por recuperar en sus brazos a su bebé. Solamente hizo las paces mentalmente con la reportera, cuando ella volvió luego sola para sacar muchas fotos.

Luna hizo su tarea de limpiar el cordón umbilical con las compresas apenas embebidas en alcohol, de forma de garantizar una buena cicatrización y esterilización del futuro ombligo, evitando infecciones hasta que se secara y cayera solo, lo que dijo que podía tomar entre una y dos semanas. Xeno le preguntó por el primer baño, y la joven le contestó que recién uno o dos días después de que se cayera el cordón umbilical era que podían sumergirlo, que de todas formas los bebés no tomaban olor fuerte, a lo sumo bastaba con limpiarle todo el cuerpo con un paño humedecido con agua jabonosa y ya.

Ese primer día pasó demasiado rápido, Kohaku amamantaba a Neal cada dos o tres horas, e hicieron el cambio de pañales unas ocho veces. Por suerte como sólo era un poco de orina, y recién al final del día hizo su primera y pequeña deposición fecal, Xeno los entregó a la lavandería del castillo para que se ocuparan de limpiarlos, dejándolos listos y desinfectados para reutilizar con seguridad. Empezaban a acostumbrarse a que los bebés lloraban, y mucho, aunque no dejaba de ser desesperante cuando lo intentaban todo, y aun así no se calmaba. Era desgarrador verlo llorar a gritos, porque sabían que algo estaba mal, pero no sabían qué. Pero con la escasa experiencia de la noche y de ese primer día, los motivos de llanto resultaban ser hambre, frío, calor y no estar en contacto con sus padres.

Stan aprovechó para bañarse, y luego dormir en la habitación de Xeno dos siestas cortas durante el día, mientras el científico ayudaba a Kohaku y también cargaba al bebé, tanto despierto como dormido. Fue el primer día en años en que no alcanzó a hacer nada científico, excepto por una hora en la que se comunicó con el grupo que había quedado en Sudamérica. Les contó también los datos de nacimiento de Neal y que todo había salido bien, pero tuvo que extenderse en muchos más detalles cuando Chelsea usurpó la llamada por radio y lo llenó de preguntas, obligándolo a contar absolutamente todo lo sucedido desde que ella entró en trabajo de parto y cómo había sido la primera noche, cada mínimo detalle de lo que había hecho el bebé en sus primeras hora de vida.

Por la noche, Stan estaba más fresco, dispuesto a ayudar y desvelarse, pero se encontró con que Kohaku estaba bastante impaciente e irritable, queriendo hacer todo sola y rechazando su ayuda, lo que lo frustró sobremanera. Neal en ese momento estaba dormido junto a ella en la cama, la rubia lo rodeaba protectoramente, y Stan estaba apenas sentado en el borde.

- Kohaku, sólo tú puedes alimentarlo, pero déjame cargarlo cuando despierte y tú descansa un poco –Insistió, ante la negativa de ella.

- "Descansa un poco", claro, porque tú sí pudiste dormir unas horas.

- Sí, lo hice para poder estar más despierto y atento a la noche, ya que Xeno no va a quedarse aquí. En líneas generales, acordamos que él te ayude de día, y yo de noche.

- Y yo tengo que estar despierta y atenta día Y noche. No pude ni salir de la habitación, mucho menos bañarme, sigo igual de sudada que ayer, mientras que tú hueles bien limpio.

- No lo pediste –Se defendió, un tanto irritado por el ilógico reproche– Podías habernos dicho a Xeno o a mí, y te preparábamos un buen baño, y si Neal se despertaba justo para comer, te lo llevábamos y ya.

- Stan, estoy cansada y tengo sueño, no pude recuperarme, y encima estoy con los pechos fuera prácticamente todo el día, no sé ni para qué me visto. Siento que me arden los pezones, lo cual no hay forma de aliviar si tengo al bebé prendido medio día allí, y esto fue sólo el primer día. Apenas estoy empezando a entender cuándo, cómo y por qué llora nuestro hijo, y cómo calmarlo, no alcancé a pensar en pedirles un cómodo baño.

- Bueno, ya... –Trató de calmarla– ¿Quieres bañarte ahora?

- Quiero dormir, eso quiero –Replicó frustrada– Pero Neal se despertará en cualquier momento, y el baño me va a desvelar a mí después. Ya es tarde por hoy.

- ¿Y si en lugar de bañarte, te traigo un cuenco con agua caliente y te ayudo a limpiarte? Al menos para quitarte el sudor que te molesta. No tienes ni que salir de aquí, tú te quedas tranquila y yo te limpio, hasta le puedo poner un aceite con rico aroma para que te relaje, ¿qué dices?

Kohaku se quedó callada unos segundos ante eso. Estaba tan cansada y sentía tanta impotencia y ansiedad por saber que tampoco podría descansar esa noche, que simplemente tenía ganas de quejarse y rechazar todo, quería que la dejaran sola, incluso su bebé. Pero claro, no podía, el pequeño dependía de ella para vivir, era su madre, no podía simplemente irse a otra habitación y dormir toda la noche para recuperarse como necesitaba. No podía quejarse de la falta de ayuda y contención, tanto Stan como Xeno habían estado pendientes de ella desde que Neal había nacido, ni una hora había quedado sola. Y ahora Stan estaba ofreciéndole limpiarla él y hasta mimarla con dejarla oliendo bien rico, con una comprensiva y dulce sonrisa para tranquilizarla, lo cual irónicamente la frustró más. Era como si quisiera verlo igual de agotado y molesto que ella, y no todo fresco y considerado, con soluciones a sus dilemas. Se sentía mezquina, y aunque sabía que amaba a su hijo con toda su vida, también le hacía sentir horrible querer alejarse de él por unas horas para descasar un poco.

Todo ese cúmulo de sentimientos y confusiones desembocaron en llenarle los ojos de lágrimas, no entendía por qué estaba tan sensible y odiosa, no quería ni pensar que apenas pasaba un día de ser madre y ya estaba teniendo ese tipo de pensamientos egoístas, ¿así iba a ser? No se veía como una buena madre, tal como había temido. Cuando terminó por estallar en lágrimas, Stan rodeó la cama para sentarse junto a ella y abrazarla. Al principio la rubia lo empujó un poco, no quería su lástima y consuelo, no cuando por dentro tenía esos pensamientos de verlo cansado y frustrado también, pero cuando él insistió en acercarse, no tuvo las fuerzas para rechazarlo.

- Oye, princesa... No te pongas así, aquí estoy –La abrazó fuerte contra él, secándole las lágrimas con su dedo pulgar– Tranquila, es normal, todo esto es normal, los primeros días de tener un bebé siempre fueron difíciles para todos los padres del mundo, y somos primerizos.

- ¡No me importa si es normal, es difícil, estoy agotada y no puedo hacer nada para recuperarme todavía! –Exclamó, desconsolada.

- Lo sé, lo sé...créeme que, si pudiera alimentarlo yo también, lo haría para que tú pudieras descansar. Pero no puedo, así que quiero ayudarte con todo lo demás, si me permites...

Para colmo, el llanto de Kohaku despertó a Neal, que posiblemente por percibir la energía tensa de su madre cerca, comenzó a llorar fuerte también a los pocos segundos.

- Ah, mierda –Se quejó Stan. No quería soltar a Kohaku, pero tampoco quería dejar a Neal pelándose la garganta a gritos de llanto– ¡XENO! ¡XENO, VEN, POR FAVOR!

Con su voz potente apuntando a la pared contigua a la habitación del científico, rezó porque su amigo lo oyera. Por suerte, unos segundos después Xeno entró en la habitación, preocupado, cuando vio llorar tanto a la madre, en brazos de Stan, como al bebé.

- ¿Qué pasó?

- Xeno, calma a Neal, por favor.

- Está bien, pero dime qué pasó.

- Nada... Todo... Kohaku está cansada y frustrada, y se siente mal por eso.

- Ah, entiendo. No se preocupen, es que el ciclo hormonal de ella está alterado, ya que...

- ¡Xeno, ahórrate la verborragia científica ahora, y calma al bebé! –Lo interrumpió Stan de mala forma, irritado.

El científico se quedó quieto, frunciendo profundamente el ceño ante el trato. Que su amigo le pidiera ayuda, y luego le gruñera de esa forma no le parecía nada elegante, ni lo merecía. Estaba dividido entre replicarle y ponerlo en su lugar, y el impulso de volverse a su habitación y no ayudar, para que aprendiera la lección a no ser tan desconsiderado la próxima vez. Bastante que se sentía desplazado al ser el "segundo" padre, como un premio consuelo de pura lástima. No ayudó que Stan continuara con su tono autoritario y demandante, mientras abrazaba a Kohaku.

- ¿Vas a quedarte ahí mirando o piensas ayudar de una vez?

- Háblame así una vez más, y de seguro que no te pienso ayudar a ti –Le contestó, molesto.

- Genial, eres todo un princeso –Replicó el soldado en tono burlón.

- ¿Sabes qué? Vete a la mierda, Stan.

Definitivamente no pudo controlar su mal genio, no le importaba no haber sido medido y elegante, él también estaba cansado y falto de sueño, además de sus propios sentimientos contradictorios con respecto a esa pseudo-paternidad. Aunque lo lamentaba por Neal, que no tenía la culpa de nada, se fue de la habitación dando un portazo, oyendo un último insulto de parte de Stan. Maldito desagradecido, el único "princeso" ahí había sido su amigo, al tratarlo de esa forma en vez de agradecer que él había acudido al instante y se preocupaba por ellos, hasta explicándoles para que entendieran que era algo normal y esperable que Kohaku se sintiera así. No podía evitar sentirse un poco culpable por dejar ese caos al lado, podía oír el fuerte llanto del bebé, y un poco de los sollozos de la joven, pero su orgullo le impedía dejarse maltratar así por Stan.

En la otra habitación, el soldado estaba al límite de los nervios, para colmo luego tendría que lidiar con Xeno indignado. Seguía dividido entre consolar a Kohaku o a Neal, suponía que el bebé estaba llorando más por una molestia de ánimo que por hambre, pero igual tenía que tranquilizarlo.

- Perdóname Kohaku, pero tengo que calmar a nuestro hijo. Aguanta un minuto –Le susurró con toda la dulzura y calma que pudo manejar, dándole un beso en la frente, antes de soltarla y rodear la cama para cargar en brazos a Neal.

El bebé estaba rojo de tanto esfuerzo por el llanto, y Stan se lo apoyó contra el pecho, meciéndolo y acariciándole la cabecita, mientras le daba suaves besos para mimarlo y calmarlo. No lo consiguió en todo el minuto siguiente, pero no dejó que la frustración lo inundara, y perseveró. No sabía qué más hacer, por lo que empezó a hablarle con voz serena, y luego a tararear alguna canción. Para su alivio, eso pareció funcionar, no supo si por el tono grave o por la vibración de su pecho, Neal dejó de llorar a gritos y lo miró.

- ¿Te gustó eso, renacuajo? –Le preguntó– Nada mal, nada mal. ¿Quieres más?

Tan entusiasmado estaba con el éxito de esa táctica, que continuó cantando en voz baja mientras lo mecía, recordando la misma canción que le había dedicado cuando todavía estaba en el vientre de su madre. Se derritió de emoción cuando vio de reojo que el bebé había dejado de llorar completamente, volviendo a emitir sus gorjeos normales, mientras lo miraba con sus grandes ojos aguamarina aguados, y la boquita entreabierta.

- Muy bien, ese es mi hijo, ¿será que te acuerdas de que esta es tu canción? Muéstrale a mami cómo te gusta, ¿la animamos juntos a ella también así? ¿Qué dices, renacuajo?

Le dio varios besos cariñosos en la mejilla, mucho más relajado, al menos ya había controlado media situación. Kohaku había escuchado todo, y también había empezado a calmarse, ya que su llanto solamente había sido una sobrecarga de emociones. Stan volvió a acercarse a la joven rodeando la cama, y en vez de sentarse a su lado, la jaló de la mano con suavidad para ponerla de pie, y la hizo abrazarlo por la cintura mientras él volvía a sostener a Neal con las dos manos para tenerlo más seguro. Moviéndose suavemente, cambiando el peso de un pie al otro como si estuviera bailado, volvió a cantar la canción. La rubia sonrió cuando vio a su hijo tranquilo como si nada hubiera pasando, metiéndose los dedos de su manito en la boca, y mirándola a ella a los ojos bien abiertos. Besó a su pequeño, sintiéndose mucho mejor, y Stan se lo pasó a sus brazos, sin dejar de canturrear.

- Parece que tenemos un renacuajo musical aquí, ¿no, mami? –Preguntó el soldado con tono cantarín, con una sonrisa deslumbrante al ver que los dos estaban ya tranquilos.

- ¡Ja! Así parece, tenía razón al intuir que le podía gustar eso desde que estaba en la panza –Reconoció con orgullo, mirándolo con amor– Perdóname, Neal, pensé cosas feas de ti, y eres tan puro e inocente... No sé qué me pasó.

- Ya, ya, que todos entendemos que estás cansada, mami, ya pasará –Dijo Stan, hablado con voz aguda y aniñada, y estirando una mano del bebé para que acaricie la mejilla de Kohaku.

- Sí... Te prometo que seré más fuerte, mi bebé, tenme paciencia. Y "papi" también –Agregó sonrojada y tímida, era la primera vez que llamaba así a Stan, pero quería corresponderle el tierno y juguetón diálogo. Lo miró– Perdón, Stan… y gracias.

Estiró el cuello hacia él, entrecerrando los ojos, que el soldado lo entendió como que le estaba pidiendo un beso, y le dio uno largo, mientras la abrazaba y le acariciaba la cadera.

- Te lo dije, estoy para ayudar y ser padre y no un accesorio, seré todo lo que necesiten que sea, para que estén bien los dos...

- Sí, y lo estás haciendo, gracias.

Se quedaron unos segundos así, meciéndose de forma sincronizada, hasta que Neal comenzó a apoyar sus labios contra la piel de su madre, y ella no tardó en acomodarlo para darle el pecho. Esa era una vista de la que nunca se cansarían, ver a su pequeño bien era lo que los hacía olvidar todo el cansancio y las frustraciones tan comunes e inevitables de los primeros días, hasta que se fueran acostumbrando. Luego de un momento de contemplación, Stan se dio cuenta que tenía que resolver una cosa más antes de dedicar su atención enteramente a ellos dos: Hacer las paces con Xeno. Se excusó con Kohaku, diciéndole que volvía en unos minutos, y salió de la habitación para dirigirse a la de al lado. Golpeó la puerta con dos toques, y aunque no encontró respuesta, entró de todas formas, con cautela. La luz estaba apagada, y su amigo estaba acostado boca arriba y con el brazo contra su frente, enteramente vestido excepto por sus zapatos, como si se hubiera tirado a la cama exhausto.

- Xeno...

El científico no contestó, ni lo miró, por lo que Stan apretó los labios, y caminó hasta sentarse al pie de la cama de su amigo. Suspiró, y volvió a hablar.

- Xeno, perdón. Estaba desesperado con la situación fuera de control, y me ganó la ansiedad y el malhumor, estuvo mal.

- ¿Siempre va a ser así, Stan? –Preguntó con un hilo de voz.

- ¿Así? ¿Cómo? Desde ya que no pretendo volver a hablarte mal, si te refieres a eso.

- No. "Así" es... si yo siempre voy a estar a un costado. No digo que lo hagan adrede, sé que se están esforzando en incluirme en todo lo que suceda con el bebé. Pero siento exactamente eso, que tratan de incluirme, porque de otra forma estaría a un costado, como si sobrara en la ecuación.

- No creo que sea así, Xeno –Stan frunció el ceño– No estoy pensando en "incluirte", sino que lo estoy compartiendo contigo, y creo que Kohaku se siente igual. Ya te lo dije, que Neal sea mi hijo biológico, pudo ser casualidad, no te hace menos padre si...

- No –Lo interrumpió con voz firme, sorprendiendo a su amigo– Te lo dije, cuando estábamos en Sudamérica, y te pedí que lo entendieras. Que iba a ayudarlos, pero si resultaba ser hijo tuyo, no iba a asumir una paternidad compartida. No quiero migajas, ni lástima, ni premio consuelo.

- Deja de decir que es por lástima, Xeno, nada más lejos.

- Entiendo y agradezco el gesto de que me hayan dejado elegir el nombre de su hijo, como una forma de honrar la memoria del que no vivió. Pero ya está, suficiente.

- ¿Te vas a hacer un lado del bebé? –Preguntó Stan, con un tono más duro.

- No, dije que voy a estar presente, y ayudar, y lo mantendré. Porque quiero hacerlo, no solamente porque di mi palabra. Pese a las circunstancias, es el hijo de mi mejor amigo, y de la única mujer que me interesó en los últimos años –Hizo una mueca– Hm, qué patético que suena eso, ahora que lo digo en voz alta. Parece que, al fin y al cabo, soy yo el que se está "colgando" de ustedes, y dando el premio consuelo a mí mismo.

- Si lo ves así, es sólo porque así quieres que sea. Ya sabes que Kohaku te quiere, y yo hice las paces conmigo mismo con el hecho de que compartamos su corazón, porque sé que no dejaré de amarla, ni ella a mí. Por dios, Xeno, hasta en cierta forma te alenté a tu idea de que a futuro tuvieras un hijo con ella, si así ambos lo quisieran. Otra vez, eres tú el que se niega su propia felicidad, tienes que verlo, amigo. ¿A qué le tienes tanto miedo? ¿A ser feliz? ¿A que ella y un niño se vuelvan más importantes para ti que tus sueños con la ciencia?

- No lo sé. Sólo sé que sostengo lo que te dije, que yo no estoy tan tranquilo con la idea de compartirla. Y que evidentemente me estás ganando la pulseada, porque ya tienes su amor, y su hijo. Los oí anoche.

- ¿Nos oíste? –Se dio cuenta que se debía referir a la confesión– Oh...

- Estaba casi dormido, pero alcancé a oír que le dijiste que la amabas, y ella también te lo dijo a ti. Y toda la seguidilla de ridiculeces empalagosas de reyes, príncipes y caballeros.

- Nos dejamos llevar, fue divertido –Reconoció encogiéndose de hombros, con una sonrisa culpable– Pero sí dije desde el corazón que la amaba.

- Lo sé, se sintió así –Contestó Xeno, tragando duro– Y yo no podría competir nunca con eso. La amo, y no la amo, no lo tengo tan seguro. Quizás verdaderamente lo mejor es que Neal sea hijo tuyo, porque no sé lo que haría si fuese mío, pero tú estuvieras tan en el medio y amando a Kohaku más que yo, y ella a ti. Una situación muy poco elegante.

- Una situación de mierda, más bien –Lo corrigió, con una mueca.

- Sí, lo sería –Asintió, con una media sonrisa.

- Pero quizás ese diálogo de confesión lo tendrías con ella. Si hubiese sido de esa forma, yo hubiera sido el que dormía en el colchón de al lado.

- No, y sí. Sí a lo último, que mencionaste, pero... no, no tendría ese diálogo, porque no la amo tanto como para decírselo como hiciste tú. ¿Por qué te crees que no hablé de amor con ella hasta ahora? No fue por timidez, si realmente quiero algo, voy a buscarlo, como cuando la besé, y cuando compartí la noche con ella.

- Hmm, ya veo. Pero entonces hay algo que no entiendo, Xeno. ¿Por qué me preguntaste si siempre ibas a "estar a un costado"? Si desde un principio me estuviste diciendo que no te interesa una paternidad compartida oficial, y que no amas tanto a Kohaku. Tal como esa última conversación, entiendo que sólo quieres ser su amante, y un padrino para Neal más bien.

- Creo que era un último berrinche para terminar de entender y aceptar cómo son las cosas, pero parece que me lo respondí a mí mismo –Suspiró, resignado– Y es que recién entendemos las cosas cuando las confirmamos en voz alta, ¿no lo crees?

- Puede ser –Admitió con una sonrisa– Eso fue lo que le dije a Kohaku cuando anoche le dije que la amaba. Una cosa es pensarlo, fantasear en la mente de uno con las posibilidades. Otra cosa es decirlo al mundo, que nos oigan, porque eso lo vuelve real, y lo aceptamos. Siempre lo pensé así, y por eso no digo las cosas a la ligera, sino cuando creo completamente en ellas y sé que no me voy a desdecir nunca.

- Eso es elegante.

- Si tú lo dices. Vaya, vine a disculparme y salió todo este vómito de sinceridad –Se rió por lo bajo– Pero como todo vómito, después de sacarlo uno se siente mejor, ¿verdad?

- Sí, así es. Hasta ahora la ciencia sigue invicta en lo único que no me trae desilusiones en la vida, es realmente elegante.

- Lo es –Reconoció, sonriendo– Bueno, amigo... Más allá de lo que decidas o si cambias de opinión, sabes qué es lo que pienso, eso no cambiará. Las puertas siempre estarán abiertas de mi parte, y podría decir que de Kohaku también, mientras que no la cagues y le digas alguna bestialidad fría que le rompa el corazón. Que, si lo haces, te juro que lo que te romperé a ti serán los huesos. ¿Entendido?

- Entendido, capitán –Hizo el gesto de saludo militar con la mano, con una sonrisa burlona– Ahora vuelve con tu querida familia, que te están esperando.

- Y a ti también, pero eres tan idiota que dejas ir el tren, aunque pase cuatro veces por delante de ti. Medítalo con tu almohada. Buenas noches, descansa.

Xeno asintió con una última media sonrisa, y lo echó a Stan con un gesto de la mano. El soldado se rió y se fue, para dirigirse a la habitación contigua, aunque se quedó un minuto parado junto a la puerta, y luego sí entró. Kohaku se había sentado en la cama, con Neal todavía en sus brazos, dormido. Se acercó serio hacia ellos.

- ¿Todo bi...?

Kohaku empezó a preguntar, cuando sus labios fueron asaltados por los de Stan, que enterró los dedos en su cabello y la besó con pasión, con necesidad. Ella abrió mucho los ojos, sorprendida por lo repentino e intenso, y más por la expresión tan seria que le había visto.

- Stan, ¿qué sucede? –Logró preguntarle, cuando él interrumpió el beso, y apoyó su frente contra la de ella, cerrando los ojos y respirando profundo.

- Nada, todo está aclarado ya –Lo dijo en más de un sentido, pero Kohaku nunca lo sabría– Apoya a Neal en la cama.

- ¿Qué...?

- Apoya a Neal en la cama, dije –Repitió, su voz suave pero firme.

Titubeando ante la extraña actitud del soldado, apoyó con mucho cuidado al bebé en la cama, un poco más lejos de ambos, por las dudas. Apenas sus manos estuvieron libres, Stan la abrazó con bastante fuerza, un poco excesiva incluso. Kohaku se percató de que le había dejado los brazos libres, por lo que también le devolvió el abrazo, aunque dudando. Stan no dijo nada, y unos segundos después la llevó contra el colchón. La joven se preocupó de que estuviera de pronto buscando algo sexual, algo para lo cual no estaba lista ni dispuesta, ni era seguro para su salud, habiendo parido el día anterior. Pero Stan se echó a un lado, sin soltarla del firme abrazo, y la miró intensamente.

- ¿Stan...?

- Te amo.

- Eeh... –Le sorprendió la peculiar urgencia en su tono, no era dulce y sereno como la noche anterior, había algo más que no lograba descifrar– Sí... Yo... Yo también, pero...

- Te amo.

Miedo. Alivio. Sentido. Eso sentía Stan en ese momento, y tantas cosas más. La charla con Xeno le había removido muchas cosas dentro suyo, cosas que no sabía que sentía, así como lo había hecho Neal con tan poco tiempo de nacido. Había confirmado unas, y revelado otras. Lo único que podía hacer, era agradecer para sus adentros que las cosas se habían dado así, quizás a costa de su amigo, lo cual le resultaba duro de pensar y aceptar. Se había dado cuenta lo cerca que había estado de perder tanto, si tan solo las cosas hubieran resultado un poco distintas. Ese miedo a la soledad, a quedar a un costado, si hubiera entregado su corazón, pero no hubiera sido enteramente correspondido. Tener que ver la felicidad de lo otros, y conformarse con un poco, porque siempre quedaba la esperanza de que algo cambiara. ¿Así se había sentido Xeno?

Lo que a su amigo lo había paralizado, para él había sido su motor de jugárselo a todo o nada. Sin darse cuenta, Stan había confiado ciegamente en los resultados de su entrega y dedicación incondicional a Kohaku, desde que se había dado cuenta de sus sentimientos. Nunca había concebido realmente la opción de "no ser el elegido". ¿Cómo hubieran sido las cosas si realmente Xeno hubiera sido el padre del bebé? ¿Cómo se hubiera sentido, con esa innegable desilusión? Había dado tanto por sentado de que Neal sería hijo suyo, a pesar de decir que podía ser de cualquiera de los dos. La había acompañado mucho en el embarazo, vinculándose con ella y con el bebé en el vientre, en su cabeza el pequeño siempre se veía con sus rasgos, no los de Xeno, nunca había visto ni una sola vez la imagen de un mini Xeno, ni una. ¿Cuánto vacío hubiera experimentado, al tener que hacerse a un lado, después de disfrutarlo e imaginarlo tanto? Sólo pensarlo le comprimía el corazón.

Deseaba tanto esa felicidad para sí mismo y sólo con Kohaku, que la había tratado como su compañera de vida de una forma muy decidida y dominante, hasta pasivamente agresiva, según cómo lo había sentido Xeno. Y no sólo desde el embarazo, ya desde antes, desde que, sin saberlo, la había elegido para "jugar", hasta que todo se le fue de las manos, y dejó de ser un juego, la realidad superó a la ficción. Nunca se había planteado ser el segundo, ser el acompañante, estar atrás. Siguiendo, otra vez, y no a la par. No sabía de dónde venía esa certeza, pero era la única que había considerado. Desde que había visto la primera honesta sonrisa de Kohaku, supo que era especial para él, y se fue moviendo como pez en el agua para que aquella misteriosa certeza se convirtiera en realidad, en su vida. Tampoco lo había dudado ni se había puesto ansioso al considerar que, con ese primer encuentro íntimo a solas, esa larga noche hasta el mismo crepúsculo, ya había visualizado la posibilidad de un futuro y una familia con ella, sólo que se había excusado a sí mismo con que era una fantasía tonta de la mente post-orgásmica y sus sueños de libertad. Y no sabía si por casualidad o no, las cosas se habían dado así, y él era el padre del bebé sobreviviente, él sería el compañero de vida de Kohaku. ¿Desde cuándo, sin imaginarlo, ya estaba marcando el camino para todo lo que vendría? ¿Era tan así? ¿Había algo más?

De pronto, se sintió ante una inmensidad, un misterio, sin saber si era parte de su entera elección y control, o si había algo más que lo había guiado inconscientemente hacia eso. Había dicho, primero para sí mismo, y luego en confesión en voz alta a Kohaku, que por más que se separaran, cuando se reencontraran iban a estar juntos por siempre. Ni siquiera se habían besado la primera vez que lo había dicho, ¿qué lo había impulsado a "jurar" algo así? Daba un poco de miedo lo exacto que había sido y más porque no había sido unidireccional, no había sido una obsesión de su parte. Kohaku le había tomado la mano, para llevarlo a su cama. Kohaku no había dudado en pedirle un segundo encuentro en el avión. Kohaku lo había "rescatado" de su prisión de piedra, y le había compartido su "corazón fantasma", aceptándolo y perdonándolo del todo. Kohaku le había pedido que le hiciera el amor, y ella había confesado que se sentía igual, que podía amarlo. Kohaku le había dado un hijo, un perfecto ser que reflejaba la fusión de ambos.

Sólo tenía una certeza, en la que confiaría, y honraría, ya que la vida parecía guiarlo hacia allí, o él había guiado a su vida, no lo tenía claro qué había sido primero, como el huevo y la gallina. Y Xeno... que hallara su respuesta, y su camino, pero era ya algo que sólo él podía hacer. Con una silenciosa lágrima resbalando por la mejilla, con un poderoso poder y sentido de plenitud, pronunció su certeza en voz alta, volviéndola realidad una vez más, para nunca desdecirse.

- Te amo.

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Buenaaaas! Ay, el corazón, y el cúmulo de emociones... No sé ni cómo describir el agridulce que siento con este desarrollo, pero estoy satisfecha y entusiasmada. Estoy aprendiendo tanto al escribir, es hermoso y muy curioso. Tantas reflexiones y posibilidades, el amor y la mente son muy poderosos. Y sobre todo que nuestros pensamientos realmente definen nuestras acciones, siempre.

Ah! En mi twitter ( Alma_en442), y en mi pixiv ( kariwolf, o usuario 53243398) publiqué el dibujo de Neal, unos meses más grandes, para completar la imagen visual de tan precioso bebé.

Gracias por leer, estar, acompañar y dejar amor. En especial a las bellas Celia, Isa, Maru y Sarai por siempre estar, ¡y qué alegría volver a leerte por aquí Leo, saber que estás bien! Gracias, por tanto, de verdad. Un placer compartir mi historia con todos los que llegaron hasta aquí (y espero que continúen hasta el final, que no está taaaan lejos, creo que voy cabeza a cabeza con el manga sin querer jaja)

Hasta el próximo capítulo! Buena semana!