Liberación. Eso era lo que Stan sintió esa noche, como si decenas de ataduras invisibles se hubieran cortado, aunque pocas limitaban su cuerpo físico. La esencia de sus sentimientos expresados en esas dos palabras que había pronunciado con certeza en voz alta, repetidas tres veces, como un mantra. Para que no cupiera duda, tres veces, lo había grabado en su cuerpo, mente y espíritu, se lo había dicho a su pasado, presente y futuro. Con un largo y sentido beso había sellado esa verdad contra los labios de su amada, entrelazando sus dedos con los de ella había abrazado su destino elegido.
- ¿Stan? ¿Por qué estás llorando?
- No estoy llorando.
- Eso no es lo que me dice esta lágrima –retrucó ella, limpiándole la lágrima que había caído por su mejilla, y mostrándole el rastro húmedo, ante el cual él sonrió a medias.
- Ah, eso. No es una lágrima de tristeza.
- ¿Qué pasó, Stan? Fuiste a arreglar las cosas con Xeno, y vuelves así...
- No te preocupes, estoy mejor que nunca, me siento liviano y en paz.
- Pero... No me malinterpretes, me pone contenta que te sientas así, pero es muy repentino.
- Algunas cosas simplemente suceden de un momento a otro, no todo tiene que ser largo y difícil, muchas veces sólo prolongamos el sufrimiento porque no terminamos de aceptar que podemos ser felices, y lo merecemos. Siempre estuvo ahí, sólo no lo tomábamos. Al menos los que nacimos en el mundo moderno tendemos a ser así, siempre todo fue competencia y "ganarse" y merecer la felicidad luego de mucho esfuerzo y dolor. Al fin entiendo un poco más que nosotros buscamos y elegimos nuestra propia vida y felicidad.
- Creo que entiendo lo que dices. ¿Pero qué te hacía sufrir? Perdona si no me di cuenta...
- No podemos hacernos cargo de la felicidad o del dolor de los demás, sólo ayudar en lo que nos pidan, el resto es el proceso que cada uno tenga que hacer. Eso fue hasta ahora lo que me retenía, me sentía responsable de lo que Xeno decidía o sentía, porque te involucraba a ti. Además de que lo aclaré con él, decidí hacerme cargo de lo mío, de una vez.
- Oh... ya veo. Sí, en cierta forma yo también siempre tuve esa dualidad con ustedes.
Stan se acomodó en la cama para quedar a la misma altura que ella, alineando sus rostros para poder mirarla a los ojos, mientras la abrazaba.
- A pesar de todo lo bueno que comparto y siento contigo, no podía dejar de darle vueltas a la duda de si merezco todo esto. Ya sabes, con mi pasado, por más que haya sido profesional, me dediqué a atacar, defender y a quitar vidas. No hay vuelta atrás de la sensación de apagar una vida, se lo merezca o no, es un peso invisible que cargamos por siempre. Hasta llegué a pensar en dejarte ir a ti, y tenía miedo de que Neal sufriera algún tipo de maldición del destino, que heredara mi karma si tenía mi sangre, por mis "crímenes". ¿Merece ser feliz y tener tanto amor alguien así? Todo estaba en mi mente, contaminando mi corazón. Y por eso le di tantos rodeos a decirte realmente que te amo, no porque no lo sintiera, sino porque creía que no lo merecía, por miedo a mí mismo.
- Te mereces esto y mucho más, Stan –Le contestó, apoyando su mano donde estaría el corazón de él– No lo digo para consolarte, pienso que todos lo merecemos. Por eso confío ciegamente en las segundas oportunidades, en que la gente se redima, si lo quiere, no para contentar a los demás, sino para estar en paz consigo mismos. Todos tenemos nuestros motivos al hacer lo que hacemos, ya sea para bien o para mal, y hacemos lo que nos parece mejor y lo que podemos manejar en ese momento. Tú decidiste cambiar el rumbo por el que venías, y aquí estamos. Ahora lo que importa es lo que tenemos, y lo que hacemos con ello, aceptar y mirar hacia adelante. Nos tenemos a nosotros, a Neal, a Xeno, a nuestros amigos...
- Sí, y agradezco por todo eso ahora.
Stan le dedicó la más dulce de las miradas y le dio un largo y tierno beso, antes de abrazarla con sentimiento. Kohaku le correspondió, con la sonrisa dibujada en el rostro, y se quedaron un rato así juntos, simplemente abrazándose y respirando profundo, disfrutando el momento de paz, al fin. A pesar de todo el cansancio, de la falta de horas de sueño, y de lo compleja nueva paternidad y maternidad de ambos, esa paz y confianza los renovó completamente, un bálsamo de amor y energía. No se percataron siquiera el tiempo que pasaron así juntos, hasta que el instinto materno de Kohaku la hizo comprobar cómo estaba su hijo, ya que no lo oía. Neal estaba profundamente dormido, su carita lucía tierna y apacible también, y no se animaron a moverse para no despertarlo.
- Aprovecha para dormir, Kohaku, lo necesitas. Yo le echaré un ojo, estoy más descansado que tú.
- Gracias, se siente muy bien estar así juntos, me relajó mucho –Le dijo, acurrucándose contra él, bajando un poco su cuerpo para apoyar la cabeza contra el pecho de Stan.
- Lo mismo digo. Duerme bonito, princesa.
Los días siguientes, el humor de los tres cambió notablemente para bien. Las ojeras eran visibles, en especial en Kohaku y Stan, que dormían con el bebé, pero tenían una energía más animada y con más margen de tolerancia a la frustración. Continuaron con aquella organización equilibrada en la que Xeno ayudaba a cuidar a Neal de día, incluso colocaron dos cunas más, una en el estudio del científico, y otra en el laboratorio, para que quedaran fijas. Se habían puesto muy nerviosos al notar que el bebé había adelgazado un poco, en lugar de subir de peso debido a su crecimiento esperado, cuando para colmo era bastante pequeño para el tamaño de un bebé promedio. Luna no tenía una respuesta exacta para eso, pero de lo que recordaba, dedujo que eran los primeros cambios por la alimentación y la hidratación, que mientras lo vieran sano en lo demás, sería cuestión de esperar un poco.
Con el paso de los días, Stan se había relajado al respecto de que otras personas carguen al bebé en brazos, además de que entendió que también era necesario que el pequeño se sintiera cómodo en brazos de otras personas. Resultó ser que algunos de los que habitaban en el castillo tenían una excelente mano y paciencia con los bebés, como Brody, Luna y Yuzuriha. El mecánico profesional era un hombre muy jocoso y llevadero, y aunque no era padre, confesó que en el mundo moderno había ayudado a la crianza de varios sobrinos, por lo que compartió con los padres primerizos mucha útil información esos días.
- ¿Cómo llevas los retos de la paternidad, Stanley? –Le preguntó el hombre palmeándole el hombro, cuando vio al soldado quedarse sentado despatarrado luego de almorzar, parpadeando lentamente, a punto de quedarse dormido.
- Sólo me repito unas veinte veces por día que ser padre es una de las mayores bendiciones de la vida, y que algún día volveré a saber cómo se siente dormir más de tres horas seguidas –Respondió cerrando los ojos.
- Lo harás, no lo dudes. Y aprovecha cada día para disfrutar lo que estás viviendo, aunque cueste a veces, porque los niños crecen demasiado rápido.
- Por lo pronto, no me molestaría que crezca un poquito más rápido, hasta el día en que logre un patrón de sueño más regular. Y Kohaku lo tiene peor que yo, no debería quejarme.
- ¿Y si cambias con Xeno? Al menos un par de días, que él se encargue de la noche, así te repones.
- Sí, no estaría nada mal. Oye, Brody... ¿cómo está avanzando aquello que te pedí?
- Estará listo a tiempo, no te preocupes. Y será un gusto hacerlo, me trajiste buenos recuerdos.
- Gracias, cuento contigo –Asintió, con los ojos brillantes.
De camino a la habitación para echarse una breve siesta, Stan consideró la posibilidad de pedirle a Xeno que intercambiara con él al menos una noche. Si bien quería molestarlo lo menos posible porque su amigo estaba ya bastante ocupado durante el día con las constantes comunicaciones con Sudamérica y los diseños y cálculos que elaboraba para la fabricación de los motores, creía que iba a entender si le pedía al menos por una vez. Se detuvo sobre sus pasos, y se dirigió al despacho de su amigo, encontrándolo allí solo, escribiendo.
- Pensé que encontraría a Kohaku y a Neal aquí contigo.
- No, están en tu habitación, el bebé se durmió y ella aprovechó para hacerlo también.
- ¿Me prestas tu cama para echarme una siesta entonces? Tenía esa misma idea, se me cierran los ojos.
- Claro, no hay problema.
- Gracias. Y tengo otro favor que pedirte, al menos por una vez –Vio a Xeno levantar la vista hacia él, deteniendo su escritura– Xeno, ¿puedes quedarte a dormir con Kohaku esta noche?
- "Dormir", dices –Contestó el científico, con una mueca.
- Se vale soñar. ¿Por favor?
- Sí, está bien.
- Gracias. Nos vemos al rato.
Aliviado, Stan se fue a la habitación de Xeno, no sin antes abrir muy despacio la puerta de su propia habitación y comprobar cómo estaba todo por allí. Kohaku dormía profundamente en la cama, boca arriba, con Neal a su lado también dormido, cómodo en un protector abrazo. El soldado respiró hondo, satisfecho, y cerró con mucho cuidado para evitar despertarlos.
Tan cansado estaba, que cuando se despertó habían pasado unas dos horas, y lo había hecho sólo porque escuchó el llanto de su hijo a través de la pared. Se desperezó en la cama, y se apresuró a levantarse e ir a ayudar, todavía un poco confundido y adormilado. Kohaku estaba sentada en la cama, meciéndolo y tratando de calmarlo, ya que al parecer no era por hambre.
- ¿Será tiempo de cambio de pañal? –Preguntó Stan, acercándose.
- Eso creo, estaba por fijarme, porque rechazó todo lo demás.
- Yo me encargo, tranquila.
Recibió en sus brazos de forma segura a su hijo, y lo apoyó en el escritorio que habían acondicionado como cambiador. Le quitó el pañal de tela y comprobó que había algo de ambas deposiciones, por lo que se dedicó cuidadosamente a limpiar a Neal tal como le habían enseñado, antes de ponerle uno limpio. Ya le había agarrado el truco a ponerle el pañal a pesar de los movimientos de las piernitas del bebé, pero esa tarde su mente seguía un poco aletargada. Cuando estaba listo para ponerle el nuevo, no tuvo los suficientes reflejos para esquivar un súbito chorro de orina que regó el torso de su traje.
- En el nombre del hijo... –Cerró los ojos y resopló, dividido entre el desagrado y la risa, conteniendo un insulto para sus adentros– Me acaba de bautizar.
- ¿Qué? –Preguntó Kohaku sin entender, acercándose.
- Que me orinó el traje.
La rubia soltó una risa burlona apenas contenida, ya les había pasado un par de veces, hasta que se habían percatado de ponerle un pedacito de tela encima para evitar esos accidentes.
- ¡Pero si ya sabes que hace eso! Ay, Stan...
- Me confié, me acabo de despertar y no lo pensé tanto –Suspiró, y luego sonrió cómplice acercando su rostro al de Neal– Parece que mi renacuajo heredó la puntería de papá, nada mal. Mira, directo al corazón.
- Agradece que no fue a la cara –Murmuró Kohaku, con una sonrisa tensa.
- Si alguna vez sucede, será la última, te lo aseguro.
Terminaron de ponerle el pañal limpio, y la rubia lo cargó en sus brazos, mientras Stan ponía el sucio en una bolsa para tirar, y luego se fue al baño que estaba en ese piso del castillo para limpiarse y cambiarse.
El resto del día transcurrió con relativa tranquilidad, y a la noche el soldado le dijo a la joven que cambiaría con Xeno por esa vez. Eso hizo sonreír a Kohaku, además de que disfrutaba mucho estar con el científico y extrañaba un poco recostarse junto a él, también le gustaba la seguridad y serenidad con que cuidaba a Neal. Xeno entró a la habitación un rato después, ya con sus ropas de dormir puestas.
- Hasta mañana, que descansen –Dijo Stan, besando a Kohaku en los labios y a su hijo en la frente.
- Tú también, hasta mañana.
- Gracias, Xeno –Le guiñó el ojo a su amigo y le palmeó el hombro.
Cuando Stan salió, el peliblanco se acercó y les sonrió cálidamente a ambos.
- Me di cuenta que es la primera vez que voy a dormir de noche con ustedes. En la misma cama, al menos.
- Espero que no sea tan duro hoy, y puedas dormir. Algunas noches son más llevaderas que otras, al menos en cuanto al llanto.
- Ya me hice a la idea, no te preocupes. ¿Nos acostamos?
Kohaku asintió, y Xeno acomodó las sábanas para meterse dentro, primero haciéndolo él. Cuando estuvo listo, estiró los brazos hacia ella para que le pase el bebé y así también pueda cambiarse, pero la vio mirarlo, titubeante.
- ¿Qué sucede?
- Hmm... ¿Te vas a acostar así? ¿Vestido digo?
- Por supuesto, así duermo yo. ¿Por qué lo preguntas?
- Neal duerme mejor cuando nos siente piel con piel, sobre el pecho, no sobre ropa. Se calma más rápido también.
Xeno iba a replicar, cuando lo pensó mejor y concluyó que tampoco le molestaba tanto dormir sin la camisa de su pijama, al menos. Y si eso dejaba más tranquila a Kohaku, y era cierto que también a Neal, no podía objetarlo más. Asintió, y se desvistió parcialmente, doblando y dejando su camisa de lado. Recibió al bebé en sus brazos, acomodándolo para que estuvieran pecho contra pecho, aunque más bien el pequeño entero ocupaba parte de su torso. Era la primera vez que lo sostenía así y sentía esa conexión, era de verdad algo especial ese contacto, por lo que una ola de emoción lo embargó ante tanta pureza e instinto natural. Acarició los finos cabellos rubio-platinados, mientras comenzaba a ausentarse de la realidad al contemplar los pequeños ojos aguamarina tan parecidos a los de su madre. Estar así con el bebé le transmitió una paz que hacía mucho tiempo no sentía, no había otros pensamientos, preguntas ni dudas rondando su cabeza, solamente estaba allí.
Salió de su ensueño cuando sintió una caricia en su cabeza, al mirar al costado se encontró con que Kohaku le estaba pasando los dedos por el copete de su cabello, con una mirada muy dulce en los ojos. Pero esa mirada no estaba destinada a su hijo, sino a él.
- Te ves muy bien y a gusto con Neal, Xeno –Dijo la rubia en voz baja.
- Me dejé llevar por un momento, este elegante príncipe con toda su inocencia tiene ese poder.
- Me gustó mucho esa mirada que tenías. Lucía feliz y relajado.
- Estaba relajado, sí. Y feliz... podría decirse, sí –Respiró hondo, y sonrió a medias– Para todo lo caótico que fue el último año, las cosas salieron bastante bien. Fuera de todo cálculo, pero bien. De ser un puñado de personas en un castillo desarrollando ciencia y armas, a estar en vías de fabricar un cohete espacial con ex-enemigos, estar de vuelta aquí contigo, y ser padrino del hijo de mi mejor amigo... No podría definirlo como elegante, pero es un círculo que tiene su encanto, digno de la complejidad del ser humano.
Kohaku asintió, aliviada con el balance positivo que finalmente estaba haciendo Xeno de todo lo sucedido. Todavía pensaba que había cosas inconclusas entre ellos, si bien él le había dicho a finales del embarazo que había dejado de pretender una relación amorosa seria con ella. Pero no podía evitar preguntarse si algo había cambiado desde el nacimiento del bebé, ya que había sentido que Xeno se había suavizado bastante. No quería arruinar ese momento de paz y volver a remover las cosas, pero tarde o temprano quería resolver esa duda. Sintió el peso de una intensa mirada, lo que la hizo abandonar sus pensamientos y encontrarse con los ojos del científico.
- ¿Todo bien? –Le preguntó, un poco nerviosa.
- Eso es lo que yo quisiera saber. De pronto estás seria y callada.
- Sólo pasó algo por mi cabeza, con algo de eso que dijiste. Pero no es el momento ahora, luego lo hablamos.
- Creo que ya sé de lo que se trata. Necesitas definir el alcance de nuestro vínculo, así como lo hiciste con Stan hace unos días. ¿Me equivoco?
- No sé qué entender por "alcance" ... pero sí, me preguntaba si desde que nació Neal, algo cambió o va a cambiar entre nosotros.
- Sí, lo hizo, pero no fue sólo Neal, lo que tienes ahora con Stan me hizo darme cuenta de algo sobre mí mismo, que me lo venía negando. Aunque fue difícil aceptarlo, me hizo sentir mucho mejor luego.
- ¿Y eso qué sería?
Xeno dejó de acariciar la cabecita del bebé, para mirarla directo a los ojos.
- Merezco un corazón entero.
- ¿Qué...?
- Que, si voy en serio, quiero el amor de un corazón entero, y en ese sentido, tú ya no puedes dármelo.
- Xeno... Pero yo quiero...
- No, ya es algo que sabemos todos, y en todo caso se está definiendo cada vez más. No debería extrañarte, soy consecuente, es algo que vengo diciendo desde un principio. Lo que cambió, es que ya no me siento arrastrado y contentándome con un poco de satisfacción, sino que soy yo el que está reconociendo lo que quiero, y que no tengo que resignarme a las migajas. Al mismo tiempo, obtuve exactamente lo mismo que di, y es lo otro que al final entendí y acepté. Simplemente dejé de lamentarlo y de seguir aferrado a lo que podría haber sucedido de haber actuado distinto, lo cual ya no tiene sentido, porque ya sucedió, y tuvo sus consecuencias. Por algo hice lo que hice.
- No termino de entender cómo nos afecta esto, perdón.
- En nada –Negó con la cabeza y sonrió ante los ojos abiertos de Kohaku– Ya no. ¿Estoy aquí, o no?
- Sí.
- Tienes el amor de Stan, y él el tuyo, además de que tienen un hijo juntos. Yo llegué a la conclusión que estoy bien como estoy por el momento, tengo otras prioridades antes que pensar en formar o cuidar de una familia. Así que mantengo que estaré contigo en la medida que tú así lo quieras, pero ya no competiré por tu corazón, Stan se lo ganó, en buena ley. Sin embargo, ¿puedo pedirte algo?
- Sí, lo que quieras.
El científico afirmó a Neal contra su pecho con un brazo, dejando libre el otro, y acercó su mano a la de Kohaku para tomársela y entrelazar sus dedos.
- Sigue cerca de mí, sigue a mi lado, Miss Kohaku. Solamente siendo tú, como la musa inspiradora que fuiste desde que te conocí, que me obligó a romper mi coraza y mis cadenas, para superarme. Despertaste en mí una nueva vida, me devolviste la pasión, me llevaste al límite más de una vez, arrancándome de mi zona de confort. Me parezco mucho más al Xeno Houston Wingfield que fui cuando creía en mí mismo y nada me parecía inalcanzable. Y eso, para mí, es mucho más valioso que pretender retenerte egoístamente, encerrarte como un pájaro en una jaula, cuando lo que más disfrutaba, era verte volar libre. Sin límites ni horizonte, como la ciencia.
- Oh, Xeno...
Si Kohaku tenía la sensibilidad a flor de piel desde que se había convertido en madre, tan dulces y esperanzadoras palabras no podían no llevarla al borde de las lágrimas. Que el científico se sintiera así la aliviaba enormemente, desde que Stan se le había confesado tan abiertamente y ella lo había aceptado y correspondido por completo, tenía ese dejo de culpa de no saber cómo lo tomaría Xeno, o que pasaría entre ellos. Llevada por la emoción y la ternura, apretó cariñosamente sus dedos entrelazados, y acercó su rostro para darle un beso en la mejilla. Le causó aún más ternura que él cerrara los ojos con una pequeña sonrisa, aceptándolo sin dudar, sus orbes tan oscuros colmados de brillo. Para su sorpresa, el peliblanco inclinó la cabeza a un lado, y recortó la distancia entre ellos hasta que sus labios quedaron muy cerca, pero se detuvo ahí.
- Que no pretenda ganarme tu corazón, no significa que rechace esto. Si quieres...
A modo de respuesta, Kohaku acortó la brevísima distancia para besarlo, larga y cariñosamente. Ella seguía teniendo a Xeno en su corazón, nunca dejaría de quererlo, aunque tal como él le había remarcado, tenía una unión y conexión de amor más fuerte con Stan, era innegable. Compartieron un rato más de ese dulce momento, acurrucándose luego mientras esperaban que Neal se durmiese, el pequeño seguía tranquilo sobre el torso del científico. Xeno estaba muy agradecido con la oportunidad que se había dado para aclarar todo finalmente, liberándose también del peso de su larga indecisión. Estaba satisfecho con su resolución, al fin dejando ir su creencia de víctima, haciéndose responsable, lo cual le había otorgado una certeza y paz interior que antes no había conocido. Más allá del descanso físico, que esa noche iba a ser escaso, sabía que iba a levantarse al día siguiente con otro tipo de frescura.
La primera semana de vida Neal se cumplió, y al fin comenzó a recuperar de a poco el peso que había perdido, aliviando a todos. Dormía buena parte del día, aunque seguía despertándose cada tres horas, que era cuando Kohaku le daba el pecho, y aprovechaban para vincularse con él. Solamente cuando dormía, alcanzaban a verle una pequeña sonrisa en el rostro, un mero reflejo, pero era la visión más hermosa y angelical, no podían esperar a ver esa expresión voluntaria y con los ojos abiertos. Llegando a su segunda semana de vida, su cordón umbilical se terminó de secar y cicatrizar, cayéndose, con lo cual Luna les dijo que esperaran unos días más y podían darle su primer baño, algo que veían muy necesario para asegurarse de su higiene salud completa.
El aire otoñal comenzaba a dar sus indicios de que el invierno se estaba acercando, por lo cual decidieron hacer ese primer baño a la hora más soleada y cálida del día. La diferencia de opiniones entre Stan y Xeno se hizo presente, en lo que el científico consideraba que tenían que construir una pequeña bañera individual sólo para sumergir parcialmente al bebé, mientras que Stan insistió en que no sabían si Neal iba a sentirse incómodo y llorar ante la nueva y extraña sensación y con ellos "lejos". En su lugar, sugirió hacerlo en la bañera grande y meterse también ellos, él se recostaría para hacerle de apoyo y ayudar a sostenerlo de forma segura mientras Kohaku lo limpiaba con el jabón, con el mismo resultado de la bañera miniatura, pero dándole más tranquilidad al bebé. La decisión quedó en manos de la rubia, y aunque la idea de Xeno era más práctica y fácil, la de Stan la había derretido de ternura sólo con imaginarlo. Dado que era el primer baño, se decantó por la opción de que se bañaran juntos, que la próxima vez podían probar con la idea del científico, y decidir luego con cual Neal estaba más tranquilo y cómodo.
Dos días después el día casi perfecto acompañó, por lo que prepararon las cosas. No querían dejar ese momento sin registrarlo, por lo que le pidieron a Minami si podía sacar algunas fotos con su cámara, a lo cual aceptó encantada. Xeno decidió quedarse fuera del agua, ofreciéndose a ayudar a secar y vestir al bebé luego. Kohaku y Stan se pusieron un bañador para meterse al agua, que el científico había comprobado con un termómetro que estuviera a unos 34 grados. Stan se metió primero, recostándose de forma que el agua lo cubriera unos quince centímetros por encima de su torso, suficiente para sumergir enteramente el cuerpo de su hijo sobre él, excepto su cabecita. Kohaku se metió luego con el pequeño en brazos, el agua estaba deliciosa lo cual también fue relajante para ella, y se fue arrodillando poco a poco.
Primero mojó los pies de Neal, y lo dejó acostumbrarse muy lentamente a la sensación de ser sumergido hasta su barriguita. El bebé había comenzado a agitar sus piernitas, mientras expresaba sus adorables gorjeos y tenía los ojos muy abiertos, dándoles a entender que se había dado cuenta de que algo distinto estaba pasando. Luego Kohaku lo fue apoyando sobre el pecho de Stan, boca arriba, y el soldado le sostuvo el cuello con una mano, mientras con la otra le agarraba la manito para distraerlo. Cuando el agua alcanzó a cubrir el pecho de Neal, el bebé frunció mucho el ceño y dejó salir unos gimoteos más fuertes, y por un momento temieron que estuviese a punto de llorar de incomodidad, pero Kohaku se acercó para regarle la carita de dulces besos y hablarle con suavidad, lo cual sí logró calmarlo un poco.
- Sabía que funcionaría que estemos junto a él, se los dije –Dijo Stan orgulloso, y luego le habló a su hijo con una voz más juguetona y fina– El renacuajo vuelve al agua, sí, vuelve al agua.
Xeno sonrió mientras negaba con la cabeza, no terminaba de acostumbrarse a su amigo usando esa voz aguda e infantil, pero tenía que admitir que tenía su gracia. Minami apenas podía contener sus gemidos de ternura mientras le sacaba fotos al bebé más de cerca, y también junto a los padres, tenía que tener un buen ojo para sacar las mejores y más estables. Había llevado consigo al menos diez placas, ya que el daguerrotipo seguía siendo lento y engorroso para revelarlas con todo el proceso químico.
Pronto el pequeño parecía muy a gusto con la nueva sensación, y llevaba su manito libre a la boca mientras se dejaba acariciar y limpiar. Kohaku lo enjabonó minuciosamente, cada dedito y pliegue de piel, para luego aclararlo con el agua de igual forma. Le hablaba de forma dulce y fina también, y no pudo resistir la tentación de sumergirse y recostarse en la bañera junto a Stan por unos minutos y relajarse, aprovechando lo grande que era, mientras el padre se encargaba de enjabonarle y espumarle con cuidado los finos cabellos, lo cual dio una imagen más que adorable que los derritió a todos allí. Neal se estaba portando muy bien, mejor de lo que esperaban, y Kohaku luego se apoyó sobre Stan para que su cabeza quede a la altura de su hijo, y allí acariciarlo y jugar un poco.
- Qué comportamiento tan elegante –Dijo Xeno con apreciación
- Por supuesto, es todo un príncipe, y responde bien a los desafíos –Contestó Stan, que apenas podía contener su emoción y de derretirse de ternura en cómo estaba resultando compartir el primer baño de su hijo de esa forma tan perfecta.
- ¡Ja! Lo lleva en la sangre, digno heredero de la aldea Ishigami, el pueblo del agua.
Luego de decir eso llena de orgullo y confianza, la sonrisa de Kohaku flaqueó por un momento, ante el recuerdo nostálgico de su hogar, y lo lejos que estaba todavía de volver a verlos. Trató de quitar esas imágenes de su cabeza, para no empañar el hermoso momento que estaban compartiendo.
No querían excederse con el tiempo de baño, y ya Neal estaba completamente limpio, por lo cual Xeno lo recibió en sus brazos y lo llevó a la mesada para secarlo bien y ponerle el pañal, y luego envolverlo en una manta. Minami les agradeció y se despidió, tenía que dedicarse a revelar las fotografías. Kohaku y Stan aprovecharon para bañarse enteros rápidamente, mientras Xeno mecía al bebé en sus brazos suavemente para dormirlo. Totalmente refrescados, los padres salieron del agua y se secaron, volviéndose a vestir con las ropas que llevaban. El científico pasó a Neal a los brazos de su madre, y les dijo que iba a bañarse él también, por lo que la pareja volvió a la habitación.
Dos semanas después, el castillo estaba muy animado. El día era dieciocho de diciembre, el primer cumple-mes de Neal. El bebé se había convertido en el centro de atención sin duda alguna, tan hermoso y adorable que era, por lo que cada cosa nueva que hacía se convertía en el tema de conversación predominante. Como todo el castillo estaba abocado al manejo de materiales para las construcciones científicas, tampoco había otros temas de conversación tan llamativos o novedosos, excepto imaginar las posibilidades de lo que sucedería en los próximos meses y años a escala mundial, parecía irreal que estaban prontos a revivir a personas de todo el planeta.
Además, era demasiado evidente cómo se habían suavizado Stan y Xeno, las mujeres del castillo morían de ternura por dentro al verlos interactuar cariñosamente con el bebé, en especial al soldado tan intimidante que habían conocido. Stan no perdía oportunidad de cargar en sus brazos y mostrar orgulloso y feliz a su bebé a sus colegas, además de que el rostro de Neal era verdaderamente una copia suya a excepción del color de ojos aguamarina, sumando toda su belleza inocente y regordeta. El pequeño estaba creciendo a un buen ritmo y había recuperado peso, con lo cual, a pesar de seguir siendo esbelto, ya tenía una apariencia más rolliza y llena, saludable y tentadora para acariciar. En algunas contadas ocasiones, cuando lo mimaban y jugaban con él, mostraba una breve expresión que parecían sus primeras sonrisas, pero eran demasiado fugaces como para considerar que las hacía como respuesta voluntaria, seguían pareciendo un reflejo en respuesta a los rostros sonrientes de los que tenía en frente.
Organizaron un almuerzo digno de considerarse un banquete para celebrar el día, y aunque el bebé todavía no reconocía a nadie más allá de sus padres y Xeno, sí se mostraba curioso a los movimientos y las interacciones que tenían todos con él. Comieron una enorme cantidad de pizzas, ya que eran fáciles de preparar y de comer, además de que era el plato que tanto los estadounidenses como los japoneses amaban a la par. Y de postre, aunque no sabía cocinar tanto, pero sí era buena con los detalles minuciosos, Yuzuriha había decorado las tortas que los cocineros del castillo habían preparado, con cremas de colores usando pigmentos comestibles. Con los distintos picos decorativos que hicieron especialmente, había dibujado flores, hojas y muchos detalles hermosos más. Minami sacó fotos de ese preciado momento, que fue de lo más adorable hasta que el exceso de ruidos fuertes y aplausos hizo llorar a Neal, por lo que Kohaku se lo llevó un rato para calmarlo y luego volver.
Fue entonces el momento en que llegaron algunos primeros sencillos regalos para el bebé, Brody y Nikki les dieron algunos sonajeros y juguetes que habían hecho juntos, el hombre había torneado en madera las formas, y la joven los había decorado con su secreto y delicado buen gusto. Kohaku los agradeció con entusiasmo, y los agitó frente al bebé, que siguió con la mirada el objeto al instante.
- Mira, hijo, tu primer juguete.
Lo acercó para apoyárselo en la mano, haciendo sonar los pequeños cascabeles que sonaban delicadamente, y Neal gimoteó y cerró sus deditos alrededor, mirando con curiosidad lo que había atrapado. Enternecida con los rápidos reflejos y lo simpático que era su retoño, depositó un sonoro beso en su tierna mejilla, y apoyó su frente contra él. No dejaba de asombrarse en cómo habían surgido y se habían potenciado sus instintos maternos, el bienestar de su hijo era todo lo que le importaba, podía quedársele viendo por horas, colmada de los más hermosos sentimientos, incluso el cansancio dejaba de molestarle.
- Eres tan hermoso, mi bebé. Te amo tanto, lo eres todo para mí.
El broche de oro de volvió a quedar en manos de Yuzuriha, cuando les entregó un paquete blando, que Kohaku adivinó al instante que debía de tratarse de algo de ropa. Como ella estaba cargando a su hijo en brazos, Stan fue el que abrió el paquete, y en cuanto reveló su contenido, sus ojos se abrieron enormemente luciendo un brillo cegador, así como de su boca salió un sonoro jadeo de admiración y quedó así graciosamente abierta. La experimentada costurera había hecho lo que parecía una manta con interior de lana que se abrochaba al frente, artesanalmente teñida de color verde claro y amarillo, y la parte inferior se podía abotonar por partes, para que hiciera la forma de dos piernas. El detalle que ablandó el corazón de todos, en especial de los padres, era que tenía una capucha con dos "orejas", que en realidad eran dos ojos en estilo caricatura. Era el perfecto diseño de un adorable renacuajo, hecho ropa. Como Kohaku y Stan estaban mudos de la emoción, fue Xeno el que se expresó primero.
- Miss Yuzuriha, qué excelentes habilidades tan elegantes de costura tiene. Muchas gracias por su regalo y dedicación, es muy personal para Neal... –Y agregó, con una sonrisa burlona– Es lo que creo que Stan querría decirle, cuando recupere el habla.
Todos rieron por lo bajo, la expresión del rostro del soldado era digna de una fotografía por sí misma. Seguía boquiabierto, sus grandes y brillantes ojos zafiro parpadeando rápido, y seguidamente parecía que iba a decir algo, pero luego ninguna palabra salía de su boca, por lo cual sólo suaves jadeos salían de su boca. Pasó al menos un minuto entero así, hasta que finalmente pudo reaccionar, medianamente, mientras se tocaba el corazón acelerado.
- Renacuajo... mi renacuajo. Esto es... es...
- Yuzuriha... Es tan perfecto, gracias –Completó Kohaku, logrando conectar más rápido las palabras, y sosteniendo con un solo brazo a Neal para poder extender el otro y agarrarle la mano a la joven en agradecimiento.
- Me alegro que les guste. He escuchado tanto a Stan llamar así a Neal, que pensé que sería un regalo lindo y especial para celebrar su primer mes.
- Lo es... muchas gracias –El soldado alcanzó a contestar, al fin.
- Les servirá para varios meses. Si cierran el botón del frente, puede ser como una bolsa de dormir, que será ideal para que no pueda voltearse boca abajo cuando crezca más.
- Ya veo, qué elegante diseño –Dijo Xeno.
- ¿Se lo podemos poner ahora? –Preguntó Stan mirando con ojitos dulces a Kohaku.
- Creo que todos queremos verlo así, y sería la mejor forma de terminar el festejo, así lo dejamos descansar.
Despejaron una parte de la mesa para poder hacerlo con más comodidad, donde Stan dispuso la manta bien abierta, y colocaron al bebé en el medio, luego de haberle quitado el abrigo que llevaba. Todavía era pequeño para el uso de las "piernas", pero no pudieron resistir la tentación de ver cómo quedaba completo. Le dejaron los brazos libres por fuera, y el bebé entre sus gimoteos y movimientos erráticos terminó llevando sus manos a la boca. Cuando estuvo bien cerrado y acomodado, dejaron la capucha sobre su cabecita y Stan creyó que iba a morir en ese mismo momento, su corazón explotando de la ternura que emanaba de su hijo, era demasiado puro para ese mundo. Lo levantó con cuidado, sosteniéndole bien el cuello, y lo acomodó para mostrarlo en posición casi vertical a todos los demás, que emitieron un coro del unívoco sonido de encontrar demasiado adorable a Neal. Minami no perdió oportunidad para sacarle una bonita foto, en el momento en que el bebé miró hacia adelante con los ojos bien abiertos.
Xeno le murmuró algo apenas audible a Stan con una sonrisa burlona, pero Stan sorprendió con dejar salir una carcajada que no pudo contener.
- ¿De qué te ríes, Stan? –Preguntó Kohaku intrigada– ¿Sobre qué bromeó Xeno?
- Ah, es una referencia que no entenderías, sólo para los del mundo moderno... Es como la película del "Rey León", sólo que, en vez de ser un cachorro de león, es un bebé renacuajo.
Ante las palabras de Stan, efectivamente todos los que habían vivido en el mundo moderno rieron tal como él, y Kohaku se apenó de perderse la broma, debía de ser muy buena para que todos reaccionaran igual de emocionados y divertidos. Al menos sonrió cálidamente y compartió la emoción cuando Stan se acercó al bebé para besarle primero la mano, luego regarlo de dulces besos en el pequeño rostro, y susurrarle con los ojos brillantes de amor.
- Feliz primer mes de vida, hijo. Gracias por tanto... –Luego le susurró en confidencia– Y sí, no lo dudes, todo esto será tu reino.
Unos días después, Brody le dijo a Stan que "eso" estaba listo, y no se podía distinguir a quién le brillaban más los ojos con la noticia. El soldado lo siguió para verlo con sus propios ojos, y silbó con aprobación cuando lo vio. Luego fue al estudio de Xeno, donde estaba también Kohaku dormitando mientras Neal dormía en la cuna instalada allí. Stan quería que fuera una sorpresa para ella lo que pensaba hacer, pero Xeno sí lo sabía y había dado su visto bueno, por lo cual acordaron una excusa en conjunto. Cuando la rubia despertó, le dijeron que al día siguiente Stan estaría afuera al menos medio día, tenía algo importante que sólo él podía hacer, pero que igual Xeno estaría cerca para ayudarla en lo que necesitara. Por más que insistió, no quisieron decirle el motivo de la ausencia, y aunque eso la irritó un poco, decidió confiar en ambos.
Esa noche los hombres volvieron a intercambiar habitaciones, y Stan se levantó con los primeros rayos de luz del día para irse a su misión. Para conseguir lo que quería, tenía que un tiempo de viaje de unas dos o tres horas sólo de ida en transporte rodado, y nunca había comprobado antes el estado del camino en esa dirección, por lo cual podía extenderse más si encontraba las rutas bloqueadas. Había comenzado a nevar de forma intermitente la semana anterior, por lo cual además podía encontrarse con los senderos embarrados o resbalosos. Pero sabía que todo el esfuerzo valdría la pena.
Pasado el atardecer, Kohaku estaba intranquila, Stan no había regresado. Se suponía que iba a hacerlo en las primeras horas de la tarde o un poco más, pero ya había oscurecido, y no sabía nada de él. Estaba segura que llevaba una radio o alguna forma de comunicarse con Xeno, pero por algún motivo, el científico no quiso prestarle la radio, y en su lugar le dijo que no se preocupe, que sólo era una demora que estaba en los cálculos de ambos. La rubia sabía que Stan era uno de los hombres más fuertes y habilidosos que vivían, pero no podía evitar pensar si algo le había sucedido de camino, y no entendía a qué venía tanto secreto. Se había pegado a la ventana que daba a la entrada del castillo, en una de las salas principales del castillo, y no había querido ni ir a cenar con los demás, solamente atenta a las necesidades de su hijo, y a esperar a Stan. Xeno le había dejado un comunicador para que lo llamara si necesitaba ayuda con algo, mientras él iba a cenar. No entendía a qué venía tanta preocupación, y trataba de ignorar las posibilidades turbias que su mente le ofrecía, quizás era parte de su instinto maternal y de querer a su nueva familia completa y a salvo.
Era una tontería, lo sabía, pero la angustia empezaba a abrirse paso en ella. No quería seguir molestando a Xeno con preguntarle si tenía novedades, pero la realidad era que sentía una soledad particular. Desde que habían vuelto a Estados Unidos, había estado acompañada y contenida todos los días, casi a toda hora, Stan se había tomado ese primer mes para dedicarse exclusivamente a cuidar de ella y de Neal, sólo separándose para trabajar y ayudar unas pocas horas, además de sus breves siestas para estar más despierto por la noche y ocuparse del bebé en todo excepto de su alimentación. Con tanto cansancio y frustración por falta de descanso, y que su mundo se centrara en su hijo y nada más, ese apoyo emocional y todo el cariño que el soldado le daba eran muy importantes para ella. En especial porque cada vez que pensaba en "familia", sentía el peso de estar alejada de su verdadera familia, además de sus mejores amigos.
Se había perdido tanto en sus pensamientos, que no se había percatado de que Neal se había despertado, y el bebé se removió incómodo al no sentir ni ver a su madre cerca, por lo que empezó a llorar con fuerza. Kohaku se apresuró a consolarlo, meciéndolo y hablándole dulcemente para calmarlo, mientras lidiaba con su propia angustia. Normalmente se calmaba con eso, si no lloraba por hambre también, pero quizás el bebé percibía su energía angustiada, porque no lograba detenerle el llanto.
- Ya, ya, Neal... Tranquilo, aquí estoy, cálmate, te lo ruego –Le dijo frustrada, los alaridos de su hijo resonaban fuerte en aquel vacío lugar, le estaban perforando los oídos, y la paciencia– Que, si tu padre no vuelve o se comunica pronto, vamos a ser dos insufribles, se va a encontrar con...
- ¿Un abrazo?
Kohaku se sobresaltó cuando oyó una voz grave y suave muy familiar detrás suyo, y tardó en darse vuelta, mientras el alivio recorría su cuerpo. En lugar de sonreír y recibirlo con emoción, su rostro se contrajo en una mezcla de enojo y reproche.
- ¡Más te vale que tengas un buen motivo para haberte tardado tanto! –Le gritó, apenas conteniendo las lágrimas que se agolpaban en sus ojos. Maldecía el exceso de sensibilidad que tenía desde el embarazo, nunca había lagrimeado tanto ni tan seguido en su vida, ni siquiera estaba tan triste.
Stan se quedó de piedra ante eso, no se esperaba ese recibimiento, aunque se había imaginado que Kohaku debía de haber preguntado por él en su demora. Titubeó al acercarse, además de que quería ayudar en algo para calmar los llantos de su hijo, que había oído desde que había entrado al castillo, por otra entrada trasera en lugar de la principal. Pretendía aparecer de sorpresa y abrazarla o bromear, pero no se imaginaba que su demora había angustiado tanto a Kohaku. No le gustaba ocultar cosas ni mentir, por ese motivo no había querido comunicarse directamente con ella por radio, para no revelar lo que estaba haciendo. Y Xeno no le había dicho nada de que ella estaba intranquila o sensible, por lo cual él seguía pensando que todo estaría bien cuando volviese, por más que se hubiera demorado muchas horas más.
Kohaku le dio la espalda, avergonzada de su propio estallido exagerado, cuando vio la expresión culpable y consternada de Stan ante su reclamo. Con su fina vista había alcanzado a verle que tenía algo de tierra en el rostro y en el traje, y algunas ligeras rasgaduras en la tela del mismo, por lo que dedujo que su demora sí había sido porque algo se había complicado en su tan secreta misión. Siguió meciendo a Neal, su llanto no se detenía, y ella no había ayudado con su grito. Hasta que sintió que los brazos de Stan la rodearon desde atrás, y su cuerpo se pegó al de ella en un abrazo, inclinándose hasta que pudo hablarle cerca del oído.
- Perdóname por preocuparte así, princesa, pero te juro que sí tuve un buen motivo. No me odies, pero vas a tener que esperar un poco más para saber de qué se trata, te prometo que valdrá la pena. Lo importante es que ya estoy aquí.
- ¿Te lastimaste mucho? –Preguntó, sin mirarlo.
- No, son sólo unos rasguños, es más tierra que otra cosa –Le besó la sien con dulzura– Estoy bien, pero estaré mejor cuando tú estés más tranquila. Y para eso, hay que calmar a este renacuajo aguado primero, ¿me permites?
- Sí... Pero primero quítate la parte sucia del traje.
Stan asintió, y abrió el cierre de su traje para quitárselo por los brazos, dejándolo colgar por su cintura. Había estado tan ansioso por ver cómo estaban, que se había olvidado el importante detalle de limpiarse primero, algo muy descuidado al tener en cuenta la fragilidad de la salud de un bebé, y que no tenían vacunas ni tratamientos medicinales avanzados. Se quitó también los guantes, al menos salvo por un poco de sudor, ya con eso podía decir que no había mucho contaminante, a lo sumo bastaría con saludar a su hijo de lejos y contenerse de acariciarle o besarle el rostro. No podía decir que tenía en claro cómo calmar el llanto intenso de Neal todavía, pero al menos le daba la oportunidad a Kohaku de descansar un poco, y de que se relaje, ya no tenía que lidiar con eso sola. Meció al pequeño mientras le hablaba con voz suave, y luego canturreó un poco, algo que solía ser bastante efectivo, curiosamente. No fue fácil, pero unos minutos después finalmente Neal dejó de llorar, quizás agotado de haberse pelado la garganta tanto rato, o porque realmente se había sentido confortado por la presencia de sus dos padres.
Se sobresaltó cuando sintió algo frío y húmedo en el rostro de pronto, y cuando levantó la vista se encontró con que Kohaku le estaba frotando una tela mojada para limpiarlo, lo que le agradeció con un corto beso en los labios, aliviado además de volver a verla sonreír. Con el bebé ya tranquilo, los dos suspiraron de alivio, y Stan se aseguró de cargarlo hasta que cayera dormido antes de pasárselo de vuelta a la madre, ya que quería darse una ducha y cambiarse a ropa limpia antes de cenar.
En los días siguientes, Kohaku presintió que había algo iba a suceder pronto en el castillo, había un ánimo y una excitación general a la cual no le encontraba explicación, además de que cuando les había preguntado a sus amigas, ellas habían negado sentir o ver algo así. Sospechó que podía tener que ver con la ausencia de Stan, alguna sorpresa que le estuvieran preparando a ella o a Neal, quizás, o relacionada con los que habían quedado en Sudamérica. El soldado actuaba normal, mientras que no cabía dudas que Xeno estaba más difícil de encontrar por momentos, no estaba anclado a su estudio o al laboratorio como siempre.
Una mañana, el científico reunió a todos en la sala principal del castillo, donde con mucho orgullo les mostró un nuevo aparato que había estado desarrollando últimamente, el cual presentó como un fax. Kohaku no tenía idea qué era o para qué servía, aunque alcanzó a ver las caras de incredulidad y entusiasmo en la gente del mundo moderno. Xeno alcanzó a ver la expresión confusa de la joven, y explicó que era una forma de comunicación más que compartirían con el equipo en Sudamérica, e incluso lo seguirían usando cuando parte de ellos viajaran por el mundo. Lo especial, era que con el fax podían enviar una versión simplificada de imágenes o fotografías, y como prueba, les mostró una hoja grande que los hizo sonreír a todos: Parecía una fotografía de algunos del grupo de Sudamérica, en los que se veía a Chelsea delante de todos, colgada de los brazos de Gen y de Hyoga, así como estaban detrás Taiju, Senku, Tsukasa, Ryusui, Charlotte y Maya.
- ¡Oh, son ellos! ¡Cuánto los extraño! Se los ve bien –Exclamó Kohaku, con los ojos brillantes.
- Esta fue una prueba, llevó bastante tiempo hacerla, pero ha sido un éxito –Dijo Xeno, sonriéndole– Ellos también recibieron algo nuestro.
- ¿Eh? Pero si nosotros no nos sacamos ninguna foto.
- Ah, ¿no? –Intervino Minami– Más bien tenemos muchas, y ellos tenían ganas de conocer a alguien muy especial.
Kohaku se dio cuenta entonces de lo que se refería, y fue entonces cuando Xeno le mostró las fotografías reveladas de Neal. Habían juntado varias en una misma hoja grande, desde el primer día de vida del bebé, a la de su primer baño, y luego su adorable foto vestido de renacuajo de su cumple-mes. La rubia quedó boquiabierta y emocionada, encantada con que al fin sus amigos podían conocer de alguna forma a su hijo, en especial Chelsea que había insistido tanto en eso.
- ¿Qué dijeron? ¡No me contaste nada! –Se quejó Kohaku, frunciendo el ceño.
- Era una sorpresa, y fue parte de las pruebas, discúlpame. Como era de esperar, se mostraron felices y te felicitaron. No te preocupes, no faltará oportunidad de que haya más intercambios, aunque el fax tiene una función científica para pasarnos los diseños de los planos del cohete con Senku.
Esa fue la novedad del día, y por cómo veía a todos risueños, pensó que parte de esa actitud sospechosa y de la ausencia de Stan, debía haber tenido que ver con el armado de ese aparato. Ciertamente Minami debía estar al tanto, ya que había prestado las fotos reveladas. A pesar de la utilidad científica, había encontrado muy increíble ese aparato nuevo.
Cuando pensó que ya se habían resuelto los misterios y las sorpresas, se percató de que todo el día siguiente era Stan el que tenía una extraña actitud de entusiasmo apenas contenido. Por más que su rostro estaba relajado y medianamente sonriente como siempre, sin contar las ojeras que rodeaban sus hermosos ojos, tal como debían lucir los de ella, había un brillo especial en aquellos orbes zafiro. Se contuvo de preguntarle qué sucedía, se esperaba que no dijera nada, si el hombre no decía nada por su cuenta, era casi imposible sonsacarle los secretos.
En las primeras horas de la noche, estaba sentada en su habitación amamantando a Neal mientras miraba por la ventana la Luna enorme cerca del horizonte, cuando Stan entró sigilosamente y se paró junto a ella. Al principio no se dio cuenta de la diferencia, ya que él siempre vestía ese traje ajustado y negro, hasta que se percató que tenía otras ropas. También eran negras, pero se parecían mucho más a las de Xeno, lo que llamaban los del mundo moderno una camisa y un pantalón más formal, también unos zapatos negros como los del científico, y sí reconocía encima de esas ropas su saco largo negro, con el cierre abierto enteramente. Lucía más guapo que nunca, y mucho más relajado que con su traje usual, además que su mirada era especialmente cálida. Se le quedó mirando varios segundos, entre hipnotizada y atraída a su masculina y a la vez fina belleza, y aquella nueva y aún más favorecedora apariencia.
- Kohaku, cuando termines de darle el pecho a Neal, hay algo que quiero pedirte –Dijo, mirándola a los ojos.
No sabía por qué, pero sintió una emoción cosquilleante recorrerla, tenía la intuición de que iba a suceder algo especial esa noche. Como él no dijo más nada, sino que se quedó en silencio contemplando con una dulce mirada cómo alimentaba a su hijo, se contuvo de preguntarle al respecto. Unos eternos diez minutos después, el bebé se desprendió de su pecho, satisfecho. Stan adelantó sus manos para pedirle sostenerlo, pero para su sorpresa no lo cargó en sus brazos, sino que lo acostó en la cuna, y sin emitir palabras lo acarició tiernamente, para que no se sintiera solo de pronto con el cambio de ubicación y la falta de calor corporal de su madre. La expectativa aumentaba en ella, necesitaba que Stan dijera algo pronto, que explicara el cambio en su vestimenta y en su peculiar actitud. Se puso de pie y caminó hacia él para manejar esa ansiedad, y ahí fue cuando la volvió a mirar, irguiéndose en toda su altura antes de hablarle.
- Traje algo para ti, me gustaría que te vistas con eso esta noche, por favor.
- Ah... ¿Yo también? –Preguntó sorprendida, la actitud más bien solemne de Stan le había parecido que iba a pedirle algo más personal o complejo– ¿Qué hay esta noche? No estaba enterada.
- Algo especial –Contestó él, con una sonrisa misteriosa. Le acarició la mejilla, y se inclinó para que sus ojos queden a la misma altura– Confía en mí.
Stan tenía el poder de generar mucho sentimiento y expectativa sólo con su mirada y unas escasas palabras, y esa no fue la excepción. Como sabía que no iba a encontrar más respuestas de esa forma, asintió, y él se acercó a la cama para agarrar una prenda cuidadosamente doblada, y se la dio. Era de un azul parecido al de su viejo vestido, sólo que por el bulto que hacía la tela, sospechaba que era más largo. Lo extendió con cuidado, y se encontró con que sí era un vestido largo, que podía llegarle a los talones. Era nuevo, no tan ajustado ya que todavía tenía el abdomen hinchado que todavía estaba volviendo a la normalidad luego del parto, y la parte superior sí lucía tal como el que solía usar.
- Me llevo a Neal, cámbiate tranquila, y nos vemos en el salón.
Sin más palabras, y dejándola llena de intriga sobre qué tenía planeado, Stan volvió a levantar con mucho cuidado y lentitud al bebé, que gimoteó un poco hasta que se encontró contenido por los brazos de su padre, y se fue de la habitación, guiñándole un ojo a la joven. Kohaku se cambió lo más rápido que pudo, encontrándose con que el vestido le quedaba perfectamente, estaba segura que Yuzuriha lo había hecho. No tenía mucho más que arreglar, excepto que podía soltarse la coleta del cabello, dejando así su pelo suelto. No era lo más cómodo, pero lucía más femenina, acompañando el vestido, y recordaba que a Stan y a Xeno les gustaba mucho cómo se veía así, no estaba mal para cambiar un poco y sorprenderlos. Se puso sus sandalias de la aldea, al menos tenía algo propio todavía, y salió de la habitación. Caminó hasta el salón principal, tal como le había indicado Stan, y no se cruzó con nadie en el camino, lo cual le pareció extraño.
Alcanzó el enorme portón, que se abrió justo cuando estaba por tocarlo, debía haber guardias del otro lado que habían oído el sonido de sus pasos. Iba a agradecerles, cuando sus ojos captaron un destello de una intensa y llamativa luz frente a ella, y entonces se detuvo y quedó boquiabierta ante lo que tenía en frente: Estaban todos allí ya, vestidos con más elegancia de lo usual, los hombres con el estilo que le había visto a Stan, aunque también en otros colores más claros, y las mujeres –sus amigas– en vestidos como el de ella, con sencillos y también elegantes diseños, algunas con abrigos de piel sobre sus hombros para estar más calentitas ya que estaban en invierno y el castillo no era cálido. En el centro estaba Stan, sosteniendo a Neal con un brazo, y sonriendo deslumbrante hacia ella, extendiendo su mano libre para recibirla, y Xeno a su lado, también con su aspecto elegante e impecable, su camisa blanca y la corbata roja.
Pero lo que robó su atención completamente, además de lo bien que se veían todos por un motivo que todavía desconocía, era lo que estaba en el centro, detrás de Stan y de Xeno: Un enorme pino que debería medir casi tres metros, muy amplio y frondoso, decorado con muchas pequeñas bombillas de luz de distintos colores, así como cuerdas peludas rojas y blancas enroscándose en el árbol como una larga serpiente, y también había montones de pequeñas decoraciones coloridas. En la punta había un objeto metálico, que alcanzó a ver que era como un cohete, con una media luna encima. Era todo muy hermoso, e instantáneamente le vino a la mente el recuerdo de varios años atrás, cuando Senku iluminó por primera vez un árbol –y la aldea– de una forma similar, aunque sin tantos colores y detalles, sólo incontables bombillas de luz. Entre ese bello recuerdo, y lo que tenía en frente en ese momento, sus ojos se empañaron con lágrimas de emoción, y se acercó con lentos pasos a Stan, que le tomó la mano y le dio un cariñoso beso allí, sin dejar de mirarla a los ojos con pura felicidad.
- Feliz Navidad, Kohaku. Estás hermosa, nada mal.
- ¿Navidad? ¿Qué es todo esto, Stan?
- Es una celebración muy conocida del mundo moderno, donde familia y amigos se reúnen en esta fecha para estar juntos, comer e intercambiar regalos, en general.
- También tiene su sentido religioso, pero preferimos quedarnos solamente con la parte del festejo, es más elegante así y un buen punto en común para todos –Añadió Xeno.
- Ya veo, qué bonita idea –Volvió a mirar el enorme árbol, que de cerca podía percibir claramente su aroma fresco y a bosque– ¿Y cómo llegó este árbol aquí?
- Es un pino abeto, y yo lo traje –Contestó Stan, sonriendo– ¿Te acuerdas de mi ausencia del otro día? Fui a buscarlo, para cortarlo y traerlo aquí.
- Oooh... Espera, ¡¿todo ese día fue porque fuiste tú solo a cortar y arrastrar ese árbol hasta aquí?!
- No fui caminando, princesa. Se lo debemos en buena parte a Brody, que hizo una camioneta todoterreno, ahora que tenemos neumáticos y buenos metales. Lo único que hice fue manejar hasta allí, elegir y cortar el árbol, y montarlo en la camioneta para volver. Tuve un par de complicaciones, tres milenios cambian mucho el terreno, pero pude hacerlo.
- No puedo creerlo... ¿Pero no había un lugar más cerca? No es como si faltaran árboles alrededor.
- No es lo mismo, hay buenos recuerdos de por medio –Dijo Stan, mirando con afecto y nostalgia el árbol– Será que este renacuajo me está inspirando, pero recordé cuando era pequeño y acompañaba a mi padre a la ciudad de Sacramento, y había algunos bosques donde se podían cortar los pinos naturales para usarlos de árboles de Navidad.
- Entiendo –Asintió Kohaku, entre ablandada y sorprendida de escuchar por primera vez algo de la vida previa de Stan, un preciado recuerdo de la familia que él también tenía entonces.
- Ya sé que Neal no tiene idea de esto y no lo recordará, pero ya que es su primera Navidad, y la tuya, por lo que me dijeron tus amigas. Con todo lo que cambió nuestras vidas este año, quería hacerlo especial... como familia –La miró con los ojos brillantes y entusiasmados, ligeramente sonrojado– ¿Te gusta?
Familia. Los ojos de Kohaku se abrieron mucho ante eso. Por más obvio que pareciera, todavía no había asumido que era parte de otra familia también en ese momento. Neal, Stan y también Xeno... Ellos eran su nueva familia, aunque Kokuyo y Ruri, junto a los aldeanos con los que había compartido toda su vida, también lo eran. Por cómo se había dado todo, nunca había tenido esa sensación de haber formado una nueva familia, las cosas habían pasado de forma muy rápida y caótica, y poco a poco comenzaban a acomodarse y definirse. Pero sin dudas lo era, y que Stan lo dijera con timidez e inocencia, algo raro en él, y dándolo por sentado, la emocionó mucho.
Asintió para responder a la pregunta de si le había gustado la sorpresa de la celebración y del árbol, su garganta estaba apretada conteniendo sus emociones, aunque de sus ojos ya asomaban lágrimas, y se adelantó para darles un gran abrazo a Stan y Xeno, con Neal entre ellos. Los dos hombres sonrieron, Xeno le devolvió el abrazo, y Stan la rodeó con la mano que tenía libre.
- Hay algo más, pero para seguir la tradición, hay que esperar a la media noche –le susurró Stan en confidencia.
Kohaku saludó a los demás, admirando lo hermosas que lucían las jóvenes japonesas, y quedó boquiabierta con una sonrisa enorme cuando vio no sólo a Kinro vestido tan guapo y elegante como los del mundo moderno, sino también a Mozu, estaban irreconocibles, en especial el último. Tan acostumbrada estaba a verlo encuerado y sólo vestido con su falda de guerrero y sus protectores, que no podía salir de su sorpresa de verlo así vestido.
- ¿Qué pasa, Kohaku-chan? –Preguntó el isleño con una sonrisa provocadora– ¿Ves algo que te gusta?
- ¡Ja! Lo que me gusta lo veo todas las mañanas cuando me despierto, pero sí, tú también te ves bien hoy –Le retrucó burlona.
- Gracias, tú no estás mal.
Se sonrieron divertidos y desafiantes, para Kohaku también era refrescante que alguien la siguiera tratando como siempre, era mucho más evidente el cambio en el trato con los hombres desde que se había convertido en madre, como si ya no fuera una joven mujer, hasta la trataban con más respeto.
Fueron todos juntos al gran comedor del castillo, que también estaba adornado con bonitas decoraciones en tonos verdes, rojos y blancos, con esas bonitas bombillas de luz de colores. Las mesas estaban abarrotadas de comida ya, algunos platillos conocidos, y otros nuevos y tentadores. Se sentaron a comer, incluso ya estaba preparada una cuna para Neal, cerca de la cabecera de una mesa, aunque Stan prefirió seguir cargando en sus brazos a su hijo. La comida de su lado estaba especialmente cortada en trozos pequeños, con la consideración de parte de los cocineros de que los padres pudieran comer con una sola mano, si con la otra sostenía al bebé.
- No podía ser una Navidad americana sin nuestro platillo insignia, Kohaku, prueba esto –Dijo Xeno con orgullo, y le acercó un plato de una carne blanca y rellena con verduras y otras cosas.
- ¿Qué es? ¿Pollo, como el que comíamos en Sudamérica?
- Es pavo. Pavo asado relleno. La Dra. Chelsea nos dio la información de dónde podíamos encontrarlos, ya que no se hayan por esta zona, pero enviamos hace unas semanas a un equipo a buscar algunos. Ahora tenemos también algunos ejemplares más en nuestra granja, de forma que no tendremos que hacer ese viaje cada vez.
- Vaya, sí que se tomaron muchas molestias para hacer todo esto, y yo ni enterada.
- Era parte de la sorpresa. Aunque no lo creas, también es la primera Navidad para nosotros desde que revivimos en este mundo. Como no teníamos un calendario preciso hasta que nos encontramos con Senku, que parece que se había dedicado a llevar la cuenta exacta de los días, tampoco nos habíamos ocupado de festejarlo. Así que es una noche especial para todos aquí.
- Es una bonita idea, seguro todos estarán muy felices.
Comieron hasta quedar repletos, estaba todo delicioso y se notaba el esmero en los platos nuevos. Luego llenaron la mesa de algunos panificados dulces. Neal se había quedado dormido, sólo despertándose en llanto una vez, necesitando un cambio de pañales. Stan dijo que se ocupaba, y mientras se levantaba, chistó por lo bajo a Xeno y le guiñó un ojo. El científico asintió con una mínima sonrisa, y se dirigió a todos en voz alta.
- ¿Qué les parece si volvemos al salón antes de dar por concluida la noche?
- ¡Concluida para ti, Xeno, la fiesta sigue aquí para los demás! –Exclamó un alegre soldado, entonado por el vino.
El peliblanco sonrió relajado, e hizo un ademán con la mano para darle a entender al soldado que hicieran lo que quisieran, al fin y al cabo, era una noche especial, y ya había planeado que todos se tomaran el día siguiente libre. De a poco se fueron levantando y retirando de allí, ayudando a ordenar los platos y utensilios usados, y se dirigieron al salón.
- ¿No deberíamos esperar a Stan? –Preguntó Kohaku.
- No te preocupes, se dará cuenta solo.
A poco de llegar, la joven oyó un murmullo general de expresiones conmovidas y tiernas de los que estaban más adelante, y le dio mucha curiosidad por ver lo que sucedía. Miró a Xeno, que no pudo contener su sonrisa, era evidente que sabía lo que iba a suceder. Se adelantó a paso rápido, hasta que se encontró con lo que había causado esa reacción general, y se tapó la boca al soltar un jadeo de sorpresa: Stan estaba ya allí, con el bebé en sus brazos, esperándola, para su última y gran sorpresa preparada.
Su precioso hijo estaba adorablemente vestido con algo nuevo que, aunque no tenía mucho sentido para Kohaku, parecía ser que los del mundo moderno sí lo habían reconocido. Estaba envuelto en una manta roja, cuyos bordes eran de un peluche blanco, con un pequeño cinturón negro alrededor de su pancita. Y en la cabeza tenía puesto un gorrito en forma de pico también rojo y con peluche blanco en los bordes, que caía al costado de su cabeza, y un pompón en la punta. Stan estaba igual vestido, sólo que también tenía un gorro a juego con su hijo, más grande, y tenía una bolsa de tela llena y blanda a su lado.
- Ahora sí, feliz navidad, con el renacuajo "Santa" –Dijo en voz alta, sonriendo con picardía.
- ¡Oh, mi bebé! –Exclamó Kohaku al fin, derritiéndose de ternura por lo precioso que estaba Neal así, su carita angelical y sus ojos aguamarina con largas pestañas destacando en su apariencia, y corrió a acercarse a ellos.
- ¡Esperen! ¡Necesito tomar una foto de esto! –Gritó emocionada Minami, y corrió a buscar su cámara de fotos.
- Yuzuriha, ¿haces los honores? –Preguntó Stan, mirando a la costurera– El mérito es todo tuyo, además de vestir así a Neal.
Asintiendo muy contenta, la castaña se acercó a la bolsa y la abrió. Dentro había montones de gorros como el que Stan tenía puesto, para todos los habitantes del castillo, y se los fue entregando a cada uno, que se acercaba a buscar el suyo.
- No tendremos regalos especiales para todos, pero al menos esto cumple con la intención –Dijo Stan– Xeno, tú no te escapas de esto, quiero verte con ese gorrito.
El científico hizo una mueca de resignación, pensaba acotar que no encontraba elegante ponerse eso en la cabeza, pero no iba a desmerecer el esfuerzo de Yuzuriha que había hecho con dedicación y tiempo uno para cada uno, además de la vestimenta de Neal. Kohaku agarró uno de los gorritos y se lo puso en la cabeza, riéndose cuando ocultó su gran copete dentro, le quitaba toda la apariencia seria e intimidante a Xeno. Se puso también el suyo, que se había acomodado perfectamente a su cabeza con el cabello suelto, y se acercó a su hijo para acariciarlo, estaba irresistiblemente tierno. Luego, Kohaku se tuvo que morder la lengua cuando vio a Kinro, Kirisame, Mozu y Magma con sus gorritos, los cuatro reflejaban expresiones de incomodidad ante la ridiculez que tampoco entendían a qué venía o por qué todos los demás estaban tan emocionados y divertidos, pero Nikki había amenazado a los hombres con unos buenos golpes si arruinaban el momento.
Minami volvió, y había traído consigo el trípode, ya pensando en sacar una bonita foto grupal. Su cámara personal había sido mejorada por el relojero Joel, que con la cara humeante de timidez le había agregado y regalado días atrás un sistema temporizador para que pudiera participar también de las fotos, ya que la había oído lamentarse de que también quería participar de los recuerdos. Acostumbrada a llevar una buena cantidad de placas con ella para sacar muchas fotografías, la reportera primero le sacó una a Neal, apenas conteniendo sus gemidos de ternura por lo adorable que se veía, y luego le sacó otra a Stan y Kohaku con su hijo en el medio, aunque el soldado arrastró a Xeno dentro de la foto también. Luego les pidió a todos que se acerquen y ubiquen para entrar en la foto grupal, encendió el temporizador y corrió hacia ellos para acomodarse entre las jóvenes.
La multitud comenzó a dispersarse, entre charlas y yendo a buscar más alcohol para seguir festejando. Fue entonces cuando el grupo de las chicas, Nikki, Minami, Luna y Yuzuriha, se acercaron a Kohaku con un paquete en las manos.
- Kohaku, Stan, tenemos algo más para ustedes –Dijo Luna. Miró a Xeno de reojo con una pequeña sonrisa, haciéndole entender que también era para él, pero que sabía guardar el "secreto" de la verdadera relación de los tres tal como él había pedido.
- ¿Para nosotros dos? –Preguntó con curiosidad la rubia, recibiendo el paquete rectangular en su mano, envuelto en papel.
- Sí, lo hicimos entre nosotras, espero que les guste y sea un buen recuerdo.
Sintiéndose demasiado consentida esa noche, Kohaku aceptó muy agradecida el regalo, y lo abrió con cuidado, con Stan y Xeno asomados a su lado. Los dos hombres se dieron cuenta rápidamente de lo que era el regalo, y sonrieron ampliamente con emoción, mientras que la rubia nunca había visto algo parecido. Era un álbum de fotos hecho con encuadernación artesanal, de cuero y cosido, con un buen pilón de hojas dentro. Con una letra muy bonita y femenina que pertenecía a Nikki, la primera página decía que se trataba del álbum de fotos de Neal Snyder, y en la hoja siguiente había escrito los datos del nacimiento del pequeño, que Xeno había registrado. Luego estaban pegadas, una por hoja, una copia de muchas de las fotografías que había tomado Minami, desde los últimos meses del embarazo, incluyendo la fotografía grupal en Sudamérica. Las primeras fotos del bebé solo, otras del pequeño con Kohaku, Stan y también con Xeno, las de su primer baño y el cumple-mes. Luego había muchas hojas vacías, que le explicaron que era para que siguieran pegando allí las nuevas fotos, armando el álbum familiar.
Kohaku sentía nuevamente la ola de emoción amenazando con empañar sus ojos, era demasiado hermoso y preciado ese regalo. Lo primero que pensó, luego de la primera impresión, fue que al fin tenía algo para mostrarles algún día a su familia y amigos, compartir de alguna forma los primeros meses del nacimiento y crecimiento de Neal. Tenía algunas fotos sueltas, pero verlas una tras otra en la línea temporal, y con bonitos decorados y escrituras alrededor, era más de lo que podía soñar. Abrazó con fuerza a las jóvenes, agradeciéndoles profusamente. Stan lucía igual de emocionado que ella, podía quedarse mirando esas fotografías por horas, eran la evidencia de la máxima felicidad de su vida que estaba alcanzando, y también les agradeció con una sonrisa deslumbrante.
- Hay un detalle más, pero esto no es un regalo individual, es un último detalle para todos –Anunció Xeno en voz alta para llamar la atención de los demás– La ciencia es elegante, pero también puede ser emocionante, como cierta joven me recordó una vez.
Dijo eso con un tono afectuoso, mirando de reojo a Kohaku, que recordó esas palabras de sus primeras conversaciones y discusiones, cuando eran enemigos. Continuó hablando.
- Haciendo uso de la ciencia química, hice algo también para sumar a este elegante festejo. Tuve que simplificarlo notoriamente y reducir el uso de pólvora, en principio para no hacerle pasar un mal momento al bebé, pero estoy seguro nuestros recuerdos completarán la experiencia.
- ¿Pólvora? –Preguntó Kohaku, frunciendo el ceño– ¿Acabas de decir "pólvora"?
- Sí, pero no te preocupes, no es con intención de ataque o explosiones esta vez –Contestó con sorna Xeno– La ciencia tiene dos caras, todo puede usarse tanto para el bien como para el mal. En este caso, es un uso inofensivo que sin embargo suele agradar mucho a las personas.
- Oooh, ya me puedo imaginar lo que es –Intercedió Stan, animado– Nada mal, Xeno, nada mal.
El científico fue a buscar una caja que había dejado al pie del árbol navideño, y cuando la abrió reveló un montón de palillos envueltos en un fino papel. Exclamaciones de excitación se oyeron alrededor, una vez más todos los del mundo moderno se habían dado cuenta de qué se trataba, y se mostraban encantados.
- ¡Son "estrellitas"! Bengalas de mano, ¿cierto? ¡¿Cómo las hiciste?! –Preguntó Luna radiante.
- Es una fórmula sencilla, hecha a base de nitrato de potasio, azufre, carbón vegetal y otros nitratos como los de estroncio o bario para los colores –Explicó Xeno, con su típico tono de satisfacción ante cualquier tema científico que explicaba.
- No creo que Luna te estuviera preguntando la fórmula exacta, Xeno –Dijo Stan burlón.
- Es que no hay otra forma de explicarlo. Es una fórmula de pólvora, y sólo se necesita un palillo y un papel fino tipo seda, se junta, se enrolla, y listo.
- Esa explicación me gusta más –Reconoció la joven con una risilla.
- Sírvanse, hay montones de ellos.
- ¿Los hiciste todos tú? –Preguntó impresionada Kohaku, no podía imaginarse a Xeno haciendo uno a uno esas decenas de palillos.
- No... Yo hice la fórmula de la pólvora y di las instrucciones a otras personas que estaban más ociosas.
- Je... ya me lo imaginaba.
Se repartieron los palillos, y del fondo de la caja Xeno sacó una pistola, que todos miraron con repentina aprehensión.
- Extrañaba usar esto –Dijo Stan, ganándose una mirada incómoda de los demás, en especial de todos los japoneses.
- En serio, ustedes dos... ¿Qué tipo de humor diabólico tienen? –Murmuró Kohaku, mirándolos feo.
- No es lo que piensas, mira.
Xeno levantó el arma, que inevitablemente hizo retroceder unos pasos a todos, pero cuando apretó un botón de la pistola, una llama de fuego se alzó de la punta.
- Ah...
Kohaku suspiró aliviada, mientras oía algunas risas de parte de los americanos, que sabían de esa función extra del arma que había pertenecido a Stan.
- Será más fácil así para encenderlos, los fósforos no tienen tanta practicidad aquí.
Acercaron los palillos a la llama, encendiendo las puntas de cada uno. Al principio parecía que se consumían y que nada sucedería, hasta que de pronto un montón de chispas doradas y de colores empezaron a estallar, inofensivas y muy bonitas.
- ¡Ooooooooh! ¡Qué bonito! –Exclamó Kohaku, que nunca había visto algo así.
Siguiendo el ejemplo de los demás, agitó la varilla que sostenía en el aire, dejando ver el alegre destello de "estrellitas". Eran hipnotizantes y muy bonitas, de verdad, no quería que se acaben.
- Kohaku, enciende otra, ahora –Le pidió Stan, que miraba sorprendido a Neal– Parece que le gusta, las siguió con la mirada.
- ¡De acuerdo!
La rubia encendió otra varilla rápidamente, y la acercó a su hijo, manteniendo una prudente distancia por precaución. Soltó un jadeo de emoción cuando vio que era cierto que el bebé había mirado el destello de lucecitas frente a él, abriendo los ojos con curiosidad y moviendo sus bracitos, vocalizando sus gimoteos de cuando estaba muy despierto y activo, en sus limitadas formas de interacción que todavía tenía.
- Le gusta mucho. Mira esos ojos, de verdad le gusta –Observó Stan, sonriendo ampliamente, y luego acercó su boca a la cabecita de su bebé para susurrarle con ternura– Sí, feliz primera navidad, hijo, y para mí tú eres el mejor regalo.
Entusiasmados con la respuesta tan atenta, encendieron otros más, Kohaku uno que soltó brillos rojos, y Xeno uno verde, y los movieron juntos a la par, mientras Stan mecía en suaves brincos a Neal, animándolo. De pronto, los tres se quedaron quietos y con los ojos muy abiertos, en una expresión boquiabierta.
- ¿Acaba de...? –Murmuró Stan, incrédulo, sin despegar los ojos de Neal– ¿Nuestro hijo acaba de...?
- Sonreír –Completó Kohaku, casi inaudible.
Como si no pudiera ser más perfecta esa noche, entre tanta felicidad y diversión, no podían creerlo, pero allí estaba: Los pequeños y cincelados labios coralinos de Neal tenían dibujados una sonrisa, alrededor de su boquita un poco entreabierta. Todo era perfecto en aquella imagen, que duró poco, pero quedó grabada eternamente en las retinas de los presentes. Los ojos aguamarina bien abiertos y brillantes delineados con aquellas largas y pobladas pestañas, las mejillas ligeramente sonrosadas y más redonditas y elevadas, y una preciosa pequeña sonrisa voluntaria, la primera de su vida estando despierto, que embelesó y emocionó a todos con su belleza y pureza, explotando de amor sus corazones.
Verdaderamente, esa se había convertido en una noche mágica.
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Buenaaaas! ¡Rencuajo precioso! Y luego me digo que no es lo mío escribir sobre bebés y cosas tan adorables jaja, estoy disfrutando mucho esto, y merecidísima felicidad para la leona y los gringos. Capítulo especial aprovechando el mes navideño en que estamos, me coincidió justo con la historia, no podía desaprovecharlo... Ah, y me parece a mí, ¿o se comieron un troleo? Jajajaja perdón, pero las almas muy shippeadoras creo que se imaginaron otra cosa en un momento, aunque confieso que fue un poquito la intención, a ver cuánto querían que realmente sucediese... Modo Gen activado yo xD.
Extrañaba seguir escribiendo esta historia (ahora toca actualizar "Otros Caminos"), pero me dejé llevar por unas cortitas y nuevas que me inspiraron en el medio, fue una buena refrescada a mi escritura pendiente jeje.
Como siempre, gracias por leer y acompañar, y dejarme sus cariñosas y divertidas palabras, todo sea por darle mucho amor a nuestros queridos personajes y a nuestros corazones imaginándolos. Creo que después de actualizar el otro fic, me tomo el resto del mes para descansar y dibujar, tengo algunos fanarts pendientes (y rikolinos, ejem...) que quiero hacer.
Bueno ya, mucho texto, les dejo por ahora... ¡Hasta pronto, buena semana, y felices fiestas por adelantado!
